Mientras cocino
Sabía que no era ninguna ciencia, pero el ritual me llamaba mucho la atención, siempre lo hizo, la cocina siempre se me reveló como un lugar donde mi cerebro apaga su normal funcionamiento y puedo ser tan solo yo, así, crudo, nada más que Matías junto a un montón de ingredientes que pronto serán una comida. Me voy cocinando con cada especia que se revuelve en la sartén, y al terminar y servir el plato, me están comiendo en realidad. Amo cocinar, es tal vez una de las cosas que más me gusta hacer.
Agarré el arroz y lo vertí en la olla, con la proporción adecuada de agua y sal. Antes ya había picado cebolla, que me desparramó lágrimas por doquier, como si llorase una pena enorme, pese a que tengo la costumbre de poner aquella verdura bajo agua tibia, una vez pelada, para que disminuyan los efectos lacrimógenos. Siempre término derramando lágrimas cuando pico cebolla, y pienso que debería hacerlo más seguido, no soy de llorar mucho y a veces ese simple acto limpia el alma. También pique ají verde y rojo (si me lee algún cuyano sabrá que hablo del pimiento), y todos esos magníficos colores se mezclaron en la sartén que esperaba las dos cucharadas de aceite, para darle un toque a ese enorme picadillo que antes fue verdura entera, que antes fue semilla en manos de alguien. La cocina comenzaba a poblarse de aromas, que acariciaban mis sentidos, mientras (en un sentimiento bastante parecido a la alegría) pelaba las zanahorias. Mi madre nunca gustó del uso del “pela papas”, pese a que cuando se puso de novio con mi papá, en una noche de sueños de juventud pensaron en vivir juntos y mi mamá compró un pela papas. Mi padre, estupefacto, le preguntó para que era eso, y ella le contestó que era para el día que tuvieran una casa. Pero ella siempre prefirió un cuchillo, y tuve que esperar heredar el de mi abuela para poder usar uno en mi casa. Podría haberlo comprado, si, pero era uno de los pequeños nexos que me unían a ella, cuando le cocinaba, siempre había que pelar algo, y yo usaba el tan preciado objeto. Cuantas cosas pueden volver a la cabeza de uno en un momento tan simple como el de pelar una zanahoria…
Un poco de manteca en una sartén de bronce muy pequeña e incomoda, que tiene las manijas de bronce también y, si se es algo torpe como yo, que olvida este detalle, se puede quemar con facilidad. Mientras se derretía la manteca, nuevos aromas llegaban, se conocían con los ya presentes, y se acoplaban. Las zanahorias ya estaban cortadas en rodajas, y se fueron a parar a la manteca hirviendo, y todo empezó a chisporrotear. Aún más cuando vertí el caldo de verdura, una hermosa humareda momentánea le sirvió de lienzo a quien sabe que espíritu que andaba danzando por la cocina, juro que pude ver una pequeña cara, un rostro, que me sonreía.
Pronto todo acabaría en la cocina, hacía mucho calor y algo de transpiración se acumulaba en mi frente, que oportunamente limpiaba. Puse la mesa mientras los ingredientes ya transformados se mezclaban en una olla. La atmósfera estaba completa. Los comensales estaban en sus lugares, una comida sencilla. Los primeros bocados fueron inundando las bocas, y (un poco de ego controlado que no viene mal) me hizo bien escuchar que gustaba lo que había cocinado. Recordé la canción de Soda Stereo “Entre caníbales”, que dice: come de mi/ come de mi carne, y no sé porque lo apliqué. Será que cuando cocino pongo todo de mi, sea algo muy simple o la comida más elaborada. Disfruto todo el proceso, ritual, me exorcizo de todas las cosas que me pasaron, dejo de pensar, diría, y entro en un estado casi animal, donde solo predominan los gustos, los sabores. Es olvidarse de uno, escaparse, huir.
Y lo mejor es que cuando uno escapa a la cocina, cuando llega a ese destino hay gente que lo espera gustoso, para compartir lo que sea que haga en ese espacio.
Amo cocinar.
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Yo también amo cocinar, estoy percibiendo el olor de la cebollas y los ajies rehogándose en la manteca (un aroma inconfundible)¡Qué rico!
La satisfacción de ver a los demás comer, que te digan que bien que te salió!!!!
Buenísimo este post culinario…
Abrazo