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¿Qué hay para comer?

Desde hace unos pocos años los mass media lograron ubicar una simple actividad (la de cocinar para comer) en un dispositivo casi circense que involucra productos raros, gente que tiene pretensiones de eternidad y comensales que se alinean ideológicamente a estilos de cocina, como si en eso se les fuera la vida.
Los cocineros actuales, que gustan lucir sus conocimientos banales en programas de cocina por tv, creen que uno tiene disponible no sólo tiempo sino lugares donde conseguir cosas que superan la imaginación más retorcida, como chimichurri de frutilla, cabellos de alga, queso de semillas o nidos de golondrina. La lista puede ser tan insólita que hay cosas que sólo pueden conseguirse en alguna canción de Spinetta.
Las recetas, muchas veces, para no quedar en el absurdo, tienen un tono poético: crocantes de berenjena y torres de papas con alturas de merengue, humedecido con fino jugo de blanco de ave al jerez. ¡Wow! ¡Es re-moderno hablar así! No importa que no digan nada o la comida sea como en cualquier bodegón del bajo, lo importante es ser moderno. Y salir en la tele. Para ser top ya no hay que comer más bife con papas o asado de tira con ensalada. Ahora se consumen algas, pescado crudo, mermelada con cebolla, se condimenta con especias insólitas y si come carne de vaca que sea cruda, porque es “re-moderno” comer la carne como si estuviera viva. Pero ojo, no es carne cruda, es carne “con un buen punto de cocción” y si usted pide que se la cocinen un poco más, puede quedar como un verdadero grasa. Si se le ocurre ir a un lugar de estos, y le ofrecen un mix de verdes, no se asuste, es sólo una ensalada de lechuga y radicheta.
En los menús de los restó puede encontrar de postre una “fina selección frutal”, conocida en el barrio como ensalada de frutas. O también puede padecer las composiciones de elementos dulces con espumas, batidos, granos de pimienta, cilantro y dibujitos infantiles en el plato. No importa llenar la panza del comensal, importa que el comensal se admire del arte y la inteligencia del cocinero. Perdón, del chef.
¿No es un despropósito que haya gente que cobran una fortuna por un plato de dimensiones exageradas ocupado por dos arvejas y unas líneas de un líquido espeso y oscuro haciendo firuletes? Pero la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer, claro
Ahora, los que consumen estas cosas, no me digan que lo hacen porque “es mejor”, “más rico” o “es diferente”, porque un plato de ravioles es un plato de ravioles, y una milanesa es una milanesa; está comiendo, no está decidiendo su vida. Un plato de comida de esa naturaleza tiene tanta importancia en la vida de la gente como un partido de fútbol, el color de un auto o la marca de papel higiénico. Ahora, si usted cree realmente que es diferente un plato de ravioles sólo porque se lo cobran más caro y tiene que hacer cola para comerlo, lo felicito por la convicción y por el esfuerzo inútil.
Daniel Giacomuzo