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La mujer que habito.

Abro los ojos y lentamente, me convierto en la mujer de mis sueños. La que habita mi piel ,hace casi 45 años.  El agua en mi rostro ,me despeja de la pereza, que suele salpicarme los pies, cuando niego una búsqueda. Por ello , la mañana ,es el mejor momento, para comenzar a habitarme y comenzar mi vida.

Hace tiempo que no estoy sola, la fuerza de un hombre me acompaña. He descubierto, con el paso de los años, que mis hombres ,son mis fieles guardianes y ante mis caídas, puedo dejarme alzar y abrazar por esos cuerpos, firmes y templados por su hombría, como una princesa frágil,que ha perdido el corazón cristalino.

Soy la madre imperfecta y audaz, que trepa una montaña rusa y luego teme por el vértigo de su caída veloz. Soy el cuerpo labrado por mi amado, por mis hijos ,abriendo el paso ,de mi divina conexión con la vida , hecha parto, nacimiento y separación. Soy un abrazo infinito que define los cuerpos ,que han sido labrados, en un instante de pasión.

La mujer que habito , detesta el poder de los abusadores, de los soberbios, de los asesinos encubiertos, de los linajes , de las castas y clases, la mentira y la desigualdad.

La mujer que me nutre, sólo se arrodilla, frente a un niño, para curar la herida de un enfermo y atarle los cordones a un abuelo. Me nutre ,sabiamente, para no codiciar aquello,de lo cual no depende mi felicidad.

La mujer que habito, es maestra de los mares, de las estrellas, de los árboles, que la escuchan atentamente, cuando sueña y balbucea, mientras camina, a orillas del universo.

La mujer que me habita, tiembla , ríe y calla, frente a la muerte. Y aunque apenas la conozca, la porta consigo ,como una hermana ,que juega  a las revelaciones y a los misterios ,en la vereda de su barrio.

La mujer que me habita, llora a su hermana, sintiendo el dolor más hondo,por su partida. Mientras te busco, en mi cuerpo y en mis recuerdos , sueño que a tu lado estaré , para ser…mujeres eternas.

A mi hermana Romina, mujer de esta tierra y del paraíso, a 5 meses de su partida. Mi homenaje, a ella:  bella y dulce mujer.

Adriana Paoletta

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Suicidio…los que no pueden más ,se van…



¿Qué puede hacer que perdamos el control y disparemos contra nosotros mismos?. Ayer recordé en nuestra práctica de meditación a un amigo muy joven que “no pudo más”y se fue. Recuerdo tan cerca ese dolor de no poder, esa impotencia y esa rabia frente ese hecho trágico que conmovió mis dieciocho , pensando en algo impensado para mi realidad :que un alma podía aniquilarse así misma. A pesar de haber leído a muchos poetas suicidas o “suicidados por la sociedad “como diría Artaud del genio de Van Gogh, una cosa es intelectualizar acerca de la muerte y otra sentirla, rozando nuestra espalda. ¿Realmente hay un mundo que nos contenga en la ambivalencia interior?. ¿Que nos acepte en la polaridad desmedida y humana de la crueldad y la compasión, del error y el perdón , del fracaso y el éxito, del amor y el engaño, de la avaricia y la generosidad, de la fealdad y la belleza, de la simpleza a la inteligencia?.

Si somos seres imperfectos, quién acepta esa grieta siempre abierta, ese crecer que nunca acaba, frente a un mundo que pretende silenciar el hambre de millones, la aniquilación de lo distinto, la globalización de las ideas y de la cultura haciéndonos híbridos humanos.

Hay una noticia de la OMS que habla acerca de la depresión como el mayor problema de salud dentro de 20 años y la nota que sigue nos abre los ojos acerca de este fenómeno en aumento: el suicidio.

Creo que más que prevenir el suicido debemos proclamar la Vida y enseñar a vivirla en todo su
esplendor, en sus matices más profundos y pasionales, en sus desgarros más hondos, en sus renaceres después del dolor. Esa quizás sea la más bella y desafiante de las meditaciones que emprendamos : entender que más allá de todo cambio hay algo que permanece inalterado, siempre está ahí, en silencio, esperando, en la quietud, sin juicios ,a lo que hagamos hecho bien o mal y en un abrazo sin forma nos serene y nos devuelva a la aceptación de nosotros mismos y a nuestra frágil condición…nuestra bella e imperfecta humanidad.

Adriana Paoletta

La Organización Mundial de la Salud advirtió que cada año un millón de personas se quitan la vida, mientras que una de cada 20 que lo intentan cada día lo consigue.

La OMS informó que el suicidio se encuentra entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de 15 a 44 años y estimó que para el año 2020 la cantidad de estos hechos crecerá 50 por ciento, hasta alcanzar 1,5 millones de muertes anuales.

El Día Mundial para la Prevención del Suicidio tiene lugar cada 10 de septiembre desde 2003 y es una indicativa de la OMS que apunta a mejorar la educación en el tema, distribuir información, reducir la estigmatización y aumentar la conciencia de que el suicidio es prevenible.

El tema elegido este año para promover acciones que eviten que las personas terminen con su vida es “prevención del suicidio en culturas diferentes”.

La OMS explicó que los factores culturales, religiosos, legales, históricos, filosóficos y tradicionales influyen en la decisión, por lo que deben ser tomados en cuenta a la hora de abordar la problemática.

Según el organismo internacional, la mayoría de los suicidios pueden prevenirse. Para ello aconsejó reducir el acceso a los medios para hacerlo (pesticidas, medicamentos, armas de fuego); tratar a las personas con trastornos mentales y, en particular a quienes padecen depresión, alcoholismo o esquizofrenia.

También recomendó realizar un seguimiento de los pacientes que intentaron quitarse la vida, fomentar un tratamiento responsable del tema en los medios de comunicación y formar a los profesionales de la atención primaria de salud.

La OMS advirtió que sólo un escaso número de suicidios se producen sin aviso y que, en consecuencia, deben tomarse en serio todas las amenazas de autolesión.

Por último , indicó que la mayoría de las personas que intentan suicidarse son ambivalentes y no buscan exclusivamente la muerte, por lo que muchos suicidios se producen en una fase de mejoría, cuando la persona tiene la energía y la voluntad para convertir sus pensamientos desesperados en una acción destructiva.

Fuente: Télam

Viernes 3 AM
Serú Girán.

La fiebre de un sábado azul
y un domingo sin tristezas.
Esquivas a tu corazón
y destrozas tu cabeza,
y en tu voz, sólo un pálido adios
y el reloj en tu puño marcó las tres.
El sueño de un sol y de un mar
y una vida peligrosa
cambiando lo amargo por miel
y la gris ciudad por rosas
te hace bien, tanto como hace mal
te hace odiar, tanto como querer y más.
Cambiaste de tiempo y de amor
y de música y de ideas
Cambiaste de sexo y de Dios
de color y de fronteras
pero en sí, nada más cambiarás
y un sensual abandono vendrá y el fin.
Y llevas el caño a tu sien
apretando bien las muelas
y cierras los ojos y ves
todo el mar en primavera
bang, bang, bang
hojas muertas que caen,
siempre igual,
los que no pueden más
se van.

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Cómo alimentar el Ego.




En términos fríos y científicos los humanos somos mamíferos, lo que implica que en algún momento fuimos parásitos.¿Cómo? ¿Cuándo? Durante el proceso de gestación mientras nos alimentábamos en el útero a expensas de otro ser vivo nuestra madre.

El estado de confort de aquellos primeros estadios de nuestra existencia , es inimaginable ,creo que tan placentero fue nuestro paso por la calidez uterina que jamás la olvidaremos.
¿Cómo quedaron grabados esos momentos en que fuimos expulsados del paraíso en que todo estaba dado?
¿Fue el parto el proceso por el cual conocimos desde ese día y para siempre el sufrimiento?
Pensemos en qué repercusiones pudo tener ese momento sobre nuestra conducta humana.
Al nacer ese mundo perfecto, cálido y en que la insatisfacción no existía se pierde con la mítica palmada del médico y nuestro primer llanto.
Algo cambia para el recién nacido definitivamente, el hambre ahora produce sufrimiento, el dolor físico también, el mundo que descubrimos no tiene ni por asomo el confort de la panza de mamá, tenemos que expresar esa insatisfacción de alguna forma por eso lloramos.

La mente ha registrado que el sufrimiento es clave en un proceso mediante el cual somos advertidos que necesitamos de algo para sobrevivir y que si esa necesidad no es satisfecha moriremos.Una vuelta mas de la rueda del Samsara

Ese hambre,dolor,frío original nos acompañará a lo largo de nuestras vidas.
El Ego, nuestra Mente , ya tiene en claro que a partir del nacimiento algo nos separa del mundo, ese mundo que nos hace sufrir pero que también nos da aquello que nos satisface. es decir que es amenazante necesitamos de él para superar el sufrimiento al menos temporalmente.

Repito algo que es importante nuestra mente se ha enfrentado al sufrimiento por primera vez, y en ese enfrentamiento ha entendido que tiene una necesidad cuya satisfacción es inpostergable para sobrevivir. Es decir que la necesidad y su satisfacción son sinónimos de la sobre vivencia.


La combinación de ese mundo “exterior” que nos amenaza y nos satisface a la vez con esa cristalización de la idea de que necesidad(deseo) y satisfacción de ésta deben sucederse porque en caso contrario corre riesgo nuestra existencia es la forma de crear y alimentar nuestro EGO.

Ese EGO pequeño generado para satisfascer las necesidades básicas e indelegables(comida,salud, posteriormente conocimiento) se transforma poco a poco en un EGO voraz que considera que cualquier deseo suyo debe ser satisfecho pues en caso contrario dejará de existir. Este es el origen de nuestro sufrimiento y si lo piensas bien la sociedad de consumo tiene se mantiene alimentando ese ego.Ese EGO VORAZ no distingue entre cosas y personas y su voracidad es producto de la impermanencia.

Si leemos , en épocas del Buda,éste describió al deseo como el causante del sufrimiento, no es necesario estar muy atento para comprender la violencia,el consumo de drogas (recetadas y de las otras),la compulsión consumista,la hiper-sexualidad,la falta de compasión,el fundamentalismo ,las guerras y el desprecio por la naturaleza que acompañan nuestros tiempos.

La sobre-información inutil complica aún mas el proceso mental por el cual los pensamientos pasan a gobernarnos , transformándonos en rehenes de nuestros propios deseos e impidiendo que seamos observadores imparciales de esta película que a diario se proyecta en nuestra mente sustituyendo la realidad.
LEER MAS SOBRE ESTOS TEMAS AQUI

Colaboración para el Blog: Yoga aprender por el cuerpo

Eduardo Seoane

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Más cerca de leer la mente: ahora, las emociones.



Observando el patrón de actividad del cerebro, los científicos han descubierto que pueden “leer” si una persona está oyendo palabras pronunciadas con enfado, alegría, alivio o tristeza. El estudio, que aparece publicado en Current Biology, es el primero en mostrar que la información emocional está representada por firmas espaciales definidas en el cerebro y, esto es lo interesante, generalizables para las distintas personas que puedan pronunciar esas palabras.

La interpretación correcta de la emoción en la voz es muy importante, especialmente en los entornos actuales en los que la información visual no siempre está presente, como al hablar por teléfono.

Thomas Ethofer de la Universidad de Ginebra (Suiza), autor principal del estudio, afirma: “Hemos demostrado que el patrón espacial de actividad en el área cerebral que procesa las voces humanas contiene información sobre las emoción expresada”.

Estudios anteriores de neuroimagen habían mostrado que las áreas auditivas sensibles a la voz se activan más cuando se expresan emociones vocalmente que cuando se oye un discurso neutro. Sin embargo esta activación era independiente del tipo de emoción expresada, lo que hacía imposible distinguir entre distintas emociones con análisis convencionales.

En el nuevo estudio, los investigadores hicieron que distintas personas oyeran pseudopalabras (suenan como palabras pero no significan nada) expresadas de cinco formas distintas: con enfado, tristeza, alivio, alegría o sin emoción. Mientras, sus cerebros estaban siendo escaneados con imagen por resonancia magnética funcional (IRMf).

Los resultados fueron analizados aplicando un método llamado análisis multivariado de patrones al patrón espacial completo de la actividad. Habitualmente lo que se analiza es cada punto del cerebro separadamente.

Los resultados fueron concluyentes: podían clasificar cada emoción frente a todas las demás alternativas.

Hemos de recordar en este punto el resultado que el año pasado publicó el equipo de Tom Mitchell de la Universidad Carnegie Mellon, según el cual podían, también usando IRMf, saber en qué palabra estaba pensando un individuo si bien, a diferencia del resultado de Ethofer, era necesario calibrar el análisis para cada individuo.

A la vista de los avances de la investigación, ¿podremos algún día leer la mente?

Más información:

“Decoding of Emotional Information in Voice-Sensitive Cortices”; Ethofer et al.; Current Biology, 14 May 2009; doi:10.1016/j.cub.2009.04.054
Via:http://cesartomelopez.blogspot.com/2009/05/mas-cerca-de-leer-la-mente-ahora-las.html

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Thich Nath Hanh. Meditaciones budistas para el despertar.


Este ejercicio nos ayuda a estar en contacto con todos los sentimientos que surgen en nuestra mente. Los sentimientos son agradables, desagradables o neutros. Debemos aprender a reconocer, a agradecer y a dar la bienvenida a cada uno de ellos,y después profundizar en su impermanencia.Un sentimiento surge,persiste y después desaparece. La plena conciencia nos permite estar tranquilos en el proceso de aparición y desaparición de los sentimientos pero también a no expulsarlos . Reconocer a los sentimientos con una mente ecuánime es el mejor camino para despertar la conciencia interior. Mientras estamos reconociéndolos con una atención plena, llegamos lentamente a penetrar en su verdadera naturaleza.La plena conciencia hace nacer la felicidad.

1. Conciente de mi cuerpo,inhalo. Sonriendo a mi cuerpo, exhalo.

2. Sintiendo el dolor de mi cuerpo, inhalo. Sonriendo al dolor de mi cuerpo ,exhalo.

3.Reconociendo que esto es un dolor físico, inhalo.Sabiendo que es un dolor físico, exhalo.

4. Sintiendo el dolor en mi mente, inhalo.Sonriendo al dolor en mi mente, exhalo.

5.Sintiendo el dolor del miedo, en mí, inspiro. Sonriendo al dolor del miedo en mi, exhalo.

6. Viviendo el sentimiento de inseguridad en mi, inspiro. Sonriendo al sentimiento de seguridad, exhalo.

7. Viviendo el sentimiento de tristeza en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de tristeza en mi, exhalo.

8.Viviendo el sentimiento de enojo en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de enojo en mi, exhalo.

9.Viviendo el sentimiento de apego en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de apego en mi, exhalo.

10.Viviendo el sentimiento de alegría en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de alegría en mi, exhalo.

11.Viviendo el sentimiento de liberación en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de liberación en mi, exhalo.

12.Viviendo el sentimiento de entrega en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de entrega en mi, exhalo.

13.Viviendo el sentimiento de paz en mi , inhalo. Sonriendo al sentimiento de paz en mi, exhalo.

Los ejercicios de Thich Nath Hanh son una poderosa fuente de sabiduría interior. Durante muchos años los he enseñado a mis alumnos ayudándolos a entrar en el camino de la Meditación.

Disfruten de su sadhana!
Namasté!

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El Budismo:Una conferencia por Jorge Luis Borges. Parte I


El tema de hoy será el budismo. No entraré en esa larga historia que empezó hace dos mil quinientos años en Benares, cuando un príncipe de Nepal – Siddharta o Gautama -, que había llegado a ser el Buddha, hizo girar la rueda de la ley, proclamó las cuatro nobles verdades y el óctuple sendero. Hablaré de lo esencial de esa religión, la más difundida del mundo. Los elementos del budismo se han conservado desde el siglo v antes de Cristo: es decir, desde la época de Heráclito, de Pitágoras, de Zenón, hasta nuestro tiempo, cuando el doctor Suzuki la expone en el Japón. Los elementos son los mismos. La religión ahora está incrustada de mitología, de astronomía, de extrañas creencias, de magia, pero ya que el tema es complejo, me limitaré a lo que tienen en común las diversas sectas. Éstas pueden corresponder al Hinayana o el pequeño vehículo. Consideremos ante todo la longevidad del budismo.

Esa longevidad puede explicarse por razones históricas, pero tales razones son fortuitas o, mejor dicho, son discutibles, falibles. Creo que hay dos causas fundamentales. La primera es la tolerancia del budismo. Esa extraña tolerancia no corresponde, como en el caso de otras religiones, a distintas épocas: el budismo siempre fue tolerante.

No ha recurrido nunca al hierro o al fuego, nunca ha pensado que el hierro o el fuego fueran persuasivos. Cuando Asoka, emperador de la India, se hizo budista, no trató de imponer a nadie su nueva religión. Un buen budista puede ser luterano, o metodista, o presbiteriano, o calvinista, o sintoísta, o taoísta, o católico, puede ser prosélito del Islam o de la religión judía, con toda libertad. En cambio, no le está permitido a un cristiano, a un judío, a un musulmán, ser budista.

La tolerancia del budismo no es una debilidad, sino que pertenece a su índole misma. El budismo fue, ante todo, lo que podemos llamar un yoga. ¿Qué es la palabra yoga? Es la misma palabra que usamos cuando decimos yugo y que tiene su origen en el latín yugu.

Un yugo, una disciplina que el hombre se impone. Luego, si comprendemos lo que el Buddha predicó en aquel primer sermón del Parque de las Gacelas de Benares hace dos mil quinientos años, habremos comprendido el budismo. Salvo que no se trata de comprender, se trata de sentido de un modo hondo, de sentido en cuerpo y alma; salvo, también, que el budismo no admite la realidad del cuerpo ni del alma. Trataré de exponerlo.

Además, hay otra razón. El budismo exige mucho de nuestra fe. Es natural, ya que toda religión es un acto de fe. Así como la patria es un acto de fe. ¿Qué es, me he preguntado muchas veces, ser argentino? Ser argentino es sentir que somos argentinos. ¿Qué es ser budista?

Ser budista, es, no comprender, porque eso puede cumplirse en pocos minutos, sentir las cuatro nobles verdades y el óctuple camino.

No entraremos en los vericuetos del óctuple camino, pues esa cifra obedece al hábito hindú de dividir y subdividir, pero si en las cuatro nobles verdades.

Hay, además, la leyenda del Buddha. Podemos descreer de esa leyenda. Tengo un amigo japonés, budista zen, con el cual he mantenido largas y amistosas discusiones. Yo le decía que creía en la verdad histórica del Buddha. Creía, y creo, que hace dos mil quinientos años hubo un príncipe del Nepal llamado Siddharta o Gautama que llegó a ser el Buddha, es decir, el Despierto, el Lúcido -a diferencia de nosotros que estamos dormidos o que estamos soñando ese largo sueño que es la vida -. Recuerdo una frase de Joyce: “La historia es una pesadilla de la que quiero despertarme.” Pues bien, Siddharta, a la edad de treinta años, llegó a despertarse y a ser el Buddha.

Con aquel amigo que era budista (yo no estoy seguro de ser cristiano y estoy seguro de no ser budista) yo discutía y le decía: “¿Por qué no creer en el príncipe Siddharta, que nació en Kapilovastu quinientos años antes de la era cristiana?” Él me respondía: “Porque no tiene ninguna importancia; lo importante es creer en la Doctrina”. Agregó, creo que con más ingenio que verdad, que creer en la existencia histórica del Buddha o interesarse en ella seria algo así como confundir el estudio de las matemáticas con la biografía de Pitágoras o Newton. Uno de los temas de meditación que tienen los monjes en los monasterios de la China y el Japón, es dudar de la existencia del Buddha. Es una de las dudas que deben imponerse para llegar a la verdad.

Las otras religiones exigen mucho de nuestra credulidad. Si somos cristianos, debemos creer que una de las tres personas de la Divinidad condescendió a ser hombre y fue crucificado en Judea. Si somos musulmanes tenemos que creer que no hay otro dios que Dios y que Muhammad es su apóstol. Podemos ser buenos budistas y negar que el Buddha existió o, mejor dicho, podemos pensar, debemos pensar que no es importante nuestra creencia en lo histórico: lo importante es creer en la Doctrina. Sin embargo, la leyenda del Buddha es tan hermosa que no podemos dejar de referirla. Los franceses se han dedicado con especial atención al estudio dé la leyenda del Buddha. Su argumento es éste: la biografía del Buddha es lo que le ocurrió a un solo hombre en un breve periodo de tiempo. Puede haber sido de este modo o de tal otro. En cambio, la leyenda del Buddha ha iluminado y sigue iluminando a millones de hombres. La leyenda es la que ha inspirado tantas hermosas pinturas esculturas y poemas. El budismo, además de ser una religión, es una mitología, una cosmología, un sistema metafísico, o, mejor dicho, una serie de sistemas metafísicos, que no se entienden y que discuten entre sí.

La leyenda del Buddha es iluminativa y su creencia no se impone.

En el Japón se insiste en la no historicidad del Buddha. Pero sí en la Doctrina. La leyenda empieza en el cielo. En el cielo hay alguien que durante siglos y siglos, podemos decir literalmente, durante un número infinito de siglos, ha ido perfeccionándose hasta comprender que en la próxima encarnación será el Buddha.

Elige el continente en que ha de nacer. Según la cosmogonía budista el mundo está dividido en cuatro continentes triangulares y en el centro hay una montaña de oro: el monte Meru. Nacerá en el que corresponde a la India. Elige el siglo en que nacerá; elige la casta, elige la madre. Ahora, la parte terrenal de la leyenda. Hay una reina, Maya. Maya significa ilusión. La reina tiene un sueño que corre el albur de parecernos extravagante pero no lo es para los hindúes.

Casada con el rey Suddhodana, soñó que un elefante blanco de seis colmillos, que erraba en las montañas del oro, entró en su costado izquierdo sin causarle dolor. Se despierta; el rey convoca a sus astrólogos y éstos le explican que la reina dará a luz un hijo que podrá ser el emperador del mundo o que podrá ser el Buddha: el Despierto, el Lúcido, el ser destinado a salvar a todos los hombres. Previsiblemente, el rey elige el primer destino: quiere que su hijo sea el emperador del mundo. Volvamos al detalle del elefante blanco de seis colmillos. Oldemberg hace notar que el elefante de la India es animal doméstico y cotidiano. El color blanco es siempre símbolo de inocencia. ¿Por qué seis colmillos? Tenemos que recordar (habrá que recurrir a la historia alguna vez) que el número seis, que para nosotros es arbitrario y de algún modo incómodo (ya que preferimos el tres o el siete), no lo es en la India, donde se cree que hay seis dimensiones en el espacio: arriba, abajo, atrás, adelante, derecha, izquierda. Un elefante blanco de seis colmillos no es extravagante para los hindúes.

El rey convoca a los magos y la reina da a luz sin dolor. Una higuera inclina sus ramas para ayudarla. El hijo nace de pie y al nacer da cuatro pasos: al Norte, al Sur, al Este y al Oeste, y dice con voz de león: “Soy el incomparable; éste será mi último nacimiento”. Los hindúes creen en un número infinito de nacimientos anteriores. El príncipe crece, es el mejor arquero, es el mejor jinete, el mejor nadador, el mejor atleta, el mejor calígrafo, confuta a todos los doctores (aquí podemos pensar en Cristo y los doctores). A los dieciséis años se casa.

El padre sabe – los astrólogos se lo han dicho – que su hijo corre el peligro de ser el Buddha, el hombre que salva a todos los demás si conoce cuatro hechos que son: la vejez, la enfermedad, la muerte y el ascetismo. Recluye a su hijo en un palacio, le suministra un harén, no diré la cifra de mujeres porque corresponde a una exageración hindú evidente. Pero, por qué no decirlo: eran ochenta y cuatro mil.

El príncipe vive una vida feliz; ignora que hay sufrimiento en el mundo, ya que le ocultan la vejez, la enfermedad y la muerte. El día predestinado sale en su carroza por una de las cuatro puertas del palacio rectangular. Digamos, por la puerta del Norte. Recorre un trecho y ve un ser distinto de todos los que ha visto. Está encorvado, arrugado, no tiene pelo. Apenas puede caminar, apoyándose en un bastón. Pregunta quién es ese hombre, si es que es un hombre. El cochero le contesta que es un anciano y que todos seremos ese hombre si seguimos viviendo.

El príncipe vuelve al palacio, perturbado. Al cabo de seis días vuelve a salir por la puerta del Sur. Ve en una zanja a un hombre aún más extraño, con la blancura de la lepra y el rostro demacrado. Pregunta quién es ese hombre, si es que es un hombre. Es un enfermo, le contesta el cochero; todos seremos ese hombre si seguimos viviendo. El príncipe, ya muy inquieto, vuelve al palacio. Seis días más tarde sale nuevamente y ve a un hombre que parece dormido, pero cuyo color no es el de esta vida. A ese hombre lo llevan otros. Pregunta quién es. El cochero le dice que es un muerto y que todos seremos ese muerto si vivimos lo suficiente.

El príncipe está desolado. Tres horribles verdades le han sido reveladas: la verdad de la vejez, la verdad de la enfermedad, la verdad de la muerte. Sale una cuarta vez. Ve a un hombre casi desnudo, cuyo rostro está lleno de serenidad. Pregunta quién es. Le dicen que es un asceta, un hombre que ha renunciado a todo y que ha logrado la beatitud.

El príncipe resuelve abandonar todo; él, que ha llevado una vida tan rica. El budismo cree que el ascetismo puede convenir, pero después de haber probado la vida. No se cree que nadie deba empezar negándose nada. Hay que apurar la vida hasta las heces y luego desengañarse de ella; pero no sin conocimiento de ella.

El príncipe resuelve ser el Buddha. En ese momento le traen una noticia: su mujer, Jasodhara, ha dado a luz un hijo. Exclama: “Un vínculo ha sido forjado.” Es el hijo que lo ata a la vida. Por eso le dan el nombre de Vínculo. Siddharta está en su harén, mira a esas mujeres que son jóvenes y bellas y las ve ancianas horribles, leprosas. Va al aposento de su mujer. Está durmiendo. Tiene al niño en los brazos. Está por besarla, pero comprende que si la besa no podrá desprenderse de ella, y se va.

Busca maestros. Aquí tenemos una parte de la biografía que puede no ser legendaria. ¿Por qué mostrarlo discípulo de maestros que después abandonará? Los maestros le enseñan el ascetismo, que él ejerce durante mucho tiempo. Al final está tirado en medio del campo, su cuerpo está inmóvil y los dioses que lo ven desde los treinta y tres cielos, piensan que ha muerto. Uno de ellos, el más sabio, dice:

“No, no ha muerto; será el Buddha”. El príncipe se despierta, corre a un arroyo que está cerca, toma un poco de alimento y se sienta bajo la higuera sagrada: el árbol de la ley, podríamos decir.

Sigue un entreacto mágico, que tiene su correspondencia con los Evangelios: es la lucha con el demonio. El demonio se llama Mara.

Ya hemos visto esa palabra nightmare, demonio de la noche. El demonio siente que domina el mundo pero que ahora corre peligro y sale de su palacio. Se han roto las cuerdas de sus instrumentos de música, el agua se ha secado en las cisternas. Apresta sus ejércitos, monota en el elefante que tiene no sé cuántas millas de altura, multiplica sus brazos, multiplica sus armas y ataca al príncipe. El príncipe está sentado al atardecer bajo el árbol del conocimiento, ese árbol que ha nacido al mismo tiempo que él.

El demonio y sus huestes de tigres, leones, camellos, elefantes y guerreros monstruosos le arrojan flechas. Cuando llegan a él, son flores. Le arrojan montañas de fuego, que forman un dosel sobre su cabeza. El príncipe medita inmóvil, con los brazos cruzados. Quizá no sepa que lo están atacando. Piensa en la vida; está llegando al nirvana, a la salvación. Antes de la caída del sol, el demonio ha sido derrotado. Sigue una larga noche de meditación; al cabo de esa noche, Siddharta ya no es Siddharta. Es el Buddha: ha llegado al nirvana.

Resuelve predicar la ley. Se levanta, ya se ha salvado, quiere salvar a los demás. Predica su primer sermón en el Parque de las Gacelas de Benares. Luego otro sermón, el del fuego, en el que dice que todo está ardiendo: almas, cuerpos, cosas están en: fuego. Más o menos por aquella fecha, Heráclito de Éfeso decía que todo es fuego.

Su ley no es la del ascetismo, ya que para el Buddha el ascetismo es un error. El hombre no debe abandonarse a la vida carnal porque la vida carnal es baja, innoble, bochornosa y dolorosa; tampoco al ascetismo, que también es innoble y doloroso. Predica una vía media -para seguir la terminología teológica -, ya ha alcanzado el nirvana y vive cuarenta y tantos años, que dedica a la prédica. Podría haber sido inmortal pero elige el momento de su muerte, cuando ya tiene muchos discípulos.

Muere en casa de un herrero. Sus discípulos lo rodean. Están desesperados. ¿Qué van a hacer sin él? Les dice que él no existe, que es un hombre como ellos, tan irreal y tan mortal como ellos, pero que les deja su Ley. Aquí tenemos una gran diferencia con Cristo. Creo que Jesús les dice a sus discípulos que si dos están reunidos, él será el tercero. En cambio, el Buddha les dice: les dejo mi Ley. Es decir, ha puesto en movimiento la rueda de la ley en el primer sermón. Luego vendrá la historia del budismo. Son muchos los hechos: el lamaísmo, el budismo mágico, el Mahayana o gran vehículo, que sigue al Hinayana o pequeño vehículo, el budismo zen del Japón.

Jorge Luis Borges
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El lago profundo



Ir más allá de la mente, de los pensamientos, de las emociones es volverse un lago profundo. La situación externa de tu vida, lo que te pase, es la superficie del lago. A veces calmada, a veces ventosa y tempestuosa,la superficie soporta los diferentes ciclos y estaciones, sin embargo, en el fondo el lago está siempre en calma.

No eres solo la superficie, eres todo el lago, tu decides con qué estar en contacto, con la profunda calma o con la cambiante superficie.

Namasté!

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Sirsasana: precauciones para practicarla




Sirsasana, el desafío de todo Yogui, es una postura para realizar con muchos recaudos.
Antes de practicarla deberíamos realizar durante una año consecutivo, equilibrios de pie de todo tipo para corregir nuestro eje partiendo del armado correcto de la postura madre de Tadasana. Deberíamos tener en eje a nuestra cabeza practicando: el reflejo de estiramiento primario de Alexander, a partir del cual la cabeza se estira hacia adelante y por detrás. Eso hará que toda la columna se estire hacia arriba.


En sirsasana deberíamos estar flotando, en un estado de relajación; ya que si no estoy relajado, en un segundo puedo dañarme un disco intervertebral. El cuello deberá ser fortalecido por posturas invertidas como sarvangasana ( vela) o halasana (el arado). Si un solo músculo está débil, no mantendrá en eje la cabeza. Sobre todo deberíamos fortalecer el esternocleidomastoideo que mantiene alineada la cabeza.

Si al desarmar la postura, tengo dolor,esto está relacionado con con el apoyo del atlas y el axis las dos primeras vértebras que tienen un encastre muy débil y convexo. La oscilación en la postura se realiza sobre este punto de gran inestabilidad con lo cual hay que tener la musculatura del cuello y las estructuras vertebrales en perfectas condiciones fisiológicas.

Para fortalecer el cuello, lo ideal es llevar peso sobre la cabeza, fortaleciendo los músculos antigravitatorios. Comienza practicando con una bolsa de arena del 20 % de tu peso corporal y gradualmente llega al 30%. El peso en tu cabeza te ayudará a recuperar el eje.

Cuando estoy en el eje, el peso se dirige hacia el centro de la cabeza. Si te cuesta elevar las piernas deberás fortalecer los espinales.

Contrapostura: en sirsasana el cuello se ha acortado por lo cual debo elongarlo en sarvangasana ( la vela).

Namasté!

Adriana

Gracias a Isa por su destreza y disciplina. A Gasti por su bellísima producción fotográfica.


MAS SOBRE EL TEMA EN http://yogaymedicinaoriental.blogspot.com


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La acupuntura, lo mejor para la lumbalgia



* Un estudio demuestra que las agujas son superiores a los tratamientos convencionales
.- Más de un millar de pacientes y 9.400 sesiones de acupuntura han servido para confirmar la eficacia de esta terapia en los dolores de espalda persistentes. Es más, la terapia oriental resulta superior a los tratamientos convencionales.

Se trata del mayor estudio realizado al respecto. Así que los autores no tienen dudas: “La acupuntura ofrece a los médicos una opción terapéutica prometedora y eficaz para el dolor de espalda crónico, con pocos efectos adversos y contraindicaciones”, resumen en el último número de la revista ‘Archives of Internal Medicine’.

Los resultados han sorprendido a los propios autores. Para empezar, porque las agujas han resultado mucho más eficaces que los tratamientos que se emplean tradicionalmente para aliviar la lumbalgia, como fisioterapia, masajes, escuelas de la espalda, inyecciones o analgésicos. “Casi la mitad de los pacientes en ambos grupos de acupuntura respondieron [al tratamiento]. Experimentaron una mejoría relevante, tanto en la intensidad de su dolor como en la incapacidad generada por la lumbalgia sin tener que recurrir a otras terapias. Sólo una cuarta parte de los pacientes que recibieron un tratamiento convencional mejoraron”, resumen los investigadores, procedentes de varios centros de investigación alemanes.

“Esta es la primera vez que se demuestra inequívocamente la superioridad de la acupuntura sobre el tratamiento convencional”, aclaran.

A los autores también les ha sorprendido que, además de la clásica acupuntura (en la que se insertan y manipulan las agujas en unos puntos concretos, dirigidos a estimular el flujo de la energía vital o qi), el grupo de pacientes que recibía una ‘falsa’ acupuntura (las agujas se colocan superficialmente en cualquier punto de la espalda) también obtuvo buenos resultados.

En el ensayo, los participantes fueron divididos en tres grupos: uno recibió 10 sesiones de acupuntura convencional (dos semanales); otro de falsa terapia y un tercer colectivo de pacientes se sometió a tratamientos convencionales. A los seis meses, fueron entrevistados para evaluar su evolución.

Un ’superplacebo’

Para los autores, la eficacia de la terapia placebo “nos obliga a cuestionarnos el mecanismo de acción que hay detrás de la acupuntura y a preguntarnos si el énfasis puesto en aprender los puntos de la acupuntura china tradicional puede resultar superfluo”, escriben.

Ellos han denominado ’superplacebo’ al efecto de la acupuntura. Es decir, una combinación de efectos psicológicos (el contacto con el terapeuta, las expectativas positivas ante la acupuntura…) y fisiológicos (independientemente de dónde se coloquen, las agujas podrían actuar sobre la generación del dolor, la transmisión de señales dolorosas o el procesamiento de la señal por parte del sistema nervioso central).

Independientemente de a qué se deben sus efectos, lo que sí está clara es la eficacia de las agujas. La investigación formaba parte de una serie de ensayos sobre la acupuntura en diversas dolencias (artrosis, lumbalgia y migrañas), realizados a instancias del Comité Federal de Médicos y Planes de Salud, el organismo alemán de investigación médica. A raíz de los buenos resultados de estos ensayos, la acupuntura es ya una de las terapias que ofrecen los servicios sanitarios

VIA:EL MUNDO (ESPAÑA)


Posdata:
Cada vez son más los que eligen a laacupuntura como terapia para aliviar y erradicar el dolor de espalda. En este año he atendido con éxito a pacientes con múltiples hernias de discos, espondilolistesis, artrosis, deshidratación de discos intervertebrales, que causaban la inmovilidad de la persona, un dolor crónico intolerable y depresión psíquica. La combinación de ejercicios de yoga terapéutico, masoterapia y Acupuntura dieron un resultado sorprendente.

Namasté!

Adriana


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Cocina Zen¿Quién cocina a quién?



Un monje le dijo a Joshu: “Acabo de entrar a este monasterio. Por favor enséñame”. Joshu preguntó: “Has comido tu potaje de arroz?”. El monje responde: “Ya he comido”. Joshu dice: “Entonces será mejor que laves tu plato.”

Sogyô, uno de los principales maestros del arte del té, intervino en una ceremonia de un templo Zen donde se ofrecía una taza a todos los monjes. El té preparado por Sogyô era el más delicioso de todos. Un antiguo maestro, Gesshu, le preguntó a Sogyô si añadía algo más a la bebida aparte del té. Sogyô respondió: “Sí, incluyo un poco de consideración”.

Edward Espe Brown se inició en el Zen de la mano de Suzuki Roshi en el año 1965. En sus comienzos, un día le preguntó a su maestro si tenía algún consejo que darle. La respuesta de Suzuki Roshi fue: “cuando laves arroz, lava el arroz, cuando cortes las zanahorias, corta las zanahorias y cuando remuevas la sopa, remueve la sopa”.

En este delicioso documental, “Cómo cocinar tu vida”, la conocida directora alemana Doris Dörrie acompaña al maestro zen Edward Brown en sus conferencias y en sus clases de cocina para comprobar que cocinar, o mejor dicho, saber cómo cocinar, es cuestión de cuidarse uno mismo y cuidar a los demás. Pero no esperes obtener un recetario Zen, aprender algún secreto de cocina Zen o aprender a cocinar mejor que Karlos Arguiñano. La película no va de eso. Como diría el legendario Daisetz T. Suzuki: “Para alcanzar la maestría en un arte, no basta conocimiento técnico. Uno debe transcender la técnica de manera que el dominio se convierta en un arte sin artificio y emane directamente de lo inconsciente”.


Es reconfortante acudir a la proyección de este tipo de films que nos recuerdan la pérdida cultural que supone no solamente el no saber hacer pan con nuestras manos, sino también el olvidar el estrecho vínculo que existe entre respetar la comida y respetarnos a nosotros mismos. Como dice su directora, “hay dos cosas que tenemos que aprender de nuevo: conocer los ingredientes de los platos y volver a sentir respeto por la comida y por nosotros mismos.”

Más allá del debate entre vegetarianismo o no (yo no soy vegetariano, pero soy selectivo en cuanto carnes y como buen mediterráneo me encantan las ensaladas, verduras, legumbres, cereales, la fruta de verano y por supuesto el aceite de oliva) y la polémica de la “comida basura”, existe un aspecto crucial donde pone el acento Doris Dörrie y el maestro Edward Brown: El respeto por la comida y por nosotros mismos están conectados entre sí. Hemos desarrollado la habilidad de desconectar de nosotros mismos. No pensamos de donde vienen el arroz, los tomates y la carne. No pensamos en que las cosas están relacionadas entre sí. Sin embargo lo están. Por poner un ejemplo del día a raíz de la reciente polémica sobre el cupo de inmigrantes: la tierra, la semilla, el agua, la luz, el agricultor que cultiva fresas en Huelva, el inmigrante subsahariano que bajo un sol abrasador las recolecta, el camionero que las traslada y el consumidor que las come están unidos por algo más que una cadena logística. Estamos en conexión con todo y esa fresa que nos llevamos a la boca materializa ese vínculo.

Evidentemente hay varias lecturas: podemos considerar esa fresa como “combustible para el cuerpo” (como si nuestro cuerpo fuera poco más que una máquina, lo que ya dice mucho sobre la pre-concepción subyacente), como “capricho para los sentidos” (como si nuestro paladar no evolucionara y se hubiera estancado en la etapa infantil de las chuches) o también podemos realizar una lectura “a la sistémica” y considerar que además de ser combustible y manjar para los sentidos, existe una visión más elevada y transcendente (sin ser religiosa en el sentido ortodoxo) que nos permite reconciliarnos con nosotros y el medio ambiente pues ese fruto es también un vínculo entre nosotros, la tierra y el agua, entre nosotros y el esfuerzo humano aparejado, entre nosotros y la vida. De ahí el énfasis hacia la necesidad de cuidado, respeto y consideración hacia la comida.

Esto es lo que enseña esta pequeña joya que ví ayer: En nuestra cocina estamos en conexión con todo el universo. Cómo cocinamos la comida y cómo la cocina nos “cocina a nosotros”. De algún modo al cocinar también “somos cocinados”, pues nuestra actitud en la cocina, en la selección y preparación de los alimentos, son un reflejo de lo que somos, como nos consideramos a nosotros mismos y a los demás. Al cocinar, “cocinamos” también nuestros valores de respeto y consideración hacia nuestro cuerpo-mente, “cocinamos” nuestro respeto y consideración hacia las demás personas que van a disfrutar de nuestra cocina y “cocinamos” nuestra conciencia de vinculación con el mundo y el universo que ha hecho posible la materialización de esos alimentos. La dualidad cartesiana queda en entredicho en la cocina Zen: no hay separación entre cuerpo y mente antes, durante y después de cocinar, pues cocinamos con y para nuestro cuerpo-mente y comemos con y para nuestro cuerpo-mente.

Si algo hay de fascinante en el Zen es esta ausencia de muros conceptuales: no diferencia entre cocina y templo, entre cuerpo y mente, entre profano y transcendente. Por eso me atrae el Zen: en su esencia es sistémico, unificador, rompe-barreras, sin artificios y sin peajes ideológicos o metafísicos que acatar. En este sentido me congratula que un pensador sistémico como el físico Fritjof Capra le dedique un espacio específico en sus obras y en su vida al Zen.

Pero, un momento, no tan rápido, ¿qué es entonces el Zen? inquiere nuestra perspicaz mente occidental adicta a la definición, categorización y clasificación. Cuando a un maestro Zen se le pidió que definiera el Zen, dijo, “Cuando tengo hambre, como, cuando estoy cansado, duermo.”. Podría ofrecerte una aproximación intelectual, pero aún así eso no sería Zen, por ejemplo: recobrar la naturalidad de nuestra naturaleza original. ¿¿??. Sin embargo, eso no es Zen, pues cualquier conceptualización sobre el Zen está abocada al fracaso (pienso que tal vez eso lo hace interesante para nuestra mente occidental, pues el Zen se escapa continuamente cual anguila de la Albufera a la conceptualización, constituyendo un desafío para nuestra cultura y filosofía occidentales, que busca infructuosamente capturar su esencia) y aunque existen multitud de libros Zen mi recomendación es bien simple: el Zen no se estudia, se practica (Zazen). Por eso el Zen es indisociable del Zazen: siéntate, mantén la columna vertebral recta y observa el ritmo de tu respiración. Y lo que tenga que venir, vendrá. O no. Como dice el maestro Dokushô Villalba “Siéntate y siéntete.”. “Eso” es Zen, y “eso” no se puede expresar con palabras. De ahí que la escasa enseñanza verbal de los maestros Zen se exprese muy a menudo en forma de paradojas o koans. Este es uno de mis koans preferidos:

Dos monjes miraban una bandera ondeando en el viento. Uno de ellos dijo:
- “Es el viento que la mueve”.
El otro le respondió:
- “No estoy de acuerdo, es la bandera la que se mueve.”
Pero un patriarca Zen que estaba de pie muy cerca de ellos les dijo:
- “Ni la bandera ni el viento se mueven… es la mente la que se mueve.”

En palabras de un dicho Zen muy famoso: “Antes de estudiar Zen, las montañas son montañas y los ríos son ríos; mientras estás estudiando Zen, las montañas ya no son montañas y los ríos ya no son ríos; pero una vez que alcanzas la iluminación las montañas son nuevamente montañas y los ríos nuevamente ríos.”

A pesar de su encuadramiento al modo occidental como “religión budista”, el Zen no está interesado más que colateralmente en la doctrina de Buda (los llamados Sutras, el equivalente a los Evangelios para los cristianos o el Corán para los musulmanes), pues su objetivo no es ni más ni menos que el alcanzar la experiencia de Buda: la iluminación, una experiencia conocida en Zen como satori. Aunque, con permiso del admirado Jiddu Krishnamurti, diría que la iluminación no es perseguible como quien busca un objeto precioso o va de un espacio-tiempo A a un espacio-tiempo B, sino más bien la iluminación nos alcanza, viene a nosotros, no nosotros a ella, nos llega sin buscarla una vez le has hecho sitio en tu interior. En este sentido la iluminación es una experiencia a la que estamos llamados todos, aunque dependiendo de las culturas se la llame de formas diferentes: nirvana, satori, éxtasis, experiencia de dios, etc.

La experiencia de la iluminación es la esencia del Budismo y en este sentido el Zen se centra en esa experiencia y no está interesada en ninguna interpretación más allá de esta. Al Zen no le interesa teorizar sobre la iluminación. En este sentido es impropio hablar de una Teología Zen o una Metafísica Zen. Sería un contrasentido pues la experiencia del Zen es la experiencia de la iluminación, y dado que esta experiencia trasciende toda categoría de pensamiento, el Zen no se interesa en ninguna abstracción ni conceptualización de la misma. El Zen no tiene ninguna doctrina o filosofía especial, ningún credo ni dogma formal que acatar y enfatiza su libertad frente a los corsés doctrinales, esto le hace verdaderamente original, algo que en el ámbito cristiano podría enlazar con la vía de los místicos y en el ámbito musulmán con la vía de los sufíes. El “Ama y haz lo que quieras” de Agustín de Hipona y el “Por mucho que hable de amor o lo defina, cuando llego al amor me avergüenzo de mis palabras” de Yalal ad-Din Muhammad Rumi son muy Zen. Es puro Zen.

Uno de las obras más interesantes de Zen para occidentales que leído es “Zen en el arte del Tiro con Arco” escrito por el filósofo alemán Eugen Herrigel al que alguna vez me he referido y que al igual que el film protagonizado por el maestro Edward Drown, apenas teoriza sobre Zen, una constante en los maestros Zen, que parece que huyen de conceptualizar algo que está más allá de nuestra pequeña mente clasificadora. Herrigel utilizó más de cinco años con un renombrado maestro japonés en arquería para aprender su arte y nos da en su libro las claves de cómo experimentó Zen a través del tiro con arco. Herrigel nos describe como el tiro con arco le fue presentado como un ritual que es bailado en movimientos espontáneos, libres de esfuerzo y propósito. Le tomó muchos años de práctica, como aprender a estirar el arco a lo Zen, con un tipo de fuerza no forzada, y como liberar la cuerda sin intención, dejando que el tiro “caiga del tirador como una fruta madura”. Cuando llegó al clímax de perfección, el arco, la flecha, el objetivo y el arquero, todos se fundían los unos en el otro y él no disparaba sino que “eso” lo hacía por él.

“Eso” experimentable y no definible de lo que habla Herrigel es Zen, lo experimentemos en la sala de meditación o en el autobús, en la cocina o en el arte del tiro con arco, en la soledad de la montaña o en la plaza del mercado, porque, como diría la mística abulense Teresa de Cepeda y Ahumada “También entre los pucheros anda el Señor”.

Para saber más: Edward Espe Brown en Wikipedia [inglés]

Tassajara Zen Mountain Center en Wikipedia [inglés]

Zen en el Arte del Tiro con Arco en Wikipedia [inglés]

Zen en Wikipedia [castellano]

Zazen en Wikipedia [castellano]

Origen y desarrollo del Zen por Allan Watts

Zen por Fritjof Capra

Textos de Grandes Maestros Zen

¿Qué es la Meditación Zen? por Francisco Mesa Suárez

Luz Serena. Comunidad Budista Soto Zen

Blog del maestro Dokushô Villalba

Jiddu Krishnamurti en Wikipedia

Misticismo en Wikipedia

Orden Cartuja en Wikipedia

Sufismo en Wikipedia

Film Cómo cocinar tu vida, de Doris Dörrie en Karma Films

Fim El gran silencio, de Philip Gröning en Film Affinity

Film Bab’Aziz el sabio sufí, de Nacer Khemir en Karma Films

VIA: PENSAMIENTO SISTEMICO

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