Nunca es tarde para decir un TE QUIERO…
Regreso muy tarde aquel día, el ocaso en la ciudad pintaba el cielo de tenues colores rojizos, lilas y naranjas; las luces de la autopista se encendían como luciérnagas gigantes, las líneas blancas sobre la pista le recordaban cuando una a una las iba contando de niño, mientras su padre manejaba el automóvil.
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Sumido en su pensamiento no noto que ya estaba frente a su casa, bajo del auto como un día cualquiera, cogió las llaves de la guantera, se puso el monedero en los bolsillos y camino hacia la puerta.
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Introdujo la llave en la cerradura, con el semblante alegre, con la misma emoción que sienten los pájaros cuando regresan a casa a ver a sus polluelos.
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Una extraña fragancia soplo sobre su rostro cuando abrió la puerta,
- ¿era el viento del otoño? – Se pregunto – ¿o la brisa marina del atardecer?,
Algo dentro de él, le hizo desistir de esas conjeturas, No, no era nada de lo que estuvo pensando.
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Era ella, había dejado el perfume de su piel impregnada en cada rincón de esa casa, en los muebles, en las paredes, en los cojines, todo tenía su aroma.
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Puso las llaves sobre la mesa y se dirigió a la cocina; su rostro ya no era el mismo, una onda tristeza y un extrañar profundo se apodero de él, su taza de té aun estaba ahí en la mesa de diario, sus cubiertos, el vaso del jugo aun tenia la marca de sus labios en su borde.
- ¿le dije que la quería? Se pregunto, tratando de recordar sus últimas palabras aquella mañana.
Una reunión importante de trabajo lo habían hecho salir de prisa, nunca dijo muchas cosas que debió decírselas.
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Pero era común en él, siempre actuaba así, reprochándose por no haber dicho esto o lo otro, o por no haber hecho algo que ahora merezca la pena, pero sabía que era demasiado tarde y no podía solucionar nada ahora con remordimientos absurdos.
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Que vacio sentía hoy su hogar, no estaba aquella persona que lo aguardaba todos las tardes y que lo despedía al marcharse cada mañana, hoy solo había soledad en cada rincón de la casa.
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Se levanto y se dispuso ir a quitarse la ropa de trabajo, abrumado recorrió el pasadizo y el baño, el sonido de sus zapatos al caminar era el único ruido que rompía con la quietud y el profundo silencio de su hogar, profundo silencio que se repetía también en su corazón, no estaba la voz que le decía:
“hola mi amor”, “como te fue mi vida”, “me alegro que hayas llegado”, “sabes lo que hice hoy..” Pero ninguna voz lo recibiría hoy.
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Cuando llego a su habitación una pequeña nota colgada en la cabecera de su cama le llamo la atención, era amarilla y llevaba algo escrito en ella, estaba situado por sobre su almohada, se acerco muy despacio temiendo lo que diría, los segundos eran eternos en los cortos 5 pasos que dio para llegar ..
- “Te voy a extrañar” - decía la nota
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Continuara…
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Me ha gustado, estaré pendiente de la continuación , saludos