Archivo para la categoría ‘El Santo Rosario’

7 DE SEPTIEMBRE: UN NUEVO DÍA DE PEREGRINACIÓN PARA ENCONTRARNOS CON LA MADRE DE LANÚS.

ESTAMOS TODOS INVITADOS. MARÍA DEL ESPÍRITU SANTO ESTÁ ALLÍ PRESENTE, COMO CADA DÍA 7.

PREPAREMOS NUESTROS CORAZONES, PARA RECIBIR DIGANMENTE A JESÚS EUCARISTÍA. PREPAREMOS NUESTRAS ALMAS PARA EL MANTO DE LA VIRGEN ABRIGUE NUESTRO SER Y DESCUBRAMOS LA VERDADERA FELICIDAD.

NO OLVIDEMOS LLEVAR ALIMENTOS NO PERECEDEROS ( LOS MISMOS QUE CONSUMIRÍAMOS EN CASA ) Y/O ROPA EN BUEN ESTADO ( LA MISMA QUE USARÍAMOS CADA UNO DE NOSOTROS ) PARA LAS OBRAS DE CARIDAD DE LA PARROQUIA DEL PADRE JORGE.

Y EL CENÁCULO NOS HA PEDIDO LLEVAR ROSARIOS QUE SERÁN REGALADOS EN LA GRAN FIESTA QUE SE HARÁ EL 7 DE NOVIEMBRE.

SANTA MARÍA DEL ESPÍRITU SANTO, RUEGA POR NOSOSTROS.

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

TERCER DOMINGO DE NOVIEMBRE: CRISTO REY

. Cada tercer domingo de noviembre, la Iglesia cierra su año litúrgico con la Fiesta de Cristo Rey.

. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos.

. En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

ORACIÓN A CRISTO REY

¡Oh Cristo, Tú eres mi Rey!
Dame un corazón caballeroso para contigo.

Magnánimo en mi vida: escogiendo todo cuanto sube hacia arriba, no lo que se arrastra hacia abajo.

Magnánimo en mi trabajo: viendo en él no una carga que se me impone, sino la misión que Tú me confías.

Magnánimo en el sufrimiento: verdadero soldado tuyo ante mi cruz, verdadero Cireneo para las cruces de los demás.

Magnánimo con el mundo: perdonando sus pequeñeces, pero no cediendo en nada a sus máximas.

Magnánimo con los hombres: leal con todos, más sacrificado por los humildes y por los pequeños, celoso por arrastrar hacia Ti a todos los que me aman.

Magnánimo con mis superiores: viendo en su autoridad la belleza de tu Rostro, que me fascina.

Magnánimo conmigo mismo: jamás replegado sobre mí, siempre apoyado en Ti.

Magnánimo contigo: Oh Cristo Rey: orgulloso de vivir para servirte, dichoso de morir, para perderme en Ti.

.

Les agradecemos una vez más la visita al blog y aportamos algunos videos más y fotos de la gran Fiesta vivida el 7 de noviembre último, 10° Aniversario de las Apariciones de Santa María del Espíritu Santo.

( EL PADRE ALEJANDRO BENDICE A LOS TRANSEÚNTES POR LA CALLE 9 DE JULIO, EN EL CENTRO DE LANÚS, DURANTE LA PROCESIÓN )

( EL PADRE BENDICE LA PRESENCIA DE LA VIRGEN EN LA PLAZA )




( ANTES DEL REZO DEL ROSARIO, EN OTRO EXTREMO DE LA PLAZA CARLOS AUYERO )

( MOMENTO EN QUE SE ABREN LAS CANILLAS DE AGUA – SE VEN RAYOS ROSADOS QUE NO PROVIENEN DEL SOL )

(UNA MULTITUD LLEGA A LA PLAZA DE LAS APARICIONES)


(UNA MULTITUD ASISTE A MISA, PARA GLORIA DE CRISTO REY Y SANTA MARÍA DEL ESPÍRITU SANTO )

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

LA FIESTA EN CRISTO DE LOS 10 AÑOS DE LA APARICIÓN – 7 DE NOVIEMBRE DE 2009

JM tiene 14 años. El sábado a la tarde salió a caminar por 9 de Julio, en el centro de Lanús, con el objetivo de encontrar a algún amigo. Quizás pasar la tarde de charla, quizás organizar algún picadito, quizás ir y venir por la Calle Principal sin objetivo alguno.

.

Cuando vio la procesión se detuvo para hacerse la señal de la cruz y rezar el “Bendito” que su mamá le había enseñado cuando era chiquito. Pero el Padre Alejandro se acercó, lo bendijo y lo invitó a sumarse.

Primero dudó, pero el rostro de Santa María del Espíritu Santo lo conmovió, y como una ráfaga de luz pasaron por su mente los mejores momentos de su niñez en “el Sagrado Corazón”, cuando tomó la Comunión y “acolitaba” en Misa.

.

Pensó que iría en procesión a la Iglesia y se sorprendió al verse llegar a la Plaza que tantas veces lo vio jugar, no hace mucho. El sentimiento generalizado de alegría lo contagió rápidamente. Participó de la Misa, rezó el Rosario adelante, pegadito a las imágenes. Se sorprendió al ver multitudes haciendo filas de varias horas para acercarse a las imágenes y besar la cruz de marcia que la misma Virgen besa en las apariciones. Se sorprendió al ver multitudes llorar de emoción por los signos que ocurrían en el cielo. Alguien le explicó la ocurencia del Milagro del sol. Y una chica le mostró una foto tomada con su celular, en la aparece la figura de la Virgen, como observando a sus Hijitos en la Plaza que eligió para quedarse.

.

JM tuvo que volverse a casa, más tiempo sus papás no lo autorizaban para estar solo en la calle. El próximo 7 va a invitar a toda su familia. Va a volver a la Misa en la Parroquia de su barrio. Ninguna procesión va a volver a sorprenderlo. O si: la procesión de su propia vida, de la mano de la Virgen, camino a Jesús.


  • Comentarios
  • Sin votos

Como rezar el Rosario

Cómo rezar el Santo Rosario

 

Señal de la Cruz


+ (Frente) Por la Señal de la Santa Cruz.
+ (Boca) De nuestros enemigos.
+ (Pecho) Líbranos Señor Dios Nuestro.

Invocación al Espíritu Santo (Tres veces)
Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, Tu Amadísima Esposa.

Pésame


Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido.
Pésame por el infierno que merecí y el Cielo que perdí. Pero mucho mas me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido. Y propongo firmemente no pecar mas y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Padre Nuestro


Padre nuestro que estás en el Cielo, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu reino. Hágase Tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

Ave María


Dios Te Salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita Tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de Tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria


Gloria al Padre y Gloria al Hijo y Gloria al espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

Jaculatorias (Después del Gloria)


Ave María purísima, sin pecado concebida.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Santísima Virgen María del Espíritu Santo, ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel, ruega por nosotros.
Santo Padre Pío, ruega por nosotros.
¡Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno. Lleva al Cielo a todas las almas y socorre especialmente a las mas necesitadas de Tu Misericordia.

Virgen María, protégenos, te amamos. Sálvanos, salva al mundo.

Ángelus (Por la Salud, la Santidad e Intenciones del Papa.)


Se reza un Padre Nuestro.
D: ”El Ángel del Señor le anunció a María”
R: “Y concibió por Obra y Gracia del Espíritu Santo”
Se reza el Salve
D: “He aquí la esclava del Señor”
R: “Hágase en Mi, según Tu palabra”
Se reza el Salve
D: “Y el Verbo se hizo carne”
R: “Y habitó entre nosotros”
Se reza el Salve y Un Gloria para finalizar.


Credo


Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos. Esta sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos, la vida eterna. Amén

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, Vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos,
gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.


*Misterios del Santo Rosario*

Misterios Gozosos (Lunes y Sábados)


1-La Anunciación del Ángel Gabriel a María.

En el primer capítulo del Evangelio de San Lucas leemos:

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Salve, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se conturbó por estas palabras, y preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.

Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.

María respondió al ángel: ‘¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? El ángel le respondió: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios… Dijo María: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.’ Y el ángel dejándola se fue.”

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

2-La visita de María a su prima Santa Isabel.
Lucas 1, 39-56.

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!Y dijo María: Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia- como había anunciado a nuestros padres – en favor de Abraham y de su linaje por los siglos. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

3-El Nacimiento de Jesús en Belén.

Evangelio según San Lucas

2:1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2:2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. 2:3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
2:4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 2:5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 2:6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 2:7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
2:8 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
2:9 Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. 2:10 Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 2:11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. 2:12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. 2:13 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
2:14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!
2:15 Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.
2:16 Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
2:17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.
2:18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
2:19 Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
2:20 Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

4-La presentación de Jesús en el Templo.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre Jesús, nombre que le fue puesto por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre.

Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos conforme a la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarle al Señor (así como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abre la matriz será llamado santo al Señor) y para dar la ofrenda conforme a lo dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones de paloma.

 He aquí, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre era justo y piadoso; esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él. A él le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viera al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, entró en el templo; y cuando los padres trajeron al niño Jesús para hacer con él conforme a la costumbre de la ley, Simeón le tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: —Ahora, Soberano Señor, despide a tu siervo en paz conforme a tu palabra; porque mis ojos han visto tu salvación que has preparado en presencia de todos los pueblos: luz para revelación de las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

Su padre y su madre se maravillaban de las cosas que se decían de él. Y Simeón los bendijo y dijo a María su madre: —He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal que será contradicha, para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Y una espada traspasará tu misma alma. También estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su matrimonio; y había quedado como viuda hasta ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones de noche y de día. En la misma hora acudió al templo y daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.

 

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

5-Jesús, perdido y hallado en el Templo.

Texto: Lc 2,41-52

“Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.

Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Jesús les respondió: ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les decía.

Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.”

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

Misterios Dolorosos (Martes y Viernes)

1-La Oración de Jesús en el Huerto.

Nos refieren los Evangelios que Jesús, terminada la Última Cena, en la que instituyó la Eucaristía y el orden sacerdotal, y dio a sus discípulos el que por antonomasia es su mandamiento: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado», salió con ellos hacia el monte de los Olivos. Por el camino les anunció, una vez más, que eran inminentes los acontecimientos de su pasión, en los que todos le abandonarían.

Llegados al huerto de Getsemaní, donde Jesús se había reunido muchas veces con sus discípulos, se apartó del grupo, tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan, a quienes les confió, lleno de pavor y angustia: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo». Pero ni siquiera estos escogidos fueron capaces de acompañarle velando y orando. Jesús fue y vino repetidas veces de la oración a la compañía de sus adormecidos discípulos. A solas, muy a solas, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú»; «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú»; «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. Finalmente, se levantó de la oración, fue donde los discípulos y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación; ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores».

Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos. El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle». Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. Los discípulos le abandonaron todos y huyeron.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

2-La flagelación del Señor Jesús.

Después del prendimiento de Jesús en el Huerto, lo llevaron a casa del Sumo Sacerdote; Pedro y otro discípulo lo fueron siguiendo, y se quedaron en el atrio. Allí empezó el proceso religioso contra Jesús, que lo condenó a muerte, por reconocer que era el Mesías de Israel y por confesar que era verdadero Hijo de Dios.

Las autoridades judías no podían por sí mismas ejecutar esa sentencia; por eso, cuando amaneció, llevaron a Jesús ante el procurador romano y se lo entregaron. Pilato, al saber que Jesús era galileo y por tanto súbdito de Herodes, se lo remitió; pero éste, después de mofarse de Jesús, se lo devolvió. El relato de San Lucas nos dice que Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis. Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le castigaré y le soltaré». Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!» Éste había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato. Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús, pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!» Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré». Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes. Finalmente, Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás, condenó a Jesús, mandó azotarle y lo entregó para que fuera crucificado.

Al sufrimiento del espíritu, tristeza, angustia y soledad de Getsemaní, siguió el dolor corporal y físico de la flagelación, en un contexto saturado de toda clase de vejaciones y desprecios. Entre los romanos, al flagelado que había sido condenado a muerte se le estimaba carente de todo derecho como persona y de toda consideración como humano, y quedaba totalmente a merced de los verdugos; a menudo se desmayaba bajo los golpes y no raramente perdía la vida. Jesús aquella noche fue de Herodes a Pilato, acabó convertido en deshecho humano, varón de dolores, como había escrito el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta».

Aunque los Evangelios no lo refieran expresamente, María, además de las referencias que le darían las personas allegadas, pudo ver a su Hijo, maltrecho y desfigurado, en alguno de sus traslados de unas a otras autoridades, y cuando Pilato lo presentó ante la muchedumbre, y cuando ésta gritó que lo crucificara… Tuvo que oír a Pilato que lo iba a castigar, que lo entregaba para que lo azotaran…, y luego ver en qué había quedado el hijo de sus entrañas. Sin duda, la espada de que le había hablado el anciano Simeón, le iba atravesando el alma.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.


3-La Coronación de espinas.

La misma noche en que prendieron a Jesús, Anás y Caifás comenzaron de inmediato su juicio. Terminados los interrogatorios y cuando ya prácticamente estaba decidida la suerte del Señor, lo entregaron a los guardias del Sanedrín para que lo custodiasen hasta que aquél, al rayar el día, empezara su reunión.

Mientras tanto, los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, le escupían y le abofeteaban, y, cubriéndole con un velo, le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?» Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.

En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, que condenó a Jesús y luego lo llevó ante Pilato. También el Procurador romano acabó condenando a Jesús y entregándolo para que lo azotaran y lo crucificaran.

Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; trenzaron una corona de espinas y se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.

Jesús, a lo largo del proceso que le llevó a la muerte en cruz, recibió las más variadas y refinadas sevicias físicas y morales: en el primer misterio doloroso, fijábamos la consideración en la angustia y tristeza hasta la muerte que inundó su espíritu; en el segundo, pasaban al primer plano los atroces dolores físicos o corporales; el tercero nos subraya el ensañamiento con que, primero los guardias del Sanedrín y luego los soldados romanos, trataron de burlarse de Jesús, ofendiendo cuanto pudieron su dignidad y sus sentimientos con los más refinados escarnios, humillaciones, ultrajes, etc., sin escatimarle otros padecimientos y dolores. La corona de espinas y los demás ingredientes de la escena tenían como objetivo, sobre todo, burlarse de la realeza de Cristo.

María, aunque no presenciara en directo cómo infligían a su Hijo todos los ultrajes y malos tratos, tenía noticia de ellos por los momentos públicos del proceso, por las informaciones y confidencias que le llegarían, por las secuelas de los mismos que luego iba viendo… Pensemos, por ejemplo, en la escena del “Ecce homo”, cuando Pilato saca a Jesús, flagelado y coronado de espinas, ante la muchedumbre y las autoridades del pueblo. Ella sabía en qué manos había caído su Hijo, las intenciones que tenían quienes tanto lo odiaban, su poder y sus formas de proceder, etc. Lo que la Virgen veía u oía, lo que como madre se imaginaba o se temía con toda razón, tuvo que ser para ella un lento y cruel martirio, con el que se asociaba al sacrificio redentor de su Hijo.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

4-Jesús, con la Cruz a cuestas hacia el calvario.

Después de haberse burlado de Jesús, los soldados le quitaron el manto de púrpura que le habían echado encima, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz detrás de Jesús.

Lo seguía una gran multitud del pueblo y también unas mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos…».

Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él. Llegados a un lugar llamado Gólgota, que quiere decir Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores.

Este misterio propone a la contemplación y meditación del creyente el Vía Crucis o Camino de la Cruz, los pasos que dio Jesús, por las calles de Jerusalén, caminando hacia el Calvario para ser allí ajusticiado. Es normal que los sumos sacerdotes y los demás miembros del Sanedrín trataran de dar la máxima publicidad a la ejecución de Jesús en una ciudad repleta de peregrinos llegados para las celebraciones pascuales; los enemigos del Señor no podían dejar escapar la oportunidad de prolongar y magnificar ante la muchedumbre su triunfo y la humillación de Jesús, cuyos seguidores y simpatizantes debían quedar advertidos. Las únicas personas que protestaron públicamente contra esa ejecución fueron las piadosas mujeres. Como, según la tradición, fue una mujer, llamada Verónica, la que, abriéndose paso entre la muchedumbre, limpió, llena de piedad, el rostro del Señor con un velo en el que Jesús dejó grabada su Santa Faz. Ciertamente, en el profeta Isaías podemos ver la descripción del rostro de Jesús, la imagen que ofrecía en aquel momento: No tenía apariencia ni presencia, lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar; despreciable y desecho de hombres…

El Evangelio, que habla de María junto a la cruz de su Hijo, no menciona su presencia durante el camino hacia el Calvario. La cuarta estación del Vía crucis tradicional considera precisamente el encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la amargura. Bien estuviera cerca de Jesús, en medio de la multitud, bien se mantuviera algo más retirada, lo cierto es que le acompañaba en sus dolores y sufrimientos, y sentía en su propia alma el desprecio y ultraje público de que era objeto el Hijo, y que, en definitiva, vivía con la máxima intensidad su condición de madre de aquel ajusticiado, y de corredentora de los hombres, asociada al Redentor.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

5-La Crucifixión y muerte del Señor Jesús.

Llegados al Calvario, crucificaron a Jesús y a los dos malhechores. Los soldados se repartieron los vestidos de Jesús por lotes, y la túnica, tejida de una pieza, sin costura, la echaron a suerte. Pilato redactó una inscripción que decía: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos», y la puso sobre la cruz. Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el Templo y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: “Soy Hijo de Dios”». También los soldados se burlaban de él, y hasta uno de los malhechores crucificados con él le injuriaba, mientras el otro decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino»; Jesús le respondió: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

En el desarrollo de los acontecimientos, Jesús dijo también otras palabras: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen»; «Tengo sed»; «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?»; «Todo está cumplido»; «Padre, en tus manos pongo mi espíritu».

Al mediodía quedó la tierra en tinieblas y se produjeron otros fenómenos extraordinarios.

Hacia las tres de la tarde, habiendo dado perfecto cumplimiento a todos los designios divinos, Jesús se encomendó a su Padre con voz poderosa e inclinando la cabeza entregó el espíritu.

El misterio de la crucifixión y muerte de Cristo da innumerables motivos para la contemplación y meditación. En la cruz muere el Justo, el Rey de los judíos, el Hijo de Dios, y Dios calla, no hace prodigios en favor de quien lo invoca como su Padre; deja que sus enemigos se sientan vencedores, que se le burlen a sus anchas, seguros en sus posiciones, con el triunfo completo y definitivo en sus manos, y con hechos y argumentos para convencer a todos. Así se cerraba el Viernes Santo. Siempre hay excepciones, y aquí cabe señalar al buen ladrón y al centurión. Cada uno de estos personajes, además de Jesús, María y Juan, las piadosas mujeres que estaban unas con María y otras más apartadas, así como también todos los que se burlaban de Jesús y lo insultaban, pueden darnos variadas lecciones y motivos diversos de reflexión, por su ejemplaridad o por todo lo contrario, y porque en casi todos podremos ver reflejado un algo de nosotros mismos. Por su parte, las “Siete Palabras” de Jesús en la cruz son otros tantos temas de oración.

Para María, junto a la cruz se consumó la profecía de Simeón: «Y a ti una espada te atravesará el alma». Una madre hace suyos los sufrimientos del hijo. También ella debió de sentirse morir, tener la impresión de que Dios la abandonaba…, a la vez que tendría que potenciar toda su confianza y esperanza en el Padre. Para su soledad y para la ausencia definitiva del Hijo, Jesús encomendó mutuamente a la Madre y al discípulo predilecto.

El creyente que acompañe a Jesús por los misterios dolorosos hasta la muerte, debe tener vivo en su espíritu que el paso por el sepulcro es preciso, pero sólo transitorio; si la unión a Cristo es auténtica, necesariamente ha de abrirse a la Resurrección y a los misterios gloriosos.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

Misterios Gloriosos (Miércoles y Domingos)


1-La Gloriosa Resurrección del Señor.

Jesús, después de su muerte en la cruz, fue enterrado en un sepulcro nuevo que había en un huerto próximo al lugar en que lo crucificaron.

Los evangelios no nos describen el hecho mismo de la resurrección ni el cómo y cuándo precisos en que sucedió, sino las consecuencias de tal acontecimiento: el sepulcro vacío, las múltiples y variadas apariciones del Señor y las circunstancias de las mismas. Al amanecer del domingo, María Magdalena y otras piadosas mujeres fueron al sepulcro; la piedra que cerraba la entrada había sido removida, y el cuerpo del Señor no estaba allí. Después fueron Juan y Pedro, que comprobaron lo que les habían dicho las mujeres. El mismo domingo, Jesús se apareció a las mujeres y a María Magdalena, a Simón Pedro, a los discípulos de Emaús, al conjunto de los apóstoles, etc. Las apariciones a personas en particular y a grupos incluso numerosos se sucedieron en Jerusalén y en Galilea, hasta la Ascensión del Señor.

De las palabras de Cristo a los suyos después de la resurrección, recordemos algunas de las que dijo a los dos discípulos que el mismo domingo de pascua iban a Emaús. En el camino Jesús se les hizo encontradizo y entró en diálogo con ellos. Estaban tristes y desilusionados porque los sumos sacerdotes y los magistrados condenaron a muerte a Jesús y lo crucificaron. «Nosotros –añadieron– esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó…». Entonces el Señor les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse a Emaús, lo invitaron a quedarse con ellos y, puestos a la mesa, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado. Ellos se volvieron a Jerusalén y contaron a los Once y a los que estaban con ellos lo que les había pasado. Estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo repetidamente: «La paz con vosotros». Aún tuvo que serenarlos, comió y les añadió: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Finalmente les dijo: «Como el Padre me envío, así os envío yo… Vosotros sois testigos de todas estas cosas».

San Pablo, camino de Damasco, vivió la experiencia del encuentro personal con el Señor resucitado, lo que cambió el rumbo y sentido de su vida. En sus cartas nos dice que los cristianos, en el bautismo, nos incorporamos a Cristo, a su muerte, y somos sepultados con él, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos, también nosotros, resucitados con él, andemos en una vida nueva, pues nuestra vieja condición de pecadores ha sido crucificada con Cristo y hemos quedado libres de la esclavitud del pecado. «Si habéis resucitado con Cristo –añade el Apóstol–, buscad las cosas de arriba, aspirad a los bienes de arriba».

La Resurrección, dice el Catecismo de la Iglesia católica, constituye la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó, es cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús. La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección. Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte Jesús nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Ésta es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de Dios. Consiste en la victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva participación en la gracia. Realiza la adopción filial porque los hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos después de su Resurrección. Hermanos no por naturaleza, sino por don de la gracia, porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único, la que ha revelado plenamente en su Resurrección. Por último, la Resurrección de Cristo –y el propio Cristo resucitado– es principio y fuente de nuestra resurrección futura. En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el corazón de sus fieles, hasta la consumación de los siglos.

Los evangelios no refieren la aparición de Jesús resucitado a su Madre. María estuvo en el Calvario, junto a la cruz, hasta que su Hijo expiró. Podemos contemplar y meditar la aflicción, dolor, amargura, soledad… que invadirían el corazón de la Virgen aquella noche. También, la ilusión y la esperanza con que aguardaría que Jesús, tal como había prometido, resucitara. Cuando Juan le diría el domingo por la mañana que había visto el sepulcro vacío, ¿María se sorprendería o más bien le diría que ya lo sabía, y que incluso Jesús se le había aparecido? Hasta su Ascensión, Cristo estuvo apareciéndose a unos y a otros, charlando y comiendo con ellos, etc. No nos habla la Escritura de las relaciones entre el Hijo resucitado y su Madre en ese tiempo; es materia que deja a nuestra consideración, para la que nos basta partir del hecho que él es el mejor hijo y ella la mejor madre.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

2-La Ascensión del Señor a los Cielos.

Después de su pasión y muerte, Jesús se presentó a los apóstoles que había elegido, dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Les prometió que serían bautizados en el Espíritu Santo: «Recibiréis –les dijo– la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra». Y entre las muchas instrucciones que les fue dando, San Mateo recuerda que les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Por último, a los cuarenta días de su resurrección, el Señor Jesús llevó a sus discípulos fuera de Jerusalén, a la cima del Monte de los Olivos, cerca de Betania, y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos, fue elevado al cielo, una nube lo ocultó a sus ojos, y se sentó a la diestra de Dios.

Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras Jesús se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo». Entonces se volvieron con gran gozo a Jerusalén y perseveraban todos constantes en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de María, la madre de Jesús.

¡Qué diferencia entre la escena del Calvario y ésta de la Ascensión! Pero aquélla era necesaria para llegar a ésta, pasando por la Resurrección. Son pasos fuertes de la vida de Cristo, que deben serlo también de la nuestra, no tanto en su cronología cuanto en su dimensión de factores y perspectivas de nuestro caminar cotidiano: morir con Cristo día a día a nuestro hombre viejo, para que crezca en nosotros nuestra nueva condición de hijos de Dios, lanzados hacia la casa del Padre por el camino que Jesús nos abrió. A los discípulos, el acontecimiento debió dejarles un sabor agridulce: de gozo y alegría por el triunfo del Señor, que ahora volvía al seno de la Trinidad, pero como Verbo Encarnado, hombre como nosotros, para interceder por nosotros; y de pena y tristeza por lo que tenía de despedida y separación. Además, Jesús les había prometido el Espíritu, y ellos tenían que prepararse a recibirlo permaneciendo unidos y constantes en la oración. El deseo y la esperanza de que esa promesa se cumpliera se volvían más vivos y ardientes en su ánimo al recordar la misión que Jesús les había encomendado: «Como el Padre me envió, así os envío yo… Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra… Id, evangelizad y bautizad a todas las gentes…». ¿Cómo ser fieles al Señor y no defraudarle? La respuesta no tiene otro punto de partida: la perseverancia en la oración y la gracia del Espíritu Santo.

Ciertos acontecimientos de los hijos causan en sus madres sentimientos de satisfacción y pesadumbre a la vez, por lo que significan de logro y mejora, y de ausencia y distanciamiento. María, después de lo que sufrió al pie de la cruz, tuvo que gozar lo indecible al ver a su Hijo resucitado y al presenciar su gloriosa Ascensión a los cielos, para sentarse a la derecha del Padre con el cuerpo que había recibido de su seno maternal; pero el triunfo del Hijo significaba también la separación y ausencia física, que no podían suplir ni los desvelos de ella hacia los discípulos ni las atenciones de éstos, y en particular de San Juan, hacia ella. Una vez más, la Virgen vivió la situación inmersa en un clima de plena confianza en Dios y de absoluto abandono a su voluntad, para secundar en todo sus designios.

 

Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

 

3-La Venida del Espíritu Santo.

Después de la Ascensión del Señor, cuantos le habían acompañado de Jerusalén al Monte de los Olivos regresaron a la Ciudad, y perseveraban constantes en la oración, en compañía de María, la madre de Jesús, aguardando el cumplimiento de la promesa del Resucitado: «Vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días… Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos…»

Al llegar el día de la fiesta judía de Pentecostés, cincuenta días después de pascua, y de la Resurrección

  • Comentarios
  • Sin votos

El Santo Rosario meditado por Santa María del Espíritu Santo

El Santo Rosario Meditado por Santa María del Espíritu Santo

La siguiente meditación fue transmitida por la Santísima Virgen los días Lunes 27-08, 04-09 y 11-09 del Año 2000 durante sus apariciones, utilizando la voz de Marcia y permitiendo la maravillosa experiencia de que todos los reunidos aquellos días pudieran escuchar la dulzura expresiva y el amor de la Madre enseñándonos a meditar.

MISTERIOS GOZOSOS

Primer Misterio Gozoso
La Anunciación

“Hijitos hoy vamos a meditar los Misterios de Gozo, donde yo recuerdo parte de mi vida.
En el Primer Misterio, meditaremos en el anuncio que Dios me hizo, a través de su Ángel.
El Ángel de Señor me anunció, siendo yo una niña, que Dios me había elegido para ser Madre de su Hijo.
El Ángel me dijo que Su nombre debía ser “Jesús”. Yo no entendía esto, porque… ¿Cómo podía ser, si yo no conocía a ningún varón?, entonces el Ángel me explicó que todo sería obra de Dios. Hijitos, ¡Mi gozo fue tan grande!, aunque no entendía las palabras.
¡Ay hijos! Fui elegida por Dios para ser su Madre, siendo yo también Hija suya.
¡Ay Hijitos!, debéis creer mucho en Dios. Hijos, aunque no entendáis muchas veces lo que El quiere deciros, ¡debéis creer en El!, debéis aceptar su Voluntad, ya que siempre va a ser justa.
Hijos, pedid a Dios, que por mi intercesión, creáis, ¡creáis mas allá de las dudas! Amén, Amén.”

Segundo Misterio Gozoso
La Visita de María a su prima Isabel.

“Hijitos, en el Segundo Misterio Gozoso, vamos a meditar la visita que yo le hice a mi prima Isabel.
Pues yo, también, recibí el mensaje del Angel que me dijo que mi prima, la que era considerada estéril, estaba en el sexto mes. Yo, que llevaba en mi Seno al Hijo de Dios, no pensé en Mí, enseguida, salí en ayuda de mi prima porque era ya mayor.
¡Hijos, cuántos abuelitos tenéis abandonados, cuántos hijitos!
¡Dios también a ellos los ama!
Hijitos, orad para que Dios, por mi intercesión, os conceda la Gracia de ser caritativos. Hijitos, ayudad a los mas necesitados. Amén, Amén.”

Tercer Misterio Gozoso
El Nacimiento del Niño Jesús

“Hijos queridos, en el tercer Misterio Gozoso, vamos a meditar el Nacimiento de Jesús.
¡Ay hijos queridos! ¡Que alegría la mía, al ver a mi pequeño Niño!
Fue pobre el lugar, ¡pero mucho el Amor! No teníamos muchas ropas, por eso lo envolví en pañales.
Hijitos, Jesús, siendo el mismo Dios, se hizo pobre entre vosotros.
Hijitos, Jesús, siendo Dios, nació para morir por vosotros.
Hijos queridos, ¡los Ángeles de Dios, cantaban porque había fiesta en el Cielo!
Hijitos, sed pobres, sed humildes, porque ese es el verdadero tesoro y Dios agrada.
Orad para que Dios, por mi intercesión os conceda, ser humildes de corazón. Amén. Amén”

Cuarto Misterio Gozoso
La Presentación del Niño Jesús en el Templo.

“Hijitos, en el Cuarto Misterio Gozoso, vamos a meditar cuando Yo, con mi esposo José, presentamos a nuestro Niñito en el Templo.
Según la Ley de Moisés, nosotros tuvimos que presentarlo a nuestro Niño.
Allí un anciano me dijo que una espada iba a atravesar mi Corazón.
Yo no sabía que quería decirme, pero después, ¡sufrí mucho!
Hijitos, ¡cumplid los Mandamientos!
Hijos, difícil es, yo lo sé, pero Conmigo, lo podéis todo.
Pedid a Dios que por mi Intercesión, podáis hacer vida mis mensajes. Amén, Amén.”

Quinto Misterio Gozoso
Jesús es Perdido y Hallado en el Templo.

“Hijitos, en el Quinto Misterio Gozoso, vamos a meditar cuando mi Niño a sus doce años, se perdió y lo hallamos luego.
Hijitos, mucha fue mi angustia al no ver a mi Niñito volver conmigo.
¡Buscamos, buscamos con José por tres largos días!
Tres días quizás, para vosotros no es nada, pues en todo momento vivís la vida como si no fuera nada. Pensáis en vuestros trabajos, en vuestras cosas, pero no pensáis en Jesús como Yo.
Hijos, vivid mas despacio, pues no es tan larga la vida, larga es, si vivís para Dios, pues nunca termina.
Cuando hallé a Jesús, quizás si, me enojé un poquito y le dije: ¿por qué hacéis esto, no veis que te buscábamos?. Y El, serio, me respondió: ¿por qué me buscabais? ¿no sabéis acaso que debo ocuparme de las cosas de mi Padre? Hijitos, pedid a Dios, que por mi Intercesión, vosotros también, os ocupéis de las cosas de Dios. Amén, Amén”.
MISTERIOS DOLOROSOS

Primer Misterio Doloroso
Oración de Jesús en el Huerto

“Hijos, hoy vamos a meditar los Misterios de Dolor. En el primer Misterio, vamos a meditar la Oración de Jesús, su angustia al ver el Cáliz que tenía sobre su Alma.
Hijos, Yo, como madre angustiada os diré: ¡Que Jesús sufrió mucho!. Me dirán: ¿Cómo, si Jesús era Dios? ¿Cómo El, iba a angustiarse y a sentir miedo? Pero, hijitos, El también era hombre y tenía sentimientos humanos y al ver todo, todo lo que debía sufrir, El sintió un miedo de muerte, orando en aquel monte, cuando sus amigos se durmieron y lo dejaron orando solo.
Hijitos, orad mucho. Compartid las lágrimas de El y sus gotas de sudor y de sangre, por el terror que sentía.
Hijos, pedid a Dios, que por Mi intercesión, sepáis aceptar su voluntad, por mas dolorosa que sea, siempre va a ser justa. Hijitos, acompañad a vuestro Señor y aceptadlo. Amén. Amén”

Segundo Misterio Doloroso
La Flagelación de Nuestro Señor

“Hijos, en el Segundo Misterio Doloroso, vamos a meditar en la flagelación de Jesús. ¡Hijos, tanto sufrió!¡Tantos fueron los azotes!
Hijos, hijitos, Jesús nunca se quejó y vosotros, apenas os rasguñáis, gritáis. Hijitos, mis pequeños, Jesús siendo Dios, se hizo hombre y ¡Sufrió tanto! Y El sólo amaba a quienes lo estaban golpeando y los amaba mucho, porque por ellos también iba a morir.
Hijos, comenzad a ofrecer vuestros dolores ¡tiene mucho valor! Y mi Corazón se alegra mucho, ¡mucho mis pequeños!
Mis niños, ¡Os amo, Jesús también!, por eso, pedid a Dios que por mi intercesión maternal, vosotros tengáis ganas y fuerzas para ofrecer esos dolores, que tanto bien harán a vuestra alma. Amén. Amén”

Tercer Misterio Doloroso
La Coronación de Espinas

“Hijitos, en el Tercer Misterio Doloroso, vamos a meditar, en la dolorosa Coronación de espinas que le hicieron a Mi Amado Hijo.
Hijitos, ¡Cuánto dolor! Bañado en sangre estaba Mi Hijo, cuando solo para burlarse, triplicaron el dolor.
Esas filosas espinas atravesaron la Bendita Carne del Hijo de Dios.
Hijitos, hicieron sufrir mucho a Mi Hijo, pero ¡El les pagó todo, amándolos hijitos!, con Amor, porque El vino por vosotros.
La reverencia que le hicieron, los golpes que le dieron. ¡Cómo insultaron al Hijo del Hombre! El, bajando la vista, sabía que esto era por los amados hijos del Padre, por vosotros hijitos y a Mi, vuestra Madre, me atravesaban el Corazón.
Hijitos, Yo sufría junto a mi Hijo, como una madre ama a sus hijos, ¡Yo amaba al mío!
Hijitos, vosotros matasteis a mi Hijo, pero Yo os amo tanto mis pequeños, tanto mis hijos!
Hijitos, pedid a Dios que por mi intercesión amorosa, os conceda la gracia de ofrecer todas las humillaciones que recibáis en nombre de Jesús, porque eso nos gusta mucho a Nosotros y al Padre.
Hijitos las humillaciones son algo grande para Dios y para vuestra alma. Así como Jesús las recibió y las soportó ¡vosotros también debéis hacerlo!
Amén. Amén.

Cuarto Misterio Doloroso
Jesús con la Cruz a cuestas

“Pequeños míos, en el Cuarto Misterio, vamos a meditar cuando Jesús, cargando su Cruz, se dirige al lugar de su muerte.
¡Ay hijitos, cuánto sufrí Yo también, al ver a mi Hijo moribundo, cargando su Cruz, como un Cordero!
Entre esas calles, rodeado de gente que gritaba, insultaba, como si fuera el peor.
¡Hijitos, era Dios, Dios caminaba por sus calles! El estaba pisando esta tierra.
Hijitos y vosotros pronto lo arrancaríais de aquí.
Hijitos, cayó porque estaba exhausto.
Hijitos, esa Cruz le perforaba el hombro.
Hijitos, ya había El sido tan golpeado y encima, cargaba con su Cruz.
¡El no dijo nada, nunca se quejó!
Hijos, hijitos, Yo crucé mi mirada con la suya y ¡tanto nos dijimos! Porque Yo era su Madre y El era Mi Hijo y una madre entiende a su hijo, aunque no emita ni una palabra.
¡Hijos, tanto me dijo, era tanto su dolor!
Pronto, en unas pocas horas, El ya no estaría con vosotros aquí.
¡Hijitos, hijitos!, vosotros aún no lo entendéis, muchos no creéis en aquel que dio Su vida por vosotros. Hijitos, ¿por qué creéis que Yo lloro tanto? ¿por qué creéis que Yo tanto os llamo?
Hijitos, ¡volved al Padre, creed en Jesús!
Hijos, pedid a Dios que por mi intercesión os convirtáis de todo corazón y seáis humildes, humildes como Dios quiere que seáis.
Amén. Amén”

Quinto Misterio Doloroso
Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo

“En el Quinto Misterio Doloroso, vamos a meditar ¡Mi dolor mas grande! ¡La Crucifixión y la muerte del Señor!
Hijitos, cuando Jesús llegó a Su último lugar, fue crucificado de la manera ¡Mas terrible!
Hijitos, lo despojaron de todas sus ropas. En aquel tiempo era algo muy feo, era lo peor. ¡De la manera mas violenta, tomaron sus manos y las clavaron!
¡Tomaron sus pies y los clavaron juntos! ¡Estaba terriblemente dolorido!
Levantaron la Cruz y Él, dificultosamente podía sostenerse, no podía respirar, su cuerpo se iba hacia delante y al levantarse tratando de respirar un poco aunque sea, golpeaba su cabeza contra el madero, ¡clavando aún mas las espinas!
Ahí hijitos, con el poco aire que tenía, me dio la gracia de ser vuestra Madre. Yo, era lo último que le quedaba y también Él me dio al mundo, me dio al mundo como vuestra Madre, Santísima Virgen Maria.
¡Hijitos, Jesús también lloró!
¡Hijitos, Jesús sufrió todo lo que vosotros podéis sufrir! No hay dolor que vosotros tengáis, que Él no haya sufrido. Tuvo todos los dolores.
Tuvo todos los sentimientos angustiosos. Tuvo todo hijitos, por vosotros y vosotros ¡le pagáis pecando, blasfemando! ¡Hijitos, volved a Dios, os pido!
Hijitos, no os fijéis tanto en las cosas de la tierra, que en la tierra se van a quedar.
Vosotros tenéis vuestras moradas en el cielo, donde estoy Yo, donde está mi Hijo, donde está Dios, el Espíritu Santo. Hijitos ¿Qué mas podéis querer? ¡Lo tenéis todo y no lo veis!
Hijitos, cuado Jesús gritó y se dio al Padre, ahí vosotros, volvisteis al Padre. Hijitos, cuando el velo se rompió volvisteis al Padre, porque Jesús venció a la muerte hijitos, murió para dar vida por vosotros.
Por Él, llegáis al Padre, por Mi, llegáis a mi Hijo, hijitos.
Hijitos, mis pequeños, mis corazones, pedid a Dios, que por mi intercesión amorosa, os convirtáis hijitos y debéis morir a vosotros, para que Dios sea en vosotros.
¡Entended hijitos, entended! Pedid al Espíritu que os aclare vuestras mentes y vuestros corazones, para que Dios pueda entrar en vosotros y Yo os pueda abrazar.
Hijitos, siempre os abrazo y os lleno de besos, pero vosotros no sentís porque ¡sois tan duros, sois tan duros!
Hijitos, Mi abrazo materna,¡es tan dulce! Mi corazón estuvo tan dolorido y lo está aún hoy. Vosotros me seguís hiriendo, pero Yo os sigo amando y por siempre os amaré igual.
¡Os amo mucho mis pequeños, os amo mucho!
Amén, Amén”.

MISTERIOS GLORIOSOS

Primer Misterio Glorioso
La Resurrección de Jesús

“Hijos, hoy vamos a meditar los Misterios Gloriosos.
En el primer Misterio Glorioso, vamos a meditar en la Gloriosa resurrección de nuestro amado Señor.
Hijos, yo estuve en soledad es por eso el primer sábado.
Hijos, cuando supe que mi Hijo había resucitado, ahí para muchos se habían aclarado las dudas.
¡Tantas cosas Él había dicho y no se entendían!
Hijos, ¡Jesús resucitó, Jesús resucitó!
Hijos, Jesús venció a la muerte y ahora vosotros tenéis vida.
Hijos, hijitos míos, amad a vuestro Señor, amad a Dios sobre todas las cosas. Amad y seréis felices.
¡Oh Hijo Mío, bendito seáis!
Pedid a Dios, que por mi intercesión maternal, vosotros glorifiquéis a vuestro Señor, en su Gloriosa Resurrección.
Amén. Amén”

Segundo Misterio Glorioso
La Ascensión de Jesús

“Hijitos, en el segundo Misterio de Gloria, vamos a meditar, la Ascensión del Señor al Cielo.
Hijitos, Jesús sube al cielo, después de dar muchos signos aunque no todos comprendieron.
Hijitos, Él os ama. Ahora está junto a Dios, junto a su Padre y desde allí Él os ve. Os ama, os acompaña.
Hijos, desde allí Él vendrá a juzgaros.
Hijitos, por eso Yo os llamo y os pido que os convirtáis, pues queda poco tiempo.
Hijitos ¡Yo lloro tanto! Y Jesús ve, ve todo hijitos.
Hijitos, el brazo de mi Hijo se hace cada día mas pesado y llegará un día, llegará el momento en que Yo ya no podré soportarlo.
Hijitos, pedid a Dios que por mi Intercesión Maternal y Amorosa, hagáis vida mis mensajes para que Yo sonría.
Amén. Amén.”

Tercer Misterio Glorioso
La Venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles

“Hijos queridos, en el tercer misterio de Gloria, vamos a meditar en la venida del Bendito Espíritu Santo.
Hijos, fue tan hermoso lo sentido en aquel día.
Obró tantas maravillas en los queridos Apóstoles de Mi Hijo.
Hijitos, muchos son los Dones que Él puede traeros a vuestra vida. Debéis pedir los Dones al Espíritu Santo, vuestra vida cambiaría.
Hijos, los Apóstoles de mi Hijo, hablaron lenguas que ellos no conocían. El Espíritu Santo enviado por mi Hijo fue para que ellos se atrevieran a evangelizar, salieron de ellos mismos y dieran a conocer todo lo de mi Hijo. Vosotros, también necesitáis que el espíritu os impulse. Solos no podéis hacer nada.
Hijitos, mis pequeños, pedida Dios que por mi Intercesión, mi Hijo os envíe al Bendito Espíritu Santo, Paráclito del Señor.
Amén, Amén”.

Cuarto Misterio Glorioso
La Asunción de la Virgen María.

“Hijos, en el cuarto Misterio de Gloria, vamos a meditar en mi Asunción a los Cielos, al lado de mi Hijo Jesucristo.
Hijitos, Yo, vuestra Madre santísima, fui la primera persona que ha entrado a la casa de Dios, en cuerpo y alma.
Hijos, vuestra amada Madre, la que está sentada al lado del Señor, mi Hijo, es la que hoy os llama a volver al Padre, limpios hijitos, con corazones puros.
Hijitos, debéis ser como niños, así entraréis a la casa de Dios.
Vosotros sois todos hermanos, hijos de un mismo Padre y de una misma Madre que soy Yo.
Hijitos, esta Niña, que ha concebido al Hijo de Dios, es la que hoy os llama con todo el Corazón.
Hijos, Yo estoy en el Cielo, pero también estoy con vosotros. Yo camino con vosotros todo el tiempo, adonde vayáis, también voy Yo, nunca os dejo solos.
Hijitos, pedid a Dios que por mi intercesión, vosotros seáis como niños. Que vosotros concibáis corazones puros como el de mi Hijo y como el mío.
Amén, Amén”.

Quinto Misterio Glorioso
La Coronación de María Santísima

“Pequeños míos, en el quinto Misterio de Gloria vamos a meditar en mi Corazón como Reina y Señora de toda la creación.
Hijitos, Mi Hijo y Dios, junto con el Espíritu Santo, me dan la Gracia de ser Coronada Reina de toda la creación que Ellos hicieron.
Hijitos, vosotros sois míos también y muchos de vuestros hermanos, aún no me reconocen como vuestra Madre.
Eso no significa que Yo no los ame a ellos también. Yo soy vuestra Madre. Yo también estoy al lado de ellos, solo que vosotros sí aceptáis mis besos y mis caricias, otros no.
Hijos, a mi Hijo vuestro Señor, eso lo hiere. Porque lo que a Mi me hace feliz, también a Él y lo que a Él lo hace feliz, a Mi también.
Hijos, acá todo es amor, si vosotros estáis Conmigo amaréis mucho, nunca dejaréis a otro sin vuestra mirada y consuelo.
Hijos, Yo soy la Reina del Cielo y de la tierra.
Hijitos, pedid a Dios que por mi intercesión todos un día se den la mano y me acepten como Madre y a Mi Hijo como Rey de todo el universo.
Hijitos, esta es la última vez que Yo os daré los mensajes de esta manera.
Hijitos, hijos os digo que os amo mucho, mucho.
Hijitos, vosotros se, vosotros me amáis a Mi también.
Amén, Amén”.

Cenáculo Santa María del Espíritu Santo, Lanús, Bs. As., Argentina

  • Comentarios
  • Sin votos