LAS DOS CARAS DE LA ARGENTINA
El 2010, el año del bicentenario: 200 años de historia y pocos logros. Me pregunto cuántos años más nos llevará el cambio de mentalidad que necesitamos para crecer.
Este año pasé de la simple protesta a la acción, a involucrarme más en este tema que me agobia como a tantos otros argentinos: LA INSEGURIDAD.
Empecé a contactarme con las asociaciones que formaron los familiares de las víctimas. A tratar de conocerlos, de entender por el calvario que pasan no sólo por perder a un ser querido, sino por el proceso largo y doloroso para encontrar a los culpables y el otro proceso todavía aún más difícil y doloroso que es lograr JUSTICIA.
Por primera vez me armé un cartel y estuve en todas las marchas que pude acompañando en su dolor a las familias a quienes les arrebataron a un hijo, un padre, un hermano, o a un bebé sin nacer. Estuve codo a codo con familiares a los que les despareció una hija y todavía no saben dónde está y si sigue viva o no.
Lloré, me indigné, me enojé, me dio miedo, paré por momentos para fortalecerme, para convencerme a mí misma de que esta lucha vale la pena y creo que sí y se los voy a justificar con una anécdota que me pasó recientemente.
Hace pocos días acompañé a mi mamá al médico y mientras estábamos en la sala de espera, entraron 5 o 6 personas con una abuela, que se la notaba desvanecida. El médico de guardia salía y entraba a las corridas para conseguir lo necesario para reanimarla. Entonces me acerqué a preguntarle a uno de los acompañantes de la mujer qué le pasaba. Me dijo que la abuela venía en el colectivo y se le empezaron a aflojar las piernas. Ella llegó a decirles a los pasajeros del micro que era diabética y que no se había dado la inyección de insulina. Cuando el colectivo pasó por la Sala de Primeros Auxilios, 6 personas que no la conocían, simplemente venían viajando con ella, se bajaron para ayudarla y llevarla a que la viera un médico. En la sala no tenían insulina. Tuvieron que llamar una ambulancia del hospital para que viniera a asistirla. Cuando la ambulancia llegó a buscar a la abuela, los 6 pasajeros desconocidos se subieron con ella para ir al hospital, porque la abuela no tenía a quién llamar.
Todavía no entiendo las dos caras de la Argentina, esa dónde un grupo de personas deja de lado sus ocupaciones, sus apuros, sus compromisos para ayudar a alguien que ni siquiera conocen, y la otra, la Argentina violenta dónde dos hijos de puta armados te quitan la vida y dejan una familia destruida.
Quiero creer en la Argentina solidaria, esa dónde un grupo de desconocidos me puedan ayudar si algo me pasa.
Yo se que suena como el Quijote peleando contra los molinos de viento, pero tal vez haya que estar loco para enfrentarse a las cosas que queremos cambiar. DE SABIOS Y DE LOCOS, TODOS TENEMOS UN POCO.
Tal vez las utopías no sean imposibles, es simplemente preguntarse ¿QUÉ PAÍS QUERÉS PARA TUS HIJOS Y TUS NIETOS? ¿LA ARGENTINA SOLIDARIA O LA ARGENTINA VIOLENTA?
YO ELIJO: LA ARGENTINA SOLIDARIA
Como diríamos en el Twitter….¿ME SEGUÍS? TE SIGO!!!!
¡A pelear contra molinos de viento en el 2011! Los espero!!! Felicidades!!!
Cintia (Pukka)
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Hola, Cintia. Vine a contestarte y saludarte y te escribí largo, pero como tenés razón, hace tiempo que no ando por acá (desde mi saludo del año pasado) no me fijé en lo del código de acá abajo y se borró todo lo que escribí. Resumiendo, te decía que leí este post y me dejaste con un nudo en la garganta y que por suerte, veo que no soy la única que decidió que por lo menos algún molino de viento puede ser real. Te mando un beso grande y te felicito por tu actitud y tu solidaridad. Feliz 2011!!
ana