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Marzo 8, 2011 | Por uriel-bederman | Claves: bederman, poema, poesía, uriel bederman | # Enlace permanente

Por Uriel Bederman
Nuestra voracidad le restará perfección,
A costa de que podamos sentirla, mientras dure el manduque.
El gajito, esa obra del cuchillo, despojito que hamaca,
hará de la fruta un asunto accesible,
Aunque menos exacto y cerrado,
Menos que mucho circular.
Antes del sacrificio acaso sea bueno tomarle el aroma,
Como a la cabeza de un niño manso acariciar lo amarillo,
Hacerle girar en la mesa,
Sobre un mantelito a cuadros,
Sin lastimarle el contorno,
Y dedicar una callada reverencia a lo que alguna vez fue semilla.
Que entonces se descubre tras el tajo del serrucho,
Dientecitos frenéticos,
Y en esa posibilidad y esa pérdida,
Del melón surja la revancha,
Idéntica circularidad de la tierra.
Mayo 29, 2010 | Por uriel-bederman | Claves: poema, uriel bederman | # Enlace permanente

Por Uriel Bederman
Como si de una corbata se tratase,
Ellos preguntan:
Qué gusto.
Qué largo.
Qué ancho es el nudo.
El cuello se alza,
Y la calzan.
Consumistas.
Los comunistas les dicen que no.
No es una corbata, mi viejo.
Se trata de otra cosa,
No sé que cosa,
Pero jamás una corbata.
Asalariado dice que sí,
El cliente siempre tiene la razón.
Los mayoristas se marchan,
Dicen un poco adiós,
“Buenas ventas”,
Nunca “nube”, nunca “ojota”.
Asalariado anota en la libreta,
Unas nuevas siete palabras.
Y por las calles del centro,
Se marcha un poema temblando.
Otro boga ha confundido el asunto:
No hay poema que combine con esa camisa,
Tan apresto,
Tan ballenita,
Tan microcosa.
Julio 16, 2009 | Por uriel-bederman | Claves: ciudad, poema, uriel bederman | # Enlace permanente
Por Uriel Bederman
Siempre dije que tenías una virtud:
“Sos una piba limpita”.
Que olías a rosas,
(A jabón de rosas),
Y que entre las mujeres con las que me mezclé,
vos eras una de las mejorcitas.
También te dije que tenías cierto vuelo,
Que tu cuerpo, contra el viento,
Dibujaba unos giros muy hermosos.
Vos estabas en silencio, pero eras, lo admito,
Nada pedestre.
Eso me sedujo.
Me dije:
“Yo a esta piba le propongo casamiento”.
Entonces me acerqué,
Te miré la entrepierna y el esternón,
Y cuando quise tomarte la mano,
Al más mínimo contacto,
Estallaste por los aires,
Haciendo nada del jabón.
Ocurre que eras una burbuja,
Y que, ya sin el soplo del que sopla,
Te hacés nadita contra mi cuerpo solo,
Ya sin aliento.
(Imagen: Stinky / http://www.flickr.com/photos/reaperstinky/)
Julio 25, 2008 | Por uriel-bederman | Claves: objetos, poema, poesía, uriel bederman, vida | # Enlace permanente
Algo quieto nos acecha,
Una suerte de muerte que jamás ha latido,
No es lo facellido, cosa tan vulgar.
Es una fiera tiesa, inanimada,
Que nos busca y nos encaja la envidia sobre el lomo,
Suspira (no lo hace, quiere hacerlo)
Deseando nuestro paso,
El trote,
La quietud efímera,
Esa mortandad de lo inanimado que,
En nuestro primer latido, huye.
Algo quieto nos acecha,
Ya no podremos transitar libremente,
En la ardiente conciencia que un millón de objetos nos observan,
Inertes,
Deseándonos la muerte,
Para parecernos e igualarnos.
Fotografía de Mingfang Huang
Mayo 16, 2008 | Por uriel-bederman | Claves: bederman, ciudad, poema, uniformados, urbe, uriel | # Enlace permanente
Quién es el cuerdo en este cemento,
Quién prepara la sopa más rica,
Quién el mejor ungüento,
Quién enfila mejor a la tropa.
El envoltorio hace al asunto:
Serás corbata cuando quieras laburo,
Serás gomina cuando quieras mujer,
Serás los siete moños distintos que has decartado,
Para jugar un picado en la plaza del barrio.
“Me afanó el tipo de traje cruzado”,
Anuncia una vieja escuálida en avenida Las Heras.
“Me ayudó a cruzar la calle un tipo mugriento”,
Vocifera otro sobre una silla de ruedas.
El patrón se viste de patrón,
El general de general,
El pobre de pobre.
Pero a la noche,
La luna asoma por entre los agujeros de la media agujereada,
Y nos bate la posta.
Quizá le moleste general,
Quizá le moleste saber,
Quizá le moleste patrón,
Ser desnudo,
Escuálido,
Repugnante,
Y tan bello,
Como el obrero,
Como el subordinado,
Como la noche que asoma por las costuras,
Descosidas,
De las prendas sin zurcir.
De las noches que va cociendo una mujer,
Que descorre tres mechones de pelo que caen sobre su rostro.
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