ESPAÑA, LA CORTE DE LOS MILAGROS

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España es un país en estado de shock. Entre paralizados, agitados, movilizados, asombrados y cabreados por lo general,  asistimos al espectáculo dantesco que nos ofrecen los llamados medios de comunicación, y eso que callan más cosas de las que nos dicen y debieran. Aún así,  no pasa día sin que nos enteremos de dos tipos de noticias  a cada cual más insoportable y dolorosa para la mayoría: más recortes, más  paro y pobreza y más corrupción. Y es que este país se ha convertido en exportador de cerebros e importador de mafiosos. Por si no teníamos bastantes con los nuestros, encumbrados a fuerza de engañar  con promesas electorales, encumbrados  con títulos nobiliarios o con títulos de la Bolsa, encumbrados a fuerza de engrosar sus cuentas privadas con nuestro dinero público, encumbrados por fabricar burbujas que se rompen o encumbrados por sucederse unos a otros por los siglos de los siglos, nos han ido llegando otros aspirantes a encumbrarse: bandas organizadas de violentos  de todos los continentes, desde la lejana China a la próxima Europa.”¿Y por qué nosotros no?” pensarán sin duda. Esta debe parecerles una tierra de promisión tanto como  de permisión, pues a fin de cuentas pasa como con el Rey: también la figura de estos parece  inviolable y no estar sujeta a responsabilidad penal.

Conocemos o sospechamos las secretas conexiones que existen entre encumbrados de aquí con los aspirantes de fuera, lo cual difícilmente se airea, pero, como dicen de las meigas: “haberlas, hay las.”  ¿Recuerdan aquel  “Vente a Alemania, Pepe” de nuestra emigración de los sesenta? Pues lo mismo; pero aquí podría ser “Vente a España, Vladimir” o “Vente a España, “To Chi Nim”…” que todos cabemos, y atan a los españoles con maromas, mentiras oficiales  y decretos leyes”.

España… tierra de promisión para vagos y maleantes, estos  sí, y no los que señalaba  el  general levantisco que destrozó este país por un siglo o más, y  que perseguía a quien no debía   mientras encumbraba  a tantos de los que hoy tienen manchada   con su presencia la piel de toro  de Iberia como cuando a un campo de trigo – en España abundan- le van saliendo malas hierbas. Y días hay en que estas se hacen notar tanto que apenas dejan ver el trigo.

Ya nos habíamos acostumbrado a pensar que nos las teníamos que ver tan solo con  las mafias de casa y otras, como multinacionales americanas y la Iglesia, pero poco a poco se van incorporando otros fichajes, el último de los cuales es la Camorra italiana. Ahora dirán: “Vente a España, Antonino, que nos vamos a encumbrar”. Y se  frotan las manos mientras hacen las maletas. Como  lo semejante atrae a lo semejante, es natural que vengan aquí los sujetos más impresentables del mundo, desde los que tienen casinos sin regla moral alguna , a los que atracan  viviendas o negocios  con tecnología militar  o venden cosas que el código penal considera ilícitas.  Pues  al fin y al cabo, ¿dónde hay más semejantes a todos esos  que en España, donde el número de administradores públicos corruptos por habitante supera la media mundial y acaso  le da dos o tres vueltas?

El caso es que tenemos que reconocer que  tanto unos como otros  lo están haciendo con astucia, en momentos en que resulta difícil prestarles atención,  intensamente ocupados como estamos en ver si hoy nos hacen un ERE, o privatizan la empresa y despiden a mansalva, o tal vez si nos van a desahuciar, y ese largo etc., pues  en el país de mayor  paro del mundo no descansamos.

Agónico es la palabra que define el estado de esta nación  por culpa de tantos encumbrados  y aspirantes como cada día nos viene a recordar la prensa. Y en esta “Corte de los Milagros” que ha resultado la borbónica, los jueces parecen encontrarse  en estado catatónico y por eso algunos no distinguen a un presunto más con carros de supermercado repletos de billetes de sospechoso origen, detenido y excarcelado a las pocas horas y no por falta de pruebas, sino porque  un juez se se ha  equivocado de impreso.

España…tierra de promisión. No sabemos si quedan por ahí más mafias haciendo cola, pero  habría que decirles que aquí ya estamos al tope y que se vayan a Finlandia si se atreven. Y a los de siempre de aquí, caciques o no, políticos o no, banqueros o no, que  viven en grandes mansiones, en palacios, y hasta se escudan en las catedrales, decirles que se marchen a vivir a uno de esos sus paraísos fiscales y dejen limpio el país, pero no como ellos lo hacen a diario, sino limpio de ellos, de sus presencias, vamos. A ver si por fin nos sale el sol. Entre tanto haremos lo que podamos para que se vayan pronto y descubran dos cosas: que tienen algo secuestrado bajo siete capas que se llama conciencia, y que hay vida más allá de la indecencia.

CONSTRUYAMOS LIBERTAD

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Hay dos clases de libertad: la personal, que es la libertad de la conciencia para soltarse de sus ataduras, y es psicológica, ética, espiritual, y las libertades sociales que dependen directamente de las conciencias libres que forman la sociedad.

Del número de conciencias libres depende que exista una sociedad de hombres libres; de lo contrario, ¿con qué material humano podría construirse? ¿Pueden conciencias esclavas del ego formar sociedades donde prevalezca el altruismo? Pues cuando no prevalece el altruismo, prevalece el egoísmo. Y el egocentrismo es precisamente el pilar donde este mundo se sostiene, y no por casualidad es reforzado por fuerzas contrarias a toda idea de altruismo y bondad.

Durante siglos, la humanidad ha soportado el espectáculo teatral de poderosas fuerzas enemigas de la Verdad divina y de las verdades humanas de libertad; fuerzas contrarias cuya diversidad de ropajes han sido los más convenientes para ejercer sobre las conciencias toda clase de poderes: religiosos, sociales, militares, políticos, culturales, mediáticos, financieros y otros. Tales cosas se hicieron y hacen posibles mediante una compleja red de alianzas y acuerdos sobre el respectivo papel de cada una de esas fuerzas contrarias a la libertad, la justicia, la hermandad y la igualdad manteniendo entre sí un difícil equilibrio entre sus poderes respectivos.

Mediante diversos actores públicos para dar la cara en su nombre, tales fuerzas actúan desde las sombras en nuestro mundo desde los escenarios respectivos utilizando métodos muy semejantes casi invariables en el tiempo por cada sector del Poder. Engaños, traiciones, conspiraciones, diversos tipos de manipulación, -incluida la mental y emocional,- y otras formas mucho menos sutiles, como la violencia extrema hasta el asesinato o la guerra, son cotidianos en su modo de obrar en el pasado y hoy mismo. Con estos métodos se persigue invariablemente controlar las conciencias, controlar egoístamente los recursos del Planeta, los recursos materiales de todos y la energía mental personal hasta llevar a los pueblos a la sumisión y a la ruina. Hoy más que nunca resulta evidente este hecho. Con ese objeto, cada individuo desde su nacimiento hasta su muerte es “fichado” en un sin fin de aspectos, como el ser bautizado en una religión, o adscrito a una identidad nacional, por poner dos ejemplos entre los muchos.

Campañas sistemáticas de “pedagogía popular” son promovidas desde palacios, catedrales, mezquitas, sedes de gobiernos, colegios y universidades, centros de inteligencia militar y grandes corporaciones financieras en perfecta sintonía y divulgadas por agencias de prensa, radios y televisiones públicas y privadas para uniformar las mentes. Los niños son programados en la misma dirección desde la propia familia, y luego en la escuela, para que acepten todo aquello que deben aceptar para integrarse en el rebaño de espectadores, creadores de riqueza, y sumisos consumidores. Principalmente se trata de aprender desde la niñez que es necesario someterse a todos aquellos a quienes se les define como autoridad, aunque carezcan de autoridad moral alguna, a renunciar a su capacidad crítica y creatividad; a ser competitivos e individualistas y aceptar a todo tipo de intermediarios: religiosos, políticos, económicos, culturales desde la cuna hasta la sepultura. Estos aspectos son determinantes para que funcione la sociedad del espectáculo-extorsión mediante el cual unos -los pocos-consiguen poder, reconocimiento social y riquezas mientras otros- los muchos-viven cada día peor, o mueren cada dos segundos de sed, hambre o enfermedades curables.

La brecha tiende a agrandarse mientras se siga viviendo por las mayorías como normal todo lo anormal en esta comedia en la que no existen culpables si son demasiado poderosos, y se busque imitar a todo aquel que aparece revestido con riquezas o de una supuesta autoridad competente. Pero ¿quiénes están detrás de las riquezas y de la llamada autoridad competente?… Los cómplices visibles de las fuerzas más oscuras del Universo a cuyo servicio están ellos y todos los que les siguen hipnotizados por su aparente poder y quieren ser como ellos (ricos, poderosos, reconocidos). Los que así proceden son las víctimas. De estas víctimas-”inmensas mayorías”,- viven las poderosas minorías del poder oscuro.

Religiones institucionales se encargan de mentir para las víctimas exhibiendo libros hábilmente condicionados (biblias, historia falsificada o códigos de derecho, según el “ramo”) para justificar ante el mundo sus situaciones de privilegio en total oposición a los principios espirituales o humanos que dicen defender. Derechos Humanos reconocidos oficialmente como hitos de civilización son exhibidos como coartada para justificar actuaciones criminales desde los poderes públicos. Y mientras esto sucede, se llenan de cadáveres y heridos las naciones violentadas, los edificios de las iglesias de sumisos acríticos, y las prisiones del mundo de testigos incómodos que denuncian las injusticias y se niegan a ser imitadores o víctimas.

Construyamos libertad, espacios de libertad interior y en nuestro entorno inmediato. Respetemos a aquellos con los que nos relacionamos sin intentar imponerles nuestras ideas ni nuestros deseos. Pongamos sólidos cimientos para construir libertad si queremos que este mundo de un vuelco positivo.
Concluyo con una cita de la profeta alemana Gabriele Wittek: “ El camino al Yo eterno comienza con el vencerse a sí mismo a través de la fuerza del Cristo de Dios. Solo con la fuerza de Cristo superamos nuestra vida. No desaprovechemos nuestra vida solo con modo de pensar egoísta y humano y su correspondiente modo de actuar, sino que esforcémonos en lo que está detrás de nuestra propia fachada, interiorizándonos y preguntándonos a menudo: ¿qué está pasando ahora en realidad? ¿qué estoy pensando? ¿Qué estoy sintiendo?¿Ante qué estoy reaccionando? Así damos un paso para salir de la superficialidad. Y al observarnos a nosotros mismos nos damos cuenta de muchas cosas sobre nosotros, descubriendo más de algo que hasta ahora no nos había sido consciente. Así se nos plantea también la pregunta:¿Queremos seguir siendo así como somos en este momento, o queremos cambiar? En nuestra vida todo se hará entonces más vivo y así tendremos la oportunidad de que más de una cosa sea mejor”. ( Hasta aquí la cita)

Llevamos milenios equivocándonos, y el resultado es este mundo que vemos desmoronarse entre la infelicidad , la pobreza y la violencia. Tal vez es el momento de comenzar a salir de la superficialidad y del egocentrismo que tanto daño nos está causando y hacernos preguntas. ¿Podría ser un buen propósito para empezar el año?

FELIZ AÑO NUEVO, PACIENTES LECTORES

A MIS PACIENTES LECTORES:brotes nuevos de civlización

Deseo que te encuentres, amigo lector, entre los que tengan el feliz año que todos nos deseamos. Incluso se lo deseo a los individuos que forman la detestable clase política que nos toca soportar, da igual el país, su nombre de pila o las siglas de grupo de narcisistas, ególatras y sedientos de poder. A ver si la felicidad les abre el corazón y les toca alguna de esas fibras sensibles que diferencian a un ser humano de un pedrusco y les recuerda que son lo primero y que además no son el centro de la humanidad y menos aún del universo, aunque lo pretendan a base de “chupar cámara” y bienes ajenos.
No parece que nuestros mutuos deseos de felicidad repetidos de año en año cambien mucho las cosas. La mala base de partida de este mundo sigue siendo la misma de hace milenios: codicia, ambición, violencia y deseos de poder, forman un nudo de elementos interdependientes creado por el egocentrismo, donde los más inmorales, astutos y violentos  de todos nosotros han impuesto sobre los más débiles sus reglas del juego a las que en cada época llaman “orden establecido”. Y lo es, pero el suyo, naturalmente,  con sus códigos de leyes, sus jueces y sus uniformados. Un orden, por cierto, opuesto siempre a las leyes de Dios, por más castas de sacerdotes de su misma calaña que pongan por medio para justificarles su maldad. Esta es la esencia de la Historia y la de cada desgraciado país que, como en el caso de España, por ejemplo,  tiene una enorme deuda kármica por su pasado imperialista, su Inquisición, su intolerancia con el diferente, sus guerras cainitas y sus saqueos – que no cesan- a propios y ajenos. Pero como este país son la mayoría de los países que  siempre han avasallado a otros y/o  a sus propios pueblos.
Como  es natural, ignoro mi propio grado de complicidad o el grado de complicidad de cualquiera de nosotros en el pasado, en otra encarnación, se entiende. Tampoco es fácil adivinar lo que nos ocurrirá cuando nos alcance la cosecha de nuestra siembra. Mientras, en cambio, no resulta difícil sospechar a grandes rasgos el origen de las cosechas de tantos de nuestros hermanos, cuando son dolorosas. Y cuando lo son, no solo lo son  para ellos, sino para todos los que les amamos. Ahí nos damos cuenta de nuestra unidad espiritual  no importa dónde estemos, y de lo importante que es que cada uno de nosotros actúe según las leyes divinas para no tener que cosechar dolor y hacerles sentir su dolor a otros. Todo ello, lo sabemos,  puede evitarse  al  aplicarse cada uno en la bondad para convivir con sus semejantes.

En Dios no hay dolor, ni enfermedad, ni sufrimiento. Por tanto quien vive en Dios tampoco sufre dolor, ni enfermedad ni sufrimiento. En caso contrario es el momento de pensar en qué se apartó y corregirlo. Es una idea.

Quienes dirigen el mundo nunca se corrigen;  nunca aceptan las  leyes divinas, a las que anteponen las demasiado humanas del egocentrismo y su violencia, y por eso todo gobierno es ilegítimo aunque sea legal. Esta es mi opinión, aunque acostumbro a respetar todas las opciones siempre que no dañen. En ese caso, me coloco enfrente, pero nunca en contra de las personas, sino de los motivos torcidos por las que a veces nos regimos.
Por lo demás, deseo que tengáis un feliz año 2013 con buenos propósitos de paz, armonía  y unidad en el corazón con todas las criaturas sin excepción alguna y os pido que respetéis también la vida de los animales en vuestras celebraciones, pues son nuestros pequeños hermanos menores en proceso de evolución, pero ya capaces de sentir, como nosotros, el más alto de todos los sentimientos: el amor, que es la argamasa del Universo.

EL VIEJO MUNDO PRECISA NUEVA AURORA

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Son muchas las voces que hablan del fin del capitalismo, del fin del mundo o del fin de nuestra civilización. En cualquier caso evidencian que existe en nuestros días una mezcla de incertidumbre, pesimismo y miedo, cuando no desesperanza en el futuro. ¿Son fundados estos sentimientos?  Ante todo, este Sistema ha dejado de ser creativo y productivo  como lo fue en sus orígenes de hace cuatro siglos y  ahora se dedica a explotar como nunca, jugar al Monopoly y  recoger beneficios. La codicia y la sed de poder  lo han corrompido, lo cual le lleva a su final irremediable. Y este es el camino en el que anda a pasos de gigante y en el que arrastra a las naciones del mundo.

Si el dinero – que es el motor de estas sociedades- no fluye a la economía real en condiciones aceptables, no se produce riqueza; sin producción hay paro, la gente no tiene dinero y baja el nivel de consumo; y sin consumo el sistema se colapsa. Y lo hace en la exacta medida   en que aumenta el número de parados y la pobreza.

Llegado a cierto límite en el desempleo  se pasa de una economía productiva creadora de la riqueza suficiente para el  bienestar general a una economía de subsistencia y  dependencia; a una economía subsidiada, lo cual añade  un nuevo lastre para el despegue económico.

Por  si fuera poco, este  Sistema de la Desigualdad Institucionalizada  en que vivimos no puede dejar de producir guerras, hambre, migraciones y muchas más calamidades. No se aprendió la lección de la historia de Roma y otros imperios  y esta se repite: la corrupción política y la inmoralidad pública y privada  acompaña a todo el proceso. Esta es la carga de profundidad que ha estallado en nuestros días: una crisis de falta de valores esenciales sobre los que edificar un mundo habitable, pacífico, justo y seguro.

Para los cristianos originarios y otras corrientes espirituales nos hallamos en una fase de transición  a la que será una Era de igualdad, fraternidad, libertad, unidad y justicia que sucederá a la presente, tras el inevitable cambio de conciencia que habrá de producirse al aumentar la sensibilidad colectiva ante las desgracias que se suceden, la pobreza creciente, y la necesidad de compartir y  de ayudarnos, porque se descubrió que el individualismo del mío, mí y para mí nos está dañando sin remedio.

Poco a poco se descubrirá  que es preciso que prevalezca la conciencia del nosotros sobre de la del mío, mí, para mí; que es necesaria  la conciencia del bien común y de la cooperación; que es preciso que el ser venza al tener. Y esto es cada vez más urgente en las conciencias individuales.

En el nuevo mundo que surgirá de las cenizas del presente como el ave Fénix de las suyas, ya no podrá tener cabida el modo de pensar, sentir y actuar  de quien ha contribuido a sostener este enorme desastre a gran escala que conduce al  fin de  esta civilización. Avanzamos ya entre las ruinas de un sueño fracasado hacia un nuevo horizonte como el que apunta Gabriele Wittek y que se basa en una educación espiritualmente correcta, y en sentimientos nobles, desinteresados y pacíficos acordes con el Sermón de la Montaña para hacer realidad el Estado de Cristo, en el que tendrán validez los principios espirituales.

“Por eso ya ahora, debe producirse una educación en el espíritu, la educación correcta para la unidad, el amor y la paz que desearán todos los que sean de corazón abierto y de buena voluntad… los que lleven la paz dentro de sí. Mientras el hombre no lleve la paz dentro de sí, mientras no se vuelva desinteresado, tampoco habrá paz en la Tierra (*). Lo contrario solo asegura una cosa: más de lo mismo y avanzando hacia nuevas formas de explotación, dominio, control y esclavitud que ya se están ensayando por los encumbrados representantes del mundo y que es opuesto a las leyes divinas que defienden el derecho a la individualidad, pero sin caer en el individualismo, y menos aún en el individualismo gregario y en todas las formas de división, auténticas  semillas enfermas de las sociedades capitalistas y eterna fuente de conflicto entre nosotros.

Los poderosos  han  dado forma a este mundo con nuestra mayor o menor ayuda y los mismos principios que hicieron amar a tantos de nosotros,  por eso son representativos de las mayorías y se les vota. Pero al contrario de la afirmación de Nietzsche, los poderosos no son los fuertes, sino que es precisamente su debilidad moral y falta de carácter espiritual lo que intentan compensar con sus actitudes violentas, su amor a la apariencia y a la riqueza y su modo de pensar y sentir primitivo, por más disfrazado de buenas intenciones y buenas maneras que manifiesten.

Y mientras llega el momento del vuelco de la tortilla, el insaciable lobo llamado Sistema  se viste con piel de cordero para comerse al rebaño, y encima pretende convencerle con cuentos de que es el modo de salvarle de las masacres de su propia manada con medidas tan crueles e irracionales  como despidos, recortes o eliminación de ayudas sociales, pérdidas de derechos, eliminación de servicios públicos, desahucios, rescates a los bancos y todas las barbaridades que vemos a diario. ¿Alguien puede creer que esto conduce a un futuro de bienestar, paz, justicia o fraternidad? Sí: los sonámbulos; los sonámbulo espirituales, mentales y sociales; esos a los que el lobo y su manada llaman “ciudadanos políticamente correctos “. ¿Hay mayor cinismo para definir sonámbulos?

Por suerte, cada día amanece con nuevas conciencias despiertas. Estas son las levaduras de la nueva humanidad, el germen de los nuevos tiempos que llegarán mal que les pese a estos degenerados  mentales y espirituales que pretenden controlar nuestras vidas.

(*)Los hombres de los nuevos tiempos”, por Gabriele Wittek

YA NO HAY VUELTA ATRÁS

caminando en el crespúsculo
Los cantamañanas están de moda en los gobiernos europeos sacudidos por la estafa y el golpe de estado de los banqueros contra las democracias. No pasa día sin que se cuente a los pueblos maltratados del sur de Europa que en uno o dos años “comenzarán” a salir de lo que llaman “la crisis”. Naturalmente, todos los cuentistas mienten, y los del Club Marca España los que más. Mienten, entre otras razones, porque están asustados. Le han cogido miedo a tanta manifestación. Ellos, que venían tan ufanos a intentar vivir a cuenta de la “herencia recibida” del gobierno anterior para seguir haciendo aeropuertos sin aviones, y la vista gorda a las fechorías de sus amigos del alma, se encuentran que no hay un solo sector ni grupo político, ni sindicato que no se les grite a diario lo malos gobernantes que son y el desprecio que se les tiene.

Funcionarios de todo tipo, incluidos jueces y abogados, personal sanitario, trabajadores de todos los ramos, plataformas de apoyo a los desahuciados, pensionistas, y hasta niños de las escuelas okupan (con K) las calles una y otra vez para decir NO, comprobando cada vez que estamos ante un gobierno de sordos, ciegos, incompetentes y siervos de los señores banqueros y de los monseñores obispos, que son los únicos que no tienen queja alguna. Y es natural, los primeros nos roban legalmente, recuperan sus pérdidas con nuestro dinero, nos siguen desahuciando y se niegan a prestar a las empresas porque prefieren jugar al Monopoly, que es un juego de truhanes. ¿Y de los segundos, qué podemos decir, sino que mientras se llenan las calles de manifestantes ellos reciben alrededor de diez mil millones de euros con los que podrían evitarse casi todos los recortes en sanidad, pensiones, ayudas sociales y educación?

Es bueno recordar que los obispos siguen sin pagar impuestos por sus fincas, sus casas, sus palacios o sus ingresos monetarios. Y además tienen el monopolio de la enseñanza de la religión en las escuelas públicas por profesores que nombran y quitan los monseñores (tengan a o no una carrera de pedagogos) pero que pagamos los españoles, aunque seamos anticlericales. Nosotros podemos decir que los somos, en cambio ellos, la jerarquía católica, no puede decir que sea cristiana sin que les crezca la nariz. Pues ¿acaso Cristo callaría ante tanta falta de amor, tanta falta de generosidad, tanta insolidaridad, tanto silencio y tan poca compasión como muestran los monseñores? O se está con Cristo o en contra. Esta es la cuestión.
Pero apliquemos una vez más nuestra lupa al mapa general de los países empobrecidos artificialmente como el nuestro. Hagamos causa común.
Nos deslizamos en un tobogán vertiginoso sin que veamos más allá de unos cuantos metros delante de nosotros, los justos para saber que avanzamos hacia algo que ya no tiene vuelta atrás. Ya no tiene vuelta atrás el bajo nivel de empleo ni el fin de la abundancia en los países ricos, mientras se estanca el avance de los países emergentes y se empobrecen de un modo salvaje los ya pobres. Y ya pueden contarnos que la crisis se acabará en este año o en el otro. La crisis está bajo su control – la provocaron para que tuviera estos efectos- y es la forma de vida que han diseñado para nosotros, basada en el dominio, la explotación, el control, la división y la sumisión sin medida. Podemos preguntarnos si tenemos futuro, y podríamos responder que eso va a depender de nosotros, de nuestra decisión para cambiar el presente; de nuestra tenacidad y especialmente de que consigamos una masa crítica suficiente de gentes con la conciencia despierta. Todo esto es fundamental, imprescindible.

El problema para muchos que aún no han despertado a la realidad es el miedo y la incertidumbre, pero a la vez siguen atrapados creyendo que el Sistema tiene soluciones. Las tiene, pero no están dispuestos a aplicarlas ni banqueros ni ricos de los paraísos fiscales. Tampoco la Iglesia, porque forma parte del club de los ricos indiferentes al sufrimiento ajeno.
En esta situación muchas personas no consiguen lo que desean y envidian u odian a quienes realizan sus propios anhelos, como son los ricos y poderosos, pero a la vez les admiran, imitan en lo que pueden, y les votan. Son muchos aún los que miran a los manifestantes desde sus ventanas creyendo que no va con ellos. Por eso las cosas no mejoran fácilmente. Y hasta que despierta del todo, el que mira por la ventana o pasa por la acera ajeno a lo que gritan las pancartas sigue votando a amos tras amos, acudiendo a los templos de los fariseos y escuchando con admiración a los escribas, porque en el fondo quieren ser como ellos, poseer las cosas que ellos poseen, y recibir los reconocimientos y fama que se les tributan. Los ignorantes y miedosos viven en la creencia de que si les escuchan y les votan recibirán una parte del pastel de su paraíso, aunque sean migajas. Son ilusos conformistas y un lastre para los demás.

Sin embargo, las crecientes desigualdades hacen alejar objetivamente toda idea de ese mito capitalista del “café para todos”. Tengo la esperanza de un despertar colectivo cuando además del “café” falte el pan y los enfermos se mueran por falta de medicinas o por no poder pagar los hospitales. El despertar es inevitable aunque sea por razones como estas. Ya no hay vuelta atrás.

ESTO ES LO QUE TENEMOS. ¿Y LO QUE DESEAMOS?

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Quien esté mínimamente despierto sabe que vivimos bajo sistemas democráticos tan aparentemente plurales como realmente atados a los mismos amos, tan legales como realmente ilegítimos desde el punto de vista social,  ético, moral, espiritual, donde se deciden a diario cuestiones que nos afectan sin respetar la voluntad popular. A quien está despierto le parece  natural y legítimo querer profundizar en esas cuestiones de fondo que  permiten  esta democracia formal pero no real; en esta mascarada parlamentaria representativa de la voluntad de los ricos y bloqueada  a la participación del pueblo que asiste impávido a cómo sus teóricos representantes electos en las urnas se esconden tras los muros del Parlamento cuando sus electores se manifiestan contra las injusticias insoportables que vivimos. En cambio, tras los muros de ese  mismo Parlamento se permite cada vez mayor injerencia de los tentáculos de las grandes empresas industriales y financieras en los ámbitos del poder político, económico, social y cultural. Tras esos mismos muros inaccesibles al pueblo soberano, pero burlado, se elaboran  leyes a medida de los deseos  de esos grupos y en contra del bien común, sin que quienes votaron en las urnas tengan otro derecho que el de protestar contra el muro de sordos protegido por los uniformados y votar cuando se le diga para volver a repetir lo mismo. La consecuencia de esto es la corrupción de las democracias y las instituciones públicas. Y esto, que nos aleja cada vez más de la democracia real y del bienestar colectivo, es lógico que deba preocuparnos y motive serias reflexiones y actuaciones, pues no existe causa sin efecto, y como  las malas siembras nunca trajeron buenas cosechas no hay más que mirar alrededor para ver que el insoportable estado del mundo no puede tener más que un  origen perverso.

Parecería de lo más normal que en un gobierno democrático  se contase con la presencia activa en los hemiciclos de  todo tipo de asociaciones ciudadanas, pues ¿no son ciudadanos lo que los gobiernos desean tener? Por tanto, ahí  deberían tener cabida asociaciones de vecinos, de profesionales, de consumidores, cooperativas de todo tipo, círculos culturales, Ongs y todas aquellas agrupaciones de colectivos que pudieran aportar su propia energía al conjunto, y tuviesen que ver con la vida pública en todas sus manifestaciones, en lugar de dejar en manos de políticos profesionales distantes o sindicalistas burocratizados  multitud de asuntos de interés cívico que podrían ser resueltos con la participación libre y directa de los ciudadanos. Pues, ¿no son los ciudadanos los que tienen que votar? ¿No son los ciudadanos los que legalizan el poder? ¿No son los que llenan las abundantes mesas de sus  políticos? ¿No son, en definitiva, los que justifican la existencia misma de los Estados llamados  democráticos? Pues ¿quién con mayor justicia que  los ciudadanos puede decidir  la forma de su Estado, los asuntos que deben ser resueltos por sus gobiernos locales y nacionales y los modos de llevar a cabo las soluciones de los problemas colectivos? Y, por supuesto, ¿quién con mayor justicia  puede exigir  que se cumplan sus decisiones? En cambio, quien toma las decisiones  reales nunca es elegido, como es el caso de quienes dirigen instituciones tan antidemocráticas como el Banco Central Europeo, el FMI  el Banco Mundial o la Banca Vaticana. ¿Y para quien gobiernan estos? Para sus amos: los grandes inversores y los poderosos clubs mafiosos de las diferentes multinacionales del armamento, la energía, los transportes y las comunicaciones, cuyos lobbies tienen instalados sus siniestros campamentos allá donde se tomen las decisiones públicas. Y todo eso está muy lejos de la voluntad de los pueblos, de su paz  y de su bienestar.

No vale hacer promesas electorales para engañar a la gente, como hacen los políticos de oficio en sus campañas cirquenses para  asegurarse de este modo ilícito el uso de un poder tan inmerecido como irreal, pues ellos siempre son mayordomos de aquellos otros que viven en la sombra y les presionan de mil maneras. En tal caso, el ciudadano normal   debería disponer de los recursos legales necesarios para expulsar de sus escaños a quien daña los intereses generales. Parecería lógico,- ¿no es cierto? –exigir que dimitan los irresponsables, los corruptos, los ineptos, los que no acuden a cumplir ni sus horarios en los Parlamentos, y todos aquellos que eludan  la responsabilidad adquirida  al ser elegidos, pues el caso que ninguno dimite voluntariamente por honestidad personal.Tal cosa solo es posible en una sociedad civilizada con una democracia real. Sin embargo, nada de esto sucede, pues esta civilización ha fracasado en lo más esencial: conseguir un mundo justo, pacífico y respetuoso con la naturaleza y el mundo animal donde valores  espirituales como  bondad, la paz, altruismo, fraternidad o igualdad prevalezcan sobre los intereses materiales y el egocentrismo.

Lo dicho y mucho más serían datos indicadores de una verdadera civilización que daría lugar a una  democracia verdadera a un duradero estado del bienestar. ¿Quién se negaría a vivir en un país con los mencionados avances? Sin embargo, lo que tenemos actualmente  es tan sólo un esbozo pobrísimo de lo que podría ser.¿Y por qué no es? Eso depende de cada uno. Cada uno tenemos que mirar en nuestra conciencia en lugar de mirar tanto nuestro ombligo. Porque si esto no es posible, ¿a dónde vamos? La  falta de esos principios nos empujan hacia el  abismo que vemos crecer a diario, y solo aquellos nos permitirán  salir de este círculo vicioso de la historia humana que no cesa de dar vueltas sobre los mismos conflictos, las mismas necesidades y las mismas tragedias.

Entre tanto, ¿no estamos en todas partes  bajo dictaduras más o menos camufladas? ¿Acaso no estamos, bajo la más refinada forma de un  poder dictador que nos hace creer que nos representa para que lo legalicemos  con nuestros votos, pero que una vez conseguidos nos impide participar adecuadamente para defender nuestros verdaderos intereses como personas y como ciudadanos? Miremos de frente la verdad. No tenemos democracias: sólo bocetos. Y lo peor de todo: aún así, nuestra conciencia colectiva no ha llegado a ser capaz de encontrar mejor solución a tanta degeneración ética  como manifiesta la suma de  tantas conciencias individuales incapaces  de tomar las riendas tanto de sí mismas como de la sociedad. Sería impensable que una sociedad de espíritus selectos y libres  pudiese tener organizaciones sociales tan burdas como las que exhibimos la presente humanidad. Y eso en el mejor de los casos: no digamos cuando son regímenes totalitarios, jefaturas vitalicias obtenidas por violencia, gerontocracias religiosas, mafiocracias con cobertura política, etc. Estamos lejos de ver la luz al final del túnel. La única que podemos aspirar a ver es otra: la luz de nuestra conciencia. Al menos, y mientras tanto, podemos evitar que nadie la pueda secuestrar en su provecho.

Vientos de cambio

España está en una encrucijada histórica de primer orden; el momento más importante pate te para tomar decisiones desde la segunda República. De los movimientos sociales de hoy van a depender muchos años en el futuro inmediato. Cansados de injusticias y desahucios, el pueblo español ocupa calles y plazas para decir basta. Por eso en estas circunstancias protesta social en Españano deja de ser tan extraño como alarmante que la mayoría de los españoles que suspende en las encuestas a sus políticos y les considera – sin distinción- un problema mayor que el del terrorismo siga manteniendo una intención de voto en las mismas encuestas a quienes le están exprimiendo a diario su bienestar, su bolsillo y su futuro. Y entre tanto, la conciencia del mejor pueblo, del honrado y sin prejuicios, toma las plazas para decir BASTA y señalar nuevos horizontes.

Tenemos una democracia con tres graves carencias de las que no se debería dejar de hablar hasta que no desaparecieran: una injusta ley electoral, que no valora los votos por igual; una representación parlamentaria irreal por esta causa y unos medios de comunicación públicos al servicio de los ganadores en las elecciones que impiden dar a conocer otras formas de pensar alternativas tanto en política como en cultura, economía medicina, filosofía, ideas ecológicas, espirituales, etc. Todo lo que significa un cambio de valores más civilizados capaces de mejorar la vida de las personas choca frontalmente con los medios de comunicación, el desprecio de los gobernantes y no por último con los uniformados.
Todo el mundo sabe la importancia que el movimiento 15-M ha adquirido en este país y cómo está siendo imitado en los lugares más alejados de nuestras plazas, desde Londres a Nueva York, o Moscú. Todos lo sabemos menos los políticos. Le llaman- despectivamente “antisistema ”, como si tal calificativo fuese una deshonra en lugar de algo honorable, o como si viniera a ser sinónimo de violencia, cuando la única violencia y la única deshonra la ejercen los políticos corruptos del sistema con toda clase de leyes opuestas a la voluntad popular y los uniformados que les sirven ciegamente por un plato de lentejas. Ser antisistema es ser anticapitalista, y el que no sea hoy ante las desgracias que trae consigo a diario es que está ciego o es obispo.
Tenemos que hablar claro y decir que el movimiento 15 M y todo el movimiento social que existe hoy es -desde la República de 1936- el intento más progresista de España y de toda Europa, para conseguir un mundo justo. Es este un movimiento plural, abierto, democrático, realista, ético y libre de partidismos e ideologías del pasado, movido por una idea de modernidad de la que están muy lejos los viejos partidos y sus viejas y anquilosadas instituciones parlamentarias, porque tras los muros de los parlamentos se ejerce hoy el poder de espaldas a los pueblos por más que estos griten y se manifiesten contra las medidas que se toman contra ellos al día siguiente de ser engañados con un voto. Un voto que en realidad es un cheque en blanco para que durante cuatro años los parlamentarios hagan lo que les venga en gana, desde llevar al país a una guerra hasta arruinar su bienestar. Y ambas cosas es lo que hacen, gobiernen los unos o los otros.
Las calles son hoy en muchas ciudades europeas y en España un grito de la conciencia; la voz de la conciencia del pueblo para que la gente que solo mira y no se quiere implicar por ignorancia o ingenua buena fe comprenda que política es el arte de administrar los bienes comunes, pero no una excusa de minorías privilegiadas para venderlos al mejor postor arruinando el patrimonio nacional y el particular. Y cuando los que toman las plazas hablan de democracia real hablan de que es el pueblo quien tiene que decidir lo que concierne al pueblo, y no los banqueros ni los políticos dilapidadores, sordos y corruptos.
Es necesario reformar la democracia, conseguir la correspondencia entre las necesidades de la gente de la calle y las medidas políticas para hacerlas posible. Y esto no es un asunto de pasado mañana, sino de ahora mismo, y el movimiento popular que toma las plazas para decirlo debería ser considerado por todos los españoles como su última esperanza de que tal cosa suceda y debería ser arropado y mimado cuando consideramos que el 15-M expresa todo lo que la mayoría de los españoles honrados se dice a sí mismo y cuenta a los suyos, porque esta es la voz libre y fresca del futuro contra la que arremeten ahora mismo con furia todos los fantasmas del pasado con sus trasnochadas ideas y sus viejas instituciones y servidumbres.

EL FIN DEL PROGRESO

CAMBIO CLIMÁTICO

Hasta hoy, progreso y desarrollo económico eran sinónimos. A partir del golpe de estado financiero neoliberal vemos que la humanidad se encamina hacia la pobreza por dos razones: la primera por el desvío del capital industrial a la especulación y la segunda porque es impensable crecer ilimitadamente en un Planeta de recursos limitados. Estamos comenzando a vislumbrar las consecuencias: paro, destrucción de tejido industrial y de negocios, escasez, hambre, guerra y todo eso que podemos incluir bajo el nombre de Apocalipsis. Vislumbramos en fin de esta civilización montada sobre el egoísmo y el abuso de poder ante la que la Tierra se rebela, inmersa en su propio proceso evolutivo y del que el cambio climático es el síntoma más general y complejo. ¿ Podremos ser los habitantes de una Tierra renovada?

Esta es nuestra historia:

Durante milenios nos  hemos matado entre nosotros; hemos cazado, exterminado y torturado especies animales; hemos robado, violado, adorado ídolos, ofrecido sacrificios humanos, practicado el canibalismo y la esclavitud,  destruido los recursos de la tierra o envenenando el medio ambiente o nuestras propias mentes con  ideas perversas, albergando sentimientos negativos de odio, envidia, deseos de venganza, codicia, en nuestro corazón .Hemos actuado incluso contra nuestras familias dañando a conciencia a personas próximas, y, fuera de ellas, exterminando razas y  reduciendo a cenizas a pueblos enteros y  a comunidades que piensan de forma distinta o tienen algo que deseamos. En una palabra: durante milenios hemos estado  atropellando toda clase de leyes divinas sin que hayamos mostrado más deseo que el de seguir haciendo lo mismo (cualquier libro de historia  es testigo). ¿Qué podemos esperar de semejante siembra?… ¿Tal vez un mundo limpio, hermoso, justo, próspero, fraternal, feliz y cosas por el estilo?…Desde luego, no es esta nuestra cosecha.

¿Hemos de creer que sin cambiar los modelos cabe la mínima posibilidad  de algo llamado progreso en nuestro horizonte?… ¿ O hambre, enfermedades, guerras, terremotos, inundaciones, sequías, explotación, esclavitud, racismo, emigraciones provocadas directa o indirectamente por la mano del hombre, los   abismos cada vez mayores entre pobres y ricos, el exterminio diario de animales en los mataderos o en los mares para satisfacer nuestro paladar o en los bancos de tortura de los laboratorios  pueden calificarse de progreso?

La Tierra nos devuelve lo que le entregamos: terremotos y volcanes  por bombardeos y explosiones nucleares; sequías, huracanes, inundaciones, tifones, deshielo polar y glaciar,  a cambio de los gases de efecto invernadero; epidemias y enfermedades nuevas sobre un debilitado sistema inmunológico humano a cambio de alterar la armonía y equilibrio de todos los ecosistemas.

Los medios de comunicación nos cuentan tan sólo un poco de la punta del iceberg. Pero el fenómeno es de tales dimensiones que nos abrumaría de tener presente en nuestra mente toda la realidad. En cualquier caso sólo nosotros somos los responsables últimos de la tierra que se desertiza, de las desapariciones aceleradas de especies animales y vegetales, de las subidas del nivel de los mares, de las destrucciones de los fondos marinos con la pesca de arrastre, de las deforestaciones y los incendios, de las consecuencias negativas de la energía nuclear y sus basureros indestructibles  de  residuos, y, en fin,  de esta  caída por el tobogán aceleradamente.

¿Y qué nos puede librar de este Apocalipsis? (¿O no hemos de llamar a esto por su universal y antiguo nombre?)  Hemos puesto en marcha tales fuerzas negativas  que no es posible controlarlas con medidas externas. Igual que sucede a un cuerpo muy enfermo, sólo podemos poner algunos parches superficiales, no curar una enfermedad que ha invadido todo el organismo sin un antídoto de efecto general. Nosotros pusimos el virus y no hemos sabido encontrar el antídoto y curar al enfermo: el Planeta Tierra y todos nosotros. Ahora, todos estamos contaminados. Basta un simple análisis de sangre para encontrar que cada uno tenemos dosis diversas de toda la basura química  que incorporamos en nuestra comida, en el aire que respiramos y en el agua que bebemos.

Como la madre Tierra es un ser vivo mucho más fuerte que cualquiera de sus peligrosos huéspedes  se revuelve ahora contra las inmundicias en un claro proceso de auto- regeneración, poniendo en marcha sus inmensas energías para sacudirse el daño producido por los inconscientes hombres y así purificarse .

Este proceso durará lo que dure, y será el tiempo exacto que tardemos en deslizarnos por este vertiginoso tobogán que nos permitirá  salir a una nueva Tierra donde encontremos a otros seres esta vez  más respetuosos con su  Planeta  y con las leyes de Dios. Será un reino de Paz para quien lo merezca. Desde luego no podrán tener cabida en él, por la ley de Causa y Efecto, los que dañan al Planeta en esta existencia. Lo que están sembrando en este mundo lo cosecharán en otros.

En una nueva Tierra  no tendrán cabida los partidarios de la espada, ni los falsos creyentes, ni los contaminadores, los charlatanes fariseos de las iglesias  o los ricos explotadores, sino los buscadores espirituales, los hijos pródigos de la parábola.

TEORÍA DEL CRACK

carbonero

DEL NUEVO ORDEN AL CRACK MUNDIAL

El capitalismo internacional (desde Estados Unidos a China o Rusia) se ha puesto de acuerdo en varios aspectos que conviene subrayar y son básicos para su deseado nuevo orden mundial. El primero se refiere al uso del dólar como moneda de referencia global, ya que todos los países sea cual sea su signo político y sin excepción alguna, cuentan en dólares la riqueza de sus arcas. El segundo es la configuración económica: este gran mercado global que no se piensa cerrar, porque eso significaría el fin del propio sistema a medi9 plazo. Sin embargo, algo va rematadamente mal en el supermercado global: el dinero se va del capital productivo hacia la especulación. Eso ahorra muchos problemas a los capitalistas, que así no tienen que lidiar con la oferta y la demanda y con los sindicatos y obreros reivindicativos. Pero esto tiene graves efectos secundarios: sin capital productivo suficiente, no hay suficiente producción de bienes; y sin todo eso no hay suficiente trabajo ni consumo, lo que crea un caos comercial y los conflictos sociales que se pretendían evitar son ahora cada vez más agudos y extensos.
Como toda respuesta de los gobiernos–mayordomos de los banqueros y multinacionales de los ricos, sucesivas medidas de ajuste que dicen pretender sanear nuestra economía para nuestro bien suenan igual al que las padece que si un verdugo hiciese un canto de alabanza a la cuerda de cáñamo de quien va a ahorcar.
Las leyes del mercado no van a ser abolidas, sino únicamente modificadas en algunos de sus aspectos, como por ejemplo, con una mayor intervención de los Estados inyectando dinero público en bancos moribundos, inyectando recursos públicos a las grandes industrias antes de que cierren y se deslocalicen y dotando de un mayor poder consensuado al FMI, al Banco Mundial y a la Organización Mundial de Comercio, junto a los bancos centrales, como el europeo, para que materialicen aquello que se decida en las altas esferas mafiocráticas a través de reuniones de los “mayordomos hombres G” y otras bilaterales. Observamos en qué medida los gobiernos son los encargados de negocios de los verdaderos jefes del mundo. Como sabemos y vemos, el aspecto económico es indisoluble del político y social, con sus correspondientes repartos de poder geoestratégicos y estableciendo nuevos órganos de discusión, decisión y control que pueden acabar, tal vez, refundando la ya desgastada ONU para crear una nueva en pro de un gobierno único planetario de mercado globalizado y pueblos sometidos al capricho de los ricos; un gobierno mundial sin control alguno de los pueblos y con un número de diputados proporcionales la riqueza y poder de los países más poderosos y de los emergentes como China, India, Brasil…(Naturalmente, se podrá votar, cómo no democracia de urna que no falte) .
Es por todo ello que se pretende imbuir de un modo sistemático un tipo de pensamiento único y una conciencia adormilada, servil, acrítica, atrofiada, y adaptada a las necesidades del capitalismo multinacional y financiero desde su centro de control demoníaco e invisible a las cámaras fotográficas.
Y en ello están, y por ello somos bombardeados a diario con dosis programadas de ajustes acompañados de sicología conductista-propagandística especialmente a través de tres canales: televisión, cine, y prensa. A estos se añade la educación escolar y la eclesiástica con el mismo fin: fomentar individualismo, pasividad, resignación, aceptación de toda ideología conservadora y autoritaria encaminada a un nuevo totalitarismo dogmático y represivo. Tras estos movimientos estratégicos de dirección de la mente y la conciencia- tanto social como intelectual y espiritual- se oculta ese deseo del capitalismo del gobierno mundial, con su única economía de mercado mayorista abierta a retoques intervencionistas puntuales y con un club de especialista en política y otros engaños en el Consejo de Administración del Planeta. En ese club, el peso específico de cada miembro correspondería a las riquezas naturales de su país y a su capacidad de preservarlas de la codicia de los otros, dependiendo de su arsenal bélico. Tal vez por ello existe en los últimos diez años una acelerada inversión armamentista y un aumento del mercado mundial de armas con EEUU a la cabeza.La mezcla de codicia sin límites, ansias de poder mundial, economías insostenibles, desempleo creciente, bajo nivel de conciencia social y personal y carrera armamentista forman una mezcla explosiva de primera magnitud: una verdadera bomba del tiempo que ya está en marcha.

Siendo realistas, nos hallamos ante un proceso de autodestrucción del sistema de producción capitalista y ante una modificación perversa de las relaciones sociales que arrastrará tras sí como un tsunami el mundo que conocemos, porque no hace falta haber pasado de primero del Instituto para saber que no es posible el sostenimiento de una economía basada en energías y recursos que se acabarán en décadas (petróleo, agua uranio, coltán diamantes, oro, pesca y otros) para mantener un sistema productivo y de vida basado en todo lo que ha hecho funcionar el mundo hasta hoy y que precisa crecer indefinidamente para mantenerse.
Como ni el Planeta ni lo que alberga puede sostener ese ritmo, tenemos que convenir que existe ya (y habrá un programa de ordenador que con toda seguridad lo tenga calculado) un punto de inflexión inevitable, un número del crack final que contemple el fin de los recursos, y el número de población activa que puede sostener a la población inactiva (enfermos, pensionistas, niños, desempleados, etc.). Todo ello agravado por las cantidades defraudadas y fugas de capitales, así como las destinadas a la Iglesia y a gastos militares. Cientos de miles de millones que hacen inviable- junto a los intereses que los gobiernos pagan por las primas de riesgo- una economía como la española, por ejemplo, y que amenaza convertir a este país en un estado fallido, si es que ya no lo es.
A ese crack se llegará de todas maneras a nivel mundial , y llegados a ese número fatal, si no antes, las luchas por el poder se recrudecerán hasta llegar al enfrentamiento de naciones contra naciones – pregunten si no a la OTAN-  y comunidades con comunidades junto a las consecuencias sociales que habrán de traer el número de parados inabsorvibles por el sistema capitalista, la hambruna mundial provocada o consentida y los inevitables números rojos de la seguridad social cuando los que cotizan sean insuficientes y los paraísos fiscales sigan siendo limbos para ricos. El número del crack final aguarda pacientemente su cita con la realidad, cada vez más próxima.

A GRANDES DELINCUENTES, GRANDES DELITOS

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Hoy en día el fenómeno transgresor en las altas esferas de las finanzas, la política, la Iglesia ( en lo que se refiere a la moral y principios cristianos)  y las fuerzas militares internacionales, alcanza cotas nunca vistas, y afecta a capas de población muy diversas y a países de todas las latitudes. Los ricos y poderosos, en la medida de su poder y de su capacidad de actuar, corromper o violentar, actúan a menudo contra las leyes que con su propio consentimiento, en ocasiones con su asesoramiento y muchas veces por su intervención directa, han sido aprobadas en muchos casos por sus propios amigos, conocidos o “subvencionados” del poder legislativo, al que incluso pueden pertenecer haciendo leyes a su medida. Mayor sarcasmo y cinismo no caben. Así, montan fácilmente negocios sucios, eluden impuestos, blanquean dinero producto de delitos mafiosos, venden y compran armas, organizan guerras y otros conflictos que supongan beneficios, expolian recursos naturales destrozando el medio ambiente, desinforman, trafican ilegalmente con materias primas procedentes de países infradesarrollados, o les obligan por diversos medios a suministrarles esos recursos (presiones políticas, industriales, comerciales, financieras, bélicas, y otras ). Por si no fuera bastante controlan y manipulan la información a través de medios propios o “comprados” y mienten a la opinión pública para hacer aparecer como virtudes un sinnúmero de actuaciones que cualquier niño con uso de razón identificaría inmediatamente como canalladas.

Quien se atreve a desenmascararles venciendo miles de obstáculos personales, familiares, sociales y laborales, queda expuesto a riesgos que pocas veces trascienden a la opinión pública por lo que se ha mencionado de que los medios de información pertenecen en la mayoría de casos a los mismos a quienes se pretende desenmascarar o a algunos miembros de su círculo de relaciones. Y los que trascienden, porque es imposible ocultarlos, son expuestos de tal modo a la ciudadanía que aparecen como sospechosos e injustos los mismos que pretenden acabar con la mentira y la injusticia.

Entre los mecanismos defensivos de estos tan impecables como implacables ciudadanos miembros del gran Club transgresor se halla en primer plano su fachada social, representada por la pulcra representación teatral con el attrezzo correspondiente en todo ceremonial social, religioso, y hasta deportivo. Gastan un enorme y bien cuidado aparato propagandístico para que los veamos identificarse con la bonhomía, la modernidad, los buenos propósitos de todo tipo, máscaras útiles todas ellas para aparecer como responsables fiables del timón del mundo. Todos ellos forman lo que podemos llamar un Gran Club de muertos espirituales envueltos en oro, momias en sarcófagos con formas de levita, uniforme con estrellas o brillantes sotanas purpuradas, pero tras esta fachada dorada para consumo de ingenuos, flamea el estilo chulesco, alcapónico, y mefistofélico.

Para quien se interpone en su camino, y según la gravedad de lo que está en juego, aguarda inexorablemente el descrédito personal y social, el ninguneo, el ostracismo, el secuestro, la tortura, y otros crímenes hábilmente combinados y dosificados según el peligro que supongan para los muertos espirituales.

Las principales víctimas suelen ser los que piensan por sí mismos y los testigos directos de crímenes que difícilmente van a ser juzgados porque el autor está bien protegido por su Club. Así, numerosos periodistas y defensores de derechos humanos son encarcelados, torturados o eliminados cada año, como denuncian sus familiares, sus amigos, sus abogados y las asociaciones de derechos humanos sin que tales cosas produzcan más efecto sobre el Club que la pequeña ola que se produce en un tranquilo lago al caer sobre el agua la hoja de un árbol.

Tan pobre resultado no resulta sorprendente cuando se sabe quiénes son los altos representantes de los poderes políticos, militares, financieros y mediáticos, siempre tan coordinados para que sobre el tranquilo lago de la mente colectiva caiga, a lo más, aquella ligera hoja otoñal y no un pesado meteorito productor de tsunamis que salpican. Especialmente si salpican de sangre.

(Podríamos hacer ahora un rápido ejercicio de memoria sobre víctimas que conozcamos. Es bueno para la salud personal y social ejercitar la memoria, sin odio, sin rencor, pero con exactitud; sin revanchismo, pero con justicia, amor y- si uno es creyente- con una oración a su favor, porque el olvido del crimen, en este mundo, lo convierte en perfecto. En el otro, ya es otra cosa debido a ley de siembra y cosecha)