Sobre un cuento (VII)
Final
Me levanté medio aturdido. La habitación estaba oscura, por lo que sospeché que todavía era de noche.
Busqué con mi mano el botón para prender el velador. Necesitaba confirmar que todo había sido un sueño. Lo encontré, y lo apreté. Nada. Insistí varias veces, pero nada.
Me di vuelta y sentí su cuerpo al lado del mío. La creí dormida, y con suavidad la acaricié, sintiendo cada centímetro de su piel, cada lugar de su cuerpo. Me detuve, para no despertarla. Haberla tocado alcanzaba más que la luz para reconocer la realidad.
Abrazado a ella, me volví a dormir…
Su tierna voz me despertó en la mañana. Nos besamos apasionadamente, pero de repente, ella se separó de mí.
- Debemos irnos de aquí- me dijo- No pidas explicaciones, y seguime.
Me vestí apresuradamente y le hice caso sin preguntar. Yo no necesitaba saber nada más, entendía todo lo que pasaba.
Nos dirigimos al sótano. La ayudé a correr una pesada caja. Debajo de ella había una puerta secreta, que estaba esperando este día.
Bajamos una escalera vertical, y caminamos mucho tiempo a través de un largo y oscuro pasillo.
Se detuvo y me detuve. Apretó un botón, pero nada pasó.
- Ni siquiera aquí funciona la luz.
Sacó de su mochila una linterna y la encendió. Contra la pared, apoyados, inertes, estaban los plomizos.
-Es hora de que empiecen a funcionar.
La ayudé, y uno por uno fuimos encendiendo los doscientos guerreros que deberían defender a
Les indicó el camino para llegar a la superficie, y se fueron. Nuevamente quedamos los dos solos.
Entre tiernas palabras y dulces caricias, nos desvestimos, hasta quedar completamente desnudos. Cuando estábamos juntos, no nos importaba nada más.
No sé cuanto tiempo había pasado hasta que nos volvimos a vestir. Siempre tuve la sensación de que era ella quien decidía el ritmo con que se movían las agujas. Elegimos seguir el camino que antes habían recorrido nuestros seres mecanizados.
Cuando estábamos por atravesar la última defensa que nos separaba del exterior, me agarró fuerte la mano. Ambos teníamos miedo.
Abrí la puerta. Los plomizos recorrían la devastada superficie de lo que una vez había sido un planeta vivo, y combatían en lugar de los hombres. Pero no por mucho. El final se avecinaba. De los doscientos plomizos, sólo quedaban veinticinco, y estaban muy malheridos. Los invasores estaban venciendo.
Nos miramos, nos abrazamos, y nos besamos. Nuestro beso duró eternamente…
Aparte: recién, mientras comía, haciendo zapping en la televisión, buscando algo que me satisfaga (sabiendo ya que no iba a encontrar nada) encontré El Muro Infernal. Y los payasos que trabajan ahí, vestidos de Colón e indígenas, haciendo una parodia de la Conquista.
Por supuesto, me pareció una total falta de respeto. Cuando veo la cara de Colón, también veo a Videla.
Y veo el nacimiento del Imperialismo.
Basta de agradecerle a ese señor. Basta. Es una de las figuras más nefastas de la historia. ASESINO, GENOCIDA.


es ella quien decidía el ritmo con que se movían las agujas.
hay Chipá. Para que soñar con Brad Pitt, existiendo un tipo que puede decir estas cosas