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Domingo 7 de abril

La Madre elige Lanús como lugar privilegiado de Aparición.

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Todo el día 7 de cada mes es lugar de peregrinación.

HABRÁ SACERDOTES CONFESANDO.

A LAS 15 HS. REZAREMOS LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA, PEDIDA POR JESÚS MISMO A SANTA FAUSTINA.

REZAREMOS EL ROSARIO POR LA PAZ DEL MUNDO Y POR QUIENES HOY ESTÁN SUFRIENDO LAS TRAGEDIAS CLIMÁTICAS.

HABRÁ SANTA MISA Y ADORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

RECIBIREMOS AGUA BENDITA, ESTAMPAS, PÉTALOS BENDECIDOS Y FOLLETOS INFORMATIVOS.

No olvidemos llevar rosas para Jesús y la Virgen, y alimentos no perecederos/ artículos de tocador/ artículos de limpieza para los más necesitados.

Plaza de las Apariciones ( Plaza Auyero ).
Salta y Gral. Arias, Lanús Este.
( a 200 mts. del estadio del Club Lanús )

(María de Lanús entronizada en la Catedral de Cochabamba)

(María de Lanús entronizada en el Sagrado Corazón de Quilmes)

7 DE MARZO, MARÍA NOS ESPERA EN LANÚS.

Como prueba de su infinito amor, Santa María del Espíritu Santo nos espera el jueves 7 en la Plaza de las apariciones, Lugar de encuentro con Dios, como Ella misma lo denominó.
Lugar santo, lugar consagrado oficialmente a la Virgen. Lugar de peregrinación todo el día 7.
Desde las primeras horas de la tarde recibiremos la atención del Cenáculo y los Servidores quienes nos entregan agua bendita, estampas, folletos y pétalos bendecidos por María el día 7 anterior. Habrá Rosario, charla de catequesis, Santa Misa, Adoración del Santísimo Sacramento y sacerdotes confesando.
María quiere que Su y Nuestro Lugar de Encuentro con Dios, sea un sitio de retiro, de silencio, de espiritualidad profunda, de comunidad unida en oración.
Calles Salta y Arias, Lanús Este.
( Recordemos llevar rosas para la Cristo y la Virgen y alimentos no perecederos para obras de caridad que encara el Padre Jorge )

TESTIMONIO DEL 7 DE ENERO DE 2013

Tengamos a Jesús Eucaristía presente en nuestra vida,siguiendo el ejemplo de María.

María fue el primer sagrario. Un sagrario viviente.

En su visita a Isabel propició un gran milagro… Por aquellos días, María se levantó, y marchó de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; … y bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor” (Lc 1, 36.39-41.45). María, se dirigió a casa de Isabel para ayudarla. La Virgen nazarena lleva consigo al Hijo de Dios en su vientre.

Imagen q la Plaza.ue veneramos cada día 7 en

¡Qué humildad la del Verbo!, que quiso seguir todos los estadios de desarrollo de los hombres cuando tomó nuestra naturaleza. ¡Qué caridad la de María su madre!, que no se quedó ensimismada en su embarazo, sino que salió enseguida a ayudar a la que más lo necesitaba. “Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en « tabernáculo » –el primer « tabernáculo » de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como « irradiando » su luz a través de los ojos y la voz de María” (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 55).

Durante aquellos nueve meses el Niño que llevaba en su seno fue para María refugio e impulso. Refugio para vencer la tentación de ceder ante las dificultades: ¿cómo explicaré al mundo lo que me ha sucedido?, ¿qué pensará José? Impulso para afrontar tareas de servicio material y espiritual a los demás, aunque fueran incómodas como el viaje a la casa de Isabel. El Niño fue refugio e impulso porque María tuvo durante ese tiempo una unión muy particular con Jesús, la que tienen todas las madres con su hijo. Esa unión le dió una muy especial presencia del Verbo en su vida. Ojalá nosotros al igual que ella procuremos crear lazos espirituales que nos unan a los sagrarios, para tener también esa conciencia de la presencia de Cristo en los sagrarios.

Pensar en el sagrario más próximo y dirigirnos de vez en cuando a él con la mente; nos lleva espiritualmente al Cristo presente en la Eucaristía cuando nos encontramos inmersos en nuestros diarios trajines. El sagrario será así para nosotros un embalse amplio que nos suministra generosamente agua para que beba nuestra alma. De esta manera, el sagrario será para nosotros refugio e impulso de nuestra vida. Refugio donde nos encontramos con Jesús, que nos empuja a llevarlo a todos los hombres y donde retornaremos a cobijarnos. Quien tiene su mente y su Corazón junto a Jesús en el sagrario no será dejado de su mano ante las tentaciones. Impulso que nos empujará a no conformarnos con ser un cristiano tibio de mínimos. Impulso que nos lanzará a desarrollar un vibrante apostolado, para anunciar con gozo el mensaje de Jesús a los que nos rodean.

Impulso que nos llevará a no ser indiferentes a la suerte de nuestros semejantes, a ser motores de amor y vida, de gozo y paz en la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

Impulso que nos lanzará a dejarnos transformar por Jesús, para que nos haga Santos, amando profundamente a Su Madre, María modelo y primer Sagrario, y a Su Iglesia que nos llevará por el camino al Cielo.

La Eucaristía nos hará Santos, como Cristo es Santo. Como Él quiere que cada uno de nosotros sea Santo. Fuente: http://vivirdelaeucaristia.blogspot.com

Video testimonio, si no lo visualiza diríjase a: http://www.youtube.com/watch?v=x1r2uJp9gEY )

TESTIMONIO DEL 7/08/012: MARÍA SONRÍE EN LA PLAZA DE LANÚS.

Obtuvimos estas dos fotos con unos segundos de diferencia. La primera, de frente. La segunda, unos cm más abajo.

En la primera foto, el rostro de María del Espíritu Santo tiene la expresión de compasión hacia sus “amados hijitos”, como nos llamó en los mensajes dados a Marcia.

En la segunda foto, tomada unos cm más abajo, María sonríe. Nos sonríe. Ella, la Madre de Dios y Madre nuestra, llora y sonríe por sus hijos. Su expresión de llanto la hemos visto en el post anterior.María sonríe.

Sonriendo con María, recibamos el Perdón del Sacramento confesional, volvamos a la Iglesia, a colmar de fieles las parroquias.

Sonriendo con María, recibamos al Hijo de Dios, a Jesús Redentor hecho Pan en la Eucaristía.

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LA VIRGEN MARÍA NOS VISITA

Cuando una persona muy importante está por llegar a un lugar, los diarios, la radio, la televisión, nos cuenta quién es, para que sepamos valorarla y recibirla.

 La Virgen María es:

 - La mujer que cuando apenas era una muchacha, Dios llamó para que fuera Madre de Cristo, Hijo de Dios, que vino para abrirnos a todos el camino para llegar a la casa del Padre del Cielo.

Desde entonces, los esfuerzos, trabajos, alegrías, la misma vida tomaron un nuevo sentido.

33 años junto a Jesús con Su Corazón abierto al Evangelio.

Jesús mismo le enseñó lo que quería de Ella: que sea Madre y Colaboradora en la Salvación de todos. Y esa misión se la confió al morir, cuando estaba en la Cruz.

 - La mujer a quien un Ángel le trajo el mensaje de Dios. (San Lucas 1, 26 y ss.)

- La mujer a quien la obra de Dios le desbordó el corazón de alegría. (San Lucas 1, 46 y ss.)

- La mujer que nos entregó al Hijo de Dios en sus brazos. (San Lucas II, 1 y ss.)

- La mujer que le pidió a Jesús que nos ayudara (San Juan II, 1 y ss.)

- La mujer que acompañó a Cristo a morir en la Cruz. (San Juan XIX, 25-27)

- La mujer que estaba con los apóstoles cuando llegó el Espíritu Santo.  (Hechos II, 1 y ss.)

- La mujer que con el Señor venció a la serpiente del mal. (Apocalipsis XII, 1-10)

- La mujer que reina en la vida, y junto a Cristo resucitado dirige la historia. (Apocalipsis 12, 1)

 Ahora que sabemos quién es María, preparemos nuestra casa, nuestros corazones, en la Reconciliación, para recibirla. Es una visita muy importante, por eso también tiene que estar nuestra familia, amigos y vecinos, ya sea física o espiritualmente.

Este 7 de enero la Virgen María nos espera a todos en el Lugar de Encuentro con Dios, un lugar santo y santificante, pues allí Ella, junto a Su amado Hijo Jesús y el Espíritu Santo, obran maravillas en nuestras vidas, para Gloria de Dios.

 

Porque es nuestra MADRE

¿Es acaso extraño que mamá nos visite?

Toda la familia vive la ALEGRÍA de la presencia maternal.

 

Ella quiere darnos ALEGRÍA:

en nuestro amor

en nuestra fe

en nuestra actitud de AMIGOS de todos

y de todas las familias de nuestros barrios.

 

Ella quiere UNIRNOS más en el AMOR:

a los esposos

a padres e hijos

entre hermanos y los demás familiares

con toda la gente,

para que nuestra familia de al mundo en que vivimos:

PAZ, UNIDAD, AMOR.

 

Y ELLA puede hacerlo porque nos trae a JESUS:

para que nos bendiga

para que este presente en nuestro hogar

para que haga más fuerte nuestra FE,

nuestra ESPERANZA y nuestro AMOR.

 

Entonces, ¡BIENVENIDA, MADRE DE NUESTRA FAMILIA! ESTA ES TU CASA. ¡ESTE, MI CORAZÓN, ES TUYO!

 

7 DE ENERO DE 2011 EN LA PLAZA AUYERO DE LANÚS ESTE, CALLE GRAL.ARIAS ENTRE SANTA Y CÓRDOBA  -LUGAR DE ENCUENTRO CON DIOS- (No hay horarios. Consagramos el día completo a María y la visitamos en la medida que nuestras obligaciones lo permiten, pues Ella siempre escuchará nuestras oraciones y otorgará Gracias. Durante el encuentro se realizará la Misa, rezo del Santo Rosario, Adoración al Santísimo, se entregarán los pétalos con Su bendición, estampas y agua bendita).

Virgen en plaza de las apariciones 7/11/09, al fotografiar la danza del sol

MUY FELIZ AÑO NUEVO

FINALIZAMOS EL 2010 Y COMENZAREMOS EL 2011, SIEMPRE DE LA MANO DE LA VIRGEN, ABRIGADOS CON SU MANTO, LLEVADOS POR ELLA MISMA A JESÚS, ÚNICO CAMINO A SEGUIR.

VAMOS A COMENZAR EL NUEVO AÑO REZANDO ESPECIALMENTE POR LA PAZ SOCIAL EN NUESTRO PAÍS, POR TRABAJO E IGUALDAD DE OPORTUNIDADES PARA TODOS Y POR LAS INTENCIONES DE TODO VISITANTE DEL BLOG, QUE LLEVAMOS MUY ESPECIALMENTE SIEMPRE A LA PLAZA.

Y LES DEJAMOS DE REGALO DOS TESTIMONIOS. EL 1º, DE GRACIELA, QUIEN GUARDÓ Y ESTUDIÓ PROFUNDA Y PRUDENTEMENTE LA FOTO QUE YA LES MOSTRAMOS:
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ESCRIBIÓ GRACIELA AL CENÁCULO:
La imagen no estaba alli, por eso se las estoy enviando!! yo miraba el sol porque parecía como que latía, era un círculo sobre otro (uno claro muy luminoso y el otro más rosado) se podía ver perferctamente, no encandilaba, latía! entonces enfoqué el sol (sin cámara, con celular) y saqué la foto “al sol”.Cuando regresaba en colectivo a casa, revisé las fotos y recién ahí me encontré con la imagen de la Virgen.Esa imagen que aparece (iba a decir que se formó con los rayos de sol sobre las ramas del árbol) pero en realidad no se “milagrosamente aparece”.La estoy enviando porque cuando mostré la imag7/en en la plaza me dijeron que la envíe y porque cuando la muestro desde el celular me la piden, por eso quise compartirla. Para mí es algo muy fuerte y muy hermoso a la vez, no se explicar más que esto.
Tardé bastante en decidirme a enviarla porque primero pregunté a mucha gente, para ver si todos veían lo mismo que yo, y como así fue me pareció que no podía guardármelo para mí sola, que lo tenía que compartir y este es un buen momento para hacerlo.

-Graciela-

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EL SEGUNDO TESTIMONIO, ESCRITO, ES DEL 7/11/2010:

Quiero informar al Cenáculo de lo ocurrido y deseo también que mi testimonio quede asentado en la página misma de Nuestra Madre Virgen de Lanus, Santa Maria del Espíritu Santo. Mi esposo y yo estuvimos a la Plaza llamada “ Lugar de encuentro con Dios” ubicada en Lanus Este (calles Salta y Arias) el domingo 7 de noviembre de 2010, fecha de aniversario no 11 de las apariciones de la Virgen Maria a la vidente Marcia.

Llegamos alrededor de las 16hs15, a pesar de una gran cantidad de fieles reinaba un silencio de paz y se podía palpar una densa dedicación a la oración porque la muchedumbre muy concentrada rezaba el Santo Rosario. Luego se iba a realizar la Misa de los 7, fecha en la cual Santa Maria Madre de Dios promete hacerse presente ella misma entre los fieles y repartir gracias. Los fieles podían también ir a confesarse gracias a la presencia de 4 o 5 sacerdotes. Las actividades religiosas y de oración se desarrollaban con toda tranquilidad y fraternidad.

Después de rezar el Rosario, llego la procesión, se tiraron pétalos de rosas y los aplausos acompañaron la llegada de la imagen de la Virgen. Empezó la Misa alrededor de las 17 horas, a los 10 o 15 minutos, ayude e invite a tranquilizarse a una mamá con lagrimas en los ojos y con su hijo en brazos, ella a su vez estaba acompañada por otra mujer a quien comente que veía a esta madre muy emocionada. Me dijo estas exactas palabras “¡hay motivos … después de ver el sol !”, me pregunto si yo había notado algo, le dije que no porque estaba muy concentrada en la oración y en la misa que estaba teniendo lugar, tampoco le pregunte lo que ella había visto exactamente en el cielo. Alrededor de las 17 hs30 o apenas un poquito mas tarde, mi esposo quiso echar un vistazo al sol, se dio vuelta y giro la cabeza (estábamos ubicados del lado derecho del altar si uno lo mira de frente y con el sol del lado izquierdo y diagonalmente atrás de nosotros). Me aconsejo de que yo también mirara al sol porque algo especial ocurría, le comente que no podía porque la luz solar era demasiado intensa y que mis ojos se ponían enseguida a llorar. Me aconsejo fijarlo a pesar de este resplandor y que iba a ver algo sorprendente. Gire de nuevo mi cabeza, levante la vista, mire el color blanco enceguecedor del sol apenas unos segundos, se deslizaron algunas lagrimas y enseguida VI.

Ante todo, no nos olvidemos que habitualmente a los seres humanos nos resulta imposible fijar nuestra mirada en el astro del día, la sensibilidad de nuestras retinas no logra resistir a su potente luz que nos quema la vista, es absolutamente desaconsejado por los médicos. Sin embargo el 7 de noviembre 2010, una vez superados los 5 a 7 primeros segundos, mi esposo y yo pudimos mirarlo sin molestia ni dolor y VIMOS lo siguiente. El sol se presentaba de una forma que NUNCA en mi vida había visto, tenia de manera precisa el aspecto que se da cuando se produce un eclipse, es decir el sol en si mismo se mostraba solo como un circulo exterior de luz blanca luminosa con un contorno muy neto que destellaba, una intensa luz blanca recorría dicho circulo de la mitad por arriba deslizando hacia abajo y subiendo en dirección de su punto de partida girando en el sentido de las agujas de un reloj y luego retrocedía en sentido contrario ( como una guirnalda navideña que se ilumina con secuencias consecutivas). A la vez, delante del sol y superpuesto, pero de un tamaño ligeramente inferior se ubicaba una enorme esfera azul, muy precisamente definida, que palpita levemente hacia adelante y también hacia atrás, lo que provocaba que el circulo luminoso (el sol) ubicado detrás representaba ser finalmente una aurolea mas o menos gruesa, pero que en ningún momento resulto ser un anillo de grosor enorme, solamente se presento como una fina y a veces un poquito mas ancha aureola alrededor y detrás de esta esfera azul. Fue exactamente una esfera redonda como el globo terráqueo y no un disco plano, porque mientras se aproximaba y se alejaba levemente, al mismo tiempo se pudo apreciar sin confusión posible como efectuó un giro constante sobre si mismo con la frecuencia muy regular de un doble giro ( y solamente un doble giro y no triple o cuádruple) hacia la izquierda y luego enseguida hacia la derecha. Este doble movimiento en sentidos contrarios se realizaba con una velocidad impresionante, una velocidad “alocada” y se podía apreciar claramente y sin duda alguna porque la esfera, que era exactamente del mismo tono de color azul que el manto de la imagen de Santa Maria del Espíritu Santo, presentaba en la superficie varias “nubes” de forma horizontal o “humos” de arrastre de velocidad de forma alargados cuyos matices de color eran de un color azul grisáceo un poco mas oscuro. En el cielo totalmente celeste de ese día de primavera con una temperatura de 33 grados, alrededor del sol compuesto de esa aureola blanca luminosa y tapado casi en su totalidad por la enorme esfera azul se desparramaba una gigantesca “mancha”, uso este termino de “mancha” porque no mostraba una consistencia con un volumen como seria por ejemplo una nube tipo cúmulo nimbus, sino que tenia un aspecto menos “algodonoso” y mas plano. Esta mancha era de color rosa fuerte ( en oposición al rosa suave que se usa para el ajuar de los bebes) y en la parte situada abajo hacia la izquierda lucia un color fucsia cuya intensidad variaba, por momentos un poco mas concentrada y por otros apenas mas diluida. Esta gigantesca mancha presentaba bordes bien definidos, es decir que no se confundía con el cielo o con las nubes comunes, sino que se destacaba netamente, el trazado que se destacaba por su precisión presentaba bordes sin asperezas, más bien redondeadas y suaves. Esta mancha no era inmóvil, no palpitaba como la esfera, no se contraía ni explotaba, sin embargo estaba en constante movimiento ondulante de leve deslizamiento en todas direcciones como una mancha de agua delimitada por sus bordes exteriores de leve altura que se encontraría en una superficie lisa y que se expandiría un poco de un lado y del otro sin nunca dividirse en charcos y/o gotas individuales. Esta inmensa mancha alrededor del sol (todavía en estado de eclipse con esa esfera adelante) podría compararse también en su aspecto visual al citoplasma de una célula bajo microscopio. Ese hermosísimo espectáculo duro unos 3 a 4 minutos y de repente, la esfera desapareció, el trazado del circulo del sol quedo dibujado, la mancha en su totalidad tomo entonces y a principios un color amarillo clarito como el color de los pollitos, luego el amarillo paso al tono mas intenso del amarillo de la bandera papal. De repente dentro de la “ mancha” nuevamente rosa “exploto” el sol con una luz blanca muy, pero muy intensa, sus rayos de distintas longitudes se dispararon constantemente del centro hacia el exterior y en todas las direcciones, destellaron y en una segunda etapa casi simultánea, múltiples rayos de color amarillo “ papal”, superpuestos a los blancos y mas cortos pero sin embargo mas gruesos, se entremezclaron. Fue una demostración de resplandor con todos y cada uno de los rayos que destellaron intensa y alternativamente, ese efecto luminoso se asemejó a una manifestación visual de “vida y de palpito”, el efecto de zoom ( como en una maquina fotográfica) era tan intenso y con un vaivén de acercamiento y alejamiento tan rápido que no se podía notar más la presencia de la “mancha”, el foco de atención era solo y únicamente los rayos del sol. Fue un acontecimiento que duró unos 2 minutos que realmente asombra, que maravilla y deja boquiabierta a cualquiera. Fue entonces cuando todos esos rayos se confundieron entre si y se amalgaron y nuevamente apareció la única e inmensa mancha de color que esa vez cambio el matiz de amarillo y mostró entonces un color amarillo dorado metalizado , no como una pintura lisa e uniforme , sino compuesta de miles de “papelitos”dorados dispuestos de forma ordenada e intercalados como ladrillos de una pared. Salvo el color, esa mancha era similar a la descripta anteriormente con el mismo tipo de bordes, se presentaba con un movimiento ligeramente ondulante, como una bandera que se mueve lentamente con la brisa. De repente parte de la línea del borde inferior empezó a desaparecer, la mancha empezó a abrirse en la base y a la altura del cuarto inferior y en el medio se abrió una grieta que se ensanchaba y los “papelitos” dorados empezaron a caerse adentro y a derrumbarse en el vacío ( la base inferior de los “papelitos que caían mostraban un color dorado mas grisáceo oscuro, resultado del efecto óptico de la caída), desaparecían al caer y de repente la mancha se desintegro en su totalidad y desapareció. Me di vuelta sobre mi propio eje y gire levemente la cabeza a la derecha, vi entonces alrededor del sector de la plaza llamado “Lugar de encuentro con Dios” una neblina del mismo dorado metalizado de los adornos navideños y esparcida bajo la forma de unas pequeñas “nubes” horizontales sin bordes exteriores completos ni con una franja delimitadora totalmente cerrada, sino como nubes con bordes formados de filamentos entrecortados y dorados y con fondo totalmente transparente, pero salpicadas de “copitos de nieve” también de color dorado intenso, se ubicaron muy precisamente por encima de la cima de los árboles ubicados alrededor de la plaza sector “Lugar de encuentro con Dios”y también por encima de la frontera trazada virtualmente en la mitad la plaza ( la parte común de recreo y juegos infantiles y la parte restante llamada “Lugar de encuentro con Dios”, es decir a la altura del mástil delimitado también por las estatuas de la Virgen Maria y del Sagrado Corazón colocadas en ese día tan especial). Me fije en la cima de los árboles plantados alrededor de este sector sagrado de la plaza mostraba justo por encima su “nube” sobrevolando en posición fija como materializando y delimitando físicamente y de manera efímera el lugar designado y consagrado por la Virgen Maria. Luego baje la vista y mis ojos se encontraron con la carpa armada en este sector donde estaba instalado el altar. Se seguía desarrollando la misa, estaban presentes los 4 sacerdotes que uno podía ver por momentos de perfil y/ o de frente porque se movían y se desplazaban entre el altar y sus sillas. Note entonces que sobre sus largas vestimentas sacerdotales para la misa de color blanco se deposito también una sola y única “nubecita” vertical de “copitos” de color dorado metalizado. Ninguna “nubecita” se situaba únicamente por encima de las cabezas de los sacerdotes como en el caso de los árboles, sino que todos sus cuerpos, desde la cabeza hasta los pies, estaban cubiertos por esa nubecita, parecía sobrepuesta a sus siluetas porque se adaptaba y seguía exactamente sus movimientos y sus desplazamientos. Esta visión duro alrededor de un poco más de 1 minuto. Fue la última imagen sobrenatural que percibí del asombroso regalo que me hizo la Madre Celestial y a través de Ella, Jesús, el Espíritu Santo y Dios.

Mi esposo y yo comentamos entre nosotros lo acontecido muy discretamente y en voz baja porque tenia lugar la misa. Quiero precisar que mi esposo no vio la secuencia dorada de la danza del sol ni las nubecitas posteriores porque había bajado su mirada. Después se fue a buscar agua bendita a la fuentecita y haciendo la larga cola, escucho los comentarios de las personas alrededor de el que contaban el fenómeno de la danza del sol, pero ignoro si vieron exactamente los mismos detalles que yo. Después volvió con el agua bendita, tuvo lugar la Comunión, luego la Bendición, el recorrido entre los fieles realizado por el sacerdote teniendo y alzando el Santo Sagrario y por fin, una distribución de regalos de parte del Cenáculo para todos los peregrinos presentes : los Rosarios y las Medallas de Santa Maria del Espíritu Santo Virgen de Lanus para conmemorar el aniversario No 11 de la primera aparición .

Simplemente contar lo que ocurrió y por lo tanto lo que VI quizás no es tan convincente como una foto o un video, pero en el pasado tampoco existían las maquinas de fotos ni las filmadoras y sin embargo los simples testimonios verbales o escritos tuvieron valor suficiente para contribuir y consolidar una posterior validez . Por otra parte, realice dibujos muy precisos de las diferentes secuencias del acontecimiento sobrenatural que observe con detenimiento. En fin tengo que agregar que soy una persona racional, analítica, muy detallista y con discernimiento agudo, por lo tanto una persona muy difícil de dejarse convencer por una simple e eventual ilusión óptica debida al ocaso del sol al atardecer. Tampoco mi mente podría confundirse con, por ejemplo, el efecto meteorológico llamado “arco iris de fuego” (“sun dog” en ingles) porque casualmente tuve la oportunidad de observar a uno durante este mismo invierno 2010). Tampoco mi capacidad de análisis se dejaría influenciar por una eventual histeria colectiva porque desde hace 7 meses que voy a la plaza, nunca hubo gritos, comportamientos descontrolados o excesos grupales de ningún tipo, ni ese preciso día ni en los otros encuentros del día 7. Es evidente que para las otras personas no presentes en la plaza, el sol tuvo su aspecto normal y habitual, el orden del universo y de los planetas no se altero para nada, pero también no dudo un solo segundo de que lo ocurrido fue un acontecimiento real y extraordinario. Fue un hecho sobrenatural y a la vez también divino porque no fue solamente y “simplemente” una danza del sol, es decir el astro del día que se mueve. Este acontecimiento fue mucho mas que un efecto luminoso, detrás de toda la sucesión de estas imágenes que vi se puede leer y entender un mensaje visual compuesto de símbolos y lleno de significados plasmados en un lenguaje universal. Por cierto no soy una experta teóloga ni una erudita de los Textos Sagrados, pero siempre a lo largo de los siglos durante sus apariciones, tanto la Virgen Maria como Nuestro Señor Jesucristo usaron un lenguaje verbal común y comprensible para todos y también imágenes simples muy fácilmente decodificables sin importar el idioma, la cultura y las costumbres.

Humildemente sin pretensión alguna, como tampoco con la intención de influir sobre la capacidad de quienes analizaran los eventos de la plaza de Lanus, además de la descripción de lo observado, quiero dar a conocer a las autoridades eclesiásticas la interpretación espontánea que se impuso a mí al poder observar toda la secuencia de imágenes de ese mensaje luminoso :

El sol (1) con forma de aureola blanca luminosa con esta onda de luz intensa que destellaba y recorría el anillo circular desde la mitad arriba girando en el sentido de las agujas de un reloj y que volvía por atrás significo para mi el Santo Sacramento, es la Sagrada Hostia del Cuerpo y Sangre de Jesucristo que palpita, que vive, que contiene nuestro universo y muy especialmente el globo terráqueo (2) del color azul donde nosotros los hombres – hijos de Dios y hermanos en Cristo – nos encontramos y que gira de manera alocada sin darle en la actualidad mucha importancia a la religión y a la fe, que esta a la espera del llamado fervoroso de cada uno de los seres humanos para iluminarlos espiritualmente. La gigantesca mancha (3) rosa intenso y parcialmente fucsia que contenía el sol y el globo del mismo tono azul que el del manto de la Virgen significaba el inmenso océano de ternura que Ella siente por Su Hijo representado por el Santo Sacramento que era el sol en forma de eclipse y por nosotros los pecadores. Ella se preocupa de nuestro alejamiento de Dios, le parece incomprensible que tengamos el Amor incondicional de Jesús al alcance y que no hagamos nuestras tareas espirituales diarias. Con amor Ella nos quiere contener y mantener en una matriz de dulzura y también proteger bajo su manto de mimos como Nuestra Madre Celestial que es. El cambio de color de la mancha que de repente paso de rosa al exacto tono amarillo “papal” significa que si nos esforzaríamos en acercarnos a la Santa Iglesia Católica, al Papa y a los sacerdotes (4) y en cumplir y demostrar a Dios nuestra confianza, nuestra fe y nuestro amor, entonces se realizaría lo que pedimos sin cesar en la oración “ Padre Nuestro, que Su nombre sea santificado, que venga Su Reino, que se haga su Voluntad en la tierra como en el cielo” y Dios se manifestaría en toda su esplendor como la explosión del sol (5) con rayos blancos y amarillos destellante: la luz de Dios en toda su Gloria. Entonces siendo humildes, respetuosos, solidarios, cumplidores con nuestros deberes de creyentes y con una absoluta confianza en EL, podríamos recibir y disfrutar de muchísimas Gracias disponibles según nuestras necesidades, tantas como los innumerables “papelitos” dispuestos como ladrillos intercalados de una pared (6) que caían de la mancha ahora dorada metalizada. Todas estas Gracias que nos regalaría Jesús, las podemos obtener gracias a una profunda conversión y un sincero acercamiento a Dios, a Jesús, al Espíritu Santo y a la Virgen Maria y en la parte de la plaza consagrada y denominada por Ella “Lugar de encuentro con Dios” en Lanus Este – calles Salta y Arias- muy específicamente delimitada por las “ nubecitas” de “copitos de nieve” dorados (7) . Sin olvidarse de que encontrar o reencontrar a Dios es un recorrido que necesita de esfuerzos y que para ayudarnos nosotros los pecadores, debemos recurrir a los “hijos predilectos “ de Nuestra Madre que son los sacerdotes cuyas vidas están consagradas a Dios y cargadas de luz divina (8) incansablemente al servicio de Dios y generosamente siempre a disposición nuestra para guiarnos con sus consejos y conocimientos.

Espero que mi testimonio sirva, a los creyentes que necesitan un aliento a su fe y confirmar que están en el buen camino, a los agnósticos para que puedan eliminar definitivamente todas sus dudas y a los no-creyentes para que les llamen la atención y que este interrogante les permitan reflexionar. No es necesario ver para creer, pero tal espectáculo es un regalo inolvidable y una demostración inconfundible de dulzura de Jesús Cristo y una caricia de Su y Nuestra Madre Celestial.

Sinceros agradecimientos a la vidente Marcia y al Cenáculo. ¡¡¡ Que Dios los bendiga a todos !!! Nos veremos el proximo 7 …..

PD 1 : Le pediría amablemente al Cenáculo no exponer en la red Internet ninguno de mis datos personales.

PD 2 : Adjuntos los dibujos que realice, evidentemente sin el brillo que tenía el mensaje con su efecto luminoso, pero representado fielmente todas las secuencias del mensaje visual que pude observar el 7 de noviembre 2010 en parte de la plaza denominado “ Lugar de encuentro con Dios” en Lanus – Este.
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MUY FELIZ 2011. QUE EL MANTO AZUL DE LA VIRGEN DE LANÚS ABRIGUE TODAS LAS ESPERANZAS.

MARTES 7 DE DICIEMBRE, EN VÍSPERAS DEL DÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA, PEREGRINAMOS AL “LUGAR DE ENCUENTRO CON DIOS”

Nos espera la Inmaculada, la Elegida desde el principio, la Mujer entera de Dios, la del SI ABSOLUTO para traernos al Salvador.

Nos espera, para llenar de silencio nuestro corazones y así podamos escuchar la voz de Dios.

Nos espera para regalarnos lluvias de gracias, para darnos de beber su agua de la fuente por Ella pedida.

Nos espera para acariciarnos con los pétalos de rosas benditos, rebosantes de su Amor.

Nos espera para que cada Ave María del Rosario sea un beso de los hombres a su Madre.

Nos espera para que encontremos el Perdón ofrecido, en el Sacramento de la Reconciliación.

Nos espera para llevarnos de la mano a Misa, momento de encuentro único e irrepetible con Jesús. Y así, adorarlo y mirarla.

Y sentir que María está allí con cada uno de nosotros.

Martes 7 de diciembre- Plaza Carlos Auyero- ( Salta y Arias, Lanús Este)
Allí estará Santa María del Epíritu Santo, la Virgen de Lanús.

Fiesta de Cristo Rey

21 DE NOVIEMBRE DE 2010-ÚLTIMO DOMINGO DEL AÑO LITÚRGICO:
¡Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros!

Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Un poco de historia:

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.
El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.
Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.
Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:

“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;

“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”; “es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;

“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.
La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.
Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.
Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.
Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.
El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.
Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.
Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.
A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20’s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.
La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

Sábado 7 de agosto, todos junto a la Virgen de Lanús!

Estamos viviendo un tiempo de gracia que Dios nos concede, tiempo de misericordia que hay que aprovecharlo para volver a Dios, y si ya estamos en el buen camino, entonces es tiempo de profundizar más en la fe y en la conversión. Porque uno nunca está completamente convertido, sino que siempre puede avanzar un poco más por el camino de perfección.
San Pablo escribe que «allí donde abundó el pecado sobreabundó la gracia». Cristo decía a los apóstoles: «Tened confianza, Yo he vencido al mundo» (Juan 16,33). Pero también preguntaba: «El Hijo del hombre, cuando venga, ¿encontrará aún fe sobre la tierra?» (Lucas 18,8).
Cristo se entregó a María como hijo, y al entregarse como hijo a Ella para que fuese su Madre, quiso que fuese la nuestra para que nosotros, como El, nos entregásemos a Ella.
Esta es una maternidad real, y para que la ejerciera Dios concedió a María todo. Por eso es mediadora de todas las gracias, omnipotencia suplicante. Cristo nos ha hecho hijos adoptivos del Padre e hijos adoptivos de su Madre.
El alma cristiana goza en decir a Dios Padre y en decirle a María Madre. Hijos de Dios, niños de Dios, hijos de María, niños de María.
Es por esa maternidad santa que María nos llama de todas las maneras posibles, es por esa maternidad santa que desde 1999 María viene a Lanús para congregar a sus hijos bajo Su amparo, y llevarnos hacia la plenitud eterna que es la Gloria de Dios. Esta Madre paciente, generosa, humilde, y sabia, nunca descansará hasta que sus niños estemos reunidos en Su Inmaculado Corazón. Por eso cada día 7 viene a abrazarnos, a recoger nuestras oraciones y elevarnos hasta Su hijo, que con ansias nos espera para derramar sobre nosotros Su Amor y misericordia, transformando nuestras vidas.
Por eso Ella estará también este sábado 7 de agosto en el Lugar de Encuentro con Dios. Es una cita que todos tenemos con nuestra Madre, la Madre de Dios, la Reina de todo lo creado, quien nos estará esperando.
Dejemos que esta Madre de conversión de las almas habite en nuestros corazones, haciendo todo lo que a través del amor se puede lograr. Convoquemos a la familia y amigos, para que se cumpla también en ellos las palabras del apóstol y que abunde en ellos la gracia. Y así, cuando venga nuestro Señor, encuentre fe sobre la tierra.
Esta peregrinación puede señalar el camino del cielo para muchos. Con él cumplimos con el mandamiento principal de la Ley: “Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”… y a tu prójimo como a ti mismo.
Dios merece ser amado por ser nuestro Sumo Bien, y con este acto de amor damos a Dios lo más importante que tenemos, nuestras almas y corazón.
La Virgen en todos sus mensajes nos llama a la conversión urgente, porque Ella sabe que de ello depende nuestra salvación eterna.
No dejemos pasar más tiempo y comencemos a vivir en serio la vida cristiana, porque no sabemos de cuánto tiempo disponemos para volver a Dios o perfeccionarnos en la virtud.

Las oraciones, y la Misa que se realizarán en este santo lugar, contará con la mejor compañía que podamos tener en nuestras vidas: la de María y Jesús.

No se olviden: sábado 7 de agosto, en la Plaza Auyero de Lanús Este, calle Arias y Salta.
¡Todo un día para María y Jesús, toda una vida transformada!

SOBRE LA TIBIEZA

¿Podremos oír sin temblar, de boca del mismo Dios, una tal sentencia, proferida contra un obispo que parecía cumplir perfectamente todos los deberes de un digno ministro de la Iglesia? Su vida era reglada, no malgastaba sus bienes. Lejos de tolerar los vicios, se oponía a ellos con tesón; en nada daba mal ejemplo, y su vida parecía digna de ser imitada.. Sin embargo, a pesar de todo esto, vemos que el Señor le advierte, por ministerio de San Juan, que, si continúa viviendo de aquella manera, le rechazará, esto es, le castigará y reprobará. Tanto más espantoso es este ejemplo cuanto son muchísimos los que siguen tal camino, viven del mismo modo, y tienen su salvación muy insegura. Cuán grande es el número de que a los ojos del mundo no son tenidos por pecadores reprobados, ni pertenecen tampoco a los escogidos! ¿Por cual de esos caminos andamos? ¿Seguimos la recta vía? Lo que más debe espantarnos es que no lo sabemos. ¡Horrible incertidumbre! Probemos, sin embargo, de investigar si sois tan desgraciados que pertenezcáis al número de los tibios. Voy, pues: 1.° A mostraros las señales por las cuales podréis conocerlo, y 2.° Si pertenecéis a tal clase, os indicaré los medios de salir de ella.

I.- Al hablaros hoy del estado espantoso de un alma tibia, no es mi propósito haceros la pintura horrible y desesperante del alma que vive en pecado mortal, sin deseos de salir de él: esta pobre desgraciada es una víctima de la cólera de Dios para la otra vida. Al hablaros del alma tibia, no quiero referirme tampoco a los que no confiesan ni cumplen la Pascua. Dejémoslos en su ceguera, ya que en ella quieren permanecer. Pero me dirá alguno, ¿es que aquellos que se confiesan, cumplen la Pascua y comulgan con frecuencia, no se salvarán? Cierto que no todos, amigo mío; pues, si se salvasen la mayoría de los que frecuentan los sacramentos, habríamos de convenir en que el número de los escogidos no es tan pequeño como realmente será. Sin embargo, reconozcámoslo: cuantos tengan la dicha de llegar al cielo, serán escogidos entre los que frecuentan los sacramentos, más nunca entre los que ni cumplen la Pascua ni se confiesan.

-¡Ah!, me dirás entonces, si todos ellos que no se confiesan ni cumplen la Pascua se condenan, grande será el número de los réprobos!
-Si, no hay duda que será grande. Y por más que digas, si vives como pecador, serás también contado en ese número. Mas ¿no te hace temblar tal pensamiento? Si no llegaste al último grado de endurecimiento, al pensar en esto debieras estremecerte. ¡Dios mío!, ¡cuán desdichada la persona que ha perdido la fe! Lejos de aprovecharse de estas verdades, esos pobres ciegos se burlarán de ellas; y, no obstante, digan lo que digan, pasará lo que yo os anuncio; sin confesión ni cumplimiento pascual, no habrá cielo ni felicidad eterna. ¡Dios mío!, ¡cuán horrible ceguera la del pecador!

No entiendo tampoco por alma tibia la que quisiera pertenecer al mundo sin empero dejar de ser de Dios: la que ahora veréis postrarse delante de Dios, su Salvador y Maestro, y más tarde la veréis postrarse ante el mundo, su ídolo. ¡Pobre ciego, el que tiende una mano a Dios y otra al mundo, llamando a los dos en su auxilio, prometiendo a ambos su corazón! Ama a Dios, o a lo menos quiere amarle; pero también quisiera Sagrada al mundo. Cansado de esforzarse en ser de ambos, acaba importa entregarse exclusivamente al mundo. Vida extraordinaria la suya, la cual nos ofrece tan singular espectáculo, que uno no llega a convencerse de que se trate de la vida de una misma persona. Voy a mostraros ese espectáculo de una manera tan clara, que tal vez muchos de vosotros os tendréis por ofendidos; mas ella poco importa, yo os diré siempre lo que debo.
Digo que aquel que quiere ser del mundo sin dejar de pertenecer a Dios lleva una vida tan extraordinaria, que las diferentes circunstancias que la rodean son difíciles de conciliar. Decidme: ¿os atreveríais a creer lo que esa joven que veis en esas partidas de placer, en esas reuniones mundanas, en las que siempre triunfa el mal en daño del bien, entregándose a todo cuanto puede desear un corazón maleado y pervertido, es la misma que, no hace aún quince días o un mes, visteis postrada ante el tribunal de la Penitencia, confesando sus culpas, haciendo ante Dios protestas de estar dispuesta a morir antes que recaer en pecado? ¿No es aquella misma que visteis acercarse a la Sagrada Mesa con los ojos bajos y la plegaria en los labios? ¡Dios mío!, ¡qué horror! ¿Podremos pensar en ello sin morir de compasión? ¿Creeréis que aquella madre que, hará unas tres semanas, enviaba a su hija a confesarse y, muy razonablemente, le recomendaba que considerase seriamente lo que iba a hacer, y al mismo tiempo le entregaba un rosario o un libro; hoy la instiga a ir a un baile? Decidme: ¿ no es esa persona que esta mañana estaba en el templo cantando las alabanzas del Señor, la misma que ahora emplea aquella misma lengua en cantar canciones infames y sostener las más torpes conversaciones? ¿No es éste aquel dueño o padre de familia que no ha mucho estaba oyendo la Santa Misa con gran reverencia, cual si quisiese emplear muy santamente el domingo, el mismo que ahora está trabajando y haciendo trabajar a toda su dependencia?

Dios mío!, ¡qué horror! ¿Cómo pondrá Dios todo esto en orden el día del juicio? ¡Ay!, cuántos cristianos condenados! Y digo más: aquel que quiere agradar al mundo y a Dios, lleva una vida de las más desdichadas. Ahora vais a ver cómo. Ved aquí una persona que frecuenta los placeres, o que ha contraído algún mal hábito; lo .cuál no ha de ser su temor mientras cumple sus deberes religiosos, es decir, mientras ora, se confiesa o comulga? No quisiera ser vista de aquellos con quienes danzó, en cuya compañía pasó las noches en la taberna, y con los cuales se entregó a toda suerte de desórdenes. Ha llegado hasta a engañar a su confesor, ocultándole lo peor de sus culpas, y de esta manera ha obtenido permiso para comulgar, o mejor, para cometer un horrendo sacrilegio; su gusto sería comulgar antes o después de la Santa Misa, o sea cuando en la iglesia no hay nadie. Aunque también le complace ser vista de las personas buenas, que ignoran su mala vida, v a las cuales espera hacer concebir ventajosa opinión de sí misma. Con las personas piadosas habla de religión, mas con la gente irreligiosa sólo se ocupa de placeres mundanos. Se avergonzaría de cumplir sus prácticas religiosas delante de los compañeros o compañeras de sus desórdenes. Es esto tan cierto, que un día alguien llegó a pedirme que le diese la sagrada comunión en la sacristía, para que no le viese nadie. ¡Qué horror! ¿Podremos considerar sin estremecernos tal manera de proceder?

Mas sigamos adelante, y veremos los apuros v compromisos de esas personas que quieren seguir al mundo, sin dejar tampoco a Dios, a lo menos en apariencia. He aquí que se acerca el tiempo del cumplimiento pascual. Es preciso ir a confesar; no es que lo deseen, ni que de ello sientan necesidad; antes, a ser posible, quisieran que la Pascua viniese sólo cada treinta años. Mas sus padres conservan aun la practica exterior de la religión, y se hallan satisfechos al ver que sus hijos se acercan a la Sagrada Mesa, y casi los fuerzan a confesarse: en lo cual no obran bien, por cierto. Rueguen por ellos enhorabuena, más no los inquieten, para llegar por fin a un sacrilegio. Para librarse de la importunidad de sus padres, para salvar 1as apariencias, esas personas se confabularan para tratar del confesor de quien mejor puedan esperar el ser absueltas la primera a la segunda vez.

«He aquí, dirá uno, que hace ya muchos días que mis padres me están importunando para que vaya a confesar. ¿Donde iremos, pues?» – «No podemos ir a nuestro párroco, pues es muy escrupuloso, y no nos dejaría cumplir la Pascua. Iremos a ver a Fulano. El absolvió a esos y aquellos, que ciertamente llevan realizadas más hazañas que nosotros». Otro dirá: «Te aseguro que, si no fuese por mis padres, no cumpliría el precepto pascual; pues el catecismo nos dice que, para hacer una buena confesión, es preciso dejar el pecado y las ocasiones de pecar, y nosotros no hacemos ni la uno ni lo otro. Háblote sinceramente, me hallo muy apurada cada vez que llega la Pascua. Estoy deseando estar colocada, para dejar definitivamente esa vida de doblez. Entonces haré una confesión de toda mi vida, para reparar las que ahora estoy haciendo; de lo contrario, no moriría contenta».

- «A mi parecer, le contestara su interlocutora, deberías volver al mismo con quien te confesaste hasta el presente, pues te conocerá mejor »
-«¡Ah!, eso si que no; iré al otro que no me quiso absolver, porque no quería llevarme a la condenación ».
- «¡Ah; tonta!, ¿que importa eso?, todos tienen el mismo poder».
- «Esto es lo que se dice cuando se esta bueno y se mira la muerte de lejos; más, en cuanto una se pone enferma, ve las cosas de muy distinta manera. Fui un día a visitar a Fulana, que estaba muy enferma; me dijo que jamás volvería a confesarse con aquellos sacerdotes tan fáciles de absolver, pues, queriéndoos salvar, os arrojan al infierno». Mirad de qué manera se portan esos pobres ciegos. «Padre mío, dicen al sacerdote, vengo a confesarme con usted porque nuestro párroco es demasiado escrupuloso. Quiere hacernos prometer cosas que no podemos cumplir; quisiera él que fuésemos santos, y esto no es posible en este mundo. Quisiera que nunca pusiésemos el pie en una sala de baile, que nunca frecuentásemos las tabernas y casas de juego. Si alguien ha contraído algún mal habito, no concede la absolución hasta que se haya enmendado en absoluto. Si debiésemos seguir sus ordenes, jamás podríamos cumplir la Pascua. Mis padres, que son muy religiosos, siempre me están importunando porque no cumplo la Pascua. Haré cuanto pueda, pero es imposible asegurar que jamás volveré a las diversiones citadas, pues uno no sabe en qué ocasiones se ha de encontrar» .

- ¡Ah!, le dirá el confesor, engañado por ese lenguaje, bien veo que tu párroco es un poco escrupuloso. Reza el acto de contrición ; yo te absolveré, más procura ser bueno. Esto es, inclina la cabeza; vas a hollar la Sangre adorable de Jesucristo, vas a vender a tu Dios, como Judas le vendió a sus verdugos y mañana comulgaras, o mejor, le crucificaras. ¡ Horror! ¡Abominación! ¡Anda, infame Judas, anda a la Sagrada Mesa; ve a dar muerte a tu Dios y a tu Salvador! Deja clamar a tu conciencia; mira de ahogar los remordimientos en cuanto te sea posible.
Más yo me extiendo demasiado; dejemos a esos pobres ciegos en las tinieblas donde moran.
Pienso que estáis deseando saber en que consiste el estado de un alma tibia. Pues vedlo aquí: El alma tibia no esta aun absolutamente muerta a los ojos de Dios, ya que no están enteramente extinguidas en ella la fe, la esperanza y la caridad, que constituyen su vida espiritual. Pero su fe es una fe sin celo; su esperanza, una esperanza sin firmeza, y su caridad, una caridad sin ardor. Voy ahora a pintaros el retrato de un cristiano fervoroso, esto es, de un cristiano que desea verdaderamente salvar su alma, en parangón con el de una persona que lleva una vida tibia en el servicio de Dios. Pongámoslos uno al lado del otro, y podréis ver a cual de los dos os asemejáis. El buen cristiano no se contenta con creer todas las verdades de nuestra santa religión, sino que además las ama, las medita, busca todos los medios para penetrarlas mejor; le gusta oír la palabra de Dios; cuanto, más la oye, mayores deseos tiene de volver a oírla, pues desea aprovecharse de ella, esto es, evitar todo cuanto Dios le prohíbe, y practicar todo cuanto Dios le manda. No solamente cree que Dios ve todas sus acciones y las juzgara a la hora de la muerte, sino que además tiembla cuantas veces le viene el pensamiento de que un día habrá de dar cuenta de toda su vida ante Dios. Y no se contenta con pensar y temer, sino que todos los días trabaja en enmendarse, todos los días inventa nuevas maneras de mortificarse; tiene en nada todo cuanto ha hecho hasta el presente; se lamenta de haber perdido un tiempo precioso, durante el cual hubiera podido atesorar grandes riquezas para el cielo.

¡Cuan diferente es el cristiano que vive en la tibieza! No deja de creer todas, las verdades que la Iglesia enseña, más de una manera tan débil, que en ella casi no toma parte su corazón. No duda de que Dios le ve, de que esta siempre en su santa presencia; pero, a pesar de ese pensamiento, no es ni más bueno ni menos pecador; cae en pecado con tanta facilidad cual si no creyese en nada; esta muy persuadido de que, mientras viva en tal estado, es enemigo de Dios; más no por eso sale del mismo. Sabe que Jesucristo dio al sacramento de la Penitencia el poder de perdonar nuestros pecados y de acrecentar nuestra virtud. Sabe que dicho sacramento nos concede gracias proporcionadas a las disposiciones con que nos acercamos a recibirlo más no importa: la misma negligencia, la misma tibieza en la practica. Sabe que Jesucristo esta real y verdaderamente en el sacramento de la Eucaristía, alimento absolutamente necesario para su alma; sin embargo, ¡mirad cuan poco desea recibirlo! Sus confesiones y comuniones no son frecuentes; solamente se determina con ocasión de alguna gran festividad, de un jubileo, de una misión; o bien va para no distinguirse de los demás, pero no para alimentar su pobre alma. No solamente no trabaja para merecer una tal dicha, sino que ni tan solo envidia la suerte de los que se acercan frecuentemente a gustar de sus dulzuras. Si le habláis de las cosas de Dios, os responderá con una indiferencia que muestra bien a las claras cuan insensible sea su alma a los bienes que nos puede proporcionar nuestra santa religión. Nada le conmueve: escucha la palabra de Dios, es cierto, pero no es raro el caso en que se fastidie; la escucha con pena, por costumbre, cual una persona que cree saber ya bastante, y portarse lo suficientemente bien para no necesitar tales instrucciones. Las oraciones demasiado largas le molestan. Su espíritu esta aun absorbido por las obras que acaba de ejecutar, o por las que va a comenzar terminada la oración ; se fastidia tanto, que su pobre alma parece estar en la agonía vive aun, pero ya no es capaz de hacer nada en orden al cielo.

La esperanza del buen cristiano es firme; su confianza en Dios es inquebrantable. Nunca pierde de vista los bienes y los males de la otra vida, tiene siempre presente en su espíritu el recuerdo de los sufrimientos de Jesucristo; su corazón casi no se ocupa de otra cosa. Unas veces piensa en el infierno, para considerar la magnitud del castigo que el pecado merece, y la desgracia de quien lo comete, lo cual le dispone a preferir la muerte al pecado; otras veces, para excitarse al amor de Dios y para sentir la grandeza de la dicha de quien ama más a Dios que a todas las cosas, fija su pensamiento en el cielo, y se representa la magnitud del premio de quien lo deja todo por Dios. Entonces solo desea a Dios, solo quiere a Dios: nada valen para él los bienes de este mundo; le gusta verlos despreciados, y los desprecia el mismo; los placeres mundanos le causan horror. La muerte no le atemoriza, pues sabe muy bien que solo ella puede librarle de los males de esta vida y juntarle con Dios para siempre.

Mas el alma tibia esta muy alejada de tales sentimientos. Los bienes y los males de la otra vida casi no le interesan: piensa en el cielo, es cierto, más sin desear verdaderamente alcanzarlo. Sabe que el pecado le cierra las puertas de la celestial mansión; a pesar de esto no procura corregirse, a lo menos de una manera eficaz; por eso se la encuentra siempre ser la misma. El demonio la engaña haciéndole formar muchos propósitos de convertirse, de obrar mejor en adelante, de ser mas mortificada, más reservada en sus palabras, más paciente en sus penas, más caritativa para con el prójimo. Pero nada de esto cambia sensiblemente su vida hace ya veinte años que se halla animada de buenos deseos, sin haber mejorado en nada sus costumbres. Se parece a una persona que sintiese deseos de pensar en cargo triunfal, más no se dignase ni tan solo levantar el pie para subir a el. No quisiera renunciar a los bienes eternos por los bienes terrenales; pero no desea ni abandonar la tierra, ni llegar al cielo, y si pudiese pasar esta vida sin penas ni tristezas, nunca pediría salir de este mundo. Si la oís quejarse de que esta vida es muy larga y despreciable, será porque las cosas no le andan como quisiera. Si el Señor, para forzarla en alguna manera a desligarse de esta villa, le envía penas y miserias, ya la tenemos inquieta, triste, abandonándose al llanto, a las quejas y muchas veces a una especie de desesperación. Parece coma si no quisiese reconocer que es Dios quien le envía esas pruebas para su bien, para hacerle perder la afición a esta vida y atraerla a Él.

¿Qué hizo ella para merecerlas?, piensa para si; otros mucho más culpables no se ven tan castigados.

En la prosperidad, no diremos que el alma tibia llegue a olvidarse de Dios, mas tampoco se olvida de si misma. Sabe referir muy bien todos cuantos medios empleo para salir con éxito; piensa que muchos otros no habrían logrado lo que ella logro; y se complace en repetirlo, y le gusta oírlo repetir; cuantas veces lo oye, experimenta una nueva sensación de alegría. Con aquellos que la lisonjean, toma un aire jovial; más con los que no le tuvieron el respeto que cree merecer, con los que no se mostraron agradecidos a sus favores, muestra siempre un gesto de frialdad e indiferencia, cual si continuamente les estuviese echando en cara su ingratitud. El buen cristiano, en cambio, lejos de creerse digno de algo Y capaz de la menor obra buena, solo tiene ante sus ojos la humana miseria. Desconfía de quienes le adulan, cual si fuesen lazos que el demonio le tiende; sus mejores amigos son aquellos que le dan a conocer sus defectos, pues sabe que, para enmendarse, es preciso conocerlos. En cuanto le es posible, hove las ocasiones de pecar: teniendo siempre presente que la más leve cosa es capaz de hacerle caer, no fía nunca en sus solos propósitos, en sus fuerzas, ni tan solo en su virtud. Conoce, por propia experiencia, que no es capaz de otra cosa que de pecar; pone toda su esperanza y toda su confianza en solo Dios. Sabe que el demonio a nadie teme tanto como al alma aficionada a la oración, y esto le mueve a hacer de su vida una oración continuada, mediante una íntima conversación con su Dios. Pensar en Dios le es cosa tan familiar como la respiración; con gran frecuencia levanta su corazón a lo alto: se complace en pensar en Dios como en su Padre, su amigo, su Señor que le ama tiernamente y desea con anhelo hacerle feliz en este mundo y aun más en el otro. En una palabra, hace consistir su felicidad en las penas y aflicciones, en la oración, el ayuno y la practica de la presencia de Dios. El alma tibia no pierde enteramente su confianza en Dios; pero no desconfía lo bastante de sí propio. Aunque se pone a menudo en ocasiones de pecar, piensa siempre que no va a caer. Si sobreviene la caída, la atribuye al prójimo y afirma que otra vez tendrá mayor firmeza.

Aquel que ama verdaderamente a Dios y pone el mayor interés en la salvación de su alma, toma todas las precauciones posibles pares evitar la ocasión de pecar. No se contenta con evitar las faltas graves, sino que pone gran diligencia en combatir las más leves culpas que en su conducta descubre. Considera siempre como un gran mal todo cuanto puede desagradar a Dios en lo más mínimo; mejor dicho, aborrece todo cuanto desagrada a Dios. Figurase como si estuviese al pie de una escalera, a cuya circa debe subir; ve que, para lograrlo, no hay tiempo que perder; por esto cada día adelanta de virtud en virtud hasta el momento de entrar en la eternidad. Aquí tenéis lo que hace el alma que trabaja por Dios y desea verle. Como el relámpago, no encuentra limites ni retrasos, hasta que llegue a sepultarse en el seno de su Creador. ¿Por que nuestro espíritu se traslada con tanta facilidad de una parte a otra del mundo? Para darnos a entender con cuanta rapidez debemos dirigirnos a Dios con nuestros pensamientos y deseos.

Mas no es este el amor de Dios del alma tibia.. No hallamos en ella esos deseos ardientes, ni esas llamas abrasadoras que nos hacen vencer todos cuantos obstáculos se oponen a la salvación. Para pintaros exactamente el estado del alma que vive en la tibieza, os diré que se parece a una tortuga o a un caracol. No anda, sino que se arrastra por la tierra, v apenas se la ve cambiar de sitio. El amor divino que siente en su corazón es semejante a una pequeña chispa de fuego, oculta en un montón de cenizas; ese amor se halla rodeado de tantos pensamientos y deseos terrenales, que, si no llegan a ahogarlo, impiden su incremento y poco a poco lo van extinguiendo. Cuando el alma tibia llega a este punto, permanece ya del todo indiferente ante tal pérdida. Su amor carece de ternura, de actividad, de energía, apenas capaz de mantenerla en la observancia de lo que es esencialmente necesario para salvarse; pero ella tiene por nada o muy poca cosa todo lo demás. ¡Ay!, el alma vive en su tibieza como una persona en el estado de somnolencia. Quisiera obrar, pero su voluntad está tan debilitada que no tiene ánimo ni fuerza para cumplir sus deseos (Prov., XXI, 25.).

Cierto que el cristiano que vive en la tibieza cumple aún con bastante regularidad sus deberes, a lo menos en apariencia. Todas las mañanas rezará arrodillado sus oraciones; recibirá los sacramentos por la Pascua y aun muchas otras veces durante el año mas todo ello con tanta displicencia, tanta dejadez y tanta indiferencia, con tal falta de preparación, con tan poca eficacia en el mejoramiento de su vida, que claramente se ve que cumple sus deberes sólo por hábito y por rutina; porque es tal fiesta yen ese día tiene la costumbre de practicar tal devoción. Sus confesiones y comuniones no serán sacrílegas, si queréis; pero son confesiones y comuniones sin fruto, las cuales, en vez de perfeccionarle a los ojos de Dios, le hacen aún más culpable. En cuanto a sus oraciones, sólo Dios sabe de qué manera son hechas: ¡ay! sin preparación. Por la mañana, no es de Dios de quien se ocupa, ni tampoco de la salvación de su alma, sino solamente de trabajar. Su espíritu está tan lleno de las cosas de la tierra, que no queda en él lugar para el pensamiento de Dios. Piensa en lo que hará durante el día, dónde enviará sus hijos o sus criados, de qué manera emprenderá tal o cual obra. Para rezar, se arrodilla, es verdad; mas no sabe ni lo que quiere pedir a Dios, ni lo que le es necesario, ni hasta delante de quién se halla; claramente lo delatan sus modales tan faltos de respeto. Viene a ser un pobre que, aunque miserable, no quiere nada, se complace en su pobreza. Es un enfermo casi desahuciado, que desprecia los médicos y los remedios, y se complace en su enfermedad. Veréis a esa alma tibia no tener reparo alguno en hablar durante el curso de sus oraciones, bajo cualquier pretexto; cualquier cosa se las hace abandonar, si bien pensando que las continuara más tarde. ¿Quiere ofrecer a Dios el día, rezar el benedicite, dar las gracias ? Todo eso practica, es verdad; pero muchas veces sin saber ni atender a quien habla. Quizá ni tan solo deja su trabajo. ¿Se trata de un hombre?, pues lo veréis entretenerse dando vueltas a su gorro o sombrero entre las manos, cual si mirase si es bueno o estropeado, cual si quisiera venderlo. ¿Se trata de una mujer?, pues rezara mientras corta el pan para la sopa, echa leña al fuego, o bien yendo a la zaga de sus hijos o de sus sirvientas. Las distracciones en la oración no serán del todo voluntarias, si queréis; preferiría no tenerlas; pero, como para apartarlas debe hacerse cierta violencia, las deja ir y venir libremente.

El alma tibia quizá no para el día del domingo trabajando en obras que los que tienen menos religión consideran como prohibidas; pero no tiene escrúpulo en remendar una prenda de ropa, en arreglar tal o cual cosa de uso domestico, en enviar los pastores al campo durante la hora de los oficios, bajo el pretexto de que tienen que dar de comer al ganado; prefiere dejar perecer su alma y la de sus trabajadores a dejar perecer las bestias. Si es un hombre, reparara sus herramientas o sus vehículos para el día siguiente; ira a visitar sus tierras, tapara un agujero, arreglara sus cuerdas, transportara cubos o los remendara. ¿Que os parece? ¿No es esto lo que sucede en realidad?

El alma tibia se confesara aun todos los meses y quizá más a menudo. Pero ¿que confesiones? Sin preparación, sin deseos de corregirse ; y si los concibe, son ellos tan débiles que el primer soplo los echa por tierra. Sus confesiones no son más que una repetición de las pasadas, y aun gracias que no tenga nada que añadir. Hace ya veinte años se acusaba de lo que se acusa hoy, dentro de veinte años, si aun se confiesa, repetirá lo mismo. El alma tibia no cometerá, si queréis, grandes pecados; pero, si se trata de una leve murmuración, de una mentira, de un sentimiento de odio, de aborrecimiento, de celos, de un pequeño disimulo, con facilidad los comete. Si no la respetáis cual cree ser merecedora, os lo echara en cara so pretexto de que con ello se ofende a Dios; pero mejor diría que es porque ella misma se siente ofendida.

Cierto que no dejara de frecuentar los sacramentos, más las disposiciones con que va a recibirlos inspiran lastima. Encierra a su Dios en una cárcel sucia y oscura, No le da muerte, pero le deja en su corazón sin alegría, sin consuelo; todas sus disposiciones delatan que aquella pobre alma no tiene más que un soplo de vida. Una vez recibida la Sagrada Comunión, el alma tibia casi no piensa en Dios más que los otros días. La manera de portarse nos da a entender que no se ha dado cuenta de la magnitud de su dicha.

La persona tibia reflexiona muy poco sobre el estado de su alma, y casi nunca vuelve la vista hacia el pasado; si le viene al pensamiento la necesidad de portarse mejor, cree que, una vez confesados sus pecados, debe permanecer perfectamente tranquila. Asiste a la Santa Misa casi como a un acto ordinario; no considera seriamente la alteza de aquel misterio, y no tiene inconveniente en conversar sobre cualquier cosa mientras se dirige al templo; quizá ni se le ocurrirá nunca pensar que va a participar del mas grande de los dones, que Dios, con ser Dios, pudo otorgarnos. Piensa ciertamente en las necesidades de su alma, pero con debilidad de espíritu; muchas veces se presenta ante su Dios sin saber siquiera lo que ha de pedirle. Durante los oficios, no quiere dormirse, es cierto, y hasta come que los demás lo adviertan; pero no se hace la menor violencia. Tampoco quisiera tener distracciones durante la oración o la Santa Misa; más, como ello implicaría cierta lucha, las tolera con paciencia, aunque no las desee. Los días de ayuno casi no los distingue, pues o bien adelanta la hora de la comida, o bien hace una abundante colación, casi equivalente a una cena, alegando el pretexto de que el cielo no se alcanza con hambre. Al practicar algunas buenas obras, a menudo su intención no es del todo pura: unas veces son para complacer a alguien, otras por compasión, otras hasta para agradar al mundo. Para los tales, todo cuanto no sea un grave pecado, resulta ya aceptable. Les gusta pacer el bien, pero no quieren hallar dificultades al practicarlo. Hasta les gustaría visitar a los enfermos, pero seria preciso que los enfermos viniesen a ellos. Tienen medios de hacer limosna, conocen a las personas que están necesitadas; pero esperan a que se la vengan a pedir, en vez de anticiparse, con lo cual sus obras serian doblemente meritorias. En una palabra, la persona que lleva una vida tibia no deja de practicar muchas buenas obras, de frecuentar los sacramentos, de asistir puntualmente a las funciones; más en todos sus actos veréis una fe débil, lánguida, una esperanza que a la menor prueba se viene abajo, un amor de Dios y del prójimo sin ardor y sin gusto; todo cuanto hace no resulta enteramente perdido, más poco le falta para ello.

Considerad ahora delante de Dios en que lado os halláis: ¿en el de los pecadores, que lo abandonaron ya todo, que no piensan ya en la salvación de su pobre alma, que se hunden en el pecado sin remordimiento alguno? ¿En el lado de las almas justas, que solo ven y buscan a Dios, que se inclinan siempre a pensar mal de si mismas y quedan en seguida convencidas cuando se les hace notar algún defecto suyo; que se creen siempre mil veces mas miserables de lo que opinan los demás, y tienen en nada todo cuanto hicieron hasta el presente? O bien, ¿pertenecéis al numero de aquellas almas perezosas, tibias e indiferentes, tal como acabamos de pintarlas? ¿Cual es el camino por donde andáis? ¿Quien podrá estar seguro de que no es ni pecador, ni tibio, sino de los escogidos? ¡Ay!, ¡cuantos parecen buenos cristianos a los ojos del mundo, más son tibios a los ojos de Dios, que lo ve todo y conoce nuestro interior!

II.-Pero, me diréis, ¿de que medios hemos de valernos para salir de tan miserable estado? – Si deseáis saberlo, atended un momento. Y, ante todo, debo advertiros que el que vive en la tibieza, en cierto sentido está más en peligro que aquel que vive en pecado mortal; y que las consecuencias de un tal estado son acaso más funestas. He aquí la prueba. El pecador que no cumple el precepto pascual, o que ha contraído hábitos malos o criminales, lamentase, de vez en cuando, del estado en que vive, en el cual está resuelto a no morir; desea salir del mismo, y un día llegara a hacerlo. Mas el alma que vive en la tibieza, no piensa en salir de ella, pues cree estar bien con Dios.

¿Que habremos de concluir de esto? Vedlo aquí. Esa alma tibia viene a ser un objeto insípido, insustancial, desagradable a los ojos de Dios, quien acaba por vomitarlo de su boca; o sea acaba por maldecirlo y reprobarlo. ¡Oh Dios mío, a cuantas almas pierde ese estado! Si queréis hacer que un alma tibia salga de su estado, os contestará que no pretende ser santa; que, con tal de entrar en el cielo, ya tiene bastante. No pretendes ser Santo, y no consideras que solo los santos llegan al cielo. O ser Santo, o réprobo: no hay termino medio.

¿Queréis salir de la tibieza? Llegaos frecuentemente a la puerta de los abismos, en donde se oyen los gritos y los alaridos de los réprobos, y podréis formaros idea de los tormentos que experimentan por haber vivido tibiamente y con negligencia respecto al negocio de su salvación. Levantad vuestros pensamientos hacia el cielo, y considerad cual sea la gloria de los santos por haber luchado y por haberse violentado mientras estaban en la tierra. Mirad lo que hicieron para merecer el cielo. Mirad que respeto sentían por la presencia de Dios; que devoción en sus oraciones, las cuales no cesaban en toda su vida. Mirad su valentía en combatir las tentaciones del demonio. Ved con que gusto perdonaban y hasta favorecían a los que los perseguían, difamaban o les deseaban mal. Mirad su humildad, el desprecio de si mismos, el gusto con que se veían despreciados, y el terror con que miraban las alabanzas y la estimación del mundo. Mirad con que atención evitaban los más leves pecados, y cuán copiosas lagrimas derramaban por sus culpas pasadas. Mirad que pureza de intención en todas sus buenas obras: no tenían otra mira que Dios, solo deseaban agradar a Dios. ¿Que más os diré? Mirad aquella muchedumbre de mártires que no pueden hartarse de sufrimientos, que suben a los cadalsos con mayor alegría que los reyes al trono. Terminemos. No hay estado más terrible que el de aquella persona que vive en la tibieza, pues antes se convertirá un gran pecados que un tibio. Si nos hallamos en tal estado, pidamos a Dios, de todo corazón, la gracia de salir de é1, para emprender el camino que todos los santos siguieron y así poder llegar a la felicidad de que ellos disfrutan.