EL IDIOMA DE LAS MALAS PALABRAS
Los argentinos y las malas palabras
Sobre ellas gira la polémica, muchos intelectuales las defienden con sólidos argumentos; otros adjudican su uso a la pobreza de vocabulario.
Ya lo dijo Lao-tsé, un sabio filósofo chino que vivió entre el 570 aC y el 490 aC: “Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes”. Y no se equivocaba… Desde dictámenes psiquiátricos, pasando por las referencias a las costumbres sexuales hasta la larga estirpe de alusiones a los progenitores, la mayoría de la gente las utiliza en el lenguaje cotidiano.
Sin embargo, todavía causa cierto escozor aceptarlas como parte del habla. Sin ir más lejos, desde pequeños nos reprenden al pronunciarlas. Y así vamos creciendo, al principio desafiando a los mayores en voz baja y luego, en la adolescencia, repitiéndolas cada vez que podemos para demostrar que ya somos dueños de nuestro propio lenguaje. Una vez adultos, aunque no siempre sucede, pesa el esfuerzo por cuidar las formas.
El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. Nadie puede negar su utilidad: tienen una fuerza expresiva única, sirven para descargar la ira, el enojo y la calentura (en todos los sentidos).
Jorge Luis Borges, en el prólogo de su libro “Ficciones”, escribió: “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos”.
¿Entonces, qué tan “malas” son las malas palabras? Malas remite directamente a tabú, algo prohibido, que no debe siquiera pronunciarse. Y porqué no se las llama simplemente vulgares, ya que en realidad el pueblo las utiliza y mucho.
Este fue el punto de partida para que el mismo presidente de la Academia Argentina de Letras , el doctor Pedro Luis Barcia creara un Diccionario de fraseología del habla argentino, en el que incluyó más de 11.000 términos, entre los que figuran, de más está decir, una gran cantidad de estas famosas palabrotas.
“Puedo asegurar que ahora, de todas las academias, la Argentina es la que tiene mayor contacto con la lengua popular ?asegura Barcia-. Todo debe tratarse desde el punto de vista científico, no estamos avalándolas en su uso, sino reconociéndolas. El pueblo las dice.”
¿Entonces, eso quiere decir que dejaron de ser malas? “Yo diría que nunca existieron ?asegura Barcia?. No es que haya buenas o malas palabras, sino que hay buenas o malas intenciones, y contextos adecuados o no”.
Por eso, en el novedoso diccionario casi todas estas expresiones van colocadas con una marca que dice “vulg”, referido a vulgar. De manera que quede claro que es desubicado pronunciarlas en el medio de un discurso académico.
“Pero fíjese otra curiosidad. Con un lenguaje políticamente correcto son capaces de decir que después de tirar una bomba ha habido 500 bajas colaterales. Significa que murieron muchísimos civiles por una imprevisión en el cálculo. Eso es de un cinismo absoluto, y es mucho más grave que decirle a alguien la puta que te parió. Es tratar de cubrir con una felonía verbal un acto inmoral. Lo que quiero decir es que lo importante es el uso de la frase en su contexto”.
Las primeras, muy distintas.
Respecto de su origen, las lenguas son entidades en movimiento que se transforman a medida que pasa el tiempo. Quizás un insulto muy usado en la antigüedad hoy no tendría efecto ni sentido.
Margarita Espinosa Meneses , catedrática del Departamento de Letras del ITESM Campus Estado de México, explica: “Las palabras de una lengua sufren procesos que pueden ser motivados tanto por causas externas, ya sean sociales, psicológicas o por influencias de otras lenguas, como por causas internas, que tienen que ver con procesos propios de la lengua misma”.
La opinión de Susana Reinoso
Es difícil hablar de su nacimiento, ya que todas parecen venir de diferentes épocas y regiones. Sin embargo, una versión reza que el origen estaría en las clases sociales. La clase alta sostenía que su lenguaje era culto, diferente del que se usaba en los círculos más humildes.
“Vulgaridad era la forma de hablar del vulgo, el pueblo trabajador de la antigua Roma ?afirma la narradora oral Marita von Saltzen?. Grosería viene de grueso, todo lo contrario de fino y delicado. Mientras los pobres hacían los trabajos más pesados y groseros, los ricos realizaban las tareas finas con sus delicadas manos”.
El maldecir universal. Algunos creen que en la Argentina, y principalmente en Buenos Aires, la norma del insulto es una costumbre constante, que no respeta situaciones, contexto ni formas.
Sin embargo, las malas palabras no son un invento argentino ni una exclusividad porteña. Los científicos que se dedican a su estudio, aseguran que el maldecir es universal. Todo idioma, jerga o dialecto, y tanto lengua viva o muerta alguna vez estudiada, tiene sus tabúes, sus palabras prohibidas.
Y hay quienes opinan, como lo hizo el inolvidable Roberto Fontanarrosa en el tercer Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario , que lejos de desterrarlas, a la mayoría de las malas palabras habría que darles una amnistía. “Reconsideremos su situación, e integrémoslas al lenguaje porque, les aseguro, las vamos a necesitar”.
(Publicado en La Nacion 15/11/2009)
Es importante remitir a la obra “EL PAIS QUE NOS HABLA” de Ivonne Bodelois (Premio La Nacion-Sudamericana 2005), que expresa con preocupación y esperanza la encrucijada de la Argentina como pais linguistico. Por sobre todo, las desinteligencias que esas palabras pueden desembocar actos y hechos.
Las inquietudes que está levantando el idioma español se reflejó, también en otro articulo en el mismo diario (27/10/09) por Andres Oppenheirmer. Es interesante relacionar ambos conceptos.
La Real Academia Española (RAE), que, desde 1713, regula la lengua española, evalúa seriamente eliminar antes de fin de año los acentos de las palabras “éste”, “ése” y “sólo”. En este momento, esas palabras llevan acento cuando se les emplea en ciertos casos y no en otros, lo cual es un verdadero dolor de cabeza para muchos. Además, en un futuro próximo la RAE podría adoptar oficialmente las versiones fonéticas de palabras inglesas como marketing , parking y sex appeal . El Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE, que es una especie de diccionario no oficial de términos usados frecuentemente y que están siendo considerados para ser admitidos en el diccionario oficial de la RAE, ya ha aceptado “marquetin”, “parquin” y “sexapil”. Los 46 jueces de la Academia, que incluyen a escritores prominentes como Mario Vargas Llosa y Arturo Pérez Reverte, se reúnen regularmente para discutir si incorporan en el diccionario oficial -el Diccionario de la Lengua Española- las palabras admitidas en el diccionario de dudas. Entre las que ya han pasado del diccionario de dudas al diccionario oficial están “espónsor” y “cederrón”. En una entrevista realizada en la señorial sede de la RAE, donde cada miembro de la academia tiene un perchero con su nombre para colgar su sombrero, paraguas y bastón, el director de la Academia, Víctor García de la Concha, me dijo que la globalización está haciendo cambiar rápidamente todos los idiomas. Las lenguas que no avancen al ritmo de la realidad posiblemente desaparezcan, agregó. “Las palabras viajan mucho más rápido hoy, por Internet y por los viajes -dijo García de la Concha-. Para sobrevivir, una lengua debe ser usada por un gran número de personas, tener un idioma unitario y estar actualizada con la tecnología.” La tendencia a simplificar la lengua española no es nueva. La Academia ya ha eliminado acentos de verbos muchos años atrás. Pero ahora pretende eliminar las tildes de palabras usadas mucho más frecuentemente cuando éstas no sean indispensables para marcar la tonicidad. Además, la Academia está a punto de publicar sus primeras reglas gramaticales comunes para todos los países hispanohablantes, en un esfuerzo conjunto con 22 academias nacionales de la lengua. “Se están neutralizando bastante las diferencias”, dijo García de la Concha, refiriéndose al español usado en diversos países. “Más del 90 por ciento del léxico es común de España con América latina.” Los críticos de la Academia dicen que, en muchos aspectos, la RAE sigue siendo una institución troglodita, que mantiene términos racistas y discriminatorios hacia las mujeres. Su diccionario oficial aún incluye la palabra “judiada”, definida como “acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de los judíos”. Y mientras define la palabra “zorro” positivamente, como “hombre muy taimado y astuto”, describe el femenino “zorra” entre otras cosas como “prostituta”. Tildes obsoletas Mi opinión: aunque en algunos aspectos la Academia sigue viviendo en la Edad Media -no hay excusa para mantener “judiada”, un término que ya no se usa en ningún lado, ni en mantener vivas expresiones sexistas que también forman parte del español antiguo-, me alegra ver que la institución esté tratando de simplificar y modernizar más rápidamente la lengua española. Los puristas no deberían alarmarse por las propuestas de españolizar palabras en inglés: es algo que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, y no ha puesto en peligro al idioma español. Las palabras “fútbol”, del inglés football , o “mitin”, de meeting, hoy día son parte de la lengua hispana, sin que a nadie le choque. Y el intento de eliminar los acentos debería ser más que bienvenido: en la era de Internet y de mensajes de texto, donde casi nadie usa las tildes, estas últimas se están convirtiendo, cada vez, en más obsoletas. Hasta ahora, siempre creí que la Academia era un anacronismo que mantenía a la lengua española presa en una camisa de fuerza. Pero después de visitar esta institución, empiezo a pensar que cumple una buena función al unificar y simplificar la lengua española en todo el mundo, asegurando así su supervivencia. Sólo hace falta que la RAE erradique algunos de sus vestigios medievales, y haga un poco de “marquetin”. “El español del futuro, más simple y moderno”
Por Andrés Oppenheimer
MADRID.- Una de las sorpresas agradables con las que me encontré durante una visita a España la semana pasada es lo que está ocurriendo en el campo de la modernización del idioma español para hacerlo más fácil de leer y escribir.
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En enero del año 1988 nos invitan a visitar la base Marambio de la Fuerza Aérea. Lo hicimos en el mismo vuelo que transportaba equipos y grupo técnico del programa “La Aventura del Hombre” (Canal 13 de Buenos Aires) y de periodistas de la revista “Geo-Natura” (Italia).




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