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AGUAS BRILLANTES. LOS ESTEROS DEL IBERA.

carpincho coexistiendo con yacaré negro

Ubicados en el corazon de la Provincia de Corrientes, es tanto una maravilla natural como un legado cultural.  Existen mucha y variada literatura sobre el Iberá, por lo cual no abundaremos en detalles.

Nos parece interesante, en todo caso, abordar desde el angulo “ambiental” . De acuerdo a lo publicado por la Fundación Vida Silvestre Argentina, la situación ambiental . “…en contraste con la rica diversidad de especies, suelos y paisajes, es la zona del noreste argentino con mayor pobreza del pais. El 68,7% de las personas tienen ingresos debajo de la linea de pobreza…”

Sin duda es un dato que duele profundamente.

Pero en lo que queremos transmitir en tema mas o menos entendible, es definir y caracterizar que es un “estero” y que lo diferencia de un “bañado” El ambiente con agua constante es un estero, en tanto la “mojadura” temporaria es la denominada bañado.

La depresión del Iberá es un espacio casi vacío de población humana. Viven alrededor de cien familias, la mayoria concentrada en la Colonia Carlos Pellegrini. La ganaderia existente es la que mayor impacto produce de modo negativo que afecta sectores de pastizales medios y altos. Las pasturas se ven afectadas.

Un “benefactor” del lugar es el estadounidense Douglas Tompkins del cual no haremos ninguna referencia pero en el lugar y por los lugareños es muy querido  y profesionales del agro le han reconocido de modo publico su labor en la conservación de los Esteros.

Por otro lado, hay un argumento muy fuerte que los esteros han sido y permanecen amenazados por la represa de Yaciretá , ya que el lugar viene aumentando el nivel de las aguas, entendiéndose que la cuenca del Iberá NO ES independiente de la cuenca del Paraná y que este en su cauce antiguo formaba parte del lugar y que existe ingreso subterráneo de agua que eleva el nivel de éstas, no alcanzando el rio Corrientes (unica via de desague superfial del sistema).

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MECANISMOS LIMPIOS EN EL MEDIO AMBIENTE

LOS MECANISMOS LIMPIOS. INSTRUMENTOS ECONOMICOS.

Dr Eduardo Mogni

El diario La Nación del día domingo 4 de setiembre de 2005, dedica sus cuatro primeras páginas al desastre natural sufrido por Nueva Orleáns en EEUU consecuencia del huracán Katrina.

En tanto, muy posteriormente, en la misma edición, un articulo muy escueto indica que la Argentina se ha convertido en el primer país en vías de desarrollo en crear un Fondo de Carbono (FAC) que es una iniciativa para frenar la contaminación de la atmósfera mediante proyectos con energías renovables que, además, apuntan a traer inversiones. Este proyecto se basa en el Protocolo de Kyoto para el mecanismo limpio[1]

Las coincidencias entre la falta de adhesión al Protocolo de Kyoto y la “creación” (otro término no encontramos) del Katrina por parte de los EEUU son mas que obvias.

El tema mas grave, por ejemplo, y por esta misma causa, en nuestro país en medio de esta guerra por contaminación, de combustibles fósiles y una activa deforestación sufre el retroceso de los glaciares que después del año 1980 van quedando fuera de todo rango.[2]

1.1 Antecedentes: El tema se enmarca en la problemática del comercio de las emisiones.

En diciembre de 1997 se suscribió el famoso Protocolo de Kyoto. El mismo contiene la adopción de un mecanismo para tratar de evitar la emisión de gases de invernadero por una cuarentena de países industrializados, incluyendo a Rusia.

Investigaciones desarrolladas por Naciones Unidas revelan que desde 1900 la temperatura media del Planeta se ha elevado entre 0,3 y 0,6 grados centígrados. Pero esto no es todo porque de seguir este ritmo se prevé que a finales del siglo XXI el incremento sea de 5,8 grados y la precipitación global aumente entre el 3 y 15 por ciento. Por estas razones, la Unión Europea (UE) inició hace unos años una estrategia para garantizar el desarrollo sostenible y minimizar el cambio climático mediante el fomento de las energías renovables, la eficiencia energética y la responsabilidad medioambiental. Estos aspectos están recogidos en el Protocolo de Kyoto (diciembre, 1997) cuya ratificación ha supuesto, entre otras cosas, idear nuevas fórmulas para cuidar el medio ambiente. Una de ellas ha sido la creación del mercado de derechos contaminantes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que muchos han denominado ya el “mercado de la contaminación”.

El Protocolo de Kyoto se ha fijado como meta reducir un 8 por ciento respecto a los niveles de 1990 las emisiones de gases de efecto invernadero generadores del cambio climático, especialmente dióxido de carbono (CO2), para el período 2008-2012 de los países adheridos. Con este objetivo se pondrá en marchar a partir de 2005 el “mercado de la contaminación” a través de tres mecanismos:

· Comercio Internacional de Emisiones: los países industrializados pueden vender y comprar sus créditos de emisión entre ellos.

· Implementación Conjunta: los países industrializados pueden comprar reducciones de emisiones derivadas de proyectos en otros países industrializados.

· Mecanismo de Desarrollo Limpio: los países industrializados pueden comprar reducciones de emisiones derivadas de proyectos de los países en desarrollo. Es decir, para mayor claridad que el mercado de carbono, se debe entender que se desarrollaran dos tipos de transacción:

a) Comercio de Derechos de Emisión: Adquisición de derechos de emisiones creados por un organismo regulador con unidades de cantidad distribuidas dentro del protocolo de Kyoto.

b) Transacciones provenientes del desarrollo de proyectos: Donde el comprador adquiere certificados de reducción de emisiones. Se les llaman C.E.R.S. y hasta este momento no se ha expedido ninguno de ellos.[3]

Valido es remarcar que las acreditaciones o crédito ambiental o certificados de reducción de emisiones sólo puede ser contabilizado una vez ejecutado el proyecto y nunca con antelación.

De esta forma, e independientemente del mecanismo que se elija, un país que haya logrado reducir sus emisiones por debajo de las metas de Kyoto podrá vender el resto de sus derechos de exceso de emisiones a otros países que generen más contaminación de la permitida obteniendo un claro beneficio económico por ello. Todo apunta que los mayores proveedores de aire caliente serán Rusia, Ucrania y Kazajstán, cuyas emisiones de CO2 en 2001 fueron el 45 por ciento inferiores a las emitidas en 1990.

La directiva comunitaria establece que el mercado internacional de derechos de emisiones contaminantes entre en funcionamiento, en una primera fase, entre 2005 y hasta finales de 2007, período durante el cual no habrá objetivos jurídicos vinculantes que limiten las emisiones de gases de efecto invernadero en los Estados miembros. Será a partir de 2008 cuando se lleve a cabo un ajuste a los objetivos de Kyoto, de acuerdo con los inventarios nacionales de este tipo de gases.

El mecanismo es complejo, y este no es el ámbito de análisis explicativo por honor a la necesaria brevedad del trabajo.

No obsta a ello recordar que luego de la suscripción del protocolo en distintos puntos del planeta se desarrollaron encuentros para cumplir las pautas del convenio marco, siendo nuestro país el receptor de una de ellas en diciembre de 2004. El receptor de una de ellas en Diciembre de 2004, Buenos Aires.[4]

Muchas han sido las Cumbres celebradas a lo largo de esta última década a favor del medio ambiente y para conseguir la disminución de los efectos del cambio climático, pero conseguir unificar posturas y alcanzar acuerdos unánimes respecto a temas tan complicados como son los medioambientales no es fácil y por ello hasta hoy se siguen organizando este tipo de citas entre representantes oficiales, no oficiales y ONG’s con el objetivo de que algún día se conseguirá llegar a un acuerdo internacional. Hasta ahora este tipo de citas han tenido lugar en Estocolmo (1972), Río de Janeiro (1992), Berlín (1995), Ginebra (1996), Kyoto (1997), Buenos Aires (1998), Bonn (1999), La Haya (2000), Marrakech (2001), Johannesburgo (2002) y Nueva Delhi (2002). A continuación hablaremos de estas dos últimas para ver cuáles han sido las conclusiones más recientes extraídas de las Cumbres internacionales sobre acuerdos globales sobre el medio ambiente.

1.2. Cumbre De Johannesburgo: Desde el 26 de agosto al 4 de septiembre, Johannesburgo (Sudáfrica) acogió la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, una reunión donde dirigentes mundiales, activistas y representantes de empresas se dieron cita para resolver problemas globales medioambientales, fundamentalmente, y adquirir compromisos al respecto.

Uno de los objetivos principales que se planteó la Cumbre desde el primer momento fue la ratificación de varios tratados internacionales: el Protocolo de Kyoto, el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, el Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos de Plantas para la Alimentación y la Agricultura, el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos y Persistentes

La firma y adhesión a estos acuerdos hubiera significado el compromiso de los países participantes con el medio ambiente, pero la realidad fue muy distinta ya que tan sólo se llevó adelante una Declaración Política y un Plan de Acción. El primer documento señala el camino recorrido desde la Cumbre de Río de Janeiro (1992)[5] hasta Johannesburgo, apuntando los principales desafíos, el compromiso con el desarrollo sostenible y la necesidad de multilateralismo. El segundo, más importante, constituye la estructura para la implementación de los acuerdos sobre reducción del número de personas en el mundo que no tienen acceso al agua potable, la biodiversidad y los recursos pesqueros y ningún objetivo para promover las energías renovables.

La ausencia de compromisos en materias clave como energía y biodiversidad, de plazos y metas, así como el carácter no vinculante de los acuerdos dejaron sin efecto la capacidad atribuida desde el principio a la Cumbre de Johannesburgo. No obstante, algo que sí fue muy importante y que todos los asistentes destacaron como inédito fue la amplia participación de actores no estatales.

La posición de la opinión pública europea, la mas pensante y racional por cierto, [6] tiene las opiniones mas coherentes, avanzadas y progresistas que significa una suerte de presión sobre la decisión de las autoridades de cada país, en clara distinción con la sumisión de la ciudadanía estadounidense a la soberbia de sus gobernantes.

EEUU es el país más contaminante del mundo, emitiendo un 25 por ciento de las emisiones totales de gases incluidas en el Protocolo de Kyoto y a pesar de que sólo cuenta con el seis por ciento de la población mundial. El presidente norteamericano, George W. Bush, mantiene en firme su postura en contra del proyecto medioambiental de Kyoto, después de que se retirara del mismo en marzo de 2001, porque “es perjudicial para los intereses económicos de EEUU, ya que cumplirlo significaría un coste de 400.000 millones de dólares, y una amenaza para los trabajadores, perdiendo 4,9 millones de empleos” ya que más de la mitad de la energía generada por el país procede de plantas alimentadas por carbón y regular el sector supondría, según Bush, precios mucho más altos para la electricidad.

Por ello, la Casa Blanca ha propuesto la legislación “Cielos Limpios” (febrero 2002) como alternativa al Protocolo de Kyoto encaminada a la reducción de la contaminación en el aire y que se aplicará a las industrias norteamericanas basando su estrategia en la adopción de medidas voluntarias en lugar de obligatorias con el objetivo de ralentizar las emisiones contaminantes pero no reducir su volumen. En concreto, se contempla la reducción forzada de tres de los peores gases contaminantes producidos por las plantas que utilizan combustibles fósiles: óxido de nitrógeno, dióxido de azufre y mercurio.

La iniciativa prevé que las emisiones de CO2 y otros gases similares aumenten a un ritmo menor que el crecimiento de la economía, lo que Bush quiere vender como una reducción en la práctica. Apuesta porque la implantación de la legislación de “Cielos limpios” reducirá significativamente las emisiones de humo y de mercurio, que pondrán fin a la lluvia ácida.

El Gobierno estadounidense destinará 4.600 millones de dólares para incentivos fiscales para las empresas y personas que decidan participar voluntariamente, con la compra o puesta en marcha de sistemas de generación de energía limpia, como la eólica o la solar, o automóviles híbridos. También promoverá métodos para quemar carbón de forma más limpia, potenciará la energía nuclear –que no produce emisiones- y mejorará la eficacia de los automóviles, apoyando la investigación en vehículos impulsados por pila de combustible. Según los cálculos de la Administración de Bush, con este sistema se lograría una reducción del 18 por ciento de las emisiones contaminantes en diez años, período después del cual el presidente estadounidense se comprometió a revisar la eficacia de estas medidas y avanzar más contra las emisiones responsables del efecto invernadero como el CO2.

La UE critica la postura de EEUU puesto que el calentamiento global es el desafío más terrible y peligroso de la Humanidad en el próximo siglo y apuesta porque el recorte de emisiones se lleve a cabo mediante medidas internas de cada país, la manera más efectiva de concienciar a toda una sociedad de la necesidad de cambiar las actitudes de las empresas. En este sentido, numerosas organizaciones ecologistas también han criticado el plan norteamericano porque lo consideran ineficaz al basar las medidas únicamente en la buena voluntad de las grandes empresas.

Con la creación del mercado de la contaminación, Bush ve salida a las críticas europeas y cree que la solución perfecta es la compra de niveles de emisión de gases que le sobren a otro país. De esta manera no tendrá que ajustarse a la reducción del 7 por ciento de emisiones fijado por el Protocolo de Kyoto y podrá seguir contaminando libremente sin tener que gastar un centavo en minimizar sus propias emisiones.

Canadá, otro de los países contrarios a adherirse al Protocolo de Kyoto siguiendo la línea de actuación estadounidense, cambió de actitud recientemente y el pasado 17 de diciembre de 2002 su primer ministro Jean Chretien ratificó formalmente el texto que recogía los compromisos respecto al cambio climático. Con ello acepta la reducción de las emisiones contaminantes del país en un 6 por ciento entre los años 2008 y 2012 respecto a los niveles de 1990.

En definitiva, el incipiente “mercado de la contaminación” se trata de un intento de la UE de conseguir reducir al máximo las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera con el mínimo coste mundial. Las dificultades que existen sobre el uso de los bosques como sumideros de CO2 y del comercio de emisiones como alternativa a la contaminación no consisten tanto en conocer si realmente sirven para absorber o retener este gas sino en averiguar la capacidad y la confianza de tener sistemas de medición y de verificación de las cantidades de dióxido de carbono absorbido o no emitido. El tiempo será el encargado de desvelar la eficacia o ineficacia, la utilidad o inutilidad de este “mercado de la contaminación”, que como cualquier decisión de instituciones oficiales ha despertado alabanzas y críticas en los distintos sectores de la sociedad. [7]

En el discurso de presentación del Decreto 1070 el 1ro. De septiembre de 2005, se habla de sus beneficios estimándose en dichas palabras, un ingreso anual al país de alrededor de u$s 150.000.000 anuales.

No existiendo demasiadas estadísticas y a la luz de las pocas que existen, va de suyo que esta valuación y valoración parece exagerada comparándolas hoy en día con el comercio contaminador general mundial, con nuestra crisis energética, con los valores internacionales del petróleo.

Si nuestro país no posee tecnología quien puede considerar posible y efectiva la reducción de emisiones?.

2. Definiciones y Métodos: Los llamados Mecanismos de Desarrollo Limpio, permitiría a los países industrializados disminuir los esfuerzos domésticos de reducción de emisiones merced a las actividades realizadas en los países en desarrollo.

Es decir, los países industrializados pueden cumplir compromisos con un costo menor y los países en desarrollo obtener financiación para proyectos que contribuyen a aumentar la eficiencia energética y la participación de energías renovables

Pero hay muchos objetos de debate, de origen económico y político, esencialmente y los choques de realidades culturales, sociales, ambientales, etc., de los países implicados.

Según hemos entendido en las clases que van desarrollándose en nuestro ámbito, se debería establecer un registro internacional de las transacciones. con claras metodologías contables., las operaciones deben contabilizarse una vez realizadas y no antes, ya que un proyecto puede no realizarse o puede fracasar y en definitiva, en ambos supuestos, no habría mecanismo de reducción de emisiones.

Por otro lado, otra propuesta parece ser lo que debe incluirse y lo que no debe incluirse siendo esto también materia de discusión. Para EEUU parece importante la energía nuclear que la denomina “carbón limpio” (sin importar el desecho radioactivo en esta denominación) por lo tanto no podrían entrar en los mecanismos limpios. Menuda cuestión ab initio. A SU VEZ HAY OTRA TENDENCIA FUERTEMENTE CONTRARIA.

A esta altura de las circunstancias, me es importante comprender y hacer comprender que esta cuestión del cambio climático, el porque y un breve abordaje desde el concepto de la ciencia que ejercemos cual es el Derecho y, su vinculación interdisciplinaria que, de modo abarcativo, da un ejemplo necesario y clave con el tema.

Ciertamente nos llamó la atención una exposición del Dr. Osvaldo Canziani[8] en el asunto quien expresa……Un modelo de desarrollo como el actual que se desarrolla a escala global en el consumo energético fósil (carbón 36%, petróleo 32% Y GAS 17%), cuyas emisiones a la atmósfera han sido acumulativas desde el siglo XVIII en los actuales países desarrollados implica el motor impulsor del cambio climático. Debido a las interacciones dinámicas atmósfera/hidrosfera/litosfera, los impactos van adquiriendo escalas regionales y globales afectando más allá de las áreas geográficas de emisión

Por eso, el tema energético, la utilización de alternativas tales como energía voltaica, solar ó eólica ya están teniendo experiencias internacionales en varias partes y en tal sentido

El Dr. DinoBellorio Clabot [9] indica que: “…El Protocolo define el llamado Mecanismo para un Desarrollo Limpio. Su propósito es ayudar a las partes no incluidas en el Anexo I del instrumento a lograr un desarrollo, así como ayudar a las incluidas en el Anexo I a dar cumplimiento a sus compromisos cuantificados de limitación y reducción de las emisiones. Las partes no incluidas se benefician de las actividades de proyectos que tengan por resultado reducciones certificadas de emisiones; las partes incluidas podrán utilizar esas reducciones para contribuir al cumplimiento de una parte de sus compromisos cuantificados, contraídos conforme lo determine la Conferencia de las Partes.

El mecanismo está sujeto a la autoridad y a la dirección de la Conferencia de las Partes en calidad de reunión de las partes en el Protocolo y a la supervisión de una junta ejecutiva.

La reducción resultante de cada actividad es certificada por las entidades operacionales, teniendo en cuenta la participación voluntaria acordada por cada parte participante; beneficios reales, mensurables y a largo plazo en relación con la mitigación, y reducciones de las emisiones adicionales.

Según resulte necesario, el mecanismo ayudará a organizar la financiación de actividades de proyectos.

El Art.12º del Protocolo determina quiénes podrán participar en el mecanismo para un desarrollo limpio, en las actividades mencionadas y en la adquisición de unidades certificadas de reducción de emisiones: entidades públicas o privadas. La participación quedará sujeta a las directrices que imparta la junta ejecutiva del mecanismo. También se fija que las reducciones certificadas de emisiones que se obtengan en el período comprendido entre 2000 y el comienzo del primer período de compromiso podrían utilizarse para contribuir al cumplimiento en el primer período de compromiso.

El Protocolo de Kyoto finalmente entró en vigor el 16 de febrero de este año (con la notable ausencia de los Estados Unidos), en un intento de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta ahora 141 países han firmado el Protocolo de 1997. Entre las principales excepciones, los EE.UU. y Australia alegan que el cumplimiento de estas condiciones pondría en peligro sus crecimientos económicos y dejaría sin empleo a millones de trabajadores. Tampoco adhirieron Croacia y Mónaco.

El Protocolo, según lo adelantado, establece legalmente objetivos vinculantes para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero, producidos por las naciones ricas.

Los Estados Unidos firmaron el Protocolo, pero decidieron no ratificarlo por los supuestos daños a la economía del país. El presidente se limitó, entonces, a prometer que apoyaría las reducciones de gases únicamente mediante las acciones voluntarias y el desarrollo de nuevas tecnologías (nueva diplomacia).

Mediante la resolución 825/04, de noviembre de 2004, quedaron aprobadas las normas de procedimiento para la evaluación nacional de proyectos presentados ante la Oficina Argentina del Mecanismo para un Desarrollo Limpio (establecida por decreto 822/98). Dicha evaluación de proyectos requiere necesariamente ser efectuada mediante la intervención ordenada por los organismos y equipos técnicos competentes. Tanto en la Convención Marco sobre el Cambio Climático como en el Protocolo de Kyoto se reconoce la importancia de implementar mecanismos flexibles para alcanzar de una manea costo-efectiva la reducción de emisiones de los gases de efecto invernadero a nivel mundial, sin alterar el proceso de crecimiento de los países en desarrollo; y que con ese objetivo fue creado el llamado Mecanismo para un Desarrollo Limpio, según surge del Protocolo. Son funciones de la Oficina Argentina del Mecanismo establecer metodologías y procedimientos para la identificación, la formación y la evaluación de proyectos del Mecanismo para un Desarrollo Limpio; asesorar en la aprobación de tales proyectos; identificar las fuentes de financiamiento para los proyectos MDL y establecer los nexos con dichas fuentes. La reglamentación determina las pautas y lineamientos que deberán observarse para la presentación de proyectos ante la mencionada Oficina y su posterior evaluación y aprobación o rechazo, según corresponda. [10]

3. Conceptualizaciones: La Argentina ha ratificado mediante la ley 24.295 la Convención de Cambio Climático, que fuera sancionada el 7 de diciembre de 1993 y a partir del 9 de junio de 1994 el convenio posee fuerza de ley.

La cuestión ambiental ha tenido una evolución más interesante luego de la reforma constitucional del año 1994 y podríamos expresar que ya se trata de una política de estado, una de las pocas que existe en el país y tiene un dejo de perdurabilidad.

En cuanto al particular interrogante que sin la cooperación de la actualmente principal potencia económica puede dar resultado el Protocolo y todas sus implicancias reales y normativas es difícil de responder, no caben dudas que hay dudas, sería el razonamiento positivo más certero.

En una interesante entrevista al Dr. Jorge Fianza en la revista Abogados.[11]

“El desarrollo sustentable es un nuevo paradigma, debemos volver sobre la importancia de la riqueza de nuestros recursos naturales, no despilfarrarla, cuidar del capital natural y tratar de que se nos compense por todas las pérdidas a que ese capital ha sido sometido y que esa compensación reclamada incida en nuestra deuda externa…”

Franza, aquí quiso expresar un planteo realizado por altas autoridades nacionales cual es que somos un país deudor desde el punto de vista financiero pero acreedor desde el punto de vista ambiental

4. Conclusión: Es evidente que la sustitución de fuentes de energía es una de las tareas importantes para el encuentro de un mecanismo limpio.

En tanto, con visión puntual y realista, se ha realizado un proyecto de reducción de contaminantes atmosféricos en la región metropolitana de Santiago de Chile. En base al parque automotor existente y medidas de control, aplicación de normas económicas, técnicas y jurídicas, podemos encontrar un listado interesante que llevaría, incluso, según ese informe a reducir en un 50% la contaminación producto del transporte publico. Las medidas seleccionadas serian diversas.

Por ejemplo, en un PLAN DE PREVENCIÓN Y DESCONTAMINACION ATMOSFERICA, Chile da un ejemplo de pautas a seguir como por ejemplo:

· Adopción de un criterio seleccionados de medidas, distinguiendo entre fuentes móviles, fugitivas y estacionarias.

· Selección de vehículos según modelos y combustión,

· Cambio de composición de combustible diesel,

· Cambio de composición de los combustibles sin plomo

· Pavimentación y mejoramiento de calles, para aumentar la eficiencia de la combustión en la marcha,

· Comparación de resultados.

Antecedentes y proyectos similares se fueron adoptando en distintos centros industriales (Por Ej. Parque Industrial La Cantábrica en Morón, Pcia. De Buenos Aires).

Como es posible apreciar, las luces y sombras del Protocolo de Kyoto son diversas, se resumen en esperanzas, expectativas y escepticismos. Muchas parten de este lado del planeta, pero la angustia la genera el sector norte del mundo. Poco o nada ha cambiado a estos dias.



[1] La Nación 4/9/05, pags. 2, 3, 4 y 29. B.O. Decreto 1070 del 05/09/2005.

[2] La Nación 29/07/2003.

[3] www.eldial.com.ar (suplemento ambiental publicación 06/09/05).

[4] Ver capítulos 28/32 Agenda XXI.

[5] Ver Agenda XXI.

[6] Agenda Europea del Medio Ambiente. AEMA. Copenhague. 29/06/2004. www.report.eea.eu.int/eea_report_2005_1/en

[7] www.estrucplan.com.ar “El mercado de la contaminación” 05/09/2005

[8] Osvaldo Canziani. Economía y Ambiente. FARN.

[9] Revista Abogados C.P.A.C.F., abril 2005. Pag. 52 y 53.

[10] Resolución 825/04, Secretaria Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable.

[11] Revista Abogados, Febrero 2005. CPACF.

LA IGLESIA Y LA CALIDAD AMBIENTAL

Ver imagen en tamaño completoDocumento oficial

La Iglesia, en favor de la calidad ambiental

Preocupación por el avance de la minería

Silvina Premat
LA NACION

Al debate por la contaminación del ambiente y la explotación abusiva de los recursos naturales se sumó la voz de la Iglesia, al denunciar la minería a cielo abierto, con uso de explosivos y de insumos tóxicos, y la “laxitud” de la legislación que convierte el país en un destino “apetecible” para capitales extranjeros.

El Episcopado difundió un documento, titulado Reflexiones sobre la megaminería, con estas y otras “preocupaciones y propuestas” ante las “recurrentes versiones de un incremento en la exploración y en la explotación minera” en Chubut.

Lo suscriben el obispo de Comodoro Rivadavia, monseñor Virginio Bressanelli, y las comisiones diocesanas de Pastoral Social y de Pastoral Aborigen de esa diócesis patagónica. Con el transcurso de los días, ese documento está recibiendo la adhesión de otros prelados, como el de Esquel, José Slaby.

“No nos oponemos a la actividad minera en sí que, en determinadas condiciones y con determinadas tecnologías, nos suministran muchos bienes necesarios para el funcionamiento del sistema económico y social del país”, aclaran. “Nos oponemos a la megaminería o minería a cielo abierto, con uso de explosivos y de insumos tóxicos, cuyo poder de contaminación y producción de desechos traen efectos devastadores de los bienes naturales, como el agua, el suelo, el aire y la luz.”

Lo que “hace apetecible la inversión minera en el país” es “la laxitud de la legislación actual, y no sólo el potencial de metales existentes”. Por eso, piden “una revisión total y reformulación de la legislación minera, de los procedimientos de evaluación de impacto ambiental y de los mecanismos de las audiencias públicas para su debate”.

Recuerdan que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) impone a los Estados el deber de consultar previamente a los pueblos indígenas siempre que se estudie, planifique o aplique cualquier medida susceptible de afectarlos directamente.

La Iglesia sugiere que se den más información y debates públicos que valoren los aportes de los grupos interesados en la salvaguardia del ambiente y de la biodiversidad, y que se instrumente una red de monitoreo ambiental.

También se interesó en el plan de saneamiento del Riachuelo. El juez federal de Quilmes Luis Armella se reunió con integrantes de la Conferencia Episcopal Argentina para informarlos acerca de los alcances del proceso.


LAS PLAGAS DE UNA CIUDAD

La suciedad, un imán para los roedores

Según los especialistas, se duplicó la población de ratas en los últimos años; también proliferan otras plagas peligrosas para la salud

(Publicado en LA NACION del 22/9/09 como articulo de investigación periodistica)


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La suciedad, un imán para los roedoresUna rata entre la basura en una esquina de plaza Roma Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo
Pablo Tomino
LA NACION

Los vecinos lo denuncian y cualquiera, a simple vista, puede advertirlo en calles y recovecos de la Capital cuando cae la noche: la ratas proliferan por la ciudad. Lo confirman los especialistas en desratización, que coinciden en que en los últimos cinco años el número de roedores se ha duplicado, aunque las autoridades porteñas afirman que no está cuantificada su población.

Algunos barrios, como Villa Soldati, Villa Riachuelo y Mataderos, y zonas, como las costaneras Norte y Sur, entre otros sitios, están en el tope de las denuncias vecinales por la presencia de roedores en plazas y calles; son considerados una plaga porque afectan la salud humana.

“Estos animales son transmisores de enfermedades y se reproducen todo el año. Como en el caso de los murciélagos y como en el de cualquier otro animal, lo fundamental es no dar los recursos necesarios para que se sigan propagando, como alimentos y un lugar donde refugiarse. Es necesario mantener los lugares libre de residuos, hacer una desratización antes y después de demoler algún sitio, y evitar la acumulación de agua”, dijo la doctora Olga Suárez, directora de laboratorio ecológico de roedores de la facultad de Veterinaria de la UBA.

Los especialistas afirman que las villas son los principales focos de roedores en la ciudad, así como las zonas ribereñas y los sitios abandonados. También los lotes en donde no se limpia y se construyen edificios son sitios que ocupan las ratas, que, cada una, pueden tener entre 50 y 70 crías por año.

La basura acumulada y la rotura de bolsas de residuos por cartoneros deja servida la comida para los roedores, algo sobre lo que numerosos habitantes de la ciudad no han tomado conciencia en cuanto a la importancia de preservar la higiene de las calles.

“El control que se hace en toda la ciudad es con unas 80 personas, que llevan adelante la desratización de lugares considerados peligrosos y donde más denuncias se reciben”, dijo Juan Carlos Chiappini, a cargo de la dirección de Faltas Comunales de la ciudad.

Suárez, por su parte, dice que es imposible hacer un análisis cuantitativo de la especie, pero reconoce que, en la ciudad, “hay distintos focos y comunidades que van emigrando de un lugar a otro. Y es necesario evitar que se propague, pero tampoco es bueno exterminarlas totalmente por el equilibrio del ecosistema”.

La rata es el roedor que más cantidad de agentes patológicos transporta, y puede contagiar la leptospirosis y el hantavirus. “Por lo general, la población de ratas se autorregula: si abundan en un lugar, es común el canibalismo [madres que comen a sus crías], así como la homosexualidad entre los habitantes de una comunidad”, dijo la doctora Suárez.

Roberto Fainstein, desratizador y uno de los dueños de la empresa La Protektora, que presta servicios en la Capital y en distintas ciudades del país desde 1988, considera que la presencia de ratas en la ciudad ha aumentado de manera significativa en los últimos años.

“Según cifras no oficiales, hoy hay en la Capital entre 10 o 12 roedores por cada habitante [hay 3 millones en la Capital], mientras que hace siete años había siete roedores por cada persona. Desde la construcción de Puerto Madero, los roedores buscaron otros sitios, y nosotros tenemos muchísimo trabajo”, afirma Fainstein.

En la Capital, existe, además, una considerable población de lauchas, de contextura más pequeña y que, por lo general, se encuentra en las cocinas de los domicilios. Hay dos tipos de ratas, según los especialistas: la negra, que se muestra en los techos de las casas y que se traslada de un lugar a otro a través de los árboles y de los cables, y la típica, que anda por la tierra, en casas, basurales, obras en construcción y zonas propensas a inundarse.

Las palomas
Otro animal que suele ser objeto de denuncias vecinales son las palomas. “Son problemáticas en cuanto a los efectos que producen sus heces a las personas, que también transmiten muchas enfermedades. Por otra parte, traen problemas estético-culturales: la acumulación de sus desechos afea y corroe esculturas y obras de arte. Esto es debido al ácido úrico contenido en la materia fecal”, explicó Suárez.

El control de esta especie que lleva adelante la ciudad tiene que ver con la eliminación de áreas de asentamiento y nidificación y la reducción de las fuentes de agua y de alimentación. “Está mal que se alimente a las palomas con maíz, ya que se aumenta así su población y, además, el maíz que ellas no comen va para las ratas”, dijo Chiappini. Halcones, que comenzaron a verse en la ciudad, a su vez, se alimentan de palomas.

Otras especies que suelen deparar sorpresas a los porteños son los escorpiones y las lagartijas. Los escorpiones no son considerados una plaga y, por lo general, se encuentran en lugares húmedos. Una picadura de este insecto puede generar graves complicaciones en la salud de una persona y en el organismo.

En cambio, las lagartijas, que también se ven en las cañerías de los edificios y merodean por algunos sitios de los departamentos, son inofensivas. Si bien no son autóctonas (se cree que llegaron desde Brasil), no se conocen enfermedades transmitidas por esta especie. Se alimentan de bichos y, generalmente, se alojan en paredes de polvo y con humedad.

Más allá de la repugnancia que causan los murciélagos, los especialistas consideran que no se deben eliminar, ya que cumplen un lugar importante en el ecosistema. Estos animales comen por día el peso de su cuerpo en insectos. “Lo fundamental es evitar el contacto directo. Además, debe hacerse la denuncia al momento de localizar alguno”, dijo Suárez. Algunos de los lugares donde suelen ubicarse son los taparrollos de las cortinas y en los techos.

Hay más: los mosquitos, y en especial con la amenaza latente del dengue, no dejan de ser un problema. Hay unas 30 especies en la ciudad y algunas son regionales, cuya presencia se da de acuerdo con las condiciones climáticas. “Algunos mosquitos silvestres se encuentran en charcos temporarios producidos por las lluvias y otros, como el Aedes agipty, transmisor del dengue, ponen sus huevos en lugares con agua estancada, como piletones. Son transmisores de encefalitis bacteriana o virósica”, dijo Suárez.

Entre los insectos, las cucarachas ocupan el primer lugar de rechazo entre la gente. Los rincones oscuros y húmedos son ideales para su supervivencia, al igual que los ambientes sucios o con residuos de comida. La más común es la rubia o blatella germánica, que en un año produce más de 20.000 crías. La cucaracha puede llevar bacterias que ocasionan enfermedades, como gastroenteritis y disentería, entre otras. Según los especialistas, el 75% de ellas habita en la cocina de una casa; el 20%, en el baño, y el 5%, en otros ambientes.

RIO DE LA PLATA CONTAMINADO

La polución del Río de la Plata, cada vez peor

Está eliminando fauna y flora; se complica la potabilización del agua

(La Nación del 21 de septiembre de 2009)


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La polución del Río de la Plata, cada vez peorLa basura se mezcla en el agua contaminada aportada por arroyos subterráneos en la Costanera Norte Foto: LA NACIONAngeles Castro
LA NACION

La contaminación en el Río de la Plata, del cual se obtiene el agua que consume la población en el área metropolitana, no cede. Y cuanto mayor es el grado de polución, más complejo y costoso resulta el proceso de potabilización. Además, la presencia de elementos contaminantes orgánicos e inorgánicos en ese curso, donde confluyen vertidos tóxicos de todo tipo, está eliminando fauna y flora.

Esa realidad y la falta de conciencia de los vecinos de la Capital y la periferia sobre el consumo responsable del recurso (cada habitante gasta por día diez veces más litros de lo que recomienda la ONU) representan los dos problemas más serios en torno del agua en la principal concentración urbana del país.

Mediciones hechas en forma periódica entre 2001 y 2008 por el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental 3iA de la Universidad Nacional de San Mar-

tín (Unsam) se comprobó la existencia de elementos contaminantes orgánicos e inorgánicos en las aguas de la llamada Franja Costera Sur del río, que se extiende desde San Fernando hasta Magdalena y baña las costas del área metropolitana.

La presencia de estas sustancias contaminantes -originadas en los efluentes cloacales, domiciliarios (detergentes) e industriales que llegan hasta el Río de la Plata transportados por otros ríos y arroyos que en él descargan- se mantiene constante desde que docentes y alumnos del 3iA comenzaron los estudios e impactan directamente en la calidad del agua.

“No está peor, pero tampoco está mejor la situación. La carga es más dolosa a medida que pasa el tiempo. Como sociedad, no hemos hecho nada por revertir la contaminación”, reflexionó el doctor en química Daniel Cicerone, profesor asociado de la Unsam y coordinador de la investigación sobre la Franja Costera Sur.

Los efluentes cloacales, dijo Cicerone, aportan compuestos nitrogenados, como nitratos, nitritos y amonios, que son empleados por los organismos fotosintéticos como nutrientes. Si se registran en gran cantidad, provocan el aumento desmedido de organismos que impiden el paso de la luz y comienza un proceso de eutrofización, o sea de muerte de la biota. Además, aportan organismos patógenos, como bacterias y virus.

Por otra parte, los efluentes industriales transportan contaminantes orgánicos e inorgánicos. Los frigoríficos, por ejemplo, si no tratan sus vertidos, entre los que se destacan restos de animales, aportan gran contenido de bacterias. Al introducir en un curso de agua materia orgánica, ésta consume oxígeno para su oxidación y hace descender los niveles de ese elemento en el agua; así, se favorecen procesos anaerobios, durante los que se producen metano y sulfuro de hidrógeno, y se liberan olores nauseabundos.

Mientras tanto, las curtiembres y la metalurgia generan metales, como el cadmio, el cromo, el cobre, el plomo, el cinc y el mercurio. Otras industrias liberan pesticidas y fertilizantes.

Menor calidad Cicerone explicó a LA NACION que, por todas estas sustancias en suspensión, los efluentes cloacales e industriales disminuyen la calidad del agua y, por ende, la “aptitud de uso del recurso”. En la ribera porteña, la mayoría de los usos están invalidados. ¿Cuáles son esos usos? Fuente de agua para consumo humano, protección de la vida acuática, irrigación, recreación y uso industrial. Como se sabe, está prohibido bañarse en el Río de la Plata y la biota (la fauna y la flora) está seriamente comprometida.

“Además, a mayor contaminación, la potabilización resulta más costosa y demanda mayores esfuerzos”, señaló Cicerone, que también es licenciado en oceanografía.

La calidad del agua se mide en una escala del cero al 100. Por debajo de 24, el líquido no es apto para ningún uso; entre 24 y 52, sirve para un uso mínimo; entre 53 y 92, para uso limitado. Finalmente, entre 93 y 100, el agua puede ser destinada a cualquier uso.

Los equipos del 3iA toman muestras de agua en las desembocaduras del Riachuelo y del arroyo Medrano, y en el curso del río Reconquista que, al igual que los dos anteriores, es afluente del Río de la Plata. Cicerone recordó que eligieron esos tres torrentes porque eran los que la bibliografía identificaba como los tres que más contaminación aportaban al Río de la Plata, por las cuencas que atraviesan, en el siguiente orden: Riachuelo, Reconquista y arroyo Medrano.

La Unsam midió el impacto del Riachuelo en la Franja Costera Sur en 2002, 2004, 2005 y en 2006. En la desembocadura del arroyo Medrano (uno de los tres arroyos subterráneos más importantes de la Capital, junto con el Maldonado y el Vega), trabajó en 2001, 2003, 2005 y en 2008.

Vertidos tóxicos Los estudios sobre el río Reconquista evaluaron la calidad del agua en el segmento que corre entre la ex ruta 8 y la Panamericana, en 2007 y en 2008. Los contaminantes presentes en ese tramo, expresó Cicerone, vierten en el Río de la Plata.

Según los resultados de los análisis, en la desembocadura del Riachuelo, a la altura de Vuelta de Rocha, el índice de calidad del agua se sitúa en 16 y un poco más cerca del Río de la Plata, en Cuatro Bocas, alcanza 33. A esa altura, la Franja Costera Sur mostró valores de entre 54 y 57. Allí, los investigadores hallaron que era casi nulo el oxígeno disuelto, era alta la carga de nitrito y amonio, y había algunos metales, como el cromo, el plomo y el cadmio, todos nocivos para la salud.

En tanto, el arroyo Medrano, que libera su caudal justo en el límite entre la Capital y Vicente López, llega con un índice de 15, toca los 37 en las instalaciones del Club Universitario de Buenos Aires (CUBA) y ronda los 41 y 42 frente a Ciudad Universitaria. A sólo 1000 metros de allí, funcionan las tomas de agua de AySA, la empresa encargada de distribuir agua potable a la Capital y al conurbano. Fue alta la carga orgánica hallada, había alteraciones en el oxígeno disuelto y era elevada la presencia de amonio y nitrito. No se observaron metales.

Finalmente, en el río Reconquista, muy influenciado en el segmento analizado por la recepción de los pluviales del partido de San Martín, los valores oscilaron entre 30 y 40. Los equipos del 3iA detectaron disminuido el oxígeno disuelto, aumentado el nitrógeno, fósforo, cadmio y plomo, entre otros; amonios y nitratos.

EN EL GRAN BUENOS AIRES EL PROMEDIO DE VIDA ES MENOR

El promedio de vida es de dos años menos que en Capital; la degradación del ambiente agrava la situación en las zonas más pobres

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Vivir y morir en el Gran Buenos AiresUn basural a cielo abierto en el límite entre San Miguel y San Martín Foto: Hugo Alconada Mon
Hugo Alconada Mon
LA NACION

Sólo por residir en el conurbano, la vida se acorta dos años, por lo menos. Esa es una de las diferencias más notables y significativas con quienes viven en la Capital Federal. Claro está que esa cifra también depende de dónde se resida. En qué partido y en qué área dentro de ese distrito inmenso, porque no es lo mismo dormir sobre las cuencas del Riachuelo-Matanza o del Reconquista que en las zonas más acomodadas de San Isidro o Tigre, o incluso de Hurlingham. O de Lomas. Ni siquiera a la hora de anticipar de qué morirá cada uno.

Las estadísticas generales esconden los matices. Porque los que viven en el primer y más rico cordón alrededor de la ciudad de Buenos Aires registran una expectativa de vida de 74,72 años, algo por encima de la tasa provincial (74,44), pero más de un año por sobre la estimación para el segundo cordón (74,72), según estadísticas oficiales bonaerenses.

Eso, sin mencionar la distancia que media de un lado y otro de la avenida General Paz. “Si evaluamos a los vecinos de la zona norte de la ciudad de Buenos Aires y las zonas pobres del conurbano, hablamos de 10 años de diferencia en la expectativa de vida”, cuenta el ex subsecretario del Ministerio de Desarrollo Social porteño Carlos Regazzoni. Doctor en medicina, sigue como funcionario de la ciudad y lleva años estudiando el área metropolitana. Esos 10 años es la diferencia, ejemplifica, entre Recoleta y Avellaneda, para no ir más lejos.

El contraste no sólo se da por los años que podrían vivir unos y otros. También por quiénes tienen más probabilidades de vivir: si la tasa promedio de mortalidad infantil era de 12,7 por mil en la provincia en 2006 y de 12,9 en todo el país (subió a 13,3 en 2007), en el conurbano fue de 13,9. Pero, otra vez, con claros contrastes: en el primer cordón fue 11,1 (con 7,3 en Vicente López y 14 en Ituzaingó), y en el segundo cordón llegó a 14,9 (con San Fernando en 9,7 y Presidente Perón en 20,6).

Esos contrastes abarcan también las causas que llevan al cementerio. Si los tumores y los infartos concentran el 41,2% de las muertes en el resto de la provincia, en tajadas casi idénticas pero con una ligera prevalencia de los tumores, en el conurbano dominan por mucho las enfermedades del corazón. El 28,7% de los decesos se deben a un fallo cardíaco, según las estadísticas de 2007, las últimas disponibles, del Ministerio de Salud bonaerense.

Los accidentes y las enfermedades infecciosas también son causas habituales de muerte. Pero por debajo de las causas subyace una variable tan vasta como compleja: el impacto en la salud general de las cuencas de los ríos Reconquista y Matanza, y en menor medida de la del río Luján.

La contaminación de las aguas alcanza niveles tan evidentes como patéticos en lugares muy diversos. Como a la vera del predio de la Ceamse que media entre los partidos de San Miguel y San Martín, junto a las vías del tren, entre el barrio Libertador y el asentamiento 8 de Mayo. Allí es donde el agua potable llega a algunas casas con caños tendidos sobre las calles por los vecinos, que cavaron los cimientos de sus viviendas entre los desechos.

Allí corre un arroyo putrefacto, casi paralizado por bolsas, animales muertos y autos robados arrojados a las aguas. De un lado y del otro se extienden las casillas, que se comunican por medio de toscos puentes de madera. Uno de ellos lo financió un rotisero para que del otro lado pudieran ir a comprarle.

¿Por qué la municipalidad no limpia todo esto? “Porque en 48 horas estaría peor de lo que está. Es algo cultural”, responde quien acompaña a LA NACION, un muchacho que se dedica a mejorar la calidad de vida de los sectores postergados de la zona.

Como si fuera parte de un guión, apenas unos metros después un lugareño pasa por delante de LA NACION y el muchacho con una bolsa en la mano. Parecía enfilar hacia un contenedor de la basura de 6 o 7 metros de largo apostado junto al arroyo. Pero no. En vez de apuntar hacia allí, las lanzó a la barranca.

“¿Viste? Esto es algo cultural”, se lamenta el muchacho. Sabe que con los problemas dramáticos que afrontan, para muchos hablar sobre el impacto del medio ambiente en su salud resulta poco menos que ridículo.

Un equipo del Ministerio de Salud porteño, sin embargo, determinó que las comunas de la ciudad que conforman el área de la cuenca Matanza-Riachuelo exhibieron “tasas ajustadas de mortalidad mayores” que las generales de toda la ciudad en 2007, “especialmente en las enfermedades del sistema circulatorio, tumores, respiratorio, infecciosas y causas externas”. En cuanto a la mortalidad infantil, fijaron que “en 2006 murieron 3 niños por 1000 más que en el total de la ciudad”.

“La cuestión ambiental, la gestión de ambas cuencas y la degradación del medio ambiente crecieron muchísimo en la agenda pública en los últimos 15 años”, dice la directora del Instituto del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Andrea Catenazzi. “Hoy refleja una oportunidad, más que un tema prioritario, pero el desafío ambiental tiende a unificar los criterios de los municipios como región metropolitana, a diferencia de otros temas, como la inseguridad”, explica.

Para Regazzoni, el debate sanitario también debería incluir un “anzuelo” económico: “Cada peso invertido en sanear las cuencas equivale a 35 pesos entre los gastos médicos futuros ahorrados y la producción de riqueza derivada de la mayor cantidad de años productivos que tendrá la población”.


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