Una visita al pueblo nativo de los Machiguengas

En la terminal Santiago de la ciudad de Cusco, una docena de personas se mantiene nerviosa y a la expectativa. De repente, algo se despierta en ellos cuando un potencial pasajero se acerca. “Quillabamba, Quillabamba para ahorita”, comienzan a gritar y de golpe surgen las peleas por conquistar al cliente. Poco importa si el paso del tiempo materializa la idea de que nos han mentido con la hora de salida; el vendedor se encuentra ocupado en rifar el resto de los asientos.
Así, uno comienza a dar los primeros pasos para salir de la antigua capital de los incas y adentrarse en la zona selvática de Perú. De modo que ahora el paisaje se empequeñece. Algunos cerros nevados dan paso a otros mas pequeños y la vegetación comienza a aparecer paulatinamente. Los caminos se hacen de tierra y luego de unas horas, el verde lo inunda todo.
Son cerca de 17 horas en bus por caminos en zig-zag hasta llegar al poblado de Ivochote. En este punto, los ríos se convierten en rutas y las historias sobre ahogados y botes encallados comienzan a flotar por el aire hasta generar un haz preocupación.
Pero lo que concentra los miedos de los pobladores es el Pongo de Mainique, un lugar extraño y peligroso que alimenta la mayoría de historias y leyendas del pueblo Machiguenga.

En este sitio, los cerros se van angostando, las orillas del río se acercan y el agua se agita violentamente, al igual que las pequeñas embarcaciones que desfilan sobre sus olas. Al final del Pongo, aparece un rostro en la piedra tallado de forma natural y a partir de allí las sierras se disuelven y el paisaje se vuelve completamente llano. Ya es la selva del amazonas.

En total, son 3 horas en barco hasta llegar a Timpía, el poblado Machiguenga que elegimos para conocer. En el camino quedó Sababantieri, otra comunidad que cuenta con una historia aparte, ya que allí fueron asesinados un turista alemán y su guía. El primero de un escopetazo en la sien; el segundo degollado con un machete. Las circunstancias aún hoy permanecen en la oscuridad, pero por lo que se pudo averiguar es que éstos habrían asustado a los nativos sin darse cuenta. Y los Machiguengas, poco acostumbrados al contacto con los extranjeros, habrían reaccionado defensivamente motivados por el miedo. En este poblado, además, la National Geographic filmó un documental sobre el final del 2008.

Siguiendo el rumbo y una vez en Timpía, los pobladores se asoman a sus casas y con miradas curiosas saludan tímidamente a los visitantes. Aquí, el jefe es quien debe aprobar la estadía de los extraños en la comunidad. Y no es sencillo de conseguir este permiso. Pero si se tiene suerte y se actúa con respeto, se consigue finalmente la estadía.

Timpía y su pasado

El origen de este poblado, cuyo nombre significa “Atalaya de los vientos”, se remonta a 1953, cuando un fraile dominico llamado Miguel Matamala convocó a varias familias machiguengas dispersas por la cuenca del río Urubamba. Con varios de estos nativos fundó Timpía. En esa época, la presión de la Iglesia era fuerte, ya que los evangelistas avanzaban cada vez más por la zona y creaban mucha preocupación en la comunidad católica.

Hasta ese entonces, los machiguengas vivían en familias dispersas que circulaban a lo largo de su territorio. De ese modo, los nómades del Urubamba organizaban su vida siguiendo a los cardúmenes por los ríos. La Iglesia, al promover el sedentarismo y agruparlos en comunidades mayores alteró completamente su estilo de vida. Y preparó a Timpía como base pionera para fundar otros pueblos nativos como Sababantieri y Alto Timpía.

Con el tiempo, algunas prácticas como la poligamia fueron erradicas con éxito, mientras que otras, como la ingesta de masato, no pudieron ser combatidas y se mantiene hasta hoy (un fraile intentó eliminar esta bebida por las borracheras que provocaba y casi pierde la vida). 
Así, los machiguengas aprendieron castellano, mejoraron el acceso a la salud y aumentaron paulatinamente su población. También consiguieron que en 1974 el Gobierno reconociera sus derechos como comunidades nativas preexistentes al estado.
Más atrás en el tiempo, la historia parece perderse en un vacío y las dificultades para indagar en el pasado machiguenga sorprenden a más de uno. “Los libros se encuentran en Lima”, señala Santiago, el Padre de la comunidad. De ese manera, el conocimiento se escapa más allá de las fronteras de Cusco y de los andes.
La modernidad llegó como una flecha

Luego de años de relativa tranquilidad, los machiguengas conocieron 3 nuevas palabras que no tenían traducción en su idioma: petróleo, oro y gas. Con ese nuevo vocabulario, los nativos conocerían el progreso de su comunidad como así también las amenazas por el deterioro de su medio ambiente.
La amazonia rebosa de recursos y las empresas se interesan cada vez más en la zona. Hace 7 años, por caso, se instalaron las primeras multinacionales para extraer gas, y por utilizar sus tierras y construir un gasoducto en la selva pagaron US$ 75.000 a los machiguengas. También les suministraron un generador eléctrico, computadoras e Internet.
Y lo que en un principio redundó en beneficios económicos para los nativos, pronto se desnudó y mostró el lado oscuro de la contaminación. Así, fue como una tarde se rompió un gasoducto y el gas licuado se derramó en el río matando buena cantidad de peces y algas. La indemnización no tranquilizó a los nativos que pronto descubrirían otras aristas del mismo problema.
Por eso, más bien que una población que se encuentra aislada de la sociedad con sus costumbres intactas, más bien Timpía lo que muestra es como afecta la globalización a una comunidad indígena con escaso contacto con el mundo externo. Es decir, los machiguengas se hallan en un cisma.

Ahora, la presión por los recursos es cada vez más fuerte y no sólo es el gas, sino el agua, los bosques y los minerales están bajo consideración del Gobierno y de las empresas, lo que motiva nuevas políticas por parte del estado. Por ejemplo, en el Congreso espera para su aprobación un proyecto de Ley que encadena el presupuesto del Ministerio de Defensa al canon y las regalías mineras que se extraigan en el futuro, con lo cual se incorpora a las FF.AA. como otro actor con intereses directos en la explotación de recursos por parte de empresas multinacionales.
El contacto y el aislamiento

Los machiguengas tuvieron relaciones comerciales con los incas, pero nunca se subordinaron al imperio. Quizás, la falta de un poder central en la cuenca del Urubamba dificultó cualquier tipo de conquista. Su dispersión, así, habría sido su mejor defensa. Sea como fuere, los nativos no guardan rencor contra aquella civilización.
Fueron los hombres blancos quienes a principios del silgo XX hicieron descubrir en los nativos el odio y el horror contra otro ser humano. En ese entonces, los caucheros subían los ríos secuestrando mujeres y niños, y asesinando a los adultos hombres. Esta situación motivó que muchos machiguengas se internaran en la selva y cortasen todo contacto con el exterior. A este grupo se los conoce como kogakaporis y aun siguen desnudos por los bosques transmitiendo su miedo al blanco de generación en generación.

Dos expediciones en 2001 y 2002 encontraron a estas personas cerca de la comunidad de Alto Timpía. Pero luego de unos meses del contacto, estos indígenas volvieron a desparecer al interior de la selva.
Como recuerdo último de los machiguengas, nos llevamos la imagen de hombres y mujeres que permanecen de pie por horas, sin mostrarse perturbados por el calor y el sol que los abraza. Siguen descalzos, como lo hacen desde épocas pretéritas, con sus arcos y flechas como estandarte, prácticamente inofensivos para cualquier Gobierno, pero de una fuerza simbólica descomunal.

“Nosotros estamos defendiendo nuestro territorio de este Gobierno que nos está queriendo vender. Como comunidad no queremos eso, sino vivir en paz, como lo hemos hecho desde el principio, cuidando nuestros recursos naturales”. Felipe Semperi Fernández, Presidente del Comité de Lucha de Timpía.
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Quedamos muy impactadospor las fotos y el blog, como sabes captar lasexpresiones de desaliento, de tristeza, de esos pobladores olvidados por la civilizacion,creo que hay que hacer algo popr esta gente y la mejor manera es que estos escritos trasciendan alos medios de difusion,ya que el gobierno no hace nada, es la labor de gente como vos,hacer de puente para lograr algo,ya que asi tambien se ayuda a nuestrosaborigenes del norte que tambien sufren el aislamiento y la desaparicion de sus culturas con el avance “del progreso”que con tamina,mata posterga. Muy bueno Emi, felicitaciones,es realmente crudo y ejemplificador , seguiremos leyendo tu odisea. Un beso grande.