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¿Aun existe el amor?

Toma mi mano

Regresaba a casa siempre por aquella avenida del centro financiero, donde se podía ver mucha gente caminando; era la hora donde las personas salían de sus oficinas, la calle estaba rodeada de grandes edificios donde se situaban bancos e importantes empresas; rostros expresivos moviéndose hacia distintos lados, jóvenes contándose sus secretos, lo que pasaba en los estudios, como era el nuevo profesor de contabilidad o como se había puesto alguna compañera de clase que lucía más linda en el nuevo ciclo; cientos de vidas cruzándose frente a sus pupilas, pero él estaba enceguecido en sus pensamientos, había recorrido muchas veces estas calles y le prestaba poca atención.

Cambio la emisora de radio al salir de la oficina, por la mañana le gustaba escuchar un programa con un conductor irreverente que le alegraba el trayecto con sus bromas de mal gusto, sentía que todo en él era forzado, sin embargo apreciaba su esmero en ser alguien que no era; escucharlo hacer bromas criollas (de gente de barrio) cuando (el conductor del programa) había crecido en una zona residencial de clase alta era insufrible, pero eso no le importaba igual lo escuchaba, quizá con una mísera compasión de sentirse identificado por el esfuerzo de ser otra persona, de cambiar su destino. (Él quería ser escritor pero era Economista)

Puso una radio romántica, sentía una sensación en la piel y en sus pensamientos de que alguna señal le estaba a punto de llegar, creía mucho en que su destino se resolvería a través de las señales, pero debía ponerse en sintonía con el universo para escucharlo hablar.

Ensimismado en sus pensamientos, y con el carro detenido en el terrible tráfico de las 6 pm, una canción, se oyó por la radio, una canción que le llamo la atención por sus letras, parecía sacada de una realidad, de uno de los miles de destinos que el amor cruzaba cada segundo en alguna calle, como quien te cuenta una historia al oído una voz femenina se oía cantar, placentera y delicada expresando todo lo que el amor había sido capaz de transformar en ella.

Te conocí un día de abril, un día común,
el día que menos lo esperaba.
Yo no pensaba en el amor, ni lo creía
y mucho menos lo buscaba.

Y de pronto apareciste tú,
destrozando paredes e ideas te volviste mi luz.

Yo no sabía que con un beso
se podría parar el tiempo y lo aprendí de ti…

Ni que con solo una mirada
dominaras cada espacio que hay dentro de mí…

Tampoco sabía que podía amarte tanto,
hasta entregarme y ser presa de tus labios,
descubrí que si…

… porque lo aprendí de ti.

Había olvidado que ese sentimiento llamado amor era capaz de hacer cosas inimaginables y él no se había librado de eso, pero en ese instante la canción le mostraba lo que hacía en ellas, nunca hasta ese momento se había puesto a pensar lo que generaba el amor del lado femenino y lo que escuchaba lo sorprendía gratamente que pensó en su esposa y recordó, la conversación del último fin de semana:

Excitado del hambre, él untaba su pan con champiñones y huevos revueltos, cuando ella le empezó a contar la conversación que tuvo con un compañero de trabajo un día antes.

- Sabes, ayer almorcé con Samuel, por enésima vez me conto que no soportaba a su esposa, que siempre le andaba reclamando cosas, y por eso con la excusa de las reuniones de trabajo salía a relajarse a bares a conocer mujeres.

En ese instante la conversación era algo típico de fin de semana, él por educación la miraba como oyéndola con atención, pero tenía concentrada su mente en el café y el pan que comía; disfrutaba desayunar los fines de semana, porque el resto de días apresurados por llegar a tiempo a sus respectivos trabajos no tenían tiempo de desayunar.

Ella, prosiguió sin inmutarse.

- Cuando reproche su actitud, me dijo que tu esposo va hacer lo mismo, si ya no lo hizo, todos los hombres somos iguales.

- Indignada le respondí que tu jamás harías algo así, tú eras diferente.

- ¿no es cierto?

Cuando escucho la pregunta, soltó la servilleta sobre la mesa, pensó que esta conversación se había puesto peligrosa, tomo un poco de café mientras ella lo miraba a los ojos, esperando una respuesta sincera.

Si la pregunta hubiese llegado 10 años antes, cuando ella no existía en su vida, y él la buscaba en el universo esperando encontrar al amor de su vida, (entre cientos de probabilidades como un juego de ruleta), habría dicho: Cuando un hombre encuentra a su princesa, debe sentir satisfacción en su corazón y al sentirse satisfecho no osaría en pensar o pretender conquistar a otra mujer, porque ya tiene a su princesa.

Hoy a sus 38 años ya no pensaba lo mismo, la vida le había enseñado que era más mortal del que creía ser; menos especial y más parecido a sus congéneres hombres, aunque con ciertos rasgos en su personalidad que lo llevaban a tomar las decisiones correctas y esperaba que el futuro no lo cambiase.

En los años de casados, hubo instantes en que había rememorado a personas de su pasado que había amado de manera sublime, estos recuerdos venían como fotografías a su cabeza (en ciertas ocasiones de manera reiterada) le producían batallas internas en su conciencia sobre el bien y el mal (recuerden que había desperdigado su pedido de amor al universo y no imagino que el amor vendría de manera singular o plural).

Pensó, en la frase que una psicóloga chilena (Pilar Sordo) había pronunciado en una entrevista:

“Los hombres funcionan en base a objetivos o metas, cuando los hombres no son capaces de valorar los detalles, de cuidar de sus mujeres TODOS los días, de visualizar el proceso de conquista como algo PERMANENTE (y no ver a la mujer enamorada como un objetivo cumplido), se produce la infidelidad.”

Por eso el hombre tienen que aprender a “retener y cuidar lo que tienen para no correr el riesgo de quedarse solos”

Era eso – pensó – el hombre era un animal que vivía de logros, una vez que los conseguía, partía a conseguir otros.

En su vida el mayor logro había sido ella, era su pasión, era la princesa que a los 28 empezó a buscar, había hecho de todo por conquistarla cuando la conoció; en su primer cumpleaños (ya de novios), él le regalo un libro, en la contra-pasta escribió el párrafo de una película (Shrek por siempre) que reflejaba lo que creía que ella había hecho por él al amarlo:

S (Shrek): ¿Sabes? siempre había creído que yo te había rescatado de la fortaleza del dragón.
F (Fiona): y asi fue
S (Shrek): No, fuiste tú la que me rescataste a mí.
“El verdadero amor nos rescata, nos hace felices para siempre, y nos lleva a sacar lo mejor de nosotros, aunque, en el horizonte, la salida del sol parezca la señal de la pérdida de la esperanza”

Había pasado solo 1 minuto, aun el semáforo estaba en rojo y la melodía seguía removiendo su cabeza y su corazón,

De pronto algo paso y la pasión faltaba,
nuestras noches se alargaban,
jamás pensé sentirme sola y fría y tonta
aun estando acompañada.

Después todo se volvió monotonía,
luego tantas mentiras que ya ni tú te las creías.

Yo no sabía que sin tus besos
pasaría tan lento el tiempo y lo aprendí de ti.

Y que aguantarme no llamarte
tomaría toda la fuerza que hay dentro de mí.

Tampoco sabía que podría extrañarte tanto,
ni desbaratarme y que se secaran mis labios,
descubrí que si…

… porque lo aprendí de ti.

Cada letra le llevaba a su esposa y a la conversación.. Que le diría ahora, ¿que había perdido ese sentido del amor? ¿Que ahora habían más princesas en su vida?

Continuara..

Lo aprendi de Ti -Hash