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¿aun existe el amor? II

san_pedro

continua de ¿aun existe el amor?

El dolor en su pecho crecía, la sensación de tristeza y melancolía invadieron su mente,

¿Cómo puede amar de esta manera una mujer?, -se preguntó-

Como puede transformar su vida, sus sueños, sus pensamientos por amor, sintió asco de su género, repugnancia por ser tan distintos, le avergonzaba pensar que su amor no era del mismo nivel que el de ella, que el desprendimiento del cual eran capaces estaba muy por encima de todo lo que los hombres podían hacer o sentir, y lo proclives que eran para olvidar las cosas y no saber retener el amor, cuidarlo, alimentarlo,… mientras meditaba la canción seguía golpeando su corazón…

Y ahora que por fin te he logrado olvidar,
hoy me vienes a buscar…

… pero es muy tarde ya,
me he enamorado de alguien más.

Yo no sabía que con sus besos
iba a reemplazar los tuyos lo aprendí de ti…

Ni que existieran otras manos que al tocarme
superaran lo que antes sentí…

Tampoco sabía que podía amarlo tanto
después de tu engaño que me hizo tanto daño,
descubrir que si…

… y todo lo aprendí de ti.

No era casualidad que él oyera esa canción aquella tarde, sus conflictos internos lo atormentaban con mayor regularidad que antes, la vida plena después de su matrimonio con planes de tener hijos y vivir placenteramente en una villa en el campo se dilataba frente a sus ojos, su corazón o su pensamiento habían caído en una espesa niebla que venia del pasado, de un amor de antaño que hoy florecía en su memoria como primavera.

Pronto su memoria lo llevo a la vieja iglesia, aquella iglesia donde años atrás había elevado su petición al universo, y que luego volvería para sellar su unión con el amor que le había llegado, recordó aquella tarde a su padre, parado en frente del pórtico con su único terno como él, (amantes de los momentos, antes que de las apariencias), solo ese día se percató que su héroe de niño había envejecido, ya sus rizados cabellos rojos habían caído y los pocos que aun tenia pintaban de blanco su cabeza, las líneas de su rostro se acentuaban con el paso del tiempo, él en los 30 y su viejo llegando a los 70, esperándolo como cuando lo recogía del colegio, parado en la puerta.

Mientras se acercaba subiendo las gradas que dan a la puerta, pensó, como un tipo tan frio como su padre había logrado infundir en su familia el amor como pilar de vida, un tipo duro pero de un alma dulce, ese era su padre. La mirada derretida cuando veía a mamá mientras lavaba la ropa en el viejo lavador que nunca funcionaba, gastándose la tarde entera frente al vetusto aparato Electrolux, pero era feliz cuando terminaba y le contaba la gran noticia a su amada, mamá solo lo miraba con dulzura para que él recibiese su premio, el amor de la luna a las estrellas y mil vueltas más hasta el infinito.

Cuando llego frente a él, lo beso en la mejilla, y sujetándolo del rostro con sus dos manos como cuando era niño, le dijo- Transforma tu vida en algo grandioso, irrádiala con todo tu amor –

El contesto aquella mañana, – nunca mi amor, tu eres mi única princesa, ella sonrió y lo miro amándolo más con aquella mirada.

Aquel viejo de cabellos rizados hoy le había dado una gran lección de amor y fidelidad, recordó que debía alimentar su matrimonio con las pequeñas cosas de cada día, como cuando su viejo lavaba la ropa en su vieja electrolux.

Pdta.- El amor es la oportunidad de tocar una vida, de hacerse parte de ella y hacerlo grandioso, no seamos mezquinos pretendiendo obtenerlo todo sin pensar en el daño que causamos. La canción lo dice todo no esperemos que nos toque.

Carta a A. Perez Esquivel

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Lima, 14 Noviembre 2012

Sr. Adolfo Pérez Esquivel

Estimado Señor,

Le mando esta carta esperando con ella Ud., pueda comprender algunos dolores, algunas alegrías y algunos corazones, que a la distancia siempre van a ser los mismos a pesar del mucho o poco tiempo que haya pasado.

Le quería contar la historia de un hombre que allá por los años 80’ conocí cuando tenia la edad de 2 años, en realidad recuerdo muy poco de él, de como era, de como vestía, como se veía, solo las fotos de los álbumes familiares me ayudan a salvar su recuerdo del naufragio del olvido.

Lo único que guardo en mi memoria y se lo puedo asegurar con mucha firmeza, son los “buenos días” a carcajadas con que despertaba de niño, cada vez que visitaba la casa de campo en vacaciones; casa donde él vivía.

La vieja foto que guarda mi madre en su cartera me hace saber que tenia el pelo negro azabache ensortijado, no muy grande, lo suficiente para protegerlo del frio inclemente que en invierno hace por esta zona de mi país, seguro que también por eso utilizaba una barba abundante que le cubría el rostro, su piel blanca y su figura estilizada junto a sus piernas largas, a veces me confundían con los muchos extranjeros que siempre andan de paso por este pueblo. Pero regresando a lo que le contaba, en vacaciones viajábamos a la casa de campo con mi familia a pasar el largo verano, él tenia su habitación junto al nuestro, nunca estaba cuando llegábamos, mamá siempre decía que estaba de Turno; pero al amanecer del día siguiente, una voz gruesa y una gran sonrisa siempre irrumpía en mi habitación y de pronto las cosquillas en mi vientre no dejaban de cesar, intentaba cubrirme con las colchas, pero créame era imposible, él siempre ganaba despertándome con sonrisas, mamá muchas veces nos llamo la atención por que con tantas cosquillas a veces yo no contenía la orina y siempre mojaba la cama.

Fueron muchos de esos amaneceres de inmensa felicidad que pase en mi niñez Sr. Pérez Esquivel, quizá a ese hombre del que hoy le cuento lo llegue a querer como a mi padre, a pesar de que tengo uno muy bueno y cariñoso también.

Cada mañana pasaba a despertarme por que quería que fuéramos a desayunar junto a él, antes de que se marche a trabajar a la posta médica del pueblo. Sabe, hasta el día de hoy que le escribo desde una cómoda oficina en la capital de mi país, se me vienen la lagrimas al recordarlo, nunca mas pude despertar así desde que se fue, mi padre en las primeras semanas lo intento pero nunca fue igual.

Fue un día del 89, cuando tenia 10 años, ya muy de noche que llamaron a la casa, mi padre contesto y cuando colgó el teléfono, su rostro palideció y solo miraba a mi madre, yo hasta ahora recuerdo ello, estaba haciendo mis tareas cuando él se lo conto a mi madre, Yo solo atine a correr hacia el cuarto de mis padres y me arrodille sobre la cama frente al crucifijo que mamá tenia sobre su cabecera, y le pedí, pedí y pedí a Dios que fuese mentira, o que si sucedió él estuviera sano, no sabe cuanto se lo pedí.

Esa noche nadie en casa pudo dormir, oía a mi madre llorar y si ella lloraba nosotros también lo hacíamos. Al día siguiente mamá y papá se despidieron de nosotros con un beso en la frente, le dieron instrucciones a nuestra nana para que nos cuidase y nos siga enviando a la escuela.

Mi padre es un hombre muy inteligente y el doble de bueno, siempre lo he visto hacer el bien, nunca ha peleado con nadie por eso que tampoco tiene enemigos. En esa época él era Jefe del área de transportes de una empresa minera japonesa, tenía una vieja camioneta Dodge 100 color verde, con la cual partieron de la villa minera a la casa de campo distante a 4 horas de allí.

Ya de grande me entere que mi padre había arriesgado su vida con tal de cumplir el último deseo de mi madre (enterrar a su único hermano), me contaron que una vez llegado al pueblo mi padre se puso en contacto con el puesto policial del lugar donde le dieron todos los pormenores del trágico atentado, mi padre pidió ir a auxiliar a los médicos caídos, pero nadie se atrevía a viajar hasta el lugar (a 8 horas de distancia), bajo esa perspectiva el decidió ir con la vieja camioneta Dodge, pero los policías se lo impidieron aduciendo que no podían permitir que otro civil mas muera, a tanta insistencia de mis padres 4 policías decidieron ir como escoltas, mi madre también quiso subir a la camioneta, pero mi padre se lo impidió apelando a su sensatez, – ¿que pasara con nuestros hijos si nos sucede algo y no regresamos? ¿Con quien se quedaran, si vamos los dos? – creo que ante esa pregunta mi madre entendió en su dolor que primero estaban sus hijos.

No puedo contar al detalle lo que encontró papá cuando llego al lugar, solo le diré que recogieron todos los cuerpos sin poder reconocerlos, tuvieron que dar media vuelta con tanta rapidez por que la muerte los acechaba a cada paso.

Hasta esta parte ya sabrá que la persona del que le cuento es mi Tío, él se llamaba Edwin, era el único hermano de mi madre, tenia 35 años cuando fue asesinando, era medico enfermero; habían iniciado una campaña de salud junto a sus colegas para ir a curar a los mas pobres en los recónditos pueblitos de la sierra de mi país, para mala suerte de ellos coincidieron en la ruta de terroristas armados, que no tuvieron piedad con ellos.

Esta es la razón de mi carta, me siento agredido, pisoteado, humillado, invalido de no poder hacer nada, cuando escucho a los compañeros de los delincuentes que mataron a mi tío decir que son prisioneros políticos, pedir amnistía y fotografiarse con ilustres personas como Ud. y las Madres de Mayo, si es así, Yo también pido que liberen a mi madre de su sufrimiento, que la amnistíen de su dolor, bajo ese paralelo mi madre también fue condenada a sufrir.

Sabe, ella y mi padre que ahora esta jubilado siguen viviendo en la misma casa de campo, y todos los domingos sin dejar uno solo en todos estos años, va a dejarle flores a su hermano y llorar frente a su tumba. Hace algunos años murió el abuelo, sus ultimas palabras fueron, “ya me voy a encontrarme con mi hijo”; la abuela también es muy anciana, seguro que debe pensar lo mismo; mi tío tuvo 2 hijas antes de morir, dos hijas que no tuvieron un papá que las cogieran y las llevase al altar cuando se casaron.

Hoy le escribo desde mi oficina en la Ciudad de Lima, tengo 33 años actualmente, no he dejado de pensar algunas veces que hubiese sido si él hubiera estado vivo; en la casa de mi madre no recuerdo que alguien haya vuelto a pronunciar su nombre sin ver escapar de los ojitos de mamá una lagrima, pero como dice la frase Dios nunca te cierra todas las puertas; hace 2 años ese nombre que causaba pena pronunciarlo ahora nos da esperanza y alegría, por que mi madre ahora tiene un pequeño hermanito (como dice ella), hoy tiene un nieto hijo de mi hermano que lleva el nombre de mi tío…. “Edwin”

Eso era todo ilustre señor, solo decirle que todo lo que le conté existió y si un algún día se le apetece visitar estos hermosos lares, aquí tiene un amigo que puede contarle a viva voz la verdad de la historia y si por si acaso desea subirse a un auto, con gusto lo llevare a conocer los hermosos parajes que hoy en tiempos de paz es mi país, y por ahí que pasamos a saludar a mis padres para que le cuenten con detalles todo lo que en esta minúscula carta quise decirle.

Un fuerte abrazo…

Pdta.- La Comisión de la Verdad y Reconciliación, registra este caso con el numero 1011073, aunque la fecha es inexacta.