El triunfo de los mediocres
La innecesaria profusión de música de mala calidad sólo puede tener resultados fatales: la muerte del buen gusto. Con mala calidad me refiero a la “música” que va desde la cumbia a Enrique Iglesias, pasando por Arjona, Cheyene y todo el latinaje, para llegar a una serie de “artistas” nacionales que están sobrevaluados. Eso sin tener en cuenta la cantidad de personas que triunfan no por talento sino por las letras de sus canciones, el vestuario que usan, sus compromisos públicos o por que están en contra de los reclamos del campo.
Con semejante cantidad y difusión de mediocridad creí que estábamos irremediablemente perdidos, pero hace no mucho tiempo un amigo me dijo: “escuchá esto” y me puso “Kind of blue”, de Miles Davis; ahí comprendí que se podían hacer cosas de calidad. De hecho se vienen haciendo desde hace rato pero nadie las difunde. ¿Por qué nadie las difunde? Porque es buena, y si la gente se acostumbra a escuchar buena música se les termina el negocio a los mediocres. No es lo mismo escuchar a Coltrane que a Ismael Serrano; no es lo mismo Thelonious Monk que a Ricardo Montaner; no es lo mismo Miles Davis que Damas Gratis. Lástima que la buena música no sea negocio, los consumidores se están perdiendo de algo fabuloso.
