Encrucijada
Algunas veces la vida te pone en encrucijadas, caminos cruzados como el de Robert Johnson. Aquel mítico blues man (cuenta la leyenda) vendió su alma al diablo en un paraje desierto de Estados Unidos para ser el mejor músico. El precio fue demasiado alto, pero gozo de un tiempo de éxito, hoy es leyenda, su nombre trascendió. Muchas noches me quedo pensando en eso, en que pasará mañana, y la vida se ha encargado de demostrarme que no puedo predecir nada, y sé que no descubrí la pólvora con esto ni mucho menos, pero aún cuando duele, me gusta esa instancia de decisión.
En la no menos legendaria película “El séptimo sello”, de Ingmar Bergman, un caballero templario (el tampoco menos legendario Max Von Siddow) juega una partida de ajedrez con la muerte a lo largo de la película, mientras hace un camino de autodescubrimiento. Esa película que tanto me habían recomendado la pude ver horas antes de devolverla al video club, a las siete de la mañana un domingo, después del retorno de un bar aledaño a mi casa. Pensé que me iba a quedar dormido, pero me fue cautivando todo, los diálogos, las imágenes en el bello blanco y negro. Y la figura de la muerte como rival en una partida de ajedrez me pareció fabulosa.
La muerte es tal vez la encrucijada más feroz que tenemos, porque vivimos sorteándola hasta que, al final (irremediablemente) tomamos ese camino. La muerte es algo cercano a cada ser viviente, convivimos con ella, en estado latente, y creo que de alguna manera jugamos al ajedrez cada día con ella, sepamos o no los movimientos de los peones y alfiles, o como enrocar para defender al rey.
Creo que es una partida de ajedrez con uno mismo a fin de cuentas, cada movimiento nos determina que pasará o no.
Hace poco tiempo se me presentó otra encrucijada, demasiado evidente. Podía elegir el camino sencillo y pavimentado de las lágrimas y el dolor, sabía que al final habría un lago en el cual me ahogaría, para después renacer, y aunque no lo crean, era el camino más sencillo. El otro, el que conformaba la encrucijada, era rocoso, lleno de pozos y lugares peligrosos. No había lago al final donde ahogarme, porque renacería en el propio camino. Ambos caminos tenían puntos en común, el dolor y las lágrimas eran parte del primer tramo, y sabía que después habría risas, buenos momentos, paz. Los baches, que todavía me esperan, se quieren asemejar al camino sencillo, cuando veo una superficie limpia entro en pánico, algo malo esta por suceder.
Y en el medio me encontré jugando al ajedrez conmigo, no era mi doble, ni mi gemelo, era simplemente yo, sentado en una mesa, decidiendo que iba a ser de mi los próximos meses. Me conté que me esperaban baches oscuros, caídas, pero que al final sería un hombre nuevo. Moví el alfil, en pos de una jugada futura que pondría al jaque al rey, mi rey. Me conté que el camino transitado no era igual al del caballero templario ni al del blues man, era distinto, y moví un peón, después un caballo y me acerqué peligrosamente a la reina rival, mi reina.
Alguien puso el tema “out of tears” de los Stones, y su letra me lleno cada espacio vacío. Me dí cuenta que las lágrimas que debía derramar ya las había derramado, ya no tenía lágrimas (como la letra de la canción), y con mi torre, el alfil y la reina ataqué lo que quedaba de la defensa rival, mi defensa.
Jaque mate.
Podía seguir.
Sin lágrimas.
Tantas veces morimos en el camino que no nos damos cuenta, al menos yo no, que la muerte es algo demasiado cercano. Tuve ganas de morir, de matarme, de acabar con todo esto, y lo hice. La experiencia me dio nuevas armas para renacer un poco más rápido. Sin lágrimas. Un estado puro.
Me dejé juntando las piezas del ajedrez, en esa caja mohosa cuyas piezas, por extrañas razones, se mantienen tan pulcras y bellas, y seguí caminando.
Ya me tocarán otros partidos de ajedrez con la muerte que lleva mi rostro. Hasta la partida final en la que pierda definitivamente y vuelva a la caja en donde el peón y el rey son iguales, sin estratos.
Mientras tanto estoy renaciendo, me han parido de nuevo, y cuando sea el momento de llorar lloraré. Ahora me quedo con los Stones, y a mis espaldas alguien que fui y no seré más.
No puedo decir que estoy feliz o cómodo, nacer es un proceso doloroso. Estoy contento.
Bienvenido quien quiera compartirlo conmigo.
Jugando al ajedrez conmigo, si, ese de la foto soy yo (lamento asustarlos
con mi imagen! Pero es ilustrativa al texto)
LES DESEO A TODOS UNA BUENA NAVIDAD, UN FELIZ AÑO NUEVO SI NO ME PASO POR ESTAS PAMPAS ANTES, Y QUE PUEDAN RENACER DE LA MEJOR MANERA, CADA 31 A LAS 23:59 ES UNA EXCELENTE OPORTUNIDAD PARA DEJAR DE LADO TODO AQUELLO QUE HICIMOS MAL, BORRAR Y HACER CUENTA NUEVA. YO YA LO HICE, LES DESEO A TODOS LO MEJOR.
BESOS Y ABRAZOS A QUIEN LOS QUIERA JAJAJA!
- 10 Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


Renacer. Nada mejor.
Prepare las piezas y abra a lo Capablanca.
Es la única manera de jugar.
FELICITUDES
Alas