Regiones del la vid y el olivo en la República Argentina

La vid comenzó a desarrollarse en nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX, con la construcción de los canales de riego necesarios para hacer frente a las condiciones de la zona de cultivo.

La producción de vinos estuvo orientada al abastecimiento del mercado interno y recibió un fuerte impulso con el tendido de líneas férreas, que unían las zonas productoras con la ciudad de Buenos Aires, desde donde se distribuía a otras zonas del litoral. En la actualidad, alrededor del 70% de la producción de vid se concentra en la provincia de Mendoza y el 25% en San Juan.

El olivo se cultiva principalmente en las provincias de Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca. En estas provincias, el clima y el suelo son favorables para este cultivo.

Olivo

El origen de los primeros olivos que se plantaron en la zona del Pacífico –comprendida entre Chile, Argentina y Perú- se debe al talaverano y a uno de los conquistadores de Chile, Francisco de Aguirre de Meneses (1508-1581). En concreto, la actividad olivarera comenzó en Argentina en el año 1562, cuando se plantaron esquejes traídos del Perú, pero el origen del cultivo actual habría que buscarlo en la leyenda popular, ya que éste desapareció por avatares históricos, envolviendo todo en un mito que llega hasta nuestros días.

El mencionado mito cuenta que, siendo Virrey del Perú Pablo Fernández de Castro, conde de Lemos (1667-1672), ordenó la tala de todos los olivares que estaban plantados en los terrenos de su jurisdicción como consecuencia de otra orden, ésta real, que se interesaba en el comercio con España y cuya economía precisaba una reordenación y racionalización de las distintas producciones agrícolas, para así evitar la inflación y mantener los precios.

Las fuerzas a su cargo fueron las encargadas de que la orden real y virreinal se llevara a cabo y todos los olivos fueron talados o arrancados. Bueno, todos no. Y aquí va la leyenda, con tintes entre bíblicos y mitológicos. En la villa de Aimogasta, departamento de Arauco, en la actual provincia de La Rioja, una anciana, por razones que se desconocen, cubrió con su manto un esqueje de olivo, por lo que pasó desapercibido a la vista de los probos funcionarios. Con el tiempo, la pequeña planta se convirtió en un árbol y de él salieron todos los que hoy se conocen en esta región y que, quizá siguiendo las leyes de Mendelson por los continuos cruces, originó una nueva variedad, que recibió el nombre de Arauco (nombre que viene del lugar de origen de esta historia).

Pese a todo lo contado, lo cierto es que en Argentina no se tuvo una cultura olivarera hasta finales del siglo XIX, que es cuando se producen las grandes migraciones desde Europa como consecuencia de la era industrial. Es entonces, como resultado de las costumbres alimenticias traídas de sus respectivos países, sobre todo de Italia, cuando se crea la necesidad de abastecer el mercado de aceite de oliva, el cual es importando desde España principalmente.

Producción de olivo en la República Argentina

Los primeros factores que se deben tener en cuenta y que afectan a la producción del olivar son la luz y el agua, imprescindibles para poder diseñar una plantación con un corto período sin producción y aprovechando al máximo el medio, para poder mecanizar las operaciones de cultivo del olivo. Las plantaciones pueden realizarse en: curvas de nivel, terrazas o bancales (con la mínima erosión y pérdida de agua posible), o en caballones, donde los suelos tienen un perfil superficial muy bueno para el cultivo, pero con dificultades de drenaje.

A la hora de plantar los olivos, lo primero que debemos hacer es realizar un diseño (de qué forma y colocación se van a plantar). Posteriormente, se marca el terreno con una estaca u otro medio para realizar hoyos para poner la planta (el tamaño de estos hoyos tiene que ser proporcional al del cepellón del olivo). Estos orificios se pueden realizar también con excavadoras o a mano, según el terreno y la época en la que se realicen. El olivo debe quedar enterrado en el hoyo como máximo unos 5cm. Luego, al tapar el agujero, debe aprisionarse la tierra para que no queden bolsas de aire. Estos olivos tendrán que ser regados con unos 50 litros de agua como mínimo por pie.

Después, se pasa al acondicionamiento del terreno. Antes de plantar los olivos deben quitarse las raíces de posibles árboles o arbustos, construir terrazas, nivelar la tierra, etc. Una vez acondicionada es aconsejable sembrar, durante uno o dos años, cereales en ese terreno o legumbres, para eliminar completamente las raíces, con el fin de que éstas no ocasionen problemas al olivo. Para una correcta destrucción de las malas hierbas puede ser necesario el uso de un arado en profundidad. Luego, se debería realizar una nueva pasada de arado para asegurar el buen crecimiento de los olivos que vayamos a plantar. En esta última, es necesario incorporar fertilizantes a base de fósforo y potasio, que serán utilizados en los primeros años de crecimiento del árbol. Es recomendable, antes de usar fertilizantes, hacer un análisis de cómo es el suelo.

La cantidad de olivos por hectárea ha depende de la zona, del tipo de cultivo (secano o regadío) y del tipo de olivo a ser plantado (si tiene un pie o dos pies). Cuando se hayan plantado, debe tenerse en cuenta las circunstancias que lo rodean: el tipo de suelo (si es fértil o pobre, profundo o superficial, etc.), el ritmo de lluvias (cuanto mayor sea, mayor será la cantidad de olivos que podrán plantarse) y el adecuado orden de las plantas (con separaciones de 7m. entre cada hilera, para permitir un manejo mecanizado de la plantación). Otro punto a tener en cuenta es la orientación de las hileras que, en caso de ser rectangular, ha de ser en dirección norte-sur, para una mejor iluminación. La época más propicia para el cultivo es en otoño o primavera, cuando no hay riesgo de heladas.

Producción de la vid

La vid es un arbusto constituido por raíces, tronco, sarmientos, hojas, flores y fruto. Se trata de una planta leñosa que tiene, por lo general, una larga vida, por lo que es fácil encontrar una vid centenaria; tiene un largo período juvenil (3 a 5 años), durante el cual no es capaz de producir flores; las yemas que se forman durante un año no se abren hasta el año siguiente.

En el mes de marzo, cuando el calor comienza a hacerse notar, se produce el denominado “lloro” de la vid, que se expresa a través del fruto. Éste surge muy verde, puesto que está saturado de clorofila, y a partir de aquí, toda la planta comienza a trabajar a favor del fruto que, poco a poco, va creciendo.

El momento en que la uva cambia de color recibe el nombre de “envero”. Del verde pasa al amarillo, si la variedad es blanca; y al rojo claro, que se irá oscureciendo, si es tinta. Tanto los trocos como las hojas de la cepa contribuyen al dulzor de la uva, ya que actúan como acumuladores de azúcares. Debido a esto, las vides viejas son capaces de proporcionar un fruto más regular y una calidad más constante.

La uva de mesa se cultiva en espaldera (variedades Aledo; Italia, etc.) o en parral (variedades Italia, Napoleón, etc.). Una de las principales innovaciones en el cultivo de la uva es el “embolsado”, que consiste en que, al menos durante sesenta días, los racimos estén cubiertos con una bolsa de papel de celulosa virgen satinada por su cara exterior. Este sistema no solo es eficaz contra la invasión de insectos y evita los efectos de la fumigación directa, sino que además mantiene los racimos a cubierto de los rigores climatológicos. No se quita la bolsa hasta que no se envasa el racimo para su consumo.

Esto ayuda a que los granos de la uva estén unidos al raspón y enteros, además de bien formados y desarrollados. En este sistema de cultivo se encuentran variedades como Ideal, Aledo, Italia Y Rosettí, habiéndose creado además la denominación de origen “Uva de mesa embolsada VINAPOLÓ” (Vinapoló es una zona del litoral mediterráneo cerca de Valencia).

Condicionantes de la actividad de la vid

Clima

Esta especie pertenece a zonas templadas e intertropicales, pudiendo realizarse en zonas donde la temperatura media anual no desciende de los 9 grados.

La vid es bastante resistente a las heladas invernales, pero esta resistencia se reduce luego de la brotación, comprometiéndose la cosecha. Esto lleva a que algunos viñedos muy expuestos estén equipados con dispositivos de lucha contra heladas, eficientes pero costosos, como el riego por aspersión.

Durante el período vegetativo, la vid debe sufrir una acumulación de calor diario suficiente a fin de madurar correctamente sus racimos. Dicha acumulación va desde los 2800 a 4000ºC, dependiendo del cepaje.

Asolamiento

Es importante para la acumulación de azúcares en el fruto. Sin embargo, es bueno recordar que esa radiación solar, solo es eficaz si es interceptada por el follaje. Esto depende del sistema de conducción.

Precipitaciones

Las necesidades de agua se encuentran entre 300 a 600 mm disponibles durante la etapa vegetativa, teniendo en cuenta las pérdidas por evaporación, escurrimiento y percolación. Además, hay que considerar otros factores, como la capacidad de retención del suelo, la profundidad del enraizamiento, la humedad atmosférica, los fenómenos de rocío y las aptitudes del cepaje y del portainjerto para resistir la sequía.

Suelo

Se puede acomodar a distintos tipos de suelo, desde el pobre al más fértil, desde el más ácido al más calcáreo.

Los buenos suelos vitícolas se caracterizan por una riqueza de mediana a débil, con poder de infiltración elevado, gravosos, que permiten un rápido calentamiento en primavera. En cuanto al ph depende de la cepa que se utiliza.

Condicionantes de la actividad del olivo

Las condiciones naturales, el clima, el agua y las características del suelo hacen de la provincia de San Juan, un sitio privilegiado para este cultivo.

“San Juan tiene uno de los mejores aceites de oliva del mundo, solo era cuestión de juntar a los productores y pasarles la idea de armar un corredor como la Ruta del Vino, donde los turistas pudiesen disfrutar de las exquisiteces derivadas del olivo”, subrayó el diputado sanjuanino Dante Elizondo.

Clima, agua y suelo

Son los pilares en los que se fundamenta la olivicultura sanjuanina. El clima, con sus más de 300 días de sol por año, fija los aromas y sabores, marcando flavores en los aceites que los hacen especiales.

La calidad del agua del deshielo cordillerano y lo agreste del suelo, hacen que el olivo, en la síntesis de la formación de aceites, logre el equilibrio y la armonía que, únicamente, los grandes aceites tienen. Definido con la sencillez del productor: “En San Juan, el olivo tiene agua en los pies y sol en la cabeza”.

Exportación de la vid

En la actualidad, el país vende al exterior productos por u$s 80 M. Con la intención de llevar el comercio a u$s 200, la Corporación Vitivinícola lanzó un Plan Estratégico que tiene como objetivo posicionar al país.

Con la intención de aprovechar la buena imagen que tiene a nivel mundial el vino argentino, la Corporación Vitivinícola del país presentó el Plan Estratégico Uva de Mesa, la actividad vitícola más importante en las provincias de Mendoza y San Juan, que aspira a alcanzar exportaciones por u$s 200M.

La estrategia, que está marcada dentro del Plan Estratégico Argentina Vitivinícola (PEVI) pretende posicionar a la producción nacional en el norte de Europa y desarrollar los mercados de Latinoamérica.

Si bien el mayor porcentaje de uva se destina a la vinificación, el consumo de la uva en fresco es una alternativa a la diversificación, que aparece cada vez más atractiva para los productores que pretendan agregar valor a su producción.

“Dentro de la vitivinicultura hay subsectores que tienen problemáticas distintas. Eso llevó a la elaboración de un plan para coordinar las acciones para expandir el comercio de la uva de mesa”, explicó Mario Pulenta.

Exportación del olivo

Desde 1997, las exportaciones de aceite de oliva extra virgen crecieron un 142% en volumen y un 150% en valor. Este importante estándar de calidad surge de la implementación de un acuerdo de colaboración entre Umbría Innovazione y los gobiernos de Mendoza y San Juan, proyecto que ha creado la primera certificación voluntaria de producto para el aceite extra virgen de oliva en la Argentina. El 3-A Parque Tecnológico Agroalimentario de Umbría fue el organismo responsable de otorgar la certificación de calidad necesaria para la denominación de origen del aceite de oliva extra virgen de Mendoza.

Para finalizar…

Se llegó a la conclusión de que los cultivos desarrollados son propios de la región cuyana, ya que las condiciones climáticas son muy favorables para ellos. Se trata de producciones que cuentan con grandes consumidores nacionales e internacionales en los últimos tiempos.

Bibliografía:

ü www.exportapymes.com

ü http://charlassobrevinostodosobreelvino.blogspot.com

ü www.inta.gov.ar

ü www.diariodelvino.com

ü www.olivaresriojanossrl.com.ar