LO PÚBLICO, LO PRIVADO, LO ÍNTIMO Y LO SECRETO

Lo público, lo privado, lo íntimo y lo secreto

La mera existencia de estos conceptos implica ámbitos de la realidad que están separados. Al menos, en nuestras mentes.

Una indagación de esos límites puede arrojar luz sobre una apreciable cantidad de confusiones, mezclas e imprecisiones que caracterizan nuestras vidas, tanto en lo social como en lo individual.

¿Cómo podría un servicio público ser privatizado? ¿Por qué revelamos los secretos?

Un ejemplo mítico que atraviesa toda la gama puede verse en la historia triangular de Hefesto (Vulcano), un dios solar; Afrodita (Venus) la diosa griega del Amor (favorita entre los griegos), y Ares (Marte), el dios griego de la guerra (favorito entre los romanos).

Hefesto, un poderoso dios solar, contrahecho y cojo, por haber sido arrojado del Olimpo por Zeus (Júpiter), era el esposo oficial de Afrodita, representando este matrimonio dos de las tres poderosas energías del Alma.

Pero Afrodita, en secreto, tuvo sus cuatro hijos con el guerrero Ares. Cuando se enteró Hefesto, tramó una notable venganza basada en su poder tecnológico-mágico sobre la materia.

Cuenta el mito que fabricó una red invisible que tendió sobre el lecho de Afrodita. Cuando los amantes estaban amándose, la red se cerró sobre ellos, inmovilizándolos.

Entonces el despechado Hefesto llamó a todos los dioses del Olimpo a quienes exhibió públicamente a los adúlteros inmovilizados en una posición íntima, que ellos creían secreta, o por lo menos privada.

Los dioses prorrumpieron en interminables carcajadas.

Si bien el diseño humano es de una asombrosa perfección en todas sus partes, existen circunstancias y posiciones que todavía justifican la existencia transitoria de lo secreto, lo íntimo, lo privado y lo público.

Cuando nos enteramos que para las Erinias griegas (o los Señores del Karma en sánscrito), no existen estas divisiones, porque cada pensamiento, cada sentimiento y cada acción humana quedan grabados en un CD para posibilitar la acción de la Justicia Divina, una sensación de desasosiego nos recorre indefectiblemente. Nos cuesta imaginar una vida sin lo privado, lo íntimo y lo secreto.

Las preguntas que quedan para el próximo capítulo son:

¿Por qué los dioses fueron capaces de conductas tan brutalmente soeces?

Si los dioses del Olimpo hacen esto, ¿Qué podemos hacer nosotros, los pobres mortales, hijos de la necesidad y esclavos de nuestros deseos?


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, , Reportar este Comentario Diana dijo

Interesantes reflexiones, siempre me gustó ese relato sobre los dioses. Creo que aquí hay varias cuestiones, pero lo esencial es que no es lo mismo revelar nuestra intimidad o nuestros secretos ante el ojo que todo lo ve porque todo lo puede comprender, que revelarla a conciencias de diferentes niveles de valores y/o prejuicios. Creo que los humanos por ahora no estamos en condiciones de eliminar esos límites entre lo íntimo y secreto, y lo público. Eso aunque pensemos que no somos hijos de la necesidad y esclavos de nuestros deseos sinos seres libres que tenemos la posibilidad de elegir cómo actuar para satisfacer de todos los deseos los más elevados y liberadores. En los Evangelios se habla de actuar siempre como en presencia de aquel que todo lo ve, ya que “aquello que hagamos en el callejón más escondido se sabrá”, es un ideal difícil de realizar, pero como todos los altos ideales vale la pena creer que podemos intentarlo. Gracias por despertarme estas reflexiones. Un abrazo grande, y bien a la vista de todos los dioses y humanos!
Diana