En serio. Evo dijo ante una nación que lo creía lo
mejorcito en la historia democrática del país en enero de
2006: Bolivia es la Sudáfrica de Sudamérica. Y después,
el vicepresidente, intelectual con pasado de intento de
insurgencia, dijo con la solemnidad de su pinta de
académico: Evo es el Nelson Mandela de los Andes.
Y entonces muchos se lo creyeron, aunque a los
admiradores del gran líder sudafricano aquella
comparación les haya caído más gorda que la inflación
que pesa sobre la espaldas de los bolivianos ahora por la
prohibición de exportaciones, por el desplome del dólar,
por la crisis alimentaria, por los desastres naturales, etc,
etc, etc…
Cuando ambos dijeron eso, al parecer ni Evo ni García
Linera sabían que antes de ser elegido presidente Mandela
llamó a una asamblea constituyente conformada por todos
los partidos sudafricanos (de izquierda, centro, derecha,
pronegros y racistas), quienes llamaron a elecciones.
Mandela ganó y el 20% de la población blanca creyó que
con don Nelson en el poder, los negros se vengarían. Pero
no. Mandela tuvo la grandeza de invitar de Frederick De
Klerk como su vicepresidente para que entre ambos, entre
blancos y negros, arreglen a un país que estaba enfermo de
intolerancia y odio por ambos bandos.
Frederick De Klerk era el presidente saliente, miembro del
racista Partido Nacional que formaba parte del proyecto
que había impuesto el terrible y vergonzoso Apartheid en
1948 (segregación racial defendida desde el Estado
blanco). Pese a eso, Mandela lo retuvo a su lado y fue más
lejos. Junto a De Klerck, el primer presidente negro de
Sudáfrica dejó en manos de la derecha racista sudafricana
carteras claves como la Economía, el Ministerio del
Interior y la Defensa Nacional, sin el menor atisbo de sed
de sangre y revancha como lo hubieran supuesto aquellos
que creían que este nieto de un rey africano buscaría
revancha por los 28 años que había estado preso por culpa
del partido nacionalista blanco.
Y ojo que Mandela tenía motivos para vengarse y tenía
con qué aplastar a la minoría blanca (un 20 % de los 40
millones de sudafricanos), porque había ganado con un
85% de los votos. Pero no lo hizo, en vez de encender los
odios, o acusar de separatistas a los blancos (ellos habían
reducido a territorios autónomos a los negros) o reavivar
las heridas de los 300 años de dominación colonial de su
país y los 40 años de vergüenza del Apartheid, pactó con
sus enemigos.
Mandela estuvo los 28 años en la cárcel pensando en cómo
pacificar su país y lo hizo. Hubo una verdadera
reconciliación nacional al punto que los blancos no se
sintieron amenazados y De Klerk dejó el cargo de
vicepresidente con la confianza de que los blancos no
serían reprimidos.
Una vez concluido el periodo de gobierno de cuatro años,
Mandela no tuvo la tentación de perpetuarse en el poder
como algunos gobernantes latinoamericanos de la tierra de
Martí y Simón Bolívar. En vez de aferrarse a la idea de
300 o 500 años de reinvindicaciones de su pueblo
oprimido, Mandela se negó a la reelección y dejó el paso
libre a un sucesor siguiendo el viejo precepto de que un
caudillo que se perpetúa en el poder siempre debilitará a la
instituciones y un país sin estas, está destinada al caos.
De modo que cuando Mandela invitó a de Klerk como su
vicepresidente, los negros no lo podían creer y los blancos
suspiraron de alivio, ya que la pesadilla de una venganza
negra esfumaba.
Evo Morales, el “Mandela de los Andes”, ¿sería capaz de
tal acto de grandeza, cuando se ve cómo se acarrean
campesinos para chocar contra opositores en Cochabamba,
Sucre, Santa Cruz, Beni y Pando y en todos los lugares
donde el MAS no tiene hegemonía?
Los gobiernos de Sánchez de Lozada y Bánzer deportaron
a Evo a confinamientos en la selva y el altiplano, pero en
ningún caso esa experiencia se compara con la de
Mandela, encerrado siete veces y la última vez duró 28
años.
Con este antecedente, la pregunta es: ¿Se justifica la
violencia del Estado y de los sectores afines al MAS bajo
el argumento de 500 años de explotación contra un sector
de la población que disiente de pensamiento?