El Retrato de Dorian Gray
Pocos libros influyeron tanto en mi idiosincracia y corrompieron mi alma como El Retrato de Dorian Gray. Oscar Wilde tiene una vision tan cínica de la sociedad burguesa, que es una pena no tenerlo hoy día entre nosotros para ver plasmada en su obra, los escandalosos pensamientos que le despertaría nuestra actual realidad. Conozco cierta persona que dice que la idea de que antes estabamos mejor es solo una ilusión y que por el contrario, hoy nos vemos más evolucionados como sociedad, que hay más derechos, etc. etc. Por supuesto, dejo a la sugestiva imaginación del lector, la corriente ideológica de esta persona. Yo no conozco a mucha gente del pasado, digamos, de la epoca victoriana, de la colonia, del medioevo, o del imperio incaico o el romano, etc., etc., que esté hoy vivo para observar nuestro presente mundo y reflexionar de un modo más objetivo respecto de cuál epoca es o ha sido mejor. Pero observo algunas pequeñeces que me llevan a pensar que estamos mucho peor: la moda y la cultura. Y no me refiero a la moda y la cultura de una elite reducida, sino al aspecto en general de la gente en la calle, en la vida cotideana, y más especialmente, de la juventud y su cultura propia generada a través de sus grupos de pertenencia. No hace falta explicar nada más. De chico me asombraba ya cuando veía esos viejos partidos de futbol en blanco y negro y la gente en la hinchada todos vestidos pulcramente, en camisas, c la corbata desanudada y el saco en el hombro. Pero claro, algún crítico puede deslizar que en esa epoca no existía ni clase media y la mayoría andaba vestida con harapos y que no tenía ni para comer, mucho menos para ir a ver futbol a la cancha, je… Pero como siempre, me fui de tema. El objeto de esta improvisada reflexión es Dorian Gray, sí….
Dorian tenía todo lo que según su resentido amigo, uno podría desear en la vida, lo único que realmente importa: belleza y juventud. Por supuesto, después de convencerlo sobre la veracidad de sus afirmaciones, le recuerda al afortunado joven que ninguno de esos atributos se quedarían por mucho tiempo consigo. Que la belleza y la juventud son efímeras, mezquinas. Y Dorian disfrutaba mucho de los halagos evidentemente y su narcisismo no pudo tolerar esa idea, así que al ver su propio retrato, que conservaría para siempre su belleza y juventud -al igual que el personaje de 1984 cuando mandó al muere a lo más sagrado que tenía en su vida, con tal de evitar él mismo las torturas del Gran Hermano- exclamó más o menos: “que se pudra el cuadro, no yo, mandinga!” Y su deseo se cumplió. Traigo este tema a reflexión porque hoy vi la película nueva sobre Dorian Gray. Me pareció prolija, creible, pero sin alcanzar el vuelo o los momentos épicos de la novela. Recuerdo mi emoción cuando Dorian escuchaba cantar a Sybila Vane en el vodevil y el espanto cuando poco después la repudia en su camerino, indignado por su mala representación el día que fue a verla con sus amigos. Bueno, todo eso se pasó de largo, la verdad que los directores de cine, deberían tomar clases de poesía o sensibilidad lectora, ya que al igual que diría el querido e incomprendido Wilde: “la gente peca de ligereza de imaginación”.
Una pelicula para pasar el rato, recrearse la vista en los vestuarios y los escenarios londinenses de fines del siglo 19 y no mucho más que eso. El actor que representó a Dorian, cumplió, aunque parece más el Principe Caspian que la imagen mental que yo siempre me hice de Dorian, más parecida a la de Jude Law por ejemplo.
Y finalmente, un último pensamiento: Dorian parece que sentía mucha culpa y remordimiento, solo que tales heridas del alma, al igual que las de la superficie, se pasaban rápido al retrato y por eso al día siguiente andaba lo más alegre, como si una culpa no fuera más que una molesta resaca que se va con un poco de cama y un rico cafe matinal. Sin ser yo Wilde, ahora sí, no me queda duda que de haber existido un Dorian Gray y de haber encarnado en esta época presente, la pasaría mucho mejor, sería aun más mimado y querido que en la moralista y prejuiciosa epoca victoriana, ya que esos dos atributos que su amigo cínico creía los más importantes, en contraste de la dignidad, la honestidad o la elocuencia del pasado, son precisamente dos de los aspectos más importantes y merecedores de respeto y alabanza en esta sociedad actual: belleza y juventud. Quien tiene estas dos cosas, es merecedora de los mejores y más convenientes matrimonios, la presencia más destacada en los medios y las tapas de revistas. Elementos sólo superados y un poco por el dinero y el poder, porque quienes tienen estos dos últimos, suelen haber perdido hace tiempo su belleza y su juventud, aplicando entonces el viejo adagio salvador de “billetera mata galán”.
Un tipo encantador, con un alma podrida, pero


Hola…muy interesante el texto (… si te parece mira que la edición quedó un poco trunca, a veces me pasó y tuve que reeditar varias veces lo mismo hasta que anduvo).
Te dejo muchos saludos para estas fiestas y un gran abrazo de gratitud por todo lo brindado durante el año en ideas, pensamientos…Muchas felicidades!!!