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Enero 13, 2010 | Por vidadeexito | # Enlace permanente
Fernando Alexis Jiménez
Nació con todas las condiciones para ser un perdedor: hijo de madre separada y soltera aún, viviendo en una zona marginal de México, enfrentando toda suerte de necesidades, sin posibilidades de recibir formación académica, rodeado de maleantes y con discapacidad motriz.
Pero Antonio Iguarán Santamaría no estaba dispuesto de dejarse vencer. En cuanto se levantaban obstáculos, más énfasis daba a su propósito de sobreponerse. Incluso un domingo, al caer la tarde y cuando no tenían más que café y un taco de frijoles como único alimento del día, al recibir el mensaje desalentador de “Jamás podrás llegar arriba; resígnate a lo que vivimos”, de su madre, se fijó la meta de salir adelante.

Dios nos concibió para vencer
–No me dejaré vencer por las dificultades–, se repetía cada vez que enfrentaba situaciones complicadas.
Cuando tenía trece años, comenzó a cursar su formación primaria; pese a sus dificultades para caminar, y vendiendo dulces a la salida de los teatros, financió su secundaria y posteriormente, se recibió como profesional. Tenacidad, convicción, fe en un Dios de poder que abre puertas que nadie cierra.
Hoy tiene un bufete de abogados a cargo. Vive en una zona privilegiada de México y coincide en un hecho: el éxito se construye desde hoy. Con ayuda de Dios no hay límites y absolutamente nada resulta imposible…
Planificar la vida para el éxito
“¿Planificar la vida?”. La pregunta la hizo un joven en medio de una conferencia que dicté sobre cómo construir desde hoy el mañana, con ayuda de Dios. Sobra decir que el auditorio estaba abarrotado. Sin duda, el tema despertaba interés. Y este muchacho no era la excepción, de ahí su pregunta.
La respuesta enfática: “Sí, la vida debe planificarse. Lo que ocurra en un futuro, depende en un alto porcentaje de las decisiones que adoptemos hoy”. Es un proceso. No es producto de un abrir y cerrar de ojos.
La Biblia registra una parábola del Señor Jesús encontramos una excelente ilustración para este tema. “Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. »Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir.”(Lucas 14:25-30, Nueva Versión Internacional)
Es necesario mirarnos en el tiempo. Determinar lo que somos ahora, con fallas y desaciertos, y lo que podemos llegar a ser en los ámbitos personal, espiritual y familiar, con ayuda de Dios.
Sobre esa base, es necesario hacer un inventario juicio de cómo estamos ahora, determinar con honestidad los cambios que se deben aplicar, y avanzar en ese sendero ayudados por el amado Salvador. Nos mantenemos unidos a Él en oración y mediante la meditación y aplicación de Su Palabra, la Biblia. Piénselo: necesitamos planificar hoy, lo que seremos mañana. Es imperativo e ineludible, si queremos dar pasos firmes hacia el éxito.
La dinámica acierto-error
En el largo tránsito hacia la construcción de un futuro de éxito, enfrentaremos generalmente la dinámica de acierto-error. ¿En qué consiste? En que la dura batalla que libra nuestra naturaleza carnal, querrá llevarnos de nuevo al viejo camino, poniendo tropiezos a nuestro cambio y crecimiento en las dimensiones personal y espiritual.
Frente a esta situación, es fundamental: primero, mantenernos asidos de la mano del Señor Jesucristo quien nos fortalece para vencer en momentos en que nos encontramos bajo una poderosa tentación, y segundo, para levantarnos si se produce una caída.
La Biblia relata que una mujer sorprendida en adulterio, fue llevada ante el Señor Jesús. Procuraban lapidarla, con la anuencia del amado Salvador. Es un pasaje maravilloso que manifiesta la misericordia de Dios, y de qué manera, no hay nadie justo porque todos fallamos, de una u otra manera. Como los acusadores de la mujer insistieran “… Jesús se incorporó y les dijo: —Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí.”(Juan 8:6-9, Nueva Versión Internacional)
¿Ha fallado? Sin duda. Yo también. No soy lo súper espiritual que pudiera creer. Al igual que usted, cometo errores. En palabras coloquiales, usted y yo nos identificamos en algo: “Somos cristianos en construcción”.
Una nueva oportunidad
Todos tenemos una nueva oportunidad. Es cierto, hemos fallado; sin embargo podemos reemprender el camino, tomados de la mano de Jesucristo. Si hemos errado, Él nos comprende y está dispuesto a ayudarnos en el proceso de levantarnos y seguir adelante en el proceso de crecimiento. Relata el Evangelio que la mujer quedó sola con Jesús. Se fueron aquellos que iban a apedrearla.
La escena fue conmovedora: “Entonces él se incorporó y le preguntó—Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena? —Nadie, Señor. —Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar. ”(Juan 8:10, 11, Nueva Versión Internacional)
Una respuesta contundente, pero a la vez, esperanzadora. La instrucción del Señor Jesús fue clara y puntual: “Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar”.
Cierta persona que me escribió desde el Paraguay, me consultaba sobre el dilema de perdonar o no a su esposa, en cuyo teléfono celular había descubierto un mensaje de texto que corroboraba su infidelidad. Mi recomendación fue hablar del asunto con ella y, con ayuda de Dios, encontrar una salida.
La mujer reconoció su error y le pidió una nueva oportunidad. Perdonarla no fue fácil, pero su hogar marcha hoy como él lo quiso siempre. Su compromiso fue el de no recabarle en el error, y el de ella, guardarle fidelidad. Piénselo: operó una segunda oportunidad, que es la que Dios nos concede siempre, y nos permite reemprender el camino, construyendo desde hoy nuestro mañana.
El cristianismo: camino al éxito
Hay dos perspectivas para mirar la vida cristiana: la primera, como una existencia aburrida, plagada de “No digas”, “No hagas”, “No toques”. O aquella que descubrí y comparto con usted: un maravilloso camino de aprendizaje en el que no avanzamos solos sino con ayuda de Dios.
Es posible cuando hay disposición personal para el cambio. Una vez reconocemos nuestro error y concluimos que en nuestras fuerzas no es posible cambiar, dejamos que el amado Jesús, nuestro Señor, opere la transformación que anhelamos: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.”(Apocalipsis 3:20, Nueva Versión Internacional)
Cuando damos ese paso esencial, se produce una modificación entre el presente y el pasado. Ya no seremos los mismos. Todos los pecados y errores del ayer quedan borrados, y se abren ante nuestros ojos los capítulos el blanco de la nueva vida que está por escribirse como lo describe magistralmente el apóstol Pablo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”(2 Corintios 5.17, Nueva Versión Internacional)
No podemos permitir que el ayer nos atormente, y doblegarnos bajo el desánimo por lo que hicimos antes. Hay una nueva oportunidad en Dios, y debemos aprovecharla al máximo.
Liderazgo para transformar el mundo
Cuando aprendemos, asimilamos y ponemos en práctica los nuevos parámetros de vida que enseña La Biblia, sentamos las bases para un liderazgo eficaz que transforma el mundo. Ejercemos influencia en los demás. Nuestros pensamientos renovados, se manifiestan con hechos (Cf. Romanos 12:2)
Testimoniamos de una nueva con nuestras acciones, que impactan e influencian entre quienes nos rodean: “Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. »No todo el que me dice: “Señor, Señor” , entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”(Mateo 7:19-21, Nueva Versión Internacional)
Un liderazgo efectivo, camino al éxito, es aquél que ejerce influencia entre los demás, y sienta bases para el cambio y crecimiento. Cuando alguien me pregunta cómo defino éxito, mi respuesta—tal como se la compartí a un líder del Pacífico colombiano, en el hermoso puerto de Buenaventura, es esta: “Éxito es la plena realización de los dones y talentos de Dios en nuestra vida”.
La razón es sencilla. La posición social, el nivel académico o la disponibilidad económica de alguien, no determina que sea exitoso. Conozco personas con mucho dinero, pero con matrimonios desechos; también profesionales con varios títulos de post grado, que protagonizan escándalos y tratan mal a su familia…
El valor de los sueños, metas y proyectos
Recuerdo a un hombre a quien conocí en la tradicional Plaza de Caycedo, en mi amada Santiago de Cali. Una tarde cálida bañada con la brisa proveniente de las montañas. Las palmeras se mecían plácidas y estaba contento disfrutando esos momentos únicos e irrepetibles.
–Este año tengo los planes para salir del desempleo, y hasta de la pobreza…–me abordó.
Acto seguido me hizo una vívida descripción de todas las iniciativas que se disponía a desarrollar. Unas fantasiosas, otras, aterrizadas y viables. Lo escuché de buena gana y antes de despedirme, lo animé a echar adelante con
Meses después lo encontré en el mismo lugar. La misma historia, casi con idénticos detalles. “¿Y qué haz hecho para materializar tus sueños?”, le pregunté a lo que me dijo: “Realmente poco, pero pronto voy a poner manos a la obra”.
Muy similar a lo que ocurre con millares de personas en todo el mundo. Sueñan mucho, pero ejecutan poco. El cristiano, camino al éxito; aquél que construye desde hoy su mañana, debe ser diligente. Por eso, además de tener claro lo que se va a hacer, es imperativo dejarlo en manos de Dios: “Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará.”(Salmo 37:5, Nueva Versión Internacional
Dios no pone los límites, los límites los ponemos usted y yo. Recuerde que el Señor Jesús enseñó: “Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.”(Juan 14:12-14, Nueva Versión Internacional)
Observe cuidadosamente que dice “todas las cosas”. Siempre y cuando esté en la voluntad de Dios para nuestra realización, no hay impedimentos ni límites. Todo es posible, incluyendo por supuesto su crecimiento personal y espiritual, y los altos niveles de realización que siempre ha soñado.
Tenga presente que debemos darle el valor que se merecen nuestros sueños, metas y proyectos, y someterlos a nuestro amado Padre celestial. Él abrirá puertas que nadie jamás puede cerrar.
Siempre adelante
Aquellos que construyen desde hoy su mañana, con ayuda de Dios, comprenden que el mundo evoluciona y nosotros –como creyentes—debemos evolucionar también, es decir, cambiar y crecer. Al respecto el apóstol Pablo escribió: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. ”(Romanos 12.2, Nueva Versión Internacional)
Es necesario estar preparados para los cambios y aprovechar las oportunidades que Dios nos ofrece. En esa línea de pensamiento, hay tres cosas que debemos tener presentes: la primera, que sólo quien sueña en Dios, llega lejos; la segunda, que es importante identificar dónde estamos fallando y cuáles son nuestros debilidades en procura de corregirlas, y la tercera, reconocer cuáles son nuestras fortalezas y potencializarlas.
Sin duda habrá pensado un poco en el curso de su vida. Probablemente ha descubierto que atraviesa un período de desierto o estancamiento. ¡Es hora de hacer una auto evaluación juiciosa! Recuerde que desde hoy estamos construyendo nuestro mañana. Y en Dios es posible llegar muy lejos.
No hay razón para que siga igual, estático, sabiendo que fuera hay un mundo de oportunidades que le esperan y que, en el Señor, su mañana es de victoria. ¡Tome la decisión! Hoy es el día para reemprender el camino de victoria u orientarse hacia él, si no lo había hecho antes.
Puedo asegurarle que, tomado de la mano del Señor Jesucristo, su existencia jamás volverá a ser la misma. Basta que se decida en este momento.
Si tiene alguna inquietud no dude en escribirme ahora mismo a fernandoalexis@aol.es o bien, puede comunicarse al teléfono (0057)317-4913705.
© Fernando Alexis Jiménez
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Noviembre 4, 2009 | Por vidadeexito | Claves: liberación, mente, superación | # Enlace permanente
¡Sea libre de toda atadura en su mente!
Fernando Alexis Jiménez
Ninguna conversación terminaba en buenos términos. Por el contrario, para Clara todo espacio de interlocución con alguien, se convertía en el terreno propio para armar un disgusto. Luego se justificaba: “Me dijo algo que me ofendió”, o simplemente: “Está buscando mi mal”.
Miraba a los demás con predisposición y cualquier término compartido en una conversación, lo interpretaba como una provocación.
Una bruja a la que consultaba con frecuencia, le había advertido sobre varios compañeros de oficina. “Están trayéndole malas energías”, le dijo. Y Clara de inmediato, creyéndole a un engaño de Satanás, se predispuso con todos los que le rodeaban.
Aunque no quería admitirlo, la maldad tenía establecida en su mente una fortaleza casi inexpugnable, que la llevaba a pensar y obrar con malicia.
Un joven promisorio, por su vivacidad y deseos de superación, con un trabajo que le generaba buenos ingresos, me confesó que se prostituía al salir del trabajo. “No puedo evitarlo—se quejó–. Es algo más poderoso que yo. Necesito del sexo para sobrevivir”.
Producto de leer y ver pornografía e incluso, visitar sitios de perversión, había llegado a creer que era homosexual. El adversario espiritual había sembrado en su mente una fortaleza que le llevaba a pensar que era imposible escapar. Sin embargo llegó a comprender que con ayuda y el poder de Jesucristo, podemos ser libres.
Igual con su vida. Si viene enfrentando embotamiento mental y pensamientos conducentes al fracaso o la lascivia, hoy es el día para ser libre. Con el poder y ayuda de nuestro amado Señor Jesús, éste puede ser el día para disfrutar de una vida plena y comenzar la transformación en su forma de pensar y de actuar.
El propósito de Dios: nuestro crecimiento
El propósito de Dios desde que nos concibió, se orientaba a que disfrutáramos plenamente la vida. A raíz de la pecaminosidad del género humano, es necesario un paso: recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Se produce entonces el perdón de pecados y se nos abren las puertas a una nueva vida. Pero a este proceso hay que sumar otro de suma importancia: que experimentemos crecimiento en dos ámbitos, el espiritual y el personal.
Nuestro crecimiento está dentro de lo que espera el amado Padre celestial de nosotros tal como lo describe una carta del apóstol Juan a líder del cristianismo en el primer siglo: “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.”(3 Juan 1:2, Nueva Versión Internacional)
Sin embargo, el plan originar de nuestro Supremo Hacedor se ve impedido por las diferentes estrategias de Satanás, quien sutilmente ejerce una influencia en nuestro alrededor, hasta establecer fortalezas en la mente, desencadenando depresión, desánimo, baja autoestima, fracaso, sensación de derrota e inutilidad y en general, estancamiento espiritual.
Transformación de la mente
Un cristiano debe renovarse. En otras palabras, permitir que Dios opere una transformación en su forma de pensar y de actuar. Cuando asume esta disposición, experimentará verdaderamente crecimiento en dos dimensiones fundamentales: la personal y la espiritual.
Renovarse, entonces, es primordial, como explicó el apóstol Pablo a los creyentes del primer siglo y a nosotros también: “Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.”(Romanos 12:2, Versión Lenguaje Sencillo)
Esa renovación debe ir íntimamente ligada a nuestra nueva naturaleza de creyentes, de hijos de Dios, redimidos por la obra de Cristo. Cambia nuestra forma de pensar y colateralmente se modificarán nuestras acciones, tal como instruyó el apóstol Pablo a los creyentes de Roma: “Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.”(Romanos 4:22-24, Nueva Versión Internacional)
¿Qué ocurre con los cristianos que no experimentan crecimiento y, por el contrario, viven un continuo revés? Dan un paso adelante, y dos atrás. Puede tratarse de una fortaleza mental que haya establecido Satanás para impedir su crecimiento personal y espiritual. Lo hace a través de pensamientos derrotistas, de fracaso y una opinión miserables de sí mismos. Les hace sentir que jamás lograrán cambiar y que lo mejor, para evitarse frustraciones, es seguir como estaban antes.
Es importante identificar algunas de las consecuencias que establece nuestro adversario en la mente de las personas:
1. Ceguera espiritual
Cierto día alguien buscaba una dirección en un populoso barrio de la ciudad. Se acercó a preguntarme por la calle. Y, para mi sorpresa, nos encontrábamos frente al edificio que buscaba. “Es aquí”, le indiqué. Me miró sorprendido y se excusó: “Realmente no se qué me pasa. He pasado por este lugar muchas veces y a pesar de ser evidente la nomenclatura, no la hallaba”. Tal vez su afán lo tenía cegado.
Igual ocurre con muchas personas que abrieron su mente a pensamientos y acciones de maldad y sobre quienes Satanás ha edificado fortalezas. Presentan ceguera espiritual. No es un fenómeno espiritual, porque en el primer siglo el apóstol Pablo advirtió que había quienes pasaban por esa fase, refiriéndose a muchos judíos pero aludiendo también a muchísimas personas que no aceptaban la verdad de Dios: “No hacemos como Moisés, quien se ponía un velo sobre el rostro para que los israelitas no vieran el fin del resplandor que se iba extinguiendo. Sin embargo, la mente de ellos se embotó, de modo que hasta el día de hoy tienen puesto el mismo velo al leer el antiguo pacto. El velo no les ha sido quitado, porque sólo se quita en Cristo. Hasta el día de hoy, siempre que leen a Moisés, un velo les cubre el corazón.”(2 Corintios 3.13-15, Nueva Versión Internacional)
Quienes han sido cegados por el demonio, rechazan las Buenas Nuevas del Evangelio y aún sabiendo que están en pecado, no quieren cambiar porque tienen cauterizada la conciencia.
2. Ataduras de la carne
Satanás es muy hábil. Por ese motivo y conociendo las debilidades de algunos creyentes, los arrastra de nuevo al mundo de pecado del que les había rescatado el Señor Jesús. Cuando estas personas abren su mente a pensamientos de sensualidad o imágenes de pornografía, entre otros factores externos que les influencian, terminan inclinados a los deseos de la carne nuevamente.
Sobre esta situación advirtió el autor sagrado a los creyentes de Roma, y también a nosotros hoy: “Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de tal naturaleza; en cambio, los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.”(Romanos 8:5,6, Nueva Versión Internacional)
Es imperioso que reconozcamos de dónde nos sacó el amado Salvador y entender que, caer de nuevo en ese mismo fango, es tanto como el esclavo que fue declarado libre en el siglo XIX en el sur de los Estados Unidos. No obstante, a pesar de que no sufría castigos ni arrastraba cadenas, se dejó atraer por uno de los esclavistas, con múltiples promesas y pronto estaba de nuevo sufriendo, sin poder salir de su terrible situación.
Usted y yo no solo actuamos motivados por los instintos. Dios nos dio la posibilidad de escoger, de razonar sobre lo que vamos a hacer. ¡No se deje arrastrar de nuevo por Satanás!
3. Confusión entre pensamientos y acciones
Todos los seres humanos luchamos cuando debemos tomar decisiones. El asunto se agudiza cuando somos cristianos. En el corazón sabemos que debemos ser fieles a Jesucristo, pero Satanás pone a nuestro paso tentaciones y –como niños—nos dejamos llevar por lo que agrada a la carne.
El apóstol Pablo fue claro al advertir: “Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?”(Romanos 7:22-24, Nueva Versión Internacional)
Hace poco encontré a un joven rescatado por Jesucristo de la drogadicción. Incluso, llegó a dirigir un programa cristiano en una reconocida emisora de la ciudad. “¿Qué haces, Juan?”, le pregunté al verlo deteriorado físicamente y en su presentación: “Volví a caer en las drogas. No se qué hacer para salir de esta maldición”, se lamentó.
Hablamos un buen rato del asunto. Concluimos que la decisión de caer nuevamente en pecado es nuestra y nada más que nuestra. Satanás, como hábil engañador, pone el tinglado, quienes terminamos arrastrados por esa inclinación a satisfacer los deseos de la carne, somos nosotros. Y él sabe sacar ventaja de esa situación.
Dominio mental
Satanás, de quien tenemos que tener claro que es nuestro más peligroso enemigo, termina aprovechándose de nuestra insensatez y falta de dependencia del Señor Jesucristo, y establece fortalezas en la mente. Como consecuencia, mina la capacidad de ver la realidad, de reconocer los errores y el pecado, y de tomar decisiones, como la de escapar con ayuda de Dios.
Sobre esta situación el profeta Isaías explicó que quienes estaban al servicio del diablo, terminaban con ataduras mentales: “Con el resto (madera) hace un dios, su ídolo; se postra ante él y lo adora. Y suplicante le dice: «Sálvame, pues tú eres mi dios.» No saben nada, no entienden nada; sus ojos están velados, y no ven; su mente está cerrada, y no entienden.”(Isaías 44:17-19, Nueva Versión Internacional—paréntesis del autor. Cf. Marcos 6:51-53)
No hay razón para que siga atado a una situación lamentable. ¡Es hora de derribar la fortaleza que ha establecido Satanás en su mente y que le impide avanzar y crecer en lo personal y espiritual! Si no se decide, terminará como aquellos a los que se refería el rey Salomón, dominados por la maldad en su forma de pensar: “Tus ojos verán alucinaciones, y tu mente imaginará estupideces.”(Proverbios 23:33, Nueva Versión Internacional).
Una vez tiene gobierno en su ser, el diablo lo convertirá en un instrumento de maldad, en la forma de pensar y de actuar: “¿Acaso ustedes, gobernantes, actúan con justicia, y juzgan con rectitud a los seres humanos? Al contrario, con la mente traman injusticia, y la violencia de sus manos se desata en el país. Los malvados se pervierten desde que nacen; desde el vientre materno se desvían los mentirosos.”(Salmos 58:1-3, Nueva Versión Internacional) y también “El malvado trama el mal en su mente, y siempre anda provocando disensiones. Por eso le sobrevendrá la ruina; ¡de repente será destruido, y no podrá evitarlo! ”(Proverbios 6:14, 15, Nueva Versión Internacional).
Al meditar en este asunto, pienso en lo que ocurre con la hiedra. Es una planta que progresivamente gana terreno. Una vez logra afianzar sus ramas, se apodera de todo lo que encuentra a su paso. Satanás es igual. Tienta sutilmente. Arrastra al mal. Cuando logra su cometido, ataca y domina.
¿Hay forma de romper esta atadura?
Sí hay forma de derribar las fortalezas que Satanás estableció en su mente. Tiene tres elementos. El primero, reconocer que no es en sus fuerzas sino con el poder de Jesucristo, como será verdaderamente libres. El segundo, renunciar a todo pecado y concesión que le haya hecho al pecado, a la perversión y a pensamientos de fracaso y derrota. Y el tercero, además de pedirle a Jesucristo que retome el control de su mente, permanecer unidos a Él, para que conserve esa libertad.
Pablo lo explicó cuando escribió: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”(Gálatas 5:1, Nueva Versión Internacional). Recuerde siempre que nuestro enemigo es muy hábil y no cesará en su plan de llevarnos de nuevo al pecado, para empoderarse de nuestra mente. El amado Salvador enseñó: “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.”(Juan 10:10, Nueva Versión Internacional)
Filtre toda la información de su mente
No permita que en adelante, sigan almacenándose pensamientos de maldad. Ni la pornografía, ni las conversaciones obscenas o imágenes que trastornan, deben anidarse en su mente.
Lo más aconsejable entonces es poner un filtro, como nos enseña el apóstol Pablo: “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.”(Filipenses 4:18, Nueva Versión Internacional)
Cuando le damos el primer lugar a Dios en nuestra vida, permitiéndole que gobierne nuestros pensamientos y acciones, no solamente se produce una transformación en nuestra forma de pensar y de actuar, sino que además, difícilmente el diablo puede engañarnos (Santiago 4.7).
Renuncie hoy a la maldad. Déle a Jesucristo las llaves de su corazón y de su mente. Puedo asegurarle que su existencia será totalmente transformada. Tundra plenitud en su existencia. ¡Todo será diferente!
Si tiene alguna inquietud, no deje de escribirme ahora mismo a fernandoalexis@aol.es o si lo prefiere, puede contactarme llamando al (0057)317-4913705.
© Fernando Alexis Jiménez
Agosto 3, 2009 | Por vidadeexito | Claves: fortaleza, realización, triunfo, vencedor, vencer, victoria | # Enlace permanente
Las fuerzas para vencer provienen de Dios
Fernando Alexis Jiménez
Cuando Ana Isabel Ospina cruzó la meta y batió su propio record de atletismo en cuestión de segundos, miró hacia las tribunas, agradeció con una sonrisa los aplausos de decenas de personas, y pensó que más de setenta años no eran un obstáculo para que siguiera siendo una triunfadora.
La mujer se convirtió en la penta campeona más anciana del Valle del Cauca, en Colombia, pero en comparación con muchas personas más jóvenes, tiene la agilidad de una adolescente, las ilusiones y la alegría de una quinceañera y los sueños de un estudiante recién egresado de la secundaria.
Hay momentos en que piensa que renunciará a una carrera, cualquiera que sea. Las fuerzas se le escapan y ve muy distante el final de la competencia. Pero tiene claro que vencer implica esfuerzo y entiende que sólo lo logran, quienes no permiten que las circunstancias gobiernen su existencia.
Ana Isabel sale con sus nietos a jugar en el parque. Ser una corredora destacada en los campeonatos de la tercera edad no le ha robado su ternura de abuela, los consejos sabios del que ha vivido mucho, y la tranquilidad de quien valora cada nuevo día como un regalo de Dios, único e irrepetible.
No deje de luchar ahora…
Esta campeona de atletismo me hizo reflexionar en los que, como ella, han llegado al límite de sus fuerzas en muchas ocasiones, y antes que seguir adelante, se dejaron vencer por las circunstancias.
El salmista escribió un principio de vida que toma particular vigencia cuando sentimos que no podemos seguir adelante. “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, En cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, Cuando la lluvia llena los estanques.” (Salmos 84:5, 6).
Es Dios quien nos otorga las fuerzas para vencer. No permita que la derrota y la frustración lo dobleguen. Adelante. ¡Dios está de su parte!. No lo dejará solo. Jamás lo ha hecho. Mire adelante. La meta está cerca. ¡Siga luchando!
¿Recibiste ya a Jesucristo como Señor y Salvador?
Permítame decirle que la mejor decisión que toda persona puede tomar, es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Hágalo ahora mismo, allí donde se encuentra. Dígale: “Señor Jesucristo, te recibo en mi corazón. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias por perdonar mis pecados y darme una nueva oportunidad de vida. Amén”
Ahora que hizo la decisión, tengo para usted tres recomendaciones. La primera, que haga de la oración un principio de vida. Recuerde que orar es hablar con Dios. La segunda, que lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que aprenderá principios que le conducirán al crecimiento personal y espiritual. Y, por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Puedo asegurarle que su vida experimentará crecimiento personal y espiritual.
Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme ahora mismo a fernandoalexis@aol.es
Contacto (0057)317-4913705
Fernando Alexis Jiménez
Julio 28, 2009 | Por vidadeexito | Claves: plena, triunfo, vida | # Enlace permanente
¡Hoy es el comienzo de una nueva vida!
Ps. Fernando Alexis Jiménez
A José Roberto lo detuvieron por ignorancia. Una mañana soleada. Una brisa fresca proveniente de una playa cercana bañaba su rostro. “Será un día maravilloso”, se repitió sonriendo al despertar. Ansiaba estar junto a las olas. Quería disfrutar al máximo cada insta
nte de sus vacaciones. Pero lo detuvieron. “Ha cometido una infracción”, le anunció el guarda, al tiempo que le pedía su identificación. Para colmo de males, había dejado el Pasaporte en el hotel. Y así lo repitió una y otra vez en la delegación policial.
–Lo sentimos, señor…¿me recuerda su nombre, por favor?—le inquirió el oficial, frunciendo el ceño.
–José Roberto…—dijo él, expectante.
–Bien, señor José Roberto. En nuestro país usted no puede cruzar el semáforo cuando esté en rojo…–explicó, al tiempo que buscaba en un Manual de Legislación de Tránsito.—Incluso, da lugar a una sanción económica—
–Pero no venía ningún auto. En mi país es permitido…–
–Tiene razón, señor José… José Roberto—le dijo, señalando un Código–. Es su nación no hay problema si lo hace, pero en esta república está prohibido…–
–Pero no lo sabía….—se defendió el joven turista.
–No saber las leyes acá no lo exime de la sanción. La secretaria le extenderá el comparendo cívico–, y le indicó con la mano hacia dónde debía dirigirse para recibir la multa.
Sobra decir que aquel día se tornó sombrío. Hubiese deseado regresar a Colombia en el primer avión de ruta, pero ¡todavía quedaban doce días de vacaciones!
Las leyes son para cumplirlas
Un territorio, además de extensión geográfica y densidad poblacional, está estrechamente relacionado con unas leyes que son de carácter ineludible. Se establecen con el propósito de ejercer control y guardar equilibrio en el gobierno. Son principios de obligatorio cumplimiento, más cuando tienen fuerza de Constitución Política de una Nación. Es claro, ¿verdad?
Igual ocurre en el reino de Dios. Tiene unas pautas que se deben atender. Pero como en un gobierno terrenal, el cumplimiento de tales directrices nos aseguran tranquilidad y posibilidades de realización en todos los órdenes, en la dimensión espiritual atender las leyes nos llevan al éxito en el proceso de crecimiento personal y espiritual.
Ahora bien, el hecho de que desconozcamos tales principios, por ignorancia o deliberadamente, no nos exime de las consecuencias en las que incurrimos al transgredirlos. Ocurre en todos los países y también el reino de Dios.
En cierta ocasión el Señor Jesucristo le dijo a sus discípulos: “—Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.”(Mateo 20:25-28, Nueva Versión Internacional)
Aquellas palabras, sencillas y profundas, rompieron todos los esquemas. No las esperaban. Los aterrizó. Les permitió entender que el reino de Dios tiene unas leyes infalibles del éxito.
El hecho de que todo el mundo alrededor se mueva alrededor de unos principios e incluso, que por fuerza de la tradición haya dado validez a su existencia, no significa que ocurre igual con quienes esperamos la realización plena de nuestra existencia. Si anhelamos el cambio y el subsecuente crecimiento, debemos guiarnos bajo unos parámetros claros que están trazados en ese libro maravilloso que se llama Biblia.
Las leyes del éxito: aprenderlas, comprenderlas y aplicarlas
¿Qué es el éxito? El significado depende de la cosmovisión de cada quien. Para algunos será la consecución de dinero; para otros, tener fama, y mujeres hermosas alrededor. Es posible que unos cuantos consideren que éxito es escalar en posiciones de trabajo y hay quien dirá que es graduarse en una carrera profesional y ejercer por años en una empresa, gozando de estabilidad laboral y económica.
Para quienes profesamos fe en Jesucristo, éxito está asociado con la realización personal y una vida plena. En otras palabras crecimiento en dos dimensiones trascendentales: la personal y espiritual. Crecer en la relación con nosotros y los demás, y en nuestra relación con Dios, el Supremo Hacedor.
¿Cómo lograrlo? Aplicando dos principios: fidelidad y perseverancia. Solo quienes se mueven bajo tales parámetros, logran avanzar.
El Señor Jesucristo lo explicó en términos sencillos cuando dijo a sus discípulos, y también a nosotros hoy: “Les aseguro que entre los mortales no se ha levantado nadie más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él, porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.”(Mateo 11:11-13, Nueva Versión Internacional)
Si tiene la disposición en el corazón y se toma de la mano del amado Salvador, podrá avanzar en el proceso de crecimiento hacia el éxito.
Recuérdelo siempre: fidelidad y perseverancia. Dos palabras claves. Las relaciono con la historia de un atleta keniano que por años compitió en la Maratón Internacional de mi amada ciudad: Santiago de Cali. Ganó muchas veces, cada año. Y cuando le preguntaron cuál era su secreto, sonriendo a la cámara de televisión dijo, con ayuda de su traductor: “Vengo de una aldea muy pobre y lejana. Allá esperan que gane. Y no vine desde tan lejos, cruzando el océano, para perder. Así llegara de último, llegaría a la meta”.
Esa respuesta, que guardo anotada en una libreta, expresa determinación, fundamentada en fidelidad y perseverancia. Fidelidad a nuestras metas y perseverancia para alcanzarlas, por encima de la adversidad. Y todo esto será posible si damos pasos firmes, no en nuestras fuerzas sino en las del Señor Jesucristo. Con su ayuda, alcanzaremos la victoria, el éxito que tanto soñamos…
Le invito para que iniciemos hoy un apasionante recorrido por Las 31 Leyes Infalibles del Éxito. Son principios sencillos y prácticos. Están concebidos para que los desarrolle por espacio de un mes. Puedo asegurarle que al término de ese período, ¡Su vida será distinta! Y podrá decir: “Con el poder de Jesucristo estoy avanzando en el crecimiento personal y espiritual”.
Puedo asegurarle que inicia hoy una experiencia maravillosa e inolvidable que transformará su existencia
Ps. Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057)317-4913705
Email fernandoalexis@aol.com
(Tomado del libro del Ps. Fernando Alexis Jiménez “Las 31 Leyes Infalibles del Éxito”)
Julio 27, 2009 | Por vidadeexito | Claves: emprender, personal, plena, realización, superación, victoria, vida | # Enlace permanente
¿Volver atrás…? Ni lo piense…
Ps. Fernando Alexis Jiménez
“Le tengo miedo a mi guitarra”, me confesó el pastor Hugo Rafael Sánchez cierta noche que prediqué en su congregación. “Antes cantaba en fiestas, pero también bebía y estuve a punto de perder a mi esposa Isabel”, continuó.
Para el, éste instrumento es sinónimo de una vida pasada, volcada a la bohemia. Por eso la tiene guardada en el último rincón de su casa. De vez en cuanto la mira, pero teme que tocarla le lleve a rememorar épocas que trajeron dolor a su familia.
¿Exagerado? No creo. Más bien se trata de alguien que reconoce que los seres humanos tenemos una íntima tendencia a volver atrás.
Recordar lo que hicimos en el pasado, en ocasiones suena atractivo. Esa es la razón por la que muchos sufren un revés en su vida cristiana.
Como sabemos que nuestra naturaleza humana se inclina al pecado, es necesario permanecer alerta. Una caída espiritual no se produce en un abrir y cerrar de ojos. Es sutil. Toma fuerza poco a poco. Cuando abrimos los ojos a la realidad, descubrimos que estamos inmersos en el pecado.
Sigue adelante, siempre
El Señor Jesús advirtió sobre ese peligro cuando dijo a un grupo de sus seguidores:“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).
Seguir adelante implica no mirar atrás. Así la vida cristiana parezca compleja, es necesario avanzar. Nunca volver la mirada. Sólo vencen quienes tienen una meta y caminan en pos de ella, asidos de la mano del Señor Jesucristo.
No deje pasar este día
No deje pasar este día sin disponerse a vivir una nueva vida. ¿Cómo hacerlo? Recibiendo a Jesucristo en su corazón como su Señor y Salvador. Dígale: “Señor Jesús, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Recibo tu perdón. Te invito para que entres a mi corazón y hagas de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”
Si tomó esta decisión, felicitaciones. No olvide, desde hoy:
1.- Hacer de la oración un principio de vida. Orar es hablar con Dios.
2.- Lea la Biblia, un libro maravilloso en el que aprenderá principios maravillosos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual.
3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida será renovada por el obrar de Jesucristo!
Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme fernandoalexis@aol.com
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Julio 21, 2009 | Por vidadeexito | Claves: exito, sanidad, superación, vida | # Enlace permanente
¿Buscas la paz interior?
Ps. Fernando Alexis Jiménez
Los árboles comenzaron a caer conforme el sonido de las motosierras aumentó en los bosques de Cauchería, el pueblo brasilero en el que Chico Méndez libró una enconada batalla por evitar que la construcción de una carretera, y la tala indiscriminada, llevara a una catástrofe ecológica de impredecibles consecuencias.
Nació y creció en el seno de una familia humilde, en la que pronto se sintió la ausencia de una madre. En la adolescencia aprendió a leer y desde entonces, en la medida que los libros le llevaban a volar en las alas de la imaginación, acarició el sueño de que un día –por lejano que apareciera en el horizonte—llegaran a ser libres de la opresión de quienes compraban el látex al precio que querían, y los sometían a la miseria y a la desesperanza.
Desde una posición relevante en el sindicato de trabajadores rurales, organización a la que llegó por un golpe del destino, denunció el atentado ecológico que pretendían perpetrar quienes quemaban grandes extensiones de bosques para dar paso a una autopista y, de paso, erigir sobre sus márgenes enormes hatos ganadores. Querían asesinar la naturaleza. Seria el acabose de ese pueblo y también, el puntillazo final a la única actividad de la que por años se habían granjeado recursos económicos.
Protagonizó manifestaciones no violentas, convencido de que el diálogo es el único camino para resolver los conflictos. Fue encarcelado, torturado, presionado sicológicamente y acorralado para que abandonara sus sueños. Sin embargo no lo hizo. Gracias a su tenacidad se impidieron las obras civiles y un amplio territorio fue designado por el gobierno de Brasil como la primera Reserva Forestal de Amazonía. Chico Méndez pagó con su vida el precio de defender la tierra para la gente…
Principios para vencer
La historia de este líder, uno de los más grandes de suramérica, está signada por tres elementos: el primero, la fidelidad a sus metas y sueños; el segundo, una fe indeclinable en Dios y el convencimiento de que la violencia no trae nada nuevo; y tercero, la condición de visionario que le permitió pensar en su vida pero también en la de los demás, y lo mucho que significaba la selva amazónica para el continente y el planeta.
Su decisión de no responder con hechos agresivos ante múltiples provocaciones, hace que –al medidar en su lucha—necesariamente recordemos el principio bíblico planteado por el Señor Jesús: “Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.”(Mateo 5: 6, 7).
Usted también puede sentar las bases para un cambio en el mundo que le rodea. No importa cuán grandes parezcan sus sueños. Podrá lograrlos con ayuda de Dios. No olvide jamás que quien no sueña, nunca llega a ningún lado. Sólo aquellos que ven por encima de las circunstancias, comprometen sus esfuerzos por traer un cambio, se toman de la mano del Señor Jesucristo y dan pasos firmes, alcanzan las metas que se han fijado…
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Junio 8, 2009 | Por vidadeexito | # Enlace permanente
¿Estás dispuesto a perseverar por un milagro?
Ps. Fernando Alexis Jiménez
Se resignó a permanecer en cama todo el tiempo. Era algo de siempre. Aunque quisiera, no podía salir a la calle o desplazarse de una estancia hacia otra. Se aprendió de memoria hasta el más mínimo detalle de las cuatro paredes en que permanecía encerrado. En ocasiones le parecía que el color de la tierra alisada era más intenso que de costumbre y, en otras, que palidecía con la luz de un sol infernal al promediar el día en Capernaúm.
–Un hombre sigue provocando de qué hablar—le comentó su hermana mientras le servía los alimentos–. Dicen que se llama Jesús y viene de Nazareth y hace milagros. Los sordos oyen, los mudos hablan y los paralíticos andan…—.
–¿Y tú crees?—preguntó para seguir la conversación que le sustraía de la monotonía del lugar–. De pronto es un charlatán. No creo mucho en el asunto…—agregó con escepticismo.
–Allá tú, pero hay quienes dicen que tiene poder…—
Aquellas palabras quedaron rondando su mente. Una y otra vez le asaltaban, así estuviese hablando de un tema superficial. “…hay quienes dicen que tiene poder …”.
Por eso no pudo aguantar las ganas de conocerle cuando le informaron que Jesús recorrería la ciudad. Quería ir en su búsqueda. Anhelaba un milagro. Su vida dependía de ese obrar maravilloso. ¡Lo que más deseaba era caminar! Por esa razón venció todo escepticismo y pidió a cuatro amigos cercanos que le ayudaran.
La presencia de Dios derrama milagros
Cuando abrimos las puertas al obrar maravilloso de Dios, ocurren milagros. El Evangelio de Marcos relata que Jesús estaba en Capernaum. Al saber todos que se encontraba en su localidad “… se juntaron muchos de manera que ya no cabían ni aún a la puerta; y les predicaba la Palabra“(Marcos 2:2).
Inmerso como estaba el Maestro en la predicación, se encontró a boca de jarro con un hecho ineludible: trajeron a su presencia un paralítico. El hombre reconocía que humanamente no podía recibir ayuda; reconoció en Jesús el poder de Dios que podía sanarle; no se amilanó ante las aparentes dificultades para llegar al Hijo de Dios.
En el texto leemos que los acompañantes del hombre “…quitaron parte del techo de donde él estaba y, a través de la abertura, bajaron la camilla en que yacía el paralítico”(versículo 4).
¿Está usted dispuesto a perseverar por un milagro?¿Ha reconocido que humanamente no tiene posibilidades de recibir respuesta?¿Reconoce que sólo Dios puede responder?
Si está clamando por un portento en su existencia es necesario persistir en oración. En algunos casos nuestra fe se pone a prueba. La solución no estriba en renunciar cuando clamamos e inmediatamente no recibimos respuesta. Dios tiene su propio tiempo.
Dios honra su fe
La presencia en el lugar del paralítico a quien traían en condiciones tan particular, no sorprendió al Señor Jesús, por el contrario, “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico:–Hijo, tus pecados te son perdonados—”(versículo 5).
La Escritura señala que inmediatamente salieron al paso los escribas quienes cuestionaron aquél procedimiento. Su religiosidad les impedía abrirse al toque del Dios de gloria y de poder.
Dos preguntas prácticas para su existencia: ¿Ha experimentado desánimo a raíz de las voces contrarios de aquellos que son “religiosos” y no creen en los milagros?. Acaso, ¿ha escuchado a quienes dicen que el “tiempo de los milagros” ya terminó?.
El Señor Jesucristo intervino para reafirmar su potestad como Hijo de Dios. Dijo al paralítico: “A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa–. Entonces él se levantó y, tomando su camilla, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron y glorificaron a Dios diciendo:–Nunca hemos visto tal cosa—”(versículos 11 y 12).
Un Dios de milagros
El Dios en el que hemos creído es un Dios de milagros. ¡Usted puede ser bendecido si tan solo se atreve a creer!.
Es probable que en medio de la situación desesperada en la que se encuentra considere que no hay opción. La ciencia dijo que era imposible, sus amigos le instaron a desistir, cada día ve como el panorama a su alrededor se llena de sombras. ¡Deténgase! Hoy es el día para su milagro.
No cese de clamar. Hágalo bajo el convencimiento de que, parta el Creador, no hay nada imposible. No desista, persevere.
Si desea que le ayudemos a interceder, escríbanos ahora mismo.
Una decisión muy importante
No podría despedirme sin antes invitarle para que tome la decisión más importante de su vida: Recibir a Jesucristo en su corazón. Es sencillo. Basta que le diga: “Señor Jesús, gracias por morir en la cruz y perdonar todos mis pecados. Con tu sacrificio me abres las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”
Tengo ahora para usted tres recomendaciones:
1.- Haga de la oración un principio de vida diaria. Orar es hablar con Dios. Él es nuestro Padre celestial, pero también nuestro amigo.
2.- Lea la Biblia. Es un libro maravilloso y en él aprenderá principios dinámicos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual.
3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana.
Puedo asegurarle que su vida experimentará desde hoy una transformación que le sorprenderá…
Ps. Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057) 317-4913705
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Mayo 15, 2009 | Por vidadeexito | # Enlace permanente
Su aporte es valioso para transformar el mundo…
Ps. Fernando Alexis Jiménez
La idea le nació a Héctor Fabio un atardecer en el que, sentado en una silla de la Plaza de Caycedo, disfrutaba de la fresca brisa proveniente de los farallones de Santiago de Cali.
“¿Qué hacer para sacar niños y jóvenes inmersos en el bajo mundo de las calles?”, se preguntaba una y otra vez hasta ese preciso instante en el que –como en las caricaturas– sintió que se prendió el bombillito que le hizo pensar: “¡Claro… la solución ha estado siempre ahí!”, para –acto seguido– concebir el sueño de crear una escuela de actos circenses para estimularlos a ocupar su tiempo en otras cosas.
Comenzar no fue fácil. De un lado, pocos creían que a través del arte se pudiera rescatar una juventud involucrada en drogas y robo. De otra parte, lo inverosímil del proyecto llevó a que todos aquellos a quienes pidió apoyo, le cerraran las puertas con la vaga promesa de: “Otra vez será…”
Hoy su sueño es una realidad. Una docena de chicos y chicas son los primeros graduados. Ahora son malabaristas, mimos, payasos, magos y equilibristas. Cursaron su formación en la carpa multicolor que se levanta al norte de la ciudad, en un campo tan grande como sus aspiraciones.
Si usted le pregunta cómo lo hizo, le responderá, con esa sonrisa que le acompaña siempre y que caracteriza a los optimistas: “Dios me ayudó siempre”. Y tiene toda la razón. Su fe le permitió ver el nacimiento y fortalecimiento de lo que hoy se conoce como Escuela de Circo “El Samán”.
¿Dónde quedaron sus sueños?
¿Alguna vez ha meditado acerca de en dónde quedaron sus sueños? Tal vez renunció a ellos y aún no era tiempo de hacerlo. Falta mucho por hacer. Quizá, sumando creatividad a determinación y perseverancia, tres palabras claves, habría logrado llegar lejos.
Pero ¡Tenemos buenas noticias! No es tarde para emprender el cambio y el camino hacia la cumbre. Ahora mismo puede ser. Hoy. Allí donde se encuentra. Basta que tome esa determinación.
Nunca deje de soñar
Sólo llegan a sus metas, quienes sueñan. Y alcanzan nuevos peldaños en la escalera al triunfo, aquellos que –tomados de la mano de Dios—no se dejan vencer pese a las dificultades.
Sin que las Escrituras especifiquen mucho respecto a sus orígenes, trascendencia o el momento en que tuvo un encuentro personal con Dios, encontramos un registro acerca de Jabes, un soñador de tiempo completo.
Dice la Biblia “Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe. Y le otorgó Dios lo que pidió”(1 Crónicas 4:9, 10).
Pensaba y actuaba diferente. Tal como ocurre con aquellos que tienen metas. Se convierten en piedras de tropiezo para quienes les rodean, en el blanco de sus burlas y críticas o quizá, objeto de la indiferencia general por el hecho de ir en contravía. Pero Dios prosperó sus anhelos. Igual puede hacer hoy con su vida… No deje de soñar grandes sueños….
Dios ama a los soñadores
Piense por un instante que Dios ama a los soñadores. Lo ama a usted y quiere ayudarlo a alcanzar sus sueños, pero es esencial que tome una decisión: reciba a Jesucristo en su corazón. Dígale allí en oración: “Amado Señor Jesucristo, hoy reconozco que por mucho tiempo he estado alejado de ti, pero quiero cambiar. Haz de mi esa persona que tú quieres que yo sea. Gracias por perdonar mis pecados y darme esta nueva oportunidad. Amén”
Si desea dar pasos firmes en su andar cristiano, que sin duda es una maravillosa aventura que inicia hoy, le invito para que siga adelante asumiendo: primero, la oración como la puerta de entrada a un diálogo diario y sincero con Dios, quien es su Padre celestial pero también su amigo; segundo, leyendo en la Biblia principios dinámicos que le permitirán ser exitoso en todos sus caminos conforme a la voluntad de Dios, y tercero, congregarse en una iglesia cristiana para que le ayuden en el proceso de consolidación de su fe.
Ps. Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057)317-4913705
Correo electrónico: pastorfernandoalexis@hotmail.com
Abril 7, 2009 | Por vidadeexito | # Enlace permanente
Perseverancia, clave en la oración
Ps. Fernando Alexis Jiménez
“¿Qué es perseverancia?”. La pregunta se la hizo una y otra vez el hombre que estableció un negocio, semanas después de ser despedido de su trabajo, para encontrarse con la realidad de unas ventas muy bajas y una competencia despiadada en el mundo comercial.
–Por acá todo parece detenido—me explicó el día que hablamos del asunto–. Tengo la mejor mercadería, la ofrezco a buen precio, y sin embargo nadie compra nada. Generalmente después de preguntar por el valor, me dicen “Voy a dar una vuelta y regreso”; pero no regresan–.
Estaba junto a una enorme barra que separaba el espacio del públic
o de la estancia donde se movía acuciosamente con sus ayudantes. Un afiche de vivos colores, al lado de la máquina registradora, invitaba a poner la mirada en Jesucristo. Se percató de que estaba leyendo el texto.
–Lo fijé allí porque es un instrumento eficaz para que los visitantes conozcan a Cristo—dijo a manera de explicación. Sonrió. Retomó el tema–: Verá, yo pienso cerrar el establecimiento. Quizá abra un expendio de licores–.
–Pero eres cristiano…—le recordé para llevarle a comprender que era incoherente profesar fe en el Señor Jesús y vender bebidas y cigarrillos–.
–Lo comprendo, Fernando, pero es lo único que tiene asegurada su comercialización—objetó.
Estuvimos hablando por espacio de media hora. Gracias a Dios entró en razón. Decidió proseguir unas semanas más. –Tal como me aconseja, voy a perseverar–, anotó.
El comienzo no fue fácil. Hoy tiene un negocio próspero. Hace dos días cuando hablamos nuevamente, después de sobreponerse a cualquier cantidad de problemas, ofreció la ayuda que necesitara en la misión evangélica que estamos plantando al oriente de Santiago de Cali.—No puedo olvidar que usted fue quien me hizo reflexionar sobre el valor de la perseverancia—dijo.
Intentarlo una y otra vez
“¿Qué es perseverancia?”. Ahora quizá tiene una visión más aproximadaza de lo que significa. En síntesis es intentarlo una y otra y otra vez hasta lograr las metas propuestas.
Los hombres de Dios se caracterizaron por perseverar. La Biblia abunda en ejemplos. Noé, Abraham, José, Moisés, Josué, David y Jeremías son algunos testimonios reales de que alcanzar las promesas del Señor y ver realizadas las metas no es el fruto de abrir y cerrar los ojos, sino que en muchas ocasiones obedece a un proceso en el que avanzar, así sea paso a paso, reviste particular importancia.
También en la oración
La oración amerita que haya en nosotros perseverancia. En cierta ocasión “Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse” (Lucas 18:1. Nueva Versión Internacional). Y relata la insistencia de una mujer viuda en procura de que un juez injusto fallara a su favor. “Continuó el Señor:<<Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto.¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?¿Se tardará mucho en responderles?. Les digo que sí les hará justicia y sin demora”(versículos del 6 al 8).
Hay otro texto que vale la pena considerar. Se encuentra en el Evangelio de Mateo. Fue una enseñanza que compartió el Señor Jesús en el llamado “Sermón del Monte”. Él les dijo: “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre”(Mateo 7:7, 8. Nueva Versión Internacional).
De acuerdo con el principio que reveló a sus seguidores el Hijo de Dios, hay tres elementos que son claves cuando oramos: a.- Pedir b.- Buscar c.- Llamar. Está implícita la perseverancia. El asunto no es orar un día y dejar el asunto para después. Eso sería desistir. Lo fundamental es persistir. Si lo hacemos, tenemos asegurada la respuesta.
¿Qué debemos hacer para que se produzca una respuesta?
Toda persona anhela que Dios responda a sus oraciones; de lo contrario, no se tomarían el trabajo de elevar sus peticiones delante del Padre. La respuesta se produce como consecuencia de cuatro aspectos de suma importancia:
El primero, que exista una motivación específica que puede partir de una necesidad tal como lo hallamos en Mateo 7:9 y 10. El segundo, si clamamos Dios responde porque es un Padre amoroso para con sus hijos. “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!”(versículo 11).
El tercer elemento estriba en la importancia de que orar vaya acompañado de dos actitudes: Creer y Perseverar.
¿Por qué demora Dios la respuesta a nuestras oraciones?
Usted y yo tenemos libertad de clamar porque tenemos acceso al trono celestial. En las Escrituras leemos una premisa del autor de la carta a los Hebreos: “Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitamos”(Hebreos 4:16. Nueva Versión Internacional).
Sobre esta premisa, tenemos la certeza de que Él nos atenderá y podemos ir a su presencia cuantas veces sea necesario.
Ahora, una pregunta apenas natural: ¿Por qué demora Dios la respuesta a nuestras oraciones? Hay por lo menos cuatro razones que comparto con ustedes. La primera, para probar nuestra sinceridad; la segunda, para probar nuestra fe (fortalecernos); la tercera, porque albergamos pecado: rebelión, amargura, falta de perdón, desobediencia etc., y la cuarta, para enseñarnos a perseverar hasta el tiempo perfecto de Dios en el cual se produce la respuesta.
Es probable que dejemos de orar porque, de un lado no hemos aprendido el valor de la perseverancia; nos encontramos tan “ocupados” en las cosas del reino de Dios que pocas veces entramos en contacto con el “Jefe Supremo”, y además, no estamos dispuestos a dejar que el Señor trate con nosotros. ¿Cuál de esas circunstancias ha tocado a su puerta? Es hora de hacer una revisión juiciosa y proceder a aplicar los cambios pertinentes.
No permita jamás que el enemigo de los cristianos, Satanás, le haga sentir indigno de ir a la presencia de Dios en oración; tampoco deje que siembre dudas en su mente y rechace todo pensamiento de distracción que traiga su corazón cuando está orando.
Recuerde siempre: el éxito de la oración estriba en perseverar…
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Ser cristiano… ¿Por qué? y, ¿para qué?
Ps. Fernando Alexis Jiménez
Cuando la suave y fresca brisa que desciende los Farallones baña a Santiago de Cali, al final de la tarde, los pensamientos fluyen con mayor rapidez y tranquilidad, y con los interrogantes a los que –en apariencia—es difícil encontrar respuesta: ¿Por qué soy cristiano? y, ¿para qué me sirve profesar la fe en el Señor Jesús?

Alfonso Palacios tragó saliva mientras filtraba el cúmulo de preguntas que, mezcladas en el corazón como si se tratara de un remolino que jamás se detiene, buscaban encontrarle sentido a la existencia.
En casa, a pocas cuadras de la orilla del río junto al cual meditaba, lo esperaba su esposa y tres hijos de once, ocho y tres años, respectivamente. La casa era humilde, pero amplia. Constaba de dos habitaciones de ladrillo limpio, un salón grande que hacía las veces de cocina y comedor, y un patio inmenso. En esas pocas pertenencias reposaban veintitrés años de intenso trabajo por edificar, no solo una vivienda, sino también un hogar. Sin embargo razonaba, ¿de qué le había servido su convicción religiosa frente a las múltiples necesidades económicas que tocaban cada día a su puerta?
Rememoró a su esposa: menuda, trigueña, con unos ojos grandes, negros y con un destello de alegría que le robó el corazón y con quien compartía ya más de quince años de matrimonio. Algunas veces la atacaba la reuma, sobre todo cuando el frío de la noche era intenso en contraste con el calor del día. Era un amor, sin duda. Lo que le inquietaba era que discutía por todo. En ocasiones se le iba la mano y, sobretodo cuando no recibía provisión a tiempo, le gritaba. ¿En qué había ayudado a su relación el ir cada semana a la iglesia y formar parte de una congregación de creyentes?
Ahora, su relación consigo mismo. Había que admitirlo, era un caos. En ocasiones ni se podía soportar. Le aterraba la idea de mirarse al espejo en las mañanas. Frente a sus ojos veía a un hombre derrotado, con los ojos apagados y una incipiente barba que jamás desaparecía, por mucho que repasara la piel con la afeitadora. “¿Por qué sigo enfrentando los mismos problemas—razonaba—si es apenas previsible que ya hubiese avanzado en mi crecimiento espiritual? Debería ser otra persona…”
Buscó afanosamente en su Biblia, más por inercia que por cualquiera otra razón. Halló el versículo que tenía subrayado con colores azul y verde claro: “¿Qué provecho tiene el hombre de su trabajo con que se afana debajo del sol?”(Eclesiastés 1:3).
Alfonso se dejó caer sobre el césped. Sonrió con desgano y preguntó en voz alta, sin importar que alguno d
e los transeúntes lo escuchara: “Ser cristiano ¿Por qué? y, ¿para qué?”.
Preguntas… preguntas… y más preguntas…
Tal vez se ha formulado estos y otros interrogantes en múltiples ocasiones. Como cristiano ha experimentado frustración porque piensa que no crece mucho en el plano espiritual y menos como persona. “¿Podré lograrlo?” se repite incesantemente. Incluso ha cuestionado la existencia de Dios. “¿Por qué permite Dios mi sufrimiento?” se ha repetido.
Sus cuestionamientos son los mismos que por años han asaltado a hombres y mujeres en toda la historia de la humanidad.
La vida tiene sentido
¿A qué se debe el que decenas de personas en todo el mundo encuentren salida a sus crisis acudiendo al suicidio?¿Por qué millones de personas al término de sus días están embargadas por la sensación de que su ciclo vital concluye “sin pena ni gloria”? La respuesta es sencilla: No le han encontrado sentido a su existencia. Hasta tanto ocurra, el decurso de sus horas, minutos y segundos se convertirá en un martirio.
Leví—a quien llegaría el mundo a conocería como Mateo—es un vivo ejemplo. Estaba desarrollando una exitosa carrera como ejecutivo de impuestos al servicio de Roma. Aunque para algunos era un traidor, para otros era alguien envidiable no solo por su estatus social sino los las proyecciones económicas que se abrían frente a su desempeño profesional y laboral.
Adicionalmente su esposa e hijos gozaban de privilegios que él, de chico, jamás soñó. Sin embargo sentía que le faltaba algo. Le desesperaba que pasaran los días sin que nada significativo ocurriera. Su existencia eravacía.
“Y al pasar vio a Leví hijo de Alfeo, sentado en el banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió”(Marcos 2:14).
En la vida de este recaudador se produjo una profunda transformación que le llevó a reorientar sus metas, planes y objetivos. ¡Un encuentro con Jesucristo trajo sentido a su existencia!.
Hace pocos días hablaba con un sicólogo a quien le pregunte sobre el papel que juega la fe en todo ser humano. Me dijo: “Reviste mucha importancia porque el hombre necesita algo o alguien en quien creer”. Cuando volvemos la mirada a Cristo, como ocurrió con Mateo, damos el primer y más grande paso para tener algo por lo qué luchar y hacia lo cual dirigir eficaz y productivamente nuestros esfuerzos.
La existencia encuentra propósito en Cristo
La existencia de Mateo experimentó una transformación que se reflejó en su relación con Dios, consigo mismo y por ende, con aquellos que le rodeaban. En adelante todo cuanto hizo tenía la impronta del obrar divino, porque contrario a otros períodos de su devenir diario, el Señor ocupaba el primer lugar como podemos leer en el versículo siguiente:
“Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había muchos que le habían seguido”(Marcos 2:15).
Cuando permitimos que el Señor Jesús inicie la obra transformadora en nosotros, toma fuerza el anuncio que hiciera a sus seguidores; “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”(Juan 10:10 b). ¿Quién puede realmente cambiar y dar propósito a nuestro ser? Sin duda el Señor Jesucristo.
La existencia encuentra propósito cuando nos acogemos al proceso
¿Ha intentado prepararse una buena taza con café simplemente revolviendo agua, el grano y la leche en una olla, sin siquiera poner a hervir todos los elementos? Es imposible. Es necesario que se cumpla el proceso mediante el cual, por medio del fuego, todos los componentes se mezclan hasta obtener el café al gusto.
Igual ocurre con muchas personas que esperan un crecimiento personal y espiritual inmediato. Olvidan que se trata de un proceso; en algunos casos lento y en otros, más rápido, pero siguiendo unas etapas ineludibles.
El avance eficaz radica confiar en las fuerzas de Dios y no en las nuestras como advierte el Señor Jesús: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Dios nada podréis hacer”(Juan 15:5).
Si nos disponemos con un corazón humilde al trato del Señor, el crecimiento personal y espiritual será real en cada uno, pero además afectaremos positivamente a quienes se encuentran alrededor: “Otra parábola les refirió diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”(Mateo 13:31, 32).
¿Qué está ocurriendo cuando no apreciamos mayores cambios? Pueden registrarse dos causas. La primera, que la conversión a Cristo fue de labios y no de corazón; la segunda, que esperamos resultados rápidos sin esperar el trato perfecto y soberano de Diosa.
El no dejará su trabajo a medio terminar, como señala el apóstol Pablo: “…estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hacia el día de Jesucristo”(Filipenses 1:6).
La existencia encuentra propósito cuando redefinimos los valores
Con frecuencia viene a mi memoria la historia de una mujer de la zona marginal de una ciudad. Era muy pobre. Por años guardó dinero con el anhelo de comprarse un pequeño aparato de televisión. Y pese a la precariedad, lo logro.
Pasado algún tiempo el lugar que habitaba se inundó. Tratando de salir a tiempo, tomó a un hijo de pocos meses, ordenó al segundo que se asiera de uno de sus brazos y como pudo, tomó el telerreceptor. La fuerza del agua arrastró a su hijo recién nacido… pero salvó el televisor…
Igual con la vida de muchos hombres y mujeres: venden su vida a cambio de las posesiones materiales que son, al fin y al cabo, solo propiedades perecederas. Si nuestros principios y valores sólo giran en torno a las posesiones, experimentaremos una vida vacía y sin sentido.
A quienes enfrentaban una situación así, el Señor Jesús les dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”(Mateo 6:33).
El orden lógico de Dios para nosotros es, primero, buscarle y después recibir bendiciones materiales y espirituales. Sin embargo muchos lo invierten: buscan primero las bendiciones materiales, luego las espirituales y por último—si es que se acuerdan de El—buscan a Dios.
Una existencia con sentido y propósito parte de un análisis sobre cómo estamos viviendo, y definir hacia dónde nos dirigimos si seguimos el curso de los hechos. Un segundo elemento es tener el valor suficiente para que abramos el corazón a los cambios que opera Dios, y tercero, asumir la nueva vida que nos ofrece a nivel personal y espiritual.
Sólo a través de un proceso así nuestra vida tendrá sentido…
Ps. Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057)317-4913705
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