No pasaron tantos días desde el de aquel en que quedó exangüe, tanto que parecía pronta a lanzar el último suspiro.
Después de cientocincuenta amaneceres blancos, con la respiración siempre contenida e imperceptible para todos, y ayudándose con ese gesto señorial que parece denotar indiferencia (y que es sólo un truco para no esforzar sus pulmones [...]