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Perdiendo el miedo al cambio

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Domingo a la tarde

A cierta hora de la tarde del domingo comenzamos a experimentar cierta nostalgia, tristeza y hasta mal humor. Es el sentimiento clásico de este día de la semana cuyo nombre es: síndrome del domingo a la tarde.

Les aseguro que no es una sensación personal, sino que es “un universal” de todos los que trabajamos. El origen radica en darnos cuenta que el placer se acaba y la realidad inevitable se impone: que mañana hay que volver a la rutina del trabajo con sus obligaciones y demandas.

Para no dejarnos invadir por esta tristeza ¿qué podemos hacer?

- Centrarnos en el presente. Qué sentido tiene pensar en el mañana del día lunes laborable, si aún estamos en el día Domingo. Aprovechemos lo mejor posible lo que nos queda de él, ¿no?

- Aceptar lo inevitable y dejarnos de quejas. Si, es cierto que se acaba el fin de semana, con su libertad y ocio. Entonces en el poco tiempo que resta hagamos algo que nos guste, ejemplos: ir al cine, ver amigos, jugar con nuestros hijos, leer un libro, etc.

- Transformar el sentimiento negativo en positivo: es un buen momento para dedicarnos a aquellas cosas que nos quedaron pendiente por falta de tiempo durante la semana. Manos a la obra ahora mismo

Transformación

A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás

le dijo el Maestro: -si es paz lo que buscas,

trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás.

Es más fácil calzarse unas zapatillas

que alfombrar toda la tierra.

Anthony De Mello

Aprendiendo a estar solos

SOLEDAD. Esta palabra que nos sugiere: ¿agrado? ¿miedo? ¿malestar?. ¿Decidimos estar solos?. ¿Sentimos vergüenza de estar solos?. ¿Por qué algunas personas no pueden estar solas?

El psicoanalista inglés Donald Winnicott precisó que la capacidad de estar solos se construye a través de un proceso. Según sus palabras: “… se basa en la experiencia de estar a solas en presencia de otra persona y que sin un grado suficiente de esa experiencia es imposible que se desarrolle dicha capacidad…”.

La paradoja consiste en que el estar solos se construye si antes fuimos lo suficientemente acompañados.

Aunque si esta capacidad no se construyó en la infancia, existe otra alternativa: aprender nosotros mismos a estar solos.

Animarnos periódicamente el practicar estar solos, como si fuera un laboratorio y luego analizar que nos sucedió, que sentimos, que descubrimos.

También crear espacios para ejercitar el derecho de estar solos. Por ejemplo: si vivimos con otros, podemos levantarnos a la mañana antes que ellos o quedarnos despiertos un tiempo mientras los demás duermen o estar atentos a los pequeños momentos de tiempo que nos puede dejar el trajín de la vida cotidiana.

En ocasiones, la intervención profesional ayuda al establecimiento de pautas de este “Programa de Soledad” y para encontrar a veces el tan difícil punto de equilibrio móvil entre el ser “uno” y el ser “con otros”.

¿Cuántas malas elecciones de pareja hacemos por el miedo a la soledad?.

La confusión queda de manifiesto cuando pensamos que somos la mitad de otros (la media naranja, la media medalla) cuando en realidad ¡estamos enteros y bien enteros!

Estar plenamente conscientes

Si realmente querés estar plenamente consciente de tus momentos, mirá

lo que estás mirando, escuchá lo que estás escuchando, tocá lo que estás

tocando y sentí lo que estás sintiendo.

Se trata no solamente de estar haciendo algo sino de estar totalmente

despiertos a lo que estamos haciendo.

Permanecer conscientes del momento presente puede tener importantes

beneficios en:

Nuestro comportamiento para el cambio.

Mejorar nuestra concentración.

El desarrollo de nuestra creatividad.

Mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Crecimiento de nuestra autoestima.

¿Cómo hacemos para atender y conectarnos más plenamente con el

momento presente?:

Detenernos en lo que estamos haciendo.

Conectarnos con lo esencial de lo que está ocurriendo.

Conectarnos con el lugar donde estamos.

Conectarnos con nuestro propósito.

Despertar a lo importante de este momento.

Inspirando calmo mi cuerpo y mi mente.
Expirando: sonrío.
Estoy en el momento presente,
porque sé que éste es el único momento que
hay para mí.

Thich Nhat Hanh



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