Para qué.
Sólo para abrazar a mis hermanos.
¿Y la casa?
Se sumergió en el pantano,
esa argamasa de inutilidades,
esa mórbida tierra de asientos pasados,
de cerrajas y composturas.
La nariz es el oxígeno y la muerte.
Sus narices son redondas, lo he dicho.
Simétricas, carnosas, suaves
como sus dedos y sus orillas del alma.
Hermanos, qué hacemos acá.
¿Seguimos? ¿Cómo seguimos?
¿Vuelvo? ¿Y asesinamos [...]