Una escalera a ti

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Sábado

21:13 Tum tum tum miro el reloj aun no es la hora, vuelvo a recostar mi cabeza sobre el asiento del auto, cierro los ojos intentando aplacar este nerviosismo que mi corazón se empeña en recordármelo con su golpeteo.

- Mamá, tengo todas mis cosas en el camión, me voy.
- Ya hijo, contestas sin mirarme, sigo parado en la puerta de la cocina, viéndote lavar una y mil veces la misma tasa, sin querer voltear refugiando tu tristeza en el lavadero, me acero e intento abrazarte, volteas, te secas las lágrimas me abrazas fuerte, cuídate mucho hijo, dices, mientras me besas en la mejilla y la humedeces con tus lágrimas.

21:16 Una sirena rompe el silencio, me levanto creyendo que la policía o el serenazgo descubrieron mi propósito, me quedo un rato mirando la calle oscura, hasta que el sonido desaparece, vuelvo a recostarme.

- Rin rin rin, sonó el teléfono, veo el número de casa en la pantalla, seco mis lágrimas y ensayo una voz
- Aló – digo – ¿Hola Hijo?, ¿cómo estás? Me respondes con tu dulce voz.
- Bien, todo bien y esbozo una sonrisa fingida como creyendo que ella lo verá, no tengo el valor de decirle que estoy destrozado, tratando aun de combatir las penas del corazón, las que me hicieron alejarme para recomenzar una nueva vida.

21:19 Tum, tum, tum, las palpitaciones se hacen más frecuentes, algo suena y me incorporo a revisar, es un perro que pasa y husmea por las llantas del auto, lo puedo ver por el espejo retrovisor, todo está en calma, la oscuridad con su manto nos ha hecho invisibles, me quito el reloj y lo escondo en la consola central del auto, no quiero que las manecillas fosforescentes me delaten, vuelvo a recostarme, ahora cruzo mis manos sobre mi pecho, cierro los ojos.

- Hola hijo, pasa, ¿ya almorzaste?, Es lo primero que preguntas al verme frente a tu puerta.
- Yo, con mi sonrisa de oreja a oreja y mi corazón de algodón de azúcar corro por el estrecho pasadizo que da a la cocina donde me esperas, te abrazo y mi alma recupera la paz.

21:23, Tomo el timón del auto para reincorporarme, saco el reloj de la consola para mirarlo, solo faltan 7 minutos pienso, repaso en mi mente si tengo todo: la escalera, la soga y los guantes, todos en la maletera, la mochila con la caja de rosas en el asiento del copiloto, todo anda en orden, intento relajarme una vez más cerrando los ojos.

- Tan tan ta tan, tan tan ta tan, suena la música, te ves hermosa con tu vestido celeste; vamos hijo -dices sonriendo- tomas mi brazo e ingresamos por el pasadizo central de la iglesia, te veo secar tus lágrimas, siento tu corazón junto al mío, están contentos, ya dejarás de preocuparte; hoy comienzo una nueva familia, pienso mientras caminamos.

21:26, Recostado juego con mis manos sacándome conejos, están húmedas de la emoción, toco la cicatriz en mi mano izquierda a la altura del dedo índice.

- Corremos por el pasadizo del hospital naval, desesperados por llegar donde te dejamos hace unas horas, las lágrimas caen en la loseta del piso como rocío de lluvia, la garganta me asfixia en dolor, el corazón late tan fuerte como puede, ¡por favor Dios, que sea mentira!, ¡que sea mentira!, ruego, ¡no nos puedes hacer esto!, ¡ahora no, por favor Dios!
Llegamos, vemos al doctor en la puerta con el rostro desencajado, mirando al suelo, rompemos en llanto, la agitación se agudiza, el dolor en el pecho se intensifica, los golpes tum tum tum se repiten sin intervalos, me pregunto ¿qué hubiese pasado si te hubiesen puesto las plaquetas que me sacaron, haciéndome una herida en la mano?
21:31, El recuerdo me perturba, seco mis lágrimas, han pasado muchos meses de esa escena, encontré consuelo con ir a verte, llevarte flores y charlar hasta que el ocaso me despida; eres el único tónico que calma mi alma que retumba día a día como campana de iglesia los domingos.

Ayer volví a casa llevando a papá, me pare frente al jardín y sentí tu fragancia estabas ahí esa noche, mirándonos como te echamos de menos, como conversamos sobre ti. Cuando se abrió la puerta pensé verte en la cocina diciéndome, – Pasa hijo, ¿ya almorzaste?– pero todo estaba en calma sólo el sonido del refrigerador interrumpía de tanto en tanto; parece que todo se detuvo con tu partida, los sillas, la mesa, los cubiertos, tu cocina, el microonda, parece que aún aguardan tu regreso, no son útiles si tu no les das vida.

Me despedí de papá antes de embriagarme en melancolía, salí de prisa, subí al auto y me fui.

Espero me perdones, siento que estoy echando a la basura todas tus enseñanzas, he sido un buen ciudadano como tu querías, pero no puedo aguantar más, estas semanas de no verte han siso angustiantes. En las noticias dicen que no hay acuerdo por ahora entre Chorrillos y Surco, no se imaginan que con cerrar el cementerio no solo han cerrado una puerta sino corazones distendidos, conversaciones eternas, sonrisas cómplices, abrazos infinitos.

Miro el reloj, ya es hora, son 130 pasos para llegar a ti; la mochila con las flores esperan a mi costado, mi corazón retumba tum tum tum tum más ansioso todavía, extiendo mi mano sobre la manija de la puerta para abrirla, una frase se repite en mi pensamiento.

¿Hola hijo?, ¿Cómo estás?

Pdta.- Noviembre 2015, La Municpalidad de Surco (Lima) cierra el Cementerio San Pedro, Administrado por la Municipalidad de Chorrillos, argumentando falta de seguridad, hasta hoy no hay una solucion.

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