Archivo para la categoría ‘Poemas con hollín’

Oda al melón

melom

Por Uriel Bederman

Nuestra voracidad le restará perfección,
A costa de que podamos sentirla, mientras dure el manduque.
El gajito, esa obra del cuchillo, despojito que hamaca,
hará de la fruta un asunto accesible,
Aunque menos exacto y cerrado,
Menos que mucho circular.

Antes del sacrificio acaso sea bueno tomarle el aroma,
Como a la cabeza de un niño manso acariciar lo amarillo,
Hacerle girar en la mesa,
Sobre un mantelito a cuadros,
Sin lastimarle el contorno,
Y dedicar una callada reverencia a lo que alguna vez fue semilla.

Que entonces se descubre tras el tajo del serrucho,
Dientecitos frenéticos,
Y en esa posibilidad y esa pérdida,
Del melón surja la revancha,
Idéntica circularidad de la tierra.

Sumismo

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Por Uriel Bederman

Como si de una corbata se tratase,
Ellos preguntan: 
           Qué gusto.
            Qué largo.
            Qué ancho es el nudo.

El cuello se alza,
Y la calzan.
Consumistas. 

Los comunistas les dicen que no.
No es una corbata, mi viejo.
Se trata de otra cosa,
No sé que cosa,
Pero jamás una corbata.

Asalariado dice que sí,
El cliente siempre tiene la razón.
Los mayoristas se marchan,
Dicen un poco adiós,
“Buenas ventas”,
Nunca “nube”, nunca “ojota”. 

Asalariado anota en la libreta,
Unas nuevas siete palabras.
Y por las calles del centro,
Se marcha un poema temblando. 

Otro boga ha confundido el asunto:
No hay poema que combine con esa camisa,
Tan apresto,
Tan ballenita,
Tan microcosa.

Mediodía

Por Uriel Bederman

Sin ulteriores se conversan,
Y ya sentados piden con un guiño
Un carlitos recargado.
Salpimentan.
Se calzan el traje del mediodía,
Porque el sol, en la calle,
Cae sin ulteriores.

Se conversan con guarnición,
Papas,
Puré,
Fritas.

Repasan,
Sin ulteriores,
Unas nalgas disfrazadas de azul,
Azúcar, endulcorante, señor.
Ya de frente dos globitos,
Sin ulteriores.

Sirven agua
Fría,
Caliente,
Un poco más tibia.
Se corren y propinan,
Sin ulteriores,
A cuenta de:
La abundancia de un carlitos,
Las prominencia de las nalguitas enfundadas,
Convención, diez por ciento.

Verticalizan la sangre entubada,
Y salen a discreción.
Afuera ya es sombra,
Ya la tarde,
Ya lo otro.
Sin ulteriores consecuencias ha muerto el mediodía.

(Imagen: Midday melodrama / Pauline Murray)

El timing del cortejo amoroso

Por Uriel Bederman

Algo duele y ¡zas!:
Te detuviste.
Sentiste que ya nada tenía creencia,
O,
Creíste que ya nada tenía sentido.

Te enojaste con el amor,
Con los depositarios del amor,
Con los que acompañan con amor,
Te enamoraste con enojo.

Y entonces, una noche, has querido volver al ruedo.
Pero ocurría que habías perdido el timing.
Invitabas a bailar a los cantineros,
Y le dejabas propina a las damitas.

Y más tarde,
Sentado en el cordón de la vereda,
Te quitabas los zapatos,
Y te tapabas con la alcantarilla.

Manifiesto anárquico-gestual

Por Uriel Bederman

A veces hay que pintarse la jeta y hacer como que no,
Hacia un lado la voluntad, a la inversa la mueca.
No vaya ser que las damas nos indaguen la tristeza.
“No debe explicárseles la tristeza”,
Ha dicho un hombre y ha dicho mal.

Lo mejor será un pacto de cemento,
Hurgar en las entrañas, bien profundo, una mueca sonriente,
Regurgitarla hasta el pescuezo,
Alcanzando los ojos y los labios.
Pintarla de colores.

Entonces así, falseando un poquito,
Ya nadie vendrá a querer modificarte.
Tú serás el rey de tu reino,
“El tirano de los arbitrios de bolsillo”,
Ha dicho un hombre y ha dicho bien.

Pero ocurre que no todos somos déspotas.
Que algunos aún deseamos compartir este reino,
Trazando muecas fieles al antojo.
Y con suerte, quizá,
Algunas dibujen este amor.

(Imagen: Ignacio Escribano)

Fuiste sos fui soy

Por Uriel Bederman

Fuiste el rostro que no tengo,
Los caminos que no hubiera recorrido por mi cuenta.
Fuiste los corajes poco patentes en mi cuerpo,
Y los casi nueve huecos en los que me hundí.

Pero también fuiste una suerte de tristeza,
La pérdida de todo lo que no tengo,
Me diste tu amor y tu cuerpo y tu saliva,
Y te la llevaste con un amague,
Como hace el calesitero mercantilista.

(Imagen: Rene Maltet)

Mujer burbuja

Por Uriel Bederman

Siempre dije que tenías una virtud:
“Sos una piba limpita”.
Que olías a rosas,
(A jabón de rosas),
Y que entre las mujeres con las que me mezclé,
vos eras una de las mejorcitas.

También te dije que tenías cierto vuelo,
Que tu cuerpo, contra el viento,
Dibujaba unos giros muy hermosos.
Vos estabas en silencio, pero eras, lo admito,
Nada pedestre.

Eso me sedujo.
Me dije:
“Yo a esta piba le propongo casamiento”.
Entonces me acerqué,
Te miré la entrepierna y el esternón,
Y cuando quise tomarte la mano,
Al más mínimo contacto,
Estallaste por los aires,
Haciendo nada del jabón.

Ocurre que eras una burbuja,
Y que, ya sin el soplo del que sopla,
Te hacés nadita contra mi cuerpo solo,
Ya sin aliento.

(Imagen: Stinky / http://www.flickr.com/photos/reaperstinky/)

Amarse como en dos mundos muy distintos

Por Uriel Bederman

Había un abismo entre nosotros:
Yo te decía fósforo
Y vos estornudabas.

Entonces te miraba los ojos y decía:
“Salud”.
Al instantes vos encendías el calefón.

Parecía que íbamos por mundos distintos,
De diferentes márgenes del Ecuador,
Eso, o Grenwich.

Pero algo profundo nos unía,
Llegamos, de algún modo, a entendernos.

Cuando quería bañarme con agüita bien caliente,
Yo te hacía cosquillitas en la nariz y ¡pum!
“Aaaaaachus”.

A vos te conviene que yo no tenga mal gusto

Por Uriel Bederman

Tenías miedo,
Profundo miedo,
De volverte una pilcha más de mi ropero.
Que yo te calce como me calzo una enagua,
Una camisa esmeralda a rayas naranjas.
Y que por la noche,
A la vuelta de los sudores,
Te enchufe una percha de “Casa Tía”,
O una afanada de un hotel,
Con la inscripción delatando,
Y te deje vertical hasta nuevo aviso.

Tenías miedo,
Profundo miedo,
De decirme:
“Tenés mal gusto”.
Por que, a fin de cuentas,
Eras una de las cosas que yo elegía;
Eras, purreta, una buena porción de mi estética.

A veces las fuerzas son desparejas

Por Uriel Bederman

Purreta,
A veces las fuerzas son desparejas.
Vos les decís: “yo pongo quince”,
Ellos te piden setenta,
Y cuando vas por el sesenta y ocho te dicen adiós,
Tomate el buque,
Enfilá pal río.

Tienen carita de monigote,
Tufillo a manteca en los bigotes,
(resabio de un almuerzo en un bodegón del centro)
Así y todo besan damitas,
Eligen destinos,
Nos toman de las piernitas,
Y empujan,
Frenan,
Y empujan.

Se parecen bastante a esas mujeres vampiro,
Que una primavera prometen amor,
Y en verano emigran hacia novedades de carne.

Es sabido que cuando las fuerzas son desparejas,
Los poetas parecen ser los débiles.
Pero purreta:
Sólo parecen.


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