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Krishnamurti: La Meditación



Lo que importa en la meditación es la cualidad del corazón y de la mente; no es lo que consigue o lo que espera alcanzar, sino la cualidad de una mente que es inocente y vulnerable. Es a través de la negación como se llega al estado positivo. El limitarse meramente a acumular experiencias o a vivir en ellas, niega la pureza de la meditación. La meditación no es un medio para alcanzar un fin, es ambas cosas: el medio y el fin. La mente nunca puede ser inocente por medio de la experiencia; es la negación de la experiencia lo que da origen a ese estado positivo de inocencia que el pensamiento no puede cultivar, porque el pensamiento nunca es inocente. La meditación es el fin del pensamiento, no porque el meditador le ponga fin, sino porque el meditador es la meditación. Sin meditación, uno es como un ciego en un mundo de gran belleza, de inmensa luz y color.

Camine sin rumbo fijo por la orilla del mar y deje que esta cualidad meditativa le envuelva. Si eso sucede, no trate de apresarla, porque lo que capture sólo será el recuerdo de lo que fue, y “lo que fue” es la muerte de “lo que es”. O cuando vague por los montes deje que todo le hable de la belleza y del dolor de la vida, de modo que uno despierte a su propio dolor y a la terminación del dolor. La meditación es la raíz, la planta, la flor y el fruto. Son las palabras las que dividen el fruto, la flor, la planta y la raíz. La acción que nace de esa separación no puede generar bondad, porque la virtud es la percepción del todo.

Era una carretera larga y sombreada, con árboles a ambos lados; era estrecha y serpenteaba a través de los verdes campos relucientes de trigo en sazón. El sol proyectaba densas sombras y a ambos lados había aldeas sucias, descuidadas y sumidas en la pobreza. Las personas mayores tenían aspecto enfermizo y triste, pero los niños jugaban en la tierra polvorienta con alboroto, y arrojaban piedras a los pájaros posados en la copa de los árboles. Era una mañana fría, muy agradable, y sobre las montañas soplaba una brisa fresca. Los loros y los mirlos formaban una gran algarabía esa mañana. Ocultos en el verde espesor de los árboles, los loros apenas se distinguían; habían excavado varios agujeros en el tamarindo y los utilizaban como su hogar. Su vuelo zigzagueante era siempre ensordecedor y chillón. Los mirlos, mucho más mansos, se paseaban por el suelo y dejaban que uno se aproximara a ellos bastante cerca, antes de emprender el vuelo. La verde y dorada áurea cazamoscas estaba posada en los cables del tendido eléctrico que atravesaban la carretera. Era una hermosa mañana y el sol aún no calentaba demasiado. En el aire flotaba una bendición y se sentía esa paz que antecede al despertar del hombre.

Una carreta tirada por un caballo transitaba por la carretera. Tenía dos ruedas y una plataforma con cuatro postes y un toldo; sobre la plataforma, colocado en sentido transversal y envuelto en un paño blanco y rojo, llevaban un cadáver para ser incinerado a orillas del río. Junto al conductor viajaba un hombre, posiblemente un pariente y, debido al traqueteo por el mal estado de la carretera, el cuerpo del difunto saltaba arriba y abajo. Aparentemente venían de algún lugar lejano, porque el caballo estaba sudoroso, y el cuerpo del difunto con las sacudidas a lo largo de todo el viaje, daba la impresión de estar muy rígido.

El hombre que vino a vernos unas horas más tarde dijo que era instructor de artillería en la marina de guerra. Parecía muy serio, y llegó acompañado de su esposa y sus dos hijos. Después de saludarnos, explicó que deseaba encontrar a Dios. No se expresaba muy bien, probablemente era algo tímido, y aunque sus manos y su rostro denotaban capacidad de trabajo, había cierta dureza en su voz y en su aspecto, porque después de todo, era un instructor en las artes de matar. Dios parecía estar muy lejos de su actividad cotidiana y todo resultaba un tanto extraño; por un lado allí estaba aquel hombre que afirmaba ser sincero en su búsqueda de Dios pero, para ganarse la vida, se veía obligado a enseñar a otros diferentes métodos para matar.
Dijo que era una persona religiosa y había seguido varias doctrinas de diferentes hombres que se consideraban santos; debido a que todos lo habían dejado insatisfecho, venía ahora de un largo viaje en tren y autobús para vernos, porque deseaba saber cómo alcanzar ese extraño mundo que hombres y santos han buscado. Su esposa y sus hijos permanecían muy callados, sentados sin moverse y con actitud respetuosa. Afuera, en una rama próxima a la ventana, una paloma de color castaño claro se arrullaba suavemente. El hombre no la miró en ningún momento y tanto los niños como la madre permanecieron tensos, nerviosos y con semblante serio.

No se puede buscar a Dios; no hay ningún camino que conduzca a él. El hombre ha inventado muchos métodos, muchas religiones, muchas creencias, salvadores y maestros que, según cree, le ayudarán a encontrar una dicha que no sea pasajera. El infortunio de la búsqueda es que conduce a una fantasía, a una visión que la mente proyecta y mide basándose en lo que ya conoce. El comportamiento del ser humano, su forma de vivir, destruye el amor que busca. No es posible llevar un arma en una mano y a Dios en la otra. Dios ha perdido todo su significado, no es más que un símbolo o una palabra, porque las iglesias y los lugares de adoración lo han destruido.

Por supuesto, no importa si uno cree o no cree en Dios, ambos sufren y pasan por la agonía de unas vidas vacías y estériles; y la amargura de cada día, hace que la vida no tenga ningún sentido

La realidad no está al final de la corriente del pensamiento y, sin embargo, son las palabras del pensamiento las que llenan el corazón vacío. Hemos llegado a ser muy hábiles inventando nuevas filosofías, pero más tarde o más temprano viene la amargura del fracaso. Inventamos teorías para poder alcanzar la realidad suprema, y el devoto acude al templo para perderse en las propias fantasías que su mente elabora. El monje y el santo jamás descubrirán esa realidad, porque ambos forman parte de una tradición, de una cultural, que los reconoce como santos y monjes.

La paloma había emprendido el vuelo, y la belleza de la montaña y las nubes descendía sobre la tierra —la verdad está aquí, donde nunca miramos.

VIA:Relación y Amor, la Verdadera Revolución, Capítulo 2 ©KFT.

Postdata:

¿Cuál es el camino hacia la Verdad y cuáles son sus nombres?. El gran maestro Krishnamurti nos enseña a través de la paradoja ,el desprendimiento que la mente deberá hacer de sus muletas con las que ingresa en el mundo exterior, manipulándolo a su antojo y creyendo saber que todo está bajo su control. La Verdad Real es un misterio en el que entramos solos, desnudos de vanidad de roles sociales, de merecimientos o búsquedas desesperadas. También nos sugiere que no es posible llevar un arma en una mano y a Dios en la otra, con lo cual deberemos ser concientes de nuestros dualidades, dinero – espiritualidad, éxito – fracaso, búsqueda-calma,cuerpo-alma y tantas expresiones dicotómicas de nuestro sentir como humanos, que nos arrastran detrás de búsquedas inútiles para escapar de la plena la conciencia y de la impermanencia.

Adriana Paoletta
LEER MAS SOBRE ESTOS TEMAS EN :YOGA APRENDER POR EL CUERPO

El aprender no tiene fin y ésa es la belleza…, lo sagrado de la vida.J. Krishnamurti




Quiero agradecer a Daniel Herschthal (http://www.fkla.org/)que generosamente me regala estos textos para el despertar .

De manera que juntos vamos a investigarlo, no se trata de que aprendan de mí, ni que consigan algo para llevárselo, porque si hacen eso será una simple acumulación, algo que retienen para luego recordarlo. En lugar de eso, a medida que voy hablando escuchen por favor con todo su ser, con toda su atención, con intensidad, como escucharían algo que amaran de verdad…, si es que alguna vez aman. Porque aquí no están recibiendo ninguna enseñanza, no son discípulos, están aprendiendo un arte…, y quiero decir exactamente eso. Estamos aprendiendo juntos y, por lo tanto, la distinción entre maestro y discípulo ha desaparecido por completo, es una forma de pensar muy inmadura considerar a alguien el maestro que sabe y a uno mismo un ignorante; en esa relación ambas partes no tienen humildad y, por consiguiente, ambos dejan de aprender. Esto no es sólo una expresión verbal o una afirmación pasajera, como podrán verlo por sí mismos si escuchan y no se limitan a buscar orientaciones sobre lo que deben o no hacer, la vida no puede comprenderse a través de una serie de instrucciones; uno debe seguir ciertas instrucciones al utilizar una dinamo, una radio, pero la vida no es una máquina sino algo siempre vivo, que está constantemente renovándose. Así pues, no existe ningún método…, ésa es la belleza del aprender. La mente inmadura, instruida, adiestrado, sólo es capaz de fortalecer la memoria, como sucede en todas las universidades y colegios donde se limitan a cultivar la memoria para aprobar unos exámenes y conseguir un trabajo, eso no es ser inteligente, la inteligencia surge cuando uno está aprendiendo, y el aprender no tiene fin, ésa es la belleza, lo sagrado de la vida.



Cuando observan este mundo de movimiento…, el árbol que crece, el pájaro en vuelo, el río que fluye, las nubes desplazándose, los relámpagos, las máquinas, el venir de las olas que rompen en la orilla…, entonces se darán cuenta, ¿no es así?, que la vida en sí misma es acción, una acción infinita, que no tiene principio ni fin; es algo que está en movimiento constante, es el universo, es Dios, es la dicha perfecta, la verdad. Sin embargo, nosotros reducimos esa acción inmensa de la vida a una pequeña e insignificante acción en nuestra vida y, por eso, preguntamos qué debemos hacer, que libro o sistema debemos seguir. Como ven, nuestras acciones son triviales, mezquinas, limitadas, feas y crueles, ¡por favor, escuchen esto! Saben tan bien como yo que tenemos que vivir en este mundo, que debemos actuar dentro de los límites del tiempo y que de nada sirve decir, “la vida es tan inmensa, dejaré que ella actúe y ella me dirá lo que debo hacer”, porque la vida no nos dirá lo que debemos hacer. Por tanto, es necesario que investiguemos este extraño fenómeno del por qué la mente limita esa acción que es infinita, sin limites, profunda, a la vulgaridad de cómo conseguir trabajo, de cómo llegar a ser ministro, de si tener o no relaciones sexuales…, ya conocen todas las pequeñas e insignificantes luchas de la vida; constantemente limitamos este enorme movimiento de la vida a una acción que la sociedad acepte y le parezca respetable. Se dan cuenta de esto, señores, ¿no?…, ven esa acción que es aceptada, que está dentro del campo del tiempo, y esa otra acción que no aceptamos y que es el movimiento eterno de la vida.

Ahora bien, la pregunta siguiente es, ¿puedo vivir en este mundo, hacer mi trabajo, etcétera, con esa sensación profunda de una acción ilimitada o debido a mi mente mezquina, limitaré la acción a moverse sólo dentro del campo de la aceptación, dentro del campo del tiempo? ¿Lo estoy expresando con claridad?

Si me permiten lo plantearé de forma diferente. El amor no es algo que puede medirse en términos de acción, ¿verdad?, no sé si alguna vez lo han pensado. En ese momento ustedes y yo estamos hablándolo juntos, cara a cara, ambos estamos interesados y queremos descubrirlo. Todos sabemos lo que es esa sensación de belleza, de amor ─nos referimos al amor en sí mismo, no a la descripción o explicación verbal del amor, la palabra amor no es amor, y aunque la mente intelectual lo divida en amor profano, sagrado o divino, todo eso no tiene sentido alguno─, pero la belleza de esa sensación no puede expresarse con palabras ni la mente puede reconocerlo…, sabemos lo que eso es, realmente es algo de lo más extraordinario en donde no existe la noción de que sea ‘algo’ separado, sólo existe esta sensación, el observador está ausente; no es que uno sienta amor y lo manifieste tomando la mano del otro o actuando de este o de aquel modo, está ahí. Si alguna vez han tenido ese sentimiento, si lo han vivido alguna vez, si lo han comprendido, experimentado, nutrido, si lo han sentido completamente con todo su ser, sabrán que con ese sentimiento uno puede vivir en este mundo; por consiguiente educará a sus hijos de forma admirable, porque ese sentimiento será el centro de la acción, aunque funcione en el campo del ámbito del tiempo, pero si no tenemos ese sentimiento con su gran inmensidad, su pasión, su fuerza, limitamos el amor a un simple “te amo” y sólo actuamos en el ámbito del tiempo intentando atraer la mirada de la otra persona.


Como ven ese es el problema. El amor no tiene medida, es algo que la mente no puede producir, no puede cultivar, no es sentimental, no tiene nada que ver con lo emocional, ni con las buenas obras…, con la reforma del pueblo y todo eso. Cuando uno tiene ese sentimiento todo en la vida es importante, tiene sentido, de modo que uno hará el bien, pero si no conoce esa belleza, esa profundidad, esa fuerza que tiene, entonces reducirá el amor a algo que la mente capturará y lo convertirá en respetable. Lo mismo sucede con la acción, que ahora estamos tratando de comprender.


La acción es un movimiento infinito, no tiene principio ni fin, no está limitado por la causa y el efecto; la acción es todo…, la acción del mar, de la semilla de mango que se convierte en árbol, etcétera; sin embargo, la mente humana no es una semilla y, por eso, mediante su acción sólo se convierte en una reproducción modificada de lo que era. Las circunstancias ejercen una presión constante en nuestras vidas y, aunque esas circunstancias estén siempre cambiando, moldean en todo momento nuestras vidas, lo que era ya no es, lo que es puede dejar de ser, por tanto, ¿es posible percibir, sentir esta inmensa acción de la vida que abarca desde el movimiento de la pequeña lombriz en la tierra hasta la expansión de los cielos infinitos? Si realmente quieren saber qué es este algo extraordinario, esa acción, deben investigar y profundizar en ese impedimento que es la acción dentro el tiempo, entonces sabrán lo que es y con ese sentimiento podrán actuar, podrán ir al trabajo y hacer todas las cosas conocidas en el campo del tiempo; pero desde estas cosas que pertenecen al campo del tiempo no pueden encontrar lo otro, hagan uno lo que hagan, a través de lo pequeño nunca podrán encontrar lo inconmensurable.

Si por una sola vez vieran la verdad de esto…, de que una mente que funciona dentro del campo del tiempo jamás podrá comprender lo eterno, eso que está fuera del tiempo…, si realmente lo vieran, lo sintieran, se darían cuenta de que una mente que especula acerca del amor y lo divide en carnal, profano, divino o sagrado, nunca puede descubrir lo otro; mientras que si son capaces de sentir esta acción asombrosa…, el movimiento de las estrellas, de los bosques, de los ríos, del océano, el comportamiento de los animales y de los seres humanos…, si pueden sentir la belleza de una hoja tierna en primavera, la lluvia en su descenso de los cielos, entonces, con ese sentimiento inmenso podrán actuar dentro del campo de lo conocido, dentro del campo del tiempo; pero la acción que pertenece al campo del tiempo nunca puede conducir a lo otro. Si de verdad comprenden esto, no verbal o intelectualmente, si de verdad captan su significado, si sienten y perciben su extraordinaria belleza y esplendor, verán que la voluntad no interviene en nada de todo esto. Cualquier acción que surge de la voluntad es esencialmente egoísta, egocéntrica, pero esa acción termina si uno la comprende por completo, si realmente siente que se mueve con ella y pone toda su mente. Entonces verá que la voluntad en ninguna de sus formas es necesaria, porque existe un movimiento completamente distinto, verá que la voluntad sólo es un pedazo de cuerda con nudos y que es posible deshacerlos. Esa voluntad puede eliminarse, pero lo otro ni se puede eliminarse, ni puede aumentarse o disminuirse.


Así pues, si están escuchando y aprendiendo con todo su ser, lo cual significa sintiendo profundamente, no escuchando sólo las palabras intelectualmente, entonces sentirán el extraordinario movimiento del aprender, de Dios…, no el dios hecho por la mano o la mente, ni el dios del templo, de la mezquita o de la iglesia, sino ese algo infinito e inconmensurable, lo eterno. Entonces verán que es posible vivir en este mundo con una paz asombrosa, que no existe tal cosa como la tentación, como la virtud, porque la virtud es simplemente una cuestión social. El hombre que comprende todo esto, que lo vive, tiene orden y calma interna, su acción es del todo diferente, es mucho más efectiva, más simple y más clara, porque internamente no hay confusión ni contradicción.


Una mente que depende de conclusiones nunca es humilde. Si uno aprende algo tiene que cargar con el peso de ese conocimiento, pero si hay un estar aprendiendo, eso no representa carga alguna y, por tanto, uno puede subir hasta la cima de la montaña. Como dos seres humanos, usted y yo, hemos hablado de algo que no pueden captar las palabras, sin embargo, al escucharnos mutuamente, al investigar, al comprender, hemos encontrado algo extraordinario, algo inagotable, mientras que esa vida que el ‘yo’ reduce y se aferra es perecedera; de modo que si uno es capaz de ver esa vida extraordinaria desde principio a fin, si ha profundizado, si lo ha sentido, si ha bebido de su fuente, entonces puede vivir la vida diaria perfectamente con lo nuevo, puede realmente vivir. El hombre respetable no vive, está muerto; y la muerte no puede invitar esa cosa que es la vida, la vida es para vivirla y olvidar…, porque no hay un ‘yo’ que recuerde lo que se vive durante la vida. Únicamente cuando la mente está en ese estado de completa humildad, cuando no tiene ninguna meta para su pequeña existencia, cuando no se mueve de un punto a otro, de experiencia en experiencia, de conocimiento en conocimiento…, sólo esa mente que realmente, completamente, de verdad no busca, conoce el infinito principio y final de la existencia.

Bombay, Segunda charla, 30 de noviembre de 1958

Obras completas, Tomo XI


¿Qué es la riqueza interior?





Un mendigo había estado sentado más treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido. “Una monedita”, murmuró mecánicamente el mendigo,alargando su vieja gorra de béisbol. “No tengo nada que darle”, dijo el desconocido.

Después preguntó: “Qué es eso en lo que está sentado?” “Nada”, contestó el mendigo.

“Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?”, preguntó el desconocido. “No” dijo el mendigo. “¿Para qué?

No hay nada dentro”. “Échele una ojeada”, insistió el desconocido.

El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.

Yo soy el desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire dentro.

No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo.

“¡Pero yo no soy un mendigo! “, le oigo decir.


Los que no han encontrado su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan dentro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.


La palabra iluminación evoca la idea de un logro sobrehumano y el ego quiere conservar las cosas así, pero es simplemente el estado natural de sentir la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, es esencialmente usted y sin embargo es mucho más grande que usted.

Es encontrar su verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma. La incapacidad de sentir esta conexión da lugar a la ilusión de la separación, de usted mismo y del mundo que lo rodea. Entonces usted se percibe a sí mismo, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo y el conflicto interior y exterior se vuelve la norma.


Me encanta la sencilla definición de la iluminación dada por Buda como “el fin del sufrimiento”. No hay nada sobrehumano en esto, ¿cierto? Por supuesto, como toda definición, es incompleta. Sólo dice lo que la iluminación no es: no es sufrimiento.

¿Pero qué queda cuando ya no hay sufrimiento? El Buda no habla sobre esto y su silencio implica que usted tiene que averiguarlo por sí mismo. Usa una definición negativa para que la mente no la convierta en algo que se deba creer o en un logro sobrehumano, una meta que es imposible de alcanzar. A pesar de esta precaución, la mayoría de los budistas aún cree que la iluminación es para el Buda, no para ellos, al menos no en esta vida.

Extraído de “El poder del ahora” Autor Eckhart Tolle

POSDATA:
Creo que en la espiritualidad hay esnobismo. También creo que hay algo peor que el esnobismo: el oscurantismo.Este último conspiró durante largo tiempo en Occidente para acercar la herramientas que nos permitieran abrir la caja donde guardamos nuestro gran tesoro.


Hoy ha llegado a mis manos este libro y realmente me ha sorprendido que tanta gente lo leyera, no porque no lo merezca , todo lo contrario, sino porque muchas veces no nos damos cuenta con que velocidad se está generando conciencia acerca de estos temas.

El texto que publico tiene una reminiscencia a Erich Fromm (El arte de amarPINCHE AQUÍ PARA LEER), básicamente en el concepto de separatidad ,pero no por eso me parece menos bello.
Soy consciente que, como dice el Maestro Krishnamurti en el post anterior, es muy difícil que las palabras cambien nuestras vidas.

“Lo que yo digo tiene muy poco valor; usted lo olvidará una vez cierre este libro, o recordará y repetirá ciertas frases, o comparará con lo que ha leído en otros libros, pero no se enfrentará a su propia vida”.

Pero también es cierto que todo paso hacia adelante nos acerca.
De la intuición de que en algunas palabras exista sabiduría a la certeza interior de descubrirnos como el origen de nuestra riqueza, hay un largo camino, que por supuesto debemos construir nosotros mismos ,¿cómo?. Creo yo con servicio…Dharma.

Toda experiencia CONCIENTEMENTE vivida y ASIMILADA constituye el Yoga, que despierta nuestro potencial verdadero y nos a cerca hacia el verdadero Samadhi, hacia la auténtica plenitud y felicidad.

Namasté!

Adriana

Uno mismo. Por J. Krishnamurti.




Krishnamurti un inagotable manantial de sabiduría nos desnuda hoy,ante a nuestra propia mirada, leamoslo:

Necesitamos una tremenda cantidad de energía para comprender la confusión en que vivimos, y el estar convencido de que “tengo que comprender”, produce la vitalidad para investigar. Pero la búsqueda, la investigación implica tiempo, y como hemos visto, el descondicionamiento gradual de la mente no es el camino. El tiempo no es el medio.

Ya seamos viejos o jóvenes, es AHORA cuando el proceso total de la vida puede llevarse a una dimensión diferente.

Buscar lo opuesto de lo que somos tampoco es el medio, ni lo es la disciplina artificial impuesta por un sistema, un maestro, un filósofo, o un sacerdote. Todo eso es muy infantil. Cuando nos damos cuenta de esto, nos preguntamos si será posible abrirse paso inmediatamente a través de este pesado condicionamiento de siglos sin entrar en otro condicionamiento, ser libres para que la mente pueda ser del todo nueva, sensible, viva, alerta, apasionada, capaz. Ese es nuestro problema. No hay otro, porque cuando la mente llega a ser nueva puede afrontar cualquier problema. Esa es la única pregunta que tenemos que formularnos.

Pero no preguntamos. Deseamos información. Una de las cosas más curiosas de la estructura de nuestra psique es que todos queremos que se nos dé información porque somos el resultado de diez mil años de propaganda. Queremos que otra persona confirme y corrobore lo que pensamos; sin embargo, la pregunta sólo es auténtica cuando uno se la hace a sí mismo.

Lo que yo digo tiene muy poco valor; usted lo olvidará una vez cierre este libro, o recordará y repetirá ciertas frases, o comparará con lo que ha leído en otros libros, pero no se enfrentará a su propia vida.

Y esto es lo único que importa: su vida, usted mismo, su pequeñez, su superficialidad, su brutalidad, su violencia, su codicia, su ambición, su sufrimiento diario y su dolor interminable. Esto es lo que tiene que comprender, y nadie en la tierra o en el cielo lo va a hacer por usted, sino usted mismo.

© KFTLibérese del pasado.

POSTEADO CON PERMISO DE KFT LATINOAMERICA

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¿Qué es la riqueza interior?



Un mendigo había estado sentado más treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido. “Una monedita”, murmuró mecánicamente el mendigo,alargando su vieja gorra de béisbol. “No tengo nada que darle”, dijo el desconocido.

Después preguntó: “Qué es eso en lo que está sentado?” “Nada”, contestó el mendigo.

“Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?”, preguntó el desconocido. “No” dijo el mendigo. “¿Para qué?

No hay nada dentro”. “Échele una ojeada”, insistió el desconocido.

El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.

Yo soy el desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire dentro.

No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo.

“¡Pero yo no soy un mendigo! “, le oigo decir.


Los que no han encontrado su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan dentro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.


La palabra iluminación evoca la idea de un logro sobrehumano y el ego quiere conservar las cosas así, pero es simplemente el estado natural de sentir la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, es esencialmente usted y sin embargo es mucho más grande que usted.

Es encontrar su verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma. La incapacidad de sentir esta conexión da lugar a la ilusión de la separación, de usted mismo y del mundo que lo rodea. Entonces usted se percibe a sí mismo, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo y el conflicto interior y exterior se vuelve la norma.


Me encanta la sencilla definición de la iluminación dada por Buda como “el fin del sufrimiento”. No hay nada sobrehumano en esto, ¿cierto? Por supuesto, como toda definición, es incompleta. Sólo dice lo que la iluminación no es: no es sufrimiento.

¿Pero qué queda cuando ya no hay sufrimiento? El Buda no habla sobre esto y su silencio implica que usted tiene que averiguarlo por sí mismo. Usa una definición negativa para que la mente no la convierta en algo que se deba creer o en un logro sobrehumano, una meta que es imposible de alcanzar. A pesar de esta precaución, la mayoría de los budistas aún cree que la iluminación es para el Buda, no para ellos, al menos no en esta vida.

Extraído de “El poder del ahora” Autor Eckhart Tolle

POSDATA:
Creo que en la espiritualidad hay esnobismo. También creo que hay algo peor que el esnobismo: el oscurantismo.Este último conspiró durante largo tiempo en Occidente para acercar la herramientas que nos permitieran abrir la caja donde guardamos nuestro gran tesoro.


Hoy ha llegado a mis manos este libro y realmente me ha sorprendido que tanta gente lo leyera, no porque no lo merezca , todo lo contrario, sino porque muchas veces no nos damos cuenta con que velocidad se está generando conciencia acerca de estos temas.

El texto que publico tiene una reminiscencia a Erich Fromm (El arte de amarPINCHE AQUÍ PARA LEER), básicamente en el concepto de separatidad ,pero no por eso me parece menos bello.
Soy consciente que, como dice el Maestro Krishnamurti en el post anterior, es muy difícil que las palabras cambien nuestras vidas.

“Lo que yo digo tiene muy poco valor; usted lo olvidará una vez cierre este libro, o recordará y repetirá ciertas frases, o comparará con lo que ha leído en otros libros, pero no se enfrentará a su propia vida”.

Pero también es cierto que todo paso hacia adelante nos acerca.
De la intuición de que en algunas palabras exista sabiduría a la certeza interior de descubrirnos como el origen de nuestra riqueza, hay un largo camino, que por supuesto debemos construir nosotros mismos ,¿cómo?. Creo yo con servicio…Dharma.

Toda experiencia CONCIENTEMENTE vivida y ASIMILADA constituye el Yoga, que despierta nuestro potencial verdadero y nos a cerca hacia el verdadero Samadhi, hacia la auténtica plenitud y felicidad.

Namasté!

Adriana
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Krishnamurti ,Amor y sexualidad

La relación es el espejo en el que nos vemos a nosotros mismos tal como somos. Toda vida es un movimiento en relación. No existe nada viviente sobre la Tierra que no esté relacionado con una cosa u otra. Aun el ermitaño, un hombre que se marcha a un paraje solitario, sigue en relación con el pasado y con aquellos que le rodean. No es posible escapar de la relación. En esa relación, que es el espejo que nos permite vernos a nosotros mismos, podemos descubrir lo que somos, nuestras reacciones, nuestros prejuicios y temores, las depresiones y ansiedades, la soledad, el dolor, la pena, la angustia. También podemos descubrir si amamos o si no hay tal cosa como el amor. Por lo tanto, examinaremos este problema de la relación, porque la relación es la base del amor.
Madras, India, 26 de diciembre de 1982

El sexo se vuelve un problema extraordinariamente difícil y complejo en tanto no comprendemos la mente que piensa acerca del problema. El acto sexual en sí nunca puede ser un problema, lo que crea el problema es el pensamiento a cerca del acto.
La Libertad Primera y Última

Cuando vemos todo esto: lo que hacemos del amor, del sexo, de la autocomplacencia, de tomar votos contrarios al sexo…, cuando vemos el cuadro completo, no como una idea sino como un hecho real, entonces el amor, el sexo y la castidad son una sola cosa. No están separados. Es la separación de las relaciones la que corrompe. El sexo puede ser tan casto como el cielo azul sin nubes; pero con el pensamiento, la nube llega y oscurece el cielo.
Conversaciones

Cuando hay amor, el sexo jamás es un problema.
Cuando somos jóvenes, tenemos fuertes impulsos sexuales casi todos tratamos de habérnoslas con estos deseos controlándolos y disciplinándolos, porque pensamos que sin alguna clase de restricción nos volveremos excesivamente lascivos. Las religiones organizadas se preocupan mucho acerca de nuestra moralidad sexual, pero nos permiten cometer violencia y asesinato en nombre del patriotismo, entregarnos a la envidia y a la crueldad más astuta, perseguir el poder y el éxito. ¿Por qué se interesan tanto en este tipo particular de moralidad y no atacan la explotación, la codicia y la guerra? ¿No es porque las religiones organizadas, siendo parte del medio que hemos creado, dependen para su existencia de nuestros temores y nuestras esperanzas, de nuestra envidia y nuestro espíritu separativo? Por consiguiente, en el campo religioso como en todo otro campo, la mente está presa en las proyecciones de sus propios deseos.

Mientras no haya una profunda comprensión de todo el proceso del deseo, la institución del matrimonio tal como hoy existe, ya sea en Oriente como en Occidente, no puede proporcionar la respuesta al problema sexual. El amor no es inducido por la firma de un contrato, ni se basa en un intercambio de gratificaciones ni en la mutua seguridad y confortación. Todas estas cosas pertenecen a la mente, y por eso el amor ocupa un lugar tan pequeño en nuestras vidas. El amor no es cosa de la mente, es por completo independiente del pensamiento con sus astutos cálculos, sus exigencias y reacciones auto protectoras. Cuando hay amor, el sexo jamás es un problema; lo que crea el problema es la falta de amor.

Los obstáculos y escapes de la mente constituyen un problema, y no el sexo o alguna otra cuestión específica; por eso es importante comprender el proceso de la mente, sus atracciones y repulsiones, sus respuestas a la belleza, a la fealdad.


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