Posts etiquetados como ‘sientes’

Lo que expresa tu corazon

Tenía la mirada puesta en sus hermosos ojos, en la palma de mi mano derecha un dibujo del culpable de todo esto (mi corazón), se lo mostraba como condenando al ser que desde aquella tarde de invierno que la conocí había cultivado este hermoso sentimiento hacia ella y cuyo único propósito era hacerla feliz; No esperaba mayor respuesta cuando le expresara todo lo que sentía solo quería que lo supiera… esa noche de lunes solo recordaba un relato…

LO QUE NO VIO LA LUZ

I
Antonio tenía una casa enorme con una higuera al centro pero no tenía hijos, ni familia, ni mujer. Cumplía 76 años y sentía que moriría pronto y que esa casa se volvería un casco vacío con un árbol muerto y un viejo que se pudre en un cuarto. Quiso regalarla mil veces pero no se atrevió. Pudo ser de la holandesa que lo amó hace mucho con la cual fue mezquino. Pudo ser de esa vecina a la que desalojaron hace diez años: el pudo amarla, ella la necesitaba más. Pudo ser. Pudo ser. Pero cerró el corazón como un puño y hoy se arrepentía.

II
¿Y si le busco un padre a mi hijo? Se dijo
Adela, sin confesar que quería un marido, alguien con quién hablar después de que el bebé se quedaba dormido, No salía, por miedo a todo. No pedía, por miedo al rechazo. No soñaba, por miedo a frustrarse. Nunca mostraba sus pinturas a nadie. Su hijo crecía solo y ella de noche lloraba sin saber que el miedo la escondía y no dejaba nunca que su corazón viera la luz.

III
Su madre le regaló la semilla envuelta en dos palabras: decídete, siémbrala. El la metió en su bolsillo y la llevó siempre ahí esperando la oportunidad. En el colegio no se atrevió. En la calle le dio miedo. La semilla se durmió y las ganas del niño también. Quería ser médico y acabó vigilante. De viejo encontró la semilla entre sus libros y al llegar año nuevo, la quemó.

IV
Mario, desde la ventana la veía pasar todos los días. Ella sonreía pero nunca hablaron. El ansiaba prometerle el cielo. Cantaba en secreto baladas para ella, pero no le decía nada. Culpaba a la casualidad (que no la veía, que nunca estaban cerca, que la vida no ayudaba) pero sabía que simplemente no se había aventurado. Un día ella se mudó (una semana después de que abrieron un teatro en el barrio) y el corazón de Mario quedó mudo para siempre, escondido tras la ventana que no abrió más.

V
No se atrevía a escribir la obra de teatro que tanto quería. Se sentía opaco y poco original pero no podía dejar de pensar en su historia, tomaba notas, creaba personajes, imaginaba diálogos. Soñaba que la estrenaba y en sueño se quedaba todo: al despertar,
Fernando se iba a la oficina y enterraba el cuaderno de su obra bajo los papeles de su despacho de contador.

VI
De repente un día,
Fernando se decidió. Escribió su obra, la mandó a un concurso, ganó, la estrenaron. La noche del estreno Mario (el tímido) se atrevió a invitar a Mónica (su amada). Pero Mónica lo plantó y Mario se sentó solo junto a una mujer con su hijo, llamada Adela, que le hablaba sin parar de cocina y de arte. Se enamoraron. Se casaron. Criaron juntos al niño. Y un día este chico –Alonso- tocó la puerta del viejo del barrio y le pidió permiso para sembrar una semilla en su jardín.
-Ya tengo un árbol, le dijo Antonio. Y después agregó: -pero no importa, entra. Te gusta mi casa?
-Me encanta, le dijo Antonio. Y viendo al viejo tan enfermo, pensó: voy a ser médico.

“decir lo que sentimos”

Siempre fui de la idea que en el amor tenemos que ser lo mas transparente posible y transmitir nuestros sentimientos, se lo aseguro que tenemos mas que ganar que perder, ….

La quise desde siempre pero ella nunca lo supo. Los años fueron pasando y yo seguí muy de cerca su vida, sus noviazgos, su casamiento. Estuve a su lado cuando nacieron sus hijos y hasta fui el padrino de uno de ellos.

Su rostro se iluminaba cuando me veía, su sonrisa me turbaba. Yo la amaba, pero ella no lo sabia, era mi amor imposible. Nunca me case, quería vivir para ella. Jamás me atreví a insinuarle nada cerca de mis sentimientos y……..un día ella enfermo…… todo paso muy rápido, sabíamos que moriría pronto. Fui a verla, me quedaba largos ratos a su lado, y ya no había alegría en su rostro pálido.

En un momento sentí que su mano se apretaba fuertemente a la mía, abrió sus ojos, tristes, llorosos.

Sus labios susurraron las palabras que siempre espere pero jamás creí llegar a escuchar. Muy suave, lentamente, me dijo: mi amor, gracias por todo lo que me diste. Te diré un secreto, te quiero, te ame como a nadie en este mundo pero nunca me anime a contártelo, tuve miedo…. que no me amaras.