La planta

DESCRIPCIÓN DE LA PLANTA

Científicamente se conoció la planta de yerba mate en Europa desde principios del siglo XIX con la denominación de “Ilex theazans” dada por Bonpland en 1821, en tanto que Saint Hilaire. en 1822, denominó “Iles paraguariensis” en las “Memoires du Museúm d’Histoire naturale” ó en su “Histoire des plantes plus remarquables du Brasil et du Paraguay” (1824) a la planta de yerba mate que encontrara en Curityba, usando esta denominación de especie en razón de que los antiguos historiadores españoles usaban para el adjetivo “paraguayo” la palabra latina “paraguariensis”.

Tal denominación ha prevalecido sobre las de “Ilex paraguayensis”, “Ilex Mate”. “Ilex paraguensis Lambert”, “Ilex paraguaiensis Unger”, “Ilex Curitibensis” y muchísimas otras con las que se le ha descripto.

Pertenece la yerba mate a la clase de las dicotiledóneas, diapétales corolianas, familia de las Aquifoliáceas, del género Ilex que comprende casi toda la familia (175 de las 181 especies) dispersas en toda Sudamérica.

Planta originaria de la América del Sur, abunda en estado silvestre y en plantaciones cultivadas.

Por lo general en el cultivo y explotación racional, por razones prácticas. se mantiene su altura entre unos 3 a 6 metros presentando un corto tronco que se ramifica a escasa altura del suelo,-adquiriendo así, por sucesivas podas,- el aspecto de un pequeño arbusto.

En estado silvestre. en cambio, donde necesita unos 30 años para su desarrollo completo, alcanza alturas de hasta 12-16 metros, formando un majestuoso árbol, cargado de hojas, de tronco recto de hasta 50-70 centímetros de diámetro, de corteza lisa y color grisáceo-ceniciento.

Sus hojas perduran en la planta unos tres años. son alternas coráceas, de forma cuneiforme, ovales o elípticas, con borde ligeramente dentado. Sus dimensiones difieren según las variedades, entre 5 a 10 y 15 centímetros de largo por 2 a 5 de ancho, más o menos.

En estado de plena madurez son espesas, duras y lucientes como enceradas. de color verde más intenso en su cara superior que en la inferior presentando un corto pecíolo de color claro verdoso, a veces ligeramente rosado.

Su nervadura central y secundaria, se destaca netamente por su color amarillo verdoso en la cara superior de la lámina foliar, y por ser muy salientes en la cara inferior.

La floración, que tiene lugar entre los meses de octubre a diciembre, de tipo racimoso, en forma de falsas panojas, desarrollándose en las axilas de las hojas y en la base de las ramitas en número de 40 a 50 flores por racimo.

Sus flores son muy pequeñas, polígamas, diocas, con cáliz y corola de constitución tetrámera, aún cuando suelen encontrarse, sobre un mismo pie, ejemplares con 5 pétalos, con nervadura central y terminadas en punta, de color blanquecino o pálido verdoso, con igual número de estambres (4 o 5) ubicados entre los intervalos de éstos, presentando, según sea su género, un gineceo normal o atrófico.

Después de la fecundación se desarrollan los frutos que consisten en una pequeña baya de unos siete milímetros de diámetro, que madura entre los meses de enero a marzo, adquiriendo un color azul oscuro o negro violáceo y coronado por un pequeño estigma más o menos saliente.

Cada fruto que desecado tiene el aspecto de un grano de pimienta, contiene generalmente de 4 a 8 semillitas de color amarillo pálido, ligeramente rugosas, dispuestas como segmentos de naranja.

La raíz, do color marrón, es de tipo pivotante, con raíces secundarías que se insinúan en el mismo sentido.

La epidermis superior de la lámina foliar se halla formada por células de contornos poligonales, de ángulos redondeados, con abundantes estrías cutículares, No presenta nunca estomas ni pelos.

La epidermis de la cara inferior, también constituida por células poligonales estriadas, presenta en cambio dos tipos de estomas. Los unos pequeños y abundantes, muy similares a los que se observan en las hojas del té (Thea assámíca) y otros, de mayor tamaño, muy raros, al punto de que la frecuencia de estos suele ser revelador, en el producto elaborado sometido a análisis, de la presencia de algún adulterante.

Lea células estomáticas se introducen en forma de cuña papìliforme entre las células epiteliales, formando un pequeño ostiolo respiratorio. Debajo de la epidermis superior se encuentran células parenquimatosas en empalizada, en variable cantidad de capas. Sigue luego el tejido parenquimatoso esponjoso que asienta sobre la epidermis inferior.

Centralmente se halla surcado por el haz de tubos y vasos cribosos de la nervadura central que, en la hoja madura se halla por lo general rodeado de un anillo esclerenquimatoso, fuera del cual se observan numerosos cristales de oxalato de calcio.

En las ramitas se observan las siete capas histológicamente comunes a todas las dicotiledóneas:

La semilla presenta tres cantos bien definidos, reforzados por una doble costilla longitudinal de finas fibras y su segmento se halla surcado por finísimas estrías entrecruzadas en todos los sentidos.

Sigue a esta envoltura exterior esclerenquimatosa una delgada capa celular interna con restos de un haz de tubos cribosos.

E1 tegumento interno envuelve a un pequeño endosperma y la radícula germinativa orientada paralelamente al hilo.

Constituida así la semilla en un 80 % de tegumentos y sólo el pequeño resto por el endosperma y la radícula, no es de extrañar su muy dificultosa germinación.

COMPOSICIÓN DE LA YERBA MATE

La verba mate ha sido analizada multitud de veces, no obstante lo cual se sabe muy poco. hasta el presente, sobre la influencia que en su composición tiene la región de origen, su carácter de planta silvestre o de cultivo, su pureza, los métodos de elaboración, etc.

Las primeras investigaciones analíticas se deben a Trommsdorf (1836) y Stenhouse (1843) a los que se sumaron luego muchísimos otros investigadores, que aportan cifras más o menos similares, debiendo atribuirse las ligeras diferencias existentes a la diversidad del material analizado.

Walter Hauschild, sobre ocho muestras de producto de cultivo, cosechado en Santo Pipó (Misiones) consigna los siguientes valores:

En la ceniza residual, que varía entre un 4.8 al 8,7 %, comprobó, entre otras, la presencia de: Si O2, CaO, MgO, Mn3 O4 y Fe2O2

Otros análisis han revelado la existencia de vitaminas A, B1, B2 y C.

Su cultivo

Región, origen, suelo y clima

El área de distribución natural de la planta de yerba mate es muy restringida, encontrándosela en estado silvestre o en plantaciones cultivadas en la zona delimitada por el Este por el Océano Atlántico y al Oeste por el río Paraguay entre los 18 y 30 grados de latitud sur.

Planta típica da la cuenca del Alto Paraná, Alto Uruguay y algunos afluentes del río Paraguay; los ensayos efectuados en regiones de igual clima, en América del Norte, África y Asia han fracasado hasta el presente.

Suele encontrársela rebasando aisladamente hacia el norte esta zona, entre ejemplares de araucarias brasiliana, pero recién alcanza a formar “manchones” y montes cerrados en las latitudes más australes.

Como planta subtropical o tropical, requiere elevadas temperaturas, mucha humedad en la tierra y el ambiente, condiciones que poseen las zonas bañadas por el Alto Paraná, con abundancia de macizos boscosos y cursos de agua abundantes como para satisfacer las exigencias de esto cultivo, que necesita unos 1.500 milímetros de lluvia anuales, con caídas frecuentes en los meses de septiembre a febrero.

La temperatura media de la zona yerbatera oscila entre los 15,5 25,5 grados centígrados, estimándose la óptima para el cultivo entra 20 – 23º C. como media anual. Pero, planta noble por excelencia, soporta heladas ocasionales de hasta -8º C. siempre que no haya sido despojada de sus hojas.

Prospera notablemente en los suelos areno-arcillosos y arcillo-arenosos, ricos en ácido fosfórico, potasio y hierro, donde las aguas no se estanquen y el subsuelo sea permeable, prefiriendo los suelos profundos y frescos.

Las tierras coloradas de Misiones, cargadas de óxido de hierro, conocidas como lateríticas, son las que se consideran las mejores, habida cuenta del desarrollo que la yerba mate adquiere sobre este tipo de suelo.

En la peculiar constitución anatómica de la semilla y particularmente si éstas no son frescas, radican las dificultadas de su germinación.

Precisamente la carencia de semillas frescas que debían traerse de largas distancias, fueron causal de los fracasos y desalientos iniciales de los pioneros de su cultivo, Tanto fue así que se consideraba como incuestionable que, siendo una planta esencialmente selvática, sólo germinaba y prosperaba en su hábitat natural y dio pie para que la población autóctona, en su mente infantil, afirmara que desde la expulsión de los jesuitas una maldición pesaba sobre la planta. impidiendo su propagación artificial.

Sometíanse las semillas a baños de lejías y cáusticos a hacíanse pasar, previo a su siembra. por el tracto intestinal de algunas gallináceas.

Hoy la formación de almácigos ha dejado de ser un problema. Semillas frescas, obtenidas de frutos maduros, quebradas y remojadas por algunas horas en agua, lavadas y limpias del hollejo y la pulpa mucilaginosa, una vez secas y sembradas al voleo entre los meses de marzo-abril, en platabandas de tierra vegetal y recubiertas luego por un ligero mantillo de buena tierra vegetal, liviana, con abundante riego y buen cuidado; germinan y brotan entre los 30 a 60 días.

Cuando la plantita de almácigo -protegida adecuadamente bajo carpas móviles de arpilleras- alcanza a tener 4 o 5 hojitas, se las lleva al vivero, extrayéndolas con un poco de tierra. Esta tarea suele hacerse también mediante el uso de macetitas de barro crudo o cilindros de laminillas de madera, donde se las mantienen durante nueve meses a un año a media sombra y bien regadas hasta el momento de su traslado al lugar definitivo.

En los primeros cultivos se llevaba la planta de vivero -una vez alcanzados unos 30 a 80 ctm. de alto- a los hoyos preparados adecuadamente y distribuidos uniformemente, en cuadrilátero o tresbolillo, a distancias variables entre 3 x 3 a 3,5 x 3,5 o más metros entre plantas y filas.

Al autorizarse en el año 1953 la renovación y ampliación de los cultivos, por resolución del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación, se dispuso la obligatoriedad de efectuar las plantaciones -con un máximo de hasta 1000 plantas por hectárea- en “curvas de nivel” a efectos de precaver los cultivos de la intensa erosión hídrica, notable en Misiones en razón de sus tierras onduladas, sometidas a frecuentes lluvias torrenciales.

Con ello se modificó simultáneamente la forma de plantación que, con frecuencia se realizó sin la preparación de hoyos, colocando la plantita directamente en la tierra, bien trabajada, en surcos adecuados a las curvas trazadas conforme al declive del terreno.

Durante los primeros tiempos, mediante “aripucas” (pirámides construidas con astillas de maderas, entrecruzadas) “ponchos” o “pantallas” de paja brava, o “estacas”, abiertas hacia el norte, se protege a la plantita del frío, viento e insolación.

En el período de su arraigo, un año aproximadamente. se reponen las fallas y mantienen limpias de malezas por sucesivos carpidos, en tanto que en los años siguientes se procede, mediante poda, a dar forma adecuada a la futura planta.

De estas podas dependerá luego una buena cosecha por lo que se trata de obtener una planta de escasa altura y gran copa, que permita una buena luminosidad y facilite el acceso y labor del cosechero.

Las plantaciones de yerba mate, que no se hallan exentas de algunas enfermedades y plagas -hormigas. metaphalara, cochinillas, chicharras. taladros, etc: requiere, para su buena conservación, numerosos trabajos culturales anuales, que se adecuan a las necesidades y características de la plantación y terreno, consistentes en “podas de limpieza”, carpidas, aradas y disqueadas, macheteadas, etc; tareas que en la actualidad han sido tecnificadas.

Reseña histórica

El origen del uso de la yerba mate, alimento básico de los indios guaraníes y conocida por éstos como CAA-MATE, de cuyos términos “caá” significa en idioma guaraní “planta o hierba”, en tanto que “mate”, se supone derivado de la palabra quichua “matí”, con la cual designaban a la calabacilla que usaban en general para beber, se pierde en lo remoto del tiempo. Pero es indudable, que de ellos, quienes sorbían el mate mediante bombillas hechas de diminutas cañas, o la mascaban durante sus largas marchas, aprendieron su uso los conquistadores españoles.

Atribuye Ruiz Díaz de Guzmán, en su historia escrita en el año 1612 a Hernando Arias de Saavedra, el descubrimiento del uso de las hojas de yerba mate en 1592.

Este habría encontrado en las “guayacas” (Pequeños sacos de cuero en el que el indio transportaba sus más preciados bienes) de indios hostiles tomados prisioneros, envueltos en delgadas y suaves pieles, un polvo que resultó ser “caá”.

Las virtudes que se le atribuyen, y a los que se refieren numerosos relatos de aquellos tiempos, hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico regular del producto, desde su zona de origen a todo el virreinato. Más tarde, los jesuitas radicados en el Paraguay a comienzos del siglo XVII, a fin de evitar las grandes distancias que los separaban de los lugares de producción, introdujeron el cultivo en algunas de sus “reducciones” o “misiones” distribuidas en la región que constituyen la provincia de Misiones, parte de Corrientes y parte del Paraguay.

Con la expulsión de los jesuitas, ocurrida en 1769 sobrevino la decadencia de los mismos, la reducción de su población y el abandono de los yerbales cultivados por los mismos. No tan sólo se perdieron éstos, sino que hasta la tradición de su cultivo.

Medio siglo después, el célebre médico y naturalista francés Aimé Goujaud, conocido como Bonpland, inició los primeros estudios científicos sobre la planta de yerba mate, su cultivo y sus usos. Con el mismo propósito visitó en 1820 ó 1821 el Paraguay donde solicitó permiso para recorrer algunos yerbales, pero, ante el temor que sus estudios pusieran en peligro al monopolio que sobre la yerba mate ejercía el Paraguay, fue tomado prisionero y confinado al interior del país, de donde recién fue liberado en 1829 ante gestiones de Alejandro Humboldt y del gobierno francés.

Fue Federico Neumann en la Colonia “Nueva Germania” en el Paraguay, al margen del río Aguaray Guazú, quien luego de muchos años de fracasados intentos logró obtener la germinación de semillas de yerba mate en 1896, obteniendo por primera vez en 1901, después del esplendor de la época jesuítica, un producto elaborado con yerba mate de cultivo.

Muv poco después, en 1903, se realizó la primera plantación racional y de importancia, en San Ignacio, Misiones, precisamente en la región donde venerables ruinas jesuíticas recuerdan los tiempos del esplendor de esas tierras.

Tras los ensayos y tanteos iniciales, a partir del año 1911 comienza a expandirse el cultivo.

Fomentado oficialmente mediante el otorgamiento de tierras fiscales. condicionadas a la obligación de plantar, según fuera la extensión del predio, de un 20 al 75 % de la superficie con yerba mate, se espande rápidamente el cultivo hasta alcanzar en el año 1935 una superficie de unas 66.000 hectáreas deteniéndose su expansión al sancionarse la Ley 12.236 que con el propósito de adecuar el volumen de la producción a las posibilidades de su colocación en el mercado interno, prohibió tácitamente la realización de nuevas plantaciones, al establecer un impuesto de cuatro pesos moneda nacional por toda nueva unidad que se incorporase al yerbal aumentando el número de las existentes al sancionarse la Ley.

Años más tarde, 1953, ante la evidente decadencia de las plantaciones, se autorizó oficialmente la ampliación del cultivo, libre de impuesto, en 35.000 hectáreas, de las cuales se plantaron únicamente unas 18.000 Hs.

Es así que a fines del año 1957 se liberó del impuesto que establecía la citada Ley en general y sin discriminaciones, la ampliación de los cultivos existentes hasta una superficie de 15 hectáreas y la realización de nuevos yerbales hasta ese límite.

Esa liberación de impuesto que rigió por el año 1958 para la zona de tierras de campo y hasta fines de 1959 para los de monte, atento a los mayores trabajos culturales y técnica de implantación que requiere la realización de plantaciones en esta última zona (desmonte. rosado, destroncado, etc.) se concretó con la implantación de unas 65.000 hectáreas. estimándose en la actualidad entre unas 130.000 a 140.000 hectáreas, la superficie cultivada de yerbales en productividad, distribuidas entre unos 14.000 productores.