De los sueños despierta XI

La ducha fue larga y reparadora. Cuando sonó el teléfono, salió rápidamente buscarlo en toalla y patinándose. Las sabanas eran una maraña y se complico encontrarlo. Tan pronto como lo hizo grito: “Hola!”

“Hola soy Mauro Stamatti”, Mauro se presento, “la llamo porque me enviaron un material y creo que faltan. Puede ser?”

“Mauro, como le va? Em., si faltan algunas cosas, que pretendo llevarle mañana a la mañana.”

Cynthia tenía frio, el perro encima, el pelo chorreando, y sonó el timbre. Ella voló a la puerta, medio desnuda y resbalándose, con el perro saltándole aviso: “Mauro deme un momentito, si?”

“No hay problema”, Mauro respondió con paciencia. Por lo general, lo hacían esperar, lo hacían entrar por la puerta de atrás como si fuera el de la limpieza y el era diseñador grafico…Se había vuelto iracundo con el tiempo, intolerante, malhumorado…y resoplo, mientras escuchaba como se golpeaba del otro lado, el teléfono de la mina esta que era tan pero tan rara.

Cynthia atendió el portero: “Soy de zen delivery, me envía Gloria.”

“Un minuto, por favor.” dijo y colgó el portero, y mientras tanto se puso la bata, húmeda por el pelo chorreando.

“Mauro espéreme.” Repitió sin esperar a la respuesta.

“Ok.” Dijo el entendiendo de que ella no era normal. Nadie puede vivir así con un perro tan histérico y ser tan colgada.

Cynthia así se encontró en la puerta en bata mojada con el perro que seguía ladrando y rebotando como pelota, el teléfono en la mano. Abrió la puerta.

“Sorpresa, linda. Te traje la comida y el postre”. El morocho musculoso se abrió la camisa y sostenía una bolsita blanca en la mano. Al instante entro y la agarro de la cintura, pero cuando la quiso besar, Cynthia le pego con el teléfono.

“ Esta loco! Fuera de mi casa.”

“Pero Gloria dice que soy lo que necesitas.”

“No, no, no. Deme la comida y se me va de acá.” En un instante de locura, le dio un billete de $5 y le cerró la puerta en la cara.”

Agitada, se sentó en el borde de uno de los sillones con el teléfono en la mano, la bolsita del delivery en la otra, y grito: “La puta que te pario Gloria!”

Por lo bajo se escucho un: “Hola, Sra. Arregui!”

“Mauro! Perdóneme Mauro. Sigue ahí?”

“Si…No hay problema. Llámeme cuando pueda.”

Acto seguido un “TUC”.