Anochecía en la urbe maldita. Lidia y su hija corrían para alcanzar el tren.
-¡Mamá!, ¡mira que hermosa luna!, le dijo Agustina a su madre. Exactamente en el instante en que pasaban la escalera del anden, a punto de subir al tren.
-Para mi amor, que no encuentro los boletos, contesto Lidia.
- ¡Mami, nunca ví una luna [...]