De los sueños despierta XV

Javier había sido su amigo, su confesor, el que la hacia reír SIEMPRE. Una especie de primo. Un chico 2 años menor con el que compartía las tardes de playa y las noches de boliche en la costa con un grupo de amigos heterogéneo, loco, artístico, libre.

Javier la esperaba en el altar con una sonrisa de oreja a oreja. Ella, lo miraba ansiosa, sonriente, feliz en una túnica onda hippie, con el pelo suelto y lleno de pequeñas florcitas blancas.

Javier se había convertido en aquel hombre al que jamás merecería.

De joven no era capaz de merecer el amor de nadie. Este chico, le habría dicho que la quería en medio de un juego, en un contexto jocoso, de cosquillas, y chistes. A ella esto la habría emocionado, pero sabía que lo debía tomar como chiste. Lo adoraba, lo veía, sabía quien era, que quería, como lo quería…lo conocía.

Pero el no iba a verla, no iba a entenderla, se iba a aburrir, y no lo quería perder. Se resigno a verlo envuelto con muchas chicas, y lo apoyaba en las relaciones que tenia.

Javier, así, se convirtió en un alejado miembro de su familia. Alguien distante, un contacto en el facebook. Unos años después de su confesión, ella lo abrazo en gesto de agradecimiento, y el habría largado un: “Vos ya tuviste tu oportunidad.”

Dolidos los dos, se apartaron el uno del otro.

La vida continúo y conoció a Martin y se caso, y la imagen de Javier se vio tapado por un montón de fotos familiares, de nuevos amigos, de nuevos trabajos y experiencias.

El siguió con su carrera de música, siguió fiel a su arte, y no se vieron más.

A veces, ponemos distancias irrevocables. Distancias impensadas de aquellos que mejor nos hacen. Todo esto es casi imperceptible, pero doloroso en algún aspecto del alma, que se pierde con la vida, los roces, las malas experiencias.

Javier la seguiría esperando en el altar de sus sueños: Inalcanzable, precioso, ideal.

Y ella lo seguiría queriendo secretamente, sin esperar nada de su parte, saludándolo por su cumple, sus recitales, y ocasiones donde sus padres se encontraban en alguna de sus casas a jugar truco.

Javier era el hijo del mejor amigo de su padre. Y siempre que se encontraban por mail  o sms o mensajes en MSN se describía como el “hijo de” o el “hno. De” como si no supiera que para ella, él era EL. Los demás eran sus parientes…

Javier representaba la felicidad completa, el sueño de lo imposible, la mejor vida a la que nunca accedemos.