Archivo para la categoría ‘Divina Misericordia’

Domingo 7 de abril

La Madre elige Lanús como lugar privilegiado de Aparición.

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Todo el día 7 de cada mes es lugar de peregrinación.

HABRÁ SACERDOTES CONFESANDO.

A LAS 15 HS. REZAREMOS LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA, PEDIDA POR JESÚS MISMO A SANTA FAUSTINA.

REZAREMOS EL ROSARIO POR LA PAZ DEL MUNDO Y POR QUIENES HOY ESTÁN SUFRIENDO LAS TRAGEDIAS CLIMÁTICAS.

HABRÁ SANTA MISA Y ADORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

RECIBIREMOS AGUA BENDITA, ESTAMPAS, PÉTALOS BENDECIDOS Y FOLLETOS INFORMATIVOS.

No olvidemos llevar rosas para Jesús y la Virgen, y alimentos no perecederos/ artículos de tocador/ artículos de limpieza para los más necesitados.

Plaza de las Apariciones ( Plaza Auyero ).
Salta y Gral. Arias, Lanús Este.
( a 200 mts. del estadio del Club Lanús )

(María de Lanús entronizada en la Catedral de Cochabamba)

(María de Lanús entronizada en el Sagrado Corazón de Quilmes)

El Sacramento de la Confesión y la Misericordia de Jesús

 El padre Marcelino Iragui relata que un joven, que llevaba dos años en compañía de drogadictos y alejado de su familia y de la Iglesia, volvió un día a casa de una tía suya muy enfermo. Cuando se recuperó, ella lo llevó a un retiro y él dio así su testimonio: Yo vine al retiro bien provisto de drogas, pero deseoso de cambiar de vida. Desde el primer día, pude sentir la presencia y el amor de Jesús. Por la noche me arrodillé al pie del crucifijo y deposité mis drogas ante la cruz y le dije a Jesús: “Señor, yo creo que tú has entrado en mi corazón para cambiar mi vida. Aquí dejo esto. Si lo necesito de nuevo, ya te lo pediré”.

Al día siguiente, hice una confesión de toda mi vida y me sentí tan alegre que fui corriendo al crucifijo y le dije a Jesús: “Señor, si tú estás conmigo, ya no necesito estas porquerías”. Y destruí las drogas. Más tarde, el Señor me llenó de su Espíritu y con su gracia he podido ayudar a otros jóvenes con problemas semejantes.

 Una señora decía: Yo había frecuentado los sacramentos por unos 30 años sin notar cambio en mi vida. Seguí con los mismos fallos, el mismo sentido de culpa. Solía pensar que la misa y confesión, acaso fuesen útiles para otros tiempos o para otras personas, pero no para mí. Ahora no me canso de dar gracias a Dios. Me confesé el último día del retiro, antes de la misa, con lágrimas de dolor y gozo. Y esta confesión lo cambió todo. Estos tres meses transcurridos, el Señor me ha llevado de victoria en victoria. Me encuentro libre de mis antiguos pecados de impureza, masturbación, rencor… Me siento una persona nueva, libre de tensiones y con un gran deseo de vivir una vida santa y útil a los demás.

 A veces, la confesión no produce su efecto, porque nos confesamos por rutina y costumbre; pero, cuando descubrimos el amor de Jesús y nos decidimos a amarlo, entonces todo cambia en nosotros y descubrimos que la confesión es un medio maravilloso de liberación y una fuente inmensa de amor y de alegría.

Relata Chateaubriand en su libro Memorias de ultratumba que, siendo niño, se fue a confesar varias veces sin querer decir un pecado, porque tenía vergüenza. Pero no estaba tranquilo. Por fin, un día se atrevió a confesarlo y dice:

 Yo no tendré jamás en mi vida un momento semejante. Si me hubiese quitado de encima el peso de una montaña, me habría aliviado menos; lloraba de felicidad. Me atrevo a decir que fue el día en que se formó en mí un hombre honrado; comprendí que no habría podido vivir con remordimiento. ¿Cuál no será el remordimiento del criminal, si yo tanto he sufrido por haber ocultado las debilidades de un niño?

Al terminar, fui a abrazar a mi madre, que me aguardaba al pie del altar. Y al presentarme delante de mis maestros y camaradas, llevaba la frente alta y el aire radiante; marchaba con paso ligero, satisfecho del triunfo de mi arrepentimiento.

Se fue a confesar un niño gitano por primera vez. Tenía siete años y estaba un poco nervioso. El sacerdote trató de darle confianza, diciéndole que Jesús lo esperaba para abrazarlo, porque Jesús era el que perdonaba sus pecados. Le dijo que estaba vestido con alba y estola, porque representaba a Jesús, que era el que perdonaba. Pues bien, terminada la confesión, el pequeño gitanillo se fue corriendo hacia el crucifijo grande de la iglesia y lo besó y lo abrazó diciendo: Gracias, Jesús. Aquel niño había comprendido que el que perdona es Jesús.

La confesión es uno de los mejores medios para liberarnos del peso del odio y reconciliarnos con Dios, con nosotros mismos y con los demás. El catecismo de la Iglesia católica lo presenta, junto con la unción de los enfermos, como un sacramento de curación. La confesión, ciertamente, nos sana de muchos sentimientos negativos y nos libera de muchos pesos insoportables que, a veces, podemos llevar durante años.

Es muy agradable escuchar las palabras que Jesús dirige a cada uno, como le dijo al paralítico: Hijo mío, tus pecados te son perdonados (Mc 2, 5). No importa cuán grandes o graves sean nuestros pecados. Dios es más grande que nuestros pecados y siempre está dispuesto a perdonarnos y a arrojar nuestros pecados a lo profundo del mar (Miq 6, 19). Y no sólo eso, siempre quiere sentir la gran alegría de perdonarnos y poder celebrar por nosotros una gran fiesta en el cielo, como dice en el Evangelio.

No olvidemos que la confesión, no solamente nos reconcilia con Dios, sino también con los hermanos a quienes hemos ofendido; igualmente nos reconcilia con nosotros mismos; y también nos reconcilia con la Iglesia, es decir, con todos los hermanos de quienes estábamos, de alguna manera, alejados al alejarnos de Dios por el pecado grave (Cat 1469). La conversión implica a la vez el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia, que es lo que expresa y realiza litúrgicamente el sacramento de la penitencia y de la reconciliación (Cat 1440).

Es cada vez más común encontrarse con quienes dicen realizar sus confesiones en forma directa con Dios, pues ven en el sacerdote sólo la figura humana, olvidando que también son quienes representan y intermedian con nuestro Señor Jesucristo, para obtener el perdón y reconciliación con Dios, puesto que esto es designado por Él.

 La institución del sacramento de la confesión por Jesucristo aparece claramente en el Evangelio de San Juan. Cristo resucitado da poder a los apóstoles para perdonar pecados en nombre de Dios. Al conferir el sacramento de la confesión, la Iglesia ha sido fiel a Jesucristo desde el principio. Juan 20,19-24 dice: “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Es importante notar que Jesús vinculó la Confesión con la Resurrección (su victoria sobre la muerte) con el Espíritu Santo (necesario para creer y actuar con poder) y con los apóstoles (los primeros sacerdotes).

Entonces nos confesamos con un sacerdote por obediencia a Cristo. Es Dios quien perdona y tiene potestad para establecer los medios para otorgar el perdón.

 También es importante tener en cuenta que Cristo no ha venido al mundo para juzgar, sino para el perdón de nuestros pecados. Él busca en nosotros un verdadero arrepentimiento por nuestras faltas para derramar su Misericordia infinita, permitiendo así nuestra salvación y el triunfo de la vida sobre la muerte a la que lleva el pecado.

Todos los pecados, por más graves y excesivos en cantidad que sean, serán perdonados si nos arrepentimos de verdad y recurrimos a la fuente de la Misericordia de Jesús, por medio de la Confesión. Jesús mismo lo reveló a Santa Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, diciendo:

En cada alma cumplo la obra de la Misericordia, y cuanto mas grande es el pecador, tanto mas grande es el derecho que tiene a Mi Misericordia. Quien confía en Mi Misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel.” Y aquí queda claro que el buscar el perdón y reconciliarse con Dios es fuente de vida, de un espíritu vivo y feliz, porque Él estará viviendo en nosotros y así nada que no sea Su Santa Voluntad nos sucederá, en cambio, el no arrepentimiento de los pecados nos predispone a seguir cometiéndolos, hundiéndonos cada vez más.

“Me queman las llamas de la Misericordia, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. Oh!, qué dolor Me dan cuando no quieren aceptarlas.” Él desea iluminarnos con Su luz de Misericordia, es Su fuente de alegría y la nuestra también.

“Cuanto más grande es la miseria de un alma tanto mas grande es el derecho que tiene a Mi Misericordia. En la cruz, la fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna.” Todos, absolutamente todos fuimos tenidos en cuenta al momento en que Jesús derramó Su sangre y agua del costado, fuente de Misericordia, pero Dios nos da el libre albedrío y, en él, la libertad de amar o no, de arrepentirnos o no, de buscar el perdón o no, de darle a Jesús un sí o un no. Somos nosotros los que debemos acercarnos a esta infinita fuente.

“Es en el Tribunal de la Misericordia donde han de buscar consuelo las almas; allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh! infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde.” Si en el uso de la libertad que Dios nos da, nuestra respuesta es un sí en la búsqueda del perdón, seremos protagonistas de un gran milagro de salvación, pues Dios en su plenitud comenzará a habitar en nosotros e iniciar Su obra. Seremos Su arcilla no sólo para nuestra conversión, sino para nuestra transformación, y eso es un gran milagro. El Tribunal de la Misericordia es sencillamente el confesionario al que, frente a Su representante (el sacerdote), mostraremos con arrepentimiento nuestras faltas. No debemos prejuzgarnos, ocultando faltas por vergüenza o temor, pues estaríamos cometiendo un nuevo pecado por omisión, sino que, por el contrario, debemos poner nuestra fe y confianza en el Amor y Misericordia infinitos de Jesús.

Jesús habla dirigiéndose exclusivamente a nosotros, las almas pecadoras: “No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas, hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. Oh!, cuánto Me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos. Y te has grabado como una profunda herida en Mi Corazón.”

“Mi Misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi Misericordia. ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.”

Jesús nos llama permanentemente, hace lo imposible por vivir en nuestra alma, quiere que ella sea Su refugio, Su casa, Su pesebre. Y nos da muchísimas oportunidades de salvación y curación. El perdón de nuestros pecados para la reconciliación con Dios, junto con la Eucaristía en la que nos permite participar este perdón, son los mejores doctores para el espíritu. Tantas son las oportunidades que nos da Jesucristo que le ha enseñado a Sor Faustina, para que lo diera a conocer al mundo, el rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia, la que nos pide que recemos a las tres de la tarde, la hora de la Misericordia. Incluso dice sobre ella: “Reza incesantemente esta coronilla que te he enseñado. Quienquiera que la rece recibirá gran Misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador mas empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi Misericordia infinita. Deseo que el mundo entero conozca Mi Misericordia; deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi Misericordia.” Y Dios Padre le dijo a Santa Faustina: “Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando cerca del agonizante es rezada esta coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable Misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi Misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo.

E instauró la Fiesta de la Misericordia, también por nosotros y para nuestra salvación: “No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi Misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita.” “Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible Misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi Misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi Misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi Misericordia. Cada alma respecto a mi, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi Misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi Misericordia.”
 

No podemos pedirle más a nuestro Señor Jesucristo, tenemos todas las oportunidades y la libertad de decidir cómo actuar. Su fuente siempre estará abierta a todos, y sería una gran pena que no la aprovechemos.
Tanto la Coronilla de la Divina Misericordia como la Fiesta de la Misericordia, son temas ya desarrollados en este blog. Encontrarán los post sobre estos temas haciendo click en la categoría “Misericordia”.
Santa María del Espíritu Santo, en muchos de sus mensajes nos invita a volver a Dios por medio del Sacramento de la Confesión, de hecho la primera vez que Marcia escucha Su voz la Virgen pide arrepentimiento y conversión, y todos los peregrinos somos testigos de las conversiones que se producen a través de ellas en la plaza. En este mensaje nuestra Madre nos dice:
 

21- 7 -99 (11:45 HS): (Estaba en mi habitación leyendo cuando escuche en mi interior una voz muy fina y melodiosa)
“Arrepentíos hijos míos, arrepentíos. Convertíos. La venida de mi Hijo está cerca, la venida para el Juicio Final, de lo contrario vosotros os destruiréis. Que la Santísima Trinidad derrame de cada una de sus Personas sus grandísimas Bendiciones y sus maravillosos Dones, para que los hombres seáis uno con el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. Amén, amén y amén.”

Y estos pedidos continúan a través de todos Sus mensajes, en los que nos enseña la forma de volver a Dios dándonos una verdadera cátedra con el amor que la caracteriza.
El 6 de julio de 2006, a las 10:30 hs., nuestro Señor Jesucristo se presentó a Marcia diciendo:

“Hija escribid:
Tiempos duros se avecinan. No os durmáis en lo mundano, no podéis decir que sois mis amigos si luego os rehusáis a entender lo que os digo. Mis palabras son simples de entender si las oís desde el mismo corazón. Ofreced todos vuestros sufrimientos uniéndolos a los míos y mi Madre se encargará de adornarlos para ponerlos a mis pies.
Orad por la paz del mundo, pues mi brazo está próximo a caer para cortar de raíz todo lo que ya está corrompido. No esperéis ni un minuto mas, lo que ha de venir será terrible, jamás visto!…
Solo aquellos que se han abandonado en Mi se salvarán y no tendrán nada que temer.
¡Hija mía, mi nada, lo que os digo pasará!
Orad por las almas de los pecadores. Yo, en mi Misericordia os daré la oportunidad de arrepentiros hasta el último segundo antes que acontezca lo avisado.
No temáis y nunca dejéis de confiar que el poder de Dios es más grande.
Satanás tendrá libertad de obrar en el mundo y solo lo seguirán quienes así lo desean. Los justos lo veréis, pero si estáis conmigo, en mi rebaño, nada perturbará vuestra Fe. ¡Sed astutos!
Todo lo que os He dicho solo es una parte de lo que ha de venir… oíd mi voz, pues ésta es la voz que escucharéis antes del fin de los tiempos junto a la de mi Madre.
Os doy Mi Paz”

Por último, es una buena oportunidad para mostrar nuestro apoyo al Documento de Aparecida, realizado en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizado en Aparecida (Brasil) en mayo de 2007, destacando su punto 15º el que dice:

“En esta hora en que renovamos la esperanza queremos hacer nuestras las palabras de S.S. Benedicto XVI al inicio de su Pontificado, haciendo eco de su predecesor, el Siervo de Dios, Juan Pablo II, y proclamarlas para toda América Latina: ¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!… quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera… ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida.”

 

Fuentes:
-

La alegría del Perdón, del P. Ángel Peña O.A.R. (Lima-Perú, 2007)
-  Santa Maria Faustina Kowalska, DIARIO La Divina Misericordia en mi alma (Editorial de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen Maria, Edición cuarta autorizada, Stockbridge, Massachussets 2001)
- Documento de Aparecida de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, (Aparecida –Brasil- mayo de 2007)
- www.virgendelanus.mforos.com

 

 

La Fiesta de la Misericordia (domingo siguiente al de Pascua)

LaFiesta de la Misericordia: Domingo después de Pascua de Resurrección.
Instituida oficialmente por la Iglesia en el año 2000


El Señor le pide a Santa Faustina, por lo menos 14 veces, que se instituya oficialmente una “Fiesta de la Misericordia” (Diario de Santa Faustina)

“Esta Fiesta surge de Mi piedad mas entrañable…Deseo que se celebre con gran solemnidad el primer domingo después de Pascua de Resurrección….Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y abrigo para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. Las entrañas mas profundas de Mi Misericordia se abren ese día. Derramaré un caudaloso océano de gracias sobre aquellas almas que acudan a la fuente de Mi misericordia.El alma que acuda a la Confesión, y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo… Que el alma no tema en acercarse a Mi, aunque sus pecados sean como la grana. Toda Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer en aquel que la recibe la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico es “fuente de toda gracia”.Nuestro Señor manifestó a Santa Faustina que en la “Fiesta de la Misericordia” se abrían todas las compuertas a través de las cuales fluían las gracias divinas. Gracias de conversión y perdón de los pecados.”

Decreto sobre las Indulgencias plenarias en el Domingo de la Misericordia:

“…Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”). Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.

Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares y otras causas parecidas han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempañan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”).

Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el prepósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria (ver como ganar las indulgencias en el link mas abajo)

Luigi DE MAGISTRIS
Arzobispo titular de Nova
Pro-penitenciario mayor

Gianfranco GIROTTI, o.f.m. conv.
Regente
 

 

ES DECIR:

¿En qué consiste la Fiesta de la Divina Misericordia?

La Fiesta de la Divina Misericordia había sido, hasta el año 2000 una devoción privada. Pero ya el 5 de mayo de ese año la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de la Santa Sede declaró el Segundo Domingo de Pascua, es decir, el domingo siguiente al Domingo de Resurrección, como “Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia”.

El Papa Juan Pablo II había dado la sorpresa al mundo de hacer ese anuncio el día en que canonizó a Sor Faustina Kowalska, precisamente en el Domingo de la Divina Misericordia del año 2000. “En todo el mundo el Segundo Domingo de Pascua recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al género humano en los años venideros”.

Así, lo que era una devoción privada, muy extendida ya en muchas partes del mundo católico, pasó a ser Fiesta oficial de la Iglesia. El Papa dispuso que se conservaran los mismos textos tanto en el Misal Romano, como en la Liturgia de las Horas.

El texto evangélico de ese domingo (Jn. 20, 19-31) es elocuente en cuanto a la Misericordia Divina: narra la institución del Sacramento de la Confesión o del Perdón. Es el Sacramento de la Misericordia Divina.

¿En qué consiste, entonces, esta Fiesta de la Divina Misericordia? He aquí lo que dijo Jesús a Santa Faustina: “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia. Derramo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario 699).

Es decir, quien arrepentido se confiese y comulgue el Domingo de la Divina Misericordia, podrá recibir el perdón de las culpas y de las penas de sus pecados, gracia que recibimos sólo en el Sacramento del Bautismo o con la indulgencia plenaria. O sea que si su arrepentimiento ha sido sincero y si cumple con las condiciones requeridas, el alma queda como recién bautizada, libre inclusive del reato de las penas del purgatorio que acarrean sus pecados aun perdonados.

La devoción de la Divina Misericordia, incluye también la Hora de la Divina Misericordia, la Coronilla (o Rosario) de la Divina Misericordia y la Novena preparatoria a la Fiesta de la Misericordia, que por cierto no es condición requerida para recibir las gracias especiales el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.

Para leer sobre la Coronilla de la Divina Misericordia y sobre la Novena, entre a la categoría “Divina Misericordia” y encontrará dos post sobre estos temas.

 

 




Novena a la Divina Misericordia

NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA
- empieza el viernes santo-


Sor Faustina escribió en su Diario: El Señor me pidió que rezara este rosario (la coronilla) durante los nueve días que preceden a la Fiesta de la Misericordia, comenzando el día de Viernes Santo. Entonces, me dijo: Por esta novena concederé todas las gracias posibles a las almas (11, 197). También se puede hacer esta novena en otros momentos y por cualquier necesidad.

Palabras de Nuestro Señor que Sor Faustina tomó por escrito:
Deseo que durante estos nueve días encamines almas hasta el manantial de Mi misericordia, para que encuentren allí la fortaleza, el refugio y toda aquella gracia que necesiten en las penalidades de la vida, y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a Mi corazón un grupo de almas diferentes y las sumergirás en el océano de Mi misericordia y Yo conduciré todas esas almas a la mansión de Mi Padre… Todos los días implorarás a Mi Padre gracias para esas almas en atención a los méritos de mi amarga Pasión.

Yo (Sor Faustina) contesté: Jesús, no sé cómo hacer esta novena y qué almas traer al abrigo de Tu Compasivo Corazón. Jesús contestó que El me haría saber qué almas encaminar hasta su corazón cada día. (Diario HI, pp. 57-65)

Tiene Indulgencia Plenaria, establecida por Juan Pablo II para toda la Iglesia el segundo Domingo de Pascua, tal como pidió Jesús en el Diario de Santa Faustina.

Junto con la coronilla, cada día se rezan las siguientes oraciones:

PRIMER DÍA

Hoy tráeme a todo el género humano, especialmente a los pecadores y sumérgelos en el océano de Mi misericordia. De esta forma me consolarás de la honda pesadumbre en que me sume la pérdida de las almas.

Oración

Misericordiosísimo Jesús, cuya prerrogativa es tener compasión de nosotros y perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en Tu bondad infinita. Acógenos en la morada de Tu Piadosísimo Corazón y no permitas que salgamos jamás de el. Te lo pedimos por el amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

Padre Eterno, vuelve Tu compasiva mirada hacia todo el género humano y en especial hacia los pobres pecadores, todos unidos en el Piadosísimo Corazón de Jesús. Por los méritos de Su dolorosa Pasión, muéstranos Tu misericordia, para que alabemos la omnipotencia de Tu misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.


SEGUNDO DÍA

Hoy tráeme las almas de los sacerdotes y religiosos y sumérgelas en Mi misericordia insondable. Fueron ellos los que me dieron fortaleza para soportar hasta el fin las amarguras de Mi Pasión. A través de ellos, como por canales, Mi misericordia fluye hasta los hombres.

Oración

Misericordiosísimo Jesús, de quien procede toda bondad, multiplica Tus gracias sobre las religiosas consagradas a Tu servicio, para que puedan hacer obras dignas de misericordia; y que todos aquellos que las vean, glorifiquen al Padre de Misericordia que está en el cielo.

Padre Eterno, vuelve Tu mirada misericordiosa hacia el grupo elegido en Tu viña – hacia las almas de sacerdotes y religiosos -; dótalos con la fortaleza de Tus bendiciones. Por el amor del corazón de Tu Hijo, en el cual están unidos, impárteles Tu poder y Tu luz, para que guíen a otros en el camino de la salvación y con una sola voz canten alabanzas a tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.


TERCER DÍA

Hoy tráeme a todas las almas devotas y fieles y sumérgelas en el océano de Mi misericordia. Ellas me confortaron a lo largo del Vía Crucis. Fueron gota de consuelo en un océano de amargura.

Oración

Misericordiosísimo Jesús, del tesoro de Tu misericordia distribuye Tus gracias a raudales entre todos y cada uno de nosotros. Acógenos en el seno de Tu Compasivísimo Corazón y no permitas que salgamos nunca. Te imploramos esta gracia en virtud del más excelso de los amores; aquel con el que Tu corazón arde tan fervorosamente por el Padre Celestial.

Padre Eterno, vuelve Tu piadosa mirada hacia las almas fieles, pues que guardan el legado de Tu Hijo. Por los méritos y dolores de Su Pasión, concédeles Tu bendición y tenlos siempre bajo Tu tutela. Que nunca claudique su amor o pierdan el tesoro de nuestra santa fe, sino que, con todo el ejército de Angeles y Santos, glorifiquen tu infinita misericordia por los siglos de los siglos. Amén.


CUARTO DÍA

Hoy tráeme a los que no creen en mí1 y a los que todavía no me conocen. Pensaba en ellos durante las angustias de Mi Pasión, y su futuro fervor servía de consuelo a Mi corazón. Sumérgelos en el océano de Mi misericordia.

Oración

Piadosísimo Jesús, Tú que eres Luz del género humano, recibe en la morada de Tu corazón lleno de compasión, las almas de aquellos que todavía no creen en Ti, o que no te conocen. Que los rayos de Tu gracia los iluminen para que también, unidos a nosotros, ensalcen tu maravillosa misericordia; y no los dejes salir de la morada de Tu corazón desbordante de piedad.

Padre Eterno, vuelve Tu piadosa mirada a las almas de aquellos que no creen en Tu Hijo y las de aquellos que todavía no te conocen pero anidan en el Compasivo Corazón de Jesús. Aproxímalos a la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellos ensalcen la generosidad de Tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.


QUINTO DÍA

Hoy tráeme las almas de nuestros hermanos separados2 y sumérgelas en el océano de Mi misericordia. Durante las angustias de Mi Pasión desgarraron Mi Cuerpo y Mi Corazón, es decir, mi Iglesia. A medida que se reincorporan a ella, Mis heridas cicatrizan y de esta forma sirven de bálsamo a Mi Pasión.

Oración

Misericordiosísimo Jesús, que eres la Bondad misma, no niegues la luz a aquellos que Te buscan. Recibe en el seno de tu corazón desbordante de piedad las almas de nuestros hermanos separados. Encamínalos, con la ayuda de Tu luz, a la unidad de la Iglesia y no los dejes marchar del cobijo de Tu Compasivo Corazón, todo amor; haz que también ellos lleguen a glorificar la generosidad de Tu misericordia.

Padre Eterno, vuelve tu piadosa mirada hacia las almas de nuestros hermanos separados, especialmente hacia las almas de aquellos que han malgastado Tus bendiciones y abusado de Tus gracias, manteniéndose obstinadamente en el error. También a ellos da cobijo el Corazón misericordiosísimo de Jesús; no mires sus errores, sino el amor de Tu Hijo y los dolores de la Pasión que sufrió y que aceptó por su bien. Haz que glorifiquen Tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén.


SEXTO DÍA

Hoy tráeme las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en Mi misericordia. Son éstas las más parecidas a Mi corazón. Me proporcionaron fortaleza durante Mi amarga agonía, puesto que las veía como Angeles terrestres, velando junto a Mis altares. Derramo sobre ellas gracias torrenciales, porque sólo el alma humilde es capaz de recibir Mi gracia. Distingo a las almas humildes con Mi confianza.

Oración

Misericordiosísimo Jesús, que dijiste: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón. Acoge en el seno de Tu corazón desbordante de piedad a todas las almas mansas y humildes y las de los niños pequeños. Estas almas son la delicia de las regiones celestiales y las preferidas del Padre Eterno, pues se recrea en ellas muy particularmente. Son como un ramillete de florecillas que despidieran su perfume ante el trono de Dios. El mismo Dios se embriaga con su fragancia. Ellas encuentran abrigo perenne en Tu Piadosísimo Corazón, Oh Jesús, y entonan, incesantemente himnos de amor y gloria.

Padre Eterno, vuelve Tu mirada llena de misericordia hacia estas almas mansas, hacia estas almas humildes y hacia los niños pequeños acurrucados en el seno del corazón desbordante de piedad de Jesús. Estas almas se asemejan más a Tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra hasta alcanzar Tu Trono, Señor. Padre de misericordia y bondad suma, Te suplico, por el amor que Te inspiran estas almas y el gozo que Te proporcionan: Bendice a todo el género humano, para que todas las almas a la par entonen las alabanzas que a Tu misericordia se deben por los siglos de los siglos. Amén.


SÉPTIMO DÍA

Hoy tráeme las almas que veneran y glorifican especialmente Mi misericordia3 y sumérgelas en Mi misericordia. Ellas sintieron los sufrimientos de Mi Pasión y penetraron en Mi espíritu más profundamente que ninguna otra. Son vivo reflejo de Mi piadoso corazón, y resplandecerán con esplendor especial en la vida futura. Ninguna de ellas sufrirá el tormento del fuego eterno, porque las defenderé con particular empeño a la hora de la muerte.

Oración

Misericordiosísimo Jesús, cuyo Tu corazón es el amor mismo, recibe en el seno de Tu corazón piadosísimo las almas de aquellos que de una manera especial alaban y honran la grandeza de Tu misericordia. Son poderosas con el poder de Dios mismo. En medio de las dificultades y aflicciones siguen adelante, confiadas en Tu misericordia; y unidas a Ti, Oh Jesús, portan sobre sus hombros a todo el género humano; por ello no serán juzgadas con severidad, sino que Tu misericordia las acogerá cuando llegue el momento de partir de esta vida.

Padre Eterno, vuelve Tu mirada sobre las almas que alaban y honran Tu Atributo Supremo, Tu misericordia infinita, guarecidas en el Piadosísimo Corazón de Jesús. Estas almas viven el Evangelio con sus manos rebosantes de obras de misericordia y su corazón, desbordante de alegría, entona cánticos de alabanza a Ti, Altísimo Señor, exaltando tu misericordia. Te lo suplico Señor: Muéstrales Tu misericordia, de acuerdo con la esperanza y confianza en Ti depositada. Que se cumpla en ellos la promesa hecha por Jesús, al expresarles que durante su vida, pero sobre todo a la hora de la muerte, aquellas almas que veneraron Su infinita misericordia, serían asistidas por El, pues ellas son su gloria. Amén.


OCTAVO DIA

Hoy tráeme las almas que están detenidas en el purgatorio y sumérgelas en las profundidades de Mi misericordia. Que Mi Sangre, cayendo a chorros, apacigüe las llamas en que se abrasan. Todas estas almas me son muy queridas. Ellas pagan el castigo que se debe a Mi justicia. En tu poder está socorrerlas. Saca todas las indulgencias del tesoro de Mi Iglesia y ofrécelas por ellas. Oh, si supieras qué tormentos padecen, ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia.

Oración

Misericordiosísimo Jesús, que exclamaste ¡misericordia! introduzco ahora en el seno de tu corazón desbordante de misericordia, las almas del purgatorio, almas que tanto aprecias pero que, no obstante,. han de pagar su culpa. Que el manantial de Sangre y Agua que brotó de Tu corazón apague las llamas purificadoras para que, también allí, el poder de Tu misericordia sea glorificado.

Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que padecen en el purgatorio y que Jesús acoge en Su corazón, desbordante de piedad. Te suplico, por la dolorosa Pasión que sufrió Tu Hijo, y por toda la amargura que anegó Su sagradísima alma: Muéstrate misericordioso con las almas que se hallan bajo Tu justiciera mirada. No los mires de otro modo, sino sólo a través de las heridas de Jesús, Tu Hijo bien amado; porque creemos firmemente que Tu bondad y compasión son infinitas. Amén.


NOVENO DIA

Hoy tráeme las almas tibias4 y sumérgelas en las profundidades de Mi misericordia. Ellas fueron las que más laceraron, Mi corazón. Por su indiferencia Mi alma padeció un terrible hastío en el Huerto de los Olivos. Ellas me hicieron gritar: “Padre, si quieres, aparta de Mi este cáliz”. La última esperanza de salvación para ellas estriba en apelar a Mi misericordia.

Oración

Piadosísimo Jesús, que eres la piedad misma, traigo hoy al seno de Tu Compasivo Corazón a las almas enfermas de tibieza. Que el puro amor que Te inflama encienda en ellas de nuevo la llama de Tu amor, y no vuelva el peso muerto de su indiferencia a abrumarte con su carga. Oh Jesús, todo compasión, ejerce la omnipotencia de Tu Misericordia, y atráelas a Ti, que eres llama de amor viva y haz que ardan con santo fervor, porque Tú todo lo puedes.

Padre Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que a pesar de todo, Jesús cobija en el seno de Su corazón lleno de piedad. Padre de Misericordia, te ruego, por los sufrimientos que Tu hijo padeció, y por Sus tres largas horas de agonía en la Cruz: que ellas también glorifiquen el mar sin fondo de Tu misericordia. Amén.


NOTAS
1- Las palabras originales de Nuestro Señor eran aquí, “paganos”. Al subir al Pontificado el Papa Juan XXIII ordenó que se sustituyera esta palabra en las oraciones oficiales de la Iglesia – comenzando cm la Oración Solemne del Viernes Santo, que se reza con esta intención – con la frase que se usa en la oración arriba mencionada. Todos los Papas posteriores confirmaron dicho uso.

2- Las palabras originales de Nuestro Señor eran “herejes y cismáticos”, por ser este en lenguaje de la Iglesia en aquel tiempo. Posteriormente, el Decreto Conciliar sobre el Ecumenismo (n. 0 3) favoreció el uso de “hermanos separados”. Los papas postconciliares han seguido la misma pauta. La propia Sor Fascina, cuyo corazón latía al unísono en el sentir de la Iglesia, lo habría aprobado también, sin duda.

3- El texto hace pensar que en la oración primera, dirigida a Jesús, que es el Redentor, se reza por las almas que se ofrecen en holocausto y por las que dedican su vida a la contemplación; es decir, se reza por estas personas que se entregan voluntariamente a Dios por la salvación del prójimo véase Col. 1: 24; 2 Cor. 4: 12). Esto explica la intimidad de su trato con el Salvador y la extraordinaria eficacia que su labor en la sombra tiene para los otros. En la segunda oración, dirigida al Padre, de quien procede “todo don perfecto y toda obra buena se recomienda a las almas que propagan la devoción a la Misericordia Divina y con ella ejercitan todas las otras obras que sirven para elevar – espiritual y materialmente – a sus hermanos.

4- A fin de comprender las características de las almas que se ofrecen hoy en la novena, y que en el Diario se designan como “tibias”, pero que también se comparan al hielo y a los cadáveres, hay que recurrir a la definición que el Salvador mismo dio, hablando a Sur Faustina de ellas en cierta ocasión: Son almas que impiden mis esfuerzos almas incapaces de amar, sin devoción, almas calculadoras y egoístas, almas orgullosas y soberbias, falsas e hipócritas, almas que a duras penas mantienen la temperatura necesaria para ir con vida. Mi corazón no puede más con ellas. Toda gracia que sobre ellas derrama diariamente les resbala como agua sobre roca. No puedo sufrirlas porque no son ni buenas ni malas. (VI, 59, 73, 74)

La Coronilla de la Divina Misericordia

La misericordia define nuestra actitud ante cada persona. El Señor Jesús dijo a Sor Faustina: Exijo de ti obras de Misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia: la primera es la acción, la segunda la palabra y la tercera la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y eres un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia.

El Señor Jesús dictó esta oración a Sor Faustina en Vilna, en 1935. En las revelaciones posteriores mostró su importancia y eficacia así como transmitió las promesas a ella vinculadas.

En esta oración ofrecemos a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo, nos unimos a su sacrificio en la cruz para salvar al mundo.

Rezando esta coronilla cumplimos el acto de amor al prójimo que -junto a la confianza- es la condición indispensable para alcanzar gracias.

“A las almas que recen esta coronilla -prometió Jesús- me place concederles todo lo que me pidan” y agregó: “si (…) está de acuerdo con mi voluntad”. Las promesas particulares se refieren a la hora de la muerte: es la gracia de una muerte feliz y serena. La pueden recibir no sólo quienes recen esta coronilla con confianza y perseverancia, sino también los moribundos si otras personas la rezan en torno a su lecho. “Los sacerdotes -dijo Jesús- la recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más empedernido si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de la misericordia infinita”. Por lo menos una vez, pero con la actitud conforme al contenido de la oración y ante todo con fe, confianza y humildad, así como con un arrepentimiento profundo y sincero.

LA CORONILLA A LA DIVINA MISERICORDIA

(para rezarla con las cuentas del Rosario)

Al Comienzo:

Padre Nuestro

Salve

Credo

Al comienzo de cada decena:

Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero (una vez).

En cada cuenta de la decena:Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero (diez veces).

 

Al terminar:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero (tres veces).

LA HORA DE LA MISERICORDIA:“Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma”. “Esta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero”.

 

El Señor Jesús desea que cada día sea venerado el momento de su agonía en la cruz (las tres de la tarde), en el que -según dijo- “se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia”.

“En esta hora -enseñó Jesús a Sor Faustina- procura rezar el vía crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el vía crucis, por lo menos entra un momento a la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar a la Capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante”.