Amar de un modo extravagante como pueden amar los grandes artistas implica, a veces, que uno de los integrantes de la pareja permanezca para siempre niño y un día sea engullido por el otro. Por suerte, la vida con su fuerza de realización, evolución y cambio nos pide que ampliemos la vivienda e incorporemos una habitación para el niño/niña, otra para el adulto/la adulta y otra para el padre/la madre. El niño/niña se juega y se equivoca, el adulto/la adulta observa y el padre/la madre limita. Error, observación y ley permiten una vida más amable, alegre y vital. Hace alrededor de siete años, leí una novela corta de la escritora mejicana Elena Poniatowska: Querido Diego, te abraza Quiela. El relato de lo que podríamos llamar un amor extravagante, en el sentido de ilusorio más que de extraordinario. Y estas fueron las palabras que me despertó aquella lectura:
El de Quiela más que un sobrenombre es una pregunta en francés que torpemente se traduce a una grafía en español: Qui é lá? Un sobrenombre con el que un desesperado bautizó a su tabla de salvación, su cielo, su otro. Diego Rivera llamó así a la mujer que lo acompañó durante 10 años durante su exilio en Francia. Ese salvaje mejicano enorme y llamativo encontró la mano de una mujer que lo guió en los primeros pasos de su carrera artística, casi como una madre. Mujer-madre, en el sentido junguiano mujer-ánima, Quiela es lo que se podría considerar una mujer-alma.Angelina Beloff era también una promesa en sus años de juventud en Rusia. Luego de ser abandonada por Rivera, eligió el camino del arte con todas sus consecuencias: “la pobreza, las aflicciones y una cuota de manutención que le llegaba puntualmente del que fuera su marido de hecho”
Seguramente, no importaba a Diego llegar a saber quién era esa mujer que estaba a su lado, una mujer que le dio todo sin pedir nada, sumida en un sueño amoroso que le permitió tolerar los dolores más terribles – cabe mencionar la pérdida de su bebé en un invierno cruelmente frío. Como una estoica, Angelina soportó la muerte de su hijo con una fuerza desconocida para ella misma. Azul, un pájaro azul era ella para Diego. Azul, el color del cielo, también del espíritu, lo es también del alma y del pensamiento. El más profundo de todos los colores. Significó un enorme esfuerzo para Angelina resurgir de esa profundidad. Esa mujer inmaterial donde ese hombre pudo hundirse como en un suelo líquido sin encontrar obstáculo debió recuperarse de su distancia y reencontrarse en sí misma, despojada de su sueño, de su ilusión. Angelina por Diego prefirió ser el pájaro azul, el pájaro de la felicidad y no una mujer real, de carne y hueso, esa que hace sombra en su andar y puede experimentar su sombra.Angelina, mujer-pájaro, mujer-ángel, mujer sin cuerpo un día perdió su forma. Inmaterial hasta que Diego la abandonó. Sus alas se quebraron en el momento en que cedió espacio hasta perderse en un rol pobre y deslucido. Ceder hasta resignarse a la palabra melancólica de quien ha elegido un destino de convaleciente en un mundo fragmentado en que también el sueño se ha perdido. Angelina un ser nacido para la ligereza y el vuelo se aferra a la tierra con uñas y dientes como al fantasma de Diego. La guerra es la única salida de lo que se ha convertido en una trampa. Quiela es una mujer rota que merece un lugar en el mundo. Quiela espera la palabra de aquél a quien tan fielmente amó. Quiela abraza en sus cartas a Diego, porque su recuerdo es todo lo que tiene de sí misma, todo lo que ha defendido: el tesón, el trabajo y la capacidad de subsistencia. Y en esa elección ha perdido la garra de una madre alegre y amorosa y su destino de mujer, mujer entera – como se dice a sí misma la protagonista de la película de Win Wenders Las alas del deseo. Mujer, sola y entera. Entera porque observa y, en ese acto, conoce e integra. Vibra con el color de su paleta que la acerca a su cosmicidad. Porque Quiela en el trayecto de aceptación de su destino despliega con hondura la metáfora surreal cuyo germen habitaba en la generación de artistas que frecuentaba. Quiela es la mujer-ánima, mujer-sueño que logró realizarse en su camino de autoconocimiento y de transformación.