Sobre ¿el final?

Creo que sí. Hasta acá llegué.

Hace ya un mes, mi inspiración desapareció casi por completo. Junto con la inspiración, desaparecieron las ganas de seguir en los blogs.

Si recuerdo cuál fue el objetivo cuando di inicio a este espacio, era hacer pensar a las personas. Y definitivamente no lo cumplí. Todos los que me visitan frecuentemente, pensaban razonablemente desde antes de conocerme. No los mejoré, ni los empeoré, ni los modifique.

He descubierto que las mujeres hermosas funcionan para mí como musas solo si me niegan su amor. En este momento, la más hermosa de todas me correspondió. Y esto complica bastante mi condición de existencialista (trucho, si a la primera buena me olvido de todo). Además plantea un grave error en mis predicciones, en una de las principales: estaba seguro que nunca una mujer hermosa se iba a fijar en mí, pero ella me demostró lo contrario. Esto derrumba todos mis escritos, todos los motivos de mis escritos, todos los reclamos.

No puedo quejarme más de la soledad, porque ella está conmigo.

No puedo protestar porque “Somos un relámpago en la noche eterna”; me alcanza con ser la persona que ella elige para estar a su lado.

No puedo seguir pidiendo la inmortalidad, porque siento que con ella SOY INMORTAL. Cada segundo que compartimos, se renuevan mis esperanzas, y creo que puedo vivir eternamente. Y también creo que podemos jugar con el tiempo, vencer a todos, siento que juntos somos invencibles.

No puedo decir que “El verdadero infierno son los demás” o que “El hombre es déspota por naturaleza: le gusta hacer sufrir” porque cuando estoy con ella, todo es perfecto.

Entonces, me enfrento a una decisión: seguir escribiendo, o compartir mi vida con ella. Por supuesto, la prefiero a ella.

Ahora bien, como el personaje de “Las babas del diablo” (creo que se llama así el cuento), yo soy muchos a la vez.

Quien se despide, y definitivamente, es mi yo “ensayista”. Digo definitivamente, porque cuando vuelva, si vuelvo, voy a ser otro completamente distinto al que soy, o al que fui.

El blog, claro está, permanecera abierto. Porque también hay un yo “cuentista”. Éste se ve inactivo ultimamente por el primer motivo mencionado: la completa falta de inspiración. Pero espero volver pronto con mis cuentos, que si bien son un desastre, disfruto escribiéndolos.

Queridos amigos, ya está. Creía necesario despedirme, no era cuestión de abandonar esto así nomás.

Si quieren un motivo más: no quiero que los nuevos artículos que aparezcan en mi blog empiezen a parecerse a “El alquimista” de Cohelo, me daría mucha vergüenza, y asco, fundamentalmente asco.

Para quien quiera seguir en contacto conmigo, aquí le dejo mi msn: chipa100@hotmail.com. Y si alguno tiene interés en leer algo más mío (no creo), lean los primeros artículos, casi no comentados, que probablemente sean los que más me representen.

Ahora sí, me despido definitivamente.

“Ya es tarde para volver a unos brazos que no nos esperan”

Sobre un poema de Borges

Primero: quiero pedirle a Atodono perdón, porque el subió este mismo poema hace unos días, y si hoy está en mi blog, es porque lo conocí en http://blogsdelagente.com/atodono/2008/9/9/esto-paso-si-senor-entre-personas-#comments

Segundo: vale aclarar que el motivo por el que uso este poema, es distinto del de Atodono.

Tercero: Adri, esto es lo que podría haber aparecido mañana, lo que tenía que pasar hoy, pasó anoche. Creo que no tengo que explicarte resultados. Vos, junto con mi amiga Pau, creo que serán las únicas que comprenderan el verdadero sentido de este artículo.

Ahora sí, a disfrutar.

Las causas

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

Sobre un pequeño recordatorio

Ayer, 16 de septiembre, se cumplió el 32 aniversario de una de las noches más terribles de nuestro país, que podría simbolizar bastante bien ese período iniciado en el 76, y ¿terminado? en el 83.

El 16 de septiembre de 1976, en nuestro país, tuvo lugar el suceso conocido como “La noche de los lapices”. Fueron secuestrados, torturados y desaparecidos 7 estudiantes de entre 16 y 18 años, que pedían por ¡EL BOLETO ESCOLAR!

3 estudiantes más fueron secuestrados y torturados, pero se salvaron de la desaparición. “Ni vivos ni muertos, están desaparecidos” ¿Se acuerdan de esa frase?

Mi intención no es dar una clase de historia (seguramente ustedes que leen saben mucho más sobre este asunto) sino protestar un poco.

Dije que podría simbolizar bien la dictadura, porque además de la desaparición de quienes se oponían en algo al gobierno, se muestra claramente la intención del lavado de cerebro de los jovenes, para seguir, y seguir dominando.

Ayer en la escuela tuve la materia Derechos Humanos y Ciudadanía. EL PROFESOR NO MENCIONÓ NADA DE LA NOCHE DE LOS LAPICES, NADA. Me pareció terrible. En realidad, nadie dijo nada, como si se hubieran olvidado. Pero me indignó que justo en la materia que lo tendrían que haber hecho, NADA.

El lavado de cerebro funcionó, y continua. Las nuevas generaciones vienen cada vez más estúpidas, más dominadas. La Tv, la computadora, el celular, los diarios, son todos elementos que contribuyen a ese lavado.

La cosa está fea, porque nadie piensa nada, nadie entiende nada. El lavado de cerebro impulsado por el Tío Sam (creo que el principal objetivo del Plan Condor fue ese) marchó sin tropiezos.

Y continúa, porque quienes tienen el poder no lo quieren perder. Y con gente que piensa, esto rapidamente terminaría.

Pero no.

“¡Pensar, ese es el verdadero triunfo del espirítu!” Lo dijo Victor Hugo hace más de 150 años… ¿Se equivocó?

Sobre una poesía

Ansío

Quiero, tus manos.

Tu piel,

tu boca,

tus ojos,

tu cuerpo.

Quiero, tu risa.

Tu voz,

tus palabras,

tu mirada.

Quiero tus caricias.

Tus besos,

tus sueños,

tu corazón.

Y así te deseo.

Ansío tenerte,

y que seas mía,

y yo ser tuyo,

y vos quien decida

mi destino.

Y te deseo.

Porque con vos,

conoceré una y mil veces

la flor amarilla.

Y te ansío.

Porque con tu amor,

lograré escribir,

al menos una vez,

la Odisea.

Cielo, Infierno.

Recompensa o castigo,

nada importa,

si sos vos

quien los concede.

Si pretendían encontrar algo bueno, se confundieron de blog.

Sobre las equivocaciones

Cada día me sorprendo más de mi destino. Es increiblemente malvado. Hace 11 meses (exactos, sabado 6 de octubre de 2007) estaba en una situación similar a la de hoy, pero más terrible. Fue el día después de lo que conté en Sobre vos, el día después, el día que volví a Chivilcoy, el día que noté como mi vida tenía un solo sentido, el día que me di cuenta que iba a ser muy difícil vivir sin ella. Aquel 6 de octubre mi corazón estaba practicamente destruido. Este 6 de septiembre, no es solo el corazón quien muere a cada instante. Toda mi persona muere, y muere, y muere, y muere.

Aquel 6 de octubre no podía dejar de llorar por ella, por su proximidad. Este 6 de septiembre no puedo dejar de llorar por ella, por tantas, y porque están lejos, porque ella está lejos, espacial y temporalmente. Porque las esperanzas que renacen a cada instante, se ven destruídas un pequeño tiempo después. Y nada duele tanto como la muerte de la esperanza. Y mi ser que quiere gritar, y mi vida que quiere terminar. Y yo con todo esto dando vueltas, que no me quiero morir, que quiero ser eterno, pero sin embargo creo haber muerto mil veces, cada día de mi vida, muero por su ausencia, muero con la muerte de mi esperanza, muero. Y me canso de morir a cada instante. Es terrible, porque resucito no por algo bueno, sino porque no me queda otra. La unica manera de resucitar que encuentro es distrayendome y olvidandome de todo, y no es una buena manera de hacer nada.

Hace 11 meses volví de un viaje que marcó mi vida, porque la conocí. Hoy, estoy terriblemente deprimido porque la esperanza de que algo cambie se vio derrumbada (yo sabía que iba a pasar) y encima me acuerdo del tiempo pasado, y me acuerdo de ella, y me acuerdo de todo, y realmente no se si quiero seguir con esto.

Porque mi destino es malvado porque se ríe de mí, pero más malvado es porque me hace dar cuenta de sus burlas, y de sus risotadas.

Ya lo dije en un artículo anterior, los viajes son una porquería. Pero la parte fea no es ni el viaje de ida, ni la estadía (aunque ya la inminencia del fin nos va matando lentamente, como un efectivo veneno). La parte fea de los viajes es el regreso, es que se terminen, y que sepamos que nada cambio, y nada va a cambiar.

Y nombre a las equivocaciones porque esto está emparentado con eso. Cuando escribí lo anterior estaba practicamente implorando equivocarme.

Estaba realmente deseando que una chica linda me mirará o algo por el estilo. Estaba realmente deseando algo. Pero no, lamentablemente no me equivoqué. Es raro, o sea, tengo la certeza de algo, pero estoy esperando no tener razón en la mayoría de las cosas que digo.

Cuando digo que Dios no existe, estoy esperando que sí exista, aunque yo se que no. Quiero que exista, pero sé que no existe. Si Dios existiera, entonces, probablemente habría Cielo e Infierno, o algún tipo de vida eterna. Y yo estoy esperando que todo eso exista.

Cuando digo que soy feo, quiero equivocarme, pero lamentablemente se que no es así. Cuando digo que las mujeres hermosas no me miran, no se fijan en mí, estoy esperando que venga una a demostrar que no tenía razón.

Y así. Mi vida es eso, esperar que casi todas mis certezas se derrumben como una piramide de cartas, con el primer soplido alentador del destino (con el cual voy a permanecer enojado más que de costumbre).

Sobre los viajes y las mentiras (para completar)

Antes que nada, debo aclarar a todos los que visiten mi blog (la mayoría, mis amados mentirosos, jejeje) que estaré ausente del mundo cibernético por al menos dos días (me va a agarrar un serio sindrome de abstinencia). El motivo es, como el titulo anticipa, un viaje. Mis afortunadas participaciones en olimpíadas (esta vez matemática, solo suerte) me deparan un nuevo lugar, la hermosa Mar del Plata.

Pero como habrán notado, este espacio no funciona como diario intimo (muchos de mis artículos reflejan mi alma, pero creo que una sola vez hable directamente contando algo profundamente mío, así tipo confesión) así que no pienso contar como llegue a viajar, o nada por el estilo. Solo hago mención para que entiendan por qué me largo a hablar así de estas terribles vueltas del destino, denominadas por el diccionario y por las personas: viajes.

Siempre es lindo conocer espacios nuevos, o recorrer lugares “distintos” al que uno está acostumbrado. Pero ¿para qué sirven además de eso? Para relajarse, me podrán decir; me parece que no.

Los viajes son una reverenda porquería. Antes de viajar se despierta siempre en mí la esperanza de conocer a una chica hermosa, de la cual, yo me enamore, que me corresponda con su amor, y pasar unos día fantasticos. Y me hago todas estas ilusiones sabiendo que en realidad, lo que no pasa en mi ciudad, no va a pasar en otro lado. Podré conocer millones de chicas hermosas, y enamorarme de ellas, pero ellas nunca se van a fijar en mí ¡Como si de una ciudad para otra cambiaran los gustos!

Después se podría agregar también, haciendo uso una vez más en este blog de Dolina, que nadie regresa, que toda despedida es definitiva. Y es cierto, que se yo. Pero eso ya me lastima más, me pone más al borde del llanto.

Y acá aparece la parte de la mentira. Porque la primer mentira que nos auto formulamos cuando viajamos es: todo va a ser mejor que acá; y en realidad el lugar no importa. Y después aparece otra mentira: yo estoy rogando que una chica hermosa mañana, por apuesta, o por cualquier motivo, me mienta, y me diga que me ama, y me bese y todo eso. Ni siquiera pido que me amen, sino que me digan que me aman, aunque sea falso.

Y esta parte del artículo va dedicada a Caro, que me pidió algo así en alguna firma anterior.

Según el diccionario de la RAE mentira es: Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.

Y podemos distinguir distintos tipos de mentira:

El primero es el que más me gusta: la mentira para no lastimar. Es decir, te miento, tan solo para que no sufras, para sacarte una hermosa sonrisa. Nietzsche no estaría muy de acuerdo con esto, y a veces yo tampoco, pero es más fácil mentir en este aspecto.

Después podríamos identificar la mentira por haraganería: esta es horrible, y me da asco. Un buen ejemplo: una pareja, y el hombre le dice a la mujer: te amo. Ella para no tener que enfrentar el engorroso trámite de la separación, de los llantos, de los reclamos, dice: yo también, cuando en realidad su corazón ni siquiera late. Y no lo hace por lastima al otro ser, lo hace porque no tiene ganas de separarse y de cambiar algo que viene de hace tiempo, etcetera.

Y el tercer tipo es la mentira para no discutir: este tipo de mentira vendría a ser el que identificó el ya citado Nietzsche con el IA de los asnos (en alemán, el sí tiene una manera de pronunciar parecida al sonido de los asnos), que cuando sus amos decían algo, por más que no estuvieran de acuerdo, decían tan solo IA. Y las personas que dicen IA tan solo para evitarse una discusión, un despido, o algo por el estilo, son muchas, demasiadas. Y estas, si no asco, me dan lastima (a Nietzsche no le gustaría que yo tenga lastima por alguien, perdón).

Mientanme, por favor, mientanme.

La realidad se hace más soportable con alguna mentira de vez en cuando. La realidad es espantosa a secas. Estoy pensando que a quienes nos atrevemos a enfrentarnos al destino, a quienes nos atrevemos a intentar descubrir el universo, algo nos juega una mala pasada, y terminamos llorando, solos, tristes. Aunque tal vez, estar llorando, solos, tristes sea la consecuencia de entender todo.

Sobre un cuento (IV)

La noche anterior

Entre los matorrales, un hombre estaba escondido. Era una noche oscura y fría, y el hombre esperaba. Y mientras esperaba, recordaba la noche anterior. Recordaba una casa, una cama, una mujer. Los cuerpos desnudos, buscándose con desesperación, besándose con locura. Sus manos recorriendo el largo y enmarañado pelo de la mujer, los hombros, acariciando suavemente los senos tan perfectos. Sus manos que bajaban, primero el vientre, después los muslos. Y su boca que pasaba por los lugares que las manos ya habían abandonado. Y la saliva mezclándose con el sudor. Los gemidos de placer de la mujer, y después de nuevo boca con boca y vientre con vientre. Y mucho más placer y locura. Terminar extasiado, y fumar un cigarrillo. Invitar a la mujer, y que rechazara, y pasar el resto de la noche abrazados, fingiendo dormir. Ninguno de los dos durmió, porque querían pasar disfrutando cada segundo del otro, porque al fin y al cabo, el otro ya no era otro. Ambos eran la misma persona. Los corazones latían al unísono, los pensamientos vagaban en la misma dirección.

Pero ahora no tenía que acordarse de eso, ahora era tiempo de cumplir y ganar dinero. Era tan solo esperar, meter la mano en el bolsillo, sacarla, y mover un dedo. Y después otra vez ella, y otra vez su piel, y otra vez sus labios, y otra vez el placer.

Iba caminando tranquilo, la noche fría y oscura. Miraba el cielo, en donde ni la luna ni las estrellas se hacían presentes. Y caminaba, y recordaba. Recordaba la noche anterior: estar con una mujer prohibida, enredarse entre las sabanas con una mujer casada, y gozar como nunca. Y después el llamado, la sentencia. La desesperación y comprender que ya no había salida. Asumir su final y esperar.

Y en ese momento, se oyó un disparo entre los matorrales.

Semanas después un hombre caminaba. Era una hermosa mañana, era temprano, de a poco la ciudad se despertaba. El hombre estaba apurado; estaba a una cuadra de la parada del colectivo, y no quería perderlo y tener que esperar el siguiente durante 15 minutos, o 20. Aguzaba sus oídos para poder percibir el pesado sonido del transporte, para saber cuando tenía que correr. Lo esperaba otro largo día de trabajo. Y mientras caminaba, recordaba. Recordaba la noche anterior, nada especial: una cena rápida, y sentarse en el sillón a mirar películas, hasta que lo venciera el sueño. Primero una de acción, que lo mantuvo expectante hasta el final, y lo dejo muy nervioso. Después, para relajarse, una película, con hombres y mujeres desnudos, de esas que no llegan a ser pornográficas, para las que se necesita un poco de imaginación. Una hermosa rubia desnuda que fingía orgasmos que él creía, y preguntarse por qué una mujer tan bella estaba ahí, excitando a tantos hombres terribles, cuando podía estar en su habitación, excitando a uno solo, y probablemente a uno grande.

Escuchó la proximidad del colectivo, y cuando se disponía a correr, una bala salida de ninguna parte le atravesó la cabeza.

Sobre un regalo

Estimados visitantes:

Creo que merecen una recompensa por soportar estoicamente todos mis artículos, y además mentirme firma tras firma, diciendo que les gustan. Creo que merecen leer por primera vez algo bueno en este blog. Y aquí van tres hermosos poemas.

Si he de vivir

Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,
la sopa fría, los zapatos rotos, o que en mitad de la opulencia
se alce la rama seca de la tos, ladrándome
tu nombre deformado, las vocales de espuma, y en los dedos
se me peguen las sábanas, y nada me dé paz.
No aprenderé por eso a quererte mejor,
pero desalojado de la felicidad
sabré cuánta me dabas con solamente a veces estar cerca.
Esto creo entenderlo, pero me engaño:
hará falta la escarcha del dintel
para que el guarecido en el portal comprenda
la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma
del pan que pasa su morena mano por la hendija.

Tan lejos ya de ti
como un ojo del otro,
de esta asumida adversidad
nacerá la mirada que por fin te merezca.

Julio Cortazar

Rima IV

No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Gustavo Adolfo Béquer

Rima XXI

“¿Qué es poesía?” dices mientra clavas

en mi pupila tu pupila azul.

“¿Qué es poesía?” ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú.

Gustavo Adolfo Béquer

Esto es genial, es hermoso.

Cortazar y su maestría, y nosotros, los comunes y feos ¿Cómo hacemos para merecer mirar a una hermosa mujer?

Y Béquer “mientras exista una mujer hermosa habrá poesía”, explica todo, sencillamente todo. Al igual que “Poesía… eres tú”

Me encanta leer estos poemas.

Y espero que por primera vez ustedes puedan disfrutar de leer mi blog.

Sobre el nacionalismo

Antes que nada, yo sabía que me iba a pasar. Desde que arranque con el blog, sabía que no podía durar mucho. Cada vez tardo más en subir algún artículo, mis ideas se acaban, todo sigue igual.

Y ahora me voy a tener que dedicar un poco a lo que no tiene relación con el alma, a pesar que m duela, pero tengo que hablar del nacionalismo.

Y que mejor ejemplo para hablar del nacionalismo que los JJOO.

¿A qué me refiero cuando digo nacionalismo? Bueno, a la actitud de todas las personas de amar a su país por sobre los demás, por el simple hecho de haber nacido en ese territorio. A la actitud de decir: mi país es el mejor de todos. A la actitud de decir: los que nacieron en otros países no sirven para nada.

Hablo de lo que fue un componente fundamental del nazismo. De eso hablo cuando digo nacionalismo.

Realmente yo no entiendo la pasión fervorosa de las personas por defeder con uñas y dientes a “su” país por sobre los demás. No estoy hablando de la lucha de San Martín, por ejemplo, que nos liberó de España. Toda lucha antiimperialista la veo a la perfección. Lo que me cuesta entender es cómo estamos distanciados por ejemplo, de los hermanos bolivianos. Cómo nos creemos superiores a ellos. Cómo cuando llega un boliviano a la Argentina lo primero que se dice es: estos vienen a robarnos trabajo a nosotros. Y encima después termina trabajando en una fábrica textil ilegal, en la que le pagan unos miseros centavos por hora. Yo no entiendo cómo insultamos a chilenos, paraguayos, uruguayos, peruanos, venezolanos, colombianos, etc, etc, por el solo hecho de haber nacido en otro lugar. No entiendo.

Lenin decía que los países subdesarrollados tenían que unirse en un Estado federal y solo así podrían hacer frente a las grandes potencias capitalistas. La URSS fue un intento de esto. Pero rápidamente el nacionalismo acabó con el sueño. Los rusos creyendose superiores, los bielorrusos intentando separarse a cada rato, los ucranianos. Y después Stalin que empezó a torturar y matar a todos los que se opusieran a su régimen (principalmente nacionalistas de los otros países que conformaban la URSS) y todo que se desmoronó despacio, pero rápido, y el sueño de los bolcheviques terminado ante la Nación-Estado burgués.

En vista de esto, me pregunto: ¿no será un intento imperialista el de que perdure el nacionalismo?

Tendría mucho sentido. Los pequeños países no se unen, se pelean entre ellos, y el Martín Fierro: “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, si los hermanos se pelean, los devoran los de afuera” (o algo así). Y argentinos peleados con todo el resto de sudamerica, y los imperialistas vienen a “ayudar” y siempre terminan ganando ellos.

Porque si por lo menos el nacionalismo conservara algo de inteligencia, si fuera parecido al de Perón, si no dejaramos que otros robaran nuestros recursos, si las grandes industrias fueran estatales, todo sería un poco más dificil para las potencias. Pero ni eso. Es como elegir la peor parte de lo peor. La parte más ciega y estúpida.

Y esta es la relación con los JJOO: ¿no son acaso un canto al nacionalismo? Todos los atletas separados por países, compitiendo en defensa del país, a ver quien gana más medallas doradas, el que no gana es un gil, y “les rompimos el orto a los negros brazucas y a los nigerianos” y somo lo mejore, y seguimos peleandonos por estupideces mientras Bush sigue instalado en Irak, y también en Argentina, y en Colombia, y en Bolivia de la mano de los autonomistas, y así, y nosotros discutiendo por una competición sin sentido. Sería mucho mejor que las persona compitieran según lo que ellos eligieran. Es decir, uno no elige donde nace, pero sí, por ejemplo, a que ideología política y económica adherir. Así podrían estar los Liberales, los Neoliberales, los Socialistas, los Comunistas, los Anarquistas, los que apoyan a la Doctrian Social de la Iglesia. Tendría mucho más sentido, y las disputas serían mucho más entendibles. Porque competir porque somos de países distintos es estúpido, pero competir porque uno quiere que el Estado no intervengan en la economía, y el otro quiere que intervega en todos los aspectos, y además esas ideas elegidas por cada uno, sería más lógico. Y ahora me imagino a una Anarquista compitiendo: jugando al futbol con las manos, no respetando el silbido del árbitro, incluso matándo a todos los árbitros, quemando los reglamentos con el fuego olímpico. Sería digno de ver.

Si tan solo nos unieramos, todos los débiles (que somos la mayoría) y dejáamos de lado nuestras diferencias territoriales, podríamos por fin ser fuertes, podríamos por fin derrotar a los que nos explotan, podríamos por fin SER IGUALES.

Sobre un cuento (III)

En las tinieblas de la noche

En las tinieblas de la noche, por la calle oscura, llegó a su casa. Buscó la llave en su bolsillo, casi con ganas de no encontrarla.

Lamentablemente la llave estaba ahí. La sacó despacio, busco la llave indicada (había varias en el llavero) y la metió en la cerradura. Giró despacio, tratando de no hacer ruido. No es que hubiese alguien en la casa, pero el sonido lo molestaba a él.

Después de girar dos veces la llave, abrió la puerta y entró. Decidió no prender la luz. Tal vez de esta manera la culpa sería menor. Tal vez la oscuridad lo protegería mejor de los fantasmas de la culpa.

Ayudado por la poca iluminación de la calle, por sus recuerdos de la casa, y por sus manos, fue dirigiéndose hacia la cocina. Primero un largo pasillo, después abrir la puerta que estaba al final a la derecha y entrar, doblar a la izquierda y dirigirse en línea recta hacia otra puerta. Atravesarla y ya estaba en la cocina.

Dejó un extraño objeto sobre la mesada, como si se desprendiera de una parte de su vida.

Recorrió en sentido contrario el camino que lo había llevado hasta la cocina. Nuevamente guiándose por los mecanismos ya mencionados, llegó hasta su habitación. Seguía sin prender la luz. Pensaba que la culpa sería menor de esta manera. Se dirigió a su cama. Corriendo las sabanas se acostó y se tapó. Tenía mucho frío. Solía leer antes de cerrar los ojos, pero leer implicaba prender la luz, y la culpa. Leer implicaba unos inexpugnables textos que lo dejarían al borde de un abismo, frágil ya por los acontecimientos recientes. Leer significaba que cada frase, cada palabra, cada letra, lo llevara al pasado inmediato, al error irremediable.

Optó por cerrar los ojos, e intentar dormirse. Primero tarareó un hermoso tango, “La novia ausente”, pero notó que esto también lo llevaba hacia atrás. Pensó en “Mi noche triste”, en “Nostalgias”, en “Solo se quiere una vez”, en “El día que me quieras” y todo era atrás, todo era el pasado. Decidió dejar de lado el tango.

Nada podía distraerlo, nada podía alejarlo de aquel momento que había sido su pasado, que era su presente, y que sería para siempre su futuro.

Y entonces, casi en un acto de desesperación, decidió enfrentarlo. Volver a sentir cada brisa, a caminar cada paso, a oír cada voz.

Primero la tarde, salir del trabajo después de discutir con el jefe, después de ya saber que iba a ser despedido, “tenemos problemas financieros, debemos disminuir el personal” y “pero hace años que trabajo aquí, fui siempre fiel a usted, prácticamente entregué mi vida al trabajo”, “discúlpeme pero no puedo hacer nada, ya es tarde”. Gritos, insultos, golpes, hasta que el personal de seguridad lo sacó, para siempre, de aquella que había sido su oficina, de aquel lugar en donde había pasado tantos años, de allí donde había conocido a quien era su amada. Y recordó la mágica mañana en que ella se presentó con su curriculum, para solicitar un puesto de secretaria que había quedado vacante después de la jubilación de Inés. Y él mirándola como un idiota, y ella dándose cuenta, y una risa pícara, una mirada fugaz, una condena al infierno…

Salir del trabajo y dirigirse sin avisar a la casa de su novia, a la que era su novia por obligación, por costumbre. El amor había, sino desaparecido, disminuido hacía tiempo, pero las presiones externas ¿externas? los llevaban a estar juntos todavía. Siempre lo mismo, él iba a su casa, salían a cenar, alguna película u obra de teatro, luego la casa de él, la cama, la unión de los cuerpos que al principió eran uno solo, y después eran tres. Los besos, las caricias que no fingían, ambos sabían que no eran para ellos, eran caricias y besos ajenos, solo las costumbres hacían que se equivocaran de destinatario. Y después dormir juntos, no abrazados, sino lejanos, la misma cama, pero distinto tiempo, distinto espacio. Levantarse, saludarse con desgano, desayunar en el mismo comedor, pero no juntos, y luego separarse, cada uno a seguir su vida.

Llegó. No fue necesario tocar timbre o golpear la puerta. Tiempo atrás su novia le había dado una copia de la llave. Abrió sin hacer ruido, no sabía bien por qué. Entró, caminando despacio. Tuvo un presentimiento terrible, y se dirigió a la cocina. Una vez allí revisó el cajón de los cubiertos, y agarró un gran cuchillo. Se dirigió sigilosamente hacia la pieza donde él suponía que la traición estaba ocurriendo. Comenzó a escuchar gemidos, gemidos de placer, esos que hacía tiempo el no escuchaba salir de la boca de su amada, pero sí de compañeras ocasionales. Era su voz, eran sus gemido, los que alguna vez habían pertenecido a él. La puerta de la habitación estaba abierta. No tuvo que seguir avanzando para darse cuenta de que su premonición había sido acertada. No tuvo que seguir avanzando para saber que quien ocupaba el lugar que tiempo atrás le había pertenecido. Era aquel que fue su amigo. Ese con el que compartió la infancia, el compañero de la escuela, el compañero de futbol, el incondicional, el que estaba siempre. Recordó cuando, hacía unos años, una mujer, esa mujer, había hecho que se pelearan. La disputa por su amor. El amigo la conocía desde hacía un tiempo, y estaban saliendo. Él sin saberlo se enamoró de ella (aunque si hubiese sabido lo de su amigo tampoco lo hubiese evitado), comenzó a conquistarla, pero era en vano, porque ella con la mirada ya se había entregado a él. Así llegó la primera noche de amor desenfrenado, y después el amigo que le presentaba a su novia, y después la mirada cómplice, y después pasarse de copas y confesarle al amigo que lo había traicionado, que él lo había traicionado con ese demonio que se escondía detrás de un hermoso rostro. Gritos, copas rotas, botellas destrozadas, ambos expulsados del bar en el que había transcurrido la velada, un juramento de venganza y el no verse más, hasta ese momento.

Así que esa fue la venganza. Ya no importaba saber hace cuanto tiempo era engañado, ya no importaba nada.

Entró en la habitación, con el cuchillo en la mano…

Sintió como finalmente el sueño lo vencía. Comenzaba a viajar por lugares hermosos pero que escondían algo que los hacía terribles. Apareció de repente en un cine. En la pantalla estaban proyectando una película, él ya sabía el final. Quiso salir corriendo para no tener que verlo, no quería presenciar ese momento. Pero no pudo, algo lo sujetaba fuertemente al asiento. Finalmente desistió y contempló aterrado el final.

Un hombre entrando al cuarto de su novia, y confirmando la sospecha de traición. Abalanzándose sobre “el otro” con un cuchillo en la mano y matándolo con dos puñaladas certeras. La mujer tratando de huir y rindiéndose ante la fuerza del hombre. La violación y el asesinato. El hombre que huyó corriendo llevándose el objeto que había ayudado en el asesinato. Llegar a su casa en las tinieblas de la noche. Primero dejar el puñal en la cocina, después agarrarlo de nuevo y llevarlo hasta su habitación. Sentarse en la cama, repensar todo lo que había pasado ese día, y con el mismo cuchillo que había matado a la mujer amada (porque finalmente comprendió que la seguía amando) cortar sus venas. La sangre que salía, y él que observaba, casi triunfante, como poco a poco se iba muriendo.

Despertó sobresaltado, alegrándose de que todo fuera un sueño. Quiso levantarse para ir a tomar un vaso de agua, pero no pudo, no tenía fuerzas. Con mucho esfuerzo corrió las sabanas y las sintió húmedas. Tuvo miedo, mucho miedo. Por primera vez en mucho tiempo (¿acaso no había pasado ya toda su vida?) prendió la luz. Con terror vio el puñal sobre la mesa de luz ¿cómo, si lo deje en la cocina?, miró su brazo, aquel que el protagonista de la película había cortado, y sí, ahí estaba, un profundo corte, sangre derramada, mucha, y saber ya que no se iba a salvar.

Y por último, en la puerta de su habitación, la mujer amada y el antiguo amigo, ambos riendo:

- La venganza, querido amigo, la venganza…-.

Es lo mejor que puedo hacer. Perdón.


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