Sobre mi viaje en tierras bolivianas

Dejar Villazón (la primera ciudad luego de la frontera) no fue fácil. Me levanté a las 9, tarde para el tren, temprano para el micro. Encima olvidé el mp3 en el ciber y tuve que esperar a ver si aparecía (cosa que nunca ocurrió). Ómnibus a Uyuni, mi destino, no salían hasta el otro día. Además, una lluvia me demoró en la puerta de un museo.

Así las cosas, estaba decidido a salir de Villazón. Y la opción que surgió fue la de ir a Tupiza, un poblado ubicado a unas 3 horas de ahí. El costo, de 20 bs ($10). Viajé apretado, acosado por las moscas, el olor a coca y la comida local: estaba feliz.

En Tupiza


El que fue a Bolivia, sabe que el costo de cualquier cosa se rige por el patrón precio-cara. Y esa tarde, las boleterías de este pequeño poblado establecieron mi rostro en 60 bs para ir hasta Uyuni. ¿El problema? Además de caro, los micros salían al otro día y eso implicaba más gastos de alojamiento y comida.

Pero fue salir de Villazón para encontrar la suerte. A alguien se le escapó que la estación de tren estaba a 3 cuadras, y aunque este arribaba a las 17:20 y eran las 18:00, perdido por perdido salí con la confianza de aquel que no tiene nada que perder. Y con esa actitud me encontré con el atraso salvador del tren a Uyuni. El boleto: 40 bolivianos, 20 bs menos que el micro, más barato, más rápido, con baños y servicio de cocina. Lo único que no me gustó fueron los asientos que yo llamo “melancólicos”: a medida que uno avanza se ve el paisaje ir, dándole la espalda a lo que está adelante.

El tren viajaba de noche, a buena velocidad por el medio de túneles y paisajes escabrosos, cuando de repente apareció una ciudad oscura construida sobre las montañas: Atocha. El lugar era impactante. Y el avance de la locomotora mostró con crudeza cuál fue durante años su principal actividad económica. Decía crudeza, porque de pronto apareció una tumba, luego otra, otra, y así hasta multiplicarse por miles, ubicadas por toda la altitud y longitud de la sierra. Hablo de una ciudad minera. El tren seguía, y lejos de desaparecer, las lápidas se extendían cada vez más por todas las laderas de las montañas hasta sus cimas. La luz de luna y un silencio profundo terminaban de darle al lugar un aura de espanto y soledad.

Cerca de la medianoche apareció otra estación oscura y más desolada que la anterior. Era Uyuni. De pronto me vi bajando en una ciudad fantasma a la medianoche del altiplano. Descendí y fueron apareciendo otros mochileros que hablaban todos los idiomas menos español. En el ambiente, se respiraba una atmósfera de incertidumbre.

Uyuni nos tiende una mano

Enseguida, mientras muchos se disipaban, se me acercó una señora llamada Eugenia a ofrecerme un tour y alojamiento. No pareció asustarse al discutir los precios en ese horario. Y cuando ya estábamos alejándonos, emergió de la noche una muchacha que reconoció el castellano entre una oscura Babel boliviana. Era argentina, oriunda de Tigre y sólo transmitía destellos de preocupación en su rostro.

Presionando entre los dos, pudimos conseguir que el precio bajara hasta llegar a $ 0. Así, la dueña de la agencia nos dejó dormir en la oficina de la empresa “El Relámpago” sin costo alguno. Además, pudimos conseguir la excursión al salar por un precio muy económico.

Al otro día, muy temprano, salimos con mi nueva compañera (también llamada Eugenia) a recorrer el poblado. Muy pequeña la ciudad, muy árida, pero de una extraña belleza. El tiempo se nos agotó y cerca de las 10 salimos en camioneta para el salar (la única forma de circular por esa zona).

El lugar, inmenso. El tono blanco se perdía en el horizonte. Es que los 12.000 km cuadrados lo convierten en el salar más grande del mundo. Y sólo se puede recorrer una pequeña parte de él.

En el medio del camino paramos en un hotel de Sal, y nos llamó la atención un extraño episodio. En la entrada del establecimiento había un círculo con decenas de banderas de distintos países. En el medio, más alta, se encontraba la de Bolivia. Lo raro, era que debajo de esta bandera, estaba la de EE.UU., en un tamaño “extra grande” (la única que se veía desde lejos era esta bandera roja y blanca con estrellas). Habían sido unos yanquis que, tocados en el espíritu por la igualdad de su insignia frente a las otras naciones, habían decidido sacar una que traían consigo y colgarla en el lugar más alto de la plataforma. Cuando llegamos, una argentina irritada quitaba la bandera norteamericana con bronca y la dejaba en el hotel de Sal.

Más adelante nos topamos con la Isla del Pescado, que en realidad su verdadero nombre es la Isla del Inca. Allí pasaban la noche estos antiguos habitantes, cuando iban en sus excursiones a buscar la sal para sus comidas. Viajaban de noche por el excesivo calor de la zona. Almorzamos carne de llama, y a la tarde fuimos al cementerio de trenes. Con la noche acercándose, volvimos a alojarnos en nuestro hospedaje gratuito.

Continúa el viaje

Dejamos Uyuni con un bronceado brusco y ardiente, y nos dirigimos a Potosí a visitar las minas. Allí también conocimos la Casa de la Moneda, lugar donde hace 400 años se acuñaba con una tecnología rudimentaria el metálico extraído del cerro.

El próximo destino fue Sucre, una ciudad muy linda y tranquila, con muchas casas de estilo colonial y un color rojizo en la tierra que me hacía recordar a Misiones.

De allí tomamos rumbo a Santa Cruz, lugar donde permanecimos una tarde sin hacer noche. Aquí Eugenia se descompuso, y tuve que alternar el rol de periodista y enfermero por unas horas.

Lo cierto es que hacía semanas que Eugenia buscaba a sus amigas. Y el dato que le llegó era que estaban en Villa Tunari. Nada sabíamos de este lugar cercano a Cochabamba, pero de todos modos decidimos que podíamos pasar unos días allí.

Llegamos en la madrugada, con lluvia y con pocas ganas de gastar en alojamiento por sólo unas horas. Así que decidimos dormir un poco frente a una plaza. Al otro día, las nubes comenzaron a disiparse y asomó un cerro cubierto de vegetación. “Mirá, Euge”, le digo, “me parece que esto es medio selvático”. Enseguida, veo algo verde sobre una palmera. Me acerco, y ésta estaba cubierta de cocos. También sentía un ardor en las piernas, y cuando me veo me habían picado los bichos durante la noche por dormir en el piso. Era la primera vez que veíamos selva en nuestro viaje por Bolivia.

Un paraíso en el medio del recorrido

La sorpresa hizo que Villa Tunari fuera para nosotros mucho más que un lugar maravilloso. En las casas sólo había cocoteros y la vegetación desbordaba todo el paisaje. Buscamos un camping y encontramos a José, alias Gusano, que por 5 bs ($2,50) nos dejó tirar las bolsas en su parque. Él era el encargado de turismo de la villa y hacía excursiones a la selva por 100 bs, con el objeto de ver animales y conocer la zona selvática.

Eugenia se quedó durmiendo, agotada por la descompostura, y yo me fui a un parque que estaba a 10 minutos de caminata. Allí pude ver a un oso sudamericano, que mantenían en cautiverio la gente de la reserva. También había monos de distintas especies que se comportaban como niños con los visitantes. Algunos se dormían en los brazos de las personas, otros los abrazaban y tomaban de la mano para caminar. Una experiencia increíble que no pude fotografiar porque cobraban 16 bs para entrar cada cámara.

Averiguando un poco, me enteré que el lugar había sido durante los años 70 y 80 el principal productor de cocaína de Sudamérica (por no decir del mundo). Durante este período, abierto por el dictador Hugo Banzer, se inauguró en Bolivia la época del gran poder para los narcotraficantes. Ahora, la cosa ha cambiado bastante.

Volviendo al relato, en la Villa existía una caída de agua (similar a una cascada), que vertía sus aguas sobre el río Espíritu Santo, un afluente del Amazonas. Uno podía bañarse ahí con toda la vista del lugar y si se quedaba un tiempo más, se encontraba con los pobladores del lugar llenos de historias sobre animales, cocaína, gente ahogada por el río, cacerías, peces gigantes y selvas interminables. También se podía comer algo por unos pocos bolivianos.

Cochabamba y el Carnaval de Oruro

Sin ganas de dejar Villa Tunari nos marchamos a Cochabamba, ya que Eugenia esperaba encontrar a sus amigas en esa ciudad (en la villa al final no estaban). Finalmente, las otras viajeras aparecieron y el grupo se hizo de 4. De ese modo, nos fuimos todos al Carnaval de Oruro sin intenciones de pagar alojamiento (se decía que los precios rondaban los 50 dólares por persona).

Allí el clima era particular. Se respiraba olor a alcohol de diferentes grados, la gente arrojaba con violencia agua en los rostros de los transeúntes y las calles estaban atiborradas de personas. La ciudad estaba de fiesta y nadie quería quedarse afuera.

Debido al caos que reinaba perdí a mis amigas. Solo, me ubiqué en una tribuna para ver las comparsas. Cobraban 100 bs por estar ahí, pero nadie me dijo nada sobre comprar algún ticket, así que me callé la boca y me dediqué a observar.

Luego de 4 horas de estar sentado, me fui a dar una vuelta por Oruro y conocí a Vivian y Cata, las dos chilenas que me acompañarían más adelante a Coroico por el camino del Inca. Ellas, a su vez, me presentaron a un grupo de 10 chilenos que me dejaron dormir gratuitamente en una habitación rentada por ellos hacía unos días.

A la noche fuimos de vuelta al Carnaval, festividad que durante 3 días no para (sólo un rato se descansa desde las 4 a.m. hasta las 9 a.m.). Allí, otros jóvenes de Bolivia, Argentina y demás países se sumaron a una gran fiesta que hicimos en el medio de las comparsas.

Al otro día nos despedimos del Carnaval y partimos para La Paz.

En la cima de Bolivia

La Paz es otra ciudad hermosa. Llegamos temprano y nos encontramos de nuevo con festejos de Carnaval (De hecho, éstos estuvieron presentes en todas las ciudades del país). Hablamos con Miguel, quien nos informó sobre el camino a Coroico y luego caminamos por las calles empedradas.

De pronto, nos topamos con una banda de cumbia y con paceños bailando por doquier. Se ve que llamamos la atención, porque comenzaron a acercarse personas que nos regalaban cerveza y whisky con jugo de mango. Me presentaban sus mujeres y me pedían permiso para bailar con las mías (?), a lo que yo respondía afirmativamente mientras Cata y Vivian observaban con un poco de gracia. Una persona se me acerca y me pregunta de dónde soy. “¡Argentino!” dice, y me da un gran abrazo, “pensé que eras francés”. Enseguida me presenta a su señora. Otros se enteran y se ponen contentos de mi nacionalidad. Me hablan mal de chilenos, y Vivian y Cata que estaban atentas, se hacen pasar por compatriotas y reciben sendos abrazos. Me causó sorpresa cómo nos quieren y supuse que el alcohol tenía un poco que ver. Ya estábamos medios mareados cuando decidimos irnos.

Al día siguiente iniciamos el largo Camino a Coroico. Y a la vuelta, luego de un merecido descanso y una buena ducha, me fui solo a Copacabana.

La Isla del Sol sonríe a sus visitantes


En Copacabana no hay cajeros electrónicos, así que mi situación económica comenzó a deteriorarse en este punto de mi viaje. Junté los bolivianos que tenía y compré una gran bolsa de fideos, unas latas de tuco y pan. Luego me crucé de casualidad con Eugenia, mi antigua compañera que también iba para la isla con sus amigas.

Recién al otro día fui al puerto, para encontrarme con mi destino. El barco salió temprano y ni bien llegó a la isla avisté una playa de arenas blancas donde se podía acampar sin ningún inconveniente. Sin demoras, y con ese paisaje de fondo, organicé mi hogar para los próximos días.

Era el nuevo del vecindario. Enseguida me recibió un argentino, llamado Gastón, que estaba junto a dos tucumanos, Hernán y Diego. A la noche hacían un gran guiso de fideos (no comería otra cosa en los próximos días) y ya estaba invitado. La reunión se hizo en una caseta que alquilaban un cordobés y un neuquino, y la asistencia fue destacable.

Una chilena muy linda, llamada Carolina, me contó que dos franceses habían alquilado un bote y que su intención era llegar remando a la Isla de la Luna. Me llamó la atención el destino. Este lugar es sumamente extraño y pocos turistas llegan allí porque el pasaje es muy caro. En la isla se encuentra un antiguo santuario donde vivían las vírgenes que eran entregadas al rey Inca como una forma de sacrificio. En fin, había escuchado mucho sobre este lugar misterioso pero no estaba en mis planes ir. Ahora, Caro me cuenta que ella y sus dos primas estaban invitadas, y que había lugar para uno más. Ni lo pensé. Partían al otro día temprano, y el único requisito era remar y remar.

A las 9 de la mañana comenzó el itinerario desde la playa norte de la Isla del Sol. Fueron horas de remar bajo el sol para llegar cerca del mediodía a la parte sur. En frente, nos esperaba la Isla de la Luna a una distancia prodigiosa.

Finalmente, fueron 5 horas más en el bote a fuerza de remo para llegar al destino. En la isla, nos recibió un poblador local que nos ofreció alojamiento y un plato de trucha por 15 bs ($7,50). Ya era tarde para volver así que aceptamos la invitación. Con la poca luz que quedaba fuimos a visitar el Templo de la Luna que se encontraba a unos 20 minutos de allí.

Al otro día, hubo que seguir remando para volver a la Isla del Sol. Fueron 6 horas más, y las manos ya las tenía ampolladas. Chilenas y franceses se marcharon de la isla y yo me quedé con la intención de conocer un poco más el lugar. A la noche, un nuevo grupo se formó y fuimos todos al Templo del Sol por un camino iluminado sólo con la luz de la luna. Eran las 2 de la madrugada cuando un poblador local nos quiso frenar y nos pidió el ticket de entrada al templo (valía 10 bs, y nadie lo había pagado obviamente), a lo que respondimos “Flaco, son las 2 de la mañana, ¿que ticket me pedís si las boleterías están cerradas?”.

A la vuelta, nos encontramos con que este poblador, un poco dolido por la respuesta seguramente, había soltado un toro en el angosto camino. Eso nos demoró un poco, pero al final fue bastante sumiso el animal.

Si ocurre que la Isla del Sol sonríe a sus visitantes, a veces ésta también se burla de ellos. Al otro día, estaba jugando al fútbol con unos chicos del lugar cuando me llega una noticia extraña. Un chancho andaba cerca de mi carpa y había revuelto algunas cosas. Cuando compruebo lo ocurrido, veo que la comida (muy poca me quedaba) había desaparecido y que habían muchas cosas tiradas por la playa. El chancho había roto la funda de la bolsa de dormir (donde guardaba los fideos) y se había comido mi alimento gustoso.

Nadie sabía de quién era el animal, así que tuve que ir a hablar con el secretario del pueblo (es como el intendente). Faustino, se llamaba, me explicó que tenía que ir temprano a su casa y había que hacer una rueda de reconocimiento de chanchos, para luego, recién, poder hallar al dueño y que me pague por las cosas. Desistí porque prefería dormir que levantarme temprano.

Al otro día, siento un ruido extraño en mi carpa. Me despierto, abro los ojos y veo un óvalo húmedo sobre la pared de tela. Era el chancho que había venido por su desayuno. Ahora sí estaba enojado, pero no tenía ganas de levantarme así que sólo lo insulté. Ya no volvió más (durante los días siguientes lo vería caminar impunemente por la playa sin saber quién era su dueño).

Ya habían pasado varios días en la playa, y de un día para otro me encontré yo solo en el lugar. Todos se habían ido y yo acampaba en una profunda soledad. Cerca del mediodía pasaron unas chicas, eran mendocinas e iban para Puno (Perú). Hablamos un rato y me dejaron a un perro que las había acompañado desde la parte sur de la isla.

A mi nuevo amigo le puse de nombre “Rubencito” y le di algunos fideos que me sobraron. Mi plan era cargarlo a Cusco y si se portaba bien llevarlo a recorrer Sudamérica. Ni bien terminó de comer, se fue corriendo atrás de unos estadounidenses que volvían a la parte sur de la isla. Definitivamente, con los animales no me llevaba bien en Bolivia.

Luego de 9 días en la Isla del Sol, tomé la decisión de irme. Me despedí de Berta, y sus dos hijos (quienes me dejaban cocinar en su casa gratis porque decían que era pobre), y luego de Natalia y Camila, dos amigas que me dieron de comer en los últimos días de mi estadía.

Lo último que conocí de Bolivia fue un policía de frontera que me cobró una “colaboración” de 10 bs, por no tener certificado de fiebre amarilla. De ese modo, me despedí de este hermoso país.

Bolivia escribe su propia historia

Una cuestión que me causó asombró fue el fuerte impulso que se le está dando a la educación. Prácticamente todos los chicos con los que hablé iban al colegio y no habían repetido ningún año. El Gobierno estableció una subvención de 200 bs por niño que ayuda a las madres en su educación. Hasta hace unos años, Bolivia era uno de los países con mayor analfabetismo de Sudamérica.

Para terminar con este país, quiero dejar el testimonio de un niño que me crucé en Villazón. Le pregunté si iba a la escuela y si sabía escribir. Me responde que sí. Le digo que me escriba algo, lo que quiera. A lo que toma mi cuaderno y escribe lo siguiente:

Algunas líneas sobre el Che

A pedido del lector Horacio Ronconi, me puse a indagar acerca de qué opinión tienen los bolivianos sobre el “Che” Guevara.

En general, las personas no tenían una postura definida y muchos no sabían qué responder. En realidad, parece que tienen un vacío frente a este tema. En las ciudades quizás uno puede hallar opiniones más consolidadas, pero es difícil. Lo que es seguro, es que encontrar a alguien que tenga una valoración negativa sobre el Che es casi un hallazgo.

Hablando sobre el tema, una persona me pregunta si fui a la Higuera.

-No, ¿para qué? -digo.

-Bueno, ahí es donde él murió. ¿No tenías ganas de ver dónde fue?

-¿Y no es preferible ver dónde vivió?


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naim-casares

Me gustó la temática que abordás.. te agregué para leerte con mas tiempo.

Un Beso !

FRAN
Marzo 13, 2009, 1:12 am, Reportar este Comentario FRAN dijo

COMPAY! TREMENDOS ANIMALES CHANCHOS! GUEY!
SABÍA LA APUESTA DE EVO A LA EDUCACIÓN, SE TE QUIERE EVOOOOOOOOOO!

Erica
Marzo 13, 2009, 10:32 am, Reportar este Comentario Erica dijo

Ay Emi, todavía no pude leer con atención todo y ya tengo lágrimas en ls ojos!..que historias chango..
Que es ese oso-tapir-extraño de la foto???

Maru
Marzo 13, 2009, 11:04 am, Reportar este Comentario Maru dijo

Emi
Emi
ay no puedo hablar… no podés zafar de las Eugenias jajajajaajajaj
Emi tengo una historia muy cachivache para contarte
pero a la vuelta. Tenemos toda la vida para hablar. Te quiero seguir leyendo. Te quiero. Te quiero.

Erica
Marzo 13, 2009, 12:34 pm, Reportar este Comentario Erica dijo

Primero me emocioné muchísimo con todo lo que contas y despúes me descuajeringué de la risa con lo del chancho perseguidor y la rueda de reconocimiento! pobre emi…te vas a volver zoofóbico! jajaaa…
Besos y abrazos!

toba
Marzo 13, 2009, 5:54 pm, Reportar este Comentario toba dijo

maestro, que viaje, que historias, me haces 15 años mas joven y muy feliz, ESO ES VIAJAR, te diste cuenta cuantos años estas cumpliendo a cada semana ?

Te sigo leyendo, esribi mas seguido y mas corto, me debes 2 horas de laburo ja ja ja ja

viajante

Hola Naim, gracias por pasar por acá. Yo tampoco ando con mucho tiempo, pero igual le pegué una mirada a tu blog. Con más tiempo lo leeré profundamente. Fran fijáte en las fotos mías (al costado donde dice FOTOS DE MI VIAJE) y verás una autentica paseadora de chanchos de la Isla del Sol. Eri, el animal ese es un oso sudamericano, le saqué una foto en la reserva de Villa Tunari. En las montañas viven libremente y dicen que no son agresivos con las personas. Ese tenía 2 años y lo cuidaba un chico de 21. Estaba medio asustado el flaco porque en un tiempo pasaría a medir más de 2 metros y no sabían como lo iban a manejar. Maru, viste, me zarpé esta vez. Estuve casi 5 horas en el cyber y conté solo algunas cosas del viaje. Bastante apurado y sin tiempo para limar asperezas. Pero bueno, el viaje sigue y no puedo perder más tiempo. Toba, que bueno eso que me decís. Ya debo andar por los 6 años de vivencias en solo 1 mes. Prometo escribir más corto, pero ojo, al final de cada país se viene un choclo como este. Así que preparáte para perder más horas…

Maxi
Marzo 14, 2009, 4:20 am, Reportar este Comentario Maxi dijo

Amigo a mi me conviene q escribas mucho eh…aca en el laburo de noche hay veces que no hay mucho que hacer y me acabas de hacer pasar bastante tiempo…hay que tirar hasta las 7 je…
La verdad no me llama la atencion tu capacidad de ahorro en alojamiento y comida, no solo para vos sino tambien para los chanchos jaja…y te repito no me llama la atencion, pero realmente sí me asombra…recorriste más de Bolivia que lo que habias planeado no???ojala que conozca de la misma manera el resto del continente, confio plenamente en que lo puedas hacer…
desp te mando mail, abrazo amigo, cuidate, y hasta la vuelta!!!

mama
Marzo 15, 2009, 2:59 pm, Reportar este Comentario mama dijo

Hay Emi: No puedo creer todo lo que viviste!Parece que te gusto la isla(9 dias!) lo que mas me gusta es ese contacto con la gente del lugar que nose tiene cuando se viaja en excursion,ojhala yo hubiera podido a tu edad haber hecho un viaje asi,siempre me gusto saber de los lugareñospero cuando uno esta supeditado a lo que te ofrecen es dificil hacer rancho aparte,esta buenisimo como experiencia de vida,cuando vuelvas te dejo la economia de la casa a vos,ya que podes vivir con tan poco…..(?) que raro que no se les ocurrio carnear el chancho..!que festin ! Me impacto lo de Atocha,tanta gente murio alli?, bueno,espero tu proximo relato y que sea tan jugoso como este,cada vez son mas interesantes…un besote

naim-casares

Hola Emiliano: gracias por tu pronta respuesta.

Buen regreso si ?

Besos !

jo
Marzo 16, 2009, 4:38 pm, Reportar este Comentario jo dijo

emii me encanta como escribis.. me tuve que ir perdon.. me quede con ganas de hablar con vos..
un beso enorme, cuidate

viajante
Marzo 19, 2009, 5:36 pm, Reportar este Comentario viajante dijo

Hola Maxi, ni yo pensaba recorrer tanto Bolivia, pero bueno, el camino no es tan largo como parece. Siempre y cuando la capacidad de ahorro sea ejercitada… Vieja, el chancho salía como 900 bs, un poco caro para sacrificarlo. Gracias Jo!, en breve algo de Machu Pichu y muchas fotos!

pierina
Marzo 20, 2009, 3:31 pm, Reportar este Comentario pierina dijo

hola emiliano lei tu pagina y la verdad esta muy interesante me encantaron las fotos…………… esta muy bueno y la pregunta es:
¿hasta cuando te quedas en cusco-peru? y la otra es:
¿de peru a donde te vas?
cuidate besos

gabi-
Marzo 22, 2009, 3:56 pm, Reportar este Comentario gabi- dijo

Qué bueno saber sobre estos lugares. Ya q no se puede ir allí, entre las fotos y tu relato voy conociendo,je.
Gracias!
Un beso!

tincho
Marzo 23, 2009, 10:59 pm, Reportar este Comentario tincho dijo

“con la confianza de aquel que no tiene nada que perder” que bueno que hayas pensado en eso, hay una cosa que tiene el viajante mochilero que es lo bueno de poder toparse con gente y con la verdadera cultura de otros paises, pero sobre todo lo mas importante es que el viajante camina y recorre sin temor, quizas pasando muy cerca de lugares comprometidos, pero la curiosidad y las ganas van mas alla, asique amiguito siga con la confianza de aquel que no tiene nada que perder!!!

PD buen chivo de narvelia!

malvina mariani
Agosto 12, 2009, 10:09 pm, Reportar este Comentario malvina mariani dijo

Hola emi!!! La verdad que quiero felicitartarte, lograste lo que muchos sueñan pero a su vez por diversos temores no se animan a concretar, es un viaje que te va a llenar de sactisfacciones, sabiduria pero tbn te forzara a hacer frente a las mas crudas experiencias y a explorar los rincones desde adentro, por eso quiero desearte los mejores augurios, y todas las fuerzas en este viaje grandioso que emprendiste, un abrazo enorme!!!!
Me quiero poner al dia con tus relatos, me esta resultando mas atractivo que mi serie favorita lost jajajajajaj BESOTES !!!!

ROBERTO
Agosto 25, 2009, 8:15 pm, Reportar este Comentario ROBERTO dijo

EMI,una gran alegria me causo ser parte de tu excelente diario,somos viajeros y me trajiste el inigualable recuerdo de la mochila,jaja!cuando te conocimos esa noche en ISABELLA(grupo ARGENTINO de viajeros en moto ) no dude q tenias fibra y ansiedad para tamaña aventura viejo,no importa donde estes ahora ni cuando regresas…con recuerdos como estos no se regresa jamás,nos quedamos a vivir allí el resto de la vida!!!te sigo,te felicito y lo mejor para vos amigo!!!!!

Ruth
Noviembre 25, 2009, 7:02 am, Reportar este Comentario Ruth dijo

Hola, que lujo viajar por casi toda Bolivia y sin mucha inversión jeje…
Respecto de tu comentario acerca del Che, te diria que en Bolivia saben mucho mas de él que en Argentina. En Bolivia se aprende en el colegio, en la casa, en el cuartel… y aca en Argentina en mi vida estudiantil jardin, colegio y universidad si lo oí nombrar dos veces es mucho.
Mi comentario es simplemente para reforzar tu respuesta esa q le dijiste que querias conocer donde vivio y no donde murio…
Saludos

Claudia
Enero 14, 2011, 4:23 pm, Reportar este Comentario Claudia dijo

muy bueno el post, felicidades por estas experiencias!! Qué bueno saber sobre estos lugares maravillosos que nos ofrece Bolivia.
Éxitos-Hotel barato en Bolivia

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