¿Lo conocen a Scola? Ala pivote argentino, de perfil bajo. Crack dentro y fuera de las canchas. Figura ya consolidada de Houston Rockets. Beneficiario de un contrato multimillonario, por cinco temporadas. Todos datos obvios. Bueno, la cuestión es que parece que en Estados Unidos no lo conocen. Es que Luifa todavía está en Argentina porque no puede volver al país de norte porque no tiene la visa. Y no me refiero a la tarjeta de crédito, claro. Contó Luifa, en el programa Basta de Todo (FM 95.1), que pidió turno “hace varios meses” en la embajada y que recién lo atenderán el próximo jueves. “Llego justo para el día de atención a la prensa, que es el 24″, contó, preocupado. Increíble. Les dejo un extracto del audio, en el que cuenta qué quiere que sean sus hijos de grandes. ¿Basquetbolistas? ¿Futbolistas? Nada eso…
Diego Gerbaudo intenta volver a ser el que debutó a los 15 años en la Liga Nacional, el que sedujo al Real Madrid, el que pintaba para crack. Con 21 años, el pibe de James Craik llegó a Atenas con la ilusión renovada. Y al menos en el debut en la Copa Argentina se fue con una doble sonrisa, no sólo porque su equipo venció cómodo (82-59) a Adelante Reconquista sino tambíén debido a que anotó un triple desde su propia línea de tres. Les recomiendo que vean el video, que gracias al sitio Live basketball store, podemos disfrutar. Espectacular.
Ausente en Turquía con argumentos muy poco convincentes, que rozaron lo penoso y dejaron claro que eligió los millones que le pagará Los Angeles por sobre la chance de lograr un bicampeonato con su selección, Pau Gasol sí estuvo en Estambul, pero para comentar por TV los partidos de su equipo. De arranque, una decisión cuanto menos polémica. Pero no hubiera sido merecedor de este post de no haber sido que encima, en varios de los encuentros, al pivote se le salió la cadena y fue muy crítico con su equipo. Concretamente, habló de “confusión” en cuestiones de juego y de ”falta de actitud” de sus compañeros. Cierto es que no son carmelitas descalzas los 12 que llevó Scariolo. Tan cierto como que lo del mayor de los Gasol fue patético.
Ya lo dijo Magnano y desde aquí se suscribe. “No hay peor jugador que el que no quiere estar”. Y este caso no es la excepción. No hubo nadie en el plantel español peor que Pau Gasol, porque al menos, aunque con mayores limitaciones, pusieron la cara. El, lamentablemente, se borró para estar Okm de cara a la próxima temporada de la NBA. Su elección.
Pero no se quedó satisfecho Gasol y cometió otra torpeza más. Es que los días que trasncurrieron post mundial no le alcanzaron para acomodar sus ideas y ser más comprensivo con sus (¿ex?) compañeros. Así, en una nota con Mundo Deportivo, el de los Lakers ratificó todos sus dichos realizados como comentarista. Y, claro, tampoco iba a ser todo. Porque cuando le preguntaron si podían contar con él para el próximo Eurobásquet, dio a entender que será muy difícil: “Me gustaría, pero no puedo garantizar nada“. Acaso ya sepa cuán cansado va a terminar y que va necesitar vacaciones… Un auténtico caradura.
Para los seguidores de Vale Tres resulta sencillo entender el por qué de este título. Decir que no es lo mismo ser quintos que octavos resulta una obviedad. Pero más allá de eso, se resalta por una cuestión que tiene que ver con la diferencia de actitud que implica terminar en una u otra posición. Se podría haber perdido hoy contra España y el concepto seguiría siendo el mismo: en Argentina no hubo desgano ni jugadores que se acostaron tarde por irse con señoritas por las noches, algo de lo que no se pueden jactar otros seleccionados (a buen entendedor..). Presente estuvo, una vez más, esa preciosa mezcla de profesionalismo y amor propio que este grupo ha demostrado siempre. Duele todavía ese cruce con Lituania y seguramente, pese al paso del tiempo, seguirá doliendo. Es inevitable. Pero el orgullo que se siente por este equipo argentino, por esta forma de entender la vida, por saber que este legado perdurará indeleble para las próximas generaciones permite aliviarlo.
Todos -absolutamente todos- quienes fuimos contemporáneos a esta camada, debemos encargarnos de enseñarles a los que vendrán que un quinto puesto, en estas circunstancias, también se llama ganar. Los libros de historia del deporte dirán que el campeón fue EE.UU. (por cierto: no me equivoqué al no haberlos subestimado pese a las bajas) pero ganadores hubo varios. Y no sólo nosotros, los argentinos, ganamos. Los turcos, por ejemplo, que además de la pasión ya conocida desplegaron un básquet de juego en equipo sumamente interesante y no fueron campeones sólo porque tuvieron enfrente a la fórmula talento+sacrificio+hambre de gloria alcanzada por Mike Krzyzewski.
Serbia, la víctima de Turquía en las semis, también tiene motivos para sonreír y mucha esperanza de cara a lo que se viene a partir de algo que desde este lugar del mundo se envidia sanamente: una cantera inagotable de jugadores.
También fue campeón Lituania, cómo no. Ya con sólo pensar que no contó con tantas figuras históricas y que igual tuvo diez jugadores en gran nivel en el Mundial despierta admiración. Ese básquet total que desplegó en el duelo con Argentina será muy dificil de olvidar a raíz de que pocos se dieron el lujo de someter con tamaña autoridad a este equipo.
Brasil también fue campeón. Aunque alguno apele al clásico resultado (no superó el 16° lugar), este equipo vino a Turquía con el objetivo de sumar condimentos para saborear un plato fuerte en el futuro. No estaba para campeón Brasil, ni mucho menos. Pero tampoco para irse en octavos. De no haberle tocado bailar con la más fea hubiera sido distinta la cuestión. Y el mismo que apeló al resultado para desvalorizarlo, ahora estaría elogiando a Magnano y cía…
El repaso podría extenderse al resto de los equipos y seguramente se encontrarían más ganadores que perdedores. Pues ganador también es el que no se guarda nada, el que entrega todo su potencial y energía por un objetivo, ya sea el título, llegar a las semifinales,clasificar a octavos, o no quedar último en su grupo.
Por eso, cuando Scola dice “No tengo un cuarto más para dar” no queda otra que decirle: gracias Luifa, gracias jugadores, este equipo argentino fue campeón.
Ya está. Lituania pasó por arriba a Argentina y es semifinalista. Bien por ellos. Fueron mejores. Son mejores individualmente y hoy también lo fueron como equipo. La chance y esperanza de ver a la Selección otra vez entre los cuatro mejores se sustentaba justamente en que se marcaran diferencias a través del juego en conjunto, como sucedió el martes, contra Brasil. Hoy, lamentablemente, no se pudo. Pero no hay nada que reclamar, todo lo contrario: mucho por agradecer. Y, también, un esfuerzo más que pedir: mañana, ante Rusia, hay que ir con todo por el quinto puesto. No es poco, muchachos, aunque ahora suene así. A levantarse y jugar otra final. Este equipo se lo merece.
Si viajamos antes del 28 de agosto y decimos que España se iba a quedar afuera del Mundial en los cuartos de final, seguramente diríamos que fue una sorpresa. ¿Pero realmente lo fue la caída del campeón del mundo ante Serbia por 92-89? Creo que no. Porque los españoles llegaron a los tumbos a la ronda de los mejores ocho, acumulando dos derrotas inesperadas en la fase de grupos (Francia y Lituania) y con muchos fantasmas en el juego. Y su rival fue un equipazo. La cantera de la ex Yugoslavia es inagotable y por eso Serbia está disfrutando de una excelente camada dueña de un enorme futuro. Es el equipo con promedio de edad más bajo en Turquía (23.5) y la media de altura es 2m04. Todos los jugadores toman decisiones importantes, a ninguno les quema la mano para tirar y generalmente la meten. Pura versatilidad en el equipo serbio, que no siente para nada la rotación y que tiene una grandísima participación de los suplentes. ¿Algo de nostalgia? Puede ser, cualquier parecido con el comienzo de una historia brillante de un grupo de guerreros con camiseta celeste y blanca en tierras estadounidenses allá por el 2002 es pura coincidencia.
Serbia dominó durante todo el partido a España. Y si llegaron a un final cerrado fue porque los españoles tuvieron a un brillante Juan Carlos Navarro y porque tiraron toda la chapa de campeón. La moneda cayó para el lado serbio con un triplazo descomunal de Teodosic, que la tuvo casi 24 segundos y la clavó de frente al aro y desde más de 8 metros en la cara de Garbajosa. Tremendo.
Gran semifinal la que se viene el sábado ante Turquía. El local volvió a aplastar a un rival (95-68 a Eslovenia) y está cada vez más firme. La ilusión de conseguir algo importante tiene muchos fundamentos. ¿Aguantará la presión de las 15.000 personas que convertirán en una caldera el Sinan Erdem de Estambul?
Les pido disculpas, señores. Esta vez, como pocas veces, no puedo explicar con palabras lo que los 12 tipos me hicieron sentir con ese triunfo que quedará en la historia. Leandro ya lo plasmó más abajo y enumeró mil razones para festejar. Lamentablemente yo no puedo. Estoy profundamente conmovido. Seis horas después de finalizado el partido, pienso en lo que pasó hoy en Estambul y se me salen las lágrimas de la emoción. ¡Gracias Argentina por esta alegría! Ya nada será igual, otra vez Brasil afuera. A disfrutar y a seguir soñando…
¿Cómo no prepararse de manera especial si en los octavos de final nos tocaba Brasil, el clásico rival que siempre complica? ¿Cómo no preocuparse si el técnico rival es un viejo conocido como Rubén Magnano, aquel cordobés que desde el banco puso a la Argentina en lo más alto? ¿Cómo no sentirse un hincha más con el ya típico “tarareo” del Himno antes del comienzo? ¿Cómo no empezar a sufrir de entrada, si el arranque es frenético y se da el partido que no esperábamos, con los ataques por sobre las defensas? ¿Cómo no transpirar si Leandrinho y Marcelo Huertas están intratables en el primer cuarto, y encima Prigioni hace dos faltas rápidamente? ¿Cómo no aliviarse si Scola responde como lo había hecho en la primera fase y Delfino tiene la mano caliente con los triples, lo que nivela el primer cuarto? ¿Cómo no gritar el triple de Leo Gutiérrez, que entra y la mete a 1m26 del final del primer tiempo para que Argentina sacara la máxima de seis (46-40)? ¿Cómo no lamentarse por ese inesperado parcial de 8-0 en el cierre del segundo cuarto que deja a Brasil arriba en el descanso largo? ¿Cómo no alarmarse si la sequía nacional se prolonga en el inicio del tercer cuarto y los brasileños se escapan (53-46)? ¿Cómo no festejar si el capitán y Carlitos salen al rescate y devuelven al equipo al partido? ¿Cómo no comerse los dedos si el marcador antes de los últimos 10 minutos indica un empate en 66? ¿Cómo no acordarse de algún familar de Leandrinho, quien estuvo afuera casi todo el tercer cuarto por faltas y en el arranque del último clava dos triples seguidos? ¿Cómo no gritar “Bien, Pancho” si Jasen despeja sus propios fantasmas y empareja todo con dos bombazos de 6m25? ¿Cómo no volver a sonreir con otra bomba de Leo, que pone a Argentina arriba (77-74) por primera vez después de mucho tiempo? ¿Cómo no confiar en un buen final para los últimos tres minutos si el número 4 de los de blanco es nuestro? ¿Cómo no levantarse de la silla si Scola y Prigioni juegan su característico pick and roll y Luis la mete desde cinco metros, y en la siguiente jugada, lo deja pintado a Varejao y mete un ganchito bien volado contra el tablero para ponerse (85-79) a dos minutos? ¿Cómo no maldecir a Huertas, que volvió a meterla de tres y sigue jugando su mejor partido del torneo? ¿Cómo no agarrarse la cabeza si Marcelinho mete dos libres y pone a Brasil a sólo un punto (85-84)? ¿Cómo no hablar de Luifa otra vez, si vuelve a sacar a pasear a Anderson en la pintura para otro doble, si después le roba una pelota a Leandrinho y para rematarlo, quema la red con otro tiro frontal desde casi seis metros para explotar con un salto y un grito de “Golazooo, Luis”? ¿Cómo no sentirse aliviado si el Lancha y el capitán lo cierran desde la línea? ¿Cómo no respirar profundo si el marcador final dice “Argentina 93-Brasil 89″?
¿Cómo no querer estar ahí, en el Sinan Erdem de Estambul, y prenderse con el “esta es la banda de la Argentina, está bailando de la cabeza, su mueve para acá, se mueve para allá, está es la banda más loca que hay” que entonan juntos esas 12 fieras que defienden la camiseta de frente al grupo de hinchas argentinos? ¿Cómo no festejar que Scola tuvo su noche inmejorable con la Selección, sumando 37 puntos para romper el récord de puntos de un argentino en un partido mundialista; que Delfino volvió a ser la segunda guitarra perfecta para el recital de Luifa; que Oberto volvió después de cuatro partidos como si ese maldito virus nunca hubiese existido, sumando con los números que se ven en la planilla y también en las cosas que no quedan reflejadas ahí, como la constante lucha debajo de los aros, las cortinas y el sacrificio; y que Jasen por fin demostró todo lo bueno que viene haciendo en la Liga de España y tuvo su mejor juego del certamen, siendo el tercer goleador argentino y luchando con todo en defensa? ¿Cómo no compartir la sensación de Carlitos, a quien se la “salió la cadena” y definió el triunfo “como un polvo? ¿Cómo no disfrutar de esta hermosa Generación Dorada del básquet, la que día a día nos hace buscar nuevos adjetivos para definir su grandeza? ¿Y cómo no desparramar alguna lágrima o tener los ojos vidriosos con la entrega, el corazón y la pasión que nos hizo vivir la Selección Argentina en esta jornada plagada de sensaciones, sencillamente inolvidable?
¿Ah, el jueves ya se viene Lituania por los cuartos de final? Bueno, ya habrá tiempo para pensar en los europeos. Hoy toca disfrutar una vez más con este equipo que, más allá de los resultados, genera una linda sensación de orgullo.
Leandro Ginóbili, comentarista para la TV Pública, acaba de postear este video en su Twitter… A cinco minutos del gran duelo ante Brasil, nada mejor que esto para meterse en clima…
De Ignacio Ortelli
Periodista. Trabaja desde 2005 en Clarín.com, donde es Redactor de la Sección Deportes. También escribió para Olé.com.ar desde octubre de 2005 hasta marzo de 2009. En radio fue uno de los creadores e integrante del programa Cortina Ciega. En 2006 recibió el Premio Estímulo al Periodismo Joven en el rubro Medios Digitales, otorgado por DeporTEA. Mediante Vale Tres intenta contribuir en la difusión del básquetbol en Argentina.
Contacto: valetres@live.com.ar
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