Había una vez un licenciado llamado Armando C. Balboa que cada día, al volver de la oficina, acostumbraba a trotar entre seis y diez kilómetros para mantener intacta su joven fisonomía, su cuerpo atlético y su aspecto saludable. Todas las tardes, antes de iniciar su carrera, el licenciado Armando C. Balboa, de pie frente al [...]