De los sueños despierta XIV

Su día de trabajo igualo a un pandemónium. Flavio estaba raro, las chicas de proyección no daban pie con bola. Quiso comerse una ensalada y se mancho su hermosa camisita blanca.

A las 18hs. Cuando vio que ya casi estaba todo listo, hablo con todos.

“Mañana es el gran día, descansen, vayan a casa, coman bien, duerman bien y vuelvan repuestos.”

Le ofreció a Flavio llevarlo a la facu y el acepto.

“Te veo mejor, se ve que este cavernícola es mas gentil.”

“Es raro, tosco, dulce y seco. No sé qué pensar de el”

“Hace como yo que en esto no reparo ni a palos! Hace algo y me alegro de que hayas tomado una decisión”

“Pero si no tome ninguna decisión!”

“No vas a ir a encontrarte con el ahora?”

“Si, pero…”

“Si, pero nada…Usa forro tonta!” y cerró la puerta, sin más.

“No es así, no voy a eso”, pensó, “Voy a conocerte, a verte a los ojos, a sentir lo que se siente que me toques una mano, a ponerme nerviosa cuando me saludes.”

Y arranco la camioneta convencida de que conocerlo no estaba mal, que se merecía saber de a  poco que es la magia a los 40.

Cuando llego, el estaba saludando a su gente:

“Los quiero renovados mañana, descansen.” (Ella se rio por dentro)

“buenas, Que tal su día?”, le pregunto.

“Hubo mejores, peores, en fin, fue un día más”, Parecía otra persona, más relajado, “acá tengo lo suyo:” Le sonrió.

“Muchas gracias!”, }Y se quedo mirándolo. Era como si hubiera salido el sol.

Los empleados se fueron de a uno saludándolo y él, los despedía.

Cynthia se quedo ahí parada, incomoda, esperando algo que quizás no iba a suceder.

Así fue como lo saludo y salió por la puerta.

Ella creyó que habrían sido sus hormonas y su espíritu adolescente los que le hicieron olvidarse de las llaves dentro de la camioneta. También culpo a su inconsciente y a su pelotudez crónica. Nadie se salvo de la reprimenda moral.

Ella creyó que pedirle ayuda era un atrevimiento pero el rio. Como si por fin confirmara que ella era colgada.

Ella le resultaba refrescante, una mujer no podía ser así. Era seria y graciosa, adulta y aniñada, profesional y dependiente…debería analizarlo mejor.

“No es nada esto. Mi hijo Manuel hizo lo mismo hace unos días. De casualidad, tengo algo por acá que nos puede ayudar:”

“ De casualidad lo conocí, vine a su negocio, y ahora me está salvando de esperar 45 minutos al ACA a las 8 de la noche.”

“Deme un segundito que cierro las persianas y la ayudo.”
Los nervios fueron parejos para los dos. Mientras ella se peinaba y se hacia una colita con el pelo. (De pronto tenía mucho calor) El se olía debajo del brazo y se reía de sí mismo y su boludez.

“ Si no me sale el truco, voy a quedar muy mal!”

“Si no me relajo y distiendo, este tipo nunca se va a arriesgar a invitarme a nada!”, pensó ella mientras le sonreía.

EL abrió la puerta sin problemas. “Ahora se puede ir a casa sin problemas! Pase”

“Muchas gracias, permiso”

Se miraron, y en un gesto de emergencia y al intentar besarse, chocaron las frentes. Doloridos y avergonzados, largaron una carcajada.

“Desde hoy a la mañana que quiero hacer esto, y hago un desastre:”

“No sé porque pero creo que estamos viejos para que las cosas sean tan simples:”

El se acerco despacito, y la beso. Nervioso, suave, urgente, apasionado. EL mastodonte era un dulce. Ella se dejo, sin presiones, sin pensar en responsabilidades, perros, hijos, esposo…nada. Se relajo y lo disfruto.

Unos minutos después, ella cerraba la puerta de la camioneta, y se iba. Estaba en una nube, volando, sonriendo, feliz. Y el cerraba los candados del negocio con una sonrisa de oreja a oreja.

Llego a casa a las 8.30 de la noche.

Todos estaban en sus puestos.

Valen y Rafi, viendo no se qué cosa de futbol en la tele del living.

Los mas chiquitos en sus cuartos respectivamente, jugando con juguetes y dejando un repertorio de porquerías desparramadas por sendos cuartos.

Martin estaba en la cocina al teléfono diciendo:”1 docena de carne, 1 de jamón y queso, 4 caprese, 4 de humita, y 4 de pollo…1 coca y 1 sprite…con $150…Muchas gracias.”

“Hola!”, Le dijo con una sonrisa.

“Hola…”le dijo mientras caía en la rutina nuevamente.