Cines: ¡los de antes!
Hay que poner velas de imprecación en la vereda de Rivadavia 1635 para que no se cierren nunca las puertas del cine Gaumont.
Creemos que es el único cine-cine de verdad que nos queda. Con una sala amplia, con una hermosa y grande pantalla y sin olores grasientos de pochoclo. Y ascensor para las dos salas altas.
Nos cerraron el Metro que era precioso y el Suipacha o Tita Merello o como se llamara. Nos queda el Lorca; aunque no es lo mismo es más que bastante. Si alguien conoce otras salas como las del Gaumont, avísenos por favor.
No nos hemos resignado a los Arteplex , a la del centro, por ejemplo, con dos antipáticas escaleras para llegar a un recinto reducido donde desde una pantalla casi hogareña te muestran un film en video.
Lo nuevo, léase Village es anti viejos. De entrada coincidís con varios espectadores orgullosos del balde de pochoclos que llevan en una mano y de la botella con gaseosa en la otra. Y luego, a reclinarte en una butaca de unos 65º o 70º de ángulo que se da de golpes con tu columna.
Pongamos velas en el Gaumont. Para la supervivencia contamos con los cinéfilos del Cine Club Núcleo que asisten ahí a la ceremonia de estrenos y con los jubilados que con 4$ están al día fílmico con la cartelera local, sin entrar en detalles de valoración.
Invoquemos a los hermanos Lumière y a Méliès, hoy absolutamente exitosos en las pantallas de todo el mundo, para que el Gaumont nunca cierre sus puertas.
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