Cuando los uniformes verdinegros, negros o pardos de toda clase de gángsters, pistoleros, asesinos y desclasados comenzaron a recorrer callejones y avenidas de las ciudades alemanas y austríacas.
Armados de cachiporras, palos, cadenas, bombas incendiarias y armas de fuego, calzados con botas con punteras de acero que atronaban contra el adoquinado de las calles, organizados [...]