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El amor no se muere !!! (Capitulo Final)

IX
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En aquellos años me encontraba escribiendo mi libro “El amor que te tuve”; cada sábado le leía a Marie los avances.

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Ella disfrutaba cada párrafo como si fuera suya, le encantaba lo inusual de la historia, y lo paradójico que es el amor muchas veces.

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- Prométeme que me dedicaras el primer libro cuando lo termines- me dijo.

- Te lo prometo!!! Lo leeremos juntos los sábados por la tarde cuando venga a visitarte…

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Siempre fue así, tierna, soñadora, sensible, romántica, bella.

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X

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- ¿Sr. Aldo lo llaman del Centro, dicen que es urgente?

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Eran las 10 a.m. de aquel viernes cuando enterado de lo que le había sucedido a Marie, salí a toda prisa del trabajo para dirigirme al Centro.

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Una palabra se repetía en mi cabeza; mientras el taxi recorría la ciudad:

-Ayúdala Dios!!! , ayúdala por favor!!!

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El trayecto se hizo eterno, el recuerdo de Marie y sus historias inundaron mi cabeza; no percibía nada de lo que sucedía en mi entorno, las calles, las personas, el taxista, la música, todos parecían figuras distorsionadas… solo Marie estaba en mi mente…

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Se habían establecido en el distrito de Surco, una vez casados, Marie tenia 20 años y Alfred 25, y una nueva vida los esperaba.

Alfred era ingeniero civil de origen francés, estaba encargado de realizar planos para obras de infraestructura vial, en la ciudad de Lima.

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Cada mañana Alfred, despertaba silenciosamente para poner el clavel en el velador, luego se vestía y con un “bon jour princesse”, y un beso se despedía de Marie, ella aun dormía, cuando el salía al trabajo.

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A su regreso Marie lo esperaba sentada en la acera de la casa con un óleo que pintaba durante el día, de niña había tomado clases de pintura y pintaba el amor que sentía por él en sus cuadros.

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Al acercarse él la cogía de la cintura y la elevaba en el aire; del bolsillo sacaba una flor y se la colocaba entre el odio; ella lo besaba y acariciaba el cabello; luego se sentaban en la puerta a ver a la luna posarse en la noche.

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- Prométeme que estarás siempre a mi lado para ver a la Luna mi amor.

- Siempre estaré a tu lado Marie, te lo prometo!!!

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Él me amo con todo su corazón, su cariño, sus caricias, sus palabras, sus sonrisas, sus miradas, su tiempo; “nunca es suficiente en el amor” me decía. Jamás pregunto si lo amaba, o cuanto. Nunca lo vi triste o sufriendo, aun en sus días de agonía cuando le detectaron cáncer terminal, siempre hubo una sonrisa en su rostro y un “je t’aime” (te quiero) cuando me veía ingresar llorosa a la sala de la clínica.

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Poco antes de morir cogió mi mano muy fuerte y me dijo:

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- Han sido los 5 años mas dichosos de mi vida junto a ti, a mis 30 años siento que he vivido todo el amor que pude vivir….

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Mientras hablaba mis lágrimas caían sobre su rostro y le decía:

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- No mi amor!!! Alfred no digas eso vas a mejorar, seguiremos viendo la luna por las tardes, tendremos hijos y luego nietos; no digas eso por favor!!! No lo digas!!…

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- Marie mi amor!!!

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Acerco mi cuerpo hacia el suyo que estaba sobre la cama con aparatos médicos, me abrazo y al odio entre lágrimas dijo:

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-No temas mi amor, el amor no se muere!!!, el amor no se muere!!! no se muere!!!…Hoy mi cuerpo se va, pero mi alma será tu estrella!!!!

Ya no estaré para sentarnos a ver la luna por las tardes, pero desde el cielo una estrella te vera…Por eso cuando mires hacia el cielo sonríe que una estrella brillara y un te quiero en tu alma se oirá…

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Abrace con todas mis fuerzas a Alfred, queriendo arrancárselo a la muerte pero fue inútil, Alfred murió ese 03 de febrero de 1944.

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Señor ¡!! Señor ¡!! ¿ya llegamos?

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La voz del taxista me despertó del recuerdo de aquella historia que había narrado Marie. Tenía 25 años cuando quedo viuda, y nunca más volvió a casarse por que en el cielo la esperaban, afirmaba.

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Corrí por los pasillos del Centro (Asilo), al llegar me recibió con una sonrisa enorme en el rostro:

- ¡Monsie Aldo!

- Marie!!!

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La abrace muy fuerte, tenia ganas de llorar, no la quería perder

- ¿Cómo estas? llamaron avisando que tuviste un preinfarto en la madrugada, ¿es cierto?

- Si, me llevaron al tópico de emergencia, mi corazón estaba fallando.

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Se le veía feliz mientras contaba lo que le había pasado:

- Sabes Aldo, ayer cuando los médicos hacían de todo para que mi corazón vuelva a latir, estuve con Alfred, en el cielo!!!

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Comenzó a narrar su experiencia emocionada, llorosa, feliz (ne me quitte pas cœur) Yo llore por su felicidad, pero a la vez porque que la perdería.

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XI

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Al día siguiente llegue mas temprano de lo acostumbrado. La invitaría a almorzar a mi apartamento el día domingo, eran días que podían salir con permiso del Asilo.

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Al identificarme en la recepción, el encargado me dijo, que la persona a la que iba a visitar no estaba.

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- ¿Dónde esta, entonces? ¿la cambiaron de habitación?

- No señor, ella falleció en la madrugada de hoy, su cuerpo fue trasladado a la morgue central.

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No lo quise creer, y corrí a su habitación, repitiendo:

- No me puedes dejar ¡!! No me puedes dejar ¡!!

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Al ingresar a su habitación todo estaba igual, me senté sobre la cama y entre lágrimas recordé el primer día que la vi, “aquella tarde sentado en la falda de su cama, observo a esta hermosa mujer que me mira desde su silla de madera…” hoy la silla estaba vacía, pero…
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El amor no se muere!!!

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Nota: Marie tenia 95 años cuando la conocí en el Asilo mientras hacia voluntariado, el amor que sentía por su esposo fallecido era indescriptible, espero 70 años por ese amor que nunca murió en su corazón.

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“un adieu une princesse Marie”

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El Secreto de mi recuerdo

Continua de: El juego del destino

V

Había pasado una semana de mi última visita, esperaba con ansias regresar y saber de ella. Después de unos días eternos llego el sábado.

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Al llegar corrí presuroso por el pabellón, al ingresar a su habitación mire a Marie llorando, pero su rostro denotaba alegría; miraba fijamente un clavel que yacía sobre el marco de la ventana que daba al jardín; no se percato de mi presencia, ingrese y toque su hombro, ella voltio a mirar secándose las lagrimas.

- ¡Monsie Aldo! – dijo

- Hola Marie ¿Qué te pasa? – pregunte

- Nada, miraba el clavel, lo trajo por la mañana el jardinero del Centro, sabe que me gustan – contesto

- Oh, que bien – dije

pero sus lágrimas hablaban de algo más…

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La puerta se abrió lentamente con un sonido, Toc, toc, toc –

- ¡despierta princesa! – se escucho

el rostro de su padre se asomo por la puerta con un clavel en la mano. Adoraba a ese hombre, su príncipe azul de carne y hueso que le hacia imaginar que los sueños eran posible si se pedían con fervor a Dios.

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Por las mañanas su padre ingresaba a su habitación con un clavel y luego de darle un beso colocaba el clavel sobre el velador.

“Las flores son los oídos de Dios, pide tus deseos que él los cumplirá”, le repetía cada mañana.

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El rostro de ese único hombre que existía en su vida era todo para ella, se sentía protegida, amada, conquistada; era su padre, su amigo y seria su esposo cuando creciera le decía a su madre, ella sonreía al oírla.

“Se que encontraras un hombre tan bueno como tu padre mi amor” – pensaba en silencio su madre.

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Para su padre era la princesita de sus ojos, el ser mas importante junto a su amada esposa; detrás de la puerta disfrutaba verla pedir a Dios frente al clavel, todo lo que escuchaba lo obtendría para ella, no quería que pierda nunca la fe en que sus deseos se pueden hacer realidad.

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VI

En estos 5 años no volvió a pensar en aquel hábito de conversar con los claveles, su recuerdo quedo quebrado a los 15 años cuando murió su padre de un ataque cardiaco, su madre se empeño en repetir aquella tradición, pero fue imposible para ella sustituir la memoria del padre, hasta ese día…

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Al mirarlo entrar por la puerta de su habitación con un clavel en el bolsillo del saco, sonrió evocando a su padre, su alegría perduró mientras el recuerdo invadía su mente y revivía cada momento junto a él, su sonrisa, su beso, sus buenos días, disfrutaba nuevamente sentir el anhelo de contar sus sueños al clavel y esperar que estos se realicen.

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Él no recordó que llevaba el clavel en el saco, lo había comprado para colaborar con una humilde anciana que las vendía a la entrada de la clínica. Grande fue su sorpresa al ingresar a la habitación y ser recibido por esta bella joven con una sonrisa amorosa.

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Pronto ambos se dieron cuenta que eran dos completos desconocidos..

Él, sonrojado balbuceo:

- Hola!!! Yo… estee….uhmm…no se…Yo – Sonrió y no dijo nada mas…

- Ella rió al verlo rojo de vergüenza y lo invito a pasar.

- Hola soy Marie… ¿Cómo estas?

- Yo… Uhmmm …. bien – respondió

- ¿Y ese clavel?

- ¿clavel?.. (advirtió que traía el clavel en su saco e imagino que seria un bonito cumplido regalárselo a ella)…

- Ah el clavel, es para ti me encargaron entregártela en el corredor –

respondió, pensando en que decir si ella le preguntase quien se lo había enviado; al mismo tiempo se preguntaba ¿donde estaba Alejandro, si era la habitación 203?.

- Gracias!!! Que bonito detalle, siéntate – respondió Marie, mientras le indicaba la parte inferior de la cama…

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Los minutos pasaron y él olvido la visita a Alejandro, olvido el tiempo transcurrido, olvido su soledad, sus días de melancolía.

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En ella renació el deseo de creer en el amor, de creer en sus sueños, de sentirse acompañada, de sentirse querida.

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Quizá en el alma de los dos, el amor germina como una pequeña flor, envuelta en sus hojas verdes, esperando ser alimentada de sueños, de miradas, de cariño, de sonrisas para florecer.

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“Recuerda lo que te he dicho

cuando veas un clavel

sonríe con mi secreto,

en algún lugar del mundo

alguien te ha dicho te quiero

Continua…

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