Familia homoparental

Por Norma Jara

¿Qué es una familia homoparental? Son los hijos e hijas gestados/as o criados/as dentro del marco de una relación homosexual entre dos hombres (gays) o dos mujeres (lesbianas) ya sea a través de la adopción o de inseminación artificial.

Vivimos en un mundo en el que, gradualmente nos enfrentamos a la disolución de la familia como célula original de la sociedad, en que los hijos/as huyen de su ámbito familiar por diversas razones, otros se apoltronan estableciendo una argumentación, para algunos padres, incomprensible, “estoy cómoda/o acá en casa”, eternizando la conquista de su propia autonomía.

Desde que en la década de 1970, el matrimonio ya no es el paso obligado para la construcción de la familia, y las familias ensambladas dieron origen a nuevas constelaciones parentales de madrastras, padrastros o “cuasi” hermanos, surgieron nuevas maneras de vinculación ante la conquista de los derechos de parejas homosexuales.

La familia homoparental, intenta visibilizarse y estar presente como una forma más de Familia, intentando una y otra vez arremeter contra los prejuicios sociales y levantar bandera de valores frente a la diversidad y en donde la discriminación no encuentre lugar posible.

Para los sociólogos, se trata de la entrada a la era de la “pluriparentalidad”. Se observa entonces una disociación entre la sexualidad y la procreación, entre la alianza y la filiación, entre el parentesco biológico y el parentesco social.
Varios estudios realizados en diversos países, principalmente en Estados Unidos y en el Reino Unido concluyeron que:

  • Los niños y niñas, de familias homoparentales, no difieren de los criados con padres heterosexuales en ningún área del desarrollo intelectual o de la personalidad.
  • Tampoco difieren en identidad sexual, identidad de género u orientación sexual.
  • Cuando aparece alguna diferencia entre ellos/as, por razones de diferencias familiares, éstas son favorables a los/as de familias homoparentales, más flexibles y dispuestos a aceptar la diversidad.

Actualmente en algunos estados de EE.UU., según la Academia norteamericana de pediatría, entre 1 y 9 millones de niños menores de 18 años viven actualmente con padres del mismo sexo, que a través de inseminación artificial y/o alquiler de un vientre, pueden llevar a cabo el proyecto de tener hijos/as. De la misma forma, mujeres lesbianas, toman la elección de la maternidad pero no dejando a un lado su identidad de género y sus prácticas de sexualidad elegida.

¿Por qué muchos homosexuales, durante la mayor parte de su vida, ocultaron sus reales deseos hacia el mismo sexo y construyeron familias heterosexuales? Se entremezcla entonces la cultura, la educación, la culpa, los sentidos religiosos y tal vez la falta de discernimiento entre el verdadero deseo de la paternidad o maternidad, con un mandato pocas veces ineludible.

¿Cuantos homosexuales viven, hoy en día, apartados de sus vínculos de origen por temor al rechazo, o viven sumergidos/as en un permanente enredo de simulacros con el fin de evitar criticas, desempleo, falta de economía, pérdida de amistades? ¿Por qué deberían gays o lesbianas distanciarse del deseo de ejercitar la paternidad o maternidad?

Tal vez, en lugar de estudiar las consecuencias en los niños/as de padres y madres homosexuales, habrá que hacer hincapié sobre las consecuencias, en todos sus sentidos, de la falta de regulación legal, de cobertura social, de reconocimiento cultural, de educación, de los derechos de menores nacidos en familias homoparentales. La homofobia y lesbofobia afectan seriamente al desarrollo y bienestar de varones y mujeres que deciden con quien ejercer su práctica sexual.
La contribución para la visibilizacion de la diversidad, con leyes justas y sin discriminación, es una tarea que nos compete a la sociedad toda. Aún, estamos en deuda.

Familias Homoparentales de Argentina. Primer Asociación Civil, Argentina, que nuclea a las Familias conformadas por dos personas del mismo sexo, con hijos, o buscándolos, nacidos dentro de la pareja mediante métodos de fertilización asistida.
www.familiashomoparentales.es.tl
familiashomoparentales@gmail.com

Publicado en El Anden Periódico Gratuito Nº 7 pag. 02. Propiedad de Ana María Falco. Escuche todos los viernes a las 00.00 por AM1270 Radio Provincia
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El SEXO como mercancía

Por Norma Jara

“Sembremos semillas para cosechar la igualdad entre géneros”

Hoy el sexo es una gran cobertura que disimula todo, un uniforme, una mercadería común que se adquiere en “aparentemente” cualquier supermercado.
Se publicita a través de todos los medios, programas de espectáculos, radio, televisión, gráfica y publicidad: lo que denominamos comúnmente publicidad sexista.

Los valores y los sentimientos se relativizan, “quiero sexo”, “tengamos sexo”, “busco sexo” y “hago sexo”.

Puede ser ocasional, estable, grupal, en pareja. Se intercambia, se cotiza, se recicla y fundamentalmente se descarta fácilmente.

Es el gran adorno de una civilización agónica en donde todo tiene poca importancia y en donde la ausencia del compromiso, de pareja estable pareciera que está fuera de moda.

Pero, detrás de esa gran pantalla, en donde todo el mundo se enrola y se desespera por consumir, se encuentra el vacío y la soledad.

Tal vez por eso los fines de semana grupos de amigos por un lado y amigas por el otro se reúnen a divertirse; “porque las mujeres son unas histéricas y no saben lo que quieren”, mientras por el otro lado escuchamos la misma recriminación…

Estoy sola desde hace un año, estoy solo desde hace 6 meses… ¿Estadísticas de soledad?, o ¿una causa recurrente en donde el sexo esconde otras necesidades de hombres y mujeres? Porque en definitiva cuando hacemos la gran pregunta: ¿Cuánto hace que nada de nada? las respuestas sorprenden y detrás del chico fashion y la chica fácil no es tanto sexo el que se tiene.

¿Acaso admitir que necesitamos ternura, compañía y afecto es mostrarnos débiles? ¿Cuánto de la cultura hay en nosotras y nosotros?

Los jóvenes buscan y esperan encontrar “algo” que los medios se encargan en ilustrar: cuerpos esculturales, músculos marcados, ropa de marca y una sonrisa estereotipada de publicidad de dentífrico o jabón.

“Yo cuando sea grande me voy a poner pechos” me decía el otro día una niña de 12 años. ¿Y los adultos? “Me separé luego de veinte años de convivencia y ahora me dedico a vivir la vida.”. Y antes ¿qué vivía? Menuda reflexión después de haber transitado tanto camino ¿no?

Cuando uno confronta estos discursos plastificados de las relaciones ocasionales o el sexo express, rompen las frases hechas y siempre se encuentran seres tristes, nostálgicos que prefieren mucho más el compartir y sentirse re-conocidos por la otra persona que una noche de SEXO haciendo saltos ornamentales desde el ropero o competencia de rendimiento sexual.

Creo que en la era de la comunicación a través de celular, teléfono, internet y microchips inteligentes detrás de toda esa parafernalia existen los mismos varones y mujeres que se enternecían por un poema de amor o por un abrazo o una mano extendida que consuele una sórdida soledad. No está nada mal volver a ciertas fuentes y redescubrir lo que nos hace falta, lo que nos duele y lo que tanto extrañamos…

Empecemos a sembrar semillas de te quiero, te necesito y te acepto en el jardín de nuestras vidas para cosechar amor.

Publicado en El Anden Periódico Gratuito Nº 6 pag. 02. Propiedad de Ana María Falco
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En la Cuerda Floja

Por Norma Jara

Ser machistas no conduce a la felicidad… La reproducción del modelo, a veces, también la ejercemos las mujeres.

Según wikipedia, el neomachismo es la versión modernizada del machismo y comprende al varón que reconoce que la mujer juega un rol fundamental en la sociedad, con derecho al trabajo y a su vida propia, pero en la vida doméstica se cree con la autoridad suficiente a pedir explicaciones a su compañera y a no realizar aquellas tareas del hogar que aún se consideran poco masculinas, colaborar no es lo mismo que asumir como natural las tareas del hogar.

Aunque aparentemente el neomachismo deja de lado el maltrato a la mujer, sin embargo, busca mantener el control, el liderazgo, aunque de una manera más objetiva y democrática, acepta sus errores y las ventajas del sexo femenino, busca un consenso de pareja en el matrimonio, pero siempre intentará hacer valer su opinión sobre el resto de la familia.

Machismo, neomachismo… independientemente de que son figuras parecidas (y en donde el maltrato hacia la mujer se desplaza hacia lo psicológico y marcadamente al poder del dinero) la raíz de la cuestión está inserta en el control y dominio sobre la figura femenina. Mientras el hombre heterosexual siga no aceptando a la mujer de hoy y pretenda mantener el dominio sobre ella para detentar su hombría continuará la crisis vincular que aqueja hoy en día a la mayoría de las parejas.
Hace un tiempo me hicieron una reflexión curiosa y que, a mi humilde parecer, me pareció interesante: las madres de hace un tiempo criamos hijas que fueran fuertes, exitosas, que fueran “menos sometidas” y vivieran todo aquello que nosotras no pudimos vivir; mientras que a los hijos varones les fomentamos todas aquellas virtudes de las que carecían nuestros maridos: sensibilidad, afectividad, emocionalidad, que supieran cocinar, cantar, bailar y abrir la puerta para jugar. ¿El resultado? Varones metrosexuales (¿neomachistas?) y mujeres aguerridas, independientes, sexualmente exigentes y demandantes.

Los últimos informes sociológicos indican que el promedio de varones entre 21 a 30 años aún siguen viviendo con sus padres y muchos de ellos incluso se quedan solteros cuidándolos en su vejez, rol que generalmente lo detentamos las hijas mujeres pero que hoy muchas apenas cumplen la mayoría de edad huyen despavoridas a vivir solas o con amigas o con parejas que normalmente no duran demasiado tiempo.

Aunque el rol masculino se suavizó el varón de hoy sigue intentando detentar el control y busca deambulando por la vida a la mujer ideal que se parezca a su mamá. La imposibilidad afectiva de establecer una relación estable con una mujer se minimiza a “lo que se de”, a “lo que surja”. Estas nuevas frases que relativizan los valores y los hacen terriblemente descartables. El “histeriquismo” hoy no es un signo de lo femenino sino que también, el varón de hoy lo ejerce en su interacción o búsqueda afectiva.

Ojalá pudiéramos crear nuevas construcciones en las que el deseo de control se disolviera y se priorizara la paridad, el acuerdo.Cuan menor sería entonces la autoexigencia para ambos. Algunos, aunque los menos, están dando el primer paso, logran quedarse criando a sus hijos sin sentirse un inútil y minusválido ante sus congéneres masculinos o ante su mujer profesional que tiene un ingreso superior.
Buscar a una mujer sumisa, obediente, sencilla, complaciente pero que además planche, lave, cocine, sea exitosa en su carrera, gane bien, sea culta, inteligente, tenga buena figura, sea divertida; es agobiante, pero ¡para nosotras!, y además una utopía. Y buscar a un varón que sea triunfador, seguro, contenedor, adinerado, sensible, que sepa cocinar, planchar, lavar, practique deportes extremos, haga instalaciones eléctricas, plomería y albañilería, además de cautivante, seductor, inteligente, paternal, tierno, es doblemente agobiante, ¡pero para nosotras, llega a casa y hay que atenderlo!

La importancia de aceptarnos como somos y ser honestos/as a la hora de saber qué necesitamos del otro/a es la clave. Acordar a través del diálogo profundo de lo qué queremos y como lo queremos puede ser la raíz de un buen entendimiento y de la construcción de lazos firmes y durables para una buena pareja con vínculos amorosos sanos e igualitarios.

Publicado en El Anden Periódico Gratuito Nº 5 pag. 02. Propiedad de Ana María Falco
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La publicidad sexista

por Norma Jara

¿Por qué pese a la evolución de la historia y la conquista de los derechos de las mujeres en cuestiones de publicidad vende más un detergente con una mujer en remera escotada que la imagen de un varón?

Por qué se presume que para el día de la madre una mujer será feliz con una licuadora, una tostadora, un televisor de 342 pulgadas, el mismo que, seguramente, disfrutará el marido mirando fútbol mientras ella encarga las pizzas y las va a buscar o las estará haciendo amorosa con su superamasadora regalada en el año anterior para la misma fecha!! A veces algunos maridos (¿los creativos publicitarios son mayoritariamente varones?) tienen en sus mentes más un plan de exterminio femenino para estas fechas que un agasajo al doble esfuerzo y a la doble jornada a la que nos avocamos las que somos madres…y las otras también. Sigue cayendo la publicidad en estereotipos que llevan a considerarnos indefectiblemente sometidas y alucinando por tonterías varias como electrodomésticos, maquillaje y la ropita de moda!!

Recuerdo que el mejor regalo que me hicieron a los 40 fue un taladro que me vino super útil para poner los tarugos, siendo que era una mujer sola y que estaba a cargo de mis hijas y no tenía marido para que sostuviera el clavito. Generalmente, hoy día, algunos varones no están necesariamente capacitados para esos menesteres ya que se abocan a tareas ejecutivas y desaprendiendo la gran tarea que muchas hacemos de cambiar un cuerito, forcejeo de la canilla mediante…

Estereotipos desde la publicidad que nos llevan también al menosprecio de la imagen de las mujeres en todo sentido, el poco valor de lo que somos o podemos ser, implica una autoexigencia permanente a ser siempre “buenas” esposas, madres, hijas, estudiantes, abuelas, amigas y amantes. Obedientes, dóciles y para peor, en caso de no tener buena delantera y buen trasero prominente, no nos dará el triunfo en ningún aspecto de la vida. Gracias a la Tinellización, ahora debemos también saber bailar en el caño para que nuestros “queridos” dejen de fantasear con la pulposa de turno y se permitan desearnos (ojerosas luego de una jornada de 10 horas de trabajo, hacer la cena, comprar el papel glasé para la nena más pequeña, depilarnos en el mejor de los casos o con apuro afeitarnos las piernas para que mañana no se vean los bellos a través de las medias… ¡Y encima pagar las cuentas en el banco!).

Nos autoexigimos y nos exige la sociedad, la historia, la escuela, la televisión, la familia y el gran Tinelli… Debemos ser flacas y tener buen cuerpo mientras ellos siguen necesitando su dieta hipercalórica: ¡tarta, la verdura no me gusta! ¿Y cómo no compraste pan? Y mientras tanto recitan con cara de “la tengo clara” el dicho: “el hombre es como el oso, cuando más feo más hermoso”.

¿Acaso se ve en publicidad hombres mayores musculosos y atractivos? ¿Exigimos esa imagen publicitaria las mujeres? Más bien y en general vemos varones con mejillas rozagantes y panzas prominentes o simpaticonas. Ah, eso sí… las mujeres debemos aún en los 50 seguir siendo esbeltas, provocativas y recibimos recomendaciones —a través de spot publicitarios— grandes descuentos para botox, levantamientos y estiramientos varios para continuar deseables y competitivas (y después algunos la llaman competencia femenina).

El “príncipe azul no existe y, si existe, destiñe al primer lavado”. Deberíamos dejar de creer que lo que nos demandan los medios es utopía y que lo razonable sería crear nuevos referentes reales de mujer para permitirnos ser lo que somos sin consumismo mediante.

Publicado en El Anden Periódico Gratuito Nº 4 pag. 02. Propiedad de Ana María Falco
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Violencia Escolar

por Norma Jara

En nuestra sociedad actual, el colegio no escapa al torbellino de violencia de lo general a lo particular y, cada vez más, vemos que episodios de golpes e insultos se incrementan hasta el punto de ser noticias en los medios. Profesores/as y maestros/as agredidos/as por alumnos/as, peleas escolares entre adolescentes, padres que golpean a educadores, peleas entre adolescentes por un noviecito/a que terminan en combates de boxeo en la plaza cercana al establecimiento escolar por dar algunos ejemplos.

Normalmente este estallido se nota en la adolescencia, pero también la problemática surge desde el jardín, los/as niños/as son un cúmulo de actitudes que normalmente traen aprendidas desde el hogar, son un espejo y una caja de resonancia de problemáticas familiares que se transfieren en sus primeras vinculaciones con el otro/a dentro de la escuela. Desde los juegos o desde la forma de conducirse ante la maestra se percibe si ese niño o niña vive situaciones de violencia, discriminación o maltrato, o, por el contrario, si es cuidado debidamente tanto en la salud como en la higiene y si recibe afecto y contención. Responder a hábitos sencillos como tomar su merienda, ordenar los juguetes, colaborar en tareas conjuntas o realizar una actividad física ya denotan la existencia de conductas, apropiadas o no, incorporadas a través de los vínculos cercanos de crianza.

Cuando un niño/a tiene actitudes como gritos, mordidas, pataleos o se impone a través de golpes o pellizcos entre sus compañeros/as siempre es un síntoma de que algo ocurre y la cita obligada que desde la dirección se solicita la presencia de los padres muchas veces es vana porque el problema sigue oculto o minimizado e invisibilizado.

La conducta continua de lo que los niños/as aprenden como habitual tal vez tendrá explosión durante la adolescencia en donde la búsqueda de identidad y de un lugar en el mundo está en su máxima expresión y en donde lo aprendido como lógico y “normal” será la forma en que quiera ocupar un espacio en ese mundo que intenta conquistar.
Conductas sexistas en donde lo masculino prevalece sobre lo femenino, donde el uso de la fuerza es sinónimo de poder y control quizá culminen en episodios de violencia y las justificaciones queden siempre en el afuera.

Carlos Javier Díaz (docente profesor de educación física) comentaba que aunque un niño/a no sepa el significado de palabras discriminatorias sabe utilizarlas a la hora de agredir a un compañerito/a, “gorda/o”, “tonta/o”, “negro/as”, “maricón” o las consabidos “puto/a” (tan festejados por los adultos cuando los/as niños/as las pronuncian por primera vez) sin que pensemos que luego servirán para agredir a sus compañeros de clase.

Por actos pequeños y graciosos, que incluso para los adultos son inocentes, comienzan a construirse modelos de violencia, maltrato y discriminación. La gorda de la compañera, el tonto, el sucio, el maricón, infinitas etiquetas que marcan la vida de unos/as y definen la actitud de los otros/as. Víctimas y victimarios. Incluso algunos docentes no escapan a este tipo de conducta, también utilizan esas mismas estigmatizaciones con sus hijos/as contribuyendo a la naturalización.

—Rodríguez preste atención y no se quede mirando al vacío como si fuera un tonto!
—Hernández si quiere ganar este partido tiene que salir a matar!
—Pérez párese bien como un hombre en vez de estar todo el día hablando con sus compañeras!

Frases solapadas que engloban estigmatizaciones y en donde tienden a la desvalorización y la caída de la autoestima.

Es hora de revisar los valores reales en donde el respeto de quiénes somos sea primordial y que tengamos el mismo derecho de pertenecer a una sociedad que, esperemos, que algún día cambie.

Publicado en El Anden Periódico Gratuito Nº 3 pag. 02. Propiedad de Ana María Falco

Los heterosexuales también estamos en el placard

por Norma Jara

Internet es un mundo interesante en donde uno/a descubre cómo los deseos sexuales de todos/as, desde la protección que da el estar detrás de una pantalla, se desarrollan.

Existen sitios de contactos donde uno/a ingresa su perfil —real o inventado— para conocer gente. Todos/as buscamos algo pero, a la hora de ser honestos y decir qué necesitamos, comienza la duda o la mentira.

También hay sitios web en donde el conocer gente es menos light y la oferta de sexo es más frontal. Ahí también se observa que la heterosexualidad y sus deseos se ocultan bajo fachadas incluso hasta bizarras. La definición de heterosexual queda como cliché y los gustos o prácticas sexuales se confunden en solicitudes como “busco parejas”, “parejas de mujeres”, “parejas de hombres”, “crossdresser”, “travestis”. Ser hétero sólo es una etiqueta fuera de contexto.

Todos buscan, fantasean o miran en las salas de video chat, ocultos detrás de perfiles “aceptables” pero desde esa virtualidad el qué les gusta, qué desean se amplía y la famosa propuesta de: “si se da” todo puede ser.

Pero el mostrar la cara jamás, el “qué dirán” se impone: “tengo un trabajo que me lo impide pero tengo cámara web y fotos que te puedo mostrar por mensajero o por email”. Sí en el perfil parece ser válido y aceptable poner fotos de la genitalidad tanto de mujeres como de hombres, pero, la cara, no se da.

Por lo cual uno/a se pregunta si exponer lo íntimo está mejor visto que hacerse cargo de su sexualidad y de lo que se desea.

Obviamente para eso está la homosexualidad, los otros y otras que sí dan la cara y luchan por vivir en una sociedad igualitaria, casarse, adoptar o tener hijos/as pero ellos/as, según las pautas sociales, son los diferentes.

Los “normales heterosexuales” que se horrorizan son los que muestran su genitalidad y destacan sus deseos sexuales desdibujados en una experiencia con otra pareja, o sexo grupal, o swinger… Las opciones son variadas y en el fragor de una noche lujuriosa todo está permitido pero queda escondido, la pasión, el sexo y rock and roll se olvidan y a la mañana todos/as con traje y vestidos de oficina seguimos siendo “los normales” y los que señalamos con el dedo a los “distintos” cuchicheando en los pasillos sobre fulano o mengana.

Creo que desde ese lugar lo hétero está hoy mucho más en el placard o en closet y por ese motivo hoy vive una crisis profunda desde su vinculación, desde mandatos culturales que ya no siente, no cree y no practica. Los/as homosexuales se expusieron, sufriendo años de persecución pero hoy asumidos/as en su identidad de género y sus prácticas sexuales luchan por sus derechos y por una sociedad más justa en donde sean aceptados/as.

Como contraposición lo hétero sigue escondido bajo fachadas de “esto no se habla” y sufre su insatisfacción, su falta de honestidad pretendiendo sojuzgar al diferente para sentirse protegido, incuestionado y superior.

Porque si “los diferentes” ocupan un lugar desde la autenticidad, ¿en qué lugar quedamos los heterosexuales de la mano de la hipocresía?


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