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Vivir sin arrepentimiento. Arnaud Maitland



Arnaud Maitland es un holandés muy vital, con sentido del humor y aire de galán de cine francés, pero su vida no fue un camino de rosas. La progresiva decadencia de su madre, que padeció el mal de Alzheimer, la desestabilización que esto provocó en el grupo familiar, el toparse con el sufrimiento, la vejez y la muerte lo enfrentaron con emociones oscuras. Miedo, desesperación, culpa, inercia… y remordimientos.

Graduado en Leyes aunque no ejerció (“En Holanda, si no sabés qué estudiar, estudiás Derecho. Aprendí a hablar con los dos lados de la boca: a favor de unos y de otros, ¡es lo que hacen los abogados!”), Arnaud trabajó en compañías navieras en Nueva York y en Hong Kong. Comenzó a leer sobre filosofía oriental, estudió con el lama Tarthang Tulku y obtuvo un máster en Filosofía y Psicología en Budismo Tibetano en la Universidad de Berkeley (California). La debacle de su madre inspiró su libro “Vivir sin arrepentimiento” (Editorial Norma), donde se basa en enseñanzas budistas para reflexionar sobre las emociones negativas y enseña a no temer al sufrimiento, propio y de los demás.

Casado con Carolin van Tuyll van Serookesrken, editora y colaboradora en el libro, Maitland vive en San Francisco y tiene un hijo de 25 años. Es instructor de meditación y consultor de empresas para Skillful Means, un sistema de management basado en las enseñanzas budistas.

Noticias: En Occidente no nos preparan para enfrentar la enfermedad grave, la vejez ni la muerte. ¿Cuál es el error más común que se comete?

Arnaud Maitland: Cuando mis abuelos murieron, la casa estaba en silencio, hablábamos en susurros, las cortinas estaban cerradas y no fuimos al funeral. Nunca pude ver lo que, en realidad, era normal. A medida que fui creciendo, si había algún enfermo no estábamos cerca: era algo privado, negro, oscuro. Según el budismo tibetano, tenemos un tiempo limitado y la muerte es el momento de celebrar y apreciar lo que esa persona hizo con su vida.

Noticias: Hoy se teme más envejecer que morir.

Maitland: Para quien está envejeciendo, las enseñanzas tibetanas indican tres cosas: apreciar los buenos momentos vividos, pasarle todo lo importante a las siguientes generaciones, y prepararse para el proceso de morir. En Occidente no se hace ninguna de las tres.

Noticias: ¿Somos negadores porque esas instancias nos enfrentan con el límite, con el hecho de que nada es permanente?

Maitland: Sí, vivimos buscando seguridad y permanencia, cosas transitorias y sujetas a cambios, como tener más dinero, prestigio o estatus, y así se va montando el tinglado del sufrimiento. Aquello donde ponemos nuestra base, no dura, todo se evapora, especialmente cuando vas envejeciendo. Pero hay otra base muy real: si bien contamos con un tiempo limitado, tenemos creatividad, un corazón, energía, podemos hacer cosas.

Noticias: Usted señala nuestra mala relación con el tiempo: nos alienamos porque no alcanza, o lo malgastamos pensando que falta mucho para morir.

Maitland: Y cuando tenemos un buen momento nos sentimos culpables. El budismo tibetano dice que el tiempo es nuestro aliado, pero la alienación es el verdadero problema de Occidente. No tenemos muchas oportunidades, no podemos hacer todo de nuevo. Por lo tanto, el momento de vivir la vida es el presente. Quien no tiene los ojos brillantes, vivos, está en el pasado, con los arrepentimientos y resentimientos que conlleva, o está en el futuro.

Noticias: Ese estilo de vida que genera temores, dudas y ansiedad, saca a la mente de su eje. ¿La realidad crea nuestros pensamientos, o es al revés?

Maitland: La mente se contrae, y ese es un patrón: si pienso mucho en problemas, genero más. Si empiezo a pensar diferente, esos patrones negativos empiezan a cambiar: la mente moldea la realidad. La mente es neutral, no es mala, somos buenos por naturaleza.

Noticias: Si actuamos y reaccionamos según determinados patrones, ¿el sufrimiento tiene una dinámica que lo realimenta?

Maitland: Eso se llama karma. Hoy estamos formando el karma del futuro, pero el antiguo sigue funcionando. Sin embargo, como ocurre con el jardín, podemos sembrar buenas semillas en el suelo.

Noticias: Pero las emociones positivas también crean sufrimiento: un enamorado teme que la relación se termine o que lo abandonen.

Maitland: Las emociones positivas como la alegría, el amor, abren la mente y hacen fluir la energía. En cambio, si uno tiene resistencias, está negativo, la energía no fluye, la mente está cerrada y es como una goma pinchada en un auto. En mis charlas, cada vez que uso la palabra “amor” la gente se incomoda, algunos lo traducen como alegría o felicidad, pero en el budismo es un concepto muy diferente.

Noticias: ¿Qué es el amor, según esta doctrina?

Maitland: Es un estado de la mente, por el cual reconocés tu ser único y el valor único del otro, y lo debés respetar. Si estás relajado, hay naturalmente amor. No es algo que tratás de conseguir, y si empezás a manipularlo porque querés quedártelo, eso único se esfuma y el temor termina siendo una coraza que te estrangula. Amor no es enamorarse, sentirse atraído, el “me siento bien con vos” o el encantamiento.

Noticias: ¿Cómo cultivar pensamientos positivos?

Maitland: El budismo dice que hay algunas verdades y que si no vivimos de acuerdo a ellas vamos a sufrir y arrepentirnos. Una es la apreciación de que nuestra vida es única. Otra es la impermanencia: las cosas cambian y nuestro tiempo es limitado, debemos usarlo bien. La tercera es el karma: ¿qué semilla estás plantando? Si piensas negativamente, el resultado será igual. Y tu vida actual muestra lo que pensaste e hiciste en el pasado. ¿Querés escuchar más?

Noticias: Desde luego, continúe.

Maitland: La cuarta verdad es que la mayor parte de nuestro estrés y sufrimiento son innecesarios. Tenemos que ir detrás de lo que abre el miedo, las tres verdades anteriores. Y la quinta, es la libertad interior, el basamento: si estás relajado sentirás que tenés muchas posibilidades; estresado, sentís que no tenés alternativas. La relajación no es apagar la energía, es calmar lo que está sobreactivado y despertar lo que está dormido en nuestro corazón y en el flujo energético. La mayor parte de nuestro estrés es consecuencia de que en el pasado suprimimos nuestros sentimientos sobre muchas experiencias, incluso las buenas.

Noticias: Cuando un ser querido enferma y se va deteriorando día a día, surgen emociones difíciles, ¿nuestro andamiaje tambalea?

Maitland: Cuando un enfermo empeora tenemos que pensar cómo ayudarlo y, al mismo tiempo, cuidarnos a nosotros mismos. No es buen momento para priorizar las propias necesidades. Y no hay que esperar algo del enfermo, sino recurrir a los amigos.

Noticias: Cuando su madre con Alzheimer iba perdiendo el control sobre su vida, ¿sentía un correlato similar en la suya?

Maitland: Hay montones de esas preguntas… Mi mamá estuvo conmigo como siempre, de alguna manera, y me tomó un tiempo darme cuenta de cuán asustada estaba. Ella sentía que ya no valía, y me asusté. No le podía hacer preguntas, porque estaba perdida en su mundo. Más tarde los sentimientos surgieron, devastadores.

Noticias: Cuenta en el libro que no pudo conectarse con la persona que ella era en ese momento.

Maitland: Los sentimientos se manifestaron lentamente, fue un proceso. Y no quise enfrentarlo, lo que ves es tan penoso… Cada vez hablás más de ella y menos “con” ella. Por autoprotección íbamos tomando distancia, en vez de acercarnos de otra manera y hacerla hablar de sus propias vivencias y temores. La ves sentada, caída, ves temblar en la silla a esa mujer que aglutinaba a la familia… Yo vivía en Nueva York y me arrepentí de no haber viajado más seguido a Holanda, no haber estado en sus últimos días, muchos arrepentimientos… Pero el budismo me enseñó a trabajar esos sentimientos.

Noticias: ¿Cómo se hace?

Maitland: Las experiencias pasadas penosas no son permanentes, como creemos en Occidente: se pueden reconfigurar, incluso si los involucrados no participan, porque están en nuestra mente y corazón. La teoría del yoga tibetano es que si tenés un mal sueño te levantás mal, y las malas experiencias son como un mal sueño. Quedamos apegados a nuestra forma de pensar, sin embargo la memoria es adaptable, no hay que retener nada. Siempre estamos enfocados en los problemas –que en muchos casos son consecuencia de estar quejándonos todo el tiempo– y no en las cosas valiosas. Lo más importante es conocer, y se logra haciendo preguntas y dejándolas abiertas. No hay que preguntar “por qué” sino “cómo”: ¿cómo me gustaría vivir? ¿cómo me gustaría comunicarme con mi hijo?

Noticias: ¿Se puede cambiar así como así una manera arraigada de pensar?

Maitland: Nunca es demasiado tarde para desprenderse del pasado. Mi hermano vive en Buenos Aires y siempre pienso que cuando le ocurra algo importante viajaré inmediatamente. Aprendí que el presente es importante. Podemos modificar pensamientos viendo los hechos desde la perspectiva del otro, o dejando de dar vueltas incesantemente sobre un tema. La relajación ayuda a abstraernos de pensamientos, personas y cosas: sentarnos en silencio en un lugar tranquilo ayuda a conectarnos con los sentimientos de amor que están en nuestro corazón. El yoga contribuye a la relajación, elimina los bloqueos energéticos, crea una sensación de bienestar y completitud. Con la meditación se puede registrar el flujo de los pensamientos: positivos, negativos y neutros. Sabiendo que hay opciones, hay que empezar a buscar el lado positivo de las cosas y proceder en consecuencia.

Noticias: ¿Cómo podemos acompañar a un enfermo que va a morir?

Maitland: Tenemos que respetar cómo está muriendo, y la mayoría muere como vivió. Mi padre, de 97 años, dice: “No me arrepiento de nada”, luego, no tiene chances. Yo quisiera que fuera de otra manera, pero bueno… Hay que estar, sentir, prestar atención, tratar de que pasen por el trance lo más confortablemente posible.

Noticias: ¿Parte de su arrepentimiento tuvo que ver con que en el momento oportuno no se compadeció, en el sentido de “com-pader”?

Maitland: Sí, pero ya no. No tengo emociones negativas. Mi madre está en mi corazón, en mi mente, en mi libro, sigue viviendo.

Via : Revista Noticias

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El sufrimiento puede llevarte hacia la compasión.



La compasión es un sentimiento profundo que aspira a liberar a los demás del sufrimiento. Este sentimiento es un movimiento positivo de tu mente y de tu cuerpo, la respuesta espontánea de un corazón abierto que anhela mitigar el dolor y el sufrimiento de todos los seres.

El sufrimiento impregna todo nuestro mundo, desde las injusticias, el hambre de los pueblos, las guerras, la violencia, la discriminación son algunas de las formas más temibles del sufrimiento.
Aunque vivamos en una isla de relativa paz y abundancia, no tardaremos en observar la presencia, velada o manifiesta del sufrimiento. La enfermedad, la vejez y la muerte, forman parte intrínseca del proceso mismo de la vida. Todos somos iguales ante este hecho.
Del mismo modo cuando prestemos atención plena a nuestra mente , descubriremos también la presencia de diferentes tipos de malestar. Los hábitos y las rutinas tal vez nos hagan sentir cómodos y tranquilos pero bajo su confortable fachada, suele agitarse la inquietante y difusa sensación de que nuestra vida es básicamente incompleta, problemática y no funciona del todo bien. Tal vez se trate de un vacío, de una desesperación existencial, de la insatisfacción , del miedo que nos impulse a llenar nuestro tiempo con todo tipo de actividades. Pero cuál es el verdadero origen de todas estas sensaciones?.
Cuando afrontamos el sufrimiento del mundo, de nuestra vida, de nuestro cuerpo y de nuestra mente, nos damos cuenta de que no se trata de un problema individual sino de una experiencia universal. Por qué, entonces,el mundo no es un lugar amable en el que todos comprendamos desde la compasión, el sufrimiento que nos atraviesa?.
Lo cierto es que nuestro corazón no siempre está dispuesto a abrirse al dolor y continuamente trata de huir de él, de cerrarse y de escapar al sufrimiento. Sin embargo cuando le cerramos la puerta al sufrimiento, obstruimos la puerta hacia la compasión.
La compasión es la respuesta más espontánea de un corazón abierto. Pero el manantial de la compasión permanecerá cerrado mientras sigamos tratando de escapar del sufrimiento ,por que cuando negamos su existencia nos alejamos de la realidad y terminamos enredados en un mar de racionalismos o emociones que sólo son reacciones a esta sufriente realidad .
Hace un tiempo comenzamos a bendecir la mesa con mi familia. Ese acto de dar gracias por los alimentos que han sido traídos a tu mesa, también son la expresión de algún tipo de sufrimiento que han tenido que atravesar todas personas implicadas en la elaboración de esa rica comida que hoy saboreas. No son grandes actos los que te devuelven al momento presente, son pequeñas llamadas de atención que puedes hacerte a ti mismo, como lo enseña claramente el maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh en sus versos para el despertar.

1

Al despertarse

Despertándome con una sonrisa,

sé que tengo 24 horas nuevas para mí.

Prometo vivirlas con plenitud,

y ver a todos, con los ojos de la compasión.

14

PREPARANDO LAS VERDURAS

En estos vegetales frescos

veo un sol verde.

Todos los Dharmas se juntan

para hacer posible la vida.

Las Cinco Contemplaciones

Esta comida es el regalo de todo el universo –la Tierra, el cielo y mucho trabajo duro.

Que comamos con atención de manera de ser dignos de recibirla.

Que transformemos nuestros estados mentales poco hábiles y aprendamos a comer con moderación.

Que sólo tomemos alimentos que nos nutren y previenen enfermedades.

Aceptamos esta comida para llevar a cabo el camino del entendimiento y el amor.

12

CONDUCIENDO

Antes de arrancar el coche,

sé adonde voy.

El coche y yo somos uno.

Si el coche va rápido, voy rápido.

Si el coche va lento, voy lento.

5

SIRVIENDO LA COMIDA

En esta comida

veo claramente la presencia

de todo el universo

manteniendo mi existencia.

10

TOMANDO TÉ

Esta taza de té en mis dos manos–

¡la atención se mantiene

en posición vertical!

Mi mente y cuerpo moran

en el aquí y el ahora.

EMPEZANDO A COMER

Con el primer bocado, prometo ofrecer alegría.

Con el segundo, prometo ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás.

Con el tercero, prometo ver el gozo ajeno, en el mío propio.

Con el cuarto, prometo aprender el camino de desapego y ecuanimidad.

8

TERMINANDO MI COMIDA

El plato está vacío.

Mi hambre satisfecha.

Prometo vivir,

por el beneficio de todos los seres.

Cuando nos demos cuenta que la felicidad no consiste en la acumulación de acciones placenteras, cuando nos demos cuenta que el ansia de gratificación sensorial no puede aportarnos la plenitud ni la satisfacción, sino por el contrario, más apego y más rechazo, nuestra ignorancia se verá reemplazada por la sabiduría. La experiencia directa de la felicidad no tiene tanto que ver con acumular, como con desprenderse, de abrirse al dolor para que pueda emanar de nuestro centro ,el fruto más dulce de nuestra sensibilidad humana,…la compasión.
Adriana Paoletta

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Thich Nath Hanh. Meditaciones budistas para el despertar.


Este ejercicio nos ayuda a estar en contacto con todos los sentimientos que surgen en nuestra mente. Los sentimientos son agradables, desagradables o neutros. Debemos aprender a reconocer, a agradecer y a dar la bienvenida a cada uno de ellos,y después profundizar en su impermanencia.Un sentimiento surge,persiste y después desaparece. La plena conciencia nos permite estar tranquilos en el proceso de aparición y desaparición de los sentimientos pero también a no expulsarlos . Reconocer a los sentimientos con una mente ecuánime es el mejor camino para despertar la conciencia interior. Mientras estamos reconociéndolos con una atención plena, llegamos lentamente a penetrar en su verdadera naturaleza.La plena conciencia hace nacer la felicidad.

1. Conciente de mi cuerpo,inhalo. Sonriendo a mi cuerpo, exhalo.

2. Sintiendo el dolor de mi cuerpo, inhalo. Sonriendo al dolor de mi cuerpo ,exhalo.

3.Reconociendo que esto es un dolor físico, inhalo.Sabiendo que es un dolor físico, exhalo.

4. Sintiendo el dolor en mi mente, inhalo.Sonriendo al dolor en mi mente, exhalo.

5.Sintiendo el dolor del miedo, en mí, inspiro. Sonriendo al dolor del miedo en mi, exhalo.

6. Viviendo el sentimiento de inseguridad en mi, inspiro. Sonriendo al sentimiento de seguridad, exhalo.

7. Viviendo el sentimiento de tristeza en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de tristeza en mi, exhalo.

8.Viviendo el sentimiento de enojo en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de enojo en mi, exhalo.

9.Viviendo el sentimiento de apego en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de apego en mi, exhalo.

10.Viviendo el sentimiento de alegría en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de alegría en mi, exhalo.

11.Viviendo el sentimiento de liberación en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de liberación en mi, exhalo.

12.Viviendo el sentimiento de entrega en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de entrega en mi, exhalo.

13.Viviendo el sentimiento de paz en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de paz en mi, exhalo.

Los ejercicios de Thich Nath Hanh son una poderosa fuente de sabiduría interior. Durante muchos años los he enseñado a mis alumnos ayudándolos a entrar en el camino de la Meditación.

Disfruten de su sadhana!
Namasté!

Montañas rusas espirituales.Los efectos secundarios de las prácticas de meditación.

¿Cómo entendemos las experiencias más espectaculares y exóticas que llenan la literatura de las grandes tradiciones místicas?¿Todavía las tienen la gente de la época moderna?¿Qué valor tienen dichas experiencias?.
Con una práctica espiritual sistemática,pueden presentarse experiencias poderosas de estados alterados del cuerpo,de la mente y del corazón.En este post intentaré abordar estas experiencias indescriptibles, para ponerlas en perspectiva como parte de nuestra vía espiritual.

¿Qué actitud debemos tener frente a los estados modificados de la conciencia?

Algunas vías espirituales insisten en que debemos alcanzar profundos estados de conciencia, con el fin de descubrir una visión “trascendente” de la vida, al abrirnos mas allá de nuestro cuerpo y de nuestra mente, degustando el sabor divino de la liberación. Dichas escuelas nos hablan de la necesidad de alcanzar la cima de la montaña,trascender nuestro pequeño yo y tener una visión cósmica, experimentando la iluminación.En el Zen , la escuela Rinzai acentúa las poderosas prácticas del Koan y de los retiros rigurosos para quebrar la conciencia ordinaria y conducirnos a las experiencias conocidas como Satori y Kensho, momentos de profundo despertar.
La meditación de la Visión Penetrante( Vipassana) ,incluye escuelas que usan poderosas técnicas de concentración y largos retiros intensivos para llevar a los estudiantes a un despertar mas allá de su conciencia cotidiana. El Raja Yoga y el Kundalini Yoga, las prácticas chamánicas, la “noche oscura” de la plegaria intensiva Cristiana, son otras de las escuelas que siguen este espíritu de la práctica.Las técnicas utilizadas incluyen ,repetición , intensidad, dolor,respiración fuerte,concentración muy enfocada,Koan,deprivación del sueño, que pretenden ayudar a los estudiantes a trascender la conciencia normal.

Otras muchas escuelas, sin embargo no buscan escalar la montaña de la trascendencia,sino, por el contrario, dar vida al espíritu de la cima,aquí y ahora, en cada instante de la vida. Sus enseñanzas nos dicen que la liberación y trascendencia deben descubrirse en el presente.La perspectiva de la escuela inmanente enseña que la realidad,la iluminación o lo divino deben brillar en cada momento, o sino no son auténticos. Unicamente nuestro deseo y nuestro apego, nos impiden experimentar ésta realidad. La escuela de Zen Soto lo enseña mediante una meditación denominada SIMPLEMENTE SENTARSE , una profunda apertura a lo que es verdadero en el instante,en dicha práctica abandonamos la noción de buscar la iluminación , el satori, o de ir a lugar alguno.En su enseñanza Suzuki Roshi nunca hablaba del Satori.Su mujer bromeaba diciendo que nunca lo había obtenido.
Toda percepción alterada y las visiones en la tradición Zen se conocen como MAKYO, o ilusión y se ignoran.
La meditación Vipassana tiene muchos maestros que mantienen una perspectiva similar.Para ellos lo estados modificados de consciencia son un fenómeno transitorio que hay que soltar, es decir no apegarse a ellos.Las enseñanzas del Advaita Vedanta, Krishnamurti,el Karma Yoga, y la vía del servicio a lo Divino, siguen éste camino.
Los senderos inmanente y trascendente son ambos expresión del Gran Camino.Cada uno de ellos nos lleva a un profundo soltar para acercarnos a la verdadera liberación.

Los lectores de este Blog que siguen una práctica espiritual de un modo sistemático habrán experimentado en algún momento ambas perspectivas.Cada camino tiene su valor, y cada uno de ellos sus peligros.

El valor de los estados trascendentes de la conciencia es que nos dan una gran inspiración y una atractiva visión acerca de la experiencia vital; las vivencias que obtenemos de ellas pueden ser profundamente curativas y transformadoras.Pero sus peligros y malos usos son igualmente dañinos.Podemos comenzar a considerarnos seres especiales por haberlos experimentado,apegándonos con mucha facilidad a querer repetirlos.La extrema sensibilidad corporal, el éxtasis y las visiones pueden volverse adictivas.Pero el peligro más grande es creer que dichas experiencias nos transformarán y que tras un momento de iluminación nuestra vida cambiará totalmente para mejor..

Pensemos que somos adictos a todo, ya que el deseo y el apego, nos dominan , es por ello que el fin de la meditación no es la iluminación en sí misma sino la liberación de la esclavitud del deseo.

Por ello debido a que el territorio mental emocional y espiritual es tan vasto, es necesario que tengamos un maestro o guía que nos mantenga en equilibrio mientras navegamos a través de los mares turbulentos de la conciencia.

Namasté!

Inspirado en los trabajos de Jack Kornfield.

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Cocina Zen¿Quién cocina a quién?



Un monje le dijo a Joshu: “Acabo de entrar a este monasterio. Por favor enséñame”. Joshu preguntó: “Has comido tu potaje de arroz?”. El monje responde: “Ya he comido”. Joshu dice: “Entonces será mejor que laves tu plato.”

Sogyô, uno de los principales maestros del arte del té, intervino en una ceremonia de un templo Zen donde se ofrecía una taza a todos los monjes. El té preparado por Sogyô era el más delicioso de todos. Un antiguo maestro, Gesshu, le preguntó a Sogyô si añadía algo más a la bebida aparte del té. Sogyô respondió: “Sí, incluyo un poco de consideración”.

Edward Espe Brown se inició en el Zen de la mano de Suzuki Roshi en el año 1965. En sus comienzos, un día le preguntó a su maestro si tenía algún consejo que darle. La respuesta de Suzuki Roshi fue: “cuando laves arroz, lava el arroz, cuando cortes las zanahorias, corta las zanahorias y cuando remuevas la sopa, remueve la sopa”.

En este delicioso documental, “Cómo cocinar tu vida”, la conocida directora alemana Doris Dörrie acompaña al maestro zen Edward Brown en sus conferencias y en sus clases de cocina para comprobar que cocinar, o mejor dicho, saber cómo cocinar, es cuestión de cuidarse uno mismo y cuidar a los demás. Pero no esperes obtener un recetario Zen, aprender algún secreto de cocina Zen o aprender a cocinar mejor que Karlos Arguiñano. La película no va de eso. Como diría el legendario Daisetz T. Suzuki: “Para alcanzar la maestría en un arte, no basta conocimiento técnico. Uno debe transcender la técnica de manera que el dominio se convierta en un arte sin artificio y emane directamente de lo inconsciente”.


Es reconfortante acudir a la proyección de este tipo de films que nos recuerdan la pérdida cultural que supone no solamente el no saber hacer pan con nuestras manos, sino también el olvidar el estrecho vínculo que existe entre respetar la comida y respetarnos a nosotros mismos. Como dice su directora, “hay dos cosas que tenemos que aprender de nuevo: conocer los ingredientes de los platos y volver a sentir respeto por la comida y por nosotros mismos.”

Más allá del debate entre vegetarianismo o no (yo no soy vegetariano, pero soy selectivo en cuanto carnes y como buen mediterráneo me encantan las ensaladas, verduras, legumbres, cereales, la fruta de verano y por supuesto el aceite de oliva) y la polémica de la “comida basura”, existe un aspecto crucial donde pone el acento Doris Dörrie y el maestro Edward Brown: El respeto por la comida y por nosotros mismos están conectados entre sí. Hemos desarrollado la habilidad de desconectar de nosotros mismos. No pensamos de donde vienen el arroz, los tomates y la carne. No pensamos en que las cosas están relacionadas entre sí. Sin embargo lo están. Por poner un ejemplo del día a raíz de la reciente polémica sobre el cupo de inmigrantes: la tierra, la semilla, el agua, la luz, el agricultor que cultiva fresas en Huelva, el inmigrante subsahariano que bajo un sol abrasador las recolecta, el camionero que las traslada y el consumidor que las come están unidos por algo más que una cadena logística. Estamos en conexión con todo y esa fresa que nos llevamos a la boca materializa ese vínculo.

Evidentemente hay varias lecturas: podemos considerar esa fresa como “combustible para el cuerpo” (como si nuestro cuerpo fuera poco más que una máquina, lo que ya dice mucho sobre la pre-concepción subyacente), como “capricho para los sentidos” (como si nuestro paladar no evolucionara y se hubiera estancado en la etapa infantil de las chuches) o también podemos realizar una lectura “a la sistémica” y considerar que además de ser combustible y manjar para los sentidos, existe una visión más elevada y transcendente (sin ser religiosa en el sentido ortodoxo) que nos permite reconciliarnos con nosotros y el medio ambiente pues ese fruto es también un vínculo entre nosotros, la tierra y el agua, entre nosotros y el esfuerzo humano aparejado, entre nosotros y la vida. De ahí el énfasis hacia la necesidad de cuidado, respeto y consideración hacia la comida.

Esto es lo que enseña esta pequeña joya que ví ayer: En nuestra cocina estamos en conexión con todo el universo. Cómo cocinamos la comida y cómo la cocina nos “cocina a nosotros”. De algún modo al cocinar también “somos cocinados”, pues nuestra actitud en la cocina, en la selección y preparación de los alimentos, son un reflejo de lo que somos, como nos consideramos a nosotros mismos y a los demás. Al cocinar, “cocinamos” también nuestros valores de respeto y consideración hacia nuestro cuerpo-mente, “cocinamos” nuestro respeto y consideración hacia las demás personas que van a disfrutar de nuestra cocina y “cocinamos” nuestra conciencia de vinculación con el mundo y el universo que ha hecho posible la materialización de esos alimentos. La dualidad cartesiana queda en entredicho en la cocina Zen: no hay separación entre cuerpo y mente antes, durante y después de cocinar, pues cocinamos con y para nuestro cuerpo-mente y comemos con y para nuestro cuerpo-mente.

Si algo hay de fascinante en el Zen es esta ausencia de muros conceptuales: no diferencia entre cocina y templo, entre cuerpo y mente, entre profano y transcendente. Por eso me atrae el Zen: en su esencia es sistémico, unificador, rompe-barreras, sin artificios y sin peajes ideológicos o metafísicos que acatar. En este sentido me congratula que un pensador sistémico como el físico Fritjof Capra le dedique un espacio específico en sus obras y en su vida al Zen.

Pero, un momento, no tan rápido, ¿qué es entonces el Zen? inquiere nuestra perspicaz mente occidental adicta a la definición, categorización y clasificación. Cuando a un maestro Zen se le pidió que definiera el Zen, dijo, “Cuando tengo hambre, como, cuando estoy cansado, duermo.”. Podría ofrecerte una aproximación intelectual, pero aún así eso no sería Zen, por ejemplo: recobrar la naturalidad de nuestra naturaleza original. ¿¿??. Sin embargo, eso no es Zen, pues cualquier conceptualización sobre el Zen está abocada al fracaso (pienso que tal vez eso lo hace interesante para nuestra mente occidental, pues el Zen se escapa continuamente cual anguila de la Albufera a la conceptualización, constituyendo un desafío para nuestra cultura y filosofía occidentales, que busca infructuosamente capturar su esencia) y aunque existen multitud de libros Zen mi recomendación es bien simple: el Zen no se estudia, se practica (Zazen). Por eso el Zen es indisociable del Zazen: siéntate, mantén la columna vertebral recta y observa el ritmo de tu respiración. Y lo que tenga que venir, vendrá. O no. Como dice el maestro Dokushô Villalba “Siéntate y siéntete.”. “Eso” es Zen, y “eso” no se puede expresar con palabras. De ahí que la escasa enseñanza verbal de los maestros Zen se exprese muy a menudo en forma de paradojas o koans. Este es uno de mis koans preferidos:

Dos monjes miraban una bandera ondeando en el viento. Uno de ellos dijo:
- “Es el viento que la mueve”.
El otro le respondió:
- “No estoy de acuerdo, es la bandera la que se mueve.”
Pero un patriarca Zen que estaba de pie muy cerca de ellos les dijo:
- “Ni la bandera ni el viento se mueven… es la mente la que se mueve.”

En palabras de un dicho Zen muy famoso: “Antes de estudiar Zen, las montañas son montañas y los ríos son ríos; mientras estás estudiando Zen, las montañas ya no son montañas y los ríos ya no son ríos; pero una vez que alcanzas la iluminación las montañas son nuevamente montañas y los ríos nuevamente ríos.”

A pesar de su encuadramiento al modo occidental como “religión budista”, el Zen no está interesado más que colateralmente en la doctrina de Buda (los llamados Sutras, el equivalente a los Evangelios para los cristianos o el Corán para los musulmanes), pues su objetivo no es ni más ni menos que el alcanzar la experiencia de Buda: la iluminación, una experiencia conocida en Zen como satori. Aunque, con permiso del admirado Jiddu Krishnamurti, diría que la iluminación no es perseguible como quien busca un objeto precioso o va de un espacio-tiempo A a un espacio-tiempo B, sino más bien la iluminación nos alcanza, viene a nosotros, no nosotros a ella, nos llega sin buscarla una vez le has hecho sitio en tu interior. En este sentido la iluminación es una experiencia a la que estamos llamados todos, aunque dependiendo de las culturas se la llame de formas diferentes: nirvana, satori, éxtasis, experiencia de dios, etc.

La experiencia de la iluminación es la esencia del Budismo y en este sentido el Zen se centra en esa experiencia y no está interesada en ninguna interpretación más allá de esta. Al Zen no le interesa teorizar sobre la iluminación. En este sentido es impropio hablar de una Teología Zen o una Metafísica Zen. Sería un contrasentido pues la experiencia del Zen es la experiencia de la iluminación, y dado que esta experiencia trasciende toda categoría de pensamiento, el Zen no se interesa en ninguna abstracción ni conceptualización de la misma. El Zen no tiene ninguna doctrina o filosofía especial, ningún credo ni dogma formal que acatar y enfatiza su libertad frente a los corsés doctrinales, esto le hace verdaderamente original, algo que en el ámbito cristiano podría enlazar con la vía de los místicos y en el ámbito musulmán con la vía de los sufíes. El “Ama y haz lo que quieras” de Agustín de Hipona y el “Por mucho que hable de amor o lo defina, cuando llego al amor me avergüenzo de mis palabras” de Yalal ad-Din Muhammad Rumi son muy Zen. Es puro Zen.

Uno de las obras más interesantes de Zen para occidentales que leído es “Zen en el arte del Tiro con Arco” escrito por el filósofo alemán Eugen Herrigel al que alguna vez me he referido y que al igual que el film protagonizado por el maestro Edward Drown, apenas teoriza sobre Zen, una constante en los maestros Zen, que parece que huyen de conceptualizar algo que está más allá de nuestra pequeña mente clasificadora. Herrigel utilizó más de cinco años con un renombrado maestro japonés en arquería para aprender su arte y nos da en su libro las claves de cómo experimentó Zen a través del tiro con arco. Herrigel nos describe como el tiro con arco le fue presentado como un ritual que es bailado en movimientos espontáneos, libres de esfuerzo y propósito. Le tomó muchos años de práctica, como aprender a estirar el arco a lo Zen, con un tipo de fuerza no forzada, y como liberar la cuerda sin intención, dejando que el tiro “caiga del tirador como una fruta madura”. Cuando llegó al clímax de perfección, el arco, la flecha, el objetivo y el arquero, todos se fundían los unos en el otro y él no disparaba sino que “eso” lo hacía por él.

“Eso” experimentable y no definible de lo que habla Herrigel es Zen, lo experimentemos en la sala de meditación o en el autobús, en la cocina o en el arte del tiro con arco, en la soledad de la montaña o en la plaza del mercado, porque, como diría la mística abulense Teresa de Cepeda y Ahumada “También entre los pucheros anda el Señor”.

Para saber más: Edward Espe Brown en Wikipedia [inglés]

Tassajara Zen Mountain Center en Wikipedia [inglés]

Zen en el Arte del Tiro con Arco en Wikipedia [inglés]

Zen en Wikipedia [castellano]

Zazen en Wikipedia [castellano]

Origen y desarrollo del Zen por Allan Watts

Zen por Fritjof Capra

Textos de Grandes Maestros Zen

¿Qué es la Meditación Zen? por Francisco Mesa Suárez

Luz Serena. Comunidad Budista Soto Zen

Blog del maestro Dokushô Villalba

Jiddu Krishnamurti en Wikipedia

Misticismo en Wikipedia

Orden Cartuja en Wikipedia

Sufismo en Wikipedia

Film Cómo cocinar tu vida, de Doris Dörrie en Karma Films

Fim El gran silencio, de Philip Gröning en Film Affinity

Film Bab’Aziz el sabio sufí, de Nacer Khemir en Karma Films

VIA: PENSAMIENTO SISTEMICO

Los estadios de la mente en la Meditación. Una entrevista con Ken Wilber


Pregunta: Nos gustaría que describieras las experiencias de varios estadios de la meditación. Pero primero, háblanos de la meditación en sí misma- los diferentes tipos que hay y como funcionan.

Ken Wilber: Es común entre los eruditos dividir la meditación en dos categorías amplias, llamadas meditación de “concentración” y de “percepción” (o “visión clara”). O “cerrada” y “abierta”. Por ejemplo, digamos que estás mirando a una pared que tiene cientos de puntos pintados en ella. En la meditación de concentración, miras a sólo un punto, y lo miras con tanta intensidad que ni siquiera ves los otros puntos. Esto desarrolla tu poder de concentración. En el entrenamiento perceptivo, o meditación de la visión clara, tratas de ser consciente de tantos puntos como seas capaz. Esto incrementa tu sensibilidad, consciencia , y sabiduría, en ese sentido.

En la meditación concentrativa, pones tu atención en un objeto- una roca, la llama de una vela, tu respiración, un mantra, la oración del corazón, etc.
Concentrándote intensamente en un solo objeto, tú como sujeto te vas volviendo gradualmente “identificado” con el objeto. Empiezas a menoscabar el dualismo sujeto/ objeto, que es la base de todo sufrimiento e ilusión. Gradualmente, reinos de existencia más y más elevados, conduciendo a la dimensión última o no dual, se van haciendo obvios para ti. Trasciendes tu yo ordinario o ego., y encuentras las dimensiones de existencia más elevados y sutiles- las espirituales y trascendentales.

Sin embargo, esto es alcanzar las dimensiones más elevadas por “la fuerza bruta”, por así decirlo. Y aunque se dice que la meditación de concentración es muy importante, por sí misma no erradica nuestras tendencias a crear dualismo en el primer lugar. De hecho, simplemente las ignora, trata de saltárselas. Se centra en un punto e ignora todo el resto. La meditación concentrativa puede definitivamente mostrarnos algunos de los reinos más elevados, pero no puede asentarnos permanentemente en esos reinos. Para ello, tienes que mirar a todos los puntos. Tienes que investigar toda la experiencia, con desapego, sin hacer juicios, con ecuanimidad, y consciencia prístina.

P: Eso es meditación de visión clara o perceptiva.

KW: Sí, es cierto. Los Budistas llaman a la meditación concentrativa shamatha y a la concentración perceptiva vipassana, o dhyana and prajna. La primera conduce al samadhi, o la concentración unidireccional, la última al satori, o consciencia y sabiduría trascendental.

El asunto acerca de cualquiera de estas practicas de meditación- y hay otras, tales como la visualización, el koan, la oración contemplativa, etc.- el asunto es que todas ellas realmente hacen dos cosas importantes. Primero, ayudan a aquietar la mente discursiva, racional-existencial, la mente que tiene que pensar todo el tiempo, la mente que tiene que charlar consigo misma todo el tiempo y verbalizarlo todo. Nos ayuda a aquietar esa “mente mono”. Y una vez que la mente mono se aquieta un poco, permite a las dimensiones más sutiles y elevadas de la consciencia emerger- como lo psíquico, lo sutil, lo causal, y lo último o lo no dual. Esa es la esencia de la meditación genuina. Es simplemente una manera de continuar la evolución, de continuar nuestro crecimiento y desarrollo.

El Nivel Psíquico

P: ¿Podrías describir los niveles de la meditación, y como son experimentados? ¿Qué ocurre realmente en cada estadio?

KW: Cuando practicas la meditación, una de las primeras cosas de las que te das cuenta es que tu mente- y tu vida, por la misma razón- esta dominada por charloteo verbal en gran medida inconsciente. Siempre te estás hablando a ti mismo. Y así, cuando empiezan a meditar, mucha gente es abrumada por la gran cantidad de basura que empieza a atravesar su consciencias. Se dan cuenta de que pensamientos, imágenes, fantasías, opiniones, nociones, ideas, conceptos prácticamente dominan su consciencia. Se dan cuenta de que estas ideas han tenido una influencia mucho más profunda en sus vidas que la que habían pensado nunca.

En cualquier caso, las experiencias iniciales de la meditación es como estar en el cine. Te sientas y observas todas estas fantasías y conceptos desfilar, en frente de tu consciencia. Pero la cosa importante es que te estás volviendo finalmente conscientes de ellas. Las estás mirando imparcialmente y sin juicios. Simplemente las observas pasar, de la misma forma que observas las nubes pasar flotando en el cielo. Vienen, y se van. Sin alabanza, sin condena, sin juicio- solo “puro atestiguar”. Si juzgas tus pensamientos, si te ves atrapado en ellos, entonces no puedes trascenderlos. No puedes encontrar dimensiones más sutiles y elevadas de tu propio ser. Así que te sientas en meditación, y simplemente “atestiguas” lo que está ocurriendo en tu mente. Dejas que la mente mono haga lo que quiera, y simplemente observas.

Y lo que ocurre es que, a causa de que atestiguas imparcialmente todos estos pensamientos, fantasías, opiniones, e imágenes, empiezas a volverte libre de su influencia inconsciente. Los estás mirando, así que ya no los estás usando para mirar al mundo. Por lo tanto te vuelves, hasta un cierto nivel, libre de ellos. Y te vuelves libre del sentido de identidad separada que dependía de ellos. En otras palabras, empiezas a volverte libre del ego. Esta es la dimensión espiritual inicial, donde el ego convencional “muere” y estructuras más elevadas de la consciencia son “resucitadas”. Tu sentido de identidad empieza naturalmente a expandirse y a abrazar el cosmos, o toda la naturaleza. Te elevas sobre el cuerpo y la mente aislados, lo cual podría incluir el descubrimiento de una identidad más amplia, tal como la naturaleza o el cosmos- “consciencia cósmica” as R. M. Bucke la llamó. Es una experiencia muy concreta e inconfundible.

Y, no tengo que decírtelo, ¡esto supone un alivio extraordinario! Este es el comienzo de la trascendencia, el hallazgo del camino de vuelta a casa. Te das cuenta de que eres uno con el tejido del universo, eternamente. Tu miedo a la muerte comienza a desaparecer, y realmente comienzas a sentir, de una forma concreta y palpable, la naturaleza abierta y transparente de tu propio ser.

Surgen en ti sentimientos de gratitud y devoción- devoción al Espíritu, en la forma de Cristo, o Buda, o Krishna; o devoción a tu maestro espiritual real; incluso devoción en general, y ciertamente devoción a todos los demás seres sintientes. El voto del boddhisatva, en cualesquiera de sus formas,, surge desde las profundidades de tu ser, de una forma muy poderosa. Te das cuenta de que simplemente tienes que hacer lo que sea que puedas para ayudar a todos los seres sintientes, y por la razón de que, como Schopenhauer dijo, te das cuenta de que todos compartimos el mismo Yo o Espíritu o Absoluto no dual. Todo esto comienza a volverse obvio- tan obvio como la lluvia sobre el tejado. Es real y es concreto.

El Nivel Sutil

P: ¿Así que qué hay acerca del siguiente estadio general, el nivel sutil?

KW: Cuando tu identidad comienza a trascender el cuerpomente aislado e individual, empiezas a intuir que existe un Substrato del Ser, o Divinidad genuina, más allá del ego y más allá del encanto de figuras divinas míticas o del cientícismo racionalista o de la gallardía existencial.

Esta forma de la deidad puede ser realmente intuida. Cuanto más te desarrollas más allá del cuerpomente aislado y existencial, más te desarrollas hasta el Espíritu, el cual, en el nivel sutil, es a menudo experimentdo como la Forma de la Divinidad o Yo arquetípico. Quiero decir, por ejemplo, experiencias muy concretas de Luz profunda, un Ser de Luz, o simplemente de extrema claridad y brillo de la consciencia.

La cosa es que estás viendo algo más allá de la naturaleza, más allá de lo existencial, más allá de lo psíquico, más allá incluso de la identidad cósmica. Estás empezando a ver la dimensión oculta o esotérica, la dimensión fuera del cosmos ordinario, la dimensión que trasciende la naturaleza. Ves la Luz, y a veces esta Luz literalmente brilla como la luz de un millar de soles. Te sobrecoge, te llena de poder, te energetiza, te reconstruye, te inunda. Esto es lo que los eruditos han llamado la naturaleza “numinosa” del espíritu sutil. Numinosa y luminosa. Esta es la razón, creo, por la que los santos son universalmente representados con halos de luz alrededor de sus cabezas. Eso es lo que realmente ven. Luz Divina. Mi lectura favorita de Dante:

Fijando mi mirada en la Luz Eterna
Vi en sus profundidades,
Unidas con amor en un solo volumen,
Las hojas dispersas de todo el universo.
Dentro de la profunda subsistencia luminosa
De esa Luz exaltada vi tres círculos
De tres colores pero de una sola dimensión
Y por el segundo parecía el primero reflejado
Como el arcoiris lo es por el arcoiris, y el tercero
Parecía fuego que es igualmente exhalado por ambos.

Eso no es mera poesía. Esa es casi una descripción matemática de un tipo de experiencia del nivel sutil. De cualquier forma, también puedes experimentar este nivel como el descubrimiento de tu ser superior, tu alma, el Espíritu Santo. “El que se conoce a sí mismo conoce a Dios”, como dijo San Clemente.

P: ¿Y la experiencia concreta en sí misma?

KW: La experiencia concreta varía. Aquí va un ejemplo: digamos que estás paseando en el centro de la ciudad, mirando escaparates. Estás mirando a lo que hay en ellos, y de repente ves una vaga imagen danzar en frente de tus ojos, la imagen de una persona. Entonces de golpe te das cuenta que es tu propio reflejo en el escaparate. De repente te reconoces. Reconoces tu Yo, tu Yo superior. De repente reconoces quien eres. Y lo que eres es- una chispa luminosa de lo Divino. Pero tiene esa conmoción del reconocimiento- “¡Oh, eso!”

Es una realización muy concreta, y usualmente trae consigo mucha risa y muchas lagrimas. La forma sutil de la Deidad o Luz o Yo superior- todos ellos son simplemente arquetipos de tu propios Ser. Estás encontrando, por medio del desarrollo meditativo, y empezando un encuentro directo con el Espíritu, con tu propia esencia. Y se muestra como luz, como un ser de luz, como nada, como shabd, como claridad, numinosidad, etc.

Y a veces se muestra simplemente como una simple y clara consciencia de lo que es- muy simple, muy clara. La cosa es que es consciente de todos los puntos en la pared. Es claramente consciente de lo que va surgiendo momento tras momento, y por lo tanto trasciende el momento. Y trasciende este mundo y empieza a tomar parte de lo Divino. Tiene una perspectiva divina, se exprese como se exprese. Eso es lo sutil- una introducción cara a cara a lo Divino. Realmente participas de la Divinidad y de la consciencia y la sabiduría de lo Divino. Es una práctica. Puede ser realizada. Ha sido hecho, muchas veces.

El Nivel Causal

P: Está muy claro. ¿Qué hay del siguiente nivel, el causal?

KW: Te sientas ahí, simplemente atestiguando cualquier cosa que surge en la mente, o en tu experiencia presente. Estás intentando atestiguar, igualmente, todos los puntos en la pared de tu consciencia. Si te vuelves capaz de esto, finalmente los puntos racionales y existenciales se apagan, y puntos psíquicos empiezan a aparecer en la consciencia. Entonces después de un rato, te vuelves mejor atestiguando, y objetos o puntos más sutiles empiezan a mostrarse. Esto incluye luces e iluminaciones audibles y formas sutiles de la Divinidad y cosas por el estilo. Si continuas simplemente atestiguando- lo que te ayuda a desidentificarte de las formas inferiores y más groseras, y a hacerte consciente de las formas más superiores y más sutiles- incluso los objetos sutiles o los puntos sutiles dejan de surgir. Entras en un profundo estado de no manifestación, que se experimenta como, digamos, una noche de otoño con luna llena. Hay una extraña y bella numinosidad en todo ello, pero es una numinosidad “silente” o “negra”. No puedes realmente ver nada excepto algo como una plenitud plateada, llenando todo el espacio. Pero al no estar viendo realmente ningún objeto particular, es también un tipo de Vacuidad Radical. Como dice el Zen, “para el ruido de ese riachuelo”". Esto se conoce de formas diversa como shunyata, como la Nube del No Saber, Ignorancia Divina, el Misterio Radical, nirguna (incalificable) Brahman, etc. Lo sin forma brillante, sin objetos que lo limiten.

Se vuelve obvio que tú eres absolutamente Uno con esta Plenitud, que trasciende todos los mundos y todos los planos y todo el tiempo y toda la historia. Eres perfectamente pleno, y por lo tanto estás plenamente vacío. “Es todas las cosas y ninguna”, dijo el místico cristiano Boethius. La reverencia da lugar a la certeza. Eso es lo que tú eres, anterior a toda la manifestación, anterior a todos los mundos, es ver lo que tú eres eternamente, sin forma.

Ese es un ejemplo del nivel causal; eso es ñana samadhi, nirvikalpa samadhi, etc. El alma, o sentido de identidad separada, desaparece, y Dios o la forma de la Deidad separada desaparecen, porque ambos- alma y Dios- se colapsan en la Divinidad sin forma. Tanto el alma como Dios desaparecen en la Identidad Suprema.

P: Así que eso nos lleva al nivel no dual .

KW: En el nivel causal previo, estás tan absorto en la dimensión inmanifiesta que podrías ni siquiera notar el mundo manifiesto. Estas descubriendo la Vacuidad, así que ignoras la Forma. Pero en el nivel último o no dual, integras las dos. Ves que la Vacuidad aparece o se manifiesta a sí misma como Forma, y que la Forma tiene como su esencia a la Vacuidad. En términos más concretos, lo que eres es todas las cosas que surgen. Toda la manifestación surge, momento tras momento, como un juego de la Vacuidad. Si lo causal era como una noche radiante de luna llena, esto es como un día radiante de otoño.

Lo que aparece como objetos duros y solidos “ahí fuera” son realmente manifestaciones transparentes y traslúcidas de tu propio Ser o Mismidad. No son obstáculos hacia Dios, solo expresiones de Dios. Son por lo tanto vacíos en el sentido de no ser una obstrucción o impedimento. Son una expresión libre de lo divino. Como la tradición Mahamudra lo expresa concisamente, “Todo es Mente. La mente está Vacía. Lo vacío se manifiesta libremente. Lo que se manifiesta libremente se autolibera.”

La libertad que encontraste en el nivel causal- la libertad de la Plenitud y de la Vacuidad- esa libertad se descubre que se extiende a todas las cosas, incluso en este mundo “caído” o samsara. Por lo tanto, todas las cosas se vuelven autoliberadas. Y esta extraordinaria libertad, o ausencia de restricción, o liberación total- este día de otoño claro y brillante- esto es lo que experimentas realmente en este punto. Pero entonces “experiencia” es una palabra totalmente errónea. Esta es la realización de la naturaleza no experiencial del Espíritu. Las experiencias vienen y se van. Todas tienen un comienzo en el tiempo, y un fin en el tiempo. Incluso las experiencias sutiles vienen y se van. Son todas maravillosas, gloriosas, extraordinarias. Y vienen, y se van.

Pero este “estado” no dual no es en sí mismo otra experiencia. Es simplemente la apertura o claro en el que todas las experiencias surgen y desaparecen. Es el cielo brillante de otoño a través del cual las nubes vienen y se van- no es en sí mismo otra nube, otra experiencia, otro objeto, otra manifestación. Esta es realmente la realización de la completa inutilidad de la experiencia, la completa futilidad de intentar experimentar la liberación. Todas las experiencias pierden completamente su sabor- estas nubes pasajeras.

Tú no eres el que experimenta la liberación; eres el claro, la apertura, la vacuidad, en los que cualquier experiencia viene y se va, como reflejos en un espejo. Y tú eres el espejo, la mente espejo, y no cualquier reflejo experimentado. Pero no estás separado de los reflejos, permaneciendo aparte y observando.

Esta es la razón por la que, en el Zen, se dice que no puedes entrar en el Gran Samadhi: es realmente la apertura o el claro que está siempre presente, y en el que toda la experiencia- y toda la manifestación- surge momento tras momento. Parece que “entras” en este estado, sin embargo una vez allí, te das cuenta de que nunca hubo un momento en que este estado no estuviera plenamente presente y plenamente reconocido- “la puerta sin puerta”. Y así comprendes profundamente que nunca entraste en este estado; tampoco los Budas, pasado o futuros, entraron jamás en este estado.

En el Dzogchen, este es el reconocimiento de la verdadera naturaleza de la mente. Todas las cosas, en todos los mundos, están autoliberadas según van apareciendo. Todas las cosas son como la luz del sol en el agua de una charca. Todo brilla tenuemente. Todo es vacío. Todo es luz. Todo es pleno y todo está realizado. Y el mundo continua de forma ordinaria, y no hay nadie que lo perciba en absoluto.