Despedir a seres queridos parece ser parte de la vida. Pero los adioses tempranos, las despedidas precoces son incomprensibles, son eventos sin sentido.
¿Te acordás? Nos conocimos en el Colegio Nacional, durante las clases nocturnas del CENS N 6 que dirigía en esa época el profesor Cangelosi. Eras una rubia campechana y espectacular, y éramos varios los que festejábamos tus mohínes, tu eterno buen humor, tu actitud de chica de campo abriéndose paso en la ciudad. Te cargábamos porque venías de Franklin, o algo así: un pueblito cerca de Suipacha. Haberte criado junto a vacas y a fardos de pasto te había conferido un desparpajo especial. Te cagabas de risa de todo. Yo siempre digo que desparramabas flores con tus carcajadas. También las dibujabas: en tus cartas, en tus apuntes, en tus libros.
Después de egresar, compartimos muchos encuentros en varios escenarios de la aldea. Me acuerdo, por ejemplo, del recital de León Gieco en el Club Estudiantes. O de la entrevista al negro Fontova en La Recova. Me acuerdo de tu Renault 6, de la casa de tu tía en la 14, de que trabajabas en Comsergas, y de que a veces confesabas tener días grises. Me acuerdo también que en algún momento te fuiste a vivir a Buenos Aires, y que allí encontraste al hombre de tu vida, y tuviste un hijo.
Con los años volviste a Mercedes. Sonia, estaba bueno verte feliz y completa, luchando con tanto ímpetu y alegría. En veinte años nunca te escuché una palabra de desaliento, de ganas de arrojar la toalla. Por eso peleaste como una fiera desde que hace un año te jaqueó un mal implacable. Cómo peleaste, amiga. Qué valentía, que ganas de vivir y de seguir haciendo.
Cuando te ví por última vez en el primer piso del Dubarry, en tus últimas horas, todavía irradiabas luz. Te veías rodeadas de mimos y cuidados. Estabas al borde de la muerte, pero toda esa gente te amaba sin límites. Estaban devastados, y sin embargo felices de estar con vos, cuidándote hasta el último instante. Pese al dolor, había flores en sus caras.
Yo, en cambio, soy muy flojo para esas cosas. No me acostumbro a la idea del nunca más, al adiós para siempre. Cuando me tomaste de la mano tenía ganas de salir corriendo.
Conocí a tus padres en el pasillo. Tenían un dolor terminal, pero estaban de pie, con una dignidad indestructible. Tu papá me dijo: “Tengo 84 años, y soy el hermano de tu tía René. Vivo en la 24 al fondo. Pasá a conversar…”. Tu mamá agregó algo, se le nublaron los ojos y nos dimos un abrazo. Ya no pude contener las lágrimas.
Sonia, aquella noche huí cobardemente por los pasillos sin mirar hacia atrás, sin siquiera agradecer a la señora de la recepción que me dejó entrar fuera de horario. En el auto me derrumbé, y pensé largamente en tus días de la escuela nocturna, en las florcitas que dibujabas en todas partes. Me acordé de las que desparramabas con tus carcajadas. Y agradecí que hubiera tantas flores en la atmósfera del hospital.
Ahora te imagino en algún lugar del universo, rodeada de luz. Te imagino con una regadora, cultivando jardines. Y sembrando colores en la vida de los demás, como siempre hiciste.
Si pienso que te vamos a volver a encontrar, tu partida duele menos. Imagino que nos contarás un montón de historias, hablando y riendo sin parar, y cebando mate al mismo tiempo. Y que te volverás sabia en los túneles de la eternidad, y serás capaz de explicarnos, quitarnos la intriga, ayudarnos a entender: qué sentido tiene, Sonia, qué sentido tiene que te hayas ido tan pronto.
La fascinación que los humanos sentimos por la vida de los demás reside en las raíces evolutivas de nuestros cerebros, dice un académico inglés. La habladuría tiene una utilidad social: intercambiando información sobre personas no presentes, se cultivan más relaciones.
Por Claudio Fabián Guevara
“Los espíritus doctos de todas épocas han deplorado muchísimas veces la costumbre popular del chisme y la murmuración. De este modo han conseguido imponer una corriente de pensamiento, según la cual debe uno abstenerse de comentar la conducta ajena. Yo no sé si esto es tan bueno…. ( ) Vamos a decirlo de una vez: sin chismes no hay conversación posible”. (Alejandro Dolina, “Vindicación del chisme”)
¿Qué relación existe entre las habladurías humanas y la costumbre de los monos de acicalarse unos a otros durante horas? Al parecer, son parientes directos.
La fascinación que los humanos sentimos por la vida de los demás reside en las raíces evolutivas de nuestros enormes cerebros, dice Robin Dunbar, profesor de Antropología Biológica en el University College de Londres. Para Dunbar, el chisme cumple una función social de cohesión, similar al hábito de los primates de limpiarse y quitarse parásitos unos a otros durante horas.
Los primates se diferencian del resto del mundo animal por la intensidad de los vínculos sociales entre individuos, y por las complejas alianzas que tejen entre ellos para enfrentar al mundo. La complejidad de las relaciones sociales de los monos explica el portentoso desarrollo que alcanzó el cerebro humano, como descendiente directo de esas comunidades.
Es que una hipótesis sostiene que existe una directa relación entre el tamaño de los grupos de individuos que comparten un espacio social y el tamaño del neocortex, la capa de nuestro cerebro responsable de mantener relaciones con otros. Ante la necesidad de vivir en grupos cada vez más grandes, el neocortex de nuestros antepasados fue creciendo. Y en el camino, sucedieron muchas cosas interesantes.
►¡Préstame atención!
¿Ha notado que si no media un trato personal, las relaciones tienden a languidecer y extinguirse? Las conexiones entre individuos necesitan del trato directo y la atención mutua. Pues bien: la principal fuente de vinculación social entre los primates es el acicalado, un ritual de cuidados mutuos por el cual los monos se limpian unos a otros. Las especies más evolucionadas, como los baboons y los chimpancés, invierten hasta el 20 por ciento de su tiempo diario en esta tarea, que le otorga a los grupos cohesión a través del trato directo de cada individuo con los demás.
El problema del acicalado es que requiere una atención exclusiva a la actividad: sólo se puede trabajar en pares, y no se puede realizar el mismo tiempo que buscar comida y agua, u otras actividades vitales. Por lo tanto, cualquier incremento en el tamaño de los grupos –en los monos el máximo es 55 miembros- sólo puede ser posible en términos de mejorar el costo en tiempo de este mecanismo.
El lenguaje parece ser la solución que los humanos encontrarmos para cultivar más vínculos sociales y desarrollar grupos más grandes. El lenguaje tiene dos ventajas sobre el acicalado: se puede hablar al mismo tiempo que se realizan otras actividades, y se puede hablar a varios individuos a la vez, dice Dunbar.
►La importancia del chusmerío
Volvemos a Dolina: “Chismes. Todos son chismes. Nuestra vida está llena de chismes y no es tan malo. El señor Kissinger tiene una esposa joven. Rousseau ejerció la profesión de canfinflero. El zaguero Passarella juega bien al billar. Einstein tocaba el violín. Estas murmuraciones no nos hacen odiar a estos personajes. Más bien nos acercan y nos hacen percibir su humana y pecadora dimensión”.
La utilidad de la habladuría y el chismorreo es manifiesta: permitiéndonos intercambiar información sobre personas no presentes, se cultivan más relaciones. Podemos entender cómo actúan enteras categorías de personas, y desarrollar redes de relaciones que de otra manera demandarían mucho más tiempo de aprendizaje. “Hablando con solamente una persona, podemos saber qué les sucede a otras, las relaciones que mantienen con terceras partes y cómo debemos actuar enfrente de ellas cuando nos las encontremos. Todas estas cosas nos permiten coordinar más efectivamente nuestras relaciones sociales dentro de un grupo”, resume Dunbar.
La perspectiva tiene su lógica: el sano chusmerío nos previene contra las metidas de pata. Piénsese en la pobre vida social de los “descolgados” que nunca se enteran que falleció la esposa de fulano y le preguntan por ella al doliente, que jamás se acuerdan de saludar a nadie para el cumpleaños y que no tienen ni idea de que zutanita dio luz a una hermosa beba.
Para tener una idea de cuán irresistible es la atracción de la habladuría, incluso en ambientes doctos, el académico monitoreó las conversaciones de una cafetería universitaria. El resultado fue contundente: los tópicos relacionados con relaciones sociales y experiencias personales se llevaron el 70 por ciento del tiempo. La mitad de esto fue dedicado a hablar de terceras partes.
Hace pocas semanas un profesor de gimnasia estuvo en el ojo del huracán. ¿Se acuerda de la historia de los Orozco? Ahora la ciencia dice que la murmuración es salud. Qué cuentan los chismes y cuál es su atractivo secreto.
Pocas noticias corren con tan velocidad como un rumor de pueblo. Se trata de cócteles noticiosos breves, con ingredientes atractivos –una infidelidad, un escándalo, personajes populares en situaciones comprometidas, etc.- y cuyo contenido va mutando en forma vertiginosa a medida que circula.
El éxito, la bondad o la belleza nunca son el centro de la historia. Suelen ser, por el contrario, muestrarios de miseria personal de los protagonistas, lo que permite a los mensajeros sentir una leve superioridad moral al relatar la anécdota.
Hace pocas semanas un profesor de gimnasia estuvo en el ojo del huracán. Fue, como casi siempre sucede, por el encadenamiento de una serie de hechos accidentales. Un joven que vive en su misma cuadra fue detenido, acusado de presuntas actividades pedófilas. Rápidamente se echó a correr la murmuración de que el profesor de gimnasia era un pedófilo, y había sido detenido. Pero la TV nacional empezó a informar sobre el pedófilo, y era un hombre mucho más joven. Entonces, el rumor varió apenas en su contenido: ahora, el detenido era el hijo del profesor.
Todo era un gigantesco error. El profesor de gimnasia no fue nunca detenido, ni tampoco su hijo. Al final, incluso el propio acusado de ser un pedófilo era inocente.
Pero eso no tuvo mucha repercusión. La contrainformación, el proceso de desmentida del rumor, nunca tiene la misma energía que la ola inicial.
►Los Orozco en Mercedes
Los rumores de pueblo pueden ser implacables y feroces. En Mercedes es fácil recordar el caso paradigmático de los Orozco, allá por los 90. Estaba de moda una canción de León Gieco que rezaba: “Son ocho los monos, yo los conozco…”
El rumor, que se esparció por el pueblo como un reguero de pólvora, aseguraba que ocho mercedinos ilustres habían sido sorprendidos haciendo “un trencito” de índole sexual, en una noche de fiesta donde circularon drogas y hubo excesos de todo tipo. La fiesta había sido interrumpida por la policía, por denuncia de una de las esposas, que ante el espectáculo optó por pedir el divorcio.
Palabras más, palabras menos, ésa era la historia. Que hoy, a años vista, puede no sorprender mucho a nadie. Pero en la Mercedes de hace 15 años fue un rumor que sorprendió por su explosiva vitalidad, ya que el chisme se mantuvo en el candelero durante semanas, la historia fue variando y reformulándose, agregando detalles cada vez más sabrosos, y multiplicando a los involucrados. Ya no eranlos ocho del principio, sino que las cifras se inflaron. Al final, medio Mercedes había sido visto en el famoso trencito.
El rumor adquirió ribetes extraordinarios cuando algunos de los principales incluidos en la historia tuvieron que salir a aclarar públicamente que nunca habían estado en los hechos referidos, pero que la persistencia del rumor había destrozado sus vidas. El pueblo parecía encarnizado, morbosamente enamorado de la historia de los “cocainómanos gay”.
Por supuesto que fracasó toda investigación por dar con datos precisos que fundamentaran la historia: no se halló ningún expediente judicial, ninguna denuncia, ningún dato cierto sobre la misteriosa quinta. Como contrapartida estaba la desmentida pública de la supuesta esposa celosa.
La historia de los Orozco en Mercedes probablemente nunca tuvo lugar, o tal vez combina fragmentos de diferentes historias a partir de una suerte de narrativa popular espontánea.
►Las chismosas tienen razón
Las habladurías de pueblo suelen expresar lo peor del espíritu colectivo. “Los chismes –dice Miguel Ruiz- son magia negra de la peor clase, porque son puro veneno. El chismorreo es comparable a un virus informático. Pero con una intención dañina. Utilizamos las palabras para propagar nuestro veneno personal: para expresar rabia, celos, envidia y odio”.
Sin embargo, hace falta entender el origen de su persistente atractivo: compartir chismes nos une con los demás, porque sólo tiene sentido contar historias cuyos protagonistas todos conocemos. “Los únicos chismes interesantes son los que se refieren a personas que uno conoce”, dice con razón Alejandro Dolina (ver aparte).
En algunas tribus indígenas, la principal actividad diaria de algunos miembros consiste en llevar y traer noticias personales: un enfermo, una caída, una discusión entre vecinos, pequeñas y grandes catástrofes domésticas… En la sociedad occidental también podemos reconocer agentes que cumplen las mismas funciones. Los rumores y los chismes, de alguna manera, nos hacen sentir comunidad. Las habladurías entretejen un sentido de pertenencia, y promueven la cohesión social.
Novedosos enfoques científicos le asignan a la murmuración una utilidad social trascendente, al punto que se habla de la “importancia de un buen nivel de chusmerío”. Hay académicos que proclaman el sueño de las viejas chismosas: ahora, ocuparnos de la vida de los demás es una sana práctica. Al parecer, el chisme difunde información que expande nuestra conciencia social, crea lazos afectivos y cultiva redes de relaciones indispensables para nuestra existencia social.
(Continuará)
Vindicación del chisme
Antiguamente el chisme florecía en todos los barrios de la ciudad. Eran épocas en que todos conocían a todos y uno podía recitar sin equivocarse el nombre y apellido de todos los habitantes de la cuadra. Hoy, gracias al progreso, nadie conoce a nadie. Y entonces no tiene sentido chismorrear. Porque los únicos chismes interesantes son los que se refieren a personas que uno conoce. El chisme “Abderramán el Bajarí, habitante de Trípoli, no se baña jamás” carece de todo encanto. Reemplacemos a Abderramán el Bajarí por nuestro cuñado y estaremos en presencia de una estupenda murmuración, de éxito seguro en cualquier ágape.
Los personajes públicos son, para el caso, iguales a nuestros conocidos. Esto ha sido notado con toda inteligencia por el periodismo y así cunden en diarios y revistas, secciones tales que permiten a los espíritus inquietos imponerse del color de la bufanda de Fernando Bravo y de lo que hace Moria Casán ni bien llega a su casa.
Este quizá sea el futuro del chisme. La murmuración masiva. Porque las viejas chismosas van desapareciendo. Acaso el último reducto del chisme directo sea la oficina. Allí todavía se acostumbra a sacar el cuero con la misma alegría de los buenos tiempos.
También están los suburbios, los barrios benditos que aún no han sido ahogados por los rascacielos. Sus pobladores aún mantienen el antiguo espíritu solidario que anima a los sapos de un mismo pozo. Allí todavía se mantiene el saludable interés por el vecino y el chisme crece, vigorosamente.
Cuéntenme chismes, por favor. Cuéntenme que Fulano se jugó el sueldo al pase inglés o que Mengano se tomó dos botellas de oporto en una hora. Entonces sabré que aún queda gente que se conmueve ante la debilidad ajena. Ojalá que el chisme resurja con todas sus fuerzas y esta fría e impenetrable ciudad que estamos construyendo se convierta de golpe en un gigantesco, turbulento y divertido conventillo.
Muchos indicadores científicos apuntan a la irrupción de una tragedia ecológica. Pero lentamente la religión de la tierra va surgiendo, creando conciencia y proponiendo un programa.
¿Es el colapso ambiental de la Isla de Pascua el posible futuro de la Tierra?
Cada vez hay más movilización y conciencia planetaria en torno al tema. Si a los pocos miles de pascuenses les bastaron herramientas de piedra y el poder de sus propios músculos para destruir su sociedad y su medio ambiente ¿cómo los más de 6 mil millones de personas que somos hoy en todo el planeta, con herramientas metálicas y con poderosas máquinas, no podríamos llegar a consecuencias peores?
Hay algunos factores en la historia de la isla que ilustran problemas actuales. Y muchos indicadores científicos que apuntan a la irrupción de una tragedia ecológica y humanitaria en nuestro futuro inmediato.
1. Deforestación. En la actualidad sufrimos deforestación, erosión del suelo, pérdida de fertilidad, y contaminación de agua. La destrucción de los bosques junto a la erosión del suelo y la pérdida de agua, convierten la pérdida del hábitat forestal en un problema acelerado. Los árboles no pueden volver a crecer en lugares donde se ha perdido suelo, y el suelo se regenera a un ritmo mucho menor que el que se pierde. Por tanto, la deforestación puede considerarse un factor de colapso global de nuestra moderna civilización, al igual que lo fue en la isla del Pacífico.
2. Depredación. Un segundo grupo de factores incluye la sobre-caza y la sobre-pesca. Hoy existe una necesidad acelerada de proteínas para alimentar una creciente población humana, y las actuales fuentes de proteína son insuficientes.
Andamos con prisa hacia la extinción en masa de especies de plantas y animales tanto por la depredación de los humanos en busca de comida y recursos como por prácticas de destrucción del hábitat y cambio climático.
Un ejemplo ilustrativo lo cita el teólogo brasileño Leonardo Boff: “La humanidad está hoy consumiendo un 30% más de lo que la Tierra misma puede reponer. En 1961 precisábamos de la mitad de la Tierra para dar respuesta a las demandas humanas. En 1981 se daba un empate, es decir ya necesitábamos a la Tierra entera. En 2008, superamos el 30 %. La Tierra está dando señales inequívocas de que ya no aguanta más”.
”Si se mantiene el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial entre 2-3% por año, como está previsto, en 2050 necesitaríamos dos planetas Tierra para dar respuesta al consumo, lo que es imposible porque contamos con sólo una”.
Otro dato: el consumo está absurdamente concentrado. El 20% más rico
consume el 82.49 % de todas la riqueza de la Tierra y el 20 % más pobre, se tiene que contentar con un minúsculo 1.6%.
3. Crecimiento poblacional. Otro factor de colapso es el crecimiento de la población humana. ¿Puede el planeta acomodar 6.500 millones de personas? Hasta el momento sí. Pero no puede sostener una población de 6.500 millones de personas, todas ellas viviendo el actual estilo de vida de los países ricos.
¿Puede el planeta sostener a 12.000 millones de personas? Es difícil de imaginar, pero en los próximos años veremos qué sucede.
Los nuevos factores
La humanidad presenta también nuevos factores de colapso, que nunca sufrieron las antiguas civilizaciones: calentamiento climático, contaminación ambiental y escasez de energía.
No está claro si la Tierra se auto corregirá de estos desequilibrios, pero el tiempo para que estos problemas se materialicen en los peores miedos puede medirse en menos de un siglo o pocas décadas. Hay quienes pronostican que la Humanidad tiene sólo 10 años de tiempo para torcer el rumbo hacia el desastre.
Entre tanto, eventuales colapsos pueden asumir diversas formas, como contagios masivos de enfermedades o guerras desencadenadas por los recursos ambientales. La sociedad petrolera es un proyecto agotado e inviable, y su derrumbe no estará exento de catástrofes en menor o en mayor escala.
¿Se trata de un escenario de extinción humana o “sólo” de un futuro con bajos estándares de vida? ¿Puede la tecnología salvarnos? ¿Nos colapsaremos en guerras y canibalismo como hicieron los isleños de la Isla de Pascua?
Torciendo la historia
Para muchos, sería posible torcer la historia. Según Jared Diamond, “los Isleños de Pascua no tenían ningún libro y no sabían la historia de ninguna otra sociedad condenada a sucumbir. Al contrario de los pascuenses, nosotros sabemos la historia del pasado -información que podría salvarnos”.
Yann Arthus Bertrand, del director del documental “Home”, formula la misma esperanza. “En unos años nuestros hijos se harán preguntas: ¿Por qué no reaccionaron si conocían los peligros? Todo estaba anunciado: Por qué no actuaron?”
“Pero podrían decir también algo hermoso –razona Bertrand-: “Su actitud fue estupenda. Ante el peligro, tuvieron valor para cambiar su forma de vida. Lo que cuenta son las soluciones encontradas”.
También Leonardo Boff expresa confianza. El teólogo brasilero llama a pensar en otro paradigma de civilización, otras formas de producción y hábitos de consumo. Propone un programa común para salvar la Tierra, impulsando una “bio-civilización” con cuatro ejes esenciales:
- El uso sustentable, responsable y solidario de los limitados recursos y servicios de la naturaleza.
- El control democrático de las relaciones sociales, especialmente sobre los mercados y los capitales especulativos.
- Un ethos mundial nacido del intercambio multicultural, enfatizando en la compasión, la cooperación y la responsabilidad universal.
- La espiritualidad, como dimensión antropológica y no como un monopolio de las religiones. Una conciencia que se siente parte de un Todo mayor, que percibe una Energía poderosa y que representa el sentido supremo de todo.
Boffi, un religioso, impulsa esta plataforma como un llamamiento a la sociedad civil, para que se movilice, presione y promueva los cambios que vienen siempre de abajo. “Confío en eso: -dice: la razón, la prudencia, la sabiduría vendrán de la sociedad civil. Será, también en cuanto al clima, el principal sujeto histórico. Ningún cambio real viene de arriba, sino de abajo”.
Boff, Diamond, Arthus Bertrand, son sólo exponentes de un movimiento formidable que se desarrolla a lo largo y a lo ancho de la tierra. Lentamente, desde la apelación de libros, películas o discos, la religión de la tierra va surgiendo, única y transdisciplinar, multicultural y compleja. Se mezclan científicos, chamanes, activistas, sindicalistas, curas y simples ciudadanos. Se va convirtiendo en una fe que comparten millones de personas, que sueñan no con una tragedia que acabe mal, sino con una crisis que purifique. Y que permita “dar un salto en la dirección de un futuro mejor”.
La misteriosa y aislada civilización del Pacífico destruyó su entorno y se condenó a sí misma. La alienación espiritual no es privilegio del hombre moderno. ¿Imágenes de nuestro futuro planetario?
“En sólo unos siglos, la población de la Isla de Pascua arrasó con su bosque, llevó a la extinción a sus plantas y animales, y condujo a su compleja sociedad a una espiral de caos y canibalismo. ¿Estamos nosotros a punto de sufrir igual suerte?”
Esta es la angustiosa pregunta que el investigador Jared Diamond se pregunta en “El fin de los pascuenses”.
La sociedad que vivió en la Isla de Pascua generó volúmenes de especulación por más de dos siglos y medio, desde su descubrimiento por el mundo occidental en 1722. Entre todas las antiguas civilizaciones desaparecidas, era la más aislada y misteriosa.
La intriga comenzó con sus enormes estatuas de piedra, los maois, de toneladas de peso. Más de 200, en macizas plataformas frente a la costa. Otros 700, abandonados en los caminos o a medio hacer en las canteras, como si los trabajadores hubieran botado sus herramientas y dejado súbitamente el lugar.
La isla, de apenas 100 kilómetros cuadrados, era un pastizal sin un solo arbusto de importancia cuando la pisó el europeo. Y bien lejos de todo. Enclavada en pleno Océano Pacífico, “el trozo de tierra habitable más aislado del mundo”, a más 2.660 km. de la isla más cercana.
¿Cómo había podido desarrollarse una civilización en este páramo? ¿De dónde, en ese pastizal, habían extraído la energía y los materiales para tallar y mover esas gigantescas moles de piedra? ¿Por qué habían desaparecido súbitamente del lugar?
Hasta se aventuró la hipótesis de que seres extraterrestres, extraviados en la isla y posteriormente rescatados, habían sido los autores de las tallas.
Sin embargo, cada vez más disciplinas acumulan información y evidencias sobre una historia más simple: los pascuenses cometieron suicidio ambiental. Destruyeron su bosque, consumieron sus recursos y arruinaron su economía en pocos siglos.
►Réquiem para una tierra fecunda
Diferentes investigaciones reconstruyeron el ambiente de la Isla de Pascua antes de que llegara del hombre. No era un baldío, sino un tupido bosque de grandes árboles, con una rica fauna y flora, y un mar generoso de especies y aves marinas.
Los primeros colonos polinesios se encontraron con una tierra fecunda, de alimentos abundantes, materiales de construcción en cantidad, y amplios habitats. Prosperaron y se multiplicaron.
Después de unos siglos, empezaron a erigir moais en plataformas de piedra, tal como sus antepasados lo habían hecho. Con el paso de los años, los moais se hicieron más grandes, en una espiral de competencia entre clanes.
En su momento de máxima expansión hubo en la isla entre 7 y 20 mil habitantes. La creciente población comenzó a talar el bosque más rápidamente de lo que podía regenerarse. La gente talaba para hacer casas, canoas, leña, herramientas. La gente talaba para cultivar y para todo tipo de fines.
Cuando el bosque desapareció, la vida se volvió mucho más complicada: los arroyos se fueron secando, ya no hubo leña para hacer fuego, y comenzó a ser cada vez más duro encontrar comida. Alimentos que antes eran abundantes, como las aves terrestres y marinas, y los grandes mariscos, fueron desapareciendo. Ya sin troncos para construir canoas, y la captura de peces declinó. Los rendimientos de las cosechas corrieron igual suerte, ya que la deforestación produjo erosión, el suelo se secó con el sol, y sus nutrientes fueron lavados por las lluvias.
La destrucción de los animales de la isla fue tan extrema como la del bosque: sin ninguna excepción, cada especie de ave terrestre se extinguió. Incluso los mariscos fueron sobreexplotados, hasta que la gente tuvo que conformarse con pequeños caracoles en lugar de grandes cangrejos. Las colonias de aves marinas desaparecieron.
Estatuillas de esa época que todavía se conservan muestran gente con mejillas hundidas y costillas visibles, que sugieren que hubo una gran hambruna.
Para reemplazar sus antiguos suministros, los Isleños de Pascua se volcaron a consumir una fuente de carne tabú: los humanos. Las tradiciones orales mencionan corrientemente el canibalismo.
Con la desaparición de excedentes, la Isla de Pascua ya no pudo alimentar a jefes, burócratas y sacerdotes. El caos y las disputas locales reemplazaron al gobierno y una clase de guerreros tomó el poder. La población empezó a colapsar, reduciéndose hasta llegar a ser un décimo de lo que había sido. La gente se fue a vivir en cuevas para protegerse de sus enemigos. Finalmente, los clanes empezaron a derribar los moais de sus rivales…
►“El cuento corto de la tierra”
Dice Diamond: “Mientras intentamos imaginar el colapso de la civilización de Isla de Pascua, nos preguntamos por qué no miraron alrededor y porqué no se detuvieron antes de que fuera demasiado tarde. ¿En qué estaban pensando cuándo talaron la última palma?”.
“Ahora, para nosotros el significado de la Isla de Pascua debiera ser sobrecogedoramente obvio. La Isla de Pascua es el cuento corto de la Tierra. Hoy, de nuevo, una población creciente choca con recursos decrecientes. Tampoco tenemos ninguna válvula de escape por emigración, porque todas las sociedades humanas están unidas, y tampoco podemos escapar al espacio, así como los pascuenses no podían huir por el océano”.
La historia puede ser una elocuente muestra de nuestro futuro como planeta. Retrata, además, que la alienación espiritual no es privilegio del hombre moderno.
La pregunta es: ¿Nos acercamos a un colapso inevitable?
“Hay muy poca distancia entre el hombre más sabio y el más necio”. Nietzsche
La teoría de las inteligencias múltiples es un célebre modelo propuesto por Howard Gardner en el que la inteligencia es considerada como un conjunto de de capacidades, distintas e independientes. Gardner clasifica una lista de ocho diferentes inteligencias, con características definidas y localización específica en el cerebro.
La teoría dice que todos los seres humanos poseen estas ocho inteligencias en mayor o menor medida, y que todas son igualmente importantes. Y además, al definirlas como capacidades, se convierten en destrezas que se pueden desarrollar.
De la aplicación del marco conceptual de Gardner se desprende una mirada totalmente nueva sobre la vida y la inteligencia en general, y también sobre el sistema escolar y la separación tradicional entre “listos” y “tontos” a partir del boletín de calificaciones.
El problema radica en que el sistema escolar vigente no trata y desarrolla todas las inteligencias por igual, sino que prioriza dos de la lista: la inteligencia lógico -matemática y la inteligencia lingüística. Otras capacidades no son medidas, estimuladas ni evaluadas.
La escuela no le dedica el mismo tiempo a desarrollar la inteligencia corporal -kinestésica y la inteligencia lingüística, por poner un ejemplo. En cuanto a la inteligencia emocional (la capacidad de entender y controlar las emociones) la escuela simplemente la ignora.
A nadie le extraña que un alumno tenga que hacer muchos ejercicios para aprender a resolver ecuaciones, sin embargo, no nos planteamos la necesidad de adiestrar a nuestros alumnos en como prestar atención durante una conversación, por ejemplo. Lo que se está planteando ahora por primera vez es que, de la misma manera que practicamos y desarrollamos la capacidad de escribir o la capacidad de hacer deporte podemos desarrollar y practicar el conjunto de capacidades que nos permiten relacionarnos de manera adecuada con el mundo exterior y con nosotros mismos.
►¿Qué tipos de inteligencias tienes?
Gardner define la inteligencia como la “capacidad de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas“. Añade que así como hay muchos tipos de problemas que resolver, también hay muchos tipos de inteligencia.
Gardner y su equipo han identificado ocho tipos distintos:
·Inteligencia lingüística: La tienen escritores, poetas, los buenos redactores. Utiliza ambos hemisferios.
· Inteligencia lógica-matemática: Es la inteligencia que tienen los científicos. Se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio lógico y con lo que la cultura occidental ha considerado siempre como la única inteligencia.
·Inteligencia espacial: La tienen los marineros, pilotos, ingenieros, cirujanos, escultores, arquitectos, decoradores y diseñadores.
· Inteligencia musical: Es la capacidad de cantantes, compositores y músicos.
· Inteligencia corporal-cinestésica: La inteligencia de los deportistas, artesanos, cirujanos y bailarines.
· Inteligencia intrapersonal: Permite entenderse a sí mismo y a los demás. Se la suele encontrar en los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas.
· Inteligencia interpersonal: Tiene que ver con la capacidad de entender a otras personas y trabajar con ellas. Es propia de políticos, profesores, psicólogos y administradores.
· Inteligencia naturalista: Estudia la naturaleza y sabe organizar, clasificar y ordenar. Es la que demuestran los biólogos o los herbolarios.
►No sólo buenas notas
Entonces, la brillantez académica no lo es todo. A la hora de desenvolverse en la vida no basta con tener grandes calificaciones. Hay gente de gran capacidad intelectual pero incapaz de, por ejemplo, elegir bien a sus amigos. Por el contrario, hay gente menos brillante en el colegio que triunfa en el trabajo o en su vida personal.
Triunfar en los negocios, o en los deportes, requiere ser inteligente, pero en cada campo se utiliza un tipo de inteligencia distinto. No mejor ni peor, pero sí distinto. Dicho de otro modo, Einstein no es más ni menos inteligente que Maradona, simplemente sus inteligencias pertenecen a campos diferentes.
Ahora bien: ¿Se pueden medir estos campos? ¿Se puede sacar un “coeficiente de inteligencia múltiple”?
Existe un número “G”, que es el nombre que algunos psicólogos dan a una correlación entre puntajes de pruebas diferentes. Howard, en una entrevista, se muestra escéptico sobre su utilidad. “Evidentemente algunas personas harán este test relativamente mejor que otros”, opina. “Pero que no se puede saber si los que tienen un alto ‘G’ hoy van a hacer mejor las cosas en diferentes pruebas, en diferentes períodos de tiempo y con distintas enseñanzas y recursos”.
“No soy un gran creyente en la importancia de «G», excepto como un predictor del éxito en determinados tipos de puestos de trabajo o en la escuela tal como están organizados en nuestro tiempo”, concluye Howard.
Hacia otro modelo escolar
Un punto importante es la definición de la inteligencia como una capacidad. Esto la convierte en una destreza que se puede desarrollar. Gardner no niega el componente genético, pero sostiene que esas potencialidades se van a desarrollar de una u otra manera dependiendo del medio ambiente y la educación recibida. Y propone cambios radicales en los métodos escolares.
Para Gardner es absurdo que se siga insistiendo en que todos los alumnos aprendan de la misma manera, sabiendo lo que se sabe sobre diferentes estilos de aprendizaje, tipos de inteligencia y estilos de enseñanza.
Además, plantea si una educación centrada en sólo dos tipos de inteligencia es la más adecuada para preparar a los alumnos para vivir en un mundo cada vez más complejo.
“El día depende de tu primer pensamiento”, dice uno de los lemas básicos de la ley. Principios básicos e ideas que se pueden ensayar a diario para mejorar nuestra calidad de vida.
Marcos se levantó mareado producto de una borrachera dañina, y maldijo que tenía que ir a trabajar y ocuparse de cosas que no deseaba. Cuando salió de su casa, un transeúnte apurado casi lo derriba al pasar y se cruzaron insultos. Durante el día, su cara de evidente desagrado sólo le atrajo reacciones de hostilidad y conflictos con quienes lo rodearon. Al mediodía dedujo: “Hoy me levanté con el pie izquierdo”.
Sin saberlo, Marcos experimentó un lema básico de la Ley de la Atracción:“El día depende de tu primer pensamiento”.
Este principio tradicional en religión y teosofía, reactualizado por varias corrientes de la new age, se define como la ley “más poderosa del universo, que se basa en la intención y manifestación. Todo pensamiento vibra, irradia una señal que se corresponde con él. Este proceso se denomina Ley de Atracción, y es esencial para la comprensión de la condición humana. Afirma que somos fuentes de energía, un imán viviente, el hombre es lo que piensa y piensa lo que es, atrae a su vida lo que quiere atraer”.
Básicamente, la ley dice que lo similar atrae lo similar, y se aplica al estado mental del ser humano. Es decir que los pensamientos que una persona posee –conscientes o inconscientes–, las emociones, las creencias y las acciones atraen consecuencias que corresponden a experiencias positivas o negativas. La conclusión que se desprende es que los pensamientos determinan nuestra experiencia.
¿Tiene este principio una aplicación práctica?
En principio, se recomienda “prestar atención a todo pensamiento positivo, que emita una vibración alta. Las vibraciones que ofreces equivalen a lo que pides, lo cual equivale a tu punto de atracción. Donde enfocas tu atención allí estas tú y en ello te conviertes”.
También hay un cierto número de reglas y principios básicos que se pueden ensayar a diario para mejorar nuestra calidad de vida. Sus consejos se entrecruzan con conceptos básicos universalizados de la vida diaria –como “la mala onda”- y con principios religiosos milenarios –como “hay bien sin mirar a quién”-.
►Cuatro reglas básicas - Regla de la Práctica. Establece que si repites constantemente un pensamiento o una acción, se convierte en nuevo hábito. Por lo tanto puedes desarrollar cualquier hábito que consideres deseable o necesario, dado que tu mundo exterior se corresponde a tu mundo interior. La Regla de la Práctica invita a transformarnos y superarnos en todo aquello que percibamos como dañino para nuestro desarrollo personal, mediante la simple repetición de pensamientos o hábitos positivos.
- Regla de la Concentración. Te guste o no, obtienes aquello en lo que piensas. Si prestas atención a lo que piensas y sientes, te será más fácil atraer tu objetivo. La forma más sencilla es imaginar ó visualizar que ya tienes lo que deseas, que ya forma parte de tu experiencia, hacer que tus pensamientos se deleiten con tu experiencia. A medida que practiques esos pensamientos, sistemáticamente emites vibraciones que facilitarán tu objetivo. Enfócate en todo aquello que quieras obtener, concéntrate y visualiza el deseo.
- Regla de la Sustitución. La mente consciente sólo puede procesar un pensamiento por vez. Este principio te permite reemplazar deliberadamente un pensamiento negativo por uno positivo. Si piensas en positivo atraes lo positivo, si piensas en negativo atraes lo negativo. La regla de la sustitución dice que no desgastemos energía en cosas innecesarias como la crítica, la expresión de resentimientos y rencores, etc., y en cambio sustituyamos esos sentimientos negativos por imágenes positivas de nuestra vida que nos permitan una armonía vibratoria con lo que deseamos.
- Regla de la Compensación y Reciprocidad. Cada pensamiento o cosa que hagas, será compensado con algo similar. Si das, recibirás. Si haces el bien, te harán el bien. Si hablas bien de los demás, los demás hablarán bien de ti. Y viceversa. Todo efecto tiene una causa específica, no existen hechos accidentales, vivimos en un universo ordenado, todo se manifiesta desde el interior hacía el exterior. La Regla de la Compensación y Reciprocidad nos viene a decir que tu mundo exterior es un reflejo de tu mundo interior, y nos invita a tratar al mundo como nos gustaría que el mundo nos trate a nosotros.
►Prácticas para la armonía
Sobre la base de estos principios, una organización holística peruana ofrece una serie de recomendaciones para quienes cultivan la Ley de la Atracción:
- Toma ocho vasos con agua al día (2 litros diarios). Esto no es opcional: es obligatorio, si queremos que nuestro cerebro funcione de una manera óptima. Ante el estrés, aumente a 16 vasos.
- Rodéate de plantas y de colores ¿Sabías que una sola planta puede remover partículas contaminantes del aire en un espacio de 9 metros cuadrados? Las plantas aumentan la ionización negativa del aire y lo cargan de oxígeno, aumentando nuestra productividad en un 10%.
- Consume alimentos para el cerebro: varias porciones de fruta y verduras al día.
- Oxigénate. Haz ejercicio, contáctate con la naturaleza, visita lugares donde sientas paz y armonía (mar, ríos, cascadas… camina descalzo por esos lugares).
– Vive el día de hoy como si fuera el último de tu vida, porque uno no sabe si despertara ó si llegará a la noche.
– No critiques, la crítica es el reflejo de uno mismo.
- Practica técnicas de visualización creativa para llegar a tus objetivos.
Y la recomendación final: “Seamos como la flor de loto, que nace en las profundidades de las aguas sucias y sale en busca de luz y hecha una hermosa flor. Busquemos la paz en nosotros mismos para luego ayudar a los demás. Nadie puede condicionar nuestra mente, solamente tú”.
Los atributos tradicionales que definen lo masculino y lo femenino se van disolviendo. Las identidades de género están en plena ebullición creativa. ¿Se borrarán las diferencias entre machos y hembras?
¿Se siente desconcertado ante la proliferación de gays y lesbianas? ¿Ha visto que la vecina sale a trabajar y mantiene la casa, y es el marido quien cuida a los niños? ¿Ha notado que muchas de ellas son más independientes, ven fútbol y toman cerveza, mientras muchos de ellos son más afectivos, se depilan y cuidan su silueta?
No se asuste. Es la reinvención de los sexos, un turbulento pasaje donde los atributos tradicionales que definen lo masculino y lo femenino se van disolviendo y transformando. Las identidades de género están en plena ebullición creativa. La humanidad está llegando a niveles de desarrollo que permitirán liberar a hombres y mujeres de parte de sus determinaciones biológicas, y de una herencia cultural de miles de años.
►Testosterona y Oxitocina
El filósofo norteamericano Ken Wilber pasa revista el fenómeno mediante un análisis que integra saberes multidisciplinarios.
Para empezar, hace falta reconocer que la naturaleza no ha dividido a la especie humana en dos sexos por motivos banales. Hombres y mujeres han sido “socios” por partes iguales en la aventura de la evolución, con resultados claramente exitosos.
El sustrato biológico básico que diferencia a hombres y mujeres pareciera originarse en dos hormonas: la testosterona y la oxitocina. Los estudios realizados sobre la testosterona en los hombres indican que es la responsable de dos impulsos básicos masculinos: fornicar y matar. Mientras que la oxitocina –calificada por algunos como “la droga de las relaciones”- es la que le otorga su impronta a lo femenino: “Induce sentimientos de identificación y relación, y lleva a nutrir, sostener y tocar”.
“No es difícil ver que tanto la testosterona como la oxitocina hunden sus raíces en la evolución biológica y que la primera está ligada a la reproducción y supervivencia, y la segunda a la maternidad”, dice Wilber.
Estos pares opuestos son, desde esta mirada, complementarios y perfectamente funcionales.
Sobre esta base biológica se sustentan las diferencias sexuales que, con el desarrollo cultural y social, se convierten en diferencias de género. La base biológica común explica por qué ciertas constantes propias de cada género tienden a presentarse en culturas muy diversas.¿Cuáles son los atributos tradicionales de lo masculino y lo femenino a través de diferentes culturas?
►Autonomía versus relaciones
Wilber dice: “Hablando en términos generales, existen grandes diferencias entre la esfera de los valores masculinos y la de los valores femeninos. Los hombres tienden hacia la hiperindividualidad, insisten en la importancia de la autonomía, del derecho, de la justicia y de la acción, mientras que las mujeres, por su parte, son más proclives a una conciencia relacional, enfatizan la importancia de la comunidad, del respeto, de la responsabilidad y de la relación”.
“Los hombres, en suma, tienden a subrayar la autonomía y tienen miedo de las relaciones, mientras que las mujeres hacen hincapié en las relaciones y temen la autonomía” , afirma el gran maestro de Colorado.
- “¿Por qué no me habla?”, se quejan las mujeres.
- “¿Por qué no es capaz de manejarse sola?, protestan los hombres.
Estos pares oposicionales definieron buena parte de los diferentes roles que tuvieron hombres y mujeres a través de los diferentes modelos de sociedades que alumbró la historia. Huelga decir que en los últimos cinco mil años éstas fueron mayoritariamente patriarcales, con un fuerte acento en los valores masculinos (ver “Superando el patriarcado”).Sin embargo, la sociedad postindustrial ha cambiado profundamente este panorama. Ya no vivimos en tribus ganaderas, por ejemplo, donde la mujer fue necesariamente excluida del trabajo por la alta tasa de abortos que hubiera sufrido de asumir el rol del hombre. Hoy hombres y mujeres pueden desempeñar las mismas funciones sociales en casi todas las áreas. Por eso, los roles del varón y de la hembra, que “alguna vez fueron completamente necesarios y adecuados, se han convertido en algo obsoleto, restringido y limitado. Así, tanto los hombres como las mujeres están tratando de trascender sus antiguos roles”, dice Wilber.
►Mirándonos en el otro
“Hoy en día hemos llegado a un punto crítico de la evolución, un punto en el que los roles primarios –hiperautonomía para el hombre, hiperrrelación para las mujeres- están siendo, en cierto modo, trascendidos, un punto en el que los hombres deben aprender a aceptar su ser relacional, y las mujeres deben aprender a aceptar su autonomía. Y a lo largo de este proceso, ambos parecen asumir características monstruosas a los ojos del otro”, concluye Wilber.
Mujeres enfocadas al mundo del trabajo y no de la maternidad, hombres orientados a la familia y no a la caza de hembras. Este espectáculo es relativamente nuevo en la historia. Son los moldes que hombres y mujeres pugnan por romper, en su carrera hacia modalidades más integrales de desarrollo humano.
Los emergentes más visibles de este proceso parecen ser hombres más educados y sensibles, y mujeres más definidas por sus propios valores que por las relaciones que mantienen con otros. En general, un rango más amplio de opciones de vida para ambos sexos.
¿Se trata de eliminar las diferencias entre géneros? No, simplemente de equilibrarlas, aprender a valorar los valores de ambos por igual, y cultivar respeto por esa fórmula mágica que la Naturaleza nos regaló para expandirnos por el mundo en compañía.
Superando el patriarcado
En los últimos miles de años la humanidad desarrolló una sociedad orientada hacia el varón, afirma Ken Wilber. Pero no se trata de que los hombres impusieron este tipo de organización a las mujeres, algo así como “un despreciable y brutal estado de cosas que perfectamente podría haber sido de otro modo”. En realidad, determinadas circunstancias hicieron del patriarcado un inevitable status quo durante un largo periodo. La “teoría de la imposición” –que los hombres oprimieron a las mujeres desde el primer día- ofrece una visión deprimente de ambos sexos. Hace falta ver que en cada estadio evolutivo, hombres y mujeres co-crearon las formas sociales de su interacción.
En la actualidad, el patriarcado ha dejado de ser necesario y estamos en condiciones de emprender su “deconstrucción” y establecer un equilibrio más equitativo entre las esferas masculina y femenina, dice el filósofo norteamericano.
La capacidad de experimentar compasión, o de conmovernos hasta las lágrimas por la felicidad o el dolor ajenos, hunde sus raíces en los fundamentos del ser humano.
¿Qué es la empatía? Definida como el entendimiento de las necesidades y emociones ajenas, la empatía es la responsable de que seamos capaces de ponernos en el lugar del otro, de experimentar sentimientos compasivos, de conmovernos hasta las lágrimas por la felicidad o el dolor ajenos.
El simple acto de llorar en el cine es una manifestación de empatía. La psicología ya señaló hace muchos años que la emoción que sentimos ante un film o una obra de teatro reside, básicamente, en un acto de “identificación”, es decir, nos conmovemos cuando consciente o inconscientemente nos imaginamos en el lugar de los protagonistas.
¿Cómo funciona este mecanismo básico de nuestras emociones? La ciencia descubrió hace pocos años que se origina en un sistema neuronal que compartimos con algunos animales: las “neuronas espejo”. Y lo que es más importante: sienta las bases de la solidaridad y el altruismo, los principios fundamentales del tejido social sin el cual la vida humana es imposible.
►Un mecanismo fundamental
En el año 1994, en un laboratorio de Neurociencia de Parma, Italia, un mono jugaba a coger comida de un plato y comérsela. Un monitor reflejaba la actividad cerebral que se producía en la zona promotora de su cerebro. De repente, un humano pasó delante comiendo un helado. Entonces, el monitor mostró que se encendían las mismas zonas cerebrales en el mono que cuando comía él mismo. El jefe de la investigación, Giácomo Rizzolatti, acababa de descubrir las “neuronas espejo”, que se activan no sólo con el movimiento propio, sino con el mismo acto en alguien ajeno.
Experimentos posteriores demostraron que los humanos disponemos de un sistema especular como el de los monos, sólo que más numeroso y complejo. Una de sus funciones es la de imitar acciones. Gracias a esta capacidad, lo aprendemos todo: desde las primeras palabras hasta jugar al fútbol o bailar ballet. Los mecanismos copiativos son una parte fundamental de nuestra constitución como personas.
Desde la óptica del mundo moderno ¿Podemos pensar que reside en este mecanismo el “contagio” emocional que nos produce compartir un concierto en vivo, un ritual religioso o un vibrante partido de fútbol en un estadio repleto de personas? Seguramente que sí, aunque los fenómenos de transferencia emocional pueden ser mucho más complejos y misteriosos.
►Copiando emociones
“La mayoría de las veces, los actos del ser humano encierran un peligro o una oportunidad, son motivo de repudio o de atracción, de miedo o de estupor, de dolor o de placer”, asegura Rizzolatti en su libro “Las neuronas espejo”.
Entonces, cuando observamos los actos de otros, aprendemos a sentir emociones como rabia, dolor, admiración, compasión o esperanza, según el entorno cultural. Según el investigador italiano, esta información sensorial es utilizada después para poner en marcha las respuestas que nos parezcan más oportunas y fomentar la supervivencia.
Aquí se da la mano con Charles Darwin, quien explicó que ciertas emociones básicas (miedo, rabia, sorpresa, dolor) son respuestas aprendidas en el transcurso de la evolución y transferidas genéticamente. Pero otras emociones se aprenden por interacción con los demás.
Todas, sin embargo, son funcionales a la vida individual y colectiva.
►Empatía, solidaridad, altruismo
Las neuronas espejo no sólo nos permiten aprender mediante mecanismos copiativos. También son la base biológica para entender lo que los demás sienten, sentando las bases de la empatía y sus sentimientos asociados: compasión, comprensión, tolerancia, etc. En esas raíces se hunden los principios de la solidaridad, la disposición para hacer nuestros los problemas ajenos y participar en su solución. Finalmente, de esa manera se inicia la constitución del tejido social, fundamental componente de nuestra supervivencia.
Todos estos fenómenos se emparentan con el altruismo, el misterioso impulso de dar sin esperar nada a cambio que es un misterio para la ciencia en el contexto del mundo moderno. Recientemente una investigación reportó que estos sentimientos se originan en una lógica tribal antiquísima y sabia: en tiempos prehistóricos, cuando el hombre vivía en clanes, darle desinteresadamente a un miembro a la tribu era natural. “Todo lo que se da, a la corta o a la larga, vuelve”, era la filosofía básica de esta práctica (que aún inspira a muchas culturas). Hallazgos arqueológicos demuestran la existencia de personas discapacitadas viviendo en entornos tribales la misma expectativa de vida que el resto. La explicación es que la colectividad se hacía cargo de su mantenimiento. Vista desde la modernidad, la práctica era como un seguro de vida que se pagaba no con dinero, sino con servicios.
En suma, cada uno de los sentimientos identificación con el otro ha hecho su parte en la carrera evolutiva de la especie en general, y en la supervivencia de los individuos en particular.
►Recuerdos del mono sabio
La alienación de la vida moderna nos enseña a sentir desde una perspectiva puramente individual y egoísta. Creemos vanidosamente que nuestros logros, virtudes y riquezas son méritos exclusivamente personales. O, desde el extremo opuesto, nos deprimimos al sentimos responsables de nuestros fracasos, defectos y miserias. Arrojados a una despiadada competencia unos contra otros, hombres y mujeres se sienten habitualmente solitarios y desesperados, independientemente del éxito o el fracaso.
Sin embargo, la sabiduría de distintas religiones y tradiciones milenarias, la biología clásica o la más avanzada neurociencia, nos demuestran lo contrario: estamos íntimamente determinados por nuestros antepasados, el entorno social y ambiental. Somos fideos en una sopa común. Sentirnos parte de las alegrías y sufrimientos ajenos reside en nuestra naturaleza primigenia.
Por eso desde nuestro interior más íntimo, sin mediar explicación alguna, y contra la lógica narcisista del “sólo me ocupo de mí mismo”, aparecen los sentimientos de conexión con el prójimo: el impulso de ayudar, la identificación con el dolor ajeno, esas misteriosas ganas de dar sin esperar nada a cambio.
Son emociones que provienen de la lógica de la tribu, del código de conducta básico que llevamos incrustado en los genes desde hace miles de años. No las ahuyentemos: más bien, sigamos sus señales, que para mal o para bien, nos han acompañado sabiamente desde el origen de la aventura humana.
Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado “, dijo Buddha hace miles de años. Los pensamientos determinan nuestra experiencia, afirma una antigua idea religiosa, ahora reactualizada por nuevas tendencias.
¿Ha tenido alguna vez un deja vu de su futuro personal, una visión de su porvenir que luego se cumplió? ¿Vive imaginando proyectos felices que siempre logra concretar? O por el contrario: ¿Se la pasa pronosticando calamidades y sufrimientos que inevitablemente llegan?
Hay antiguas y modernas corrientes de pensamiento que llaman a este fenómeno Ley de la Atracción. Una película muy exitosa del año 2006 –“El Secreto”, distribuida por Internet– reactualizó y le dio difusión masiva a la idea.
“El Secreto es la Ley de la Atracción. Todo lo que llega a su vida usted lo atrae a ella. Y es atraído a usted por virtud de las imágenes que mantiene en su mente. Es lo que usted piensa. Todo aquello que sucede en su mente usted lo atrae hacia sí mismo”.
La forma más sencilla de ver la Ley de la Atracción, es pensar en cada uno de nosotros como un imán que ejerce una atracción. Básicamente, la ley dice que lo similar atrae lo similar.
La Ley de la Atracción se aplica al estado mental del ser humano. Es decir que los pensamientos que una persona posee –conscientes o inconscientes–, las emociones, las creencias y las acciones atraen consecuencias que corresponden a experiencias positivas o negativas. Este proceso es descripto como “vibraciones armoniosas de la ley de la atracción” , y la conclusión que se desprende es que todos obtenemos las cosas en que pensamos. Los pensamientos determinan nuestra experiencia.
¿Es esto posible?
Religión, ciencia y objeciones
Pensar en la Ley de la Atracción como una “ley” científica convencional tiene sus riesgos. La idea tiene antecedentes en el hinduismo y en teosofía, y los partidarios modernos de la ley la derivan de la física cuántica, pero sus críticos recalcan que sus postulados son confusos y no hay método científico alguno para probarlas.
Mucha producción actual sobre este concepto gira en torno a la idea ramplona de la Ley de Atracción como principio para atraer el dinero y el éxito, emparentándose con los manuales de autoayuda y las fórmulas baratas para hacerse millonario. Pero esta perspectiva es la que más objeciones despierta: la Ley sostiene que sus principios se cumplen “siempre y en todos los casos”, aunque es fácil verificar que en estos tiempos mucha gente vive obsesionada con la idea de hacerse rica y apenas un mínimo porcentaje lo logra.
Luego se cuestiona que esta filosofía rompe las nociones de solidaridad social, ya que indirectamente adjudica culpabilidad a los pobres y a los enfermos, que serían los causantes de sus propios padecimientos.
Sin embargo, no se puede negar que buena parte de los postulados de la Ley tienen una gran capacidad explicativa de fenómenos recurrentes en la vida de las personas, si bien mucho más en lo relacionado con el “ser” que con el “tener”.
La influencia de las emociones
Una de las facetas de la Ley de Atracción divide a nuestras emociones en simplemente dos categorías: las negativas –que nos hacen sentir mal- y las positivas –que nos hacen sentir bien-. Experimentar emociones negativas nos acerca a sufrir malas experiencias, y viceversa: “Los pensamientos emiten una vibración magnética que atrae lo correspondiente”.
Es fácil analizar muchas de nuestras experiencias en estos términos, y verificar el efecto de nuestras emociones en los resultados de aquellos que emprendemos. Si los estados depresivos nos empujan al fracaso, los estados mentales positivos son tremendamente fructíferos: “Aquel que habla todo el tiempo de enfermedad, la tiene. Aquel que habla todo el tiempo de prosperidad, la tiene”.
La fuerte voluntad derivada de un pensamiento persistente tiene efectos visibles sobre la realidad. ¿Ha observado cómo la tenacidad de algunas personas les permite llegar a donde desean pese a todos los obstáculos? Pues bien: “Te conviertes en aquello en lo que piensas la mayor parte de tu tiempo”, dice una de las ideas clave de la Ley.
¿El pensamiento crea el mundo? Sea cual sea el proceso intermedio, es innegable que todo cuanto vemos en el mundo humano es producto de nuestras mentes. “Cada vez que piensas, estás en proceso de creación. Algo se va a manifestar como consecuencia de ese pensamiento”.
La Ley puede ser, además, muy inspiradora. Cuando se analiza la vida de muchas personas destacadas de la historia, se comprueba que tenían claras ideas acerca de lo que querían hacer, aunque no cómo hacerlo. Sin embargo, solamente con centrarse en sus ideas y comenzar a actuar, lo lograron. Aquí se cita a Martin Luther King: “No necesitas ver toda la escalera: sólo necesitas empezar a subir con fe los primeros peldaños”.
El juego de las frases célebres
Los cultores de la Ley de la Atracción refuerzan su postura citando frases de personajes célebres que refieren al fenómeno:
• “Creas tu propio universo sobre la marcha.” Winston Churchill.
• “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado “. Buddha.
• “La imaginación lo es todo. Es la vista previa de lo que la vida va a atraer”. Albert Einstein.
• “Cualquier cosa que la mente pueda concebir, puede ser lograda”. W. Clement Stone.
• “Todo poder proviene de dentro, y por consiguiente está bajo nuestro propio control”. Robert Collier.
• “Tanto si piensas que puedes o no puedes, de cualquier forma estás en lo cierto. ” Henry Ford.
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Claudio Guevara es periodista. En esta página cultiva reflexiones sobre relaciones personales, inteligencia emocional y técnicas de bienestar personal.
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