Miyagi también se equivoca.

Hoy, más precisamente a las seis de la tarde, volví después de ausentarme por 15 días, al templo en el cual semana a semana voy conociéndome en forma más y más profunda. El templo en el cual, cada jueves y de a poco, voy construyendo centímetro a centímetro, el camino hacia mi mismo. Algo así como mi propia Avenida General Paz (a las seis en punto de la tarde y antes del ensanchamiento. Justo cuando hay un auto con un neumático pinchado bloqueando un carril. Y en pleno verano, un día de mucho calor y en un auto sin aire acondicionado. Y SIN calzoncillos, con un jean que ajusta de más, y con la remera absolutamente adherida al asiento, e indispuesta y dolorida por si sos mujer). Es decir, un camino a veces complicado, a veces lento, a veces atascado por completo, a veces intransitable y a veces tremendamente hincha pelotas (al punto literal, de requerir una cirugía), pero un camino. Y no solo un camino, sino el camino que YO elegí, de modo que intento transitarlo con una sonrisa.
El hecho es que hoy a las seis y cinco de la tarde aproximadamente, me recosté en el diván Miyaguístico. Saludo va, saludo viene, comenzó como siempre, y casi sin que yo me diera cuenta, nuestra sesión de hoy. Así fue como, mientras le contaba mi entretenidísima semana a Miyagi-San, comencé a jugar con los cuadritos del consultorio. Es decir, comencé a jugar, mirando los cuadritos del consultorio. Cerrando un ojo, después el otro, después los dos y después volviéndolos a abrir. Todo esto claro, sin que Miyagi-San lo note, es que ellos (y digo ellos porque seguramente el/la tuyo/ya es igual) no se calientan por esos cuadros, ni saben tampoco como se ven desde el diván, y mucho menos como se ven desde el diván y con el ojo derecho cerrado. No. Ellos no saben nada de todo esto, porque ellos están “colgados” o “atendiendo flotantemente” a cosas de menor importancia, más superficiales y poco relevantes para el proceso de terapia, como nuestra enrolladísima psiquis semi-estúpidamente atrofiada, en el complejo de Edipo, en los actos fallidos, en el olvido y en Boltraffio, Botticelli y vaya saber uno en que más. Aunque seguramente, ahora que lo pienso, colgarán también en el próximo vencimiento del gas (que por cierto aumentó para el carajo), o en lo bueno que estuvo el último capitulo de Lost, aunque ya es hora de entender de una puta vez que carajo es el “monstruo-humo” ese, porque al final sino lo explican, vamos a terminar pensando que es una representación de la gran represión inconsciente que opera sobre los deseos de muerte de la misma isla que de a poco va… y ahí justito justito en medio de todo eso, vos decís algo que atrae su maligna atención miyaguística, y así, sin más, sin anestesia dejan caer de sus bocas, aquello que todo paciente teme escuchar desde el diván. Bueno, talvez la segunda o la tercera cosa más temida, porque antes estarían frases como “la verdad, nunca he visto pacientes peores que vos” o la ancestralmente odiada “bueno… vamos a dejar acá…quiero que te quedes con eso”. La cuestión es que sino todos, al menos YO temí siempre a la frase que hoy escuché en labios de Miyagi-San. Hoy escuché de su boca, la tremenda “Deberíamos hacer una inter-consulta con un psiquiatra, yo diría que estás DEPRIMIDO”. Por supuesto que ahí nomás se me encendió la alarma interna que todos tenemos, y que existe solamente para avisarnos que ha llegado el momento de CORRER POR NUESTRAS VIDAS!!!
Todos sabemos perfectamente que entre la primera pastilla del psiquiatra y terminar turulecos como El Guasón en la última de Batman hay solo un paso. Un paso que yo no estoy dispuesto a dar, y mucho menos siendo que es un paso fundamentado en un error de mi muy muy estimada Miyagi-San. Es decir, es cierto que las últimas semanas estoy un poco tristón. Algo caído. Que paso días enteros sin salir de la cama más que para ir a buscar más y más papel para sonarme los mocos. Puede ser cierto que estoy un poco sensible de más, y que la última publicidad de crema hemorroidal que vi en la tele me emocionó hasta las lágrimas. Y puede que de vez en cuando en esta última semana esté pensando que el mundo es una mierda, y que estoy seguro de que la solución, como siempre, va a ser poner más mierda alrededor, en el mismísimo espacio exterior si se puede. Tapar la misma Enterprise y la nave de V Invasión Extraterrestre con mierda. Y así nuestro mundo va a seguir siendo una mierda, pero por lo menos no se va a notar tanto. También puede ser que piense un poco en que nada vale la pena, porque total, estoy seguro de que igual, no importa el esfuerzo, va a salir mal. Es cierto que la semana pasada me suscribí al canal 924 de Direct Tv porque ahí dan el programa evangelista “Pare de Sufrir”. También puede que esté llorando en este mismo momento, porque acabo de oír en la radio, la última de Reggaeton y me emocioné. Y puede ser que últimamente me sorprenda a mi mismo pensando que el mundo sin mi sería un lugar mejor. Pero vamos. De ahí a estar DEPRIMIDO… Pfff… me parece que hay mucha distancia. Me parece que esta vez, Miyagi-San la pifió, Me parece que esta vez, me está vendiendo gato por liebre (o deseo por goce como supongo que dirán ellos).
Así fue que en el mismo momento en que Miyagi-San nombró al psiquiatra y su valijita de pastillas bobas, yo le respondí con mi más pesada batería de complejos argumentos Freudiano-Lacanianos y con vos temblorosa dije: “No… Ni en pedo”. Y parece que funcionó, porque al menos por ahora le sigo escapando al Bobero….Pfff… Deprimido yo… que ridiculez… increíble… JA…deprimido yo? Pero por favor… que no me hagan enojar mejor… porque cuando me enojo… últimamente siento que todo es culpa mía y termino llorando…

Que Brain-Storming ni que ocho cuartos??!!

El 2008 se despidió como debía. En lo personal fue un año sumamente hincha pelotas. Así que literal al extremo, los últimos días del 08 los pasé de esa forma. Haciendo un extenso tour por cuanta clínica porteña estaba incluida en la lista de la más reciente muestra del proceso civilizatorio-personal que estoy atravesando, es decir, Mi Medicina Prepaga, y todo para buscar la explicación médica para aquello que yo podía explicar perfectamente en forma un poco más rústica. O sea, “…después de un año como el 2008 doctor, no tengo más alternativa que tener las bolas hinchadas no le parece? O quiere que le cuente en detalle?” Pero no. El detalle no fue necesario. Pues después de que dos médicas de guardia (mujeres las dos), dos ecógrafas (mujeres ambas también), dos enfermeras (obviamente mujeres) y todo el personal femenino de las clínicas, exceptuando a las recepcionistas, revisara mi “problema”, llegó finalmente la solución. Lo que por un lado, seguro me tomará muchas más visitas a lo de Miyagi y muchas más horas de introspección, fue por otro lado resuelto con un (para nada amigable) bisturí sin anestesia, un doctor entusiasta y una enfermera alentadora. En dos minutos la parte práctica de lo que médicamente se denomina hinchadura de huevos estaba resuelta, la otra, la que podríamos denominar algo así como hinchadura de huevos anímica aún dista mucho de estar resuelta, pero al menos ésta, me permite sentarme sin problemas.
El 2009 llegó sin mucho ruido. Lo esperamos con un asado suculento que a la vez que recibía el año, oficiaba también de despedía personal de las comidas hiper calóricas por un largo tiempo. Pues la luna de miel de hace unos meses, me dejó muchos momentos memorables, me recordó cuanto me gusta viajar, me permitió conocer lugares increíbles, me devolvió la alegría, y también me devolvió unos cuantos kilos ganados en un irreprochable esfuerzo (por cierto sumamente exitoso) por honrar a cuanto productor de empanadas regionales crucé en mi camino.
En fin, estrené el 2009 y mi primer día de furia no tardó en aparecer. Dos días llevaba de iniciado el nuevo año. Dos horas llevaba yo en la cola para tramitar mi pasaporte. Dos personas habían visto y aprobado mi documentación cuando llegué con el número 526 al mostrador número 7. Fue entonces que la mujer policía que estaba tras ese escritorio, y tras unos notoriamente gruesos anteojos, decidió que mi DNI no era legible. Detalle más detalle menos la idea era simple. Hacete un DNI nuevo y volvé. O sea “… nos vemos dentro de un año y capaz que ahí, te hacemos el pasaporte nuevo”. La verdad que me lo tomé con bastante calma. Las 7 horas que siguieron a ese momento, pueden describirse como una sumamente divertida, pero sobre todo creativa, combinación de insultos e improperios dirigidos directamente a la mujer policía en cuestión, a dos escalones (tanto ascendentes como descendentes) de su árbol genealógico, y su maldito oculista. Luego, dormí dos horas, y al despertar, retomé con renovadas energías el juego que tenía por protagonista a la mujer policía y a sus futuros hijos, quienes espero que sean chorros solo para complicarle la vida a “Mami”.
En fin. Tranquilamente recostado en el sillón de casa, y junto a mi amada esposa (y entre comentarios sumamente civilizados de mi parte), evaluamos fríamente las opciones que tenía por delante. Después de descartar la bombas molotov y el cinturón de dinamita, llegamos a la sana conclusión de que la mejor alternativa era intentar hacer las cosas bien y evitar nuevos problemas y nuevas broncas. Así fue que opté por adulterar prolijamente mi DNI y volver a hacer el intento al día siguiente, evitando por supuesto, caer nuevamente en la mesa de la Oficial Magoo.
Un día después me encontraba nuevamente en la extensísima cola, friéndome los sesos, en la esquina de Azopardo y alguna otra calle, junto a muchos otros que como yo, estaban a punto de encontrarse cara a cara, mostrador de por medio, con los CSI argentinos.
La primera hora de cola no fue tan terrible. Terminé el libro que había comenzado hacía unos días y avancé más o menos unos cincuenta metros. Solo me faltaban ciento cincuenta más, y después unas tres horas dentro del edificio. Y si tenía suerte, y Magoo no se volvía a curzar en mi camino, mi pasaporte iba a ser solo cuestión de tiempo. La segunda hora de cola, empezó perfilándose como aburrida pero fue el principio de algo definitivamente genial. Unos metros delante de mí, una mujer de unos sesenta años insistía haciendo preguntas que nadie en la cola podía responder. Un hombre de edad difícil de determinar, y ya cansado de escuchar las preguntas de la mujer, intentó iniciar conversación con una chica que estaba justo detrás suyo y algo así como dos metros delante mío. Comenzó a hablarle preguntando si tramitaba pasaporte y cédula o si solo tramitaba una de las dos. En algún momento de la conversación, detalle más, detalle menos, la chica comentó algo así como que solo tramitaba cédula porque a su pasaporte aún le quedaba un año más, y por el momento ambos trámites le significaban mucho dinero, como a casi toda la gente. Lo genial de esto fue que dos lugares detrás de mí, la conversación entre “Señor” y “Chica” fue traducida por “joven de sexo masculino con sesos quemados por el intenso sol” para quienes estaban cerca de él en la cola, en algo como lo siguiente: “¿Vieron che? Parece que conviene hacer solo la cédula. Así tarda menos. Dicen que si pedís el pasaporte, el trámite te tarda un año más porque hay mucha gente”. Solo unos metros más atrás, “chica extranjera con urgencia por obtener papeles argentinos” pregunta al borde de la desesperación, y sin dejar en claro en destinatario de su urgencia “¿Escucharon? Están diciendo que hay tanta gente que la entrega de cédula y pasaporte se suspende por un año!!! Me muero… yo tengo que viajar ya!!!”Un par de minutos después, me era imposible escuchar las variaciones que sufría a lo largo de la cola, la conversación original entre “Señor” y “Chica”. Pero ese día me fui de allí por un lado con un papel firmado y sellado que decía que en unos 30 días hábiles, iba a recibir mi pasaporte y mi cédula en el domicilio indicado (razón por la cual aún me río en la cara de la Oficial Magoo, su oculista y toda su familia) , y por otro lado, con la certeza de que los cuentos más fantásticos y las creaciones más asombrosas de genios como Borges o Cortazar, han de haber surgido, indudablemente, al final de alguna cola como la de Azopardo y no se que otra calle, cuando están llenas de gente que espera…

Ves el horizonte?… bueno… ahí a la vueltita nomás.

Viajar, abre la cabeza. De eso no tengo dudas ni las tenía antes tampoco. Mi luna de miel me permitió recientemente recordar este hecho, que por razones varias, tenía algo olvidado.
Al margen de lo bien que pasamos el viaje que nos “estrenó” como “matrimonio joven”, (y dejando de lado mi debut como “El Marido”, cuando ya sobre el avión intentaba tranquilizar a Lu con una sonrisa que ocultaba lo absolutamente aterrado que me encontraba mientras el tubo de lata en que viajábamos subía, y subía y seguía subiendo más allá de las nubes), el viaje en el que el sexo repetido y diario parece una obviedad pre-cumplida aunque finalmente acaba en promesa adeudada para las próximas vacaciones, dejó tanto en Lu como en mí, una nueva y más rica comprensión acerca de lo mucho que el hecho de viajar abre las cabezas y del mundo en general.
En cuanto a la lista de personas que conocimos en el viaje, la nuestra comienza en Purmamarca. En ese pueblo, crucé mis primeras palabras con Tom. Una mujer (aunque su nombre no lo indique) de aproximadamente 25 años, que comenzó hablando en Inglés, y a quien con el correr de las palabras, se le fue cayendo de la boca un español bastante comprensible. Tom venía desde Israel con la idea (que muy pronto pudimos comprobar por nosotros mismos) de recorrer la mayor cantidad posible de lugares, en la menor cantidad de tiempo. Razón por la cual poco más que eso fue lo que pudimos saber acerca de ella. Apenas segundos después de que el bus se detuviera en Purmamarca, la escuchamos decir, y ya unos cuantos pasos por delante nuestro “Shicos, venen agora al cierro de los siete color?”. Lu y yo, turistas tan evidentes como el resto en aquel lugar, girábamos lentamente sobre nuestros talones, y cámara en mano por supuesto, dimos a Tom, un gesto probablemente incomprensible por toda respuesta.
Dos días, mil fotos, y un corte total de luz después, estábamos en la ciudad de Tilcara. 22km al norte de Purmamarca y 2500 metros arriba del mar. Nuestro primer contacto en esa ciudad fue con Miriam y Gloria. Dos fenómenos Puntanos, que rondando los 50 años de edad, habían emprendido aquel viaje, para intentar sacudirse en cualquier curva de algún camino de cornisa, los restos de un marido que había solicitado su ingreso a la categoría de “Ex”, de un trabajo perdido y de algún amor no correspondido. Después de intercambiar nuestras tarjetas de presentación verbales, compartir un día de pura caminata y mil anécdotas y unos fideos caseros nocturnos, nos despedimos entre abrazos y besos hasta la próxima casualidad.
Vero. Vero fue un capítulo aparte de nuestro viaje. Dos días enteros compartimos con ella. El primero de ellos comenzó en el viaje hacia Iruya, Un pueblo ubicado a tres horas de Tilcara, dos de ellas por un camino de cornisa y ripio que nos regaló unos cuantos paisajes de los más hermosos y solitarios que vimos a lo largo de nuestro viaje. Allí, a bordo del mismo bus (que merecidamente apodado “El destartalado” se disponía a recorrer con nosotros adentro, las tres horas de ripio y cornisa que seguían) se encontraba también Vero. Llevaba una sonrisa en la boca, la cámara de fotos en una mano y una bolsita lista con las hojas de coca en la otra.
A partir de entonces, la línea de “vero me cae bien”, describió una curva tan violenta como las del camino que recorríamos juntos. Con el correr de los minutos, me iba quedando claro que nuestra nueva compañera de viaje, podía ser descripta como uno de esos personajes llamados “Yo más”. Resumiendo, si vos caminaste, Vero no corrió… Vero voló. Si vos escalaste, Vero subió la más alta de las montañas haciendo la vertical con una mano. Si a vos te falta un poco el aire, Vero hace seis días que ni siquiera respira. Resumiendo nuevamente, si a Lu le parece que Vero es un poco exagerada, a mi me parece que yo no la soporto más y la quiero liquidar a cada instante!!!
Una vez en Iruya, a unos 2800 metros sobre el mar y muy por debajo de las cantidades de oxígeno que mi cerebro necesita para pensar con claridad, intenté conversar con Alicia, y debo confesar que me sorprendí. Pues incluso en ese estado de sub-oxigenación mental, pude darme cuenta de que aquella señora, oriunda de un pueblo al que ya no vuelve debido a lo difícil que es escalar el camino de entrada, y con sus 75 años de edad, era una perla perdida del mundo de los negocios. Alicia, así como la estaba viendo, dejó claro que haría sentir un completo estúpido al más brillante de los jefes de presupuesto y de marketing. Alicia me demostró que era capaz de bajar los costos de fabricación de por ejemplo, la Guia-T y la Filcar, en un abrir y cerrar de ojos. Para aquella dulce mujer, la farmacia por ejemplo, se encontraba “ahisito nomás” en dirección Oeste según lo indicaba su dedo. “¿Y la iglesia Alicia?” pregunté unos minutos después. “Ahisito nomás” y también hacia el oeste quedaba la iglesia. Solo para estar seguro de lo que creía que acababa de descubrir hice una última pregunta a Alicia en medio de nuestra conversación, y comprobé que de verdad había descubierto la perla que yo decía. “¿Alicia, Chile donde queda?”. Y fue como yo creía. Alicia era la genia superdotada de la Guia-T que todo lo sabe. “Ahisito nomás queda” y por supuesto y acertadamente, también para el oeste indicaba su dedo.De este modo, la lista de personas que fuimos conociendo a lo largo de este viaje se iba llenando de nombres y caras nuevas. Con algunos solo compartimos algún que otro viaje en la parte trasera de alguna camioneta y apenas si pudimos intercambiar nombres. Con otros solo intercambiamos caras de admiración frente a los más increíbles paisajes. Pero creo que todos, absolutamente todos compartimos una misma pregunta aunque muchos, y solo por respeto, no llegamos a pronunciarla en voz alta. Pues viajando en diversos buses por los más desérticos y empinados caminos de ripio a través de las montanas, fuimos testigo repetidas veces, de como algunas personas se ponían repentinamente de pie, como quien a punto está de perder su parada, y pedían al chofer que se detuviera “allí nomás”, para bajarse del bus en lo que podría describirse técnicamente como las zonas que se encuentran un poquito más allá de “la nada misma”. Pues ahí mismo se bajaban y caminaban por la ladera de las montañas con rumbo seguro hacía el lugar que despertaba en todos nosotros la pregunta en cuestión ”¿A dónde mierda van????”, al tiempo que a punto estábamos de fracturar nuestras cervicales en un intento inútil por ver el destino que perseguían…

Oh-oh… creo que he visto un lindo gatito!!!

Cuando hace un tiempo Lu comenzó a hablarme acerca de la posibilidad de tener un gatito en casa, yo supe desde el primer momento, que sería igual que en las películas o las publicidades con animales. Sabía que iba a traer a casa un tierno felino de ojos dulces que nos miraría a Lu y a mi buscando su cuota de mimos y cariño, y lista para llenarnos de amor incondicional. Sabía que iba a traer a casa a una pequeña gatita de pelo largo, y la imaginaba jugando silenciosa y tiernamente con un ovillo de lana entre sus patitas traseras.
Bien. Traje a la gata a casa. Se llama Ramona. Y nada de lo imaginado sucedió. De hecho, la idea combinar una pequeña gatita con la sensación misma de PAZ, es completamente incongruente.
Lo que sigue, es una descripción a modo de informe, lo más breve posible de mi noche de ayer (la número 44 desde que Ramona llegó a casa)

17:00hs El sujeto humano (o sea yo) se dispone a leer los últimos capítulos de un libro. El sujeto felino (o sea Ramona), se acuesta en la cama, justo a su lado. Sujeto humano lee mientras sujeto felino duerme tiernamente.

17:50hs Suena el teléfono. Sujeto humano se levanta de la cama y atiende. Luego se queda en el sillón del living leyendo. Sujeto felino viene hasta el sillón y se vuelve a dormir junto a él.

19:00hs Sujeto humano y sujeto felino duermen enroscados (y algo babeados) en el sillón del living, junto al libro abierto.

20:30hs Suena el teléfono nuevamente. Sujeto humano despierta y al mismo tiempo, despierta sujeto felino. Sujeto felino se estira. Al verla estirarse, sujeto humano piensa en la imagen de un extraterrestre finalizando su etapa de capullo o de incubación. Algo así como el momento en que Alien sale por el estómago de su anfitrión indefenso. Sujeto humano mira a sujeto felino y suda casi imperceptiblemente. Sujeto humano ruega que sujeto felino no tenga muchas energías.

20:31hs Sujeto humano habla por teléfono. Sujeto felino destroza una bolsa de papel que extrajo del tacho de basura. Sujeto humano maldice al tiempo que ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite otra vez”

21:15hs Habiendo destruido la bolsa de papel, el sujeto felino fija un nuevo objetivo en su carrera de destrucción. Ni más ni menos que el sujeto humano. Sujeto humano la mira fijamente y dos segundos después, sujeto felino se encuentra mordisqueando insistentemente los dedos, manos y antebrazos de sujeto humano.
Sujeto humano intenta entre mimos y mordidas, seguir escribiendo en la pc al tiempo que ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”.

22:10hs Sujeto humano se dispone a hacer un bife a la plancha. Sujeto felino, (que asume que todo alimento del hogar, está destinado a terminar en su boca) trepa con sus unas por la pierna de sujeto humano hasta la altura de su cintura. Sujeto humano maldice en voz alta, y desprendiendo a la gata de su cuerpo ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”

22:40hs Después de compartir el bife a la plancha, sujeto felino juega, en pleno ataque de hiperquinesia, con los restos de la bolsa que acaba de destrozar. Al mismo tiempo, sujeto humano hace la digestión al tiempo que ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”.

23:10hs Sujeto humano se dispone a ver una película. Sujeto felino elije entre todos los “juguetes” que tiene, el más ruidoso de todos. Lo trae junto a sujeto humano y juega durante una extensión temporal idéntica a la duración de la película. Sujeto humano sube el volumen de la tele y ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”.

01:50hs Finalmente sujeto humano lee en la cama nuevamente, y sujeto felino duerme encima de él. Sujeto humano ruega “…quedate así por favor!!! Quedate así!!!”.

04:57hs Sujeto humano despierta para ir al baño. En dicha maniobra, también despierta sujeto felino. Sujeto felino se estira bostezando indicando que ha concluido se nueva fase de capullo. Un escalofrío recorre la espalda de sujeto humano al tiempo que ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”.

04:58hs Sujeto felino corre (Sí!! CORRE!!!) sobre la cama y sobre sujeto humano, persguiendo vaya uno a saber que cosa. Sujeto humano, profundamente dormido no logra capturar a sujeto felino. Sujeto felino parece disfrutar de su ventaja en terminos de velocidad y reflejos. Sujeto humano ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”.

5:20hs Por tercera vez, sujeto humano logra interceptar a sujeto felino en una de sus carreras sobre la cama, y con un movimiento seco de su brazo derecho, catapulta a sujeto felino fuera de la cama y de la habitación. Por tercera vez, sujeto felino regresa a la carga con renovadas energías. Sujeto humano, casi al borde del llanto, ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”.

05:42hs Sujeto humano intercepta nuevamente a sujeto felino. Esta vez, “invita” a sujeto felino a retirarse de la habitación y cierra rápidamente la puerta. Sujeto felino inclina la cabeza hacia un lado y desde el centro del living mira sin comprender la situación. Sujeto humano ruega “…por favor.. aburrite y dormite.. aburrite y dormite”.

06:10hs Hace 20 minutos que sujeto felino rasca, muerde y golpea la puerta insistentemente intentando regresar junto a sujeto humano. Sujeto humano, con su cabeza enterrada inútilmente entre las almohadas, deja escapar una suerte de carcajada que está a medio camino entre la risa y el llanto, al tiempo que ruega “…transformate en un hamster la reputa que te parió, transformate en un hamster!!!”.

07:00hs Sujeto humano cepilla sus dientes completamente dormido. Sujeto felino, de regreso en la habitación, se estira y bosteza. Acto seguido, se dispone a dormir en la almohada de sujeto humano.

07:20hs Sujeto humano observa a sujeto felino durmiendo a pata suelta sobre su almohada y repasa mentalmente las formas que ideó durante la noche, para eliminar a sujeto felino haciendo que parezca un accidente. Finalmente, sujeto humano sonríe y besa en la cabeza a sujeto felino mientras en voz baja dice “Te quiero la puta madre que te parió. Te quiero Gremlin de mierda”.
Sujeto felino ronronea fuertemente y se dispone a renovar sus energías para una nueva noche.

Tanto en la salud como en la enfermedad…

Solo seis días. Solo 144 horas. Solo 8640 minutos. Solo eso es lo que falta para estar felizmente casado con Lu. Seis días, y la ropa apropiada, porque las ganas y la novia las tengo, el anillo también, pero la ropa no.
Desde el día en que tomé la decisión de casarme, estuve seguro de que me iba a casar con ropa que me haga sentir que sigo siendo yo el que me caso, y no una versión de traje y más políticamente correcta de mí mismo. O sea, EL traje y LA corbata, seguirán en el placard hasta el próximo casamiento de alguno de mis amigos. Por lo pronto al mío, voy a ir en pantalón, camisa y zapatillas (amarillas por cierto). Problema simple, solución simple. Solo tengo que comprar la camisa mangas cortas. Y el pantalón. Y capaz que también las zapatillas, porque las que tengo están un poco sucias y parece que la suciedad no está del todo dispuesta a abandonarlas. Así fue que empezó entonces mi día de ayer. Ni muy temprano ni muy tarde, nos subimos (Lu y yo) a la moto y nos fuimos tras la sencilla tarea de conseguir, un pantalón, una camisa de mangas cortas, y talvez unas zapatillas.
Dije sencilla? JA!!! ILUSO!!!! Al parecer esta época del año es algo así como un “ni fu ni fa” del mundo de la moda. Pues los encargados de marketing de los comercios de indumentaria insisten temporada tras temporada en llamar a esta época del año, la temporada de “BIG SALES” y en llenar todas las vidrieras con carteles que rezan “SALE 50% OFF” y demás frases en inglés, que suponen atraernos a todos como insectos a la luz, agolpándonos en las vidrieras intentando conseguir algo que no necesitamos, pero por mucha menos plata de la que hubiéramos pagado, unos meses atrás, cuando si lo necesitabamos. Pero lo cierto es que esto de los “SALES” es simplemente una cuestión de espacios disponibles. Pues está claro que (en lo referente a indumentaria) ya no es temporada de primavera, y que la ropa de verano verano verano, aún no ha llegado a los comercios. El problema entonces, radica en que no hay espacio suficiente en casi ninguna vidriera de ninguna casa de ropa como para poner un letrero que diga algo así como “estamos en plena temporada de sacarnos de encima todas las camisas de mangas largas que nos quedaron sin vender y de ponerlas en vidriera a precios que parecen ser convenientes, pero que en realidad siguen siendo ridículamente caros…”, de ahí que la gente de marketing, haya decidido evitar tal “sincericidio” comercial y haya optado por los carteles que dicen simplemente “Sale 50% off”. En ese contexto, fue que pasé mi día yendo y viniendo en la moto, tratando de conseguir una camisa apropiada para un jueves que, hasta ahora, se anuncia en los pronósticos como EL jueves de 32 grados a la sombra. Tanto ir y venir intentando conseguir la bendita camisa manga corta, terminó con mi humor rayando la ira total, y con mi decisión de que “todos se metan las camisas esas en el culo, y yo me caso con la que tengo… que tanta vuelta carajo!!!”. Lamentablemente, para cuando tomé la decisión de no perder más tiempo tras la camisa (que para entonces era claramente un misterio de tipo arqueológico absolutamente inhallable), ya habían pasado como cuatro horas desde que había salido de casa, y a esas alturas, a Lu ya le daba lo mismo si me casaba en camisa, musculosa, o en malla y en chancletas, lo único que queríamos después de hervir nuestros cerebros al sol dentro de los cascos, durante cuatro horas, era volver a la tranquilidad de nuestra casa. Claro que como era de esperar, volver a casa tampoco fue una tarea fácil. Cómo casi todos los viernes, no había en la ciudad una sola calle libre de tránsito, por lo que circular con la moto entre tantos autos conducidos por especimenes diversos que, al igual que yo, estaban desesperados por volver a sus casas, no era misión para principiantes del volante (o del manubrio). Solo para resumir digamos que durante el viaje de vuelta, (después de que hicieran sonar sus bocinas innecesariamente y exigiéndome que les diera paso cuando no había lugar ni para un alfiler) intercambié amables invitaciones a mantener sexo oral prolongado y casual con los conductores de por lo menos, tres autos diferentes, y envié calidos y afectuosos saludos a la madre de otros dos, al tiempo que recibí algún que otro mensaje para mi ya difunta abuela y afirmaciones varias acerca del tamaño de mis testículos. Así es manejar en buenos aires, todo un abanico de puteadas y gestos nuevos son incorporados a nuestros cerebros a medida que vamos conduciendo nuestros vehículos por los cien barrios porteños, porque reconozcámoslo, cuando das el examen de manejo para obtener el registro, nadie te enseña (a pesar de ser absolutamente necesario) a putear por el espejo retrovisor, gesticular con la mano derecha, y continuar manejando con la izquierda. Sin embargo, nos exigen hacer un “8” marcha atrás por una rotonda, como si fuera algo que los conductores hacen cotidianamente. Lo cierto es que entre tanto intento por evitar las larguísimas colas de autos en cada semáforo de la ciudad, alguna que otra vez, rocé suavemente (y no tan suavemente otras) las rodillas de Lu contra algún que otro vehículo estacionado, razón por la cual recibí también de parte de mi futura esposa algún que otro vocablo hiriente, y exagerados comentarios sobre su integridad física, seguidos de recordatorios del tipo de “¿Vos entendiste esa parte de que me vas a cuidar tanto en la salud como en la enfermedad no?…

El Bobero se quedó sin laburo!!!!

No creo que haya en el mundo aparatito que haya avanzado más velozmente que los teléfonos celulares. Aún recuerdo cuando me sentía a la vanguardia de la tecnología porque tenía un teléfono celular con cuatro, si leíste bien, CUATRO líneas de texto. La de arriba de todo, la ocupaba el indicador de batería y de señal. La de debajo de todo, la ocupaban las opciones “menú” y “agenda”. Resultado: quedaban DOS líneas de texto disponibles. A partir de entonces, la explosión de información. No solo el número de quien llamaba aparecía en la pantalla. Ahora también aparecía un dibujito de un telefonito que “se movía” (Para que los idiotas que recién nos acercábamos a las últimas novedades tecnológicas, entendiéramos el concepto “tu teléfono está sonando justo AHORA…”). También recuerdo que todos los teléfonos, incluían la opción Mensaje de texto”, y que todos sabíamos que se rumoreaba que en los países tecnológicamente más avanzados eran un hecho. Era una opción que concretamente se podía utilizar. Por entonces, en nuestro país solo era una opción en los celulares más avanzados, pero totalmente carente de utilidad. En aquellos días, incluso las mentes más brillantes del CONICET abocaban sus esfuerzos más profundos a desentrañar el famoso misterio de “las letritas en los botoncitos del teléfono”. Solo unos seis o siete años más tarde, henos aquí, comunicándonos como primates inferiores a través de frases como “KC. PQ no me llamasT.?”, y haciendo abuso de la excusa de no haber recibido el mensaje en cuestión, para evitar todo un abanico de compromisos para nada convenientes.
Pero los avances por supuesto no terminan ahí. De hecho, y aunque todavía no accedí al contacto directo, a la comprobación empírica, he conseguido darme cuenta de que Lu tiene un teléfono con uno de los últimos avances que la tecnología puso al alcance de la mano de nosotros los “usuarios de telefonía celular”. Me refiero al novedoso DABRDEN 2.0 o mejor conocido como “detector de adornitos y boludeces que fueron regalos de despreciables ex novias de tu futuro marido”. Cuando en el transcurso de un mes Lu rompió tres platos, dos copas de cristal, un porta sahumerios y dos floreros, todos regalos de una ex novia, pensé que era pura casualidad. Pero ayer, parece que el DABRDEN le indicó, con alguna lucecita láser, o por medio de algún tipo de sonidito que yo no alcancé a distinguir, la ubicación de su nuevo y creo que ya último enemigo. Pues justo cuando le pedí que me alcanzara un diente de ajo, se las ingenió por estrellar contra el piso de la cocina, y haciendo que luzca como un accidente, una docena de recipientes de vidrio para condimentos, de esos que vienen con un pié metálico que hace muy pero muy difícil que se caigan. Pero ni lo difícil, ni lo muy difícil resulta imposible para Lu y su novedoso aparatito. Así es que a partir de ayer, la comida casera va a tener siempre el mismo gusto en nuestra casa. Comino, caldo desgrasado y pimentón.
Ahora bien. El DABRDEN 2.0 probó sin lugar a dudas, al menos en el caso de Lu, tener excelentes resultados. El paso que sigue, entonces es obvio. Lo próximo en materia de novedades es el DPP 2.0, o el mejor conocido como “detector de pelotudos públicos”. Cabe destacar que la utilidad e importancia del DPP 2.0, radica en que los pelotudos privados, son problemas de cada uno (cada quien elije el/la pelotudo/a que mejor le quede). De hecho hasta considero notablemente conveniente la existencia del sistema de reparto de pelotudos privados, entre otras razones porque me parece totalmente positivo que este sistema tenga la movilidad que tiene. Por ejemplo, yo puedo elegir al pelotudo que quiera para ser parte de mi vida privada, al mismo tiempo que ser el pelotudo número uno en la vida de alguien mas, y convengamos que no muchos sistemas aportan tal libertad de movimientos a sus partícipes. Pero con los pelotudos públicos, es absolutamente diferente. Los pelotudos públicos, ya pasan a ser un problema de todos, sin excepción alguna, de modo tal que el DPP 2.0 ser perfila ya, como el invento del siglo XXI que le dará el próximo Premio Nóbel a su inventor. El único problema que al parecer existe con los primeros celulares que han incorporado el DPP 2.0 entre sus funciones básicas, está relacionado con la regulación del voltaje de dicho aparatito detector. Pues según sabemos, uno de los más altos dirigentes de la compañía desarrolladora del “cosito” en cuestión, sufrió quemaduras leves en su muslo derecho, cuando su teléfono celular, después de hacer sonar repetidamente la alarma del DPP, explotó violentamente en su bolsillo, al pasar junto al encargado de hacer y colocar los carteles que indican el nombre y la altura de la Avenida Leandro N. Alem. Al ser consultado al respecto, el muchacho declaró ser el pelotudo que hizo y colocó los carteles de manera tal que, en una esquina, los mismos indican que la numeración de dicha avenida sube en dirección Norte-Sur, y en la esquina siguiente, indican justo lo contrario, causando desastres que oscilaron entre casos pelotudamente drásticos, como el de los 3 muchachos norteamericanos que pasaron 17 horas caminando de una esquina a la otra, mientras repitiendo frases como “no no… wrong way Johny, wrong way…” intentaban salir de la encrucijada digna del “sudoku” que planteaban los carteles en dicha calle, hasta el caso del pelotudo que recorrió en su moto como cinco cuadras en el sentido incorrecto hasta que, resolvió el acertijo gritando desde dentro de su casco “Lu… ¿te fijas si vamos bien?, porque creo que el pelotudo que puso el cartel de la esquina lo puso al revés…”.

¿Yo malhumorado?… ¿Pero quién fue el hijo de p…

El desempleo trae aparejadas serias y numerosas consecuencias (Ja!! Sí, ya sé. Chocolate por la noticia). Pero yo no me refiero a las bajas en el consumo de artículos de lujo, ni al descenso de las ventas en las cadenas de hipermercados, ni a las estadísticas en las primeras planas de los diarios. Hablo de consecuencias en un nivel más micro, más de entre-casa. Algo así como consecuencias pero en chancletas y musculosa. Yo mismo, puedo con absoluta certeza, distinguir por lo menos tres de esos conjuntos de micro consecuencias.
La primera de estas consecuencias, y sin lugar a dudas la más notoria para cualquiera que observe con atención a un homodesempleatus como yo, es seguramente la relacionada con los cambios repentinos de humor. Pues las primeras dos semanas de atravesar la “carencia de trabajo y de medios materiales de subsistencia” (o sea, las primeras semanas después de que te rajan de un laburo) se caracterizan por una sensación de “Bueno.. la verdad que mejor… porque ya no aguantaba más.. y si no me rajaban.. no me iba a ir nunca”, y el humor se mantiene en alza, mientras uno imagina que “de acá, no hay más opción que ir para arriba…”. Pero con el pasar de los días y las semanas, la cosa cambia drásticamente cuando seguís “acá”, ni más arriba ni más abajo, y la tele solo habla de “crisis crisis criris”. Es entonces, cuando los cambios en nuestro humor, se tornan insoportables para nosotros, y sobre todo para nuestro entorno. Supongo que es por eso, que desde hace un par de semanas, Lu evita hábilmente, cualquier tipo de comentario que pueda llevarnos a un enfrentamiento inútil y seguramente excesivamente prolongado. Por ejemplo ya logramos establecer, de común acuerdo, que yo no quemo la comida cuando soy el encargado de cocinar. No señor. A lo sumo, puede ser que las tostadas estén algo más doradas que lo aconsejado por la organización mundial de la salud, las milanesas un tanto crocantes y sobrecocinadas, y el agua para el mate, un tanto por encima de la temperatura recomendada y algo burbujeante, pero nunca quemadas, pasadas o hervidas, pues frases como “¿Que es ese olor mi amor?…se te quemaron un poquito las milanesas ¿no?” pueden devenir en interminables e inútiles discusiones que terminan incluyendo a metrogas, a tu vieja, y al pelotudo del dueño del departamento que sabía que el horno calentaba desparejo y jamás nos avisó. Por eso, mejor raspar las tostadas, un chorrito de soda en el termo y todos contentos.
Por otro lado, creo que mi gata también sufre las consecuencias de mi desempleo (y de los cambios de humor que tal situación trae aparejados). No precisamente porque le falte comida ni visitas al veterinario (pues de eso, se encarga Lu, la asalariada). Más bien tiene que ver con las relaciones de convivencia. Pues desde hace unas horas, hemos roto relaciones diplomáticas debido a su falta de respuesta frente a mis insistentes y reiterados llamados. Aunque talvez debería reconocer que Ramona puede tener problemas para reconocer que nombres como Putuna, Bola de pelos, Piojosa, Gordita chota, Chanchi, Purapanza, Monita, Monona, Hijilamilputa y Mi hermosura total, también hacen referencia a ella, pero por ahora elijo quedarme con mi idea de que la gata no me responde, solo porque se está haciendo la interesante.
Otro gran grupo de consecuencias del desempleo, es el que tiene que ver con los ya conocidos, ajustes de cinturón presupuestarios. Pues, frente a la falta de dinero, me he visto en la situación de hacer algunos “recortes” en mis gastos personales. De más está decir que hice todo lo posible por conservar las cuestiones fundamentales como el Cable, el servicio de Banda Ancha, y los bolugastos superfluos. Todos los recortes (sorprendentemente López Murphianos) que puse en práctica, apuntaron a gastos absolutamente prescindibles, como por ejemplo, la prepaga médica. Pues creo que todo ser humano centrado en sus necesidades básicas coincide conmigo en que, dolorido sí, pero sin Internet, jamás!!!. Es simple. Por ejemplo, no más nutricionista. De hecho ¿Para que quiero ir al nutricionista? Sobre todo cuando alternativas mucho más económicas están al alcance de mis manos y de todos los homodesempleatus, solo hace falta una buena disposición y las ganas de ver en cada crisis, una oportunidad. Por ejemplo yo, la última semana, me he dedicado a seguir por el supermercado a cuanto sujeto de aspecto sano y saludable pude encontrar, y sin que ellos lo notaran, fui poniendo en mi chango, lo mismo que ellos ponían en el suyo. Pues siguiendo esta sencilla regla, si ellos se ven fuertes y saludables, será tan simple como limitarse a comer y beber, lo que ellos comen y beben, y listo el pollo.
Por último, el otro grupo de consecuencias que conseguí distinguir, es el denominado consecuencias del brazo torcido”. Pues en épocas de vacas gordas, uno se la pasa diciendo que en determinadas cuestiones, “no va a dar el brazo a torcer”. Pues eso cambia. Después de la semana 12 de puro desempleo, aquellas ideas impensadas hasta entonces, empiezan a torcernos el brazo y a ganar nuestras conciencias. De modo tal que uno termina aceptando la propuesta desquiciada de algún tío descerebrado, y pide como regalo de bodas, que cada invitado saque un sobre de una caja dispuesta con tal fin, y entonces “lo que te toca te toca”. Por ejemplo, al tío Carlos le tocó la factura de luz, a la tía Cristina, las expensas, al primo Nacho la factura de cable,etc etc. Y así, con la alegría de un sorteo sorpresa, y entre “chin-chines, saludes, y ¿vo yabé como te quiero shoo?” la boda finaliza con todos los gastos del mes cubiertos por la familia y los amigos.
Salud!!!

Que mundo generoso!!!

Increíble. “Anbilibulum” diría un amigo al que la palabra “unbelievable” le resulta totalmente impronun… impronuc… impronus… bueno ya, un amigo que no la puede pronunciar. Hoy estaba tan pero tan aburrido intentando curar mi desempleo crónico, que me puse un rato a leer el diario en Internet. De más está decir que por mucho que busqué una solución práctica a mi “problemita laboral” (es mucho menos deprimente de ese modo. Suena mucho mejor que “desempleo”, es como la sutil diferencia entre “Persona de baja talla” y “Enano”) por el momento, no encontré ninguna. Es más, en mi búsqueda, me encontré con lo último, con lo TOP, con lo más alto y novedoso en tecnología de reclutamiento laboral, aplicado por los cerebros más astutos de los “caza-talentos” mundiales, actualmente al servicio del empleo joven por excelencia desde que McDonalds y el payaso de película de terror que lo promociona, dejaron de ocupar ese trono. Pues ni más ni menos que los famosos “Call Center”. Aparentemente, después de años de arduos estudios acerca del comportamiento humano en condiciones de “Argentinidad”, (es decir, con la necesidad de un trabajo de no muchas horas diarias, que si bien no alcanza para auto-gestionar la propia existencia, alcanza, si y solo si es complementado con una serie de artilugios pseudos comerciales llamados “changas”, para bancar la posibilidad de, por ejemplo, estudiar) dieron con resultados que les permitieron poner en práctica la que ellos mismos dieron en llamar, una “brillante solución”, (o como es conocida puertas adentro, “con esta los cagamos a todos“) para atraer cada vez más y más lectores a sus anuncios clasificados. Por simple que parezca, conllevó años de insomnes jornadas de esfuerzo intelectual. La solución se basó en una conclusión que arrojaron los estudios realizados a partir de los relatos de gente que como yo, buscando trabajo con la brújula incorrecta, llegamos a manifestar alguna vez, que nos gustaría hacer “no sé bien qué, … pero algo que sea creativo, viste?…” y ahí nomás la oreja incorrecta escuchó la frase correcta. A partir de entonces, una estructura malvada parece haberse apoderado de las búsquedas laborales online. Pues las empresas de anuncios clasificados laborales a través de Internet, suelen ofrecer la posibilidad de incluir palabras clave en la búsqueda. Es decir, si mi búsqueda está orientada a empleos relacionados con, digamos la aeronáutica, pongo esa palabra en el espacio correspondiente, y todos los avisos relacionados, deberían aparecen en pantalla. ¿En que consiste entonces la “Brillante solución”? Ni más ni menos que en incluir la palabra “Creativo” o “Creatividad” en cuanto aviso para un trabajo pedorro esclavizante y enajenante se les pueda ocurrir. De esa forma, cuando un cyber-perejil como yo, cree estar a punto de realizar una búsqueda congruente con sus intereses más profundos, decide incluir la palabra “creatividad” en la búsqueda, y avisos como este aparecen en pantalla…

“…Persona, creativa, altamente combativa, con marcado perfil comercial, y capacidad para trabajar proactivamente en equipo, orientada hacia el cumplimiento de múltiples objetivos…”

Lo que claramente y sin lugar a dudas, termina traduciéndose en algo como lo siguiente:

persona que, hastiada de buscar un trabajo con un poco de onda, canalice su frustración y odio contra este mundo de mierda, para vender agresivamente lo que sea que nosotros vendemos junto con muchos compañeros en idéntica situación, y más vale que vendan porque sino vuelan…”

En fin. La cuestión es que después de encontrarme muchas veces con avisos como este, decidí que era mejor ponerme a leer el diario por lo menos por un rato. Lo que sucedió es que me encontré con una noticia que decía que “John no se cuanto” (yo no se cuanto) decía que la crisis financiera actual era producto de un pésimo desempeño del sector financiero, y que aconsejaba a los gobiernos centrales, adoptar fuertes políticas regulatorias y bla bla bla. La cuestión es que este “Yo no se cuanto” fue uno de estos tipitos de traje y de mil diplomas que presionó e hizo lobby en cuanto país desprevenido pudo ubicar en el mapa, en favor de las políticas económicas que hoy desembocaron en la crisis financiera mundial que estamos presenciando. Lo increíble es que este generosísimo mundo le permita a este “yo no se cuanto” aparecer en los diarios reclamando enérgicamente y con cara de piedra que “alguien” (o sea, alguien que no sea él mismo) tome medidas y solucione los problemas que “él mismo” ayudo fervientemente a crear, profundizar, y ahora, en ultima instancia, a transferir(nos). Lamentablemente, la vida no funciona así para todos. Si fuera así, yo estaría en este mismo momento, reclamando a viva voz, que “alguien” (o sea, no yo) se haga cargo de explicarle a mí doctor, porqué cuando en mi hoja de dieta decía galleta de arroz, yo entendía paquete de alfajores jorgito y tostadas con manteca y dulce.

Pará pará pará… quien se comió mi queso?

Desde hace ya unas horas, está confirmado. Tengo en mis manos el papel que dice que en aproximadamente un mes, voy a pertenecer al grupo de hombres que, voluntariamente, hemos elegido dormir de por vida con una porción de frazada notoriamente inferior a la que, simplemente dividiendo la misma por 2, deberíamos poder acceder. Pues por propia decisión, voy a pertenecer al grupo de hombres que elegimos despertar por el resto de nuestras vidas, junto a una mujer que cree ser un canelón, o algún tipo de comida al spiedo, y que duerme dando vueltas en forma sutil, hasta dejarnos completamente destapados. Cuando digo “por el resto de nuestras vidas”, lo digo porque hoy me desperté temprano, manejé en estado de semiconciencia unos diez minutos, saqué el número correspondiente en el mostrador de informes, esperé, esperé, esperé, y finalmente, me dieron un montón de papeles para completar, y más y nuevos trámites para hacer, y cosas que pagar, para que así, dentro de cuatro semanas, Lu y yo podamos empezar a estar felizmente casados.
Está claro que esta decisión, la de casarnos, no fue tomada en el estado de semiconciencia que hoy por la mañana acompañó mi viaje al registro civil (y que a decir verdad, caracteriza todas mis mañanas). Fue una muy pensada decisión que nos tomó aproximadamente unos once meses de arduas negociaciones. Pues debo admitir que durante algún tiempo dudé de los fines perseguidos por Lu, y me dediqué a cerciorarme de que su intención última, detrás de la idea de casarnos, no fuera quedarse con la mitad de mi estropeada bicicleta playera, y acceder a la mitad de mi fortuna. Una vez que estuve seguro de que a Lu no le interesaba en absoluto mi bici (que por cierto es una fiel aunque desinflada amiga a la que Lu a querido desalojar de la habitación repetidas veces con el pretexto inverosímil de que “raya las paredes y ocupa un lugar que podrías usar para poner tu ropa en lugar de dejarla sobre la cama y además molesta para limpiar…”) y solo cuando me hube asegurado sin lugar a dudas de que Lu desconocía la existencia de los tres billetes de un dólar que guardo celosamente en una caja fuerte dentro del placard, decidimos que EL momento, NUESTRO momento, había llegado. Así empezaron entonces los preparativos, que no fueron ni pocos ni fáciles, y entre ellos, llego también…LA DIETA. Cabe aclarar, que en momentos como este, no todo se resume a encontrar buenos motivos para excluir malos parientes de las listas de invitados, pues entre otras cosas hay también que asegurarse de caber dentro de la ropa elegida para uno de los días más importantes de nuestras vidas. Por ese motivo, fue que decidimos entonces visitar a un médico nutricionista. Después de los trámites correspondientes para obtener el turno, nos presentamos en su consultorio el día acordado a la hora acordada. Detrás de un escritorio bastante modesto estaba él. Un tipo de no más de 40 años, flaaaaaco flaco flaco, y considerablemente alto. Pues nada sorprendente, de hecho, es para eso que estudian años y años en la universidad. Para ser flacos. Para ser flacos y para mirarnos a nosotros, desde el otro lado de sus escritorios, con las manos entrecruzando los dedos y con una sonrisa de “Ja..lo sé lo sé mi querido paciente, soy todo lo que tu deseas ser… lo sé..” al tiempo que sutilmente, casi en forma imperceptible nos señalan con los ojos sus diplomas colgando en las paredes del consultorio, en los que en el lugar de sus promedios de calificaciones, figuran las medidas de sus escuetas cinturas.
Unos minutos después de entrar al consultorio, noté que el doctor, estaba dirigiéndose a mí. No puedo asegurar cuanto hacía que estaba hablándome. Solo sé que estaba explicándome la dieta que él me proponía para los próximos treinta días. Por alguna razón, mi cerebro comenzó a registrar dicha información en el mismo momento en que el doctor iba terminando su explicación. Pues creo haber pasado los cinco minutos anteriores, imaginando formas creativas y novedosas de asesinarlo, al tiempo que asentía con mi mejor cara de “sí doctor” en cada unas de las pausas que hacía en su discurso. Unos minutos después, abandonaba el consultorio despidiéndome amablemente y con la sonrisa típica de quienes tenemos altos los triglicéridos y bajo el colesterol bueno, al tiempo que pensaba “¿Cuán complicado puede ser sostener la dieta por un mes…?
La respuesta la hallaría minutos más tarde junto al día UNO de mi régimen. La dieta del doctor “Fido Dido” era simple. Constaba de siete días perfectamente organizados, cada uno de ellos con su correspondiente desayuno, almuerzo, merienda, colación y cena. Hasta ahí, todo iba muy bien, pero tan solo segundos después, encontré la siguiente línea impresa en mi hoja de dieta:

Almuerzo día 1: Caldo light + trozo de queso descremado (tamaño cassette) + 1 Fruta

Leí y releí la línea en cuestión tantas veces como me fue posible. Acerqué y alejé la hoja. La incliné y la volví a enderezar, la di vuelta, la sacudí, miré a mi alrededor buscando la cámara oculta, volví a leer y releer pero nada cambiaba. El almuerzo del día uno, seguía ahí, riéndose de mí en mi propia cara. De más está decir cual fue el ánimo con el que leí el resto de la propuesta del doctor. Pues solo para que nos entendamos, mi gata, con su boca en miniatura, con sus entre diez y doce centímetros de extensión total, y con su juego de dientes casi a estrenar, se come sin ningún problema una rodaja de queso tamaño cassette. Yo, después de un caldito Light, me puedo comer todo Musimundo, y después, eso si, la frutita.
Unos minutos después, mientras intentaba prepararme mentalmente, pude por primera vez, verla delante de mí. Ahí estaba, gigante, inmóvil, imponente y desafiante, la famosa pirámide alimentaria. La miré fijamente durante unos cuantos segundos, me mentalicé profundamente. Repetí infinitas veces frases como “Yo puedo”, e intenté visualizarme a mi mismo rodeado de jugosas frutas y rebanadas de queso del tamaño de un cassette, pero era inútil, era un cambio rotundo en mi alimentación y no estaba seguro de poder llevarlo adelante. De pronto, en medio de tanto esfuerzo esteril, las enseñanzas de Miyagi aparecieron en mi cabeza. “¿Porque irse a los extremos? ¿Es necesario que todo sea tan blanco o tan negro?” Y de pronto comprendí. La dieta era posible. Yo solo tenía que encontrar un punto medio, un equilibrio, un punto de balance sobre el cual apoyar mi vida y mi dieta. Y lo encontré. Miyagi da resultados, y los “Fido Dido” siempre dejan lugares abiertos a la interpretación, así que yo interpreté. El día uno de la dieta no fue tan terrible. Un caldo Light, una porción de queso descremado tamaño cassette (VHS) y una fruta. Y así fue que siguiendo las enseñanzas de Miyagi, panza llena y corazón contento. Después de todo, ¿Qué hay de malo en casarse con uno o dos kilos de más? Al fin y al cabo, Lu y yo… vamos a estar dos kilos más casados.

No flaco…no es una cuestión personal. O sí?

Justo cuando pienso que puedo afirmar algo sin ningún temor a equivocarme, justo cuando estoy a punto de afirmar que he terminado de comprender algo, la filosofía vuelve a pasarme por encima con toda la fuerza del “solo sé que no sé nada”.
Hasta hace no más de dos semanas, hubiera dicho que no había ni nada ni nadie en este planeta, más pelotudo que la maquinita telefónica de la línea 110 de Telecom, y no solo lo hubiera dicho, sino que hubiera empezado diciendo “cómo que me llamo Damián, que no hay…”. Bueno, me equivoqué.
Ocurre que hace algunas semanas, se llevó a cabo en nuestro país, una de las competencias más intelectualmente intensas y excitantes de las que haya tenido noticia últimamente. En un enfrentamiento feroz, en el que ninguno de los finalistas estuvo dispuesto a ceder ni la más mínima de las ventajas, tuvo lugar (en una locación cuya ubicación no me está permitido revelar), el undécimo Torneo Mundial de TA-TE-Ti.
Luego de largas horas de ajustadísimos partidos que finalizaban inevitablemente en tablas, y en presencia de un numeroso público enardecido de emoción, el cansancio hizo lo suyo, el agotamiento mental dijo “presente” y finalmente la tabla de posiciones fue definitiva. Dejando detrás de sí un esfuerzo sin precedentes, “Federico C.” era derrotado en la partida final, por una Licuadora Electrónica (japonesa) de última generación, obteniendo así un meritorio y merecido segundo puesto, quedando justo por delante de un Pelapapas Eléctrico (Made in Taiwán) que cerca estuvo también de la codiciada medalla plateada, pero debió finalmente conformarse con el bronce.
¿Qué tiene todo esto que ver con nada? Pues la medalla del orgullo, la medalla plateada que a fuerza de años de preparación “Federico C.” había sabido obtener, no vendría sola.
La cuestión es que después de tres días de haber dado de baja la línea de mi anterior teléfono celular, decidí que era hora de cosechar los frutos de mi acción. Estimé que tres días de ausencia de mi parte, habrían sido suficiente castigo para las compañías de telefonía celular, quienes estaba seguro, habían para entonces notado la baja de sus recaudaciones mensuales en $35, debido a la cancelación de MI plan, y como consecuencia de ello, habrían para entonces, tomado medidas para evitar la posible fuga masiva de inversores y accionistas que dicha baja en la facturación podría ocasionar. Así fue, que orgulloso de mi contribución revolucionaria al mundo moderno, me dirigí a lo que para entonces imaginaba que serían las oficinas semi en ruinas y en plena crisis, de Telecom Personal. Una vez allí, empujé la puerta y atravesé la entrada con mi mejor sonrisa de triunfo vengador y mi mejor cara de “si si… soy yo… ese mismo, el que puso a esta mega-empresa en Jaque”. Mientras recorría con la mirada las oficinas de la empresa, lo noté con claridad. Podía notarlo en la cara de cada uno de los empleados que veía. Tanto mi presencia en el lugar, como mi anterior accionar revolucionario, les había importado francamente tres pepinos.
Después de esperar una media hora en el lugar, uno de los representantes de ventas de la empresa se me acercó y comenzó a atenderme amablemente. Le expliqué lo que quería, y a todo todo todo lo que le dije, me respondió con un “si claro, sin ningún problema”. La cosa iba viento en popa. Solo tenía que irme a casa y esperar a que la línea estuviera habilitada. En otras palabras, a lo sumo debería dejar que pasaran 24 horas, y mi nuevo teléfono estaría funcionando a la perfección.
Las 24 horas se transformaron en 48, y las 48 en 72, y las 72 en el límite de mi paciencia. Después de muchos intentos, logre comunicarme a través de un 0800 con Telecom Personal. Allí, además de corroborar que gracias a que quien me había vendido la línea, había tomado mal mi número de DNI, y que por lo tanto yo “no existía”, me explicaron que en realidad lo único que podía hacer para activar mi línea y poder comenzar a utilizarla, era llamar repetidas veces, durante todo el día, al *150 y al *151, hasta que la suerte estuviera de mi lado (JA!! De mi lado), y alguna antena registrara mi solicitud. En ese momento me di cuenta de que, cuando la antena lo decidiera, yo iba finalmente a “pertenecer”, al menos como cliente, a una compañía edificada sobre altísimos estándares de servicio al cliente, y sofisticados y modernos sistemas digitales que nos facilitan a nosotros, los usuarios, la vida en general. No podía en ese momento evitar reírme, por ejemplo, de las empresas, las estúpidas empresas de emergencias médicas. JA!!! Que idiotas. “Invierten” en atención telefónica para sus asociados cuando si tan solo siguieran el ejemplo de Telecom Personal, podrían pedirles a sus socios que simplemente, ante una emergencia médica cualquiera, saquen sus cabezas por la ventana, o salgan al balcón de sus hogares, al grito de “AUXILIOOOO”, seguido claro, del número de socio correspondiente.
En fin, luego de mil doscientas quince llamadas a ambos asteriscos, de tres horas de ir y venir de una a otra oficina comercial de Personal, y de recorrer mentalmente, y en dos idiomas, toda la lista de insultos y agravios que conozco, volví al lugar donde había comprado el servicio. Allí estaba él. El joven que me había atendido inicialmente unos días atrás (unos CINCO días atrás!!!).
-Hola flaco. ¿Te acordás de mi?- Empecé diciendo. Y media hora después terminaba de “gritarle” (aunque muy educadamente) mi reclamo. En lo que fue mi primera pausa vocal, el joven intentó explicarme lo inexplicable de su idiotez y de su falta absoluta de interés, y fue entonces que la vi. Allí estaba. Justo sobre su escritorio. Rodeada de una cinta roja y azul, se encontraba la medalla plateada del undécimo Torneo Mundial de Ta-Te-Ti.
-Cualquier cosa, si está vez no te funciona, venís y preguntás por mí ¿Está bien?- Me dijo el muchacho – Igual acá te anoto mi nombre ¿Sabés? Yo me llamo “Federico C.”-
Fuentes confidenciales me revelarían más tarde lo que por entonces yo desconocía pero comenzaba a sospechar. Al parecer, en el ya mencionado y prestigioso torneo de Ta-Te-Ti, La licuadora japonesa había arrebatado de manos de “Federico C.” el primer premio, dejándolo con el para nada despreciable segundo premio: una vacante para el puesto de atención al público y ventas, en Telecom Personal (Fuerte el aplauso para Fede!!!!).
Así que ahí estaba yo, siendo atendido por el más grande talento que nuestro país supo dar en materia de Ta-Te-Ti.Finalmente conseguí lo que quería. Un plan de telefonía con el que pueda hablar sin límites, al que no tenga que ponerle crédito por medio de una tarjeta prepaga, con factura y listo. Hablar gratis con mi novia y poder enviar mensajes. Aunque bueno, a decir verdad, algunas cosas las tuve que ceder, porque el plan finalmente es con tarjeta prepaga… y de gratis tiene poco, pero por lo menos el teléfono que me dieron… bueno no, en realidad no me lo dieron, lo tuve que pagar, y ni siquiera está bueno, pero ahora, ahora pueden llamarme cuando quieran, y además, y esto me tiene re contento, en la parte de juegos, trae el TATETI 2.0!!! ¿Qué más puedo pedir?