Escribir un libro. Tener un hijo. Plantar un árbol.
Seamos fantasiolistas, la frase cambió. Ya no escribimos libros.
Los libros no se escriben, dijo mi maestra.
(ni siquiera con lapiz, señorita, al costadito chiquito – ni siquiera, queda marcado, después no les podés vender el manual a los chicos de quinto [...]