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Como le digo que se equivoco

Tenía una frase en aquella época, Cuando amamos no tenemos ninguna necesidad de comprender lo que sucede, porque todo pasa a suceder dentro de nosotros….” la repetía a cada rato y en cada ocasión.

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Dos largos años habían pasado para volver a agitarse nuevamente con ese dulce pum pum pum pum al mirar a una persona.

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Despertaba cada mañana con una sonrisa dibujada en el rostro, su júbilo le era desbordante, era imposible imaginarlo triste en aquellos días. Debió soñar contigo al dormir por que despertaba a escribir poesía sobre ángeles en el cuaderno de apuntes que guardaba debajo de la almohada.

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En el día abría todas las ventanas para mirar el parque lleno de rosas y flores; sentía que los días le eran diferentes, “tengo a alguien a quien amar, alguien a quien hacer feliz, alguien que con su mirada me regala la dicha” repetía a viva voz.

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Debías mirarlo cuando regresaba de verte, era el ser mas amoroso del mundo, reía con las personas a cada paso, contaba a todos la dicha que era tenerte. Decía presenciarte en la puesta del sol, en el capullo de la rosa, en el roció de la lluvia que caí sobra las hojas, en el ruiseñor que volaba sobre las flores, indicaba que estabas tatuada en el alma de sus ojos.

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Le pregunte alguna vez ¿Por qué siempre miraba al sur y sonreía al hacerlo?, siento que la brisa marina trae el perfume de su piel y el latir de su corazón, contesto.

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Creo que su tan abnegado deseo de encontrar a alguien que le simbolice el amor verdadero había llegado, y me satisfacía por él.

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Estaba tan ensimismado con hacerte feliz que no escuchaba los consejos que le pedían ser más cauto para evitar sufrir por amor; repetía que hacia lo que a él le provocaba por el inmenso amor que tú le generabas. Siempre fue así, en las ocasionales veces que lo percibí enamorado, (dos veces en realidad), se daba por completo a su amada, “en el amor es mejor ser transparente, no hay por que ocultar tus sentimientos”, comentaba.

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Por las noches charlaba con la luna pidiéndole que vele por ti, pasaba mucho tiempo en aquella terraza con una sonrisa puesta en el cielo; pero todo cambio a partir de aquella ultima noche que te vio, la noche que recodaría siempre con la frase: “Con gotas de agua, no sacias la sed”, (Creo que necesitaba un poco mas de tu amor).

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Luego de esto escribió aquella carta (no te dijo que era para ti). Quizá prolongo su despedida anhelando cambie su fortuna y nuevamente se vuelva a posar sobre él el brazo abrigador de tu amor; debió ser por una evocación del pasado cuando por sus ventrículos circulaba ilusión de amar y su aorta se embelesaba con tu tierna mirada…

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¡Entonces! – ¿Como se lo digo?

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Dímelo !!!

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Como le explico (a mi corazón) que se equivoco… shihhhhhhh dímelo despacio por que temo que vuelva ese latido dulce si escucha tu voz…

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Canción como escrita para el blog: Historia – Arjona