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Te invito a participar de las clases de Yoga on-line gratuitas



En la última semana hemos comenzado a emitir nuestras clases on-line en vivo. Su objetivo es brindar un espacio diferente de yoga virtual , a aquellas personas que están interesadas en el yoga y que por diversas razones no pueden acceder a tomar clases con un profesor. Las clases nos dan algunos tips a tener en cuenta cuando practiquemos cualquier peldaño del yoga y tanto en las asanas, la respiración, la relajación o la meditación ,brindarles herramientas muy sencillas para conquistar desde su casa o su trabajo, un espacio de silencio y conexión con ustedes mismos, a través de la comprensión del cuerpo y la mente en su sabiduría natural.

El formato de estas clases no es la de un curso de formación en Yoga, ni de especialización, sino que la intención es acercarles breves instantes de yoga, que con sencillez nos ayuden a incorporar estas técnicas en nuestra vida cotidiana.

El horario de las clases aparece debajo del monitor de TV( click aquí ), anunciando el tiempo restante para una nueva clase.Debes hacer click en el monitor de TV, o en clases emitidas para ver las clases que se han grabado.

Pueden escibirnos para enviar sus inquietudes y ayudarnos a interactuar con ustedes a través del chat o los mails, para potenciar esta hermosa forma de acercarnos y compartir las experiencias del camino del Yoga. Nos vemos en las prácticas!!!!

Adriana Paoletta
si quieres escribirnos para contarnos : adripaoletta@gmail.com

Cómo vencer los obstáculos en la meditación:nombrar a nuestros demonios.

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La permanencia en las asanas :la postura del árbol.


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Cómo actúa el prana en nuestro cuerpo-mente

Cocina Zen¿Quién cocina a quién?



Un monje le dijo a Joshu: “Acabo de entrar a este monasterio. Por favor enséñame”. Joshu preguntó: “Has comido tu potaje de arroz?”. El monje responde: “Ya he comido”. Joshu dice: “Entonces será mejor que laves tu plato.”

Sogyô, uno de los principales maestros del arte del té, intervino en una ceremonia de un templo Zen donde se ofrecía una taza a todos los monjes. El té preparado por Sogyô era el más delicioso de todos. Un antiguo maestro, Gesshu, le preguntó a Sogyô si añadía algo más a la bebida aparte del té. Sogyô respondió: “Sí, incluyo un poco de consideración”.

Edward Espe Brown se inició en el Zen de la mano de Suzuki Roshi en el año 1965. En sus comienzos, un día le preguntó a su maestro si tenía algún consejo que darle. La respuesta de Suzuki Roshi fue: “cuando laves arroz, lava el arroz, cuando cortes las zanahorias, corta las zanahorias y cuando remuevas la sopa, remueve la sopa”.

En este delicioso documental, “Cómo cocinar tu vida”, la conocida directora alemana Doris Dörrie acompaña al maestro zen Edward Brown en sus conferencias y en sus clases de cocina para comprobar que cocinar, o mejor dicho, saber cómo cocinar, es cuestión de cuidarse uno mismo y cuidar a los demás. Pero no esperes obtener un recetario Zen, aprender algún secreto de cocina Zen o aprender a cocinar mejor que Karlos Arguiñano. La película no va de eso. Como diría el legendario Daisetz T. Suzuki: “Para alcanzar la maestría en un arte, no basta conocimiento técnico. Uno debe transcender la técnica de manera que el dominio se convierta en un arte sin artificio y emane directamente de lo inconsciente”.


Es reconfortante acudir a la proyección de este tipo de films que nos recuerdan la pérdida cultural que supone no solamente el no saber hacer pan con nuestras manos, sino también el olvidar el estrecho vínculo que existe entre respetar la comida y respetarnos a nosotros mismos. Como dice su directora, “hay dos cosas que tenemos que aprender de nuevo: conocer los ingredientes de los platos y volver a sentir respeto por la comida y por nosotros mismos.”

Más allá del debate entre vegetarianismo o no (yo no soy vegetariano, pero soy selectivo en cuanto carnes y como buen mediterráneo me encantan las ensaladas, verduras, legumbres, cereales, la fruta de verano y por supuesto el aceite de oliva) y la polémica de la “comida basura”, existe un aspecto crucial donde pone el acento Doris Dörrie y el maestro Edward Brown: El respeto por la comida y por nosotros mismos están conectados entre sí. Hemos desarrollado la habilidad de desconectar de nosotros mismos. No pensamos de donde vienen el arroz, los tomates y la carne. No pensamos en que las cosas están relacionadas entre sí. Sin embargo lo están. Por poner un ejemplo del día a raíz de la reciente polémica sobre el cupo de inmigrantes: la tierra, la semilla, el agua, la luz, el agricultor que cultiva fresas en Huelva, el inmigrante subsahariano que bajo un sol abrasador las recolecta, el camionero que las traslada y el consumidor que las come están unidos por algo más que una cadena logística. Estamos en conexión con todo y esa fresa que nos llevamos a la boca materializa ese vínculo.

Evidentemente hay varias lecturas: podemos considerar esa fresa como “combustible para el cuerpo” (como si nuestro cuerpo fuera poco más que una máquina, lo que ya dice mucho sobre la pre-concepción subyacente), como “capricho para los sentidos” (como si nuestro paladar no evolucionara y se hubiera estancado en la etapa infantil de las chuches) o también podemos realizar una lectura “a la sistémica” y considerar que además de ser combustible y manjar para los sentidos, existe una visión más elevada y transcendente (sin ser religiosa en el sentido ortodoxo) que nos permite reconciliarnos con nosotros y el medio ambiente pues ese fruto es también un vínculo entre nosotros, la tierra y el agua, entre nosotros y el esfuerzo humano aparejado, entre nosotros y la vida. De ahí el énfasis hacia la necesidad de cuidado, respeto y consideración hacia la comida.

Esto es lo que enseña esta pequeña joya que ví ayer: En nuestra cocina estamos en conexión con todo el universo. Cómo cocinamos la comida y cómo la cocina nos “cocina a nosotros”. De algún modo al cocinar también “somos cocinados”, pues nuestra actitud en la cocina, en la selección y preparación de los alimentos, son un reflejo de lo que somos, como nos consideramos a nosotros mismos y a los demás. Al cocinar, “cocinamos” también nuestros valores de respeto y consideración hacia nuestro cuerpo-mente, “cocinamos” nuestro respeto y consideración hacia las demás personas que van a disfrutar de nuestra cocina y “cocinamos” nuestra conciencia de vinculación con el mundo y el universo que ha hecho posible la materialización de esos alimentos. La dualidad cartesiana queda en entredicho en la cocina Zen: no hay separación entre cuerpo y mente antes, durante y después de cocinar, pues cocinamos con y para nuestro cuerpo-mente y comemos con y para nuestro cuerpo-mente.

Si algo hay de fascinante en el Zen es esta ausencia de muros conceptuales: no diferencia entre cocina y templo, entre cuerpo y mente, entre profano y transcendente. Por eso me atrae el Zen: en su esencia es sistémico, unificador, rompe-barreras, sin artificios y sin peajes ideológicos o metafísicos que acatar. En este sentido me congratula que un pensador sistémico como el físico Fritjof Capra le dedique un espacio específico en sus obras y en su vida al Zen.

Pero, un momento, no tan rápido, ¿qué es entonces el Zen? inquiere nuestra perspicaz mente occidental adicta a la definición, categorización y clasificación. Cuando a un maestro Zen se le pidió que definiera el Zen, dijo, “Cuando tengo hambre, como, cuando estoy cansado, duermo.”. Podría ofrecerte una aproximación intelectual, pero aún así eso no sería Zen, por ejemplo: recobrar la naturalidad de nuestra naturaleza original. ¿¿??. Sin embargo, eso no es Zen, pues cualquier conceptualización sobre el Zen está abocada al fracaso (pienso que tal vez eso lo hace interesante para nuestra mente occidental, pues el Zen se escapa continuamente cual anguila de la Albufera a la conceptualización, constituyendo un desafío para nuestra cultura y filosofía occidentales, que busca infructuosamente capturar su esencia) y aunque existen multitud de libros Zen mi recomendación es bien simple: el Zen no se estudia, se practica (Zazen). Por eso el Zen es indisociable del Zazen: siéntate, mantén la columna vertebral recta y observa el ritmo de tu respiración. Y lo que tenga que venir, vendrá. O no. Como dice el maestro Dokushô Villalba “Siéntate y siéntete.”. “Eso” es Zen, y “eso” no se puede expresar con palabras. De ahí que la escasa enseñanza verbal de los maestros Zen se exprese muy a menudo en forma de paradojas o koans. Este es uno de mis koans preferidos:

Dos monjes miraban una bandera ondeando en el viento. Uno de ellos dijo:
- “Es el viento que la mueve”.
El otro le respondió:
- “No estoy de acuerdo, es la bandera la que se mueve.”
Pero un patriarca Zen que estaba de pie muy cerca de ellos les dijo:
- “Ni la bandera ni el viento se mueven… es la mente la que se mueve.”

En palabras de un dicho Zen muy famoso: “Antes de estudiar Zen, las montañas son montañas y los ríos son ríos; mientras estás estudiando Zen, las montañas ya no son montañas y los ríos ya no son ríos; pero una vez que alcanzas la iluminación las montañas son nuevamente montañas y los ríos nuevamente ríos.”

A pesar de su encuadramiento al modo occidental como “religión budista”, el Zen no está interesado más que colateralmente en la doctrina de Buda (los llamados Sutras, el equivalente a los Evangelios para los cristianos o el Corán para los musulmanes), pues su objetivo no es ni más ni menos que el alcanzar la experiencia de Buda: la iluminación, una experiencia conocida en Zen como satori. Aunque, con permiso del admirado Jiddu Krishnamurti, diría que la iluminación no es perseguible como quien busca un objeto precioso o va de un espacio-tiempo A a un espacio-tiempo B, sino más bien la iluminación nos alcanza, viene a nosotros, no nosotros a ella, nos llega sin buscarla una vez le has hecho sitio en tu interior. En este sentido la iluminación es una experiencia a la que estamos llamados todos, aunque dependiendo de las culturas se la llame de formas diferentes: nirvana, satori, éxtasis, experiencia de dios, etc.

La experiencia de la iluminación es la esencia del Budismo y en este sentido el Zen se centra en esa experiencia y no está interesada en ninguna interpretación más allá de esta. Al Zen no le interesa teorizar sobre la iluminación. En este sentido es impropio hablar de una Teología Zen o una Metafísica Zen. Sería un contrasentido pues la experiencia del Zen es la experiencia de la iluminación, y dado que esta experiencia trasciende toda categoría de pensamiento, el Zen no se interesa en ninguna abstracción ni conceptualización de la misma. El Zen no tiene ninguna doctrina o filosofía especial, ningún credo ni dogma formal que acatar y enfatiza su libertad frente a los corsés doctrinales, esto le hace verdaderamente original, algo que en el ámbito cristiano podría enlazar con la vía de los místicos y en el ámbito musulmán con la vía de los sufíes. El “Ama y haz lo que quieras” de Agustín de Hipona y el “Por mucho que hable de amor o lo defina, cuando llego al amor me avergüenzo de mis palabras” de Yalal ad-Din Muhammad Rumi son muy Zen. Es puro Zen.

Uno de las obras más interesantes de Zen para occidentales que leído es “Zen en el arte del Tiro con Arco” escrito por el filósofo alemán Eugen Herrigel al que alguna vez me he referido y que al igual que el film protagonizado por el maestro Edward Drown, apenas teoriza sobre Zen, una constante en los maestros Zen, que parece que huyen de conceptualizar algo que está más allá de nuestra pequeña mente clasificadora. Herrigel utilizó más de cinco años con un renombrado maestro japonés en arquería para aprender su arte y nos da en su libro las claves de cómo experimentó Zen a través del tiro con arco. Herrigel nos describe como el tiro con arco le fue presentado como un ritual que es bailado en movimientos espontáneos, libres de esfuerzo y propósito. Le tomó muchos años de práctica, como aprender a estirar el arco a lo Zen, con un tipo de fuerza no forzada, y como liberar la cuerda sin intención, dejando que el tiro “caiga del tirador como una fruta madura”. Cuando llegó al clímax de perfección, el arco, la flecha, el objetivo y el arquero, todos se fundían los unos en el otro y él no disparaba sino que “eso” lo hacía por él.

“Eso” experimentable y no definible de lo que habla Herrigel es Zen, lo experimentemos en la sala de meditación o en el autobús, en la cocina o en el arte del tiro con arco, en la soledad de la montaña o en la plaza del mercado, porque, como diría la mística abulense Teresa de Cepeda y Ahumada “También entre los pucheros anda el Señor”.

Para saber más: Edward Espe Brown en Wikipedia [inglés]

Tassajara Zen Mountain Center en Wikipedia [inglés]

Zen en el Arte del Tiro con Arco en Wikipedia [inglés]

Zen en Wikipedia [castellano]

Zazen en Wikipedia [castellano]

Origen y desarrollo del Zen por Allan Watts

Zen por Fritjof Capra

Textos de Grandes Maestros Zen

¿Qué es la Meditación Zen? por Francisco Mesa Suárez

Luz Serena. Comunidad Budista Soto Zen

Blog del maestro Dokushô Villalba

Jiddu Krishnamurti en Wikipedia

Misticismo en Wikipedia

Orden Cartuja en Wikipedia

Sufismo en Wikipedia

Film Cómo cocinar tu vida, de Doris Dörrie en Karma Films

Fim El gran silencio, de Philip Gröning en Film Affinity

Film Bab’Aziz el sabio sufí, de Nacer Khemir en Karma Films

VIA: PENSAMIENTO SISTEMICO

Alergias de Primavera: Combátelas con Jala Neti


La irrigación nasal puede ayudar a combatir las alergias primaverales, que pacedemos cada vez más personas. El jala neti es de gran ayuda no sólo para preparanos a una correcta respiración,sino para permitirle a la naríz humidificar el aire, purificarnos de impurezas y limpiar el pasaje de las fosas nasales.

Cuando esté haciendo su limpieza de primavera, no se olvide de su nariz. La irrigación nasal es una manera fácil y barata para que la gente que tiene alergias primaverales, congestión nasal y goteo nasal obtenga alivio, afirma la Dra. Melissa Pynnonen, codirectora del Centro de senos nasales de Michigan y profesora asistente del departamento de otorrinolaringología de la Universidad de Michigan.

La irrigación nasal consiste en lavar la nariz y los pasajes nasales con una solución preparada con un cuarto de cucharadita de sal kosher(sal marina), ocho onzas (30 ml) de agua tibia de la llave y un cuarto de cucharadita de bicarbonato de sodio.

Existen varias maneras de administrar la solución. Para las personas que nunca han hecho irrigación nasal, Pynnonen recomendó usar una botella exprimible de ocho onzas (30 ml) y exprimir cuatro onzas de la solución en cada agujero de la nariz. La solución sale por el orificio nasal opuesto. Abrir la boca y hacer un sonido de “K” evitará que la solución salga por la boca.

Algunas personas usan un recipiente de neti, que se parece a una tetera en miniatura. Cuando se usa neti, la solución se echa, en lugar de exprimirse, en la nariz. Una perilla o jeringuilla como las que se usan para succionar la nariz de un bebé también funcionan.Pero lo ideal es la tetera ya que no se produce macambios de presión en el agua.

“Para la mayoría de los pacientes, el beneficio de la irrigación nasal es que funciona muy bien para tratar síntomas que no son bien tratados con medicamentos”, aseguró Pynnonen en una declaración preparada. “La irrigación nasal puede considerarse como un tratamiento de primera línea para los síntomas nasales y de los senos. Con frecuencia es más eficaz que los fármacos”, concluyó.

La irrigación nasal por sí misma podría ser suficiente para controlar los síntomas leves de alergia en algunas personas, pero otras tal vez tengan que usar medicamentos además de la irrigación nasal.

Pynnonen señaló que siempre y cuando los niños tengan suficiente edad para cooperar, administrarles irrigación nasal es seguro, usando una cantidad menor de solución.

Con la gran cantidad de alérgicos que vienen a mis clases, recomiendo siempre realizar este kriya maravilloso del Yoga.

Namasté!

Via: Médicos Descalzos

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FUENTE :ESTADISTICAS CLARIN BLOGS
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La respiración y el estrés




Denominamos respiración a las acciones internas que implican una transferencia de gases en el cuerpo. Sin embargo, la acción mecánica que pone en marcha la respiración es la inspiración. El papel de ésta es conducir aire hasta los pulmones donde tiene lugar el intercambio de gases y luego expulsarlo otra vez a la atmósfera. Pero nosotros no llevamos el aire a los pulmones de forma consciente. Simplemente, expandimos la cavidad pectoral creando una succión que lleva el aire a los pulmones a través de los conductos superiores.
En descanso, la cavidad pectoral puede ser agrandada de muchas maneras. La especie de caja formada por las costillas puede ser presionada hacia afuera (respiración torácica o pectoral). Los hombros pueden ser comprimidos y empujados hacia arriba (respiración clavicular). La base muscular del pecho puede ser empujada hacia abajo (respiración diafragmática). Todo el mundo utiliza diferentes combinaciones de estas técnicas respiratorias, pero, no obstante, la investigación ha demostrado que solamente una de ellas es realmente eficaz y ésta es la respiración diafragmática. Cualquiera de las otras mencionadas utiliza una cantidad de energía ostensiblemente mayor en el proceso de inhalar oxígeno y expulsar el dióxido de carbono.

El diafragma es quizá de los elementos más citados en las técnicas respiratorias de hoy en día. Consta de una serie de músculos dispuestos en forma de media bóveda que separa la cavidad torácica de la pectoral y abdominal. Está colocado horizontalmente a través del torso y conectado a las costillas inferiores. Durante la inhalación, la cúpula del diafragma se desplaza hacia abajo creando un vacío parcial que obliga a expandirse a los pulmones. Al mismo tiempo, la musculatura abdominal se relaja y sobresale ligeramente.

Esta forma de respirar es la más saludable por muchas razones. Debido a la fuerza de la gravedad, la distribución de la sangre en los pulmones favorece a las áreas inferiores, Por medio de la respiración diafragmática se atrae hacia estas zonas una mayor cantidad de aire, lo que permite una mezcla de oxígeno y sangre más perfecta . Esta respiración es también la más fácil e implica un gasto de energía mínimo.

Durante la respiración torácica el aire va a la zona alta de los pulmones, mientras que la mayor parte de la sangre permanece en la zona inferior de los mismos sin mezclarse tan bien con el oxígeno como en la respiración diafragmática. Los individuos que son eminentemente “torácicos” inspiran con mucha más frecuencia que los “diafragmáticos”.

A pesar de que la respiración diafragmática es el método más eficaz, muchos de nosotros fracasamos al utilizarlo. Por otra parte, los lactantes sanos y los niños conocen generalmente la forma más adecuada de respirar, pero sin embargo ciertas actitudes culturales alteran nuestros instintos hacia la respiración torácica, dado que un abdomen sobresaliente no se considera “hermoso”.

La respiración puede curar
La respiración diafragmática, al igual que la respiración alternada a través de las fosas nasales, está vinculada con ciertas emociones. El Dr. Alexander Lowen, discípulo de Wilheim Reich, ha dicho que “la profundidad de la respiración afecta la intensidad de los sentimientos”. Sostiene que conteniendo la respiración los sentimientos pueden ser reducidos a su mínima expresión y finalmente inhibidos por completo. Esta sería la razón —afirma— por la cual tendemos a contener la respiración en momentos de gran estrés. Por medio de ejercicios apropiados a la relajación muscular y que permiten a su vez una respiración correcta, Lowen piensa que una serie de emociones reprimidas pueden ser liberadas y tratadas. En base a ello utiliza ejercicios de respiración como parte de la psicoterapia. Sin embargo, incluso sin ninguna terapia, el cuerpo descarga automáticamente sus tensiones algunas veces a través de un profundo suspiro, una risa nerviosa o un gruñido.

A todos nos resulta familiar el consejo dado a un niño presa de una histeria repentina: “Cálmate. Respira profundamente varias veces y cálmate”.

El uso de ejercicios de respiración para ayudar a establecer un estado de calma está siendo cada vez más aceptado. El Dr. Phillip Muernberger, un experto en problemas de estrés, ha llevado a cabo numerosos tests utilizando técnicas respiratorias En dos estudios independientes, J.V. Hardt y B, Timmons muestran la existencia de una relación existente entre la respiración y las ondas cerebrales. Descubrieron más ondas alfa —que se sabe aparecen cuando el individuo está relajado—, durante el proceso de respiración profunda. Por otra parte, hallaron menos cuando los sujetos se hallaban realizando una respiración rápida y superficial. Las ondas alfa están en mejor correlación con la respiración diafragmática que con la torácica.
El Dr. Paúl Stoksted, investigador danés, piensa que el ciclo nasal está controlado por un centro nervioso denominado ganglio estrellado, ubicado en la base del cuello. Ha experimentado su teoría por medio de bloqueos y desbloqueos alternativos de la transmisión nerviosa a través del ganglio y observado además los inicios y finales del ciclo, reflejados en el cierre y apertura de las fosas. Cree que estos nervios son estimulados finalmente por el hipotálamo, la parte del cerebro que controla las funciones autónomas como la temperatura corporal, la presión sanguínea, la palpitación cardiaca y la toma de conciencia de las sensaciones de placer y dolor. Si el respirar y el placer surgen de una fuente común, es muy posible que puedan estimularse mutuamente.
El sistema nervioso autónomo está dividido en dos ramas: el sistema Simpático y el sistema Parasimpático. El segundo está directamente relacionado con el control de las actividades de reposo —el descenso del ritmo cardiaco y del metabolismo en general—, mientras el primero sirve para acelerar todos los procesos. Bajo cualquier circunstancia en que nos hallemos afectados por el estrés físico o emocional, el cuerpo se adapta a él con anticipación poniendo en acción la rama simpática, es decir, haciendo subir el ritmo cardiaco y acelerando la respiración. Esto se conoce como “respuesta de huida o de lucha”. Muchos investigadores opinan que esta respuesta fisiológica, vinculada a las emociones, puede ser perfectamente controlada si la persona aprende a relajarse. El Dr. Herbert Benson, de la Escuela Médica de Harvard, aborda la misma idea en su libro “La respuesta de relajación”. Considera que una respiración adecuada es una parte esencial del proceso de relajación, dado que puede ser utilizada para controlar respuestas fisiológicas que siempre se consideraron más allá de todo posible control consciente.

Cuando inspiramos, el tono simpático tiende a aumentar y, cuando espiramos, es el tono parasimpático el que aumenta. A través del control consciente de la respiración es posible disminuir o acelerar las actividades del sistema que ocasiona cambios en los modos y funciones del organismo. La respiración podría ser incluso la clave de las extraordinarias pruebas de control corporal que realizan algunos yoguis.

El Dr. Rudolph Ballentine, del Himalayan Institute, ha dicho que “a partir de nuestra propias investigaciones y de lo que podemos deducir de las llevadas a cabo por otros, sabemos que la respiración está vinculada directamente con el funcionamiento de los órganos, las emociones y la mente. Si esto es cierto, y si se tiene en cuenta que el proceso de respirar puede ser controlado a voluntad, bastaría pensar en el potencial que encierran las técnicas respiratorias para corregir cierta clase de problemas psicológicos y fisiológicos. Tal vez incluso sea posible detectar la susceptibilidad a determinada enfermedad en un individuo, por ejemplo, estudiando sus patrones respiratorios y contrarrestando entonces la patología incluso antes de que aparezca”.
Modelo de ejercicio respiratorio
Los seres humanos modernos y civilizados tenemos frente a nosotros toda una amplia gama de agentes productores de tensión que nuestros antepasados apenas conocían, pero, sin embargo, la respuesta física sigue siendo la misma. Dado que la mayoría de nosotros no tenemos la opción de acabar con el estrés a través de la huida o de la lucha, éste se acumula, conduciendo irremediablemente a la tensión.

Una sencilla técnica de respiración puede hacer descender la presión de la sangre y disminuir paulatinamente los estados de ansiedad.

La respuesta de relajación aquieta y equilibra el sistema nervioso simpático. La técnica en sí es muy simple: nos sentamos tranquilamente en alguna posición cómoda (cuidando de mantener algunos elementos esenciales; la espalda ligeramente recta, la barbilla algo inclinada sobre el pecho, etc.) y permanecemos durante algún tiempo relajando profundamente todos los músculos, desde los pies hasta la cabeza. Se debe respirar a través de la nariz de forma consciente y alerta durante el proceso. Al espirar puede pronunciarse aprovechando la salida del aire el mantra “yo soy”. Una vez comenzado esto, seguiremos respirando de esta manera, tranquilamente, durante 10 ó 20 minutos. El ejercicio se puede practicar fácilmente una o dos veces al día.

Adriana Paoletta


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